Hola de nuevo! Aquí Son Crow al habla.

Nuevamente, quiero agradecer a Momonade por ser la beta reader de este capitulo.

Te debo todo, mujer.

Sin mucho mas que decir, el nuevo capitulo de este fic.


Color Falso

Capitulo 2: Color confianza.

Fue al sexto día desde la muerte de su padre –Choromatsu ya lo sabía, pero el número seis siempre estaba detrás de ellos en todo lo que hicieran, como una mala y repetida broma– en que la familia decidió hacer la sucesión de título.

Todos estaban vestidos de etiqueta, con mayor elegancia que para su propia fiesta de cumpleaños, pero obviando los detalles de colores pues, a diferencia de ésta última, no había ánimos para celebrar.

Todo estaba totalmente de negro ese día, al igual como lo había sido desde que su padre fue encontrado sin cabeza en su estudio. Y, aunque parecía un melodrama de televisión, hasta el mismo cielo estaba vestido de gris, ocultando el sol de la mañana tras sus nubes, y ahogando los sollozos de su madre con su ruidosa lluvia. Tal vez lo único colorido resultaba ser la llamativa alfombra roja bajo sus pies, la cual marcaba el camino que ellos; que Osomatsu debía seguir.

"Me estoy comenzando a poner nervioso. Creo que me sudan las manos."

La risilla incomoda de Osomatsu lo sacó de su propio melodramático análisis del lugar. Choromatsu giró su cabeza para poder ver cómo su hermano tenía una mano sobre su propio pecho y sonreía de lado mientras miraba a su alrededor.

La expresión y el tono de voz no eran distintas al usual Osomatsu, y así había sido desde el día posterior a la muerte de su padre. Aquello resultaba asombroso y aterrador para el tercer hijo. No podía entender como su hermano lograba no sentir la tristeza al igual que él, quien había dejado de llorar solo hace un par de días atrás. Siquiera en la recepción del funeral de su padre fue capaz de controlar sus lágrimas.

"Oye, el próximo jefe no puede ponerse así de nervioso." Todomatsu le susurró desde atrás de él, con una sonrisa malévola. "Recuerda que debes decir el juramente frente a todos, también."

"Ugh. No me lo recuerdes. De verdad creo que vomitaré."

Y Osomatsu volvió a reír, acompañado esta vez de todos sus hermanos menores, salvo por Choromatsu que lo seguía viendo atónito.

Tal vez era la táctica de 'alguien más nervioso que tu puede quitarte los nervios' la cual lo había hecho posible, pero con solo unas palabras el hermano mayor de los Matsuno había logrado borrar las expresiones sombrías en su grupo familiar de seis.

"Hey, manténganse serios." Choromatsu optó por regañarlos, no cediendo a su necesidad de sonreír. "Ya debe estar por comenzar."

Y como si estuvieran esperando aquellas palabras, los murmullos de la multitud cesaron y alguien anunció el inicio de la ceremonia. "Demonios, eres vidente, Choromatsu" le dijo Osomatsu entre dientes aun con la sonrisa en los labios.

Choromatsu aún no descubría si los nervios de su hermano eran una mentira o no, pero habían conseguido que las comisuras de sus labios subieran en una muy, muy pequeña sonrisa.

Los sextillizos se encontraban en uno de los extremos de la alfombra roja que atravesaba el salón justo en la mitad, mientras que en el otro extremo aparecía su madre desde una puerta contigua, junto a uno de los hombres de su padre, el cual llevaba en una almohada roja una caja negra.

"Bienvenidos sean todos." La voz de su madre resonó en el salón. "Sé que muchos se sorprendieron por nuestra rápida reunión, pero realmente les agradezco por asistir."

La mujer sonrió, en lo que Choromatsu entendía como un simple acto para la ocasión, pues sabía que hasta esa mañana ella seguía sufriendo la pérdida de su esposo.

Debido a la inesperada muerte de su padre, los preparativos para la sucesión del título de jefe habían sido rápidos, y muchas de las invitaciones prácticamente llegaron a sus destinatarios con el tiempo suficiente para que los convocados lograran llegar a tiempo para ese día.

Aliados de la familia, importantes figuras y amigos habían sido invitados. Los mismos que ahora rodeaban el camino formado por la alfombra roja, esperando a que Osomatsu jurara su lealtad a la familia.

"Si mi esposo estuviera aquí, estoy segura de que esta ceremonia no se realizaría." Matsuyo fingió una risa dulce. "Pero como no es así, es hora de dar paso a la nueva generación." La vista de su madre, que antes estaba perdida en la multitud, se dirigió al grupo que formaban sus hijos, sonriendo con la dulzura que ellos conocían de memoria, pero con un leve deje de tristeza.

En cuanto la mujer pronunció esas palabras, Osomatsu dio un paso al frente emprendiendo su caminata hasta el otro extremo de la alfombra, allá donde le esperaba su madre. Seguido de él avanzaron Karamatsu y Choromatsu, mientras que detrás de ellos Ichimatsu, Todomatsu y Jyushimatsu les imitaron.

Choromatsu mantuvo la vista hacía el frente, sin mirar nunca hacía los lados para no encontrarse con los ojos de los invitados y colocarse más nervioso de lo que ya estaba. El corazón le palpitaba a mil por hora, y pensaba que se le iba a salir en cualquier momento.

El camino hasta su punto de encuentro nunca le pareció tan eterno como en ese segundo. Ni siquiera quería imaginar que era lo que estaba pensando Osomatsu en esos momentos, quien estaba al frente de él con la vista fija en su madre.

"¿Están nerviosos?" fue lo primero que Matsuyo preguntó en cuanto llegaron a su encuentro.

"Creo que dejé de respirar en una parte del camino." Se confesó Choromatsu.

"Quiero irme ya." Ichimatsu fue más directo con sus deseos.

"Solo apresúrate para poder ir al baño un segundo, mamá." Osomatsu le sonrió de lado también a ella, y Choromatsu seguía preguntándose cómo era posible que pudiera bromear en aquella situación.

El hombre junto a su madre se acercó con aquella almohada roja entre sus manos –de cerca Choromatsu pudo notar que era de terciopelo con cordones dorados– y procedió a abrir la caja negra con adornos de oro, dejando paso a la vista de una joya que reposaba en su interior: Un anillo plateado con el adorno de un pino en el centro, símbolo de la familia Matsuno. Los diseños de ramas y hojas rodeaban el árbol con elegancia.

Matsuyo tomó el anillo y Osomatsu extendió su mano para que fuera colocado en su dedo anular.

"Di tu juramento."

A diferencia de cuando les preguntó cómo se encontraban, esta vez la voz de su madre resonó fuerte para ser escuchada por el resto de los presentes, pero nunca siendo un grito. Era solemne y digna.

Osomatsu inhaló hondo. "Yo, Matsuno Osomasu, juro proteger esta familia con lo que este a mi alcance, guiando a todos los hombres que colocar sus vidas a mi cargo con seguridad, velando por todos ellos."

La voz de Osomatsu adquirió el mismo tono respetable.

Y tras escuchar esas palabras, la mujer terminó de colocar el anillo en la mano de Osomatsu, sosteniéndola ahora entre las suyas, pequeñas a comparación de las de su hijo. "Tu padre hubiera estado orgulloso de ti" dijo con una sonrisa dulce, solo para él y sus otros hijos.

"Lo vengaré, mamá."

Las palabras del mayor fueron suaves y bajas, en un tono desconcertantemente serio –irónico sorprenderse por ello considerando la situación–, pero lo suficientemente claras para que su madre y sus hermanos las escucharan.

Según la tradición, el anterior jefe de la mafia debía colocar el símbolo de la familia, el anillo de los Matsuno, en la mano del jefe de la siguiente generación, mientras que la mano derecha sería quien lo lleve hasta ellos. Pero ahí estaba su madre, la mano derecha del anterior jefe, reemplazando a su padre.

La mujer no pudo evitar que una lágrima se deslizara por una de sus mejillas, logrando que a Choromatsu se le estrujara el corazón, reteniendo las ganas de abrazarla y llorar junto a ella.

Los aplausos en celebración aparecieron en el instante que la mujer soltó la mano de Osomatsu.

Los invitados a aquella reunión felicitaban al nuevo jefe, mas en el caso de Chotomatsu y de sus otros hermanos, ellos felicitaban a su hermano por haber dicho aquellas palabras que llevaban los deseos de los sextillizos: Vengar a su padre.

"Entonces…" Osomatsu giró sobre sus talones con una sonrisa típica de él, mirando a sus hermanos, al mismo tiempo que Choromatsu notaba por el rabillo del ojo como uno de sus hombres entraba con una caja también sobre una almohada de terciopelo rojo. "Es hora de coronar a mi mano derecha."

Aquel anuncio tomo desprevenido al resto de los sextillizos, pero al parecer el resto de los presentes estaban esperando por ello, pues silenciaron en cuanto el mayor de los Matsunos se giró para verles. Y claro, no era para menos, después de todo, a quien eligiera como mano derecha, prácticamente sería el mismísimo jefe de la familia.

Osomatsu sacó de la caja que le habían acercado un anillo parecido al que su madre le acababa de entregar, nada más que más pequeño y con el símbolo del pino en rojo.

Un claro símbolo de que aquello era de parte de Osomatsu, pensó Choromatsu.

"Dame tu mano, Choromatsu."

Su nombre sonó extraño dicho por su hermano mayor, casi desconocido. No pudo evitar darle una mirada de desconcierto al contrario, cuestionándole de si estaba seguro con lo que había dicho. "No me mires así. Solo dame tu mano para ponerte esto y terminar." Fue lo que le dijo sonriente.

Choromatsu movió la mano temblorosa y la puso sobre la de su hermano, sintiendo como el corazón le comenzaba a latir a cada segundo más y más apresurado. El frío metal deslizándose por su dedo anular fue un leve alivio sobre la piel de su extremidad que se calentaba con el rápido correr de su sangre.

Dios, esperaba no estar sonrojado.

O sudando.

De alguna forma, él sabía que el puesto de mano derecha iba a ser suyo. Después de todo, resultaba ser el más centrado y decente de los seis. Pero aun así resultaba emocionante el que el mismo Osomatsu le eligiera y le dijera con aquel gesto de que era en quien más confiaba.

"Oh, y también esto. No nos olvidemos de este regalo extra." Osomatsu, divertido con aquello, simplemente colocó un pendiente rojo sobre su mano ya extendida. "Para mi oreja derecha." Dijo apuntando a su propia oreja como pista de lo que significaba.

Y, por un segundo, entre toda la presión y tristeza que Choromatsu sentía desde hace días, el tercer hijo pudo sentir la felicidad un momento, uno en el que él y su hermano mayor sonreían confidentes.


Ichimatsu estaba sentado en un extremo de uno de los dos sillones dispuesto en el despacho de su padre, mismos que fueron colocados exclusivamente para que los sextillizos pudieran estar junto a su progenitor.

Tenía las rodillas contra el pecho y acariciaba a su gato que dormía en el reposabrazos del mueble, disfrutando de su falta de obligaciones. Él estaba acostumbrado a sentarse y encontrarse apegado a otro cuerpo –usualmente el de Jyushimatsu, que con sus alocados movimientos lo arrinconaba en su puesto– por eso se solía sentar de aquella forma, pero ahora que Osomatsu había pasado a usar el puesto de su padre, el espacio libre le brindaba una antinatural comodidad.

Ah, entonces ahora no puedo decir que es el despacho de papá.

Un mal estar en el pecho le hizo soltar un gruñido en el segundo en que pensó aquellas palabras.

No habían pasado más de dos semanas desde que su padre había sido decapitado, pero el mundo seguía girando y, luego del funeral, Osomatsu fue rápidamente anunciado como el jefe de la sexta generación de la Familia Matsuno, y con él, Choromatsu como la mano derecha, el mismo que ahora le extendía unos documentos al ahora nuevo jefe, con un anillo en su dedo anular y un pendiente rojo en su oreja, ambos del lado derecho.

Mentiría si dijera que le sorprendió aquella decisión por parte del mayor.

A diferencia del resto del mundo, que seguramente daban por asumido que Karamatsu sería la mano derecha de Osomatsu solo por ser el segundo en nacer, los Matsuno sabían que Choromatsu era el más indicado para el puesto.

Choromatsu era más centrado en algunas cosas, y aún teniendo sus gustos por las ídols de baja categoría –que prácticamente era fanatismo–, sabía cómo desempeñar bien el trabajo. Además de que era el más cercano a Osomatsu y quien siempre le acompañaba. O al menos cuando eran más jóvenes era así.

De todas formas, y siendo una decisión obvia, Ichimatsu no pudo evitar sentir un poco de lástima por la expresión que había puesto el segundo Matsuno al enterarse de la noticia. Era un rostro que demostraba un deje de decepción y tal vez traición en sus ojos. Seguramente Karamatsu esperaba ser el segundo al mando, en quien el mayor depositara toda su confianza y secretos.

Pero no fue así.

Ahora Ichimatsu debía lidiar no solo con la molesta sensación que le produjo el que Osomatsu eligiera a Choromatsu, sino que también la que le produjo el ver a su hermano decepcionado en medio de los comentarios de felicitaciones en dirección a Choromatsu. Mientras nadie mas le veía.

Aunque él lo estaba haciendo.

"Seguimos sin ninguna pista sobre el asesino…" Osomatsu habló, casi para él mismo, pero lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de todos en el despacho.

Ichimatsu dejo de juguetear con su gato como medio de distracción, aprovechando que había alzado la vista para apreciar que estaban haciendo sus hermanos.

Karamatsu, sentado frente a él en el otro sillón de tres cuerpos, acababa de bajar el espejo que seguramente antes sostenía a la altura de su rostro para ver como lucía en él el nuevo pendiente rojo que ahora tenía en su oreja izquierda que hacía juego con el del tercer hermano –el premio de consuelo, pensaba Ichimatsu–; Todomatsu y Jyushimatsu jugaban cartas en la mesa de té, pero interrumpieron su diversión enseguida; Choromatsu ya se encontraba junto a Osomatsu para cuando este habló por lo que no movió ni un músculo de su posición.

"Es complicado buscar sin alterar mucho las cosas." Choromatsu alcanzó unos papeles que Osomatsu acababa de firmar y los metió en una carpeta. "Ya de por sí las cosas están tensas en la mansión. No podemos ventilar mucho el hecho de que aún estamos buscando al culpable del asesinato de papá."

"Realmente…" Osomatsu soltó un suspiro y apoyó su cabeza en su mano con desgano. "Ya deberíamos habernos encargado de ese bastardo."

Ichimatsu estuvo de acuerdo con aquellas palabras, por lo que simplemente asintió.

Realmente, si hubiera sido cualquier persona ajena a su familia, no estaría apoyando a su hermano con el apuro en la búsqueda, pero resultaba que la persona asesinada era su padre, y no podía dejar de pensar en todo lo que le gustaría que sufriera el asesino como venganza.

La muerte no bastaría para él.

"No podemos encargarle a mucha gente que nos ayude a buscar, por lo que nuestros movimientos son reducidos. No pidas imposibles, brother." Karamatsu esbozó una sonrisa comprensiva a su hermano mayor, el pendiente rojo brilló con un destello fugaz.

Para el desagrado de Ichimatsu, no podía negar que su estúpido hermano mayor tenía razón.

Desde el asesinato de su padre, la mansión había entrado en una especie de tensión extraña. Los integrantes de la familia se sentían indefensos pues alguien, quién fuera, fue capaz de traspasar la seguridad del hogar de una de las familias mafiosas más grandes de la zona, decapitar a su jefe en su propia oficina y, como si fuera nada, se dio el tiempo de empacar su cabeza y enviarla como presente a los cumpleañeros sin que nadie lo detectara. Todo aquello resultaba una mala broma, algo imposible. Pero ocurrió, y con ello se incrementaba la inseguridad alrededor de todos.

Para ese punto de la historia, ni siquiera era posible asegurar que el asesino fuera o no parte de la familia, por lo que nadie confiaba en nadie. Y ellos no eran la excepción.

Fuera de ser los hijos del hombre asesinado y los herederos al 'trono' de su padre, aún era posible escuchar los desagradables rumores sobre ellos.

Algunos comentarios decían que Osomatsu había planeado aquello para hacerse con el poder que su padre se negaba a entregar; otros hablaban de que todo fue un acto de los seis, pues con el mayor de los Matsuno como líder, ellos podrían obtener mucho más poder; y otros, lo más disparatados para los oyentes, aludían a que la cabeza de su padre era el presente de alguno de los hermanos para Osomatsu, como una declaración de lealtad y, tal vez, algo más.

"Esos seis siempre fueron extrañamente muy unidos. Nunca los he visto realmente interesados en alguien externo a ellos"

No importaba cómo, los rumores siempre eran desagradables.

Y en el caso de Ichimatsu, a veces resultaban ser más acertados de lo que a él le gustaría que fueran.

"Ichimatsu." La voz del mayor de los hermanos lo sacó de sus pensamientos, obligándole a alzar la cabeza como acto reflejo. "Necesito que tú, Jyushimatsu y Todomatsu busquen información."

"No creo que podamos encontrar nada distinto a ustedes". Movió su mano con pesadez, intentando dispersar las expectativas de su hermano.

"¡Nada distinto!" Jyushimatsu repitió una de sus palabras, alzando los brazos con alegría.

En todo ese tiempo, los tres hermanos mayores se habían encargado de la búsqueda del asesino, mientras que los tres menores actuaron como guardias y soporte para su madre, en espera de que fuera a pasar lo mismo con ella. Por suerte, no parecía ser el caso.

"No, no quiero que busquen como nosotros." Aclaró Osomatsu con una sonrisa de lado.

"¿Eh? ¿Entonces podemos jugar como queramos?" Todomatsu fue el primero en comprobar lo que significaba aquella expresión. "¿Sin que nos digan cómo hacer las cosas?"

"Total libertad." Choromatsu agregó asintiendo. "Solo deben recordar moverse con cuidado. Por lo que vimos, él es capaz de atravesar nuestra seguridad sin problema alguno, es probable que conozca la mansión y gente de aquí, por lo que cualquier información puede llegar al asesino y alertarlo."

"¡Vamos a hustle muscler!" Jyushimatsu prefirió ignorar la advertencia.

"Solo recuerden volver enteros a casa para la cena con mamá." Karamatsu agregó despreocupado.

Los tres hermanos mayores eran la base de la familia en esos momentos, sobre todo Osomatsu que ahora ostentaba el inesperado título de jefe. Por lo que ellos no podían salir de la mansión para poder buscar información como Ichimatsu presumía les gustaría. Pero tenían gente bajo su mando que bien podían hacer las cosas por ellos. Demasiada gente.

Y como estaba la situación, era imposible confiar en cualquiera de los integrantes de la familia.

En cambio, él y sus hermanos menores estaban a cargo de un reducido número de personas, principalmente integrante que habían logrado mantener el ritmo de sus superiores y mantenerse cuerdos para el final del día –sobre todo si se trataba del escuadrón de Jyushimatsu– por lo que resultaba fácil para ellos el moverse sin alterar mucho el poco control que se tenía en la mansión y saber exactamente lo que ocurría.

"Entonces, si es el mismo jefe de la familia quien nos lo pide, no hay forma de negarnos."

El cuarto hijo no pudo más que devolver la sonrisa que su hermano mayor le había dado, al igual que el resto de sus hermanos.

Los seis Matsuno ahora sonreían con malicia, a sabiendas de que aquella petición iba a obtener respuestas positivas, pero conseguidas de la peor manera posible.

Ichimatsu lo sabía. Sabía que su hermano estaba contando con ellos para poder encontrar al infeliz que había puesto sus vidas de cabeza, y sería una molestia, pero solo por aquello estaba dispuesto a trabajar hasta que encontraran al culpable.

Fue en el momento en que buscaba su propia determinación cuando el repentino sonido de la puerta siendo golpeada desde el otro lado resonó en la habitación.

"Adelante." Choromatsu respondió rápidamente.

En cuanto respondió al llamado, uno de los integrantes de la familia se apresuró a entrar, dando zancadas luego de decir un casi inentendible "disculpen la intromisión".

"¿Qué ocurre?"

Karamatsu se apresuró a preguntarle al recién llegado, logrando que Ichimatsu notara los zapatos brillantes que usaba el desconocido, entendiendo entonces que se trataba de una de las personas bajo el mando del segundo Matsuno –al parecer toda su escuadra contaba con el mal gusto para vestir–.

"El cargamento…" El tipo en cuestión casi no podía hablar. Al parecer había llegado al despacho corriendo todo lo que pudo. "¡El cargamento que se supone íbamos a enviar a china fue robado, Karamatsu-san!"

Ichimatsu nunca se preocupaba de los negocios de la familia, pues aquello no era su trabajo. Pero hasta él sabía que ese cargamento era importante.


¡Gracias por leer!

Si dejan review, me haría muy feliz saber su opinión respecto a la historia.

Nos veremos en un próximo capitulo.