Chiara.

Un pequeño gran accidente.

Lunes, 15 de Marzo.

Me levante como siempre, pero extrañada, ya que no oí a mi madre pegarme un grito desde la otra habitación para que me despertara de una condenada vez. Miré hacia mi mesita de noche. Esta tenía una nota encima así que la cogí y me incorporé en la cama para leerla:

"Chiara, hija, he salido porque tenía asuntos que resolver, no creo volver hasta el jueves por la tarde. No te preocupes por la comida, te he dejado el teléfono del chino en la nevera"

Claro mama, el número del chino…Pero me extraño bastante que tuviera asuntos pendientes a las 6:30 de la mañana y encima que tuviera que estar fuera hasta el mismo jueves…, pero bueno, hace tiempo que no le pido explicaciones…ni ella me las pide a mí. En fin. Pillé el móvil para mirar la hora y eran…LAS 7:25, JODER QUE NO LLEGABA. Me levante de un saltó y empecé a quitarme la ropa camino de la ducha dejándola desperdigada por el pasillo. Entré, abrí el grifo y ¿adivina qué? helada , simplemente helada. Salí corriendo y me seque a la carrera como quien dice. Pillé lo primero que vi en el armario, cogí la cartera y me fui de casa sin desayunar ni nada. Monté en mi bici y marché hacía clase a toda velocidad. Por los pelos no llego a tiempo, pero lo hice.

Después de que acabara la primera hora me dirigí hacía el pasillo para ir a mi taquilla y mientras caminaba tranquilamente un inepto del club de fútbol se choco conmigo haciéndome perder el equilibrio, cosa que provoco que casi me cominera el suelo de no ser por ella.

Laika Mikhailov.1, 70. 18 años. Morena, cabello liso. Ojos negros como la noche. Constitución delgada y con curvas (no exageradas, pero tener tenía…).Piel extremadamente blanca y con un aire misterioso que nadie podría ni podrá superar.

No era la típica rusa, o al menos…no era el estereotipo de la chica rubia y de ojos azules.

Ella iba a primero de bachillerato artístico. No tenía padres, los perdió en un accidente de coche, por lo que la familia más cercana que le quedaba era una tía aquí, en Florencia. Según dicen vino cuando tenía 15 años. Todas las personas de este instituto y de los otros de Florencia la conocían. Los chicos se morían por Laika y tampoco es que me extrañara ni un pelo, era guapa, inteligente y misteriosa, tres puntos básicos para enamorar a cualquier hombre…y las chicas…bueno, ellas intentaban a toda costa hacerse amiga de la rusa.

Pues antes de que aterrizará de morros al suelo Laika me frenó tomándome de los hombros y acercándome hacía ella de modo que me acabó abrazando.

Yo estaba tremendamente roja de vergüenza en aquel instante. No era para menos. Pude notar a todas las personas del David mirándonos, me estaba muriendo de vergüenza por dentro…Laika me incorporo y me sacudió los hombros, luego me dedicó una sonrisa cálida que hizo que enrojeciera más si cabía semejante posibilidad.

-¿Estás bien?

-S-si…muchas gracias por…i-impedir que yo…-estaba demasiado nerviosa y lo único que podía hacer era musitar palabras…No era para menos, tenerla a ella delante y alrededor a un montón de personas observándonos no era una sensación muy cómoda que digamos.

-No me las des, tranquila –encogió los hombros-Por cierto… ¿te llamas Chiara, verdad?

-A-así es…

-Bien, pues ya nos veremos luego y ten más cuidado la próxima vez – Me guiñó un ojo y me miró de manera seductora.

Entonces como quien no quiere la cosa la morena se despidió de mí. Al poco tiempo la perdí de vista entre la montonera de gente que había por los pasillos.

Después de todo aquello me fui a clase corriendo para no llegar tarde a inglés. Yo era la alumna estrella en las clases de la señorita Cecilia, por lo tanto tenía que guardar esa imagen. A la que entré a clase los que ya estaban allí presentes se me quedaron mirando. No paraban de observarme como si fuese un bicho raro, otros se dedicaban a mirarme de reojo mientras se decían cosas al oído y como no, siempre están las pijas de turno que acababan por mirarte por encima del hombro y con desprecio.

Yo hice ver que no me fijaba en nadie y fui hasta mi mesa, dejé los libros encima de esta y me senté. Al poco tiempo entro por la puerta mi mejor amiga, Marisa. Vino corriendo hasta mi mesa y se me planto delante mientras me miraba fijamente.

- ¿Qué tienes con Laika? – Sacó el móvil de su bolsillo e hizo ver que era un foco de esos que usan en las películas de policías cuando están en comisaría interrogando a alguien.

- No tengo nada con ella... –Suspiré.

- Ya, mentiras a otra –Hinchó las mejillas como una cría pequeña, que por su carácter extrovertido e infantil que solía tener es lo que parece- Es de lo que está hablando toda la clase ¿No te has fijado? –Entonces caí en ello, por eso me miraban de esa forma.

- ¿De verdad me ves a mi teniendo algo con ella? – Alcé una ceja, no me podía creer semejante chorrada de pregunta.

- Bueno…en eso tienes razón…Tú no eres capaz de tener nada ni con una piedra.

- Eres tan graciosa que ahora mismo voy a potar – Hice ver que me metía los dedos en la boca para vomitar mientras ponía cara de asco

- No me seas puerca, utiliza la papelera al menos, no dejes aquí la pota – Se echó a reír- Bueno, no, espera, que tú solo tendrías algo con un muerto.

- ¿Perdona…? No soy necrofilica.

- Perdonada, aunque yo me refería a Vivaldi…- Entonces pude ver en su rostro su típica sonrisa y mirada de listilla- O con tú violín. Quién sabe.

-De verdad,May. No le veo la gracia.

-Ya, es que tú no se la ves a nada.

En aquel preciso momento entró por la puerta la señorita Cecilia cargada con su mochila. Iba vestida con unos pantalones negros ajustados, una camiseta azul cielo con un estampado de cachemir en blanco y unos botines negros con algo de plataforma. No era una profesora común, más o menos tendría unos 27 años y era la profesora más animada de todo el David.

Y por supuesto y como siempre Marisa tuvo que soltarle un piropo, porque sino reventaba la pobre.

- ¡Celi, guapa!

- Gracias, Marisa. Ahora guarda el móvil si no quieres quedarte sin él – Dejó los libros en la mesa y se sentó encima de esta a lo indio- ¿Qué tal habéis pasado el fin de semana?

- ¡Muy bien, preciosa! –La rubia seguía de guasa y cuando empezaba era difícil pararla.

- May, para ya… - Rodé los ojos.

- No te preocupes Chiara, no me incomoda.

Después de que todos acabáramos contándole nuestra vida nos pusimos a hacer clase. Fue una hora bastante entretenida, las clases no parecían clases con Cecilia, siempre se las ingeniaba para que nos entretuviéramos mientras enseñaba. Es en mi opinión la mejor profesora del mundo.