Llamada
Fate T. Harlaown llevaba exactamente dos meses, veinte días y catorce horas a bordo del crucero de combate Eagle II, embarcada en una misión que los iba arrastrando de un sistema a otro, sofocando pequeñas rebeliones promovidas desde las sombras por un grupo terrorista con el que la TSAB ya se había cruzado en alguna ocasión; eran criminales buscados y considerados muy peligrosos, no sólo por su talento para la magia y el combate, sino también por la habilidad para manipular a las masas y desatar conflictos armados allí por dónde pasaban. La Administración aún desconocía qué pretendían exactamente con todo aquello, pues no habían hecho demanda alguna, sin embargo, los seguirían persiguiendo hasta el confín del universo si era necesario. Y por eso Fate se encontraba a bordo de aquella nave, tanto como Enforcer y como Investigadora, para combatir y seguir la pista a aquellos escurridizos criminales. Y no podía evitar llevar aquella cuenta de los días que hacía que estaba separada de su amada familia, algo a lo que duramente uno se acababa acostumbrando; demasiados días y demasiado lejos, pero así era su trabajo.
Su guardia había terminado sin novedad, así que se retiró a su camarote, uno de los más cómodos en aquella lata con tantos años de servicio a sus espaldas, conseguido gracias a su alta graduación como oficial. La puerta se abrió con un chirrido, allí todo chirriaba y hacía ruido, los novatos que llegaban por primera vez pensaban que el crucero se caería pedazo a pedazo y se perderían en el espacio, pero el Eagle II era una nave confiable, puede que estuviera vieja, mas seguía siendo eficiente y sus cañones mágicos aún no tenían rival en toda la flota.
Acababa de cambiarse el uniforme por una ropa más cómoda para sentarse a terminar unos informas, cuando un bip le avisó de que una ventana de comunicación se abría; alzó la mirada del escritorio y sonrió al ver que era una llamada "telefónica". Aceptó la comunicación.
—Ohaio, Fate-mama —la cara de Vivio la miraba alegre desde el otro lado del monitor. Así que en Mid-Childa era de mañana.
—Hola, Vivio, ¿te estás preparando para ir a la escuela?
—Jaja, hoy es domingo, no hay escuela. —Ah, cómo echaba de menos aquella risa.
—Vivio, no seas mala, Fate-mama está trabajando muy lejos y allí el tiempo no pasa igual —la voz de Nanoha provenía de algún lugar cercano, aunque no se la veía aún en la pantalla.
—Gomen… —los ojos bicolor se mostraron avergonzados.
—No pasa nada, Vivio. Cuéntame, ¿qué vais a hacer hoy?
—Nanoha-mama me va a llevar al parque, pasaremos allí todo el día y vendrán mis amigas de la escuela —la cara de la pequeña se iba iluminando ante la perspectiva de una tarde llena de diversión. Cuánto deseaba Fate poder estar con ellas.
—Eso suena muy bien, pero espero que hayas sido una buena chica y hayas hecho ya tus deberes…
—Claro que sí, Fate-mama —contestó levemente ofendida por la duda, la risa de Nanoha se dejó oír de fondo—. Los hice todos ayer… yo sola —remarcó el "sola" ufanamente.
—Muy bien, estoy orgullosa de Vivio y seguro que hoy pasará un gran día en el parque —sonrió a su hija desde miles de kilómetros de distancia como si realmente estuviera frente a ella.
—Ne, Fate-mama, ¿cuándo vas a volver a casa?
—Aún no lo sé, Vivio, pero en cuanto lo sepa, serás la primera a quién se lo diga.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Y me traerás un regalo?
—Jaja, claro, pero sólo si sigues siendo una niña buena.
—Lo seré, lo seré —dijo seriamente—. Ah, Nanoha-mama quiere hablar contigo. Ja ne, Fate-mama, te quiero mucho y no se te olvide el regalo.
—Yo también te quiero, Vivio, y no se me olvidará, te lo prometo —la pequeña se fue sonriente, seguramente a trastear por la casa, y su lugar lo ocupó Nanoha; la Instructora le sonrió.
—Parece que te ibas a dormir ya —comentó.
—Casi, estaba terminando unos informes.
—¿De verdad no sabes cuándo vas a volver? —había nostalgia en su voz.
—No, los altos mandos quieren que sigamos la pista de este grupo hasta el final, así que o los encontramos y arrestamos o los perdemos para siempre. Pero hasta que una de las dos cosas no pase, no hay regreso posible.
—Hmm… —suspiró profundamente—. Te echamos mucho de menos.
—Yo también a vosotras. Cuando esta misión acabe, pediré un permiso largo para poder pasar una temporada en casa. Tal vez podríamos ir de vacaciones a algún sitio bonito, si Vivio no tiene escuela ya.
—Entonces intentaré conseguir un permiso yo también, no quiero perderme toda la diversión.
—¿Y qué tal los nuevos reclutas?
—Impetuosos y llenos de energía, como siempre. El otro día me llevé a un puñado de novatos a una misión rutinaria en un sistema cercano, tuvimos un día… entretenido —contó divertida.
—Suena a que no lo pasaron especialmente bien.
—Bueno, digamos que algunos han cogido fobia a los reptiles gigantes —rió sonoramente.
—Nanoha, no te pases con las nuevas generaciones de soldados —trató de amonestarla, pero no podía disimular la gracia que le hacía el asunto; por la descripción de la Instructora, les habían llevado a un planeta habitado por una especie de reptil gigante con cierto poder mágico, como de vez en cuando había sobrepoblación de este animal, el lugar era un campo de entrenamiento idóneo para los futuros magos de combate, salvo que la experiencia no tendía a ser muy agradable.
—La verdad es que me quedé muy satisfecha con ellos, todos hicieron un gran trabajo.
—Bueno, tienen a la mejor Instructora enseñándoles.
—Hm… Pues lo que esta Instructora querría es que cierta Enforcer volviese pronto a casa, pero —continuó antes de que Fate dijera nada— sabrá esperar pacientemente —le guiñó un ojo sonriente—. Aunque también me podrías traer un regalo a mí.
—Ah, y ¿qué querría tan paciente Instructora?
—Mmm, se me ocurren unas cuantas cosas, pero creo que no son para decirlas por teléfono —el tono sugerente con que dijo aquello hizo que las mejillas de Fate se sonrojaran.
—Mou… Ahora no podré dormir —dijo medio en broma, medio en serio.
—Hablando de dormir, creo que debería dejarte ir a la cama ya, seguro que estás teniendo unos días duros allí arriba. ¿La herida del brazo ya se curó?
—Sí —le mostró el brazo izquierdo donde unos días antes la habían herido, nada grave, pero Nanoha se preocupaba igual, ya fuese el más pequeño de los cortes—. Ves, ya está bien, ni siquiera ha dejado cicatriz.
—Bien. Ten cuidado y captura a los malos, como diría Vivio, y así podrás volver con nosotras.
—Lo haré.
—Que descanses bien, Fate-chan.
—… Nanoha…
—¿Hm?
—Te quiero.
—Yo también te quiero. Ojalá vuelvas a casa a pronto. Ja ne.
—Ja ne.
La comunicación se cortó, sumiendo el camarote en un silencio cargado de soledad, pero la sensación sólo duró unos segundos, los que tardó Fate en meterse en su litera, cerrar los ojos y recordar los rostros de sus dos personas más importantes, cuyas llamadas siempre le alegraban el día.
