Hola! Muchas gracias a todos por sus review, me alegra que le gusten esta historia.

Lamento el abandono, estoy actualizandome con el manga de One Piece, y al decir que estoy atrasada, es que en verdad estaba MUUUUUUY atrasada xDDD lsi lo deje en el water 7! xDD cuando apenas franky y luffy se ven frente a frente! xDDD Fue un largo recorrido el leerlo, ya ando por el 622, así que me falta ya poco.

Bueno, sin mucho que decir, les dejo el capi 1 de este fic, ENJOY!

ADVERTENCIA: Este fic contiene escenas violentas que se puede mencionar "sangre" cotar la cabeza o la cabeza va girando", etc... también puede haber escenas hot, en pocas palabras, puede contener material no apto para menores, así que si ya lo leiste estando advertido, NO ES MI PROBLEMA! SINO TU RESPONSABILIDAD! XDDD Tambien, riesgo a que los personajes de Bleach se salgan de su personalidad.

DISCLAIMER: Bleach y sus personajes no me pertenecen, lo que es mio es la trama.

Capitulo 1: El loco del manicomio que murió.

Hasta los 16 años, él era un joven que provenía de una de las cinco familiar más importantes del país de Japón, le debían respetar y cumplir todos sus caprichos, pero él jamás se creyó mejor que los demás, siempre pensó que su posición social fue a causa de la suerte y debía dar gracias por ello. Hoy en día, tenía 18 años recién cumplido y había sido degradado a un loco asesino y vivir eternamente en un manicomio, porque la gente piensa que sus actos los hizo por problemas mentales. Ya llevaba cerca de dos años encerrado en un cuarto con las paredes de blanco y esponjoso, vestido también de blanco y con una chaqueta de fuerza para impedir que "se lastime" (así que le daban de comer de la boca cuando iban a dejarle comida) y se lo quitaban sólo en el patio para estirar los músculos.

No servía de nada decir que no estaba loco, era una frase común que decían los dementes y… ¿Quién le va a creer a un loco que dice que no lo es? No había sentido. Y si llegase a "curarse" le esperaba otra condena: prisión. Y él no iba a ir a vivir tras una celda por algo que no cometió, así que no le quedaba más remedio que estar el resto de su vida en un manicomio, es más cómodo. En estos dos años, su cabello había crecido (estaba hasta por debajo de la cintura ya que le crece rápido, pero los enfermeros se lo cortaron), le quedaba por atrás hasta el final del cuello, caían mechones por delante a de sus orejas, tapándoselas, su nariz y sus ojos, que lo hacía ver más atractivo con sus inexpresivos ojos marrones que nunca se podía saber que decían ya que parecían ser cerrados por puertas blindadas en que sólo pocas personas conocían el código.

Tenía suerte de que los encargados nunca lo dejen con la gente, no quería compañía o amistades raras en ese lugar de locos (a pesar que él esta involuntariamente en el saco) y no quería sus comentarios nada sutiles de los "asesinatos" que cometió. Él no era un asesino… por lo menos por ahora, porque juraba cada noche que si lograba salir, se vengaría de todos los responsables del atentado a los Kurosaki con un charco de sangre como resultado. Lo único que le hacía falta era información, ¿Cómo estaban sus hermanas? ¿Estaban seguras o también están bajo las garras del infeliz? Sólo pedía que estuviesen vivas, no soportaría otro familiar muerto, ver con sus propios ojos las muertes de sus padres ya fue suficiente.

Apoyó su cabeza en la pared acolchado y cerró los ojos al sentir luz repentina, señal de que abrían la puerta, algo raro si no hace mucho le entregaron la comida. Notó que era su doctor personal: Shiba Kaien, un hombre agradable, el único amable que conocía y que hasta le creyó (o por lo menos, lo aparenta) cuando se sincero y le contó lo ocurrido en esa noche que perdió todo. Curiosamente, eran muy parecidos, la única diferencia es en los colores de cabello y ojos, era un pelinegro de ojos azules y sonreía más que él. Pero esta vez, no sonreía, se veía más calmado y un poco preocupado.

-¿Pasa algo, Kaien?

-Hoy viene un estudiante de psicología que se le asigno tu caso como parte de su práctica profesional. – Oh, genial, vería otra gente desagradable y sería otra vez un experimento.

-Ya a estas alturas no me interesa. – Restándole importancia, viendo otra dirección. Lástima que estaba atado a una chaqueta de fuerza, podía usar sus manos como ayuda para parecer más desinteresado.

-Pero este estudiante si te va a interesar. – Aseguró con tanta confianza que atrajo la atención de Ichigo. – Es uno de tus amigos, Abarai Renji.

Lo primero que hizo Ichigo fue abrir los ojos como platos, notablemente incrédulo, hasta creyó que estaba bajo una cámara oculta, luego… soltó un grito.

-¡¿Renji está estudiando psicología? – Mantenía sus ojos abiertos. – ¿Desde cuándo? ¡¿En qué momento se le zafó un tornillo?

Kaien sólo sonreía nervioso mientras Ichigo contaba los miles de motivos del por qué no había sentido de que Renji fuese un psicólogo al menos que estén en un universo paralelo. Después de un rato, hizo que se detuviese, contando que estaba esperando en una habitación especial en el cual él mismo se encargo de elegir para la ocasión y que debían comenzar a moverse, Ichigo no se podía quejar ni nada ya que seguía anonadado por esta información nueva… ¿Cómo es que Abarai Renji, un delincuente en su juventud y heredero de un dojo, terminase estudiando una profesión que se relaciona con "leer" la mente de las personas cuerdas o no?

Dónde sea que haya terminado, vio a dos guardias en la puerta, de seguro listos para dejarlo inmóvil si se le abalanzaba al estudiante. Kaien le quito la chaqueta a pesar de las sugerencias de los uniformados, asegurándoles que no había problema y abrió la puerta para que el "loco" entrase. En la habitación sólo había una mesa cuadrada y tres sillas, en que una ya estaba siendo usada por el estudiante Abarai Renji, estaba sentado justo en frente del paciente y doctor, así que en sólo una mirada, Ichigo notó lo mucho que cambio en casi dos años: su cabello largo había crecido más, o más bien, ya no lo llevaba todo arriba como piña, ahora le caía hacía abajo, a nivel de los codos, por los hombros y a sus orejas, sólo mechones cortos se mantenían arriba, su cuerpo se volvió más esculpido y ya no usaba sus gafotas estrafalarias (de seguro se canso de gastar tanto en un par que le duraba máximo dos días por meterse en muchas peleas), los cambio por una tela negra que rodeaba su frente y muñecas. Vestía una pollera negra por fuera del pantalón, unos pantalones de sacos de color rojo y zapatillas blancas… por lo menos seguía actuando igual. Kaien cerró la puerta y le ofreció a Ichigo la oportunidad de sentarse en donde quisiera y el enfermo se sentó frente a Renji, llevando sus manos tras la cabeza como un ejercicio de estiramiento, tenía que aprovechar el corto tiempo con sus miembros superiores libres.

-Yosh Renji, ¿te volviste loco? – Decidió comenzar con un saludo a ver qué le diría.

-No soy tu compañero de camarote en este manicomio, así que no, estoy muy cuerdo. – Sonriendo con burla.

-Vete a la mierda. – Extraño, no se veía enojo o decepción en Renji a pesar de su antecedente criminal. Había imaginado que apenas entrase, le gritaría y le diese una serie de golpes que él devolvería (Kurosaki Ichigo no se quedaría sólo a recibir), Kaien le gritaría que se controlase mientras la seguridad entraba y, posiblemente, lo anestesien. – Pareces feliz, ¿te declaraste por fin a Rukia?

-¿Qué te hace pensar que yo tendría algo con la enana? – Alzando su ceja molesto por el atrevimiento de Ichigo.

En silencio Kaien miraba la discusión, se hablaban (o insultaban) con tanta naturalidad como si no hubiese pasado dos años de "separación", ¿acaso era un truco de los psicólogos para ganarse la confianza de los pacientes? Eso o en verdad Abarai Renji no estaba enojado con el chico por el asesinato de Isshin y Masaki. Como parecían que no iban a acabar, decidió tomar las riendas del asunto dando golpes leves en la puerta y ordena que se callen o los enviaría a ambos a la habitación acolchada de Ichigo. Ya en silencio, comenzaron con la evaluación.

Lo que hacía Renji era preguntarle cosas que le dictaban los test, de vez en cuando, le entregaba una pregunta escrita en un papel en blanco y sólo había silencio cuando Ichigo escribía la respuesta. Kaien no parecía para nada preocupado de ese truco, sabía que esas preguntas secretas eran personales que el pelirrojo necesitaba saber, pero no quiso hacer nada por ser también un conocedor de la verdad.

¿Cómo está Orihime? Fue lo que leyó Renji en sus pensamientos y no pudo evitar sonreír, es la primera pregunta que le deja formular en papel y no dudo en preguntar por ella. Comienza a escribir la respuesta.

Orihime está preocupada por ti, viene todos los días, desde hace dos años, pero no la dejan hablar contigo con la excusa de que puede ser peligroso… ella jamás ha dudado en ti, ni se creerá que eres el asesino hasta que tú mismo se lo digas. Ichigo estaba feliz, conmovido y agradecido, tenía una prometida asombrosa, fiel y con un corazón de oro que la ayudaba a seguir creyendo. Deseaba mucho verla, estrecharla en sus brazos, oler su cabello naranja (que de seguro seguía oliendo a frutilla), susurrarle que todo saldrá bien y… muchas cosas más, Orihime lo llenaba en todos los aspectos como una droga, cuando creía que estaba satisfecho, más crecía la necesidad de tenerla… ¡han pasado dos años, joder! Si terminaba como un genuino loco de ese lugar, será sólo por no tenerla a su lado, ¿cómo podían ser crueles con él? Notó que había algo más escrito: Pasa más tiempo fuera de casa ya que Tsukishima no para de ir a cortejarla y convencer a su familia y a ella de convertirla en su prometida. Ahora sí que iba a volverse un demente, pero tipo Hulk, en cualquier momento se volverá grande y verde, se le cortaría el vocabulario a tipo Tarzan, destruiría todo a su paso y con sólo un apretón de mano, haría explotar la cabeza de Tsukishima como castigo y lo usaría de ejemplo para futuros idiotas que se querían meter con su mujer, era suya, suya, suya y él no compartía… maldijo su lado posesivo, que había liberado su imaginación homicida como los duendecillos azules de Orihime.

¡Maldito desgraciado, hijo de puta y cabrón de mierda! Renji lo había leído con una gota en la frente y mirando a Ichigo con duda sobre su juicio, preguntándose si en verdad era un error que este encerrado. Lanzó un suspiro de resignación, no tenía remedio. Siguió leyendo: Cuídala bien, Renji. Sabes lo importante que es para mí, no permitas que ese mal nacido ni nadie se le acerque, te estoy confiando mi tesoro. Necesito también que averigües de mis hermanas y sobre quienes ayudaron a la mierda a destruir a mi familia.

La respuesta de Renji fue:

Estamos Rukia y yo en eso, no te preocupes. ¡Ah! Y Hinamori está bien, claro que quedo horrorizada y todo, pero ya está bien y ahora está bajo la protección de Orihime. Eso sí, no sé nada de la niña Riruka, no hay registro de ella en la lista de cadáveres aún y no ha dado señales de estar viva en la comisaria, así que las posibilidades de su muerte son altas.

-Quedan cinco minutos. – Aviso Kaien, robando el silencio que sólo se había oído la pluma en el papel al ir creando palabras.

Y Renji le entregó la última hoja con sólo una pregunta, el doctor notó que a letra y color era distinta que las anteriores. Ichigo reconoció de inmediato el puño y letra de Orihime, era su indiscutible letra redonda y elegante, escrita en rosa oscuro como frutilla, si hasta le dibujo la fruta en otra hoja con el mismo lápiz, un regalo para él que guardó en sus ropas.

Te amo… y te extraño, estoy tan sola y atrapada… necesito verte de nuevo, ¿Hay algo que pueda hacer para sacarte de ahí?


Renji salió del manicomio después de otro análisis como prevención, camino en el estacionamiento hasta llegar a un deportivo rojo, que le había costado un año de sudor y ahorro y medio año muerto de hambre. Dejó sus cosas atrás, menos la hoja que había sido escrita por Orihime y se sentó en el asiento del piloto, se pone el cinturón de seguridad y cierra la puerta, para luego ver el asiento del copiloto y al pasajero.

Era una muchacha de ojos grises, que reflejaban curiosidad y ansiedad por un comentario del pelirrojo, su largo cabello le llegaba por debajo del trasero y ondulado, con flequillos en sus mejillas, pero uno estaba bien recogido por las horquillas que su hermano le regalo cuando anteriormente, usaba una en cada lado de la cabeza. Usaba un vestido rosa sin mangas y con escote redondo, zapatos de charol de color negro y un chaleco de lana delgado de color blanco.

-¿Y bien? – Manteniendo la ansiedad.

-Para ser alguien que pasó dos años en un manicomio… está bien. – Apoya una mano sobre la cabeza de la chica. – Te extraña… Orihime.

Orihime sonrió ante sus palabras y las lágrimas no tardaron en salir, había perdido algo de peso sobre sus hombros y volvió a respirar en paz. Notó que Renji le estaba ofreciendo una hoja de papel doblada y no dudo en abrirla, sonriendo de felicidad al reconocer la letra de Ichigo debajo de la suya.

Ya verás que solucionare todo hasta que sea lo último que haga y no tendrás que seguir llorando por mi culpa… también te extraño.

-Ichigo. – Se aferró al papel como su gran tesoro y las lágrimas continuaron, feliz y aliviada de saber al fin algo de él después de que le prohibieron cada día verlo. – Debo ser fuerte para que Ichigo no se preocupe por mí y pueda proteger su nombre y el de su familia.

Nada ni nadie podían romper su muro, se mantendría firme…

… hasta una semana después.


Con una sonrisa se cepillaba el cabello sin dejar de mirarse al espejo, tenía que apresurarse en salir e irse donde Rukia antes de que llegase Tsukishima como todos los días con el mismo propósito: pedir su mano. Era tan molesto, ¿No veía que sólo se casaría con Ichigo? No podía amar a nadie más que a él, no se imaginaba la vida con alguien que no fuese su fresa. Había hecho de todo para hacerlo entender, pero él, o fingía o en verdad era un tonto que no entendía indirectas… o directas.

Hoy era 9 de julio, por lo que eso significaba que en seis días iba a ser el cumpleaños de Ichigo… sonrió emocionada. Tal vez podía pensar con Rukia sobre un plan para entregarle un presente al chico, tal vez primero debían contactar a ese doctor del que le hablo Renji, que parece ser el único en el establecimiento que apoya y cree en Ichigo, el tal Shiba Kaien. Primero debía pensar en un regalo, algo único y discreto para que nadie del manicomio se lo arrebate… ¿pero qué? ¡Oh! Tal vez debía cazar a uno de los duendecillos azules y convertirlo en esclavo de Ichigo… ¡sería perfecto! Así no se sentirá solo con algo de compañía y gracias a sus habilidades de robar cosas, le podría traer comida decente o algún juego, ¡lo que sea! Sólo basta con pedírselo y se lo dará. Bien, ahora debía idear un plan para cazarlos… tal vez mantequilla de maní o su colección de lápices de patos azules y usar en caso de emergencia una cámara oculta, así podrá grabarlos y encontrar su escondite… ¡tendría miles de duendecillos para Ichigo!

-Bien, debo ir a comprar mantequilla de maní. – Decidida, dejando su cepillo sobre el velador y va por sus cosas cuando la puerta se abrió sin su permiso y de un portazo. Sobresaltada, voltea para descubrir a Hinamori asustada, triste y dolida de tener que dar una mala noticia. – ¿Hina-chan? – Asustada de esa expresión. – ¿Qué pasa?

-Tsukishima-sama se encuentra en casa para verla a usted y convivir junto a la familia.

Orihime suspiro aliviada, Momo la había asustado por algo sin importancia… aunque si, tendrá ahora que inventar una excusa para salir sin parecer grosera.

-No me asustes para esas cosas, Hina-chan… prepara el auto, voy a distraerlos y…

-Orihime-sama. – Hinamori la interrumpió arrepentida. – Tsukishima-sama viene del manicomio en que está hospitalizado Ichigo-sama.

El miedo volvió con sólo oír el nombre de su prometido… le rogaba a los dioses la seguridad del chico y fuerza para la noticia.

-¿Le paso… algo a Ichigo? – Dudosa y asustada de querer saber la verdad.

-Ichigo-sama… Ichigo-sama… – Estaba derramando lágrimas, mala señal para la joven Inoue. – L-Lo siento, yo…

-¡Por favor, Momo, dilo de una vez! – Le grito desesperada y perdiendo la paciencia, odiaba ser así de dura con la gente, pero ya estaba enloqueciendo de impaciencia.

-¡Ichigo-sama ha muerto!

La capacidad motora desapareció en sus manos, dejando caer al suelo el cepillo que estuvo usando para peinarse. Hinamori veía deprimida el inmóvil cuerpo de su nueva ama de dos años de servicio, sus labios temblaban y no podía pestañear a pesar de que sus ojos se estaban resecando. Al notar que no estaba recibiendo aire, retrocedió con pasos torpes, perdiendo el equilibrio y se tuvo que apoyar en Hinamori (quien actuó rápido y la tomó de un brazo) para no caer.

-I-Ichi…. – Poco a poco, los pulmones recibieron oxígeno, recuperando el habla y la habilidad de pestañear, lo hacía sin cesar como prueba de incredibilidad. – Ichigo no puede… se supone que él… él me prometió…. – No era capaz de terminar sus oraciones y estaba por largarse al llanto. – ¡NO!

Apartándose de Momo sin delicadeza y en una fase de negación, Orihime corrió para huir de la verdad y para buscar respuestas. Bajaba las escaleras sin preocuparse de caer por sus tacones de aguja y altos, a tropezones dobló a su derecha y siguió con su carrera por el primer piso en búsqueda de la habitación que se usaba para recibir a las visitas. Al abrir la puerta, vio a su familia completa, preocupados y tristes por lo muy afectada que estará su hija por la noticia, también estaba Tsukishima, tomando de su taza de té con unos ojos compasivos por ella, pero Orihime podía apostar que sus labios se esforzaban en no sonreír por la alegría de que Kurosaki Ichigo ya no existe en este mundo… como deseaba plantearle una bofetada o un puñetazo por su insolencia.

-Orihime. – Su madre, compasiva, se pone de pie y camina a ella, tomándola de los hombros. – No deberías estar aquí, anda a tu dormitorio y…

-Tsukishima-san. – De nuevo no uso la gentileza para apartarse de alguien, aun si era su madre, caminó hacía el hombre y lo encaró con mirada seria, como echándole la culpa de todo lo que le pasaba a Ichigo y a ella misma, con su cuerpo temblando levemente y conteniendo (por ahora) la necesidad de gritarle. – Como la prometida de Ichigo, exijo una explicación, ¿Qué ha pasado en la clínica en donde estaba mi prometido? – Jugaba con esa palabra para que nadie, especialmente él, se olvide del destino de los pelinaranjas de estar juntos por siempre, como dictan las estrellas.

-Orihime. – Tsukishima habló con una voz pasible y comprensiva. – En verdad lo siento mucho, sé lo mucho que lo amabas. – Usando el verbo pasado para hacerle ver que ya no estarán juntos. – Pero debes aceptar de una vez que él fue a un manicomio, no a un simple hospital. – La necesidad de golpearlo crecía en la chica, ¿cómo se le ocurría insultar a Ichigo? ¡Él es inocente! – Debes ser ahora fuerte ante este doloroso golpe, no todos los días una de Las Cinco Familias de los Puntos Cardinales sufre un golpe así… y siendo el culpable alguien de la misma rama. – Suspirando resignado ante la crueldad de la vida.

-¡Dime lo que paso de una vez! – Le gritó, ya no le importaba el control, pero se seguía conteniendo a la violencia. – ¿Dónde está Ichigo?

-Orihime, por favor. – Dijo su hermano, Inoue Sora. Alto y apuesto como era normal en la familia, abogado de 31 años, cabello negro con tonos azulados y ojos grises. Llevaba un año y medio viudo y con una hija de 7 años. Vestía jeans azules, camisa blanca fuera de los pantalones y zapatos negros bien lustrados, era su día de descanso. – No importa que tan doloroso sea la noticia, debes mantener la calma.

-Ichigo sufrió lo que pareció ser una especie de ataque cerebral. – Shuukurou se digno en hablar al fin. – Gritaba vuelto loco y golpeaba a sus enfermeros cuando trataban de darle un sedante. Se liberó del chaleco de fuerza y como creía que lo estaban atacando con violencia, los dejó inconscientes y escapó… parece que había sufrido amnesia porque estaba confuso y no recordaba nada. Ordenaba a gritos que lo dejasen en paz y cuando un guardia logro domarlo, Ichigo lo había derribado y pescó su arma, le dio en un brazo y cuando estaba por matarlo, otro guardia que venía llegando, al ver la situación, reaccionó con dispararle. – Pasando una mano por la nuca. – Fue de vida o muerte, de inmediato lo llevaron a urgencias, pero no logró sobrevivir… murió en plena operación.

-¿Me estás diciendo que fue un accidente?

-Lo siento mucho en verdad… pero ya sabías que iba a morir de todas maneras por su condena de matar a miembros de uno de los cinco puntos cardinales.

Ichigo estaba muerto… su Ichigo estaba muerto… estaba viendo rojo, ¿Acaso estaba llorando sangre? Se abrazó a sí misma y se deja caer al suelo de rodillas, gritando en llanto su dolor insoportable, todo le estaba doliendo: la cabeza, el pecho, el estómago, todo estaba lastimado. Apenas podía escuchar a su familia llamándola y los consuelos de Sora. No les prestaba atención a sus palabras o a sus tactos, en parte porque estaba gritando muy fuerte el nombre de su amado. Ocultando su rostro con las manos, dejó que su cuerpo se moviera por sí solo, aceptando la ayuda de su hermano para volver a su habitación. Al oír a sus padres hablando con Tsukishima y como este volvía a mencionar lo trágico del asunto, mordió sus labios y tomó un florero, aventándoselo al hombre en plena cabeza sin importarle su familia asombrada o que ahora el hombre sangraba.

-¡Orihime! – Le reprendió su padre.

-¡Canalla! – Gritó con todas sus fuerzas y haciendo resistencia de los intentos de Sora por llevársela. – ¡Eres un maldito asesino! ¡Tú hiciste todo esto, lo sé y me aseguraré de qué la muerte de Ichigo y sus padres sean vengados!


Pasó cuatro años en depresión.

Con ayuda de las otras cuatro familias que formaban los puntos cardinales (Shiba, Kuchiki, Ishida y Shihouin), pudo hacerle un funeral decente a Ichigo tres días después de su muerte y enterrarlo frente a las tumbas de sus padres, ya que el gobierno no creyó apropiado darle tal honor después de sus antecedentes criminales. Pasaba todos los días visitándolo después de sus clases con un ramo de tulipanes rojos que simbolizaban el amor eterno, le hablaba de las cosas que le pasó durante el día y volvía a casa cuando ya había más luna que sol. En casa sólo se dejaba ver en la hora de la cena, se quedaba encerrada en su habitación, siendo su hermano o Hinamori las únicas personas con acceso permitido.

Ahora, con 20 años y a un año de terminar gastronomía, llegaba a su casa después de ir al cementerio como siempre. Faltaba sólo cuatro días para el cumpleaños de Ichigo y en su honor, usaba unos aros de una flor con seis pétalos como las orquídeas que le regalo su hermano a los doce años, un presente de su prometido… también era símbolo de su esperanza porque una parte testaruda de su ser seguía creyendo que él seguía vivo. La pueden llamar demente, pobre o enferma, le daba lo mismo, ella seguiría esperando a que él entrase por la puerta y sé que se la llevará muy lejos del país que los separó.

Al llegar a casa, le llamó la atención que su madre este frente a ella con ese porte superior que caracterizaba a la nobleza, no importaba la situación, ella seguía de pie como roble, aun ese día cuando de pequeña se perdió por una semana en el viaje que apostó que a ella no le importaba para nada su vida, que sólo Sora era su universo, ni en sus seis años de dolor le brindó apoyo o palabras de consuelo, sólo le había dicho que su comportamiento era infantil. Ignorándola con ejemplo, inclinó la cabeza para mostrar respeto y pasó por al lado para seguir su rumbo directo a sus aposentos… pero su madre la detuvo, le basto llamarla.

-¿Sí, madre? – Sorprendida.

-Ya ha pasado mucho tiempo para que sigas lamentándote como una niña que perdió su manta, ¿no crees? – Girando para verla con esa mirada que congelaba la sangre de cualquiera, ni su marido estaba a salvo.

-Me es imposible madre, tal vez desconozcas este sentimiento, pero se llama amor… yo amo a Ichigo, mamá.

-¿Me estás diciendo que yo no amo a tu padre o a mis hijos? – Orihime pensaba decirle "parece que sólo tienes ojos para tu orgullo y que a mí me tratas como las sobras" pero se mantuvo callada porque no estaba de ánimos para discutir con ella de nuevo. – Deberías madurar de una vez y seguir.

-¿Cómo… cómo osas decirme algo así? ¡Ni siquiera te importa cómo me siento! – Dijo en un grito impotente, encarándola al fin y señalándola con el dedo. – Si sólo quieres molestarme contándome lo idiota que soy, dímelo por escrito ya que me sé eso de memoria.

-No hay duda de qué tu actitud inmaduro y contagioso no es aceptable, así que necesitas una solución inmediata. – Comentaba sin preocupaciones a pesar que su hija se iba alejando cada vez más para subir las escaleras. – Así que pensando por tu bienestar, tu padre y yo hemos aceptado la propuesta de matrimonio de Shuukurou.

Se detuvo con un pie en el primer peldaño, voltea para ver a su madre con los ojos abiertos y se desconecto del mundo por unos segundos, ¿Qué la estaban tomando el pelo? No… su madre no era de hacer bromas… entonces… entonces…

-¿Qué has dicho? – Aun estaba incrédula.

-Lo que has oído: ahora eres la prometida de Shuukurou Tsukishima. – Le dijo bien claro para no tener que repetirlo de nuevo.

-¡¿Qué se han vuelto locos? – Caminando hacía ella a pasos acelerados. – ¡Yo no voy a casarme con Tsukishima, si no me caso con Ichigo, entonces con nadie, ¿me oíste?

De respuesta, una bofetada en la mejilla la dejo compleja, guio de nuevo sus ojos a su madre, seguía inexpresiva, pero… ¿Lo que vio en lo más profundo de los ojos grises era preocupación? No, debía ser un efecto de la luz.

-Recuerda que estás ante tu madre, y como tal, exijo respeto. – Orihime estaba callada, era la segunda vez en toda su vida que ella le diese una bofetada, la primera vez fue ese día en que estuvo desaparecida. – Ese hombre estuvó seis años con la oferta, nosotros pensando en ti, que no era apropiado por todo lo que has pasado, lo hemos rechazado. – Confesó con el tono más calmado para hacerle entender. – Pero ya es hora de qué sigas adelante… por lo menos, no sola… Shuukurou parece un buen hombre y muy paciente por insistir tanto, especialmente después de ese golpe que le diste con el florero. Por eso tu padre piensa que es adecuado y que te podría ayudar a superar lo que estás sintiendo. Dime, Orihime….—Su madre lanzó un hondo suspiro, pudo reflejar en el aire el cansancio en sus frágiles hombros.— ¿Qué más puedo hacer? Ya no quiero seguir viendo todo los días como llegas desde el cementerio, encerrándote todo el día en tu habitación para ver las fotografías de Ichigo-san, escuchando música romántica y colocándote las ropas que él te ha dado a pesar que ya no te quedan. – Vuelve a suspirar, en verdad estaba muy cansada. – Me causas dolor verte así.

Ahora Orihime sentía culpabilidad, podía entender lo que decía su madre y lamentaba mucho causarle esto a su familia, pero… ¿Qué podía hacer? Desde que tenía uso de razón, le habían dicho que se casaría con el hijo mayor de los Kurosaki y que debía estar muy orgullosa y afortunada porque era parte de una de las cinco familias más importantes que controlaba el país después de la familia real. Claro que al principio no le llamaba la atención, hasta sentía enojo con el chico por privarle su libertad, pero al cumplir los ocho años y finalmente lo conoció, se enamoró de él al instante, sólo le basto la primera sonrisa tierna, de esas que sólo le brindaba a ella para transmitirle los sentimientos que sentía ya que aquel busca problemas no era de decir mucho "Te amo". En las vacaciones de verano pasaban mucho tiempo y cada vez que se podía, su amor inocente de la infancia fue creciendo a uno más maduro con cada día y año que pasaba. En su cumpleaños número trece, Ichigo le regaló los aros de flores. En el catorce, cumplió su deseo y le dio su primer beso, fue lo más mágico del mundo. En verdad estaba enamorada de Kurosaki Ichigo… ¿y ahora le pedían olvidarlo y seguir?

Ichigo-kun… las estrellas dicen que vamos a estar juntos por siempre.

Lo sé, veo imposible estar con otra chica que no seas tú.

Las lágrimas volvieron y se tapó el rostro con sus manos, no quería esta nueva realidad, quería estar encerrada en su locura de que Ichigo está vivo en alguna parte.