Aún no tengo nada que decir, más que disfruten del capítulo. Les recuerdo una vez mas, sigan esta historia hasta el final. Podrá parecer algo sin sentido, pero no lo es. Lo único que si no tiene sentido, son las situaciones que cada día viven estos personajes. Pobres personajes, trabajando duro, solo para decir y hacer locuras, que lamentable… bueno, no tanto.
Cuando Shun llegó a la casa, se encontró con Soarin apunto de salir.
– ¿Y donde tu estabas? – preguntó Soarin.
– No se, lo que si se, es que ya no tomo mas nunca en mi vida – respondió Shun.
– Ven acá, ven acá, tu como que viste algo raro – sospechó Soarin.
– Si, tú apunto de salir a la calle como a las once de la noche, el lunes – recordó Shun.
– Shhh, cállate, que ella no sabe – susurró Soarin – Aparte de eso, tu como que te llevaste un susto.
– Si, una bruja me asustó cerca de unas veinte veces – afirmó Shun.
– Te dije que si me decías así una vez mas, no me iba a hacer responsable de mis actos – advirtió Star.
– ¡AHHH! – exclamaron Shun y Soarin al unísono.
– ¿Ves lo que te digo? Esta es una bruja de élite – aseguró Shun.
– Empiezo a creer que quieres una tortura – murmuró Star.
– No, no, no, yo no quiero ninguna tortura, perdona eso – pidió Shun.
– Luigi, ¿quién es ella? – preguntó Soarin observando a Star.
– Según ella, es un ángel que vino a ayudar a una familia – respondió Shun.
– Aunque no lo creas, si lo soy. Mas te vale creerlo, porque sino te haré lo mismo que le hice a este mamarracho – mencionó Star refiriéndose al pelinegro.
– ¿Y que hizo? – preguntó Soarin.
– Nada, no quieres saber – respondió Shun.
– Di la verdad, te hizo algo rico y compar…
– ¡Cállate! No digas esas cosas frente a esta mismísima dama… porque es una especialista torturando a los hombres – confesó Shun con un tono de voz sumamente rápido.
Ante tal comentario, Star solamente rodó los ojos en señal de fastidio. Pero inesperadamente, una llamada mental le llegó a ese ángel.
– Evening, ¿que le dijimos antes de que usted se fuera? – preguntó Marian.
– Que les avisara de mi llegada a República Dominicana – respondió Star.
– Cosa que usted no ha hecho aún – aseguró Marian.
– Discúlpeme, es que un muchacho me distraído de mis obligaciones – recordó Star.
– Star, le debo repetir, que usted no está allí para jugar, está allí para ayudar – recalcó Marian.
– Yo se, pero ustedes no me dijeron que familia era la que tenía que ayudar – se quejó Star.
– No es muy difícil de encontrar, está compuesta por dos muchachos de veintisiete años y dos muchachas de la misma de edad que ellos – informó Marian – Sus nombres son: Soarin, Shun, Rainbow y Cerise.
– Por Dios, que no sean los locos que tengo enfrente – pidió Star en voz baja – Entendido, ahora mismo comienzo la búsqueda.
Después de eso, Star tomó valor y les preguntó los nombres de esos que parecían haber salido del manicomio.
– Oigan, ¿me pueden decir sus nombres? – preguntó Cerise.
– Dígame el suyo primero… perdón… mi nombre es: Soarin…
– El gobernao jajajajajajaja – interrumpió Shun.
– No, no, no, que no sean ellos – suplicó Star mentalmente – ¿Y el tuyo, ojitos rojos?.
– Yo me llamo Germán Zapato – bromeó Shun – No, no, es relajo, yo soy Shun.
– ¿Por qué tu me haces esto, Octavio? – se lamentó Star – Bueno, a que no adivinan, ustedes son a los que tengo que ayudar.
– ¡¿Qué?! – exclamaron ambos chicos al unísono.
– No se pongan con eso, díganme cuales son los problemas que ustedes tienen – pidió Star amablemente.
– Bueno, yo creo que vamos a tener que invitarte a comer, porque el cuento es largo – aseguró Soarin.
Luego de eso, los tres entrar a la casa. Al cabo de una media hora después, Soarin comienza a relatar todo, sin rodeos. Ya estando al tanto, Star tomaba nota de eso para ver que podía hacer.
– Y bueno, lo de mi mujer es lo último, que está embarazada. Yo no tengo cuartos pa' mantener a mi hijo o hija – culminó Soarin.
– ¿Y el mojiganga este no te ayuda? – preguntó Star.
– Si, pero el tampoco tiene, solamente hace lo que puede o está a su alcance – respondió Soarin.
– Óyeme, chula, te pasaste con eso de "mojiganga" – recordó Shun.
– ¿Y como tu quieres que te llame? Tú podrás estar muy bueno, pero yo en ti, noto una flojera más grande que tú – observó Star.
– Cuidao pa' donde miras, asesina – advirtió Shun.
Al siguiente día, los cambios, comenzaron a hacerse realidad. Shun y Soarin salieron temprano para ver que podían hacer. Pero de la nada, apareció alguien y le cubrió los ojos al pelinegro.
– Compa, esta vaina no es pa' jugarla entre hombres, eso es de pájaros – aseguró Shun.
– Hermano, yo no le estoy tapando los ojos, piense una y otra vez, quien es – dijo Soarin sin despegar la vista del periódico.
– Haber… no, esto tiene que ser el mal, brujita, estos no son juegos – recalcó Shun.
– Ay, quítate ese mal humor – sugirió Star para luego darle un beso en la mejilla al pelinegro, haciendo que este se sonrojara – Díganme, ¿que ustedes piensan hacer hoy?.
– Tratar de conquistar al mundo – respondió Soarin.
– Perdona al mal educado este, lo que pasa es que Rainbow lo tenía mal ayer con los antojos de cada quince segundos – explicó Shun.
– Ya veo, no esta nada fácil – supuso Star.
Pasados unos minutos, los tres llegan a un establecimiento, en el cuál había todo tipo de verduras y frutas. Pero por alguna razón, el empleado que trabajaba allí, estaba muy decaído y sin ánimo. Por lo tanto, decidieron averiguar, que era lo que le pasaba.
– Bigote, ¿que es lo que le pasa? – preguntó Shun.
– Nada, es que el dueño de esto vino y me dijo que me iba a sacar porque le debía muchos cuartos – respondió Bigote – La única forma de yo poder seguir aquí, es que se lo compre. Pero imagínate, ¿de donde Diablos voy a sacar dinero para comprar esto? Ni siquiera tengo para pagar la renta.
Después de escuchar eso, Shun se fue afuera un momento con Star.
– Tú dijiste que nos ibas a ayudar – recordó Shun.
– Si, eso dije – afirmó Star.
– Bueno, yo creo que aquí, comienza tu trabajo – aseguró Shun.
– ¿Qué? No, no, no, solamente los puedo ayudar a ustedes – recalcó Star.
– Estrellita de madrugada, si lo ayudas a el, nos ayudas a nosotros también. Gracias a este establecimiento, es que nosotros conseguimos lo mas difícil de conseguir para poder comer – explicó Shun.
– ¿De verdad? – preguntó Star.
– Pero claro, ¿no ves que hasta nos dejó decirle "Bigote"? Échanos la manito ahí – pidió Shun.
– Bueno, esta bien, pero solo porque a ustedes les haría falta – accedió Star.
Y así fue, después de unos movimientos extraños, Star hizo que Bigote se encontrara con un bolso lleno de mucho dinero. La cosa fue tan increíble, que Soarin salió de allí sorprendido, pero también con sus dudas.
– ¿Ustedes vieron lo que pasó, verdad? – preguntó Soarin.
– Si, es que ese acto milagroso lo hizo aquí, la estrellita del fuego – respondió Shun.
– No, yo no creo esa vaina hasta verla con mis propios ojos – aseguró Soarin.
– Pero que ignorancia la tuya, ¿no estas viendo que es un ángel con un cuerpo como de diabla? – preguntó Shun mirando de arriba abajo a Star.
– Si, si, si, pero ese tipo de cosas, no me las creo – respondió Soarin marchándose del lugar.
– Mami, vamos a seguir tú y yo – indicó Shun.
Tras pasar una mañana entera ayudando a los necesitados, Shun y Star deciden volver a la casa, solo para encontrarse con alguien que el pelinegro no había visto en algo de tiempo, tres días para ser exactos.
– Aquí está el tipo favorito para hacerle esa broma – observó Cerise.
– Pero ven acá… ¿tú no te habías ido a Irak? – preguntó Shun.
– De verdad que tú me odias con todas tus ganas – respondió Cerise.
– Bueno, eso te ganas, por hacer lo que hiciste aquella noche de luna llena – recordó Shun.
– Supéralo, solo fue una simple broma – aseguró Cerise.
– Una broma que a cualquiera le da un infarto y no sale del coma – reprendió Shun.
– Yo pensé que tú habías cambiado, pero veo que no, sigues siendo un hediondito – dijo Cerise para luego entrar a la casa.
– ¿Y esa palabra? – preguntó Star.
– No comiences tú también – ignoró Shun – Óyeme, ¿es que acaso esta muchacha no te vio?.
– No, solo ustedes dos me pueden ver – respondió Star.
– Es decir, que si estamos hablando en la calle, la gente va a pensar que yo estoy hablando solo como un loco – supuso Shun.
– Si, así es – afirmó Star.
– ¿Por qué tu me haces esta vaina? – preguntó Shun.
– Es que de esa manera, es que puedo ayudar sin problemas – respondió Star – Bueno, entra y yo mas tarde los busco a los dos.
Después de eso, Evening se tele-transportó. Mientras que Cerise volvió para llevarse al pelinegro tomado del oído de una manera algo dolorosa.
– Ven acá, no se por que tu sigues hablando solo – murmuró Cerise.
– Ay, ay, ay, ay, cacao, cacao, cacao – repetía Shun una y otra vez sin éxito.
– Dijo cacao, pero no te voy a soltar porque sino te me pierdes de la vista – aseguró Cerise.
Al caer la noche, todos estaban reunidos como la familia que eran, pero era tiempo de confesar algo. Alguien no le estaba poniendo cuidado a su pareja.
– ¿Dónde estabas todas esas horas? – preguntó Rainbow Dash.
– Mera, yo andaba haciendo un par de cositas por ahí, eso es todo – respondió Soarin nervioso.
– ¿Y tú? Tú prometiste reemplazarlo cuando el no estuviera – recordó Rainbow Dash.
– Ven acá, yo no soy tú hombre, ese es este – señaló Shun – Y en segundo lugar, yo también estaba ocupado.
– Osea, que si a mi me da algo, ustedes dos jamás van a estar – supuso Rainbow Dash.
– Claro que no, digo si, bueno, todo esto me está confundiendo ya – se quejó Soarin.
– ¿Cuál todo esto? – preguntó Rainbow Dash – Tú andas en algo y no me lo has dicho.
– Coge esa yegua, porque yo me tengo que ir – murmuró Shun.
– No, no, no, tú no me vas a dejar aquí solo – suplicó Soarin.
– ¿Solo? Tú no estas solo, Cerise está aquí – señaló Shun – Cualquier cosita, ella puede meter mano.
– Ese es el problema, ella también me va a meter mano – dijo Soarin explotando en llanto.
– Caballero, hágase un hombre, son dos mujeres nada mas – aseguró Shun marchándose a su habitación.
Cuando ya nada parecía estar fuera de control, Star apareció de la nada, sacándole otro susto al pobre pelinegro inocente de cualquier pecado existente.
– Mera, yo ya estoy hasta el teque teque con tus sustos, la próxima toca la puerta – indicó Shun calmándose.
– Disculpa, es que para hacer esto, no podía tocar la puerta – aseguró Star para luego sentarse sobre Shun.
Por muy ilógico que pareciera, Star comenzó a besar a Shun sin ningún tipo de arrepentimiento. Todo muy caliente, pero el pelinegro no quería causar ningún problema.
– No, espérate – pidió Shun – Si tú eres un ángel, se supone que el que está allá arriba te está mirando.
– No el mayor, solo el menor, que es un anciano decrépito que solo me quiere fastidiar la vida – aseguró Star.
– ¿Estas segura? – preguntó Shun.
– Si, deja tu show, entrégate – respondió Star nuevamente entre besos.
Sin poder hacer nada, Shun se entrega sin poner "peros". Ambos pasaron una noche muy ardiente, pero los problemas, comenzaron el siguiente día. Octavio había visto todo lo ocurrido esa noche, por lo cuál, decidió tomar medidas. Medidas sumamente serias.
– Star – dijo Marian apareciendo en la habitación.
– Marian, avisa por lo menos que vas a venir – sugirió Star.
– Has cometido un grave error, Octavio se dio cuenta de lo que hiciste, te quiere ver ahora mismo – anunció Marian.
– Esta bien, dile que ya voy – se rindió Star.
Luego de tomar sus cosas y arreglarse, Star se tele-transporta. Una hora después, gritos se comienzan a escuchar por toda la casa. Tan fuertes eran los gritos, que Shun se despertó del susto.
– ¿Y que fue? ¿Acaso la sayona se metió en la casa? – se preguntó Shun a si mismo para luego arreglarse y salir.
– Pero bueno, ¿que hace este loco que no sale? – preguntó Soarin.
– ¿Qué les pasa a ustedes? Miren que ahorita todo el mundo quiere dormir sin…
– ¡Rompió fuente! – exclamaron Cerise y Soarin.
– ¿Quién la rompió? Díganme pa' yo ahorita mismo buscarlo y partirlo a patadas – dijo Shun con un furia enorme.
– ¡No, que va a parir! – corrigieron Cerise y Soarin.
– ¡Entonces no se queden ahí parados, vámonos! – ordenó Shun.
Luego de eso, fueron a llevar a Rainbow al hospital. Ya estando allí, Soarin quiso llevarla a la sala de parto, pero resbaló y cayó, dejando a una Rainbow sin control por todo el pasillo. Rápidamente, Shun fue tras ella, pero un médico sin darse cuenta, abrió una puerta y le golpeó la cara al pelinegro.
Sin mas remedio, Cerise fue corriendo tras Rainbow, mientras que Soarin se quedó tirado en el piso con un pié lastimado. Después de haber atendido a Soarin, el mismo es llevado a la sala de parto, solo para encontrarse con algo desagradable que le causó un desmayo instantáneo.
Un par de horas después, Cerise, Soarin y Shun entran a una habitación, en la que se encontraba Rainbow junto con sus bebés, una hembra y un varón. Rainbow estaba realmente feliz y entretenida con sus hijos. Soarin al ver que eran dos, se desmayó nuevamente, mientras que Shun se acercó y fue atacado con orine por parte de estos bebés.
– Es verdad, yo no le agrado a ningún bebé – murmuró Shun para luego irse a lavar la cara.
Estando en el baño, Shun pensó y pensó sobre como pagarían si no tenían dinero. Entonces, rápidamente llegó la solución, Star. Pero cuando estaba justamente por salir, alguien mas entró y sin querer le golpeó la cara con la puerta.
– Esto me pasa por acostarme con ella – murmuró Shun antes de desmayarse.
Bueno, hasta acá el capítulo. Me emocionó comenzarlo a escribir, lo único que espero es lo de siempre, no lo voy a mencionar para que no venga la mala suerte. En fin, espero que les haya gustado, si tienen preguntas, sugerencias, son libres de hacerlas, puesto que yo no muerdo. Nos leemos la próxima semana con mas de esta historia, Bye Bye.
