Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama.
Advertencia: Relación Chico x Chico (Yaoi), Lenguaje Vulgar, Universo Alterno (AU), Riren.
N/A: Hola, hola. De antemano, muchas gracias a aquellas personas que me dieron la oportunidad y se tomaron el tiempo de leer el primer capitulo c:
Fue un pequeño comienzo y espero que la historia les guste aunque sea un poquito.
Sin más por decir en estos momentos, las dejo con el capitulo.
!Disfruten!
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Sus ojos se giraron discretamente a su izquierda mientras masticaba el alimento con lentitud, triturándolo con sus dientes para después tragarlo con facilidad; encontrando por casualidad la presencia del mocoso a solo unas mesas más adelante.
Eren se encontraba entregando una orden a una joven pareja, que a juzgar por el nerviosismo con el que se miraban, pudo deducir que aquella era su primera cita. Dedicándoles una sonrisa tranquilizadora, el castaño hizo una leve reverencia al terminar su trabajo para por fin dejarlos solos, caminando y desapareciendo tras las puertas que –Levi supuso– conducían a la cocina.
– ¿Vas a comerte eso? – cuestiono Kenny frente a él, logrando que lo mirara justo cuando asaltó la última pieza de HotCake que quedaba en su plato.
Aquel que Eren les trajo después de el inesperado descubrimiento sobre su incapacidad para hablar; cuando solo sonrió con pena y anoto los platillos que Kenny pidió en nombre de los dos.
El ceño de Levi se arrugo en automático.
– No jodas, viejo. Tú pediste doble porción, deja lo mío en paz – gruño con enfado, siendo inútil ahora que su tío se lo había echado a la boca sin pensárselo dos veces.
– Ni siquiera le prestabas atención a ese pobre trozo – trato de excusarse después de tragar, cambiando su expresión a una de complicidad – Tenias tu mirada puesta en alguien.
Levi trato de mantener su expresión desinteresada a pesar de haber sido descubierto.
– Si tanto te atormenta lo que hiciste, ve y pídele una disculpa – aconsejo el viejo tras alzar los hombros, restándole importancia al asunto – Eren es un buen chico, seguro no duda en perdonar ese humor de perros que tienes.
– No me estoy atormentando – negó, poniendo los ojos en blanco – Es normal que no esté enterado de… su estado.
– Estarías enterado si le hubieras dado la oportunidad de explicarse – repuso con una sonrisa burlona, dando el ultimo sorbo a su café.
Pudo percibir de reojo como la puerta volvía a abrirse de nueva cuenta, cosa que llamó su atención de nuevo. No dudó en dirigir se mirada hasta aquel punto, sin tratar de disimular ahora que Kenny lo había descubierto; sin hacer nada para poder librarse de sus miradas burlonas.
Ahora el castaño había salido cargando una jarra cafetera en su mano derecha, sosteniendo el mango con un pequeño trapo ante el intento de no quemarse demasiado. Se dirigió a la barra desayunador para comenzar a rellenar las tazas que se le solicitaban con una sonrisa educada, saciando el confort que los clientes buscaban ante la idea de mitigar el frío.
Levi no se lo pensó dos veces antes de preguntar: – ¿Cómo se comunica?
– Hablar no es el único medio de comunicación, Levi – respondió con ironía.
– No me refería a eso – contradijo aun a pesar de que tal vez, si quiso interpretar aquello – Quiero decir, ¿Todo el pueblo sabe el lenguaje de señas?
– Solo los más cercanos a él. Su madre, por ejemplo – Kenny siguió la mirada de Levi hasta encontrarse con el castaño – Aun cuando llego aquí siendo apenas un niño pequeño, se las ingeniaba para lograr que todos le entendieran. Debiste ver como sus ojos se inundaban de tristeza cada vez que Carla lo regañaba por sus travesuras.
Levi enarco una ceja con interés, sin replicar en contra de su comentario.
Era como si a Eren le hubieran arrebatado la capacidad para hablar, pero en que su lugar, lo apremiaron con un par de ojos verdoso que podían transmitir los más sinceros sentimientos que vinieran de su interior; de su corazón.
Algo de lo que Levi –sin siquiera saberlo– tendría que cuidarse.
– ¿Y todos lo aceptan? – volvió a formular una pregunta, sin siquiera saber de dónde venia tanto interés.
– En cualquier lugar hay personas que se aprovechan de ello – una mueca inconforme no tardó en aparecer sobre los labios de Kenny – Pero tiene muy buenos amigos, seguro no tardas en conocerlos. Tal vez te agraden.
– No me interesa, gracias – repuso desinteresado al tiempo que comenzaba a colocarse los guantes de nuevo, preparándose para volver a salir al frío exterior ahora que habían terminado.
– Claro, como ya tienes muchos – exclamo sarcásticamente, poniéndose en pie con dificultad. Sus huesos ya no le daban para más – Iré a pagar, espérame en la salida – indico mientras tomaba su propio abrigo y se lo colocaba en el antebrazo, dispuesto a dirigirse hacia la caja registradora con un andar lento pero seguro.
Levi no pudo evitar que la imagen de Hanji viniera a su mente. Aun no encendía el celular desde que lo apago en el aeropuerto, pero casi podía apostar su propia vida a que no tendría ninguna llamada perdida por parte de la castaña. Era conocido por todos que Zoe se tomaba las cosas con calma y a la ligera, sin embargo, solo Levi sabía que cuando algo le pegaba; le pegaba fuerte.
No le extrañaría que ahora mismo estuviera llorando y maldiciendo hacía su persona al mismo tiempo.
Contuvo el aire en sus pulmones antes de soltarlo en un suspiro pesado, retirando la silla levemente para pararse sin problemas. Reprimió el impulso de dar un último vistazo en dirección hacia el castaño, y en su lugar, salió del recinto para encaminarse directamente hasta la vieja camioneta.
Lo último que necesitaba en estos momentos era guiarse por sus emociones.
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– ¿Desde cuándo no limpias este cuarto?
El silencio que recibió como respuesta no le agrado para nada.
Levi arrugo la nariz en una expresión inconforme, observando el polvo que se había acumulado en lo que alguna vez fue su habitación.
De niño recordaba haberla visto más grande.
– Lo habría hecho si hubieras avisado que vendrías – aclaro Kenny desde el marco de la puerta, sin tener ni siquiera la valentía de ingresar por completo ante el miedo de ser regañado.
El menor refunfuño mientras dejaba su maleta sobre su antiguo escritorio, arremangándose las mangas del suéter ante la idea de comenzar con la limpieza.
Todo estaba tan cual lo dejo cuando se fue por última vez; el viejo reloj, el desastroso colgante de estrellas que hizo por aburrimiento; incluso aún estaba la leve abolladura sobre la pared, producto de haber estampado su cráneo después de saltar frenéticamente sobre la cama y enredar sus pies entre las sabanas.
Aun recordaba vagamente la cara de susto que puso Kenny al pensar que tendría un retraso por el golpe.
– Puedo traerte sabanas limpias, de esas si tengo – aseguro el viejo mientras destendia la cama, aportando un poco de ayuda.
– Aquí hay más polvo que muebles, me sorprende que aún no murieras de una enfermedad respiratoria – opino Levi en un tono de regaño, dirigiéndose hacia la ventana para poder correr las cortinas y dejar que la poca luz solar del exterior entrara a la habitación.
Un par de nubes de color grisáceos se podían percibir a lo lejos.
– Iré por la aspiradora y una cubeta con agua – indico Kenny mientras se dirigía a la salida, cargando entre sus manos las antiguas sabanas de la cama para llevarlas directamente a la lavadora – Si ves algún bicho, solo grita y vendré rápido a matarlo – acordó con burla, dejándolo en evidencia ante aquellos actos que hizo en su niñez.
Levi murmuro una maldición entre dientes, justo al tiempo cuando Kenny abandono la habitación con un gesto divertido, casi olvidando lo divertido que se la pasaba molestándolo.
Sin tener más opción que esperar, decidió recostarse sobre la amplitud de su vieja –y ahora– desnuda cama, escuchándola rechinar levemente bajo su peso. El techo le llegaba muy por encima de su cabeza, inalcanzable para todo aquel que osara hacer el intento de tocarlo con la yema de sus dedos. Tal vez aquella fue la razón que lo motivó a saltar sobre la cama y tener aquel accidente. Su yo de hace doce años creía que; con un poco de fe y unos buenos brincos, podría lograrlo sin problemas.
Si tan solo bastara de fe y de unos buenos brincos para lograr las cosas ahora.
Un par de truenos se escucharon a lo lejos y provocaron que la ventana retumbara un poco por el estruendo, como si recalcara aquella visita no deseada por el pueblo.
En esta época del año, el clima variaba un poco hasta asentarse por completo en el invierno, trayendo en el camino días de lluvia y tormentas momentáneas; donde lo único que quedaba era ser víctima de la madre naturaleza.
Al parecer, el clima le estaba dando una cálida bienvenida.
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Frío.
Era lo único que sus huesos sentían aun a pesar de estar prácticamente sepultado entre las cobijas. La lluvia había durado toda la noche y parte de madrugada, trayendo consigo un fuerte viento que solo hizo una mala combinación que le impidió dormir con tranquilidad.
Ahora que la mañana había llegado, su reloj interno le decía que era hora de levantarse; completamente ajeno al sitio en el que se encontraban.
Froto sus pies uno con otro –los cuales portaban doble calceta– antes de erguirse lentamente y dejar que su cerebro se orientara por sí solo. Se colocó sus pantuflas para encaminarse en dirección a la puerta, siendo recibido rápidamente por el olor de la cafeína en cuanto la abrió por completo.
Era de conocimiento público que Kenny adoraba aquella bebida.
– Ya creía que estabas muerto por ahí – fue lo primero que dijo el mayor tras percibir la figura de Levi bajando por las escaleras.
– ¿Vas a salir? – cuestiono con desconcierto, observando como comenzaba a enfundirse en su pesado abrigo.
Dirigió su vista fugazmente hacia el reloj de la sala; faltaba poco para que dieran las nueve.
– Ayer me atrapaste en casa, pero hoy la semana ha empezado. Tengo que ir a trabajar – recordó con un leve quejido de protesta, deseando no enfrentarse al gélido clima del exterior.
– ¿Aun sigues trabajando en la fábrica? Pensé que ya estaba cerrada – dedujo Levi tras sentarse en el sillón de enfrente, escuchando como algunos de huesos tronaban al desperezarse.
– El dueño vendió los derechos a alguien más y la empresa se amplió – respondió con una ligera mueca – Extraño un poco como era antes, pero al menos nos han permitido conservar el empleo.
– ¿Por qué no buscas otro empleo si ese no te gusta? – encogió los hombros como si la respuesta fuera bastante simple.
Kenny le sonrió con pena: – Ya estoy viejo, Levi. Mis oportunidades ya no son a como lo eran antes.
Levi abrio levemente la boca antes de cerrarla rotundamente, sin saber exactamente que decir al respecto. Ayer lo había visto tan burlón y arrogante a como lo recordaba de niño que jamás se le había pasado por la cabeza que tuviera aquellos problemas en torno a su edad y a su vida. Ni ahora, ni nunca.
– Hice un poco de café, está en la estufa por si quieres – ofreció el mayor tras dejar el tema de lado al restarle importancia – Seguimos sin tener provisiones ¿Podrías ir al supermercado? Está a dos calles de aquí, subiendo la colina.
– No sabía que al venir aquí me convertiría en tu sirviente – exclamo Levi con un fingido tono de asombro.
– Por algo sabes limpiar – atajo sin culpa, trayendo consigo la victoria.
El menor rodo los ojos justo cuando el claxon de un carro sonó desde afuera.
– Ya llego mi carruaje – aviso burlonamente tras colocarse el gorro de un tirón – Las llaves están en la mesa del comedor, mi turno termina después de las seis. El clima no parece mejorar, así que abrígate bien – otro claxon. Kenny se dirigió hacia la salida – Trata de hacer algo de provecho, búscate novia o salva defines; yo que sé – sonó dos veces más y esta vez el viejo abrió la puerta – ¡Ya voy! Nos vemos.
Y de un solo portazo, la casa volvió a fundirse en el silencio.
Escucho a lo lejos el motor de un auto y un par de reclamaciones más por parte de su tío y de otro desconocido, perdiéndose lentamente a cada segundo que transcurría mientras se iban alejando. Sintiendo sus tripas gruñir al protestar por alimento, vio la oportunidad de encontrarse solo para inspeccionar la cocina en busca de saciar un poco el hambre, pensando por primera vez –en mucho tiempo– que Kenny tenía razón.
¿Qué haría durante estos días de escape?
Varias opciones surgieron en su mente mientras se dedicaba a buscar entre los estantes algún tipo de galleta rancia con las cuales acompañar el café. ¿Trabajar? ¿Hacerse el vago? El único propósito con el que fue a Shiganshina fue alejarse de la ciudad y de su profesión, de ahí en fuera; no tenía nada planeado. Al menos el dinero no le era un problema, tampoco era un aprovechado; portada sus tarjetas de crédito con el efectivo suficiente para sustentarse un par de meses y ayudar a Kenny con los gastos mientras se encontraba de visita.
Lejos de ahí, era una persona sin aspiraciones.
Con un chasquido frustrado, cerro de golpe la última puerta de la alacena, fallando con su objetivo de comer algo decente.
Ahora tenía un nuevo plan en mente. Primera actividad del día; ir al supermercado.
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– Mierda – mascullo, dando un leve sobresalto al salir de las puertas eléctricas del supermercado y encontrarse en el exterior con una fuerte llovizna que se había desatado justo cuando estaba comprando.
Sujeto las bolsas que cargaba en ambas manos con fuerzas y armándose de valor tras no tener otra opción, comenzó a caminar en dirección al lugar donde estaciono la camioneta, arrepintiéndose a los pocos pasos de haberla dejado tan lejos. La lluvia lo mojó sin poder evitarlo al no cargar un paraguas con él, sin embargo, la fuerza con la que soplaba el viento era un indicio de que aquel objeto no hubiera servido de mucha ayuda.
Balaceo un poco las bolsas para encontrar la llave dentro de su bolsillo, logrando abrir la puerta del copiloto para depositar de un tirón toda la comida que compro para –quiso suponer– varias semanas. Al finalizar, corrió hasta la puerta del lado del piloto antes de que se empapara hasta los calzoncillos.
Su primer plan del día había sido toda una mierda.
Tres intentos bastaron para que la camioneta encendiera por completo, por lo que maniobro en el volante para retroceder y dirigirse hacia la única salida del lugar, dispuesto a refugiarse de nuevo en la casa de Kenny y no salir de ahí en toda una semana. O en toda su vida, era lo mismo.
Al menos esa era su intención antes de que durante el camino y entre aquel mar de calles, sus ojos visualizaran una figura conocida en medio de la banqueta, tratando de refugiarse inútilmente de la lluvia.
Eren se encontraba bajo el toldo de una tienda cerrada, mirando al cielo con una expresión de angustia en su rostro. A juzgar por las bolsas que cargaba en sus manos y del delgado paraguas que trataba de mantener en pie, pudo deducir que aquella lluvia también lo había tomado por sorpresa. La ventaja de Levi era que al menos tenía un vehículo en el cual refugiarse.
Lo miro durante unos segundos, justo antes de dirigir su mirada al cielo y confirmar que aquel estaba pintado de tonalidades grisáceas mientras un par de rayos hacían presencia con sus estruendos y relámpagos, indicio de que el sol no los deslumbraría su presencia pronto.
Un chasquido de resignación no tardo en salir de sus labios.
Muchas veces se dejó llevar por sus impulsos al tomar decisiones en su vida, por lo que tomo crédito de ello y lo uso como excusa para guiarse en su siguiente acción; siempre podía echarle la culpa a sus genes.
Giro el volante para desviarse del camino por completo, recibiendo algunos reclamos de otros conductores por aquella acción tan precipitada. Tuvo que esquivar algunos charcos para estacionarse cerca de él, evitando de aquella manera que pudiera empaparlo accidentalmente. Se estiró para tomar la manija de la puerta contraria, empujándola con la punta de los dedos ante el intento de llamar su atención.
– ¡Hey, mocoso! – tuvo que gritar para lograr que su voz se escuchara por sobre la lluvia, provocando que Eren se sobresaltara antes de girar en su dirección.
Sus ojos se abrieron levemente al reconocerlo pero aun así se mantuvo quieto en su lugar.
– ¡Anda, sube! – ordeno con un ademan al no verle intenciones de acercarse – ¡Te dará una maldita hipotermia si permaneces aquí parado!
Eren dio un rápido vistazo al cielo, confirmando que no había de otra más que aceptar aquel aventón si no quería pescar un resfriado. Cerró su paraguas rápidamente y troto hasta el interior de la camioneta, cerrando la puerta de inmediato al no querer que la lluvia se infiltrara también.
Suspiró con alivio mientras trataba de acomodar las bolsas sobre su regazo, antes de mirar a Levi con una pequeña sonrisa de agradecimiento.
– ¿La lluvia te tomo por sorpresa? – pregunto con cierto rencor hacia el clima, atrayendo un poco las bolsas que le pertenecían al querer que Eren tuviera más espacio para sentarse.
El castaño asintió con el ceño fruncido, uniéndose a la incomodidad de ello.
– ¿Cómo has venido hasta acá?
Eren cerro su puño derecho y dejo solo el dedo anular y el del medio levantados, moviéndolos de adelante hacia atrás; uno en un ritmo contrario al otro.
– Caminando – acertó Levi con un leve asentimiento de comprensión – Eso imaginé, la maldita lluvia también me tomo desprevenido – comento con simpleza, siendo objetivo de los ojos verdosos del menor – Puedes decirme dónde vives – se mordió la lengua al darse cuenta de su error – Digo, escribir; puedes escribirlo – corrigió de inmediato – Aunque realmente no tengo ni puta idea de cómo se llaman las calles de aquí. Estas advertido.
El menor no tardo en rebuscar dentro de su mochila –esa que Levi le había visto cuando lo conoció por primera vez– hasta dar con un cuaderno de abundantes hojas, teniendo una pluma anclada a una de las pastas. El azabache observo como las orillas de las hojas se encontraban algo húmedas, siendo evidencia de que el agua había traspasado la tela que formaba la mochila.
"– Puedes dejarme en la cafetería"
Leyó después de que Eren lo escribiera con aquella letra redonda y bonita; mostrándoselo al instante.
– Ahí si se llegar – acordó con un asentimiento, rememorando el camino que tendría que tomar ante aquel mar de calles.
No perdió el tiempo y emprendió la marcha de nuevo, maldiciendo por debajo al sentir como el motor dio algunos indicios de apagarse. La lluvia aún seguía con fuerza, por lo que fue inevitable activar los limpiaparabrisas para evitar estamparse contra algo y morir en el proceso; escuchando ya las reclamaciones de su tío sobre su tumba al dañar su preciada camioneta.
Mientras iba conduciendo con Eren a su lado, no pudo evitar pensar en las palabras de Kenny sobre su actitud. Estaba consciente de que su manera de actuar no fue la más correcta y Eren solo tuvo la mala fortuna de cruzarse en su camino cuando estaba mandando a la mierda a medio mundo, sin embargo, disculpase y demostrar su error no era algo fácil de demostrar.
Ni ahora, ni nunca, ni aunque estuviera en su lecho de muerte.
– Con lo de ayer… – comenzó a decir de imprevisto y sin apartar la vista del camino, atrayendo la mirada curiosa de su acompañante – Supongo que no fue correcto hablarte de esa forma, aunque en mi defensa, ni siquiera sabía que tuvieras esta condición. Hasta luces normal – opino con una ligera sonrisa burlona.
Lo miro de reojo en busca de su complicidad, pero bastó encontrarse con la mirada confundida –y tal vez un poco ofendida– de Eren para darse cuenta que aquel comentario no fue muy bien recibido.
– Suena peor de lo que pensé – mascullo en un susurro, más para sí mismo. Eren aferro más las bolsas contra su pecho en cuanto dio la vuelta en una esquina – Quiero decir que, solo te vi en la calle y te pregunte, ni siquiera note que no hablabas. El mutismo no es algo que se note físicamente y tú tampoco me advertiste sobre es- ¡Arg! A la mierda, olvídalo – cortó su propia explicación con frustración, lanzando una maldición por debajo al darse cuenta de lo estúpido que estaba sonando.
Eren frunció los labios al notar la lucha que tenía Levi consigo mismo, observando como su mandíbula se tensaba ante la inconformidad. Dudo un poco antes de volver a retomar su cuaderno, maniobrando en su asiento al tratar de escribir con coherencia.
Al terminar, tuvo que tirar levemente de la chaqueta de Levi para que le prestara atención.
"– No hay problema. Yo también hice mal en no ir a aclararte las cosas cuando te fuiste enojado. Los dos empezamos con el pie izquierdo"
Y luego, más abajo, había algo que logro que Levi deshiciera su frente arrugada.
Eren había dibujado una carita triste al final de la oración.
– ¿No te han dicho que es peligroso distraer al conductor? – le pregunto al terminar de leer, regresando su vista hacia el frente. Eren bajo el cuaderno con una expresión asustada – Esta bien, tienes razón – acepto tras soltar un chasquido con fastidio – Supongo que tampoco soy una persona muy paciente.
El castaño arrugo su nariz mientras una mueca indecisa se formaba en sus labios, señalando con ello que estaba de acuerdo con sus palabras.
Levi lo miro justo al tiempo en que formaba esa expresión: – Hey – reclamo ofendido, logrando que el castaño alzara las manos en señal de tregua, reemplazando su mueca por una sonrisa vergonzosa al verse descubierto – Que amable – gruño con sarcasmo.
Dejando de lado toda incomodidad que sintió al principio, el castaño señalo fugazmente el local de su madre que comenzaba a verse desde lejos, tomando la oportunidad para guardar sus cosas en su pequeña mochila y retomar las bolsas que le pertenecían, tratando de distribuir el mismo peso en cada mano ante el intento de no dañar nada.
Estuvo a punto de saltar al exterior cuando Levi termino de estacionarse, si no fuera porque le hizo notar un detalle que casi pasaba por alto: – Si no abres el paraguas antes de que te bajes, todo ese viaje abra sido en vano – sentencio, notando de reojo sus movimientos.
Eren se detuvo tras analizar sus palabras, posando su vista entre el paraguas y la manija de la puerta; tomando conciencia de que no podría tomar las dos cosas al mismo tiempo.
Cambiando su expresión a una de vergüenza, dirigió su mirara en dirección a Levi con lentitud, transmitiendo aquella petición que su boca jamás lograría pronunciar pero que sus ojos se dedicaban a plasmar claramente.
Levi enarco una ceja al deducir sus intenciones: – ¿No te estas aprovechando mucho de mi bondad? – inquirió tras cruzarse de brazos, dando a entender que no tenía intenciones de apagar el motor de la camioneta.
Su acompañante alzo los hombros levemente, mordiendo su labio inferior en una expresión de suplica, tal cual cachorro abandonado, como si con ello le diera a entender que dar un poco más de aquella bondad no le vendría nada mal.
Definitivamente, ahora si se arrepentía de haberle recogido.
– Me debes una, mocoso – sentencio tras tomar el empapado paraguas que descansaba bajo los pies de Eren.
Se aseguró de apagar el motor y poner el freno de mano, antes de quitar el seguro de la puerta y salir al exterior con el objeto en mano, luchando contra el viento que trataba de derribar el paraguas y mojarle por completo.
Con pasos rápidos y maldiciendo a su mala suerte, se encamino hasta la puerta contraria para dejar que Eren saliera también, quien no tardo en posicionarse a su lado ante el objetivo de también cubrirse de las grandes gotas de lluvia que azotaban con fuerza.
– Anda – apresuro el azabache mientras lo sujetaba del antebrazo con su mano libre, guiándolo hasta las puertas que conducían al interior de la cafetería entre fugaces roces y pequeños trompicones.
Una relajante oleada de calidez los envolvió en cuanto cruzaron las puertas del local, trayendo consigo el alivio de por fin tener un refugio más resistente que aquel paraguas que –a opinión de Levi– se veía más doblado de lo normal.
– ¿Quién es?
Levi alzo su vista en dirección a la procedencia de aquella voz, encontrándose con una mujer de larga cabellera castaña; quien se asomó por la puerta de la cocina ante el ligero tintineo que provoco la puerta, anunciando la llegada de alguien.
Carla se llevó una mano al pecho con preocupación en cuanto se dio cuenta de la apariencia de su hijo.
– Cariño, estas empapado. Espera ahí, regreso en un momento – ordeno antes de girarse y regresar al interior, buscando inmediatamente algo con que secarle un poco las ropas.
Eren negó levemente ante la actitud sobreprotectora de su madre, tomando la oportunidad de acercarse a una mesa vacía para dejar las bolsas y su mochila sobre ella. Con un ademan, le indico a Levi que dejara el paraguas cerca de la puerta, recargado contra la pared.
A pesar de que era cerca del mediodía y de que el clima era ideal para tomar algo caliente, Levi pudo notar como el local se encontraba completamente vacío y sin indicios de tener clientela pronto.
Al parecer Eren y él habían sido los únicos locos que se habían enfrentado a aquella desafiante lluvia.
Carla regreso a los pocos segundos con un par de pequeñas toallas entre sus manos, aquellas que usaban para el baño. Cabe resaltar que su expresión angustiada seguía plasmada en su rostro.
– Estaba preocupada porque no volvías. No sabía si irías a la casa o vendrías aquí directamente – explico mientras le ofrecía una toalla a Eren, quien automáticamente la tomo para llevársela hacia sus cabellos castaños – Es un alivio que tú y…
La mujer calló en cuanto su vista se dirigió hacía Levi, desconociéndolo como algunos de los amigos que Eren llevaba con frecuencia a la cafetería.
– ¿Puedo? – pregunto el azabache, señalando la toalla que se había quedado a mitad de camino.
Carla reacción al instante.
– Claro, claro. Que grosera soy – se regañó así misma, tendiéndosela por completo – Perdona, es que me sorprendió ver una cara nueva por aquí – trato de excusarse, mirando en dirección a su hijo en busca de un poco de ayuda.
Mientras trataba de quitar la humedad de su ropa, Levi siguió su mirada y observo como Eren le explicaba a base de señas –que quiso interpretar como lenguaje sordo-mudo– quien era él. Al terminar la corta explicación, Carla miro de nueva cuenta a Levi, esta vez con una expresión de sorpresa.
– No sabía que Kenny tenía un sobrino – confesó ligeramente asombrada, examinando detalladamente su apariencia.
– Levi Ackerman – se presentó así mismo, extendiendo una mano con formalidad.
Una presentación muy diferente a la que tuvo con Eren.
– Carla Jeager – acepto su saludo con cariño, fascinada de conocer a alguien nuevo por el pueblo – Se llama Levi, cariño – anuncio como si se tratara de una confesión, mirando esta vez en dirección a su hijo, ignorando como el mayor fruncía el ceño con desconcierto.
Un fuerte sonrojo y una expresión de vergüenza no tardó en aparecerse en el semblante de Eren, quien le había confesado a su madre hace unos segundos que no conocía exactamente el nombre del azabache y que solo podía confirmar sus lazos sanguíneos con Kenny.
Jama creyó que su madre lo dejaría en evidencia de aquella manera.
– Siéntense por allá, necesitan calentarse si no quieren pescar un resfriado – sentencio Carla antes de que Eren pudiera reclamarle al respecto, lista para encaminarse a la cocina de nuevo.
– Yo tengo que regresar – anuncio Levi, cortando de antemano toda invitación – Solo vine aquí a dejarlo – señalo en dirección a Eren, como si se tratara de un niño pequeño que había estado bajo su cuidado.
– Pero la lluvia aun no para – recordó la castaña con un semblante indeciso – Es un alivio que regresaran a salvo, al menos espera hasta que se calme un poco allá afuera. No hay nadie, no me molestaría prepararte algo caliente.
Frunciendo los labios con duda, Levi comenzó a debatirse internamente sobre su respuesta. Tomando en cuenta de que aún no había desayunado ante el nulo alimento comestible que encontró en casa de Kenny, aquella oferta le venía bien a su estómago, sin embargo, también era consciente de que no había llegado al pueblo para conocer gente; mucho menos para hacerse amigos de ellos. Su principal objetivo al subir al avión había sido alejarse de todo y vivir con la poca dignidad que aún le quedaba.
Desconociendo completamente que todos sus planes se vendrían abajo de ahora en adelante.
Eren lo sujeto de la muñeca de una manera inesperada, logrando obtener con ello su atención por completo. Con una mirada cómplice y una sonrisa alentadora, comenzó a guiarlo hasta el área del desayunador, llevándolo a pesar de que el azabache se resistió un poco al principio mientras lo miraba con duda. Soltó el agarre en cuanto el camino se lo impidió, tomando ahora la oportunidad para montarse sobre una de las pequeñas sillas que reposaban por ahí, palpando el lugar continuo en una invitación silenciosa.
Una sonrisa contenida apareció en los labios de Carla ante aquel gesto.
Levi se quedó de pie justo donde Eren lo había dejado, no muy convencido de tomar asiento junto a él. Dio un vistazo en dirección al el reloj empotrado en la pared, confirmando con ello que aún faltaban un buen par de horas para que Kenny regresara a casa. Además, la lluvia en el exterior seguía con la misma fuerza con la que había llegado, siendo un claro indicio de que el pavimento de las calles estaba ligeramente resbaladizo.
La camioneta seguía sin tener un buen motor, poco dudaba que los frenos corrieran con mejor suerte.
Para su desgracia; la decisión ya estaba tomada.
– ¿Te gusta el chocolate caliente, Levi? – pregunto la mujer en cuanto notó como comenzaba a tomar asiento en el desayunador, tomando la oportunidad de seguir antes de que pudiera arrepentirse de su decisión.
– No me molesta – respondió, sin dar exactamente una respuesta positiva.
– En ese caso, ahora te va a encantar – prometió la castaña con un ligero guiño, regresando entusiasmada hasta la cocina – ¡No tardo! – aseguro antes de desaparecer al cruzar la puerta.
Dejando la toalla con la que se había secado sobre la superficie frente a él, Levi aprovecho la ocasión para mirar de reojo a su acompañante con una mirada quisquillosa. Observo como Eren jugueteaba ligeramente con un pequeño recipiente que contenía azúcar en su interior, deslizándolo continuamente entre las palmas de sus manos sin tomarle mucha importancia; buscando matar algo de tiempo.
– Así que… ¿Te subiste al carro de alguien sin siquiera saber su nombre?
El castaño detuvo sus movimientos ante aquella pregunta, notando el ligero tono burlón en las palabras de Levi al usar el comentario de Carla para dejarlo en evidencia.
Le devolvió la mirada con cierto recelo, advirtiéndole que él no tuvo la culpa de no saber aquel detallé cuando fue Levi quien ni siquiera tuvo la decencia de presentarse la primera vez.
– No lo digo yo, lo dijo tu madre – se excusó Levi, encogiendo los hombros como si aquello no pudiera evitarse – Es ofensivo no saber el nombre de tu salvador.
Eren no pudo evitar soltar una ligera resoplido por debajo, riendo ante la imagen que tenía Levi de sí mismo. Asintió con un ligero sarcasmo, afirmando burlonamente que tenía toda la razón.
Levi enarco una ceja ante su expresión: – Mocoso malagradecido – refunfuño, tomando la toalla que anteriormente había utilizado para aventarla en su dirección; castigándole por su comportamiento.
El movimiento fue tan rápido e inesperado que la toalla dio de lleno en el rostro de Eren, quien ni siquiera tuvo la oportunidad de poner sus manos para detener aquel proyectil; quedando su rostro completamente escondido en aquel objeto húmedo.
Si tan solo a Levi se le hubiera ocurrido hacer eso cuando se conocieron, evitándole la molestia y necesidad de sentir el ligero hormigueo en sus manos ante el deseo de pintar y plasmar aquel par de ojos esmeralda.
Probablemente las cosas hubieran sido más fáciles de ahora en adelante.
– Eren, no lo molestes – regaño Carla al ingresar de nuevo al lugar, justo cuando el castaño estaba por devolver el ataque y buscar su venganza.
Eren bajo el brazo con una expresión protestante, inconforme por aquella falsa acusación cuando él solo se estaba defendiendo. Escucho claramente como Levi soltaba un bufido de burla a su lado, divertido de ver como los papeles se habían invertido.
– Anda cariño, le puse muchos malvaviscos como te gusta – Carla dejo una gran taza frente al castaño, intentando que Eren quitara la mirada rencorosa que le dirigía a su compañero.
Ignorando su letal mirada, Levi inspecciono la taza que había dejado Carla para él, notando como pequeños rastros de vapor salían a causa de la temperatura. El líquido chocolatoso tenía un ligero tono café, transmitiendo que su contenido era ligero pero sin perder su característico y especial sabor dulzón. Pequeños malvaviscos adornaban la parte superior, flotando uno contra otro y dando con ello una imagen más familiar, más cálida; trayendo consigo un confort más abundante.
– En agradecimiento por traerlo – agrego la mujer, animándole a tomar un sorbo.
Tomo la taza cuidadosamente con las dos manos, llevándola hasta sus labios antes de darle un ligero sorbo a la bebida, teniendo precaución de no quemarse en el intento. De inmediato, una sensación placentera recorrió su garganta hasta asentarse en su estómago, sintiendo como el chocolate caliente realizaba un fugaz recorrido, reconfortando los lugares por donde pasaba.
Un relajado suspiro salió de sus labios en reacción.
– ¿Hace mucho que llegaste? – Carla recargo sus codos sobre el desayunador, mirándolo con evidente curiosidad.
– Ayer, apenas – relamió sus labios antes de continuar – De hecho, vine aquí a comer algo con Kenny.
Carla arrugo su frente: – Eren no me dijo nada sobre eso – expreso con inconformidad – Entonces ¿Ya se conocían desde antes?
Levi miro de reojo al castaño, justo cuando se llevaba un malvavisco a la boca. Eren le devolvió la mirada mientras masticaba, dándole el honor de responder la pregunta.
– Se puede decir que si – rodó los ojos ante el recuerdo – Al menos sé que es malo para dar indicaciones.
El castaño frunció el ceño en un reclamo, dejando en claro que estaba en desacuerdo con sus palabras. Se estiro un poco para alcanzar una servilleta del mostrador, buscando con la mirada algún objeto con el cual escribir.
Carla le ofreció silenciosamente una pluma de su delantal, la cual Eren tomo con una leve asentimiento de gratitud antes de comenzar a escribir sobre aquella libreta improvisada. La mostró en alto cuando terminó, dejando ver su defensa.
"– ¡Levi es malo para orientarse! Nadie normal puede perderse en este pueblo"
– No he pisado este lugar en años, es obvio que desconozco varios lugares – refunfuño Levi de inmediato a pesar de que las palabras de Eren tenían cierta razón.
Nunca fue bueno en guiarse y seguir instrucciones.
– Deberías salir más – aconsejo Carla – Conocer cosas nuevas siempre es bueno. Tal vez Eren puede guiarte un poco por los alrededores.
– No vine aquí a turistear – aclaro Levi sin inmutarse, dando otro sorbo a su bebida.
– ¿Entonces? ¿Qué te motivo a venir?
Ahí estaba la pregunta de nuevo.
Decir que había llegado a ese viejo pueblo en busca de huir de sus decisiones solo lo dejaría como un cobarde. Porque aunque le costara aceptarlo, en parte lo era; pero eso no quería decir que todos tuvieran que ser conocedores de ello.
– Tomar un ligero descanso – respondió tras pensárselo unos segundos – Las cosas de la cuidad pueden ser un buen dolor de cabeza.
– En ese caso, lo mejor es que te distraigas – animó la mujer con una sonrisa reconfortante.
– No creo que salir y distraerme me ayude mucho a solucionar mis problemas – replico Levi sin dar muchos detalles, recargando su mentón en la palma de su mano.
– Las cosas a veces no son como una la espera – contradijo la mujer en un tono maternal tras sentir una ligera sensación de decepción en la voz del azabache– Todos tenemos tropiezos, pero lo único que nos queda es luchar contra ello para seguir adelanté. De otra manera, siempre nos hundiríamos en el mismo pozo.
Sus palabras le calaron más de lo que esperaba, como si las hubiera dicho con un propósito en mente.
Como si conociera de la situación que lo conllevo a refugiarse en el pueblo.
– Mañana hay un pequeño festival en la plaza central. Anímate a ir – invito Carla ante el silencio del azabache – Irán tus amigos ¿No, cariño? – pregunto, esta vez en dirección a su hijo.
Eren asintió lentamente, mirando de reojo al mayor. Dejo de lado toda actitud recelosa en cuanto pudo percibir como los hombros de Levi se habían tornado ligeramente tensos ante las antiguas palabras de su madre.
Aquella frase que siempre le decía cuando se enfrentaba a una situación desanimante, cuando su dificultar para comunicarse era un impedimento para destacar; para sentirse útil sin depender de una libreta y una pluma.
– Sera divertido. Puedes venir aquí al terminar, hare un rico pastel de plátano. Les guardare una buena rebanada – prometió la castaña, intentando fervientemente a que aceptara.
– No estoy seguro de si el viejo dejará que tome la camioneta de nuevo – lanzo una rápida excusa – Hoy solo fue porque tuve que hacer unas compras y la lluvia no se detenía.
– No hay problema, Eren puede ir a buscarte y de ahí caminar al festival – respondió con simpleza, brindándole una rápida y fácil solución.
Levi alzo una ceja ante la idea, mirando interrogante al castaño a su lado; haciéndole una pregunta silenciosa sobre qué opinaba al respecto. Buscando con ello, un aliado para denegarse.
Gran fue su desconcierto cuando recibió como respuesta una pequeña sonrisa alentadora de su parte, moviendo la cabeza de arriba y abajo en un asentimiento seguro.
Eren no se lo había pensado mucho antes de dar una respuesta afirmativa, en especial, cuando una sensación de curiosidad nacía desde su interior cuando se trataba de la presencia de Levi, de su actitud; de la distancia que mantenía ante cualquiera que se le acercara.
Como si construyera una barrera y no quisiera que nadie la traspasara.
– ¿Es para fastidiarme? – cuestiono Levi en su dirección, mirándolo con duda.
Eren encogió los hombros de una manera graciosa, ensanchando su sonrisa para dejar ver sus alineados dientes, tomándole el pelo ante su idea; siguiéndole el juego con diversión.
Levi chasqueo resignado, rodando los ojos por su respuesta: – Más vale que no pases tarde – sentencio en un gruñido, sin tener más opción tras verse acorralado por la emoción trasmitida por sus ojos, atrayéndolo inconscientemente bajo los deseos que pensaba contener en los más recóndito de su interior.
Desvió la mirada, centrándola de nuevo en su taza mientras escuchaba como Carla se recriminaba así misma tras darse cuenta que no les había ofrecido algún tipo de aperitivo.
Frente a él aún seguía la servilleta que Eren había usado para transmitir sus reclamos, un poco arrugada por la presión que había ejercido sobre ella.
Tal vez fue un error haber recogido a Eren en medio de la lluvia.
Tal vez alguien más se hubiera compadecido de él y lo hubiera salvado.
Tal vez, y solo tal vez; su vida no hubiera cambiado tan radicalmente por su presencia.
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– ¿Qué es esto?
Levi aparto la mirada del televisor para mirar en dirección a su familiar, quien se asomaba por entre la puerta que conducía a la cocina para mostrar en alto una bolsa transparente; repleta de pequeñas galletas con sabor a mantequilla.
– ¿Galletas? – respondió Levi con obviedad, arqueando una ceja con falsa duda.
– Eso ya lo sé, bastardo. Mi pregunta es de donde las sacaste – corrigió Kenny ante su sarcasmo, curioso tras haberlas encontrado en medio de la mesa del comedor – Tú no sabes ni hervir agua – comento, dejando en claro que conocía de sus nulas habilidades culinarias.
– Me las regalaron – atajó sin tomarle mucha importancia, regresando su vista hasta el aburrido programa – Si no las quieres, dámelas. Tuve que hacer de mucho esfuerzo para dejarte algunas.
– ¿Desde cuando la gente te regala cosas? – frunció el ceño con desconcierto, abriendo la bolsa para escarbar dentro de ella y tomar una galleta. La inspecciono un poco antes de llegársela a la boca; reconociendo el sabor de inmediato: – ¿Fuiste a la cafetería de nuevo?
Levi había tenido la ligera esperanza de que su tío solo se hubiera dedicado a comérselas en silencio.
– Recogí al mocoso en medio de la lluvia – informo tras devolverse la mirada – Lo lleve hasta ahí pero su madre insistió que me quedara hasta que el clima se calmara.
– Que amable de tu parte – comento Kenny con sorna, sentándose en uno de los sillones desocupados con cansancio.
Su cuerpo ya le estaba exigiendo un merecido descanso.
– No jodas, viejo – gruño el menor con fastidio, siguiéndolo con la mirada – Solo me quede un rato.
– Lo que más me sorprende es que te animaras a recogerlo – confeso sin ocultar su sorpresa, recordando las negaciones de su parte ante la idea de socializar – Pensé que no querías pasar tiempo con él ¿Las cosas entre ustedes mejoraron?
– Algo así – rodó los ojos en cuanto recordó la actitud del castaño – El mocoso es un dolor de cabeza; gracia a él termine mojándome después de todo. Me arrepentí de haberle ayudado.
– Vamos Levi, no seas tan aguafiestas. Un poco de lluvia no te dejara en la tumba – se quejó Kenny mientras tomaba otra galleta, llevándosela a la boca de inmediato – No viniste aquí a pasártela encerrado en la casa – repuso con un poco dificultad al tener la boca llena – Ni tampoco es bueno que te quedes aquí de amargado.
– Lo aprendí de ti – atacó en su defensa, irguiéndose del sillón para girarse hacia él con los brazos cruzados.
– Un golpe bajo – acepto Kenny con una fingida mueca de dolor – Pero que quede en claro que yo te enseñe más cosas que solo poner cara de estreñido.
Levi entorno los ojos en su dirección, advirtiendo que estaba tanteando en terreno peligroso.
– Como sea, el punto es que te hará bien salir – cambio de tema tras notar la advertencia – Mañana habrá un pequeño festival cerca de aquí, puedes ir a echarle un vistazo rápido.
– De hecho, si voy a tener que ir – aclaro Levi con una mueca, no muy conforme con la decisión.
– ¿Qué mierda? ¿Y eso? – Kenny alzo sus cejas anonadado.
Ya se había preparado mentalmente para recibir una rotunda negación.
– Es por obligación, no tuve opción de negarme – exclamo antes de que pudiera imaginarse ideas erróneas – Eren vendrá mañana para guiarme hasta allá.
– ¿Dejaras que él venga a recogerte? – frunció el ceño inconforme, dejando ver su desacuerdo – Que tacaño eres.
– No traje mi carro – repuso Levi tras buscar una excusa.
– ¿La camioneta está pintada, o qué? – replico Kenny en ironía, ofendido de que despreciara a su pequeña adoración.
– ¿Enserio me dejaras volver a tomarla? – alzo una ceja con desconfianza, dudando un poco de la caridad que estaba recibiendo.
– Claro, no voy a dejar que Eren camine tanto – repuso en defensa del castaño – Vas por él mañana y de ahí conduces hasta el parque central; muestra un poco de gratitud al menos. Tu madre ya te habría jalado de la oreja si se hubiera enterado de esto.
– Si yo hubiera ido solo hasta allá ¿Me la hubieras prestado a un así? – inquirió tras pensar que su caridad giraba en torno al castaño.
El silencio de Kenny se lo confirmo.
– Y dices que el tacaño soy yo – gruño Levi, lanzándole un cojín que alcanzo a tomar entre su mano – A la próxima ni te guardo galletas, vejete.
Kenny se rio ante su sentencia, esquivando el proyectil con facilidad. Se aseguró de tomar la bolsa con fuerza como medida de prevención: – No hagas caminar tanto al pobre chiquillo, ya tiene suficiente con aguantar tu amargura como para tener que lidiar también con el cansancio y el frio.
– Que tome la responsabilidad de su decisión. Ni siquiera sé porque acepto ir – se froto los ojos con cansancio – No saca ningún beneficio de esto.
– Alomejor solo quiere pasar un buen rato, no necesitas de muchas razones para salir a divertirte un poco – hurgo de nuevo, en busca de otra galleta – Tal vez encuentres algo con que inspirarte para realizar nuevas pinturas.
Levi formo una mueca en sus labios, recargando su cabeza hacia atrás para ocultar los ojos con su antebrazo; conteniendo las ganas de confesar que en realidad quería todo lo contrario.
– ¿Sus ojos siempre han sido así? – susurro tras un breve momento de quietud, permaneciendo en la misma posición.
Buscando saciar un poco de su inexplicable curiosidad.
– Bonitos ¿No? – Kenny ladeo sus labios en una sonrisa, notando el ligero interés en su voz – Siempre lo alagan por ello, tanto; que antes se sonrojaba todo el tiempo por aquel tipo de comentarios. Todos igualaban sus ojos con un par de esmeraldas. Cualquiera se vería perdido de tan solo admirarlos.
Levi frunció el ceño y guardo silencio, dejando que su nula respuesta fuera interpretada como el fin de la conversación.
Su imaginación le hizo una jugarreta y no pudo evitar pensar en el castaño con unos años más infantiles; sonrojado y avergonzado al ser el centro de muchas miradas curiosas. Sus ojos se seguían manteniendo igual de grandes y hermosos, justo como los había conocido la primera vez que volvió a pisar los alrededores del pueblo; justo como los admiró ante el deseo de plasmarlos eternamente.
Más que un simple comentario, las palabras de Kenny cargaban una fuerte realidad.
Después de todo, él mismo estaba siendo víctima de ellos.
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Respondiendo reviews en anonimo:
~ Akire: Muchas gracias por las felicitaciones c: Quise consentir un poquito a Levi al hacer más altito que Eren(?) Pero me alegra mucho que tambien me leyeras por acá y que el capitulo sea tu agrado. Agradezco mucho tus buenos deseos ;A;
~ Miri-Anath97: Su primer encuentro fue algo único xD Pensé en escribir algo entre divertido pero que sacara a Levi de sus cavilaciones :v Porque después de todo, el mocoso se dedicara a ello durante todo el fic c: Bueno, como veras en este nuevo capitulo, si tiene continuación ;A; Es un nuevo proyecto, alomejor algo cortito, no tengo muy pensado cuan largo sera, pero espero que te gusten los capítulos hasta ahora. Muchas gracias por felicitaciones y me alegra mucho que el titulo te gustara, es reconfortante ;A; !Nos leemos a la próxima!
~ Tochy: La paciencia, namas no ;-; Jajaja muchas gracias por tus felicitaciones !Y por pasarte por aqui tambien! Espero que este nuevo capitulo te guste de igual manera. Nos leemos despues c:
~ Heidy: Me emociona saber que esta historia tambien te gusto, me motiva a seguir esforzando por más ;A; Estoy en las mismas contigo, solo he leido un fic que muestre a un Eren mudo y las ganas de leer algo asi me inundaron. Así que, a ver que sale de aqui ;A; Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerme y de comentar. Nos leemos a la proxima! c:
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Solo puedo decir que estoy agradecida por el apoyo, espero tenerlas por aquí hasta que esta pequeña idea llegue a su fin c:
Como siempre y creo que nunca dejare de hacerlo, pido perdón si encontraron alguna falta de ortografía escondida por ahí. Esos errores cada vez pasan más desapercibidos por mis ojos ;-;
Cualquier comentario, critica reconstructiva, consejo, apoyo; no duden en dejarlo en un review.
Besos, abrazos y miles de apapachos.
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~ ¿Review? ~
