Hola! Aquí va el capítulo dos. Perdonen la demora.


Capítulo II:Misterio

Aprieto mi paso hasta la mesa de Gryffindor sin hablar con ninguno de los dos.

Suficiente es con escucharlos. A ellos y sus insultos, mechados con comentarios de Quidditch que no tienen que ver con la conversación en sí.

Me siento ausente, en otro mundo, y quiero pensar que no es para menos.

Las cosas que fueron pasando y que digamos, dejé pasar, me torturan en mi cabeza.

Miro de soslayo a la mesa de los profesores y no verlo sentado ahí de alguna forma me incomoda, haciéndome sentir inquieta.

Les deseo a los chicos buenas noches y les miento diciéndoles que iré a dormir. Cuando en realidad ni siquiera acostarme me place.

Camino por los jardines del colegio, respirando la hierba fresca y pensándolo todo por millonésima vez.

Transito los pasillos vacíos y me debato entre ir o no a su despacho.

Veo una luz encendida al final del recodo y cuando me acerco, lo veo subido a la escalera donde tiene su cuarto de pociones y reservas.

Baja lentamente sin dejar de mirarme y a mí simplemente se me ha quedado el cerebro en blanco. Mi boca se seca y mi corazón late tan fuerte que hace que mi pecho duela.

Ladea su cabeza y después de unos segundos que me parecen horas, me mira de arriba abajo.

- ¿Qué hace a estas horas de la noche, Srta. Granger?

Me encojo ante su tono crudo.

-Vaya a la cama si no quiere que le quite puntos a su casa. Mañana a la misma hora- me mira una vez más levantando una ceja y cierra la puerta.

Quedo con la boca abierta mientras mi cerebro procesa a paso de tortuga que él sigue actuando como siempre. ¿Pues que esperabas?

-Pasteles de hojarasca- susurro, despertando a la Dama Gorda.

-¡Qué desconsiderada que eres al despertar a estas horas a una mujer que trabaja tanto!- exclama indignada.

-No seas mentirosa, si te la pasas cotilleando con tu amiga Violeta, del cuadro de abajo.

-Eso a ti no te incumbe…Por cierto… ¿Qué hacías tu a esta hora de la madrugada dando vueltas por ahí?- pregunta visiblemente irritada.

-Eso a ti no te incumbe- replico amargamente y me doy prisa para entrar en la desierta sala común de Gryffindor.

Me acuesto vestida, ya que estoy demasiado cansada como para intentar sacarme la túnica.

El ruido de la habitación me saca abruptamente del sueño en el que estaba.

Y aunque sé que se hace tarde y probablemente ni siquiera llegue a comer una mísera tostada, remoloneo en la cama, dilatando el momento en que las horas pasen desenfrenadas y me vea frente a él, desde la silla de mi escritorio.

-¿Cómo dormiste?- me pregunta Harry al encontrarme en el living de la Sala Común- por lo que veo muy poco-.

-Un poco, sí. –alcanzo a sonreír y él se sienta a mi lado, sonriéndome como si fuese la primera vez que me ve.

-Sabes Hermione, me gusta más aún cuando estás histérica por los exámenes que así de taciturna. Haces semanas que no te veo reír sinceramente. Libre.- se acomoda más cerca a mí, se baja los anteojos con un dedo y sonriendo socarronamente me dice- ¿Qué le pasa Srta. Granger?-

Se me eriza la piel al sentir nuevamente el "Srta. Granger". Es tan desequilibrante escuchar esa frase de dos personas diferentes. Uno mi amigo y el otro…bueno...ni siquiera entra en una casilla.

Ron baja con una cara de dormido y alrededor de él baila el mal humor y Lavender Brown.

Se funden en un beso lleno de pasión y alegría y no puedo evitar sentir un poco de envidia por ellos.

Ella es una idiota y él un gruñón, pero sin embargo, pueden hacer eso delante de todo el mundo.

Caminamos por el corredor y obviamente llegamos más que tarde al desayuno, así que escuchando las protestas de Ron y su estómago nos encaminamos hacia la primera materia del día.

Me detengo un momento para atar mis cordones y los chicos lo hacen también.

Ron se despereza cuan largo es y mira con ojos achinados la mañana brillante que asoma a través de los ventanales del pasillo. Hinche el pecho respirando la bella y fresca brisa y mirándonos comenta- ¿Dónde dicen que estaremos el año que viene? ¿Aquí todavía? Mátenme antes por favor.

Nos reímos con Harry y para mi sorpresa, el moreno se acerca a mí y se agacha para atarme los cordones él mismo.- ¡Harry! ¡Puedo hacerlo yo solita! - apunto riéndome.

-Granger, Potter, de pie en este instante- una voz atronadora resuena demasiado cerca nuestro. Nos paramos uno al lado del otro y Ron se acerca a nosotros cerrando filas. Snape nos observa con sus ojos negros fríos y calculadores.-10 puntos por comportamiento indebido y 5 puntos cada uno por no estar en clase. Ni siquiera abra la boca Potter- murmura antes de que Harry siquiera termine de formular su protesta- y Weasley, cuidado con lo que pide…puede hacerse realidad.

Ron abre los ojos grandes, sorprendido, como nosotros. Ya alejándose, se detiene y señala- a la misma hora Srta. Granger, a ustedes los Gryffindors hay que enseñarles disciplina.

-¿Quién se cree que es?- Harry levanta la voz perdiendo los estribos. Golpea la columna más cercana con un fuerte puñetazo y mira a Severus diluyéndose en el sol, con un odio incontenible.

-No eches más leña al fuego Harry- intento sonar convincente pero no puedo…estoy a punto de perder la paciencia.

-¡Pelo grasiento que no sabe más que molestarnos!

-¡BASTA Harry! ¡Por favor!- Harry me mira asombrado y cierra la boca de golpe.

-No sabía que te molestara que lo insultara Hermione- me dice entrecerrando los ojos- Siempre que se metió contigo no hice más que defenderte..¿y ahora te enojas conmigo? No te entiendo.

-Quiero paz, nada más que eso- le toco el hombro y avanzo hacia el aula de Runas Antiguas.

El día pasa lento hasta las 5 de la tarde donde las clases por fin se acaban. Harry no me habla y Ron no ha aparecido desde entonces…parece que decide evadirse con Lavender a estar en un silencio incómodo con nosotros dos.

Me siento en el comedor agotada y cuando pensaba que nada me podía crispar más, me sobresalto con el atronador ruido del reloj marcando ya las 5:30. Eso quiere decir aquí y en China, que falta sólo media hora para verle la cara a Severus.

Abro todos los libros que tengo en la mochila, ocupando un lugar bastante importante en la mesa con la sola intención de que a nadie se le ocurra venir a conversar.

Esa bendita media hora me da vueltas en la cabeza y no puedo concentrarme en una línea de lo que escribo…es más no sé ni qué es lo que estoy escribiendo…no quiero ir, me rehúso a seguir limpiando calderos y despanzando sapos sin varita sólo para alimentar el placer de su señoría majestad Severus Snape. No. Hasta aquí llegué. No voy más. Se terminó señores, Hermione Granger hoy deja de ir a sus castigos…

-Hermione, ¿puedo hablar contigo?

Me doy vuelta medio aturdida por la rapidez con la que me sacaron de mi ola de quejas.

Harry está sentado a mi lado. Se ve que mucho no le importó que haya desplegado mi arsenal de lectura e incluso ocupado las bancas a mí alrededor. Ha corrido todo a un lado y está mirándome fijamente esperando una respuesta.

-Si Harry, obvio.

-Perdona si te grité hoy…lo siento de veras…

-Está bien…no hay problema…de todas formas quiero que sepas que no eres tu la causa de mi malhumor…estoy muy cansada eso es todo…

-Yo sé que no me vas a contar…- abro los ojos sorprendida- vamos Hermione ni siquiera me dijiste cuando salías con Viktor, no espero que me cuentes ahora si de problemas del corazón se trata, además no soy el más indicado...sinceramente no sé que hacer con Ginny…okey, okey- agrega viendo que revoleo los ojos. Su relación con Ginny es precisamente algo que no mejoraría mi ánimo- en fin, ¿quieres ir a caminar un rato por el patio?- se levanta y extiende su mano. La tomo y salgo del banco apoyándome también en su hombro. Se ríe de mi traspiés y su sonrisa ocupa toda su cara.

Hago un movimiento de varita y guardo todo en mi mochila. Cuando estoy por cargármela en el hombro, la toma él y me dice- ¿No esperarás llevarla tú, no es cierto?

-No claro que no, Señor Capitán de Quidditch, imagino que usted podrá- me rio por su cara cuando levanta la mochila y siente su peso- ¿Pero qué demonios llevas aquí?¿Un troll?

Caminamos por el césped prácticamente en silencio. Algunas veces cuando alguien conoce tu alma así de bien, no es necesario una charla superficial y rellenadora de silencios incómodos.

Nos acercamos al lago y contemplamos el sol caer entre los brazos del agua. Un espectáculo entrañable.

-ay por Merlín Harry, tenía que ir con Snape- giro sobre mis talones y comienzo a caminar lo más rápido que puedo…como mínimo ya deben ser las 7. ¿Cómo pudo pasárseme de la cabeza?

-¡Hermione!- siento que Harry me llama e intenta apretar el paso para seguirme.

-Esta bien Harry, vete lleva mi mochila contigo, nos vemos a la noche, necesito llegara las mazmorras ahora.

-¡Hermione!¡Hermione! ¡Espera por todos los santos!- me toma del brazo alcanzándome y me mira unos segundos en silencio.- Espera. Yo…yo sé que no hablamos en el lago y que estabas cómoda sin decirme nada pero…-se despeina una y otra vez mientras busca las palabras- yo siento que llevas una carga muy pesada… quería que sepas que puedes descargarte conmigo…nada más.- levanta la mirada y me sonríe.

-Gracias Harry…en serio…gracias- se acerca a mí y me da un beso suave en la mejilla. Recoge mi mochila del suelo y se la pone al hombro.- te veo en la sala común.

-¿Así que por esto llega tarde, Srta. Granger? A mi oficina. YA.

Lo miró a Harry con desdén y como pude le hice señas para que no dijera nada. Snape se dio vuelta con mucha parsimonia y caminó detrás de mí. Cerró la puerta con fuerza y se sentó en su escritorio.

-Pude verlo yo, ¿o haces el mismo juego con él también?- ladea su cabeza y achina sus ojos como queriendo entender algo- Tengo que reconocerlo Srta. Granger. Es usted todo un misterio para mí.