hey! gracias, me gusta saber que ha tenido buen recibimiento esta locura
tal vez al leer esta sarta de tonterías dirán "por qué involucrar Filosofía?", quería poner a Scorpius como un muchacho sumamente atormentado, muy callado, taciturno y pensativo, y después de pensarlo mucho, surgió la imagen de Vladimir El Triste, su "'ídolo", un filósofo... Scorpius es un amante del pensamiento humano!, fue antonomasia.
Siguiendo esa línea, no me imaginaba a un chico como el que dibujo siendo de primer año (11 años de edad), simplemente no podría tener la complejidad de pensamiento de un filósofo, pero un adolescente en todo su esplendor (15 años) me servía mejor, por eso parto del quinto curso
era sólo como un gusanito querer explicarlo, espero que diafruten este segundo capítulo, no pensaba actualizar hoy, pero... qué demonios...
recuerden, DH spoilers all over the place!
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2.
Romeo y Julieta
Durante su tercer año en Hogwarts había sido descubierto por Howie Zabini mirándola embebido por su belleza. Estaban en clase de Herbología con el profesor Longbottom quien luchaba contra una planta carnívora para que no se comiera su mano. Eso era tan común que mientras el profesor lidiaba con las plantas mortíferas del invernadero los estudiantes aprovechaban para platicar los acontecimientos del día.
Pero no el reservado Scorpius Malfoy, que un poco tenso de la espalda la miraba cuchicheando con sus amigas, riendo y señalando discretamente a Louis Wood, un chico bien parecido de Gryffindor.
-¿Scorpius¿estás ahí? –Howie trataba de llamar su atención y siguiendo una línea imaginaria pudo ver a quien observaba tan detenidamente. -¡Por Merlín!
-Cállate –inexpresivo ordenó Scorpius al darse cuenta que había sido descubierto.
-¿Te das cuenta que si sus primos se enteran te matarían? –el joven Zabini parecía no conocer la compostura y decía exaltado y casi gritando.
-Sí, guarda silencio –volvió a ordenar Scorpius -¿crees que eso es lo más importante del asunto? –dijo y la mirada dubitativa de Howie lo hizo continuar: -es decir, soy un Malfoy –pausó y su compañero aun no parecía tenerlo claro –y ella es una Weasley.
-Oh –entonces Howie supo de qué hablaba –como... Romeo y Julieta.
-¿Has leído Romeo y Julieta? –incrédulo de que ese chico si quiera hubiese tomado un libro en su vida y para colmo uno muggle, Scorpius preguntó pero el otro se limitó a encogerse de hombros.
Así fue como Howard Zabini había descubierto el secreto de Scorpius Malfoy, y aunque insistía en lo imposible que resultaba y que sus familias eran enemigas, trataba de ayudar a ese chico taciturno.
Por su parte, Scorpius creía que mientras su secreto enamoramiento no pasara del plano platónico nada grave podría desatarse. Después de todo Zabini tenía razón, si los chicos Potter o incluso el joven Hugo Weasley se enteraran seguro lo matarían, ni que decir de ambas familias; ya se imaginaba a sus padres escandalizados por ese hecho, su madre exagerando un desmayo horrorizada y su padre con mirada severa prohibiéndole regresar a Hogwarts, por no pensar nada peor. La familia Malfoy luchaba en el mundo mágico por obtener el respeto que alguna vez tuvieron, actuaban bien, con todas esas reformas anti-racismo no podían hacer nada y habían criado a Scorpius sin prejuicios, pero cuando el jovencito comenzó a darse cuenta de las cosas supo que dentro de su padre y su abuelo, principalmente, seguía latente el "Malfoy" en todo su esplendor, y que si el destino lo socorría y hacía que Rose Weasley volteara en dirección a él, sería un traidor para su familia; que no era tan malo, considerando que eran parias del mundo mágico. Un traidor entre traidores probablemente pasaría desapercibido.
Pero el destino del hombre es la soledad, decía Vladimir El Triste, y la pérdida de los seres amados es un dolor insoportable, clamaba Ólafur Birgisson, y él era así, como esos dos hombres. Era así o al menos quería ser así, un pensador, un filósofo. ¿Y qué ser más trágico en la historia que los escritores y filósofos?, condenado a la tragedia reprimía cualquier rasgo de esperanza en su alma y prefería verla como el objeto inalcanzable de un amor no correspondido. Así, evitando, enfrentamientos familiares.
Pero Ólafur Brigisson lo hacía dudar en los últimos capítulos de "Ícaro"
"El hombre y el mago, se debe regir por las reglas propias, suprimiendo las externas; actuar por el instinto puro y convertirse en el ser elevado que anhela ser. El primer paso es percatarse que hacía allá se debe evolucionar y abriendo esa puerta, lo demás viene solo"
Actuar bajo normas y leyes propias, personales e individuales, Scorpius creía que eso sólo podría darse con el tiempo, pues las convenciones sociales ahora lo obligaban a acatar las reglas, ya fueran de su familia o del colegio; por supuesto que quería ser ese hombre elevado y perfecto que Birgisson construía, pero no era el tiempo, porque de poder desobedecería a su padre y le declararía su amor a Rose Weasley.
Esa tarde fría y llena de viento habría partido de quidditch, el esperado Slytherin contra Gryffindor, aunque poco entusiasta de los deportes, Scorpius asistía religiosamente a los partidos desde que Howie se había convertido en buscador. Pero secretamente apoyaba casi con el mismo fervor a Gryffindor.
Rose Weasley era la buscadora de los leones, a veces Scorpius creía que ella no podía lucir más bella, sin embargo al verla en su uniforme escarlata se daba cuenta de lo equivocado que estaba.
La alineación de Gryffindor era por demás peculiar, parecía más una especie de negocio familiar. Su buscadora era Rose, sus golpeadores eran James Potter y Fred Weasley, éste último justo como su padre y su difunto tío y Albus Potter era uno de los cazadores, el cuadro lo completaba Louis Wood también en el puesto de cazador y otros dos chicos de sexto. En las gradas, lo menores de la familia Potter y la familia Weasley, Lily y Hugo apoyaban a sus hermanos y primos.
El clima complicó en demasía el partido, haciéndolo entretenido para los más fanáticos de ese deporte. Scorpius disfrutaba, fuera quien fuera el más cercano a la snitch. Cuando Howie tenía casi en su mano la pequeña pelota dorada significaba triunfo para Slytherin, y cuando Rose hacía lo propio significaba triunfo para ella. Scorpius no perdía.
El triunfo al final fue para Gryffindor, no fue una sorpresa pues era considerado uno de los mejores equipos de la historia de Hogwarts, todos se tomaban muy en serio sus posiciones y eran un cuadro casi invencible, aunque Howie era un buen jugador, no se podía decir lo mismo del resto de los Slytherins del equipo.
"El hombre está destinado al fracaso"
Pensó Scorpius sonriendo de lado, por eso los deportes sólo le parecían una muestra trivial de supuesta superioridad sobre el más débil. ¿Pero qué mérito tiene derrotar al más débil?, ninguno, creía el joven Malfoy, pues hay más mérito derrotar a un igual que a un inferior.
-Nos recuperamos contra Ravenclaw –desilusionado, Howie caminaba con Scorpius al lado rumbo a la sala común de Slytherin.
-Seguro que sí –esas palabras que pretendían sonar optimistas no lo fueron mucho proviniendo de Scorpius, un pesimista de nacimiento.
El ambiente en la sala común de la casa esmeralda y plateado no era el ideal, el clima nublado y la derrota no eran buena combinación. Muchos se sentaron alrededor del fuego a platicar, Howie fue a tomar una ducha y Scorpius se sentó en un escritorio a leer.
Conforme se fue obscureciendo la sala se fue vaciando, excepto por Scorpius que se mantenía inmóvil leyendo a Birgisson, analizando aquello de actuar por instinto. Le encontraba sentido y luego lo perdía.
-¿No crees que es hora de dormir? –Howie bajó las escaleras desde los dormitorios ya en pijama.
-Sí, claro –Scorpius pareció no prestarle mucha atención y continuó su lectura.
-A ver... –el otro chico trató de pasar por alto el hecho de que fue ignorado -¿por qué Rose Weasley? – preguntó con ese arrojo brutal que lo caracterizaba, sin rodeos y golpeado; entonces sí que llamó la atención de su acompañante.
-No lo digas tan alto –ordenó como acostumbraba ante la forma siempre brusca de Howie.
El chico moreno rió -¿te avergüenza?
-No –Scorpius se puso de pie, aunque el otro era más corpulento, ambos eran similares en estatura –me da miedo –confesó avergonzado de sentir algo tan primitivo como el miedo. Humanos primitivos, maldijo su género taxonómico.
-¿Por qué ella?
-Porque nunca me dice nada –Howie a veces odiaba esa vaguedad filosófica con la que Scorpius hablaba, pues aunque parecía estar diciendo una verdad universal fundamental, él no lo comprendía, pero Scorpius sabía que tenía que explicarle las cosas más a fondo –es decir, todo mundo me insulta, ni que decir sus primos, pero ella nunca me ha dicho nada, absolutamente nada, ni bueno ni malo –pausó –y es mejor así, la incertidumbre me hace creer lo que yo quiera, en este caso que no me odia por ser un Malfoy.
Howard Zabini se quedó petrificado ante la respuesta, por lo larga y por lo que decía.
-¿Y por qué no disipas tus dudas? –preguntó finalmente, Scorpius lo miró, analítico como siempre, se le notaba incluso algo sorprendido, pues en su ingenuidad, Howie lograba hacerlo pensar con sus preguntas ligeras en cuestiones verdaderamente profundas.
-Porque no podría soportar el dolor al saber la verdad –sonrió con tristeza-. Buenas noches.
Pero Scorpius no era de los que caían dormidos al poner la cabeza en la almohada, no con tantos pensamientos en su cabeza. Vlaimir El Triste fue un hombre movido por eso precisamente, eso que acababa de decir Scorpius a Howie en la sala común, el dolor. Fue un hombre solitario marcado por el sufrimiento, y la mayor fuente de éste emanaba de Helga Hufflepuff, una fundadora de Hogwarts, su amor imposible.
"¿Qué es el hombre sin dolor?, nada. El dolor nos recuerda que estamos vivos, cuando el frío beso de la muerte llega ya no hay dolor, porque hemos dejado de existir. ¿Qué es el hombre sin dolor?, y ¿qué es un último dolor antes de dejar de sentirlo para siempre?"
Suicida y trágico, así era El Triste, aunque en la mente de Scorpius no pasaba ni de lejos cometer el error de Vladimir y matarse por una mujer, tenía que estar de acuerdo con esa idea respecto al dolor, el hombre sin él no es nada y personalmente creí que era la única sensación igual de fuerte que el amor.
Pensando en eso finalmente se quedó dormido.
Al día siguiente tras el desayuno, Scorpius distraído había olvidado su tarea de Pociones, la siguiente clase, en su habitación, le dijo a Zabini que se adelantara, él lo alcanzaría en un momento.
Scorpius Malfoy era un estudiante modelo, exceptuando las peleas en sus primero años propiciadas por los insultos, el chico no causaba problemas. La gente le seguía diciendo cosas horribles, pero su superioridad intelectual lo hacía inmune. Aun recordaba el primer año y las miradas sobre él, por ser un Slytherin y por apellidarse Malfoy, una herida que sangró por mucho tiempo y que aun lo marcaba como cicatriz sobre su piel.
Nunca había llegado tarde a ninguna clase, y por Birgisson que ésta no sería su primera vez, pensó mientras corría por los pasillos desalineando su siempre pulcra apariencia. Tomó el pergamino con la tarea de Pociones y corrió hacía las mazmorras.
Pero al parecer no era el único retrasado para la clase, en una intersección, ya para bajar por las escaleras al aula de Pociones, el chico tiró todas sus cosas al chocar con alguien.
-Lo siento –dijo sin levantar la mirada, recogiendo todo rápidamente, y cuando tuvo todas sus cosas entre los brazos por fin vio con quien había chocado.
Rose Weasley también apresuraba sus movimientos para no llegar tarde a clase –fue mi culpa –dijo.
Ambos se miraron a los ojos. Nunca los había visto tan cerca, ese par de ojos azules como el cielo más despejado de primavera, como lagunas claras brillando con el sol, como sus sueños, en ese instante se dio cuenta que sus sueños siempre han sido azules.
Ella lo miró extrañada pero de su boca no emanó insultó alguno, la expresión de él era indescifrable, porque él era un chico indescifrable y deseaba con todo fervor que el tiempo se detuviera ahí mismo, o mejor aun, que el tiempo se acabara pues en ese instante, eterno y fugaz a la vez, era completamente feliz.
-¿Qué pasa Rosie? –Del otro lado del pasillo la voz de un chico mayor interrumpió tan mágico momento -¿Malfoy te está molestando? –James Potter caminaba en dirección a los jóvenes de quinto.
-No, no... –Dijo ella sin apartar su mirada de Scorpius, intrigada –no es nada James.
-Mira Malfoy –el mayor encaró al chico y lo acorraló –más te vale dejarla en paz si no te quieres meter en problemas –amenazó, y aunque intimidado, Scorpius no mostró emoción alguna.
-Ya déjalo –Rose suplicó a su primo y ambos le dieron la espalda para finalmente irse.
De pronto todo fue confusión en la mente de Scorpius, fuera de si caminó rumbo a su clase, a penas a tiempo, 5 segundos después llegó ella, y después de tenerla tan cerca ahora le parecía más lejana. Pero estaba seguro que si disipaba las dudas, como Howie le había dicho, el resultado sería a su favor, que ella, a diferencia de sus primos, no lo odiaba por el simple hecho de portar un apellido marcado. Eso le mostraba que era inteligente y como él, restaba importancia a los nombres y le importaba el individuo como tal. El nombre no hace al hombre.
Después de la clase dejó a Zabini con otros Slytherins y fue al baño, necesitaba refrescarse después de haber estado tan cerca del sol, como Ícaro.
En el baño, solitario, sólo se escuchaba una gotera. Se lavó la cara y se miró ante el espejo lleno de sarro.
Él y su abuela tenían un chiste personal causa de la insistencia del chico de no mirarse al espejo demasiado. Narcisa Malfoy solía decirle en juego que "si te miras al espejo demasiado te vas al infierno por vanidad", y aunque era una broma, de verdad Scorpius no era fanático de los espejos y los usaba para lo estrictamente necesario: en las mañanas para arreglase y no se analizaba mucho.
Pero al levantar la mirada esa vez, Scorpius se miró fijamente.
Ojos grises, piel muy blanca, cabello rubio platinado. Ojeroso y cansado, causa de un desorden de sueño que había adquirido casi al tiempo que comenzó su amor por la filosofía. Rostro afilado como su abuelo y como su padre. Su mirada parecía la de su padre, altiva, pero la de él era una versión deslavada y falta de encanto; triste dirían otros. Peinado cuidadosamente, con el uniforme impecable, corbata con nudo perfecto, camisa blanca como perla, ni un hilo suelto en su suéter ni en su túnica. No se miraba al espejo pero se daba cuenta que de todos modos se iría al infierno, pues esa apariencia inmaculada gritaba "vanidoso". Se rió al pensar aquello y se miró, no dejaba de mirarse, sentía que había olvidado la propia apariencia de su rostro. Se tocó la barbilla, se jaló la ojeras para ver el blanco de sus ojos, se analizaba; pues él analizaba a todo mundo, creía que era tiempo de analizarse a si mismo.
-Como Romeo y Julieta –dijo en voz alta recordando las palabras de su compañero mientras sonreía.
