.

.

.

Cuando fuiste golpeado, herido y humillado sientes que no vales nada,

sientes que tu sola existencia no significa nada para nadie, que tú no sirves.

Pero, cuando encuentras a quién cuidar, a quién proteger;

Te vuelves grande, te vuelves fuerte y encuentras la determinación necesaria para proteger a las personas que amas.

.

.

.

CAPITULO 2: UNA NUEVA HINATA.

—Que graciosa eres, Hinata —rió el rubio pero al notar que la chica fruncía el ceño, dejo de hacerlo—. Hinata en serio, tú…

—Buenas tardes —dijo Hinata dándole un golpe con el hombro al rubio y saliendo de la oficina, cargando al niño en sus brazos.

—Kakashi-sensei —Sakura miró al peliplata— ¿es cierto? Hinata, ¿tiene un hijo?

—El hokage de una aldea no puede meterse en los asuntos personales de los ninjas que están bajo sus servicios, Sakura —le informó Kakashi, observando unos informes de unos gennins.

—La Hyuga estuvo siete años fuera de la aldea. Para mí no es sorprendente que vuelva con un niño —dijo Sasuke, mirando a la pelirrosa.

Naruto se quedó mirando el lugar por donde había pasado la Hyuga.

—Hinata.

.

.

.

Los toquidos fueron leves pero firmes en la mansión Hyuga.

—Yo iré —le dijo una veinteañera Hanabi Hyuga a una Hyuga de rama secundaria que se dirigía a abrir la puerta—. Buenas tardes, —saludó Hanabi con cordialidad, hasta que observó que detrás de la puerta se encontraba una cansada ojiperla—. Hinata…

La Hyuga mayor sonrió.

—Hola, Hanabi-chan.

— ¡Hinata! —la pequeña se lanzó a los brazos de su hermana mayor, contenta de volver a verla después de mucho tiempo.

— ¡Cuidado, cuidado! —rió Hinata viendo el entusiasmo de su hermana por abrazarla—. Hotaru podría despertar.

— ¿Hotaru? ¿Quién es Hotaru? —preguntó Hanabi con confusión.

—Es mi hijo.

—Oh…—Hanabi bajó los ojos a los brazos de Hinata, donde reposaba un cansado niño de cabellos negros. Hanabi parpadeó y trató de no parecer sorprendida—…esto, ¿por qué no pasas? Hace mucho frío afuera, Hinata-onnesan. Sí, pasa, pasa —dijo ahora la chica con entusiasmo.

—Hanabi —la ojiperla la detuvo— ¿esta nuestro padre en casa?

—No, en estos momentos no está papá, ya sabes —rodó los ojos— tiene un reunión fuera de la aldea, dijo que regresaría en la noche. Pero, pasa Hinata, no te quedes afuera.

—Lo mejor sería que regresé en la noche, Hanabi, cuando nuestro padre este en casa.

— ¿Qué dices, Hinata? Eres mi hermana y la primogénita de la familia, no te vas a quedar afuera. Además, tienes un niño.

—Hanabi…

— ¡Hinata-sama! —Ko Hyuga, su cuidador cuando era una niña, apareció sorprendido de ver a la chica que había protegido desde sus niñez— ¡Que sorpresa verla! ¡Bienvenida a casa!

— ¿Ves? Hasta Ko está feliz de que te quedes —Hinata dudó— al menos por el niño, si sigue afuera podría enfermarse.

Hinata miró a las dos personas delante suyo, parecían anhelantes de que se quedará y realmente la ojiperla no quería entristecerlos, no a ellos. Hinata suspiró.

—Sólo me quedaré un momento, Hanabi.

— ¡Sí! —Hanabi celebró y jalando a su hermana la metió dentro de la casa, y sentándola en un sillón de la sala—. Debes contarme todo sobre tu viaje, Hinata-onnesan y no se te olvide ningún detalle —decía la pequeña, mientras Hinata acomodaba al pequeño Hotaru en su regazo y acariciaba sus cabellos con dedicación—. Oh…, pero, ¿qué le sucedió a tu ropa? Esta toda maltratada y sucia.

—Fue un viaje de cuatro días a pie, Hanabi. Estoy un poco cansada. Podríamos dejar las preguntas para después.

— ¿Quieres que arreglé su habitación, Hinata-sama? —Preguntó Ko, solicitó de ayudar a la Hyuga—. La tendrá lista en un minuto y así podrá descansar.

—Yo…no es necesario, Ko-san —pero el chico ya había salido antes de que pudiera negarse— Hanabi —la Hyuga menor se alzó de hombros, negando—Hanabi no puedo quedarme demasiado tiempo.

— ¿Por qué? ¿Por qué te quieres tan rápido, Hinata? Han pasado siete años desde la última vez que te vi. ¿Por qué no te quieres quedar?

Hinata desvió la mirada y se quedó mirando un punto a la distancia.

—No puedo quedarme mucho tiempo en la aldea.

— ¿Por qué?

Hinata apretó los labios.

—Mi vida ya no está en esta aldea, Hanabi.

—Papá y yo aún estamos aquí, Hinata, somos tu familia. Vivimos en la aldea, acaso, ¿no somos importantes para ti? —dijo furiosa levantándose de su asiento.

—Hanabi…

— ¡Te fuiste sin avisar! ¡Dijiste que irías a entrenar en esa estúpida carta que dejaste antes de marcharte y te fuiste siete años, ¡siete años! y ahora regresas con un niño en brazos y no quieres contarme nada! —lágrimas amargas corrían por el rostro de Hanabi sin que ella pudiera evitarlo y reclamándole a su hermana todo lo que había guardado desde su partida—se supone que somos hermanas, que nos contaríamos todo pero te fuiste y me dejaste aquí sola, acaso, ¿no te importó ni un poquito dejarme? Acaso, ¿no me quieres? —Hanabi trataba en vano de limpiarse las lágrimas, pero estas aparecían reemplazando a las anteriores.

Hinata dejó al pequeño Hotaru en el sofá, caminó hasta su hermana menor y la envolvió en sus brazos, dándole un abrazo fraternal.

—Lo siento, Hanabi —sólo pudo decir Hinata mientras su pequeña hermana lloraba sin consuelo, sintiéndose feliz por el regreso de la ojiperla mayor de nuevo a su vida.

—Hinata-onesan, te extrañe —dijo Hanabi con la voz entrecortada y correspondiéndole el abrazo a Hinata.

—Yo también, Hanabi —dijo la ojiperla, conteniendo las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos claros— y no sabes cuánto.

.

.

.

¡Naruto-kun! —exclamó Hinata, llamando la atención del rubio, quién caminaba por la aldea con tranquilidad.

¡Hey, Hinata! Hola —saludó el rubio mientras la chica llegaba a su lado y recuperaba el aliento.

Había pasado un mes desde finalizada la guerra y la aldea aún estaba en reconstrucción y era común ver a Naruto supervisándolo todo y ayudando en lo que podía aún con la falta de su brazo derecho.

¿Vienes a ayudar en la reconstrucción? —Hinata negó y dio un paso hacia adelante—. Entonces, ¿por qué…?

Naruto-kun, estoy enamorada de ti —dijo Hinata, sin vacilación, tartamudeos o sonrojos. Simplemente lo dijo.

Una suave brisa agitó los cabellos de ambos shinobis, mientras la declaración de Hinata, calaba en lo más hondo de Naruto.

S-siempre te admiré de lejos, siempre me ayudaste a tener coraje en los momentos más difíciles, e-es por eso que siempre quise ser valiente y decirte mis sentimientos, Naruto-kun, porque ahora ya no tengo miedo —Hinata lo miraba decidida, diciendo todo lo que habia querido decir desde siempre lo que sentía por Naruto.

El rubio bajó los ojos al suelo, sabiendo que su respuesta heriría a la Hyuga.

Hinata, mis sentimientos…—el rubio suspiró, pero sabía que no debía mentir. No a Hinata al menos— yo aún siento algo por Sakura-chan— Naruto bajó los ojos, sintiéndose la peor basura del mundo, él mejor que nadie sabía que era sentir un amor no correspondido, pero no quería mentirle a Hinata, quien siempre había estado de su lado, apoyándolo. Jamás podría jugar con los sentimientos de la chica—. Lo lamento, Hinata, pero no puedo corresponderte como tú deseas.

Lo sé —dijo Hinata, sorprendiendo al rubio que alzó la mirada para verla— lo sé, siempre lo he sabido —Hinata sonrió con tristeza— pero quería que tú supieras mis sentimientos. Quería que supieras todo lo que siento por ti.

Hinata…yo…—Hinata tomó su única mano y la apretó con fuerza.

Lucha por ella, Naruto-kun —dijo Hinata, mirando al suelo— lucha por Sakura-san y no te rindas. Dile tus sentimientos —Hinata alzó la vista haciéndole notar al rubio las lágrimas que corrían por sus mejillas— no dejes que se te escape. Tú mereces ser feliz. Tú sobre cualquier otra persona merece y debe ser feliz, Naruto-kun.

Hinata…

La chica lo soltó y salió corriendo antes de que Naruto tan siquiera pudiera decir algo.

—Desde ese día es que no te volví a ver, Hinata —dijo Naruto, recostado en la cama de su departamento recordando la última vez que la vio— ahora te ves tan diferente, tus ojos ya no son los mismos, están tan fríos, serios y tristes, acaso, ¿estos siete años lejos de la aldea te han cambiado tanto?

.

.

.

Hinata recostó con suavidad a Hotaru en la cama de su habitación, arropándolo cuidadosamente y acomodándole las sabanas a su alrededor.

Habían pasado dos horas desde que se reconcilió con Hanabi, y por su propia hermana se había mantenido enterándose de todos los acontecimientos de la aldea esos siete años de ausencia, aunque Hanabi insistió, Hinata sólo le contó breves y concisos rasgos de su vida fuera de la aldea. Aunque Hinata sabía que su pequeña hermana no se rendiría con tanta facilidad.

Hinata suspiró y miró con curiosidad aquella habitación. Sus pertenencias continuaban allí, sus ropas, sus sabanas, su escritorio, sus…

Los ojos de Hinata repararon en un pequeño retrato en su mesita de noche, con rapidez se acercó a él y lo tomó en sus brazos. Allí podía verse en conjunto al equipo 8, su equipo, hace tanto que no veía a Kiba, a Shino ni su maestra Kurenai, los extrañaba mucho, su vida lejos de la aldea había sido difícil y siempre que se sentía sola pensaba en su equipo. Trató de acariciar con delicadeza la fotografía, pero un agudo dolor en su brazo, hizo que el retrato cayera con estrepito al suelo.

Hinata miró como la manga de su brazo derecho se llenaba rápidamente de sangre y el dolor se intensificaba. Tomando su brazo derecho, corrió hasta el baño. Allí se sacó la blusa que llevaba puesta y miró su brazo derecho con la ayuda de un espejo.

Su brazo se encontraba vendado en su totalidad y en el centro del mismo se extendía una gran mancha de sangre. Hinata empezó a desenvolver su brazo con esfuerzo y cuando terminó se pudo ver una gran y fea herida en su antebrazo. Aunque habían pasado cinco días desde que la tenía, esta no parecía sanar, Hinata tomó una botellita de alcohol y se la aplicó a la herida, el dolor fue insoportable y la ojiperla tuvo que morderse los labios para no lanzar un gemido de dolor. Aplicó con rapidez su pomada para curaciones, un poco de algodón en su brazo y lo envolvió con una nueva venda.

Regresó a la habitación y allí recostado dormido en esa posición tan tranquila vio a la razón de su existencia.

—Hotaru.

Se acostó al lado del pequeño y acarició con suavidad sus cabellos.

Cansada mental y físicamente, Hinata cayó dormida.

.

.

.

Hinata sintió un pequeño cosquilleo en la nariz que trató de quitar sin esfuerzo.

—Deja —la chica habló dormida, pero el cosquilleo regresó— ahora no, Hotaru, es muy temprano —se quejó pero cuando se dio cuenta de sus palabras, se levantó de golpe—. Hotaru.

—Hola, mami —dijo el pequeño echado de lado en la cama y mirándole con sus claros ojillos marrones, en gesto inocente.

Hinata sonrió.

—Podrías dejar de despertar a mamá con tu adorable pluma, Hotaru —le reclamó Hinata fingiéndose enojada.

—Papá me dijo que si no despertabas, podría utilizar la pluma contigo, mamá.

Hinata suspiró.

—Tu padre fue demasiado bromista para mi gusto, Hotaru; pero yo también puedo serlo —el niño la miró confundido— ¡Ataque! —Hinata se lanzó al pequeño en un ataque de cosquillas.

—Para, mamá, jajjajaja —reía el pequeño—, jajjajaja, para, jajaja, me rindió.

— ¡Hinata-sama! —Ko, apareció en la habitación y se sorprendido de la escena— Hinata-sama, su padre está en casa.

La actitud relajada y alegre que Hinata había tomado con Hotaru, cambió radicalmente al escuchar la llegada de su padre a casa.

—Gracias, Ko-san —dijo Hinata, mirando al joven— enseguida bajaré.

—Sí —dijo Ko y salió de la habitación.

—Mami, ¿por fin conoceré al abuelo? —Preguntó Hotaru, mirando a su madre.

—Sí.

.

.

.

Hiashi Hyuga estaba sentado en el salón de reuniones del clan, el viaje había sido agotador y encima los viejos consejeros querían tener una reunión de último momento. Suspiró, mientras fingía escuchar lo que estos informaban. De pronto la puerta de reuniones se abrió con un chirrido seco. Todas las cabezas se giraron en esa dirección, todas, excepto la de Hiashi.

—Buenas noches —Hiashi se congeló cuando escuchó la voz de su primogénita.

Hubo un coro de sorpresa de parte del consejo ante la llegada de la chica.

—Hinata…—la Hyuga estaba parada en la puerta de la sala con Hotaru tomado de su mano— ¿Cuándo…? ¿Cuándo llegaste?

— ¿Qué hace ella aquí? —Cuestionó un miembro del consejo apuntando a Hinata— las reuniones están prohibidas para las personas que no están en el consejo.

—Sólo deseo hablar con mi padre —dijo Hinata sin hacerle caso a los murmullos que habían aparecido con su sola llegada.

— ¡Fuera! —rugió otro miembro del clan, molesto con la interrupción de la Hyuga.

—Sólo deseo hablar con mi padre —repitió Hinata apretando la mandíbula.

— ¿Quién es ese niño? —preguntó un viejo miembro del clan y abuelo de Hinata. La ojiperla apretó el agarre del niño mientras los demás miembros del clan observaban al niño.

—Es mi hijo —dijo Hinata desafiante, mientras los miembros del clan la veían con asombro.

Hiashi miró a su hija.

— ¿Estas casada, Hinata? —la Hyuga lo miró.

—No.

— ¡Tuviste un hijo sin casarte! —la acusó el mismo que le había hablado primero. Haciendo que los demás le lanzaran esta y otras acusaciones a la Hyuga.

— ¡Un niño fuera del matrimonio!

— ¡Una deshonra para el clan!

— ¡Un bastardo!

— ¡Cállense! —Gritó Hinata mientras Hotaru se escondía asustado detrás de Hinata y evitaba la mirada de aquellos hombres— no voy a permitir que hablen así de mi hijo.

—Cómo puedes venir así y presentarte a este respetable clan con este niño —preguntó un Hyuga, irritado por la insolencia de Hinata.

La chica rió.

— ¿Respetable clan? —Dijo Hinata con burla—. Este clan es todo menos respetable.

—No te permito…

—Y yo no les permito hablar así de mi hijo. ¿Quiénes se creen para meterse en mi vida personal, en mis asuntos…?

—Eres miembro de la rama principal de nuestro clan, Hinata —dijo Hiashi, quién se había mantenido callado hasta ahora— necesitamos explicaciones. Te fuiste siete años y ahora apareces como si nada. ¿Quién es ese niño? ¿Quién es su padre? Soy tu padre después de todo.

— ¿Padre, dices? —Rió Hinata sin humor—. Un padre jamás habría tratado a sus hijas como lo hiciste tú con Hanabi y conmigo, peleándonos entre nosotras, presionando a una para que sea tu viva imagen y satisfaciera tu orgullo y la otra repudiada y enviada a una academia por la vergüenza que sentías que fuera tu primogénita. Sintiendo el odio y el desprecio de su clan. Sintiéndose como una basura, y presionándose para tratar de ser un poco mejor y para que la quisieras —Hinata miró fijamente a su padre mientras le decía todo el resentimiento que habida sentido por él, todo ese tiempo—. Un padre se sacrifica por sus hijos, se preocupa, los atiende, los ama. ¿Padre? Tú no sabes lo que significa esa palabra.

Hiashi se quedó callado, asombrado.

—Hinata Hyuga le debes respeto a tu padre y al clan —habló un anciano— sino lo haces serás desterrada de este clan y jamás se te permitirá acercarte nunca más.

Hinata volteó a verlo.

— ¿Creen que sus amenazas me dan miedo? ¿Creen que me importa quedarme en este clan machista, pertenecer a un clan que solo me ha despreciado, herido y humillado? Ya no soy la Hinata que se dejaba pisotear por todos, o la que buscaba la aprobación de su padre para que la quisiera, ahora soy diferente, ahora soy fuerte, tengo a quién proteger y un objetivo que cumplir.

—Hinata Hyuga serás desterrada del clan…

—No, no quiero que me destierren, yo misma me iré de este maldito lugar —Hinata tomó la mano de Hotaru y salieron fuera de la sala de reuniones, encontrándose a Hanabi escondida escuchándose la conversación.

—Hinata…

—Lo lamento, Hanabi. Pero te dije que ya no pertenecía a este lugar.

—Pero, a, ¿dónde irás? ¿Con quién te quedarás?

Hinata se detuvo.

—Buscaré un lugar y te escribiré para que me visites. Nos vemos después, Hanabi.

—Hinata-oneesan.

.

.

.

—Hinata…—Kurenai miró con asombro a su antigua estudiante.

—Kurenai-sensei, no tengo donde quedarme, por favor deje quedarme hoy, le juró que me iré mañana.

— ¿Qué dices, Hinata? Puedes quedarte todo el tiempo que lo desees.

—Gracias, Kurenai-sensei.

.

.

.

Hinata estaba sentada en la ducha del baño, mientras Hotaru dormía después de una deliciosa cena gracias a Kurenai-sensei.

Hinata, sonríe —sus claros y bellos ojos marrones se encontraron con los tristes de Hinata Hyuga— Hinata…

Ahora, no.

Ahora, sí —el chico puso una cara infantil inflando los mofletes— siempre estas triste, debes cambiar tú ánimo y sonreír. Mira así —el chico pintó una gran sonrisa en su rostro, enseñando todos los dientes. Hinata dibujó una pequeña sonrisa— ahhh, te hice reír, gané, gané.

Eres un chiquillo, Hiro.

No lo soy —protestó el de ojos marrones—. Sólo me molesta que siempre estés triste, ¿Qué tiene Konoha que sea tan especial?

Nada —dijo la Hyuga desviando la mirada.

Hinata —el chico la tomó de la barbilla e hizo que lo mirará— Hinata, recuerda yo siempre voy a estar para ti.

Hinata cayó arrodillada al suelo, mientras lágrimas surcaban sus mejillas.

—Eres un mentiroso, Hiro. Mentiroso, mentiroso, mentiroso…sólo esa noche estrellada fue partícipe de todo el sufrimiento de Hinata Hyuga.

.

.

.

NOTAS FINALES:

Como odio a los miembros del clan de Hinata, siempre fueron tan malos con la pobre chica, me hubiera gustado que en el manga, Hinata los hubiera puesto en su sitio. Bueno, al menos me gustó poder retratar como finalmente Hinata los pone en su lugar en esta historia.

Con respecto al padre de Hotaru, ya les dije que no es Naruto, no insistan.

Como vieron Hinata tiene muchos recuerdos muy dolorosos y un pasado muy triste, que ira revelándose a medida que la historia vaa avanzando. Así que mándenme muchos reviews, para sentirme que esta historia está gustando.

Me gusta escribir sobre esta nueva Hinata, que no va a permitir que nadie se meta con ella, ni crea que se va a dejar pisotear por nada ni nadie, ni su clan, ni su padre y mucho menos, Naruto.

Nos leemos en el siguiente capítulo.

Nova.