Miradas al pasado.

Caminaba a paso apresurado, su cólera mal contenida nunca sería lo bastante absorbente como para no percatarse de una inusual esencia, que delataba a una presencia discreta pero constante; los estaban siguiendo.

Considerando lo recientemente ocurrido no sería de extrañarse una emboscada, pero lo cierto es que aquella presencia expedía un aroma inconfundiblemente femenino. Un aroma que reconocía tan fielmente que casi podía ver tras esos avariciosos ojos.

Volteo de un tajo y mascullo en un audible tono molesto.

-¡voiiii! Tío, ve e informa al bastardo que sirvo la convocatoria del príncipe- seguro de que estaban a las afueras de la plaza predijo la dirección de esa persona.

Siendo aquel un sitio bastante despoblado, consideraba que no le costaría evadir y atacar con discreción, dadas las nuevas condiciones de Verona.

Ordenando a esos dos acompañantes ir a dar la mala nueva, se aseguraría de no generar puntos ciegos ni desventajas. Aunque poco importaría, pues su jefe, seguro los mataba a golpes antes de terminar el motivo de su metida de pata.

Considerando el conocido mal genio de su estratega los hombres salieron disparados en dirección al castillo. Ambos caminos daban a la muerte, pero uno dilataría más que el otro.

Perdiéndoles la vista se encontraba ya predispuesto a aquellos ojos ajenos que le miraban entre las sombras.

-¡voiiii! Escoria, ¿cuándo te dejaras ver? hasta aquí huelo tu asquerosa esencia-

Superbia no era conocido pesimamente por paciente, numerosa serán las veces en las que su mal carácter hacia su galante entrada. Sin embargo, muy difícilmente se tomaba las cosas demasiado a pecho, saldaba su deuda y volvía a ser el mismo. Desafortunadamente había una deuda muy importante que nunca había tenido la oportunidad de superar.

Con los años su cólera había crecido casi tanto como su cabello. Despojado de su familia y fortuna por aquel que juro protegerle había sido una vergonzosa cruz que no podía ignorar en ningún estado existente.

Recordar es volver a vivir y lo que "él vivía" con cada cadencioso eco de pasos era su muerte. El caer de su orgullo, la maldita humillación de saberse usado y abandonado… como si no fuese más que basura.

Bajo una noche lluviosa; dos sujetos al borde de la muerte, hermanos. Peleando, como la desquiciada diversión de un sádico.

Se desangraba, tornando su inmaculada camisa por el hermoso carmín de sus entrañas.

Dos sujetos empapados en igual condición. Venidos de la misma casa, sin motivos aparente para pelear… peleaban.

Aquel. el joven de cabello corto y negro. Defendía sin dar tregua el último vestigio de dignidad que le quedaba.

-nos estas entregando a un asesino…- se acercaba a él en un rápido movimiento.

Ambos nacidos en aquella casa de maestros de la espada. Últimos portadores de una antigua tradición. Iguales en talento y estatus.

Estaba al borde de la muerte y aun no entendía las palabras de su hermano. *entregando*

Divertido un hombre, cómodamente reposando en un trono y cubierto por un parasol en color negro; que no dejaba ver su rostro, especulaba quien le entregaría su nueva casa.

El hombre a su lado le sostenía el paraguas. Ese sujeto, era sombrío y vestía de negro, mala cara y tétrico porte, fiel e indispensable como una espinilla. La sonrisa burlona le dio el choque de aviso que temia.

-¡levi!, Si pierde… mátalo, me voy, estoy aburrido- y se retiró de la escena ante una mirada de odio que le dirigía su apadrinado.

Se quedó helado. La persona a quien había jurado lealtad y entrega no le veía más que una generosa inversión por algo que se la había arrebatado.

Explotando en ira, trato de abalanzarse.

-¡voooooiii ¡ xaxus maldito!- gritaba con cólera mientras en un rápido movimiento trataba de darle fin a aquel traidor.

De una rápida forma aquel sujeto, Levi, tomo una mediocre victoria al herirle el ya muy dañado costado. Aun bajo esa patética escena sabía que la muerte sería más respetuosa con el que con ese que decía haber vencido a ultimo de los superbia.

Xanxus, divertido le dedico una mirada. Nunca la olvidaría, era lo único que quería llevarse a la tumba, si con eso el ángel negro le prestaba vida a cambio de mil años de servicio.

En ese momento vio su mundo nublarse. la hemorragia no cesaba. ¿así sería el fin?, ¿nunca recibiría venganza?

El charco carmesí crecía y su visión borrosa le quietaba realidad a su entorno.

-hahaha; basura, muérete ya- las frías palabras de este retumbaban en el sitio haciendo un abominable eco.

En su última mirada al mundo y con la torrencial lluvia chocando contra el césped juro…, imploro. Que, si se le prestaba vida, serviría y obedecería sin preguntar, con tal de tener una segunda oportunidad de llevarse a xanxus con él al infierno.

Un joven veía desde lejos la escena; rubio de cabellos cortos y ojos cafés, apuesto. aparentemente ya conocía al inerte sujeto y el final que tendría.

-Romario… levántale, necesita con urgencia tratamiento- le decía en voz alta a su seguidor, la mirada seria y enfocada solo en el sujeto dictaminaba que tenía un plan para ese hombre.

-dino-sama, ¿desea que recoja el otro? - decía el hombre de traje y edad avanzada, a su lado.

-ya falleció, avisa a los otros que le den sepultura, pero asegúrate que crean que hay doy tumbas-

Había un plan para ese hombre. La sed de sangre que poseía era apenas comparable con el honor que profesaba. Y había un trabajo especial que necesitaba que se cumpliera cuanto antes.

-¿y bien mujer, que atrae a las ratas a esta ciudad? -

Hacia bastante que no le veía, tenía tratos constantes con aquel al que alguna vez protegió.

Esa mujer, mejor comparada con una víbora. Era una joya dentro de las malas lenguas. Había acabado con muchos nobles maridos. La fortuna desaparecía, así como su nombre en cualquier posible sospecha. Conocida por sus tratos con el príncipe. Mientras que repudiada por sus, nunca comprobables, fechorías contra los incautos adinerados.

-jmn, se te esperaba muerto. Justo acababa de pisar tu tumba cuando me encuentro contigo riñendo en la plaza. Me sorprendes, no se diría lo mismo de tu hermano me temo- soltó con burla, recordándole que había traicionado a los suyos por esos que nadie apreciaba.

-le propuse un trato a la muerte y esta me escucho, me parece que estas aquí para darme mi recompensa por servirle adecuadamente en esta vida que me presto-

-jm, ¿vida? ¿Al servicio de un malcriado niño? Ah supervisa, si vieras la pena que me das. Tu tristemente pisoteado orgullo nunca tendrá paz. Al menos espero que te paguen bien por eso-

A sabiendas de que ya le había investigado a fondo imagino que "aquel" le había dado la orden de mantenerle a raya por un beneficio mayor.

-… xanxus, está buscando a mi jefe, ¿no?-

-tanto tiempo pasaron juntos que ya hasta le adivinas los pasos. debiste amarle mucho. Jm, si, solicito una audiencia con hibari kyoya-

-¡¿Que planeas al ir a ver a mi desdichado amo?- disgustado y exasperado por el cinismo con que se les daban a conocer sus negras intenciones reflexionaba. Dino, aquel que le juro venganza, le había encargado la tarea de vigilarle. ese problemático salvaje apenas podría adivinar el alcance que esos sujetos tendrían para darle propósito a su persona. Esto estaba mal, ese hombre no temía a nada ni nadie y su sentido de supervivencia era opacado por su orgullo banal. Si se metía en algún asunto sería difícil que le pudiera ayudar y lo sabía bien.

La mujer solo cerro los labios en una mueca burlona. Sería mejor regresar al castillo, pero estos no eran ningunos tontos. No se la dejarían fácil. Ahí entre los arbustos, justo ante camino que debía cruzar esta ese hombre, levi.

-si se supiera que sigues con vida, me harías quedar muy mal-

-jm, ¿realmente crees que fuiste tú quien me dejo fuera de combate?, ¿cuán ingenuo se puede ser? ¿cuántos siglos han pasado como para que una basura como tu crea que puede ganarme? -

-ahora te lo demostrare, no sería una victoria si te dejara seguir cuando te interpones en el camino del jefe-

-tu estúpido enamoramiento no te deja ver que jamás serás considerado como "prospecto" por él, me das lastima pues tus sentimientos nunca serán correspondidos-

Bajo aire tenso empezó la disputa. El primer eslabón de las cadenas de la muerte le retribuyeron empezaba a forjarse. Primero caería el que le humillo con su tonta fascinación por el desgraciado de xanxus.

-ya muere de una maldita vez! -

No dudaría ni se tentaría el corazón. Le rogo venganza y la dama de negro se la había entregado, ahora la disfrutaría con toda aquella ira contenida que se le embriago durante años.

Ofrecería una gran a su amante mortuoria. De forma que no se arrepintiera de haberle concedido su deseo. Los años que le hiso esperar serían los mejor gastados hasta que lo pudiera reclamar a su lado.

se acabó la charla, se terminó la clemencia, adiós a sus estribos (si es que alguna vez los tuvo). Y con brazos abiertos recibía el primer escalón al adiós.

Cayeron las hojas y bailaron las espadas. los árboles rugían como una multitud admirante de los gladiadores. Aquel que nacía bajo la espada debía morir por ella misma. Ambas hojas quedaban astilladas y los cuerpos parecían insensibles a los arañazos, a las llagas, a las estocadas, al dolor mismo. lo único en el mundo que tenían que hacer se concentraba en aniquilar al adversario.

Al fin, con la cumbre del último gran paso, un cuerpo cayó. Se había cumplido la primera promesa…

-jefe… -

Justo frente a él, hoja afilada apuntando al corazón, el peli plata se acercó al moribundo hombre. afianzo su florete y le dedico unas frías y singulares palabras.

-…esto es lo que nos diferencia levi, tú quieres morir por él y yo decidí morir con el - y con esa simple oración dejo caer la hoja.

La ola de sangre cubrió sus botas. parte de el mismo había sido recuperado. el cadáver a sus pies le liberaba tras años de sentirse perdido bajo la deshonra y la vergüenza. le concedió el perdón y agradecía.

Tomando su vendetta apresuro al castillo. caminar por la maleza sería difícil, ladrones, gitanos y asesinos. Pero no apresuraría los dulces pasos a su muerte, disfrutaría cada uno de ellos, como quien espera el gran final de una gran obra. Tardaría buen rato, hibari kyoya merecía una entrada en aquel "su gran final".

Por su cuenta, un subalterno conocido como kusakabe guiaba su, muy iracundo, amo. regresaban de hacer algunas compras; en el paso se les informo de un *incidente* en el cual fue partidario superbia squalo. Por lo que sabía que debían acudir a palacio.

El hombre al que serbia, evidentemente se exasperado, tendría que rendirle cuentas al *arrogante príncipe*. había muchas cosas aquel odiaba y una de ellas era tener que pagar los platos rotos de otros.

Sin embargo, lo que más temía el siervo era la magnitud de la consecuencia de lo que fuese que había hecho superbia squalo. Pues nunca el príncipe se atrevería a confrontar a su amo sabiendo que a hibari kyoya nada lo intimidaba. Debía tener muy bien calculada la situación, si se envalentonada al ponerse en frente de un iracundo hombre belicoso.

-… esto no pinta nada bien-

Caminando el hombre ingresaba a palacio, listo para "morder hasta la muerte la fina corona de Verona".


todos los capítulos están siendo re-valorados. espero que les sea agradable el cambio a los viejos lectores. cualquier desacuerdo es bienvenido, muchas gracias.