Sólo quería un vaso con leche (Rose/Scorpius)
Había muy pocas cosas que llegaban a molestar a Rose Weasley, que era una persona paciente, amistosa y bastante agradable; a todo le veía el lado positivo, razón por la cual la gente solía rodearla como si fuera el centro de atracción a cada momento. A ella no le molestaba, pues si había algo que le gustaba era conocer a las personas.
La única cosa que lograba sacarla completamente de quicio era perder la inspiración para escribir. El problema era que ella no escribía cualquier cosa, sino que, desde hacía dos años, cuando estaba en su quinto año en Hogwarts, su tía Ginny, emocionada por una historia que Rose había escrito, se la había mostrado a alguien en su trabajo en El Profeta y desde entonces tenía su propia columna en el periódico, donde escribía una historia por semana acerca de cualquier cosa que se le ocurriera, pues los lectores más jóvenes se deleitaban con algo escrito por alguien que los entendía.
A pesar de eso, Rose se había mantenido en el anonimato (ser la hija de dos de los héroes de la guerra ya daba mucho de qué hablar) y sólo su familia y unos cuantos de sus amigos más cercanos sabían que todo lo que ella escribía en sus libretas se leía en los ejemplares de los domingos.
En ese momento, mientras reflexionaba todo esto, Rose se encontraba en su dormitorio de la torre de Gryffindor, con una pluma entre los dedos y bufando cada que la fuerte respiración de sus compañeras al dormir la interrumpía de sus propios pensamientos. Y es que al día siguiente tenía que entregar el adelanto de la nueva historia y no sabía cómo continuar.
El problema de escribir historias de amor cuando hace tanto que no tienes una propia, es que no se pueden recordar los sentimientos y sensaciones tal cual, como las ensoñaciones después de un dulce beso o de la primera vez que el chico correcto te toma de la mano.
-Necesito un vaso con leche- suspiró Rose dándose por vencida. Se calzó los zapatos, se puso una bata y salió de la torre con cuidado de no ser vista. La abuela Molly siempre decía que no había mejor remedio para concentrarse que la comida, y beber leche tibia en la noche era lo que más le gustaba a Rose para recordar su casa, donde su padre le daba precisamente un poco de leche cuando estaba de mal humor.
"Veamos, la chica quiere estar con él, eso es razonable" pensaba Rose mientras caminaba, el aire fresco del castillo le ayudaba a aclarar sus ideas "él también quiere estar con ella, pero ¿qué los separa? su propia cobardía. Eso es algo difícil de apelar" pensó frustrada "¿cómo podría describir el beso que los une de una vez por todas? Porque aunque quieran aparentarlo, no fue accidental, llevan deseándolo desde que se hicieron amigos a los quince años…"
Una vez que llegó al retrato del frutero y le hizo cosquillas a la pera, Rose vio a unos cuantos elfos que terminaban de fregar los trastos que habían utilizado para la cena de esa noche. Todos la saludaron con alegría y se apresuraron a traerle su tan ansiado vaso con leche. La pelirroja se dirigió a una pequeña mesa que ella y su prima Dominique usaban siempre que se escapaban del barullo del Gran Comedor para tener una charla amigable entre primas. Su sorpresa fue que la mesa ya estaba ocupada.
-Scorpius- zarandeó Rose al rubio amigo de su primo Al (y la persona más noble que ella alguna vez hubiera conocido) que se encontraba semi dormido sobre la mesa. Él se sobresaltó y Rose se sonrojó al verlo. Se veía bien con esa playera holgada y sin las gafas que siempre llevaba sobre el puente de la nariz.
-Casi me matas del susto, Rose- dramatizó él llevándose una mano al corazón, sonriéndole.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Rose tomando asiento frente a él, después agradeció al elfo que le había llevado su bebida y volvió a mirar al rubio a los ojos. Lucía muy pálido.
-Nada en particular- contestó él tratando de sonar casual- ¿y tú?
-Libero mi frustración tomando un poco de leche- comentó Rose encogiéndose de hombros. Scorpius, al ser allegado de la familia Weasley, sabía de la "doble vida" de la pelirroja y siempre insistía en que lo dejara leer sus escritos antes de que fueran publicados, pues le gustaba saber más.
-¿Aún sigues sin completar tu cuento?- preguntó él con interés.
-Es sólo que…- comenzó Rose, confiaba tanto en Scorpius que decirlo le pareció natural- hace tanto tiempo que no salgo con alguien o que… me besan, que no sé cómo hacerlo parecer real en la historia ¿me entiendes?
Un estruendoso estornudo la interrumpió. Ahora sabía por qué el chico lucía tan pálido.
-¿Por qué no me dijiste que estás enfermo?- preguntó Rose perturbada. Scorpius intentó irse corriendo, sabía qué tan extremista era la chica al cuidarlo cuando estaba enfermo. Una vez no lo había dejado salir de su habitación por dos días porque tenía tos. Había ido a las cocinas con la esperanza de que un buen té le ayudara, pero no fue así.
-No, jovencito- dijo Rose severamente y le puso una mano en la frente para tomar su temperatura-, ahora mismo te vas a la cama, pero antes tomas una poción antiresfriado, ¿oíste bien?
-Bien- cedió el rubio luego de un duelo de miradas en la que él perdió. En el fondo le gustaba que ella lo cuidara, pues era uno de esos momentos en los que era sólo suya y de nadie más, como solía suceder en los pasillos de la escuela. ¿Qué si sufría al sentir la mano de Rose entre la suya llevándolo a su dormitorio? No, definitivamente no.
-Rose, no se supone que entres en las habitaciones de los chicos- se escandalizó Scorpius al ver que ella lo seguía dentro del dormitorio de los chicos de séptimo.
-No seas tonto, Scorp, estás enfermo- Rose rodó los ojos y lo obligó a tumbarse en su cama después de aplicarle un muffliato a los chicos del dormitorio, entre los que se encontraba Al. Scorpius se había imaginado algo así muchas veces, pero en otras condiciones.
Scorpius no supo de dónde, pero Rose había sacado de su bata una botellita roja que le hizo beber. Sabía a fresas.
-Con eso te sentirás mejor- le sonrió Rose y él le agradeció con la mirada. Antes de irse, la pelirroja le hizo una caricia en la coronilla que lo hizo sonreír.
Al día siguiente, por supuesto, Scorpius estaba completamente curado, no quedaba rastro de ese molesto picor en la nariz ni de esos estornudos inoportunos. Se sentía la mar de bien, listo para ayudar a Rose como ella lo había ayudado el día anterior. Tampoco es que le fuera a costar mucho o que fuera un gran sacrificio.
-¿Rose, te puedo hablar un momento?- preguntó el rubio cuando bajó las escaleras del dormitorio y encontró a Rose que iba saliendo del retrato con una cantidad considerable de personas.
-Claro- contestó ella alegremente y se alejó de los demás. Rose sabía valorar a los verdaderos amigos, por eso era que hablar con Scorpius era prioridad en ese momento- ¿te sigues sintiendo mal? ¿quieres ir a la enfermería?- preguntó ella cayendo en cuenta.
-No, me siento de maravilla- tranquilizó él y la tomó de la mano para dirigirla a un lugar poco abarrotado. Rose sintió su estómago dar un vuelco. Nunca lo había querido admitir frente a sus primos, pero podía que ese chico le gustara un poco…
-¿Qué sucede?- preguntó ella al ver que tomaban un camino diferente al del comedor y se escondían tras un tapiz.
-Quería agradecerte lo que hiciste ayer- comenzó él- y ayudarte con tu problema de inspiración, si es que aún no terminas…
-¿Y cómo me ayudarías?- preguntó ella curiosa.
Scorpius la rodeó por la cintura con los brazos y la contempló por unos segundos que a Rose le parecieron una eterna tortura. Tener el rostro de Scorpius tan cerca de ella le recordaba el breve flechazo que había tenido con él cuando se conocieron en primer año. Había madurado, su rostro era más varonil y menos aniñado, y no pudo evitar perderse en sus ojos, que la analizaban completamente, deteniéndose en sus labios rojos. Scorpius terminó con su agonía y la besó suavemente. Era el mejor beso que alguien le hubiera dado nunca, suave y apasionado, lo que la hizo sentir miles de snitches en el estómago y unas increíbles ganas de sonreír, lo cual hizo cuando terminó.
-Debería necesitar más inspiración más seguido si el buscador de Gryffindor me va a besar para ayudarme- dijo Rose coqueta.
-Por mí encantado- sonrió Scorpius sin dejar de abrazarla.
En definitiva ahora Rose cambiaría por completo la historia por una donde involucraba un vaso con leche a media noche, un resfriado y un beso. Quizás así, Scorpius se daría cuenta de cuánto había significado ese beso para ella.
¡Hola! Les dejo este capítulo recién salido del horno xD es de mis favoritos. Por favor, comenten para saber qué les pareció y si puedo mejorar en algo. Mil besos y abrazos para todos!
