¡Hola! Aquí vengo con la continuación de esta historia. Agradezco de todo corazón a las personas que lo leyeron y les gustó y por supuesto por los amables reviews *-*
¡Espero que lo disfruten!
"Bendito Remedio"
Capítulo dos.
De cuidados intensivos.
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Los maullidos de los felinos, comunes en los alrededores de esa empinada colina, se escuchaban a la distancia. La claridad del cielo azul, había comenzado a desaparecer, para transformarse en un encantador naranja que cubría cada área de la ciudad. La puesta de sol era un milagro común de todos los días y un bello paisaje que deja una sensación de satisfacción en muchos. En la base de dicha colina, dentro de una acogedora casa hogareña, un joven de cabellos castaños y ojos verdes sufría de un fuerte resfriado. Pero para su suerte, no estaba solo.
Makoto levantó su brazo izquierdo, tal como Sousuke, que en ese momento parecía estar cumpliendo el rol de doctor, le había ordenado. Éste le pasó el termómetro clínico para que se lo colocara por su cuenta bajo su camiseta. Rápidamente, el frío cristal, o bulbo del termómetro hizo contacto con su axila, haciéndolo temblar levemente. Aguardó unos minutos hasta que fuera necesario chequear su temperatura corporal.
Definitivamente los minutos más incómodos de su vida.
Sentía la penetrante, incluso intimidante, mirada de Sousuke sobre él. El muchacho había agarrado la silla de su escritorio y la había acarreado hasta el lado de su cama y se había sentado ahí, sin despegar sus ojos de él. Makoto fingía que no le notaba, pero esa sensación de sentirse observado lo llevaba a mirarlo de reojo una, dos o tres veces, para luego desviar su mirada hacia otro lado por la incomodidad. Y lo peor era que se encontraban en el más maldito silencio. Pensó que Sousuke era una persona de pocas palabras o malo para iniciar conversaciones, pero eso sólo hacía que se sintiera más incómodo con la ocurrente situación. ¿Por qué se habría ofrecido a cuidarlo? O más bien ¡¿por qué demonios le había sujetado anteriormente?! Debió haber parecido un loco desesperado, mira que hacer eso. No sabía qué tipo de impulso le llevó a hacer aquello, pero ahora se moría de vergüenza. Recordaba cómo la absurda discusión de Rin y Haru lo había despertado y se sorprendió de estar en su cama acostado. Miró alrededor y se encontró con el nadador de mariposa de Samezuka. Su gran figura era lo único que podía percibir, además de los gritos, con sus adormilados y atontados sentidos. Recordó entonces, lo que había pasado en el vestuario y de camino a su casa hasta quedarse dormido. Sousuke le había ayudado mucho. Recordó también lo cómodo que se sintió en su amplia espalda y la cálida sensación de ella...No supo cuando su mano alcanzó su chaqueta y se perdió en aquellos ojos verde azulados.
– ¿Me permites ver? –la demandante voz de Sousuke interrumpió sus penosos pensamientos.
–S-sí – respondió tratando de fingir tranquilidad y sacando el termómetro de donde estaba para que el más alto lo viera. Se lo pasó y vio como Sousuke le daba una ojeada.
–38.5°C…tienes fiebre.
Cierto, tenía otras cosas de las que preocuparse. Se había enfermado y eso significaba que no podría asistir a clases y menos al entrenamiento por un tiempo. Suspiró, no le gustaba enfermarse.
– ¿Te duele la cabeza? –preguntó el azabache.
–Sí, bastante.
–Te traeré algún remedio, ¿los guardan en la concina?
– ¿Eh? Ah, sí…en un cajón del aparador.
–Gracias –Lo vio salir por la puerta de su cuarto. Ah, no le había dicho dónde quedaba la cocina. Se dispuso a seguirlo para decirle pero enseguida le vio asomar la cabeza por el marco de la puerta –No te levantes, sé dónde queda. La vi cuando entramos –y se volvió a ir.
Realmente, seguía sin entender toda esta situación y se sentía culpable de retener a Sousuke en su casa, aun así le hizo caso y se acostó nuevamente en su cama tapándose con las sábanas hasta el cuello. ¿No estaría abusando de su amabilidad? ¿Se dejaría atender por Sousuke? La idea no le sonaba mal por alguna razón.
Sacudió su cabeza en forma de negación, tratando de ahuyentar aquellos extraños pensamientos. Pero tontamente logró que su dolor se agravara. Cerró sus ojos tratando de conciliar el sueño, pero se sentía tan mal que le era imposible. Comenzó a toser de repente. Dolor en su garganta, dolor en su cabeza y se le tapaban los oídos. Ugh.
Llegó Sousuke con un paquete de pastillas para el resfriado, un bowl lleno de agua con unos cubitos de hielo y un trapito de tela en él y un vaso de agua. Dejó el bowl en la mesita de luz, sacó una tableta de pastillas, de las cuales extrajo una. Se acercó a Makoto que tosía como loco y le extendió el vaso y la pastilla. El castaño la tomó, agradeciéndole.
–Pronto comenzará a hacer efecto –le dijo mientras con una de sus grandes manos le acarició nerviosa, pero suavemente su pelo a la vez que se sentaba en la silla de madera.
El gesto desconcertó al ojiverde en el momento, más sin embargo no pudo evitar pensar que aquellas manos también eran muy cálidas. Y por supuesto, se sonrojó al instante ante lo que insinuaba su mente.
–Yamazaki-kun, podría contagiarte.
–No te preocupes, soy inmune a ese tipo de cosas.
Eso no dejaba al castaño tranquilo. Se preguntaba: "¿Por qué Yamazaki-kun hace esto por mí?" Iba a preguntarle, pero de repente su nariz comenzó a sentirse muy picosa. Trató de retener el estornudo que se le quería escapar, pero no pudo y éste salió con demasiada potencia al exterior. Dios, que se le caían los mocos.
– ¡Ah! –Entró en pánico –U-un pañuelo- ahh… ¡Achoo!
Enseguida Sousuke le alcanzó los pañuelos descartables que estaban en su escritorio para que se limpiara la nariz. Sin embargo, la escena le pareció muy graciosa y no pudo evitar soltar una leve risita.
–Oye, no te rías de mi desgracia –gritaba Makoto rojo como un tomate para estornudar nuevamente.
–L-lo siento –Sousuke se agarraba su abdomen y se limpiaba la lágrima que le brotaba por querer resistir la carcajada, y que al final le resultó imposible.
Makoto quería que lo enterraran vivo. No obstante, la sonrisa de Sousuke era muy agradable y en ese momento no supo qué fue esa extraña sensación que sintió en su pecho. ¿También sería otro efecto del resfrío? De esa forma trataba de convencerse.
Una vez pasado el bochorno, Yamazaki le colocó el trapito fresco en su frente para que se le bajara la fiebre.
–Tachibana, ¿cuándo llegan tus padres? –le preguntó luego de haber terminado y sentado en la silla. El ambiente entre ellos se había aligerado y vuelto placentero. La sofocante atmósfera del principio había volado lejos.
–Mañana en la mañana –contestó.
– ¿Y qué pensabas cenar?
– ¡Ah!
– ¿No habías pensado en ello?
Makoto negó con su cabeza. Era un despistado, no había ido a hacer las compras y tampoco se creía capaz de cocinarse algo él solo así como estaba. Sin mencionar su falta de aptitud culinaria.
–Parece que no queda de otra –suspiró el azabache –Te puedo cocinar algo si quieres.
– ¿Sabes cocinar? –preguntó intrigado.
–Bueno, no soy un profesional pero sé defenderme –decía mientras se sobaba la nuca –Espero que no te importe que tome prestada tu cocina por un momento.
–No hay problema, pero, ¿por qué-
Y su pregunta quedó a la mitad ya que Sousuke comenzó a alejarse. Cielos, éste chico hacía lo que se le venía en gana. Ahora resultaba que cocinarían para él. ¿Cómo podría agradecerle todo lo que estaba haciendo?
Makoto suspiró, cerró sus ojos y se llevó la mano a su cara, sintiéndola más que caliente.
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Abrió el refrigerador echando un vistazo a su interior. No había mucho, pero con lo que tenía podría arreglárselas para hacer por lo menos una sopa. Hurgó cada cajón y lacena buscando los elementos de cocina necesarios. Una vez todo listo, se puso manos a la obra. La verdad era que siempre tuvo buena mano para la cocina y le gustaba experimentar con los sabores. Sin embargo, era la primera vez que cocinaba para un enfermo y por no decir, un total desconocido.
Había oído varias cosas sobre Makoto gracias a Rin y lo veía en las prácticas conjuntas, pero de hablarse; nunca. Uno que otro saludo o despedida, nada más. Por eso le resultaba raro que ahora estuviera en su casa, cuidándolo y cocinándole. Es más, por decisión propia. Aunque, recordando la mirada que le puso el castaño, esa que rogaba por que se quedara, se le hizo imposible dejarlo allí. Sintió la necesidad, casi la obligación de estar a su lado. Se sonrojó levemente. Qué era, ¿una colegiala enamorada? Vamos, que apenas lo conocía.
Apagó la hornalla, buscó un plato sopero y vertió un poco de la comida que había hecho. Con una chuchara probó su creación. "Rico" pensó y se dirigió a donde estaba Makoto.
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Entró nuevamente al cuarto, cerrando esta vez la puerta. Colocó el plato de sopa en la mesita de luz, poniendo el bowl con agua en el suelo para hacer más espacio. Se sentó y miró a Makoto. Se encontraba destapado, con los ojos cerrados y veía su pecho subir y bajar con su respiración a través de su boca. Se preguntó si ya se habría dormido. Tal vez. Inconscientemente, llevó su cuerpo adelante para observarlo más de cerca. Tenía muy buen torso; buen cuerpo, bien trabajado y su rostro era muy… ¿lindo? Que rayos pensaba. Repentinamente Makoto empezó a abrir sus párpados, develando sus preciosos orbes verdes. Que estaban a una mínima distancia de los suyos, muy cerca, demasiado cerca...Despabiló enseguida y apoyó rápidamente su culo de nuevo en la silla. ¿Lo habría notado?¿Makoto había visto lo que había hecho? De hecho, ¿Qué demonios intentaba hacer?
–Ya volviste –dijo el castaño a la vez que se sentaba, frotaba sus ojos y largaba un pequeño bostezo. Bien, bien, eso significaba que no lo había notado, ¿cierto? – ¡Woah! ¿Eso lo hiciste tú? –Makoto señalaba al tazón con la deliciosa sopa humeante.
–Ah, s-sí –carraspeó, aclarándose la garganta y tratando de recuperar su compostura – Es de verduras. No es mucho, pero como no había casi ingredientes es lo único que pude improvisar. Aun así, supongo que es bueno para alguien enfermo.
–Se ve bien –curvó sus labios en una tierna sonrisa.
Sousuke le pasó la sopa sobre un repasador para que no se quemara las piernas y pudiera comer sentado tranquilamente. Por primera vez estaba nervioso de la crítica que podrían hacerle a su comida. De alguna manera, no quería que Makoto la despreciara.
El menor se llevó a la boca una cucharada y la ansiedad del moreno aumentó para su sorpresa. No obstante, le vio poner una expresión seria; desapareció su sonrisa totalmente. Él se mordió el labio.
– ¿No te gustó? Lo siento, tal vez debí consultar tus gustos primero.
– ¡No es eso! –Exclamó Makoto enseguida al ver que Sousuke se lamentaba –Es solo que estoy tan resfriado que no puedo sentirle el gusto. Yo lo siento, tú cocinaste para mí y no puedo disfrutarlo como se debe. Con lo delicioso que se ve. Lo siento, Yamazaki-kun, en verdad.
Hacía todo lo posible para percibir aunque sea una pizca de sabor a la comida tan especial que le había hecho, pero era imposible. Se sentía tan mal y tan culpable que sentía que lloraría en cualquier momento. Sin embargo, sintió de nueva cuenta esas cálidas manos en su cabeza y se calmó al instante.
–Me alegra saber que no es porque no te haya gustado – Sousuke le estaba mostrando una reconfortante sonrisa. Su corazón quiso por un momento salírsele del pecho. ¿Por qué? ¿Por qué esta persona era tan gentil? –No te preocupes por el sabor, tú come, que de seguro tienes hambre. Si tan desesperado estás, cuando te compongas te cocinaré otra cosa –soltó entre risas coquetas.
– ¡Me encantaría, Yamazaki-kun! –sus ojos brillaron con fervor, renovados al oír la proposición del moreno.
–Hecho –y el trato quedó sellado.
Se desató una agradable charla entre los dos chicos. Descubrieron muchas cosas uno del otro y llegaron a la conclusión que compartían muchas similitudes a pesar de lucir muy diferentes entre sí. Ambos se preguntaban por qué no habían hablado antes. Estar con el otro era cómodo e interesante. Sousuke se burlaría de la voz nasal de Makoto. Ambos reirían. Makoto le pediría amablemente que cierre la ventana de su cuarto porque sentía frío. Él lo haría. Sousuke le pediría que dejara de llamarlo 'Yamazaki-kun' y a cambio, él lo llamaría 'Makoto' porque detesta las formalidades. Makoto accedería sin rechistar. Le acariciaría su espalda cada vez que tosiera o le cambiaría su trapito en la frente para que bajara la fiebre. "Que genial sería permanecer mucho tiempo más así", pensarían. La mente de Makoto divagó y se planteó que enfermarse podía traer agradables consecuencias.
Hacía rato la obscuridad de la noche había tomado control del tiempo, las esponjosas nubes se habían remplazado por las destellantes estrellas y el brillante Sol por la bella Luna Menguante. Los ojos turquesa miraron a través del vidrio la ventana, advirtiendo que ya era demasiado tarde y debía volver a los dormitorios si no quería ser regañado. Tomó el plato de sopa completamente vacío, anunciándole a Makoto que iba a limpiarlo. Se dirigió cabizbajo a la cocina. Su momento al lado del castaño estaba terminando.
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Al regresar a la habitación para despedirse del chico, se sorprendió al encontrarlo profundamente dormido. Por supuesto, necesitaba total reposo. Sigilosamente, cuidando que sus pasos no hicieran ruido o rechinaran en el parqué que cubría el suelo, avanzó. Tomó su chaqueta blanca que había dejado sobre la silla y retrocedió hasta la puerta. Apagó la luz que continuaba encendida y sujetó el picaporte. Más sin embargo, decidió dirigirle una última mirada a Makoto, como cerciorándose de que estuviera descansando bien. Ah, gran error. Le resultaba tan difícil quitarle la vista de encima. ¿Qué era esa rara sensación que sentía? El cuerpo de Makoto, o más bien Makoto en sí, le estaba tentando demasiado. Dejó el picaporte. Lleno de lo que podría llamarse curiosidad se acercó a aquella persona que emitía un aroma esplendoroso. Sus oasis se expandieron al verlo cubierto bajo la luz de la noche. Sus pestañas largas, sus mejillas ligeramente rosáceas, su tez clara, sus labios… aquellos montículos rosados que lo llamaban de forma desesperada aunque silenciosa y le generaban una tremenda ganas de probarlos. ¿Cómo sabrían? ¿Sabrían igual de perfectos a como lucían? No sabe qué, no sabe cómo, pero hay algo que lo incentiva a acercarse más. Su cuerpo inclinado completamente sobre el del otro, conteniéndose de acariciarle su bello rostro con sus manos. Sus labios, a penas abiertos, podía casi rozarlos. ¡No! No debe. No está bien. Se reprendió mentalmente por sus pensamientos. Lo que quería hacer definitivamente no tenía sentido. Se alejó finalmente y sudando frío se dirigió nuevamente a la puerta, abriéndola, esta vez sí, suavemente.
–Descansa, Makoto… –murmuró casi inaudiblemente para irse después.
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El chico se sentó lentamente en su cama, la tela improvisada cayéndosele de su frente y la luz de la luna dándole de lleno en la cara. Levantó su mano pausadamente. Sus dedos temblorosos tocaron sus labios, que los acarició con total frenesí, para luego ocultar su enrojecido rostro en la palma de sus manos.
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N/A: Chan, chan! Sousuke carajo, beza al ermozo de Macoto :c :c Fuck no.
Bien,em...ah sí. ¿Qué les pareció? esperaban algo más hard a que no pilluelas ;) Pues no. Los quería en plan tiernos. Soy una obsesa con estos dos preciosos rollos de canela, han consumido mi alma hasta transportarla a lo más profundo del infierno, en el calabozo SouMako D:
Próximamente escribiré la continuación para darle un cierre, ya que como se quedó, hasta a mí me enloquece. Espero que les haya gustado y sepan comprender algún error o desconexión en la historia, pero repito, es sólo mi tercer fic.
¡Nos leemos!
