Aquí les dejo otro capítulo de este nuevo fic. Esto se me está yendo de las manos, en primer lugar jamás pensé en publicar esta historia y en segundo lugar jamás pensé que, de publicarla, me resultaría tan fácil escribir los capítulos. ¡Enserio, he tardado apenas dos horas en escribir esto, se lo pueden imaginar! Es una locura xD
¡En fin aquí les dejó este nuevo capítulo, espero que les guste y me dejen algún comentario!
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Flashback:
La luz del sol le cegaba. Podía escuchar, encima de su cabeza, el harmonioso canto de los pájaros, los cuales permanecían escondidos entre las grandes ramas de un viejo y hermoso árbol. Cerró los ojos dejando que esa suave brisa que se colaba traviesa entre las verdes hojas del hermoso árbol acariciara sus pieles.
Permaneció estirada debajo de ese árbol por horas. La cálida brisa junto al canto de los pájaros habían logrado relajarla hasta tal punto que no quería moverse de allí. Esa sería la primera de las muchas veces que iría a estirarse en este sitio para relajarse, para desconectar de todo lo que pasaba a su alrededor. Podía ser su lugar secreto –pensó. Una pequeña sonrisa traviesa hizo que sus rosados y pequeños labios se curvaran-.
Su lugar secreto.
Le gustaba como sonaba. La idea de tener un sitio para ella, un sitio donde poder esconderse por horas sin que nadie supiera donde estaba, la idea de poder esconderse allí durante horas cuando quisiera sin importar las reprimendas de su padre, que insistía y no dejaba de repetirle una y otra vez que debería estudiar en vez de perder el tiempo jugando. Si, definitivamente le encantaba tener un lugar secreto.
Se levantó entusiasmada después de haber pasado horas tumbada en el mismo sitio. Sonrió contenta imaginando las mil preguntas que le haría su madre cuando regresara a casa. Estaba segura que su padre le regañaría por no haber asistido a esas aburridas clases a las que le obligaba a ir cada día pero también estaba segura de que su madre le regalaría una grande sonrisa cómplice y acabaría por calmar al hombre.
- ¿Dónde estuviste todo el día, señorita? –escuchó a su madre preguntarle nada más abrió la puerta de la casa
- Sólo fui a jugar en el jardín mama –respondió la rubia intentando sonar lo más inocente posible- Siento no haberte avisado.
- Está bien Lucy pero la próxima vez deberás avisarme antes de salir, estábamos todos muy preocupados –dijo suavemente, le encantaba la voz de su madre, tan calmada y dulce- tu padre debe estar furioso contigo por no asistir a las clases de hoy –sonrió- pero no te preocupes, yo me encargaré de todo!
- Gracias mama –corrió a darle un abrazo, su madre era la mejor.
Los días fueron pasando rápidamente y poco a poco fue llevando toda clase de cosas en su lugar secreto. Al cabo de una semana ya había traído una pequeña mesa, juguetes, sillas, un viejo colchón que había encontrado en el trastero… todo lo que había encontrado lo había llevado hasta allí.
El viejo árbol, que a los ojos de la pequeña rubia era inmenso, había resultado tener grande agujero en la escorza dentro del cual cabía el viejo colchón. Ilusionada intentó ponerlo dentro pero ella solita le fue imposible, necesitaba a otra persona pero no podía pedirle ayuda a nadie. Si pedía ayuda a otra persona este dejaría de ser su lugar secreto. Miró desilusionada al colchón y luego al árbol.
- Espero que no se moje mucho cuando llueve –pensó triste, la idea de meterlo dentro del árbol había sido su mejor opción si no quería que el viejo colchón se mojar. Aunque Lucy para entonces todavía tuviese 7 años, era muy lista y sabía que si lo dejaba al aire libre acabaría por romperse. –
- ¿Entonces quieres que te ayude a ponerlo dentro? –la pequeña Lucy sintió su corazón detenerse al escuchar una voz detrás de ella. No era la voz de un adulto, más bien de un niño, pero nadie debería de estar allí, nadie debería de conocer ese sitio.- ¡Hola! –la sombra del árbol tapaba las facciones del niño delante de ella pero parecía tener más o menos su misma edad.- Me llamo N—
- ¿Cómo has llegado aquí? –no dejó que terminara, tampoco es cómo si le importaba cual fuese su nombre- ¡No deberías estar aquí, este es mi lugar secreto!
El pequeño niño ladeo la cabeza sin entender lo que la rubia les estaba diciendo. ¿Lugar secreto?
- Mis padres vinieron a hablar con tus padres sobre algún asunto y no quise ir con ellos. Seguro que habrán ido a hablar sobre alguna cosa aburrida –dijo chasqueando la lengua-, no quería quedarme allí para escuchar lo que sea que tengan que hablar. Entonces, cuando estaba a punto de irme a dar un paseo per vuestro jardín para pasar el rato, te vi arrastrando esa cosa –dijo señalando el colchón- y decidí seguirte. ¡Y aquí estoy!
- ¿Entonces me seguiste todo el camino hasta aquí?
- ¿Quieres que te ayude a poner eso dentro del árbol? –preguntó- Eso era lo que estabas intentando hacer, ¿no?
Lucy le miró dudosa, quien quiera que fuese ese niño había visto su lugar secreto. ¿Eso significaba que debería de buscarse un sitio nuevo? Ella no quería eso, ella quería su sitio y no cualquier otro. Miró al niño, la sombra del árbol seguía tapándole la cara pero fue capaz de divisar una cabellera… ¿rosa? Sacudió la cabeza, no importaba eso, debía de asegurarse que ese niño no le diría a nadie de ese lugar.
- No te preocupes, no voy a decirle a nadie que te vi aquí. –la rubia le miró sorprendida- siquiera les diré que tienes un lugar secreto. ¿Eso es lo que te preocupa tanto no?
- ¿Cómo lo sabes? –Lucy no cabía de la sorpresa, ese niño acababa de leerle la mente…-
- Tu cara lo dice todo, deberías haber visto las caras que ponías… –rio a carcajadas y al reírse dejo a la vista una hermosa sonrisa blanca que hizo que la rubia se sonrojase, ya fuese por la risa del peli rosa o por la vergüenza que sentía por sus palabras- Vamos, te ayudaré a poner eso dentro del árbol y te prometo que no le diré a nadie de este sitio. ¿qué te parece si desde hoy pasa a ser nuestro escondite?
- ¿Nuestro escondite? –repitió- ¡Nuestro escondite entonces! –sonrió sin percatarse que su sonrisa había causado un sonrojo en el chico-.
Después de ese día recordaba cómo muchas veces se había encontrado al peli rosa recostado en el colchón esperándola. Recordaba pasar horas y horas allí, junto a él, jugando a cualquier cosa. Era divertido, se lo pasaba genial y poco a poco se forjó una gran amistad entre los dos. Recordaba que algunas veces, cuando se quedaban hasta tarde jugando, él se quedaba a dormir en su casa. El padre de Lucy no decía nada y su madre estaba encantada de que el niño se quedara.
Layla amaba mirar a su pequeña hija cuándo el peli rosa estaba allí, con ellas. Le encantaba ver como los pequeños ojos achocolatados de la rubia se iluminaban y como crecía una grande sonrisa en sus labios cuando el peli rosa llegaba. Le encantaba ver la hermosa relación que habían forjado y no le molestaba para nada que el pequeño se quedase a dormir, es más, le gustaba que se quedase. Le gustaba ver a su hija tan feliz y sabía que él era la razón de esa felicidad.
- ¿Mama nos explicas una historia? –Lucy siempre le preguntaba lo mismo cuando era la hora de irse a la cama y, por supuesto, Layla nunca decía que no- ¡Explícanos la de cupido otra vez! –Layla sonrió, siempre pedía la misma historia-
Lucy amaba esa historia pero nunca, ni una sola vez, escuchó su final. Siempre se dormía antes de que terminara a diferencia del pequeño peli rosa que escuchaba con interés a la vez que miraba a la somnolienta rubia con adoración y cariño pintados en sus jades ojos.
Fin flashback
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Ω
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Abrió los ojos despacio pero los volvió a cerrar rápidamente al sentir como los rayos del sol impactaban contra sus pupilas. Se llevó una mano arriba de los ojos, haciendo de visera, y los volvió a abrir. No sabía dónde estaba pero las blancas paredes, las blancas sábanas que le cubrían no hacían más que indicar que estaba en un hospital. Miró de dónde provenían los molestos rayos y divisó una grande ventana delante de ella.
Intentó recordar que fue lo que le había pasado, recordaba todo lo que había sucedido con Sting, el hambre, la desesperación por no tener dinero… no había nadie en la habitación pero era imposible que hubiese llegado hasta este hospital sola.
- ¡Veo que despertaste! –la voz de un hombre con una larga bata blanca que entró animadamente mientras le sonreía la sobresaltó- Nos preocupaste cuándo te despertaste por primera vez gritando pero me alegro que, después de un día entero durmiendo, hayas despertado de neuvo.
Lucy no habló, tampoco sabía que decir. Se quedó en silencio mirando como el hombre, que por su aspecto parecía ser uno de los doctores, se acercaba a ella poco a poco. ¿No era esa la primera vez que despertaba? ¿Había gritado? El doctor empezó a examinarla en silencio mientras ella seguía inmersa en su mente y , luego, el doctor empezó a hacer preguntas sencillas a las que no le fue muy difícil contestar. Entonces, con una sonrisa, el hombre se marchó dejándola sola de nuevo.
Suspiró e intentó incorporarse. Recordaba haber oído unos pasos acercándose cuándo se encontraba debajo de ese árbol en el que deducía que había perdido la consciencia pero no recordaba haber despertado después de eso. Cerró los ojos, seguramente estaba donde estaba porque esas personas que la habían encontrado la habían traído aquí.
¿Les debería dar las gracias?
Sonrió tristemente, aunque esas personas creyesen que la habían ayudado, no era así. Deberían haberla dejado allí tirada, todo habría sido mejor si lo hubieran hecho.
Suspiró derrotada, la suerte no parecía ser algo que estuviera de su lado sino más bien en su contra. Negó con la cabeza, debía encontrar alguna forma de seguir adelante con su vida, no podía rendirse todavía. Cerró los puños con fuerza decidida y fue entonces que notó como "algo" se clavaba en la palma de su mano. Abrió la mano para inspeccionar si tenía algo y entonces lo vio, tenía un pequeño trozo de papel en la mano.
¿Quién lo habría puesto allí?
Con cuidado abrió el trozo de papel y vio que, en el, había escrita una… ¿historia? La leyó.
CUPIDO:
Cupido era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era pícaro y carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulos. A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.
Consciente del poder que tenía, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales así que provocaba frecuentes problemas a los dioses.
Una sonrisa empezó a crecer en los labios de Lucy al leer, recordaba esa historia, era la que su madre siempre le contaba. Siguió leyendo entusiasmada.
Al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía, así que en busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: "El amor no puede crecer sin pasión". Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero cuando se separaban, volvía a ser un niño.
Por otro lado en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique, que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella. Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio.
Sonrió de nuevo recordando como de pequeña soñaba ser como Psique. Soñaba, como cualquier otra niña de su edad, con crecer y convertirse en una mujer con tal belleza como la de Psique y casarse con un hombre, un príncipe, que la amara y con el que pasaría el resto de sus días.
La sonrisa que llevaba pintada en los labios se desvaneció por un momento. Que ilusa fue –pensó-. Suspiró y siguió con la lectura.
Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió a Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero este al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto joven.
Contra los deseos de Venus, Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casó con ella, teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo. La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz no sintió temor, estaba segura que no era un monstruo, sino el amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre que no viera su rostro.
Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los dioses y miró a su marido. Eso le valió el castigo de ser abandonada por Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole: "El Amor no puede vivir sin confianza".
Una sonrisa nostálgica cubrió los labios de la rubia. Cuan cierta era esa frase y que dolorosa a la vez. Es verdad que el amor no puede vivir sin confianza, pero tampoco puede vivir sin respeto.
Recordó la imagen de Sting besando a otra mujer, si el rubio la hubiera respetado no la habría engañado con otra. El amor no puede vivir sin confianza y sin respeto. Siguió leyendo.
Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más difíciles y peligrosos impuestos por Venus. Como última instrucción le dio una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja.
Psique se alistó para el viaje y durante el, se enfrentó a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados, sin embargo la curiosidad por abrir la caja la venció así que lo hizo y al momento cayó en un profundo sueño que parecía la muerte. Cupido al encontrarla, le retiró el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdonó al igual que Venus.
Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los dioses conmovidos por el amor de Psique hacia Cupido, la convirtieron en una diosa para que pudiera reunirse con su amado.
PD: ¿Sabes quién soy? Probablemente no. En fin, solo quiero que sepas que te extrañe y que tengo la intención de hacer que me recuerdes. Te preguntarás cómo lo pienso hacer, ¿Verdad? Bueno, eso déjamelo a mí, este será nuestro juego, ¿de acuerdo? ¡Espero que te guste!
¡Oh, por cierto, espero que despiertes pronto Luce, cuídate mucho!
Un viejo amigo.
Dobló el papel.
Hacía muchísimos años que no escuchaba esa historia. Siempre le encantó pero nunca la había escuchado entera. Sonrió triste al recordar esos días en los que su madre les explicaba esa historia antes de irse a la cama a ella y a un niño que, por más que lo intentaba, no podía recordar.
- Me preguntó quién sería… -preguntó al aire sin esperar una respuesta, estaba sola después de todo- siquiera recuerdo su cara o el color de sus ojos...
Miró al trozo de papel que tenía entre las manos, ¿cómo había llegado hasta allí? ¿Quién lo habría puesto? Sonrió al imaginar que fuese ese niño de su infancia el que lo hubiera hecho, el que había firmado la carta en el nombre de "un viejo amigo". Ojala fuera así pero sería imposible que después de tanto tiempo se acordara de ella o la reconociera, ¿verdad?
Pero sino era él, ¿Quién? No eran muchas las personas que sabían lo mucho que esa historia le gustaba… Se recostó en la cama de nuevo pensando en todas las personas que sabían eso de ella. Estaban sus amigas más cercanas pero a las que no veía desde hacía muchos años, él chico misterioso de su infancia, sus padres, su prima… no tenía la menor idea de quien podría haber puesto ese pequeño trozo de papel en su mano aunque, si lo pensaba bien, podría haber sido cualquier persona. Cualquier persona podría haberlo puesto sin saber que era su historia preferida.
Con eso en mente dejó de pensar en ello mas no lanzó el papel, se lo guardó. Fuese quien fuse dijo que haría que le recordase, ¿no? Ya sabría quién era cuando llegase el momento de saberlo.
Miró la calle a través de la ventana de la habitación, debería pensar que haría una vez saliera del hospital.
- ¡Lu-chan! –una familiar voz impidió que la rubia siguiera pensando. La chica sintió como unos brazos le rodeaban en una fuerte abrazada apretando su cuerpo contra el de la extraña chica que se le había abalanzado encima.- ¡Me tenías tan preocupada, no vuelvas a preocuparme así nunca más me escuchaste! –gritaba la chica sin apartarse ni un milímetro de Lucy-
- ¡Levy déjala respirar! –la rubia escuchó otra voz pero fue incapaz de ver su propietaria.-
Al poco rato la extraña chica que se había lanzado encima de Lucy se separó. Lucy le miró y su corazón se detuvo al reconocer quien era. Delante de ella, con los ojos vidriosos y brillantes por las lágrimas que intentaba contener estaba su mejor amiga, la que hacía tantos años que no veía. Delante de ella estaba nada más y nada menos que Levy y no muy lejos de ella, parada de pie mirándola con una sonrisa aliviada pintada en los labios se encontraba Erza, otra de sus grandes amigas.
- ¡Levy, Erza! –fue lo único que pudo decir al verlas delante de ella sintiendo como algo cálido crecía en su interior.- ¡Chicas!
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Aquí tienen el nuevo capítulo, ¿les gustó?
La verdad es que no tenía planeado escribir un capítulo tan largo ni tampoco actualizar tan pronto pero mis dedos iban solos jaj supongo que me desperté con inspiración de sobras hoy xD
En fin, espero que les haya gustado y realmente agradecería si me dejaran algún comentario con su opinión.
ADELANTO: ¡En el próximo capítulo Natsu y Lucy se verán!
Próxima actualización: no lo sé pero si sigo con esta inspiración… ¡muy pronto!
Muchas gracias por leer, nos vemos pronto.
¡Saludos!
