Debí haber que la actitud de Yukito tenía algo que ver…

CAPÍTULO 1: Visita de Verano

Yukito no había dicho nada más sobre el tema durante el resto del vuelo. Tampoco Kero había estado muy comunicativo o incluso intercambiaba miradas de connivencia con el otro guardián.

Sakura comenzaba a sentirse nerviosa por el secreto que sus guardianes, sus amigos, le estaban guardando, pero todo se olvidó cuando, al llegar al aeropuerto, se reunió por fin con Syaoran.

Cada vez que lo miraba le parecía más guapo. Su cabello, con el mismo peinado de siempre, se mecía ligeramente por el viento que colaba por las puertas, su cálida sonrisa le daba la bienvenida y sus ojos no dejaban de recorrerla de arriba abajo una y otra vez. Se veía realmente guapo con esa camisa verde o cuadros que ella misma le había regalado en la misma navidad y que combinaba con sus pantalones caqui favoritos y una chaqueta de cuero que colgaba sobre su hombro.

Él estaba encantado de verla, cada día más hermosa, más… no sabía aún cómo definir lo que ella era, pero en cada encuentro quedaba más prendado de ella. Quizá era el aroma de su cabello que le quedaba impregnado en la nariz durante días después que ella se marchara, o su suave piel, sus labios dulces que le sonreían, su mirada esmeralda que lo hipnotizaba… lo que fuera, no importaba. Estaba encantado de volver a verla allí, frente a él.

Lucía particularmente hermosa con una blusa blanca ceñida al cuerpo, que hacía resaltar muy bien sus 16 años y los efectos que éstos habían tenido en su figura. El pantalón de color rosa le llegaba hasta las pantorrillas, delineando también sus largas piernas, torneadas por el entrenamiento que había seguido por tantos años, y que ahora la condujeran presurosamente hacia él.

Se lanzó sobre él rodeándolo con sus brazos por encima de los hombros y unió sus labios a los de él por un largo rato.

—Te extrañé —dijo ella al separarse.

—Y yo a ti, querida Sakura —respondió el castaño.

Alguien se aclaró la garganta cerca de ellos. Meiling y Yukito sostenían las maletas cerca de la puerta.

—Ya tendrán tiempo de estar a solas. Debemos irnos o el barco nos dejará —dijo la chica. Los aludidos se sonrojaron y se separaron para dirigirse a la salida, tomados de la mano.

En el barco, Syaoran se apartó a la orilla mientras Meiling y Sakura conversaban. Yukito se le acercó.

—Tú sí estás consciente de la verdadera razón por la que Sakura fue convocada aquí esta vez ¿no es cierto?

—Sí, lo sé —respondió Syaoran con clara molestia—, en realidad lo supe hace mucho tiempo y fui obligado a callar. ¿Cómo crees que lo tome?

—Será difícil, hay muchas cosas a las que debe renunciar.

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El calor del verano era muy agradable en Hong Kong, especialmente en la casa Li. Sakura y Yukito habían sido conducidos por Meiling a la salita, mientras Syaoran iba a avisarle a su madre de la llegada de sus invitados.

—Meiling, ¿tú sabes por qué la señora Ieran hizo venir a Yukito esta vez? —preguntó Sakura.

La aludida, que en ese momento servía un poco de té, por poco derrama una taza sobre la mesa, pero Yukito la sostuvo a tiempo. No tuvo la oportunidad de responder, pues Ieran ya había entrado a la habitación.

—Sakura, que gusto volver a tenerte por aquí —dijo con solemnidad.

—A mí también me da gusto volver a estar aquí con ustedes —respondió la jovencita.

Pero, detrás de ella, Syaoran parecía molesto por algo. Ieran permanecía de pie, con la mirada fija en la castaña.

—Será mejor hacer esto rápido, los demás nos esperan.

—¿Los demás? –dijo Sakura confundida.

Yukito y Meiling se pusieron de pie, así que ella los imitó y, de inmediato, caminaron al patio trasero de la mansión donde Sakura se sorprendió al encontrarse con Eriol, Kent Karachi, Kaho Mizuki, Spinel Sun y Ruby Moon. Pero también llamó su atención la presencia de cinco ancianos con largas túnicas de terciopelo, cada una de distinto color: rojo, azul, verde, púrpura y café. Todos conversaban entre sí con acentos que ella no había reconocido, y aún así, en un perfecto uso del japonés.

Su intento por saludar a sus amigos se vio interrumpida por la voz de uno de los ancianos, el de la túnica café que parecía ser el mayor y más recio de los cinco.

—¿Tú eres Sakura Kinomoto?

—S-sí —respondió con miedo.

Los cinco se colocaron en fila frente a ella. Los demás allí reunidos guardaron su distancia.

—¿Eres tú la heredera de las cartas Clow? —preguntó el anciano de la túnica azul.

—Sí, lo soy —respondió un poco más segura.

—¿Dónde están los guardianes del sol y la luna?

—Aquí —se escuchó la voz de Yue y Kero detrás de ella. Volteó a verlos un segundo y prestó atención de nuevo a los ancianos.

—¿Es cierto que aceptaste convertirte en heredera del clan Li por medio del compromiso con el único hijo, Li Syaoran?

Esta vez no pudo evitar sonreír y sonrojarse.

—Sí, así es —replicó.

—Por consiguiente, es importante que seas iniciada en el Concejo de Hechicería y asumas tus responsabilidades como cazadora de reliquias —explicó una anciana de túnica roja.

La confusión era clara en el rostro de Sakura.

Fenmei llegó en ese momento con una silla que colocó detrás de la joven hechicera, quien tomó asiento por orden de anciano de túnica verde.

—Sakura —intervino Kaho—, ha llegado el momento en que descubrirás la verdad oculta sobre el mundo mágico.

Syaoran estaba a la izquierda, muy cerca de su madre y con una expresión furibunda.

—Antes que nada, déjanos presentarnos. Nosotros somos los representantes de las comunidades mágicas de los cinco continentes —dijo el anciano de la túnica púrpura—. Yo soy Daniel Robinson y represento a América.

—Mi nombre es Agnes McArthur y represento a Europa —dijo la anciana de túnica roja.

—Pierre Beau, representante de África —afirmó el de la túnica verde. Sakura no pudo evitar pensar que su cabello tan blanco contrastaba, de una forma tierna, con lo oscuro de su piel.

—Mark Ruperth, de Oceanía —anunció el de túnica azul.

—Y yo soy Ryu Zen, represento a Asia.

—Encantada de conocerlos.

Ryu sacó de su amplia manga un amuleto con el símbolo del ying-yang y con una posición similar a la que Syaoran usaba, el amuleto se convirtió en una alabarda de dos cuchillas.

—La magia ha existido en el mundo desde tiempos inmensurables —dijo con una expresión solemne— y el ser humano ha ido aprendiendo a manejar su don muchas veces sin pensar en las consecuencias.

El lugar se volvió oscuro y una extraña sensación de flotar la invadió. Frente a ella comenzaron a aparecer imágenes traslúcidas de distintos objetos.

—En sus inicios, los magos creadores no conocían que los objetos que consideraban una extensión de su magia permanecían en este mundo después de su muerte y por lo tanto, no hacían ningún tipo de arreglo para heredarlos a alguien apto. Así, en toda la extensión del orbe, hay dispersos una cantidad innumerable de objetos que, en manos inexpertas o equivocadas, pueden volverse un gran peligro para la humanidad.

Agnes tomó la palabra.

—Es por eso que se creó el comité internacional de magos, para que, además de tener vigiladas las actividades mágicas del mundo entero, podamos recuperar estos elementos.

Mark se acercó a Sakura.

—Tú tienes grandes cualidades de cazadora, lo demostraste al reunir las cartas, pero también eres creadora —le dijo, pero ella no entendió a lo que se refería.

—Permíteme explicarte mejor —interrumpió Ryu.

Hizo un movimiento con su alabarda y las imágenes de distintas personas la rodearon, era como una inmensa lista de fotografías y debajo de cada una había escrito el nombre de cada uno, el país en que estaban y dos palabras que variaban en cada uno: Cazador, rastreador, guía, creador o custodio. Había algunas excepciones, en las que sólo aparecían las palabras guardián o coagente.

—Esta es la lista de todos los magos… quiero decir, personas que pertenecen al Concejo Internacional de Hechicería y que trabajan para nuestro fin de recolectar los artefactos hechizados. Encontrarás muchas caras conocidas por allí.

Sakura se puso de pie y giró sobre si misma para examinar los rostros.

—Todos los magos tienen dos cualidades sobresalientes, bien sean rastreadores, cazadores, guías, creadores, custodios, guardianes y mediadores. Existen muy pocos guardianes, ya que dependen de los magos creadores que tengan un gran poder.

La joven continuó examinando las fotografías y reconoció a Kero y Yue, que tenían la palabra guardián, y también a Spinel Sun y Ruby Moon.

—Tampoco existen muchos mediadores, requiere una personalidad muy especial para que esta característica sea dominante en una persona —intervino Daniel—. Son un puente entre dos mundos.

Sakura se había detenido en dos fotografías: Kaho Mizuki y Touya… ¿Su hermano estaba involucrado en todo eso y no había dicho nada?

—También hay pocos coagentes, ya que éstos son principalmente los miembros de las principales dinastías de magos que no poseen el don de la magia, pero poseen los conocimientos o habilidades necesarios para ayudarnos.

Giró un poco más y encontró bajo esta categoría a Meiling, Fanren y Shiefa.

¿También ellas?

—Los guías se encargan de instruir sutilmente a los que recién descubren su poder. Kaho Mizuki y Eriol Hiragisawa fueron enviados a ti en su momento.

También la señora Li, pensó al ver la imagen de la dama entre el grupo, con las palabras guía y protectora.

—Aquellos que poseen la seriedad y confianza, se les designa como custodios. Son los encargados de cuidar de aquellos objetos que han sido preparados por su dueño para hallar un heredero.

Una corazonada la puso a buscar frenéticamente hasta encontrar entre todas las fotografías el rostro de su padre, que además incluía el título de rastreador.

Que tantas personas cercanas a ella estuvieran enterados de una noticia tan grande comenzaba a crear dentro de ella un enorme sentimiento de traición, Feitan y Fenmei estaban entre la lista de rastreadoras y protectoras. Eriol y Ken compartían la característica de creadores y éste último era también un rastreador.

—Pero cazadores y rastreadores son aquellos que poseen una responsabilidad mayor con la sociedad. Tú eres creadora, pero tienes grandes cualidades de cazadora, ya lo dijo Mark.

Ella iba a tomar la palabra, pero Agnes se lo impidió.

—Antes de dejarte hablar, es necesario que conozcas la razón por la cual se te está dando a conocer esto ahora.

Obedeciendo a las señales de la anciana, volvió a tomar asiento.

—A todos los magos se les revela esto al cumplir los 16 años. Contigo esperamos hasta hoy, el aniversario de tu compromiso con el joven heredero de los Li, pues en relación a eso debes tomar una decisión muy importante.

El anciano intercambió miradas con Ieran y ella avanzó hacia él. En el silencio pudo escuchar un suspiro exasperado que provenía de Syaoran.

—Verás, Sakura, tener poderes conlleva grandes responsabilidades. Mi hijo, al ser heredero del clan Li y un excelente cazador y rastreador, está obligado a trabajar para el Concejo en la recolección de reliquias.

La castaña sintió una fuerte punzada en el pecho, sintiendo que su corazón era apuñalado conforme giraba el rostro y su mirada se cruzaba con la figura traslúcida de su prometido que tenía las palabras cazador y rastreador bajo su nombre. Él también lo sabía y no fue capaz de prepararla siquiera un poco. Todos a su alrededor le habían guardado un enorme secreto que se hacía más importante conforme las palabras salían de la boca de Ieran.

—Como cazador, deberá recorrer el mundo entero para encontrar estos peligrosos sortilegios, así que estará de viaje con mucha frecuencia, aún más de lo que un rastreador, como tu padre.

—Así que debes tomar una decisión. Puedes unirte al Concejo como cazadora y acompañarlo en su viaje o hacer caso a tu tercera característica y convertirte en protectora.

Los había dejado hablar, pero ese silencio sólo había servido para acumular toda la ira hasta un punto explosivo donde su pensamiento ya no era claro.

—¿Ya puedo hablar? —dijo con enfado.

—Sí, claro. ¿Qué querías decir?

—¿Cuánto tiempo tengo para decidir?

—Dos días —respondió Ryu.

—Esperen mi decisión hasta entonces. ¿Puedo retirarme?

El de la túnica marrón hizo otro movimiento con su alabarda y todo volvió a la normalidad.

—Puedes marcharte.

—Gracias —respondió tajante y luego se dirigió hacia Syaoran con voz impositiva— tengo que hablar contigo, a solas— enfatizó lo último al sentir a Kero acercarse. Yukito volvió a aparecer y suspiró desalentado.

Mientras, en una habitación de la mansión, los dos magos permanecían de pie. Sakura no le dirigía la mirada.

—¿Hace cuánto tiempo lo sabes?—preguntó con la voz ligeramente quebrada.

—Desde mi cumpleaños. Esos sujetos se aparecieron aquí y me dijeron lo mismo que a ti, excepto que yo no tuve la opción de escoger.

—¿Es que piensa hacerlo? ¿Piensas dejar todo sólo por lo que dicen cinco personas que nunca antes habías visto? —reclamó.

—Sakura, no entiendes…

—¿Qué es lo que no entiendo? ¿Que no tendríamos un hogar fijo? ¿Que no podríamos ver a nuestras familias, a nuestros amigos? ¿Por qué estaría dispuesta a hacer algo así? —replicó con desesperación mientras hacía ademanes exagerados con las manos.

—¿Estarías dispuesta a que estemos separados por meses, o quizá años? —contraatacó él con la mirada hacia el suelo, apretando los puños— ¿No te importaría eso?

—Parece que a ti no te importa —respondió enfadada.

Sakura no parecía querer escuchar razones y eso lo hizo llenarse de cólera, respondiendo movido por este sentimiento.

—Quizá tampoco quieras seguir siendo mi prometida.

El comentario la hirió en lo más profundo de su corazón y fue el dolor el que habló por ella.

—Para qué iba a querer serlo.

Meiling conducía a Yukito a la que sería su habitación cuando escucharon las voces de los dos castaños.

—¡Me voy! —gritó Sakura pasando frente a los dos chicos que la miraron confundidas.

—¡Que te vaya bien! —gritó Syaoran con enfado y quedándose en el cuarto.

Después de intercambiar miradas, Meiling salió corriendo detrás de Sakura.

—Hablaré con ella —gritó.

————0————

No sabía ya donde estaba, los lugares no le eran familiares, los carteles le eran confusos aunque había aprendido algo de chino. El enfado casi se le había pasado, dejándole una terrible sensación de remordimiento, y para colmos, tenía hambre.

Se detuvo en seco y sin voltear, dijo:

—¿Aún estás allí?

Una ligera risa se escuchó a su espalda.

—¿Ya te cansaste de caminar? —preguntó Meiling.

Sakura volteó y sonrió de medio lado.

—Vamos, te invitaré a un helado –dijo la china, arrastrándola al siguiente local.

Después de un largo de silencio, interrumpido únicamente por la orden que le hicieron a la camarera, Sakura tomó la palabra.

—Meiling, ¿cómo te enteraste de todo esto?

—En el cumpleaños de Syaoran. Llegué temprano a felicitarlo y presencié toda la presentación. Entonces, me ofrecí como coagente.

—¿Cuál es tu trabajo como coagente?

—Shiefa me explicó que tenemos distintas responsabilidades, podemos ser consejeros, investigadores, negociadores y cualquier actividad que no requiera poderes mágicos. Aunque mis habilidades de pelea me califican para algunas expediciones.

—Pero…

—Espera —interrumpió—. Yo ya respondí dos de tus preguntas, ahora contéstame tú. ¿Por qué saliste así de la casa?

—Me peleé con tu primo —respondió con sequedad, desviando la mirada de su acompañante.

—¿Por qué peleaste con Syaoran?

—No lo sé, me dolió que todos mis amigos me guardaran un secreto tan importante —dijo con tono recriminatorio.

—Nos ordenaron callar. Hiraguisawa y el otro chico Kamachi ya lo sabían desde antes y tampoco dijeron nada.

Podía entender eso, si les habían dado esa orden no estaría tan molesta. Lo que en realidad le molestaba era otra cosa.

—No entiendo —reclamó con un tono de frustración—. ¿Por qué Syaoran está tan seguro de querer ir? Sé que no le dieron opción, pero… ¿no pensó nunca en oponerse?

Meiling suspiró y tomó un bocado de su sundae antes de contestar.

—Hay algo más de lo que nos enteramos ese día. Influyó mucho en nuestra decisión.

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En la mansión Li, el joven heredero descansaba su cuerpo en el balcón del segundo piso, donde lo encontró Yukito.

—No debe ser fácil para ella —dijo el mayor.

—Lo sé, sé que es demasiado, pero si ella comprendiera… —suspiró resignado—. ¿Desde cuándo lo sabías tú?

—Hasta que tomé consciencia de mi otro yo. Mis abuelos son ambos custodios, mi abuelo es guía y mi abuela es mediadora. No me dijeron nada cuando cumplí 16 por no arriesgar la transferencia de las cartas a su nuevo dueño.