-Nos han rodeado... -Los tres lobos caminan en círculos alrededor del joven.
-Bueno hermanito, ha sido un placer. -Ironiza Aiden.
-No seas pesimista, Aiden.
-Es fácil decirlo, pero es que esta... ¡Es la segunda vez que voy a morir! -Gruñe Aiden.
Las palabras de su hermano pequeño se clavan en su corazón como si fueran una espada. Shawn ya se ve perdido. Pero no morirá sin luchar.
Poco a poco los lobos van estrechando el círculo. Shwan está temblando del frío, pero está completamenta atento al movimiento de las tres bestias. Si consigue esquivar su primer ataque, quizás tenga una oportunidad y pueda huir por el hueco que habrá dejado libre la bestia.
Sin embargo, los lobos no atacan.
El más grande de ellos, el primero que vio. Aulla y mueve el hocico hacia él.
-Es como si me quisiera decir algo, ¿Verdad Aiden? -Pero Aiden no responde. -¿Qué te pasa? ¿Estás asustado? -Pregunta Shawn. -Pero solo se oye el silencio.
Los tres lobos se detienen y mueven su cabeza hacia la derecha. De repente, el mayor comienza a correr hacia el lado que hace unos segundos se empeñaba en señalar con la cabeza.
-¿Queréis que os siga? -Pregunta Shawn algo intranquilo.
Los dos lobos restantes se giran y en un abrir y cerrar de ojos siguen a la primera bestia.
-Supongo que eso será un sí... -Shawn echa a correr tras ellos, con cuidado de no perderlos de vista, su campo de visión sigue sin ser muy grande. -No sé si esto es muy buena idea... -Pero no se detiene. Realmente no tiene nada mejor que hacer.
Tras unos minutos corriendo, los tres lobos desaparecen detrás de usa rocas.
-Maldición. -Intenta decir Froste. Pero sus labios se están congelando. Están adquiriendo un tono morado.
Shawn acelera para no perderlos y rodea las rocas para descubrir...
-¡Una cueva! -Shawn corre hacia adentro y suspira.
El viento y la nieve ya no atormentan su cuerpo, que ya es mucho, y quizás sea el contraste de la temperatura entre dentro y fuera, pero juraría que hay un calor muy agradable ahí dentro.
Se queda quieto durante un momento para recuperar fuerzas. Pone sus manos sobre las rodillas y respira cansado durante un buen rato hasta que su ritmo cardiaco y respiratorio se vulve normal. Acto seguido, se quita la nieve que ahora prácticamente le cubre todo el rostro y el uniforme del Instituto Alpino. La verdad es que ese uniforme está preparado para soportar bajas temperaturas, pero no cree que fuera capaz de salvarle la vida en medio de una tormenta de nieve...
Entonces se fija en la pared. La poca luz que proviene del exterior de la gruta ilumina unos curiosos dibujos. Shawn se acerca, posa las yemas de los dedos en la pared y trata de forzar la vista para visualizar mejor las figuras.
-Son hermosos, ¿A qué sí? -Una voz dulce y melodiosa lo despierta de su letargo.
-¡Espabila Shawn! -Se dice a sí mismo. Está empezando a echar de menos a Aiden, que siempre le sacaba de estos apuros.
Entonces se vuelve hacia los dibujos de la pared.
-¿Qué son?
La muchacha sonríe. Es la sonrisa más bonita que Shawn ha visto nunca.
-Es una técnica ancestral que practicaban los primeros hombres que habitaron estos montes y bosques. La usaban para cazar osos, renos o incluso mamuts. -Relata. -El Aullido de Lobo, se llama.
-¿El Aullido de Lobo? -Pregunta Shawn recordando a los tras animales que había seguido hasta llegar a la gruta.
Aún así, Shawn se concentra en las figuras de la pared. Los movimientos, las posturas, ... todo se le queda grabadas en la mente. Las ve al cerrar los ojos. Siente que nunca se le van a olvidar.
-¿Quién eres? -Se gira entonces el joven Shawn.
-Me llamo Oréade y soy la ninfa de esta gruta ¿Y quién eres tú?
-¿Que quién soy yo? -Shawn se sorprende por la respuesta y por la pregunta. -Yo soy Shawn Froste...y soy el Capitán del Instituto Alpino. -Responde. -Soy idiota. -Se reprende. -"y soy el Capitán del equipo de fútbol del Instituto Alpino" ¿Qué es eso comparado con una ninfa? -Su rostro aquiere tonos rojizos.
-¿Y qué haces en mi gruta, Shawn Froste, Capitán del equipo de fútbol del Instituto Alpino? -La sonrisa desaparece del rostro de la ninfa, la cual adopta una expresión severa.
-Yo... es que... -Shawn está muy nervioso.
-¿Has vendio a perturbar mi descanso? -Oréade parece furiosa. Su mano se alza y señala con el dedo índice al joven.
Shawn se siente palidecer. Está ahora más asustado que cuando estaba rodeado por los lobos hace unos minutos. Retrocede lentamente hacia la salida de la cueva mientras traga saliva. Pero entonces escucha una agradable risa. Es Oréade.
-Perdóname Shawn. -Vuelve a reír. -No me he podido resistir. Deberías haberte visto la cara.
Shawn vuelve a ponerse colorado, pero al mismo tiempo, exhala un suspiro de alivio.
-No suele venir mucha gente por aquí, ¿Sabes? -Oréade ha dejado de reír, pero sigue alegre.
-Menudo susto me has dado... -Shawn recupera la compostura y esboza su sonrisa tranquila.
-El caso es que te vi perdido en medio de la tormenta y te mandé una equipo de ayuda.
El gran lobo al que ha seguido antes aparece tras la ninfa. Se tumba y se deja acariciar por ella. Otra de las bestias sigue su camino y se tumba también.
-Así que fue ella quien mandó a los lobos, Aiden. -Pero sigue sin haber respuesta. -¿Aiden? ¿Estás enfadado?
Entonces, el tercer lobo salta sobre Shawn de forma inesperada. Shawn intenta librarse de la bestia, pero es incapaz, ahora mismo no tiene tanta fuerza. Entonces el lobo abre sus fauces y le lame toda la cara con su lengua.
-¡Ay! -Exclama Shawn desconcertado por completo.
-Creo que le gustas. -Ríe Oréade.
Finalmente, Shawn consigue levantarse y mientras acaricia al animal se dirige a la ninfa.
-Yo... gracias por salvarme.
-¡Oh, que ricura! -Suspira la ninfa.
Shawn se vuelve a poner colorado.
Pasan unos minutos en total silencio.
-Puedes quedarte aquí hasta que amaine la tormenta, si lo deseas. -Le invita Oréade.
-Es lo mejor que puedo hacer... Gracias de nuevo. -Pero entonce Shawn mira hacia el interior de la cueva. -¿A dónde lleva ese camino?
Oréade esboza una sonrisa misteriosa. Es como si esparara que le hiciera esa pregunta.
-No puedo decírtelo. Debes explorarlo tu solo. -Shawn desvía la mirada de Oréade al interior de la cueva y del interior de la cueva.
-Como ya he dicho... no tengo nada mejor que hacer. -Shawn se encoge de hombros y se levanta.
La ninfa parece contenta, chasquea sus dedos y hace aparecer una antorcha.
-Puedo acompañarte la primera parte del camino, pero luego tendrás que ir tú solo. -Y acto seguido comienza a andar seguida de sus bestias. Shawn se apresura para no quedarse atrás.
-¡Vaya! -Los dibujos en las paredes continúan y Shawn sigue memorizándolos.
Se sorpende lo fácil que le resulta aprender estas extrañas figuras en comparación con el temario de biología...
-¿Tú también los entiendes, Aiden? -Pero olvida que Aiden se niega a hablarle.
Avanzan durante unos minutos hasta que la ninfa se detiene.
-A partir de aquí deberás caminar tú solo. - Le entrega la antorcha. Shawn la mira a los ojos. Sus palabras ahora tienen un carácter nostálgico. Traga saliva mientras recoge la antorcha.
-¿Te volveré a ver? -Pregunta el Príncipe de las Nieves.
-¿Quién sabe? - Le responde la ninfa de la gruta.
Oréade la acaricia la mejilla al joven Froste antes de volver por donde ha venido.
-Que tengas suerte, Shawn Forste, Capitán del equipo de fútbol del Instituto Alpino. -Deja ver una última sonrisa.
-¿Has visto eso Aiden? -Dice sonrojado Shawn. -Sé que lo has visto... -Dice tocándose la mejilla.
Entonces piensa en qué le diría Aiden en esta situación "Mira en que lío nos has metido solo por querer impresionar a esa ninfa de la gruta, con lo fácil que era esperar en la entrada de la cueva a que la tormenta amainara, pues nada oye... ahora solo falta que aparezca un oso...o algo peor" En efecto. En efecto. Eso suena a algo que diría Aiden. Shawn sonríe.
Una neblina comienza a rodear a Shawn y a expandirse por la gruta.
-Esto no augura nada bueno... -Por un momento se siente tentado de dar media vuelta... pero no quiere decepcionar a Oréade así que continúa andando.
Al cabo de unos minutos la bruma es tan intensa que ya es incapaz de visualizar el camino y tiene que ir con las manos por delante para evitar golpearse contra las frías paredes rocosas de la cueva.
Y quince minutos después ya está completamente perdido, ya ni siquiera es capaz de localizar las paredes de la gruta, es como si estuviera en el interior de una gran cavidad.
De repente Shawn comienza a escuchar algo. Un zumbido. Sí, cada vez lo oye más cerca. Por instinto, Shawn se gira y alza la pierna para controlar el balón.
-Así que era este balón el que provocaba el zumbido... -Se dice. -Espera un momento ¡Es el balón que había perdido antes! -Se da la vuelta asombrado, esperando ver a Oréade con una sonrisa pícara en la boca. -¿Es otra broma tuya? -Pregunta Froste. Pero nadie responde.
Poco a poco, debido al remate misterioso, la niebla comienza a difuminarse. En efecto, está en una gran cavidad, pero no es una cavidad cualquiera.
-¿Un campo de fútbol? ¿En mitad de la cueva? -Shawn se rasca la cabeza sorprendido. Aún trata de buscar con la mirada a la ninfa, pero es obvio que ya no está.
Aquí termina la segunda parte. Espero sinceramente que lo hayáis disfrutado. Podéis escribir en los comentarios, si lo deseáis.
¡Qué paséis un buen día y muchas gracias!
