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UNA PISTA DEL ASESINO
Scott se estaciono frente a la casa de Steve, este, al ver que habían llegado a su destino hizo el intento de salir, sin embargo se detuvo al percatarse de la actitud de su amigo, Scott a pesar de sus esfuerzos no podía ocultar la tristeza que lo embargaba, Steve sabia perfectamente que Scott y Jessie se conocían desde pequeños, por lo cual eran muy unidos, casi como hermanos. La muerte de Jessie – pensó Steve – debía significar para el chico una gran pena también.
― Trata de descansar Scott – sugirió Steve al no saber que mas decir. La mirada de Scott se nublo por las lagrimas, sin embargo el muchacho se contuvo.
― ¿tu crees… ― el chico comenzó a hablar ― … no dejo de preguntarme... tal vez si yo hubiera ido con ella… ― la voz de Scott se quebró por un instante ― esto… esto no hubiera pasado Steve… tal vez si la hubiera acompañado como siempre ella aun estaría viva ― se lamento dando un golpe en el volante lleno de ira.
― No… esto no fue tu culpa – Puntualizo Steve al darse cuenta a donde quería llegar su amigo con aquello ― de haber ido los dos quizás… hubieras corrido la misma suerte…― dijo el muchacho tratando de confortar a su amigo.
Steve sintió que el hueco en su estomago se hacia aun mas grande ante aquel pensamiento sin poder siquiera imaginar el también perder a su mejor amigo.
― Tal vez hubiera sido mejor – respondió Scott tajante secándose la lagrimas con el dorso de la mano.
― ¡No digas tonterías¡― reprocho Steve molesto al escuchar aquella palabras.
― Es solo que… ― prosiguió Scott titubeante – no puedo evitar sentirme culpable – confeso mientras trataba de contener el llanto que volvía a nublar su mirada.
Steve no supo que responder y simplemente se limito a abrazar a su amigo, quien esta vez no hizo el menor intento de contener su llanto,
― ¡No debí dejarla sola Steve! ― sollozo Scott aferrándose a su amigo como un naufrago a un salvavidas en medio del mar – ¡Si no la hubiera dejador sola ahora estaría viva! – continuo lamentándose.
Steve sabia perfectamente a que se refería su amigo, Jessie y Scott vivían en la misma calle y desde siempre se habían acompañado mutuamente de regreso a casa después de la escuela, sin embargo aquel día en que había ocurrido la desgracias, Scott y él – recordó Steve – habían tenido que quedarse hasta tarde a terminar un trabajo para la clase de Estadística que tenían que entregar al día siguiente a primera hora, debían haber sido poco mas de las nueve de la noche cuando, a pesar de los ruegos de ambos chicos, ella se rehusó a tomar un taxi para ir a casa, alegando que prefería caminar, incluso Scott se ofreció a llevarla en cuanto terminaran pero se negó rotundamente alegando que sus padres ya debían estar esperando para la cena ― de haber sabido lo que iba a ocurrir – pensó Steve – aunque ya era demasiado tarde para reproches, de cualquier modo no había sido culpa suya, ni de Scott, había sido el destino, el cruel destino que volvía a hacerle una jugarreta.
― ¿Por qué no pasas un momento? – Sugirió Steve – No puedes marcharte así – indico.
― Estaré bien… – alego Scott recobrando un poco la serenidad.
― ¿Seguro? – pregunto mirándolo fijamente.
― Si, no te preocupes – dijo sonriendo con algo de esfuerzo.
Steve bajo del auto después de despedirse de Scott, y se dirigió a la puerta, antes de entrar volvió la mirada, Scott agito la mano en señal de despedida, el auto comenzó a avanzar alejándose a través de la calle aun húmeda por la llovizna de la tarde la cual había parado uno instante antes,
Al entrar el muchacho grito llamando a su madre para anunciarle su llegada, sin embargo no obtuvo respuesta alguna, miro el reloj, faltaba poco mas de diez minutos para las ocho, ― su madre aun debía estar en el trabajo – pensó – después de dejar su chaqueta colgada en el perchero a un lado de la puerta avanzo hacia la cocina, donde encontró la cena dispuesta en el Microondas, la cual ni siquiera se molesto en mirar, desde hace un par de días había perdido el apetito, inmediatamente se encamino a la planta alta y entro a su habitación, con desgano se dejo caer sobre la cama, cansado, triste, destrozado, no sabia como seria su vida después de lo que había pasado.
Unos segundos después se levanto nuevamente dispuesto a tomar una ducha, entro al baño y comenzó a quitarse la ropa húmeda producto de haber estado bajo la lluvia en el cementerio, abrió la llave y una vez que el agua tuvo la temperatura adecuada se metió debajo del chorro de la regadera La tibieza del agua comenzó a recorrer su cuerpo, por un momento se sintió relajado, como si el agua se llevara todas sus penas, mas el repentino regreso a la realidad volvió haciendo que su corazón se encogiera, una leve punzada en su mano derecha lo regreso de golpe de su letargo, ahí estaba, aquella cicatriz que permanecía como prueba de uno de los capítulos mas aterradores de su corta vida, hacia mucho que no tenia ninguna molestia, incluso se había olvidado de ella, mas por alguna extraña razón nuevamente sentía como si la herida hubiera estado recién hecha.
Un instante después salio del baño, se puso la ropa de dormir y encendió el televisor, desganado comenzó a dar un rápido recorrido por los canales, sin siquiera molestarse en poner atención a los programas que a esa hora se transmitían hasta que finalmente se detuvo y apago el aparato, el chico permaneció en silencio, tratando de asimilar aquella desgracia que había venido a derrumbar nuevamente todos sus planes y a hacer de su vida un caos.
