Hola! Qué tal todo? :)

Os traigo buenas noticias para aquellos que siguen mis fics, y es que por fin... ¡he terminado exámenes! Eso significa que voy a tener mucho más tiempo para escribir, así que de ahora en adelante actualizaré mucho más de seguido, tanto este fic como "3 Semanas para Halloween". Espero que os agraden estas novedades.

De momento y para amenizar la espera, os dejo aquí una nueva entrega del nuevo fic que estoy imaginando en mi cabeza con mucha ilusión. Muchas gracias a todos los seguidores, los que marcaron favoritos y por supuesto a los reviews que he recibido: ana, redeginori, grandstream92 y Pauli Jean Malfoy (tienes razón, pero tal vez Harry pueda conseguir ser feliz, todo se verá a su tiempo.. quien sabe).

Y bueno nada más por ahora, os dejo con el capítulo.

Besitos con sabor a menta,

Ingria

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (aunque me gustaría)

2. Prepárate

Actualidad…

Harry suspiró aliviado cuando consiguió de una vez por todas redactar de forma perfecta la elaboración de aquellas dichosas pociones. De verdad que odiaba esa asignatura con todas sus fuerzas… cada año más. Después de darle las gracias a su amiga, la invitó a tomar algo en Hogsmeade para recompensar el tiempo que le hacía perder durante sus clases particulares. La castaña tenía una paciencia de oro con él, y Harry lo valoraba mucho.

Pero a Hermione no le importaba en absoluto tener que ayudarle, incluso le gustaba saber que él la necesitaba. La hacía sentirse importante, especial. Harry conseguía hacerla sentir bien, tal vez demasiado, y por ello Hermione había comenzado a sentirse inquieta, pues estaba segura de que sus sentimientos habían comenzado a crecer sospechosamente hacia su mejor amigo. Estaba bastante confundida, pero no podía evitar sentirse ilusionada cada vez que sus ojos se encontraban con esos verdes esmeralda…

-Ejem…siento interrumpir-dijo Theo tomando asiento al otro lado de Hermione- Por favor, una cerveza de mantequilla.

El castaño se acomodó después de pedir su bebida y dejó caer su brazo sobre los hombros de la Gryffindor sin ningún reparo. Hacía ya tiempo que la confianza entre ambos había llegado a tal punto. Harry no pudo evitar dirigir a su amigo una mirada recriminatoria, no le gustaba que ningún chico tocara de esa manera a su Hermione, y aquello lo perturbaba desde hacía tiempo.

-No interrumpes nada, Theo.-intervino Granger, siendo visible el rubor de sus mejillas ante el comentario- Solo acepto una invitación después de toda una mañana llena de quejas y peticiones…

-Hermione, en todo caso tú deberías de agradecérmelo… Debido a tus horas extra ayudándome repasas todas las asignaturas, así que tus "Extraordinarios" en realidad son gracias a mí.

Harry sonrió enseñando todos sus blancos dientes, a lo que la castaña rodó los ojos con resignación.

-Bueno bueno, es hora de que los chicos charlen de sus cosas…-interrumpió Theo, dándole un suave golpecito a Hermione en el brazo.

Ella bufó indignada, pero acostumbrada ya a ese tipo de comportamientos del castaño hacia ella. Sabía que lo hacía de broma, solo para fastidiarla, pero a veces detestaba esa osadía tan típica de las serpientes.

-Tranquilo, de todas formas tenía otros planes mucho más interesantes…-contestó ella alzando la cabeza y sonriendo enigmáticamente. Después se despidió de ellos con la mano, mientras Harry se preguntaba a sí mismo una y otra vez cuáles serían aquellos planes.

Hermione negó con la cabeza, aún con la sonrisa pintada en el rostro tras el encuentro con Theodore Nott. Ese chico le caía realmente bien, pero a veces sentía que jamás lo llegaría a conocer a fondo. Él nunca se dejaba mostrar vulnerable o débil. Siempre actuaba de forma despreocupada, pero jamás contaba nada de sus problemas o preocupaciones. Se preguntaba si tal vez el muchacho se sincerara en algún momento con Harry… Por lo que observaba, creía que no. Theo parecía esconder mucho más de lo que enseñaba.

La castaña se abotonó la cazadora que llevaba mientras se apresuraba para llegar a Zonko, el lugar donde se reunían casi siempre sus amigas. Seguramente ellas ya estuvieran allí, preguntándose dónde demonios estaba ella.

Y así era. Tras cruzarse con medio Hogwarts entero, la Gryffindor saludó con energía a sus cuatro amigas que la esperaban impacientes.

-Ya era hora-dijo a modo de saludo Parvati Patil- ¿Qué hacías?

-Seguro que estaba tonteando con los Slytherins…-intervino Ginny con una sonrisita malvada- ¿Algún día nos explicarás como es que no te repugnan?

Hermione suspiró agotada, mientras Luna y Lavender la miraban con complicidad, como animándola a contar algo morboso o interesante sobre el tema.

-¿Y algún día dejaréis de darme la lata con este asunto?

-¡No hasta que nos confieses que estás loquita por uno de ellos!-exclamó Lavender dando un saltito de emoción.

-Eso no es así. Somos solo amigos, ya está.-explicó la castaña aburrida de tener que decir siempre lo mismo.

-Eso mismo decía yo antes de empezar a salir con Ron, querida.-replicó Lav entrecerrando los ojos, como si de esta forma pudiera ver algo más allá de lo que ocultaba la castaña.

-Dejadla respirar…-ordenó Luna con suavidad, intentando calmar la situación como de costumbre- Nos contará todo cuando esté preparada.

Hermione sonrió a su amiga agradecida. No era la primera vez que Luna intervenía de aquella forma, sus amigas podían llegar a ser muy pero que muy insistentes en lo que se refería a averiguar los secretos de las demás. Y ella no era de contar lo que sentía o no, al contrario, le gustaba tener su propio espacio, su intimidad, en especial en lo que se refería al amor. Aunque personas como Lavender o Parvati jamás la entenderían, ya que se dedicaban a contar con pelos y señales cada interacción que tenían con cualquier muchacho de la escuela.

Las chicas comenzaron a dar un paseo por las calles del pueblo mágico mientras cotilleaban sobre los últimos chismorreos de la escuela, para más tarde tomarse una vigorizante cerveza de mantequilla en el lugar más visitado por los jóvenes, Las Tres Ecobas. El local era acogedor y hogareño, y en él podías encontrarte con toda variedad de magos que se citaban allí. Hermione iba cogida del brazo de Luna, ajena a una mirada fría y profunda que le dirigían unos analizadores ojos grises como el hielo.

Draco Malfoy se encontraba sentado en el local, rodeado de sus seguidores, los malos de Slytherin, como los acostumbraba a llamar Harry durante sus largas conversaciones con la leona. Miraba a la castaña con insistencia, deseando encontrarse con sus grandes ojos avellana, esos ojos que osaban desafiarlo siempre que tenía oportunidad. Pero ella no se dignaba a sentir su presencia, parecía estar mucho más interesada en charlar con Dean Thomas, que se había acercado a la mesa en la que el grupo femenino había tomado asiento.

-Herms, no mires ahora pero Draco Malfoy no te quita los ojos de encima.-le susurró Parvati a la castaña con discreción.

Hermione se atragantó al escuchar sus palabras e hizo lo imposible por mantener su mirada en la cerveza de mantequilla que acababa de traerle Madame Rosmerta, cosa que se le hizo bastante difícil teniendo en cuenta que la cabellera rubia platino brillaba con intensidad a solo unos metros delante de ellas.

-Ese capullo quiere que le demos su merecido de nuevo…-murmuró la pelirroja echa una furia, echando una breve mirada a la mesa de las serpientes- Como no te deje en paz juro por Merlín que le cortaré los…

-¡Ginny!-exclamó Lavender con horror, tapándole la boca rápidamente antes de que su amiga continuara despotricando- No seas vulgar, ¡eres una señorita compórtate como tal!

-Me da igual ser una señorita, si tengo que hacerlo para que deje en paz a Mione lo haré.

-Eso no será necesario chicas…-intervino la aludida con actitud conciliadora- Harry lo mantiene a raya desde hace tiempo.

-Potter sigue siendo un Slytherin- dijo entonces Dean Thomas, que cogía la mano de su novia intentando calmarla con poco éxito. Ginny era muy apasionada en cuanto a sus principios, y a veces a Hermione le recordaba a una verdadera leona, dispuesta a sacar sus garras para defender lo que creía suyo- Te defenderá de vez en cuando, pero es igual de traicionera que cualquiera de esas serpientes con las que se junta.

-Esto es simplemente ridículo…-protestó Hermione- Hace mucho tiempo que no se meten conmigo gracias a él… y en todo caso puedo defenderme perfectamente de unos cuantos idiotas sin cerebro.

-¿Sin cerebro? Te recuerdo que Malfoy es un prefecto y el segundo de nuestra generación en cuanto a notas.-expuso Lavender esta vez, la cual poseía toda la información de cada alumno de Hogwarts. Podía hacer una biografía rápida de quien fuera, y a veces, solo a veces, resultaba muy útil. Otras en cambio, era verdaderamente molesto según la opinión de Hermione.

-Sigo siendo la primera.-repuso Granger con una sonrisita orgullosa.

-Aun así, tienen razón Hermione. Ese tipo de personas pueden ser peligrosas…-comentó entonces Luna, que había estado observando la escena en silencio- Sólo ten cuidado.

Hermione suspiró al tiempo que negaba con la cabeza. A veces sus amigas eran imposibles, pero las quería muchísimo. Gracias a ellas por fin sentía que encajaba en alguna parte, y no solo eso, se sentía querida y arropada como nunca. Se preocupaban por ella, la defendían incluso cuando no era necesario y la acepaban tal y como era.

Pero eso no había sido siempre así, no… Por desgracia, para que Hermione consiguiera esa envidiable amistad había tenido que sufrir tiempo en soledad. Aún recordaba cómo había comenzado todo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

4 años atrás…

Hermione despertó como tantas otras mañanas, esperanzada de que las cosas mejoraran por fin. Llevaba varias semanas intentándolo y seguir los consejos que su único amigo le daba, pero no había manera de conseguir su propósito. Y no podía seguir así, aquello la estaba carcomiendo por dentro e incluso le estaba comenzando a afectar en sus notas. Se distraía con facilidad en clase, no podía dormir bien y como consecuencia no rendía como debería, y a veces simplemente se ausentaba para ir al baño del segundo piso y dejarse llevar por el llanto.

Pero hoy todo cambiaría, eso se decía la castaña una y otra vez mientras cepillaba su indomable mata de cabello. Sus compañeras de habitación, Parvati y Lavender, se terminaban de arreglar delante de sus respectivos tocadores mientras comentaban algo acerca del nuevo romance que había surgido entre una pareja de Ravenclaws que Hermione no conocía. Intentó pensar en la manera de involucrarse en la conversación, pero todo lo que se le ocurría era absurdo. Ellas continuaban charlando emocionadas, ignorando completamente la presencia de la castaña, la cual ya consideraban como una especie de ser invisible a ellas.

Y es que Hermione jamás había intentado integrarse en su círculo. Las consideraba niñas ñoñas e inmaduras, incapaces de aportarle algo interesante a su vida cotidiana. Pero a pesar de todo, Hermione extrañaba la compañía femenina después de tanto tiempo sola. Había intentado hacer amigas fuera de su sala común con alguna Ravenclaw o Hufflepuff que mereciera la pena, pero eran todas demasiado cerradas a sus propios grupos. Además Hermione había llegado a la conclusión de que tal vez las ahuyentaba rápido por su manera de ser… No se consideraba una muchacha antipática ni borde, pero le costaba abrirse al principio. También Hermione intentaba ocultar sus inseguridades actuando como solo sabía ella: siendo una sabelotodo insufrible. Fardaba de haber leído tropecientas veces cualquier libro de la escuela, corregía de manera irritante todo lo que no le parecía correcto y sus temas de conversación eran puramente académicos. Pero todo se debía al miedo que sentía de sentirse inferior por su condición, esa condición que el rubio idiota de Slytherin le había recordado más de una vez.

-Chicas, ¿tenéis una poción alisadora para el pelo?-se atrevió a preguntar Hermione de repente, interrumpiendo la interminable conversación de sus compañeras de cuarto.

Ellas se giraron al mismo tiempo, no pudiendo ocultar sus caras de absoluta fascinación porque Hermione no solo les hablara, sino que les pidiera algo tan femenino. Luego se miraron entre ellas con complicidad y soltaron unas cuantas risitas divertidas.

-¿Te has despertado con fiebre, cariño?-dijo Lavender con fingida preocupación, acercándose a ella.

-No, yo…

-Lav, no seas tonta-replicó la rubia sentándose en el borde de la cama de Hermione- Es normal que Hermione quiera por fin parecer una chica… detrás de todo ese pelo de arbusto ha de haber algo más.

Ambas comenzaron a reír como locas tras la ocurrencia de Parvati, mientras que Hermione se levantó de la cama como un resorte dispuesta a irse de allí, sintiéndose humillada una vez más.

-Sí, vete a la biblioteca… me temo que a este ritmo los libros van a ser los únicos amigos que tengas aquí- dijo Parvati cruelmente.

Las lágrimas se agolparon en los ojos de Hermione, la cual agachó la cabeza al tiempo que cogía su mochila bruscamente. No les permitiría el gusto de verla llorar, no de nuevo.

-Es muy fácil meterse con la marginada, ¿no?-exclamó con fiereza, desafiándolas por primera vez en mucho tiempo- Pues para que lo sepáis tengo un amigo, uno que vale muchísimo más que vosotras que estáis completamente vacías por dentro.

Parvati y Lavender, que se habían callado y la miraban serias, comenzaron a carcajear de nuevo con fuerza, tomándose completamente a risa las palabras de la castaña. Hermione no aguantó más las risas y corrió rápidamente a refugiarse donde siempre lo hacía cuando algo así le pasaba, lo cual era bastante a menudo.

Fue al baño inundado, aquel solitario lugar donde solo habitaba el fantasma de Myrtle la Llorona. Y se dejó caer allí, llorando, completamente desolada…Dejándose llevar por el sonido del agua caer.

Así fue como la encontró Harry, de rodillas, agotada de tanto llorar y con los ojos rojos e hinchados.

-Sabía que estarías aquí…-murmuró el moreno, incorporándola y retirando el pelo húmedo de lágrimas que cubría su rostro.

-¿Cuánto tiempo…?-preguntó la chica con voz débil, abriendo sus ojos color miel con dificultad.

-Es ya por la tarde, no te he visto ni en Pociones ni en Defensa contra las Artes Oscuras, por lo que pensé que pasaría algo grave.

Harry acarició su mejilla con suavidad, limpiando restos de lágrima sobre ella. Hermione se sintió un poco mejor por el contacto, al menos había alguien que se preocupaba por ella.

-¿Qué ha pasado, Hermione?-inquirió el Slytherin analizando la expresión en los ojos tristes de su amiga.

La muchacha sacudió la cabeza, desviando la mirada al suelo. Por primera vez se sintió avergonzada de que Harry la hubiera encontrado así. No se conocían de hacía demasiado tiempo, y temía que estas cosas acabaran alejando a la única persona que le importaba de allí. Tal vez pensaría que estaba loca, y Hermione no podía permitir perderle a él… No ahora cuando significa un apoyo tan esencial para ella.

La castaña se incorporó totalmente y cambió su rostro mostrando una seguridad y compostura que realmente no tenía en ese momento.

-Lo de siempre, Harry…-dijo Hermione con un suspiro de derrota- Ellas ya no me aceptan. Cualquier acercamiento que intento se convierte en una humillación más, me odian.

Ante la confesión, el moreno golpeó con su puño una de las puertas del baño con rabia. Se sentía tan impotente siempre que su amiga le confiaba sus problemas. Quería ayudarla, pero ¿cómo? ¿Qué podía hacer él para cambiar su situación? Cualquier cosa la haría, ella lo merecía, pero no sabía el qué.

-Creen que los libros son mis únicos amigos, Harry. Ellas piensan que no soy capaz de relacionarme con nadie, me toman como una auténtica autista-Hermione rió amargamente.

-Si no fueran así, si de verdad pudieran ver cómo eres y eliminar esa falsa imagen que tienen de ti… todo sería diferente –comentó el moreno pensativo – ¡Un momento! ¡Eso es!

Hermione se sobresaltó ante la exclamación de su amigo y dio un respingo, mirándolo con extrañez.

-Ya lo tengo, Hermione-afirmó con expresión triunfante, intentando transmitirle ese repentino optimismo- Estoy seguro de que funcionará, tú solo espera a mañana y verás.

Dicho esto, el moreno acercó a Hermione a su cuerpo y la estrechó fuertemente en sus brazos, aspirando ese aroma embriagador a frambuesa que tanta paz le transmitía. Ella se dejó abrazar, sin poder evitar el sonrojo de sus mejillas, pues ésta era la primera vez que un chico la abrazaba y sin duda era lo más reconfortante e intenso que había sentido en su vida.