Los personajes no me pertenecen. La historia es una revoltura de un libro y una película. El libro es de V.C. Andrews se llama 'Jardín sombrío' y la película es la de 'La Duquesa'. Ambas son geniales, pero no con finales felices, o más o menos.

Capítulo 2: Un heredero

Edward fue dos noches más y ambas fueron iguales. Rápidas, sin caricias, ni siquiera un beso. Ahora que lo recordaba, Edward nunca la había besado, ni siquiera en la boda. Bella parecía cada vez más muerta. Ella había vivido en una fantasía toda su vida, siempre obtenía lo que quería, era feliz. Pero ahora todo era frialdad e indiferencia.

Un mes después comenzaron los síntomas. Vómitos, mareos, apetito. El médico le confirmó y Edward estaba complacido. No volvió a tocarla y Bella tenía el presentimiento de que no volvería a hacerlo. Y se alegraba.

Su vientre fue creciendo y creciendo. Hasta llegar al punto en el que le era imposible ver sus pies. Nunca se quejó, al contrario. Amaba a su bebé más que a nada. Era su esperanza. Para el quinto mes, en mayo de 1919 cayó una tormenta en Torbay. Edward estaba muy enojado porque no había podido salir a un viaje de negocios. La tormenta estaba implacable, incluso había rumores sobre un tornado. No sería raro, dijo Edward cuando lo escuchó. Bella se quedó con un nudo en la garganta. En Londres nunca había pasado por algo así.

El día siguió como si nada ocurriera. Cenaron juntos, mientras los sirvientes se movían de un lado a otro tratando de controlar la situación. Bella estaba temblando, muy nerviosa. De pronto las luces se apagaron al abrirse las ventanas con mucha fuerza. Ambos saltaron de sus asientos. Bella comenzó a temblar con más fuerza.

-¿Edward? –dijo con voz temblorosa. Se puso de pie e intentó caminar, pero tenía miedo de caer.

-Bella, sigue hablando hasta que llegue a tu lado, -dijo Edward con voz autoritaria.

-Edward, tengo mucho miedo. No quiero morir. ¿Dónde estás? Edward, por favor, -había comenzado a llorar. Por fin llegó a su lado y Bella se aferró a él como si se le fuera la vida. Edward la tomó de la cintura.

-Parece que sí habrá tornado. No te preocupes, estaremos a salvo en el sótano. Tendrás que caminar y bajar escaleras. Confía en mí, conozco esta casa como la palma de mi mano, -ella solo asintió y lo abrazó con más fuerza.

-Soy muy torpe, puedo caer. Por favor, no me dejes sola, -rogó susurrando. De pronto sintió que la levantaban. –No, bájame. Estoy tan gorda y pesada, -dijo avergonzada.

-Creo que puedo sostenerte Bella y no creo que estés gorda, -Bella se quedó callada por la sorpresa. Esas eran las palabras más dulces que Edward Cullen le había dicho. Enterró su rostro en el cuello de él para intentar evitar el mareo que le producía el movimiento y el miedo.

Llegaron al sótano y Edward la bajó para que pudiera caminar. Encendió algunas luces y después volvió a acercarse a Bella. Ella estaba tan asustada que solo pudo sostenerse de él para evitar gritar. Edward la presionó contra su pecho, una forma en la que Bella se sintió muy protegida. Como si pudiera pasarle un tornado por la cabeza, pero ella estaría a salvo gracias a Edward. Su corazón se aceleró y sintió un pequeño golpe en su vientre. Edward la separó y la miró ceñudo.

-¿Qué fue eso?

-Creo que fue el bebé, -dijo Bella poniendo sus manos en su vientre. Sintió otro golpecito y sonrió. Su pequeño pateador. Por un momento se olvidó de la tormenta y de la frialdad de Edward. Lo miró y vio algo en sus ojos que la impulsaron a tomar su mano y ponerla sobre su vientre, -Mira, siente.

El bebé volvió a golpear y Edward quitó la mano con rapidez.

-Debes estar cansada, duerme, -hizo una cama con una colcha y se quitó su saco para taparla. Estaba cansada y se durmió con rapidez.

Despertó un poco después, algo desorientada. Había dormido en el piso, eso era seguro. Su espalda estaba dolorida, al igual que su cuello. Sintió que alguien acariciaba su cabello y se puso de pie rápidamente. Edward estaba sentado y ella había dormido con su cabeza en el regazo de él.

-¿Qué sucedió, ya pasó el tornado?

-Sí, ya es de día. Ya pasó todo. No quería despertarte, pera ya que lo hiciste me marcho. Tengo que salir de viaje lo más pronto posible, -Bella se dio cuenta de que Edward no la miraba ni una vez. Se puso de pie y estaba a punto de salir.

-Gracias, -dijo ella. Edward se detuvo, asintió y continuó.

El resto del tiempo pasó rápido. Los meses pasaron y Edward siguió frío y distante, si era posible más que antes. Le faltaban algunas semanas o algunos días para tener a su bebé. Edward ofreció una fiesta, en la cual solo se fue a su cuarto y Bella tuvo que atender a los invitados.

Estaba en medio del salón cuando los dolores comenzaron. Ella hizo lo posible por no gritar, pero eran dolores agudos e insoportables. De inmediato la llevaron a su habitación y llamaron a la partera para que le ayudara. Duraron 5 horas para que saliera el bebé.

Edward esperaba impaciente fuera de la puerta, escuchando los gritos de Bella y poniendo cara de angustia. Últimamente no se había sentido él mismo. Desde aquella vez en el sótano.

Salió una de las ayudantes de la partera, con las manos envueltas en sangre. Edward solo la miró sorprendido. Justo antes de que las puertas se cerraran escuchó un llanto. Era fuerte y potente. Él sonrió orgulloso de su hijo. Seguro que sería todo un hombre. Después de un rato lo dejaron pasar. Bella estaba pálida y sudada. Edward por un momento muy breve la admiró por lo que acababa de hacer. Estaba en la cama con un bulto, alimentándola. Edward notó las lágrimas en sus ojos. Se acercó un poco para mirar a su hijo por primera vez.

-He estado pensando en nombres. Me gusta Edward o quizá William, -dijo Edward. Bella negó con la cabeza sin mirarlo.

-No creo que le caiga.

-¿De qué hablas? No te estoy preguntando o pidiendo tu opinión, solo te digo cuales son los nombres que pensé.

-Pues tendrás que pensar más porque esta nena no llevará el nombre de un hombre, -levantó la mirada y quiso reír por la expresión de Edward.

-¿Qué? ¿Una niña? ¿De qué me va a servir? –Bella se encogió de hombros y siguió alimentando a su hija.

-Se llamará Vanessa, Vanessa Cullen.

-Ni siquiera eso puedes hacer bien, eres una completa inútil. Dije que quería un hijo, no una niña inservible tal como tú, -muy enojado y sin siquiera mirar bien a su nueva hija se marchó.

El corazón de Bella se quebró un poco más. Ella creyó que quizá al mirar a aquella bella niña de cabello cobrizo y piel blanca le ablandaría el corazón, pero no fue así. Él creía que eran inútiles.

Eso no bastó para bajar el ánimo de Bella. Hizo todo cuanto pudo por demostrarle a esa niña lo mucho que la amaba y que no le hiciera falta el amor paternal. Cuando Nessie, como la llamaban, iba a cumplir un año. Edward fue a la habitación de Bella en la noche e hizo lo mismo que las veces anteriores. Bella lo único que hacía era cerrar los ojos e intentar ignorar el dolor que causaba a su corazón el pensar que su esposo era un hombre orgulloso con el corazón congelado que no la amaba ni respetaba y que lo único que quería de ella era hijos. Un varón.

No tardaron mucho en llegar de nuevo los síntomas. Y en esta ocasión fue más complicado. Tanto que en el sexto mes el bebé murió. Dejando a Bella desamparada. Abrazaba a su hija para intentar consolarse, pero no era suficiente. Aun recordaba el cuerpecito de su pequeño varón de seis meses. Lloró amargamente durante dos días seguidos, sin comer o salir de la habitación. Quizá no era el producto de un amor, pero era su hijo, su bebé. Lo había llevado en su vientre durante seis meses y lo había amado cada segundo. Su médico le recomendó que no lo intentara de nuevo, sería peligroso. Ante eso Edward estaba muy molesto y Bella solo lo ignoró. Edward ya no importaba, ni su opinión.

Logró superarlo un mes después. Salió adelante gracias a su hija. Su hija creció grande y fuerte. Pasaban el día entero jugando en el jardín. Plantando flores y corriendo. Nessie era una niña realmente hermosa. Tenía los ojos profundos de su madre y el cabello largo y sedoso del mismo color que su padre. Su piel era suave al tacto y muy pálida. Era simplemente hermosa. En una ocasión contrató a alguien para que pintara su fotografía. Ambas se arreglaron con sus mejores ropas y se pellizcaron las mejillas para que se sonrojaran. Tomó alrededor de 5 días que terminara. Hubiera sido menos, pero Nessie se cansaba de estar como una roca, sonriendo. El último día el pintor les dijo que tenía que ponerle un líquido para evitar que se desgastara con el tiempo así que se lo llevó. No volvió y Bella se quedó sin su fotografía. Pero la había visto casi completa, era increíble como había logrado captar la profundidad de sus ojos y los de su hija.

Nessie bajaba todos los días a desayunar con su madre y con su padre. Ella intentaba llamar la atención de su padre. Aun no sabía hablar bien, apenas tenía dos años. Pero aun así trataba de llamar la atención de un hombre que apenas la miraba. A Bella se le oprimía el corazón, pero en parte agradecía que la tratara con indiferencia y no con odio.

Todos los días la vestía con vestidos hermosos y esponjados. La niña era toda una modelo. Bella agradecía cada día y cada momento con ella. Era su vida ahora. Ya que aparentemente su esposo era como si no estuviera ahí y su familia y amigos se habían olvidado de ella. Excepto Jacob, que una vez cada tres meses enviaba una carta contando en forma rápida y resumida lo que era de su vida. Bella contestaba igualmente rápido y resumido pero siempre le agradecía de corazón por sus cartas.

Un día en el que se encontraban en el jardín Nessie se veía diferente, estaba callada y distante. Bella quiso saber qué pensaba en esa pequeña cabecita.

-Mamá, -dijo recostada en el jardín, al lado de Bella. -¿Por qué mi papá no me quiere? –Bella tuvo que reprimir su llanto.

-No es así nena, es solo que papá es diferente. Él te quiere a su manera.

-Pero yo quiero que me abrace, que me quiera. Así como lo haces tú mami.

Para Bella eso fue duro, era algo que no le podía cumplir a su hija. Y ella quería entregarle a todo. Pero el amor de Edward era algo que ni siquiera ella tenía.

En el vigésimo sexto cumpleaños de Edward se hizo una fiesta. Bella odiaba esas fiestas, Edward nunca hacía nada para tratar de hacer sentir cómodos a sus invitados. De hecho solo se encerraba en su cuarto. Esa no fue diferente. Bella los atendió y era querida por todos, envidiada por otras. La gente comenzó a irse y era hora de ir a dormir, pero quería pasar al cuarto de Nessie para darle un beso de despedida. El cuarto de Edward estaba frente al suyo y el de Nessie a la derecha. Pasó rápido y le dio un beso a la niña. Al salir vio que había una sirvienta y un sirviente fuera de la puerta de Edward, escuchando. Bella frunció el ceño y se acercó.

-¿Se puede saber qué es lo que hacen? ¿Por qué están escuchando detrás de la puerta de mi esposo? –los sirvientes la miraron con una extraña combinación de burla y lástima. Se fueron sin decir nada.

Entonces Bella escuchó. Era una mujer, jadeando y gimiendo. También se escuchaban gruñidos profundos.

-Sí, Edward, -dijo una mujer.

No se necesitaba demasiada imaginación para saber lo que estaba pasando ahí dentro. Bella se tapó la boca con horror y corrió a su habitación. Esto no podía ser peor. Edward había estado con otra mujer y seguro que Bella en su ingenuidad no se había dado cuenta que no era la primera vez. Ella creyó odiarlo y que no le importaría. Pero no era así, después de todo lo que Edward le había hecho y como la había tratado lo seguía queriendo. Lloró en su habitación ahogando sus gritos de rabia en la almohada. Cuando logró calmarse escribió una carta, una que esperaba cambiara un poco su vida.

Al día siguiente salió de su cuarto vestida de gris, algo que no era común. Entregó la carta a un sirviente para que la llevara y fue por su hija. La vistió tan linda como siempre y bajaron a comer. Sus ojos estaban rojos e hinchados por tanto llorar. Sentía que quería morir, pero entonces veía a su hija y sus fuerzas se hacían un poco más fuertes.

-¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? –dijo Edward al mirarla. Ella lo ignoró y no contestó. Cuando terminaron se retiró rápidamente antes de que él dijera algo más. Llevó a Nessie al jardín y pasó el día entero con ella. Aun seguía callada y distante.

A la hora de dormir se puso su camisón y se recostó en la cama. Lo único que deseaba era despertar en su antigua casa, con sus padres, sus amigos, Jacob. Oh Jacob, como lo extrañaba. La puerta se abrió y entró Edward en bata. Bella se puso de pie.

-¿Qué quieres? –dijo con tono frío y monótono. Tal como hablaba él.

-Quiero volver a intentarlo, quiero un heredero, -dijo mirándola a los ojos.

-¿Por qué no se lo pides a tu amante? –dijo como si eso no le partiera el corazón. Por un momento vio en los ojos de Edward vergüenza.

-¿A ti qué te importa? –dijo entre dientes.

-¿¡Que me importa!? –dijo explotando finalmente. – ¡Soy tu esposa! Se supone que debe importarme.

-Con quien me acueste no debe importarte, lo importante es que quiero un hijo y no puede ser de otra mujer que no seas tú.

-Pues morirás sin haber tenido uno porque a mí no volverás a tocarme. ¡Maldito asqueroso, mujeriego, ruin, perro, infiel! ¡Te odio con todo mi ser! –le faltó el aire y tuvo que sostenerse de la cama. –No quiero que vuelvas a acercarte a mí nunca más. No dejaré que pongas un solo dedo sobre mí o sobre mi hija mientras viva.

-Pues estás muy equivocada si crees que por eso dejaré de venir a tu cuarto. Tienes que darme un hijo, no me importa que mueras tú, pero quiero un hijo, -Bella se hizo hacia atrás como si le hubiera dado una bofetada. Abrió los ojos con sorpresa y se llenaron de lágrimas.

-¿Qué hay de malo conmigo? –dijo en un susurro. Es algo que se había preguntado desde el momento en que Edward la trató como basura la primera vez que estuvieron juntos.

-No hay nada de malo, solo que… -se quedó callado.

-¡Dime! ¡Dímelo de una vez para poder comprenderlo! He hecho todo lo que está en mi poder para hacerte sentir bien. Y ni aun así me respetas un poco.

-Deja de hacer escándalo, entre más pronto terminemos será mejor, -dijo acercándose a ella. Se alejó.

-¡No que toques! ¡Te he dicho que no volverás a poner una mano sobre mí!

-Eso está por verse, -dijo Edward muy molesto.

Tomó a Bella por el cabello y ella gritó. La tiró sobre su cama e intentó quitarle el camisón, pero ella luchaba. Claro está que él era mucho más fuerte que ella, así que logró su cometido. Bella lloró y lo maldijo. Intentó golpearlo en la entrepierna pero eso lo hizo enojar aun más y la agarró con fuerza por las muñecas, presionándola contra la cama. Fue más rudo que en las otras ocasiones.

Bella no dejó de llorar y gritar. Hasta que se quedó sin voz. Edward terminó y antes de retirarse de ella se acercó a su oído.

-Solo espero, por tu bien, que des a luz a un varón, porque si no volverás a sentirme de esta manera. ¿Lo entiendes? –con eso la soltó y se fue. Bella se hizo un ovillo y se tapó con su colcha. Gritó de rabia y dolor en su almohada.

Wow, muchísimas gracias por sus comentarios. Tuvo muy buena respuesta, creí que me odiarían por poner al hombre perfecto en faceta de abusador jaja.

Bueno, sé que se pueden cansar de que Edward abuse de Bella, ¿pero qué esperaban? Ella no se lo iba a dar por las buenas. Será la última, lo prometo. En el próximo verán el gran cambio de Edward y lo verán más pronto si dejan reviews!! :P

Gracias de nuevo, contesté los que pude. Gracias a los que dejaron anónimos, que no son anónimos porque ponen su nombre jeje.