Heridas que gritan.
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Capítulo 2.
Mi cuerpo no respondía pero mi mente gritaba que me largara de allí. Mi tensión subió al ver un brillo que se levantaba poco a poco. "Un cuchillo" pensé. No reaccioné a tiempo y lo clavó en mi hombro. El dolor fue tal que pegué semejante grito, lo suficiente para despertar a todo el barrio. El me tapó la boca y mi cuerpo reaccionó, le patee la entre pierna, el dio solo un gruñido y se sobo la carne herida. Aproveché su distracción para empujarlo con las fuerzas que pude y salí corriendo. Al salir al pasillo, papá tenía un palo de hockey en la mano. Vio mi herida y me ordenó que fuera a buscar a Dayra y Ciro para irnos con mamá.
No alcanzo a dar un paso cuando el asesino le clavó su cuchillo en el torso de papá. Este calló al suelo. Ahí fue cuando lo vi bien, algunas luces se habían prendido y pude verlo. Su cara era peor que la de Kabal de Mortal Kombat, o incluso que la de Freddy Krueger. Sus mejillas estaban cortadas, formaban una sonrisa deforme. Sus ojos tenían ojeras y eran saltones, creo que no tiene párpados. Y su piel era blancamente inhumana, traía un buzo blanco con manchas de sangre y pantalones negros. Noté que su pelo era largo, creo que le llegaba a los hombros.
Salí corriendo y me encerré en el baño, busca algo para defenderme pero solo estaba el palo de piso. Algunos perfumes, los cepillos de dientes, maquinitas de afeitar y papel higiénico. Tomé el palo y los desodorantes, si se lo roseaba en los ojos tendría oportunidad de escapar. La puerta se abrió mostrando a un chico no muy grande que yo.
-Hola pequeña, te estas portando mal niña – me sonrió.
Intenté golpearlo con el palo pero lo esquivó, quise atacar con el desodorante pero me lo quito de las manos. Es increíblemente rápido. "O yo muy lenta" pensé.
Me empujó y caí sobre la tina, me golpee la cabeza pero no caí desmayada. Él se acostó sobre mí, aplastándome y haciéndome daño. Es muy pesado y no me lo puedo quitar de encima.
-Shh… tranquila pequeña, te veo muy seria, tienes que sonreír niña, siempre sonríe – me clavo cuchillo en el pecho derecho.
Grité por el semejante dolor que atravesaba mi cuerpo, quiero que todo esto termine.
-¡Cállate! A las personas no se les grita… - me saco el cuchillo, me analizó, como queriendo escoger otra parte de mi cuerpo para apuñalar.
Tomé el valor suficiente y le hable:
-Tu… no eres – escupí sangre – una… per-sona… - me estaba ahogando en mi propia sangre.
El demente solo estallo en carcajadas, me miro y me acaricio la mejilla con su arma blanca.
-Tienes razón, no soy una persona, ya no. – llevo su boca a mi oído. – pero creo que sigo teniendo los mismos gustos de una persona… o más bien de un pedófilo… HAJAJAJAJAJAJAJAJA –
Este loco no solo quería matarme, quería violarme. Se llamó a si mismo pedófilo, entonces debe ser de la edad de mi hermano o tal vez mayor, y claro yo solo apenas tengo 15 años, es mayor para mí.
Antes de que pudiera hacer lo que Dios sabe, ambos escuchamos sirenas, y estaban cerca. "Policías" pensé. Me salve.
El me miro y su lengua paso por mi mejilla.
-Lo siento amor, la campana te salvo. – se levantó de golpe. – Pero no te des muchas esperanzas, aun no término contigo.
Antes de salir por la puerta me miro y su sonrisa se anchó aún más.
-Recuerda: Ve a dormir… - se fue corriendo.
No sé qué más sucedió, creo que perdí mucha sangre por que todo lo que pasó después se volvió oscuridad.
Abrí poco a poco mis ojos, una luz blanca y borrosa me cegó, al aclararse mi vista lo vi bien, un foco, mis heridas estaban vendadas, no tardé en darme cuenta que estaba en un hospital. La cabeza me martillaba, me dolía todo el cuerpo y no entendía casi nada.
Una mujer regordeta, rubia y enana entro en la sala. "¿Una enfermera?" pensé. Ella me miró despierta y me sonrío.
-Hola Jazmín, al fin abriste los ojos, me preguntaba de qué color eran. – me sonrío – me llamo Mabel, soy tu enfermera.
"Ya gorda, ya me viste, son color caca, ahora dime que me pasó" Pensé. La mujer no me cayó bien.
-Bueno pequeña, seguro tienes hambre, te traeré algo de comer pero antes te gustaría saber que está pasando, debes estar confundida. – Asentí. – Bien, Jazmín, estas en la Clínica Sarmiento, te trajeron en una ambulancia, perdiste mucha sangre, pero ese tema ya está arreglado, te apuñalaron un pulmón y el hombro derecho. Por suerte ahora estas fuera de peligro. Ah! Por cierto, estuviste inconsciente tres días ya que cuando llegaste tuvieron que operarte con urgencia – me sonrió.
¿Qué? Es una broma, percibo una broma. Tres días, no puede ser. Intente levantarme pero la maldita no me dejo, me contuve de empujarla.
-Quiero ver a mis padres – es la primera vez que hablo con alguien que no sea de mi familia, a parte de mis amigos en línea.
-Oh claro, están afuera tu madre y tus hermanos.
-¿Y mi padre? – recordé lo que pasó, por favor que este bien.
-El… aún no ha despertado cariño… - su mirada se entristeció
La herida de mi papá fue más grave y letal que la mía. Por favor, que se recupere. Mabel fu a hablar con el resto de mi familia y luego entraron. Mamá y Day eran las únicas que no habían sufrido daños. La muñeca de Ciro se la quebró el muy infeliz en el momento en el que me metí al baño. Por eso había tardado en ir a buscarme, Ciro lo detuvo pero fue en vano. Pero agradezco que todos estemos bien, o casi todos.
Pasaron tres días más y me dieron de alta. Notaron que me recuperé fácilmente así que me quitaron las cadenas y me soltaron. Al liberarme fui a ver a papá, estaba mal, la herida le había perforado el estómago hasta llegar a los riñones, pero con el cuidado iba a mejorar.
Mamá nos llevó a casa, todo estaba acomodado ya que había quedado un desastre desde la última vez que estuve en casa.
-Jaz – me llamo mamá – en la tarde va a venir un detective para interrogarte, ya sabes, y quiero que estés lista, viene a las 4 p.m. – fue a hacer el almuerzo.
- Bien – fui a mi cuarto y me vestí.
En la tardé llegaron dos detectives, me preguntaron lo básico, como era el tipo, ropa, apariencia, edad, etcétera. Les conté todo, me vieron con cara de "Ésta está drogada" pero mi relato y descripción coincidían con la de Ciro asi que debían esperar el testimonio de mi papá.
Se fueron como a las 6 de la tarde. Mamá trabó todas las ventanas y las puertas, pero no creo que eso sirva de mucho. A la noche. Mamá nos dijo que no abriéramos nada en ningún momento.
Eran las 3:33 de la madrugada cuando escuché ruidos en mi cuarto. Me levante y vi que la ventana estaba abierta. Pero si mamá las trabó, lo vi con mis ojos, no entiendo. En un segundo una fuerza me jalo hasta estar acostada de nuevo. Es él. Lo sé. Tiene que ser él.
-Hola pequeña – es él. - ¿me extrañaste?
Tomé valor, respiré hondo y respondí.
-¿Qué quieres? – él se rio y me susurro.
-Solo terminar mi trabajo corazón, es mi razón de ser.
-¿Quién eres?
.¿Quién eres tú pequeña?
-Jaz… Jazmín – llevo mis brazos sobre mi cabeza. Apresándome.
-Bien, hola Jazmín, soy Jeff, ahora tienes que ir a dormir… -
Su cuchillo se alzó. Quiere volver a apuñalarme. Antes de que me lo clavara en la cara moví la cabeza como pude y el cuchillo se clavó profundamente en la almohada.
-Eres rápida… me gusta… - se relamió los labios. – Creo que antes de matarte podría desvirgarte… -
El muy hijo de puta se arrojó sobre mi cuello besándolo y mordiéndome. Con la mano que tenía el cuchillo rompió mi camiseta que usaba para dormir, dejando al descubierto mis senos. Él bajó su boca hasta ellos mordiéndome el pezón derecho. Quería gritar pero me amordazó con la camiseta rota. Estaba perdida. No quería perder mi virginidad así. No con él.
No pude contenerme y empecé a llorar en silencio. Sintiendo como ese demente abusaba de mi cuerpo. Iba a quedarse con lo único que nunca voy a poder recuperar. Él escucho mi llanta ahogado y me miró. En sus ojos pude ver algo. ¿Tristeza? ¿Compasión? ¿Arrepentimiento? No lo sé pero si sé que el destino no me paso una mala jugada. Fue real. Me soltó y sé sentó sobre mi quitándome la ropa de la boca.
Se levantó de mi cuerpo y se subió al marco de la ventana. Me miró y solo me dijo que me vaya a dormir. Y que conste. Esta vez, lo obedecí.
Sayonara!
Yuno666
