Disclaimer: Los personajes, objetos y lugares de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling.
On the pursuit of happiness and some more
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5 de junio de 2002. Han pasado cuatro años desde el final de la segunda guerra mágica. Guerra donde Harry Potter venció. Guerra donde lord Voldemort murió. Guerra, al final de cuentas, guerra.
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Al momento en que todo terminó la comunidad de la Inglaterra mágica sintió como un gran peso desaparecía de sus hombros, incluso el mundo muggle y mágico en general pudieron respirar en paz.
Aun así había algo que no encajaba, era como si algo faltara.
Y es que nadie se había puesto a pensar que una guerra no trae solo victoria y éxito, también hay perdedores, más que perdedores, hay perdidas.
Pérdidas más allá de lo físico, había muertes y desapariciones, enfermos y huérfanos. Muchos habían perdido amigos, familia, un hogar, un colegio. Una comunidad.
Todos habían perdido una parte de sus vidas, una parte del alma.
"El ganar la guerra significa que has tenido la ambición para desear ganar" le había dicho Aberforth Dumbledore, que por alguna razón parecía iguale de sabio que su difunto hermano. Tal vez fuera algo de familia.
Ambición de ganar. Ambición. Eso significa que fue ambiciosa, muy ambiciosa considerando que deseó con toda el alma ganar la guerra. Eso era malo, egoísta. Entonces ella era mala y egoísta, ¿no?
Cierto o no, ella se sentía mal.
Corrompida, desgarrada, rota.
Como si todo hubiese dejado de funcionar, como si ya nada fuese igual. Y era verdad. La pura, egoísta, ambiciosa, celosamente guardada, cruda verdad.
Era una verdad que vivía a diario. Cuando Molly la invitó a vivir en La Madriguera durante el funeral de Fred, con los ojos rojos, las mejillas húmedas, los labios temblorosos, y un pañuelo en las manos. Cuando Harry deambulaba por el jardín susurrando, inconsciente, los nombres de los caídos. La vivía cuando Ginny corría a su lado a abrazarlo. Cuando George no comía, o hacia algo más que respirar. Cuando Ron le decía que necesitaba estar solo. Cuando sus padres vivían una vida que no era cierta, pero que si les pertenecía.
La vivía. Vivía esa maldita verdad todos los días, y no había nada que pudiese cambiar.
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5 de junio de 2002. Han pasado cuatro años desde el final de la segunda guerra mágica. Guerra donde Harry Potter venció. Guerra donde lord Voldemort murió. Guerra con la que ella empezó a vivir.
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Es verano. Un cálido día de verano.
Mentira.
Vive en Londres, por lo tanto el verano solo es un pequeño otoño. El cielo está negro por las nubes cargadas de agua a punto de precipitarse y lo único que resplandece en el cielo son los rayos, los truenos aturden y los jardines son una masa de lodo húmedo con hojas de plantas secas. Un jodido día de verano. Eso era.
El reporte del clima anuncio que la temperatura más baja seria de 11 °C. Idiota reporte, estaban a ocho grados. Sus pies estaban congelados, le ardían los dedos y la nariz le picaba. Maldición, no traía abrigo, al menos, no uno apto para aguantar ocho grados.
Ciertamente, era muy friolenta. Demasiado.
Hermione recorre los aparadores de las tiendas con rapidez, muy rápido. Tal vez tan rápido que no se fijó por donde iba.
Mientras camina, casi trota, su mirada se fija en un Valentino azul especialmente encantador, y sus pies la dirigen hasta el interior del local.
Pero nada le puede salir bien en la vida.
-¿Granger?
Oh, no. Oh, no. ¡OH, NO!
-Malfoy
Honestamente, Draco Malfoy es la última persona a la que pensó que podía encontrarse en un lugar como ese. Pero viendo como sus posibilidades de huir son prácticamente nulas con él franqueando la puerta para salir, su varita atascada en el interior de sus jeans, y sus dedos agarrotados incapaces de golpearle para quitarlo de la pasada, Hermione decide hacer las cosas bien.
Lo que significa que lo saludara diplomáticamente, se olvidará del vestido, buscará uno en cualquier tienda o bazar, y tachará a Knightsbridge de sus lugares para comprar. Inclusive a los alrededores de dicha ciudad.
-¿Qué haces aquí?
-lo mismo que tú, supongo- no puede evitar rodar los ojos ante la respuesta de Malfoy, nunca ha sido muy respetuoso, mucho menos con ella.
-bien, tengo que irme
Y esperando que todo salga bien, intenta pasar de largo por el lado del rubio y salir de esa tienda lo más pronto posible. Pero, de nuevo, nada le puede salir bien en la vida.
-Granger
-¿Qué?- no pregunta, gruñe.
-Tomemos un café.
Nada, absolutamente nada, le puede salir bien en la vida.
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Hola, ¿Cómo están?
Bien, pues este es oficialmente el primer capítulo, lo sé, es corto, pero espero que les haya gustado. Como pueden notar la historia se ve a través de la perspectiva de Hermione, mas no lo cuenta en primera persona, sino que es una narración que sigue la línea de pensamientos y acciones de ella.
Gracias, inmensamente gracias a los que se han tomado la molestia de agregar a favoritos, alertas o que han hecho review. Los adoro. Me hicieron el dia.
Espero que este capítulo les haya gustado. RR?
Con cariño,
U.M.
