¡Viva! ¡Estoy viva! ... Digamos que volví para traer esta segunda parte, por si alguien aún la recuerda, de esta fic :I

Advertencias

Mención de lugares y personajes del libro en cuestión. Puede que, si no leyeron el libro o si no lo recuerdan, puedan perderse un poco, pero no mucho. Nada alarmante: recuerden que todo aquí es pseudo (?

Gakuen Hetalia - AU

Temática pseudofilosófica y pseudoliteraria.

Derechos: Hidekaz


Meeting Frankenstein

...

Alfred cayó y cayó sin saber que estaba cayendo. Tenía los ojos cerrados y sujetaba con fuerza la mano del bibliotecario que, aunque sin verlo, lo sentía cerca. Sintió que estaba en el vació y que su cuerpo era liguero como una pluma y más; sentía también algo semejante a la paz interior de los budas ancestrales, tanto, que lentamente se fue animando a levantar los párpados para hallarse de lleno con un velo blanco, frío, y suave con el que estamparse el rostro y el cuerpo.

Quedó inmóvil y sumergido en la nieve, hasta que el frío alcanzó su piel y sus huesos con tal fuerza que incluso antes de saber que estaba vivo ya estaba temblando como una hoja.

-¡Frío! –gritó y se levantó de un salto, tropezando y siendo incapaz de guardar equilibrio- ¿Por qué hace frío? ¡Arthur! ¿A dónde me has traído? –gimió enojado y envolviéndose con los brazos.

-¡Ya cierra esa bocota que provocarás una avalancha, maldita seas! –gritó más fuerte. Alfred lo miro enfadado y temblando, pero calló, así que Arthur siguió diciendo:- Estamos en un libro, por supuesto. ¡Y este es uno de sus escenarios!

-Muy bien, sí, genial, fantástico. ¿Pero en qué lío, digo… libro, nos hemos metido?

Arthur lo medio fulminó con la mirada. Él también temblaba, pues no llevaban ropa apropiada para esa excursión ni de chiste. Y aunque el tajante viento los golpeaba sin piedad, lo soportaba sin quejarse mucho, total, ya estarían pronto fuera de la nieve. Él estaba parado mirando el vasto horizonte, tratando de ubicarse en el espacio, y Alfred sentado cerca de él,

-Estamos en la cima del Montanvert del siglo XVIII, un glaciar de los Alpes franceses. En la actualidad este glaciar es parte del Mar de Hielo, al norte del Mont Blanc.

-¿Y todo eso está en la Tierra?

Arthur suspiró irritado y se pasó la mano por el rostro.

-Estamos ante el mundo real, en parte, sí. Pero no es la realidad.

-¿Es algo así como un mundo paralelo?

-Algo así… En este lugar Mary Shelley refugió a la creatura del Dr. Frankenstein.

-¡Frankenstein!

El asombro en los ojos del muchacho hinchó de orgullo el pecho de Kirkland, quien sonrió socarronamente.

-Será mejor ponernos en marcha. ¡Hay muchas cosas que aprender de este libro!

-No vinimos a estudiar, cejas. ¡Yo quiero verlo! ¡Oh, por Batman, será genial!

-No sé si nos convenga…

-¿Por qué no? –cuestionó, intentando ponerse de pie, con éxito- ¿Acaso nos perseguirá para doblarnos por la mitad como un palillo?

-¿Eh? ¡No! Él no es así como dice la película. ¡Ni siguieras es verde ni lleva tornillos! Sácate esas ideas de la cabeza, Alfred, el auténtico Frankenstein es locuaz, ávido e inteligente en el libro.

-Entonces… ¿por qué nos está mirando como si fuéramos su aperitivo?

Arthur miró el rostro del muchacho sin entenderle mucho, pero algo veía este. Algo que estaba detrás de su persona así que lentamente volteó el rostro. A su espalda, varios metros hacia abajo, la criatura del Dr. Frankenstein los observaba con ojos extraños.

-¿Quiénes sois? –gritó con una voz potente.

-Oh, mierda…

-¡Es amarillo y horrible! –exclamó Alfred sorprendido.

-¿Qué habéis dicho?

Arthur se apresuró a taparle la boca al imbécil norteamericano.

-¡Nada, nada! –se apresuró a decir. Pero el monstruo intensificó la mirada sobre ellos, algo que le crispó los nervios al bibliotecario.

-Ustedes sois espías del Dr. Víctor Frankenstein, ¿no es así? ¡Él los ha enviado a por mí! ¡Es su venganza por la muerte de William y Justine! ¡Pero él no podrá evitarme!

-¿Traducción? –preguntó Alfred.

-Nos matará…

II

-¡Volved aquí, infames! ¡Sólo quiero estrangularos un poco y retorceros otro tanto!

Alfred y Arthur corrieron cuesta abajo, cayendo, tropezando y rodando por la espesa nieve, evitando y no evitando algunas rocas surgidas de la nada bajo la blanca capa helada. Tras ellos y a pasos pesados y agigantados la criatura de Frankenstein los perseguía colérica.

-¡Todo esto es tu culpa! –gritó Arthur. El vaho surgía de su boca, y de la de Alfred, dejando un rastro humo blanco como el de un tren al pasar.

-¡Y eso por qué!

-¡Por que yo lo digo!

-¡Tu nos trajiste aquí en primer lugar!

Continuaron corriendo por la ladera, en contra de todas las leyes de la física, la lógica y de cualquier realidad posible, pues aquella era empinada más ellos corrían como si fuera un simple camino pavimentado. ¡De lo que el terror es capaz de hacernos hacer!

Y así como habiéndolos dotado de velocidad y equilibrio para escapar de las garras del monstruo, el miedo a ser aplastados como papilla también los dotó de cierta imbecilidad. Aunque como Alfred es ya de por sí medio torpe, no debe extrañarnos mucho su épico tropiezo.

En menos de un abrir y cerrar de ojos, Arthur cargaba con Alfred a cuestas y caían por la ladera, adhiriéndose a la nieve. El monstruo de Frankenstein los miró extrañado, casi con burla, mientras caían y oía los gritos. Por un segundo pensó que torturarlos ya no sería necesario, pues caer en picada en forma de bola de nieve debe considerarse suficiente castigo, pero estaba aburrido así que siguió a la enorme bola.

-¡Te odio, te odio, te odio! –gritaba enfadado Arthur, tan caliente de ira que es increíble que no haya derretido la nieve.

Cayeron sobre una superficie de rocas en medio de dos laderas y terminaron desparramados. Los huesos le dolían a más no poder.

-¿Escapamos? –preguntó Alfred en tanto se quitaba una buena porción de nieve de encima.

-¡No! –rugió el bibliotecario, y sacando fuerzas de váyase a saber dónde, tras haber visto a la criatura bajar a por ellos, tomó del brazo al americano y lo levantó.

-¡Sígueme!

Emprendieron ahora un viaje de subida por la montaña contigua que ante ellos se erguía, sin ser perdidos de vista por la criatura. Ya no tenían frío alguno, pues entre tanto movimiento ahora parecían tener un infierno en la piel. El corazón les latía a mil. Sin embargo, pese a que estaban bajo peligro inminente, Alfred no dejaba de echar risas al aire cada que el monstruo profería una amenaza, pues la forma en que hablaba, tan a la antigua, a él le causaban risas extremas.

-¡Volved aquí, pillos! ¡Oh, infames espías del mal! ¡Ay de ustedes cuando los atrape!

Arthur lo veía, preguntándose si no sería prudente ofrecerlo en sacrificio al monstruo, pero algo en todo el asunto también le divertía, y pronto la carrera por sus vidas tomó matices cómicos.

Llegaron a la cima de la nueva montana, el monstruo ya estaba a mitad de camino.

-¿A dónde huimos ahora? –preguntó Arthur, echando una rápida mirada al panorama e intentando divisar un camino transitable hacia el pueblo de Chamonix-Mont-Blanc.

-¡Sígueme! –dijo de repente Alfred. Sin dejarle tiempo de protestar, tomó a su compañero roñoso y lo arrastró por la nieve. Había divisado una cabaña.

Pronto llegaron a ella. Adentro el mobiliario era austero, tan sólo había una mesa con dos sillas, algunos cacharros por aquí y por allá y una chimenea apagada con leña lista para encenderse.

-¡Nos he salvado! –afirmó triunfante con el pulgar en alto.

-¡Nos has metido en la boca del lobo, grandísimo estúpido! –gritó a su vez Arthur- Aquí se está refugiando el monstruo.

-¿Y cómo iba a saberlo?

-Si hubieras leído el libro, o al menos me hubieras escuchado…

-Las lecciones de literatura para después, ¿si? Hay que salir de aquí entonces.

-Es tarde… maldición –entonces, a Arthur se le iluminaron los ojos- ¡Busca un libro!

-¿Qué? ¿No acordamos que las clases serían más tarde?

-¡Sólo hazlo!

Entre ambos revisaron la cabaña de arriba a bajo, sin mucho éxito. De pronto, pudieron oír los pesados pasos del monstruo acercándose. Ya prácticamente estaba sobre la puerta de entrada, podían ver su sombra escurrirse bajo el hueco de la puerta.

-¡Encontré uno! –dijo victorioso Alfred, con el libro en la mano. Lo abrió- ¿Qué? Esta en blanco…

-Es perfecto. Ahora…

La puerta se abrió de lleno, siendo arrancada de sus goznes. El monstruo, con el horrible rostro desencajado, con la mirada furiosa y exhalando un vaho pútrido, penetró lentamente en la cabaña.

-Los he pillado, espías.

Alfred tragó saliva, y rezó para que se comiera primero al bibliotecario. El monstruo rugió y se abalanzó sobre ellos. Apenas pudieron esquivarlo, y el monstruo chocó de lleno contra una de las paredes, casi rompiendo la madera de que estaba hecha.

-¡Vengan aquí! –gritó.

-¡Alfred! –dijo Arthur, esquivando al monstruo- ¡Abre el libro!

-¡Pero está en blanco!

-¡Es la idea!

-¡Cállense la boca, me están rompiendo los tímpanos! –rugió enfurecido.

-¡Tu no tienes tímpanos, cosa horrible! ¿O sí? –acotó muy inteligentemente Alfred.

El monstruo lo miró con los ojos inyectados en sangre y dobló hacia él con los brazos abiertos y con los enormes dedos como garras para enterrarlos en su carne y arrancarle el pellejo.

Arthur se vio obligado a intervenir, y tomando impulso y coraje saltó sobre el lomo de la criatura y clavó sus uñas en la carne pútrida de ésta, hiriendo al monstruo y ganándose unas sacudidas comos si estuviera montando un toro mecánico, pues la criatura se esforzaba como una fiera para quitárselo de encima, profiriendo horribles gritos.

-¡Abre… el libro! –gritó Arthur- ¡Sólo piensa en algo útil para librarnos de ésta!

-¿Pero cómo?

-¡Imagina algo! Como… como si escribieras un libro en tu mente.

Alfred casi sufre un paro cerebral, pero viendo que Arthur no podría contener a la criatura por más tiempo, cerró los ojos y se esforzó por crear algo. Sin embargo, los gritos enfurecidos de la abominación y las réplicas amenazadoras del bibliotecario no le dejaban pensar más allá de las primeras frases… "Había una vez"

-¡Rápido, idiota!

"Había una vez… ¿una mamá ganso? No"

-¡Los despedazaré!

"Había una vez…"

-¡Alfred, me encargaré de matarte con mis propias manos si no te apuras!

"Había una vez… Había…"

-¡Lo tengo! –abrió los ojos con notable alegría. Con el libro en la mano y una mirada decisiva en los ojos, abrió en una página cualquiera y una luz centelló cegando a los tres presentes.

Momentos después, él y Arthur bajaban el monte a toda velocidad en una motonieve.

-¿Es esto lo mejor que has podido hacer? –cuestionó Arthur, enfadado de tener que estar pegado y sujeto al americano para no caerse mientras éste iba a toda velocidad conduciendo por las alturas, dejando un rastro largo sobre la nieve. El monstruo había quedado muy atrás.

-¡Hahahaha! No niegues que esto es fantástico.

Cuando el sol comenzó a declinar, ellos estaban llegando al pueblo de Chamonix. Arthur no le había replicado mucho más a Alfred, pues aunque no lo admitiría directamente, era cierto que no había hecho nada tan divertido antes. Y, además, recorriendo esas montañas nevadas a toda velocidad, sentía una adrenalina y exaltación que lo mantenían callado en el asombro.

Antes de llegar al pueblo, prácticamente en las inmediaciones, dejaron la motonieve oculta bajo unos arbustos enormes.

-¿No será raro si la encuentran? –preguntó el americano.

-Desaparecerá en cuanto nosotros nos vayamos. Puede que alteremos el curso de la historia de un libro mientras estamos en él, pero todo vuelve a la normalidad en cuanto desaparecemos de él. No es esto un viaje al pasado, donde hay causas y efectos.

Alfred meditó un segundo al respecto, seducido por la mecánica del mundo en el que estaban, pero así mismo otro pensamiento se cruzó por su cerebro y declaró en voz alta y sarcástico:- Por cierto, ¡muy amable y locuaz tu Frankenstein! ¡Y qué inteligente! ¡Mejor que en la película!

-¡En ningún momento dije que no sería peligroso! –advirtió- Habrías entendido lo que quise decir si hubieras leído el libro.

-Claro, pero como no lo leí... ¡déjame decirte que estoy muy decepcionado por no haber visto el Frankenstein que esperaba ver! Tengo derecho de ignorancia para quejarme –dijo como ganando un debate, pero que no.

-Eres un cineasta demasiado idiota para que lo considere un rasgo de valor en ti.

-¡Oye! El cine tiene su magia, con o sin libros de por medio. Hay que verlos como artes separados… Además ¿a quién no le gusta una buena película? –exclamó con júbilo, pensando que capaz podría entrar a al club de cine de la Academia, romper algunas reglas y que el encargado lo llevara como "castigo" por un montón de películas western y de terror.

-A todo el mundo le gustan –observó Arthur con voz dura. Tenía la vena del odio hinchada, y comenzando a avanzar por el camino murmuró para sí:- Pero los libros no son para cualquiera.

A Alfred, que llegó a oírlo, se le encogió el corazón de golpe y por un instante. Cabizbajo, buscando nuevos ánimos y alegrías en el fondo de sí mismo, siguió al bibliotecario. Y aunque volvió a sonreír enseguida, la idea de ser un cualquiera para el hombre que caminaba frente a él le dejaba un mal sabor en la boca.

El pueblo estaba tranquilo, y aunque se ganaron miradas extrañas, pues con sus vestimentas de dos siglos en el futuro parecían extraños forajidos indignos de confianza, lograron llegar hasta una taberna donde tomar y comer algo.

Estuvieron cenando de mala gana comida francesa, pero tras la odisea, mucho no se quejaron pues tenían el estómago pegado al espinazo. Y mientras transcurría la cena, la tensión entre ellos desapareció.

-Nos encontrará si nos quedamos aquí –observó Alfred al rato, cuando hubieron terminado su plato, y viendo que la poca gente en el lugar ya se marchaba a sus casas. Se preguntó dónde pasarían la noche.

-Lo sé, iremos a otro lado.

-Creo que ya he tenido mucho de Frankenstein para toda mi vida…

-Eso también lo sé –dijo con voz calmada, ganándose una total atención del americano- Dije que iríamos a otro lado, a otro libro.

-¿Me pagarán o no? –intervino un hombre de pequeña estatura, cara redonda y bigote italiano.

-¿Tienes el libro contigo, no? El de las páginas en blanco.

Alfred se lo tendió- Se trata de una especie de portal, ¿no? –preguntó curioso, pero Arthur no le respondió, sólo le dedicó una extraña sonrisa cuyo significado era que aún no es momento de hablar al respecto.

-¿Hola? Van a pagar ¿cierto?

-¿A dónde quieres ir?

El americano enfocó los ojos, que a los de Arthur le parecieron de un azul intenso como nunca antes se paró a observar, como si por dentro quemaran por efecto de una extraña química.

-Sorpréndeme –le dijo. A Arthur le temblaron las manos. Sintió que una corriente eléctrica le recorría la columna, como si una sensación de euforia lo recorriera. Alfred estaba escuchándolo, estaba centrado en él.

Sonrió.

-¡Paguen! –exigió el hombrecillo.

Arthur cerró los ojos, y con la cubierta del libro rozándole los labios, se mantuvo así un instante. Luego lo puso en medio de la mesa y lo abrió a la mitad. Le indicó a Alfred que pusiera su mano en medio de las hojas, y cuando lo hizo, puso la suya sobre la de él.

Una centellante luz traspasó sus pieles y trepó por sus brazos, engulléndolos lentamente. Al instante, la luz ya los cubría por completo; con un ruido semejante al del viento en medio del bosque y con la rapidez de un relámpago fueron absorbidos por la luz, penetrando dentro del libro. Éste se cerró y fue desvaneciéndose ante la mirada del hombre del bigote, quien luego de asombrarse y espantarse, no recordó nada más. Volvía a ser sólo un personaje inmortal de un libro, a la espera de que algunos ojos curiosos leyeran las páginas en donde se encontraba.

~•~


-La película que menciona Alfred es Frankenstein (1931) con el actor Boris Karloff.

-"Frankenstein" es en realidad el apellido del doctor (Víctor Frankenstein) que creó al monstruo. La industria del cine hizo que se llamara así a la criatura, cuando en realidad esta no posee un nombre o no se lo menciona.

-Para curiosos: : / / www . papelenblanco metacritica / 5-mitos-comunmente-creidos-de-la-literatura-ii


¡Das Ende!

Bueno, espero sinceramente que les haya gustado la continuación. Lamento haberme desaparecido así, tengo tres fics que actualizar y sigo en la nebulosa. Gajes de la vida...

Ansío saber sus opiniones y, si gustan dejarme sugerencias también para los próximos viajes de Alfred y Arthur. Tengo algunos en mente, pero puede que algo se me esté escapando.

El próximo capítulo está en maquinación, pero no diré a quién visitarán. ¡Vamos! Un poco de pseudomisterio (?

¿Review? -3-