Capítulo 2.
Restauración
Terrence paseaba con impaciencia de arriba a abajo por el gran vestíbulo de la casa.
"Vine un poco antes de la hora en que ella me esperaba..." reflexionó sintiéndose inquieto, pero él no la había visto desde hacía tanto tiempo que podría haber llegado desde la primera hora de la mañana y esperar por ella. La había extrañado inimaginablemente... ¡Y ahora era su oportunidad! "¡Sí! ¡Hoy ella llegó totalmente sola, será mía y solamente mía!". Pensó con melancolía "¡Mañana los otros también vendrán y entonces no tendremos el tiempo para estar a solas!", y con un gesto totalmente involuntario, golpeó con su mano el barandal de la escalera.
- "¿No es un poco tarde para hacerle una restauración a la escalera Terrence? "La casa ya ha sido restaurada ¿sabes?" lo sorprendió Candy con su melodiosa voz.
¡En dos o tres pasos, Terrence subió las escaleras, la tomó en sus brazos y la levantó por los aires!
- "¡Terrence!" lo regañó cariñosamente, tras lo que él la puso suavemente en el suelo, bajó la cabeza ligeramente arrepentido y tomó sus manos con ternura.
- "Lo siento..." balbuceó.
- "¡¿Te atreves a pedirme perdón…?!" exclamó Candy. "¿Has considerado lo anciana que soy?"
Los azules océanos que eran los ojos de Terrence se agitaron, pero Candy continuó sin inmutarse. ¡Oh! ¡Cuánto lo disfrutaba!
- "¡Si tú haces este tipo de cosas conmigo, no quiero imaginar lo que haces con las jóvenes damas!" Terminó la frase llena de emoción.
- "¡Estás en lo correcto! ¡Con ellas… soy aún peor abuela!" Y rio desde el corazón, al mismo tiempo que bajaba las escaleras del brazo de su amada abuela.
Una misma persona
De todos los nietos de Candy, Terrence era el que más adoraba a su abuela. Nadie en la familia podía explicar por qué este pequeño niño con pecas y ojos azules estaba tan unido a ella. Desde muy pequeño Terrence, prefería pasar su tiempo libre al lado de su abuela Candy, en vez de jugar con su hermano o sus primos.
En aquel tiempo en que Candy estaba en Chicago, el pequeño Terrence no le daba un minuto de paz a su abuela ¡La seguía por todos lados y todo el tiempo!
Sus veranos los pasaba siempre con ella en Lakewood, junto con los otros niños de la familia, por supuesto. Pero cuando se acercaba el momento en el que Candy partía hacía uno de sus muchos y tontos – en la opinión de Terrence – viajes, su llanto desgarraba el corazón de Candy.
Ciertamente, Candy siempre hizo lo posible y hasta lo imposible por no privar de su amor a sus otros nietos, sin embargo, como resultado, algunos de los más pequeños sufrían los estallidos de celos de Terrence, especialmente su hermano Bert.
Al crecer Terrence y entrar en la adolescencia, aprendió a ocultar lo que sentía más fácilmente y así, poco a poco, logró encontrar un balance. Sin embargo, la debilidad por su abuela nunca cambió; simplemente ambos, con el pasar de los años, encontraron la manera de comunicarse a través de códigos, de tal forma que pudieran evitar hacer exageradamente visible la relación tan particular que habían desarrollado.
Nadie podía comprenderlo, sin embargo, Candy y Terrence lo sabían.
Ellos eran una misma persona.
Ellos sabían lo que el otro sentía sin necesitar muchas palabras, ellos gustaban y odiaban de las mismas cosas, hasta el punto en que terminaba por parecer una broma. Candy nunca le reveló a nadie que ella le enseñó a Terrence cómo subir a los árboles, y él por su lado, nunca reveló que su abuela secretamente salía a cabalgar con él, a pesar de que el médico no se lo permitía más.
Es así, como de la misma manera, ese día salieron de la mansión en el coche de Terrence, sin discutir su destino. Simplemente porque ambos sabían a dónde se dirigían.
No fue agradable
Al mismo tiempo que Candy y Terrence salían rumbo a su paseo, otra persona regresaba a su casa después de un día bastante largo. Un día que, sin embargo, era prácticamente igual a los últimos diecinueve años.
Él había despertado exactamente quince minutos antes de las seis de la mañana, tomó su desayuno hasta las seis treinta y dejó su residencia quince minutos antes de las siete de la mañana, justo para dirigirse al rascacielos de los Ardley, en donde se encontraba su oficina. Después de ello, él dejaba de contar las horas hasta que llegaba el momento de volver a casa.
Archie Cornwell, a pesar de los años, era un bien conservado y siempre elegante caballero. Formal y consistente en su trabajo, un compañero leal para su esposa, un padre cariñoso para sus hijos y sus nietos. En general la vida lo había tratado bien y ésta fluía en una rutina sin interrupción, que largo tiempo atrás había decidido que no podía controlar más.
Cuando entró a la sala de su casa, encontró a Annie, quien hojeaba una revista para mujeres, indiferente a él.
- "¡Buenas noches querida!"
- "¿Cómo estuvo tu día Archie?" le preguntó dulcemente.
- "Bien... como siempre..."
- "Hmm... qué bien..." le respondió mientras continuaba pasando las páginas de su revista.
- "¡En realidad no es así!"
- "¿Qué es lo que no es así Archie?"
- "Que no estuvo bien..."
- "¿Qué no estuvo bien?"
- "¡Mi día Annie! ¡Mi día no estuvo bien!" y se dejó caer exhausto en el sillón. Ahora había conseguido la atención de Annie.
- "¿Estás bien? ¿Qué ha pasado Archie?" preguntó preocupada al ver a su esposo en ese estado.
- "Neal..."
- "Neal, ¿qué?"
- "Estuvo en la oficina hoy'' Se sentía tan cansado ahora que lo recordaba...
- "¡¿Qué es lo que quería?!"
- "¡Preguntarme la razón! ¡Ese sinvergüenza vino a preguntarme por qué!" gritó Archie.
Annie lo supuso.
- "¿Acerca de la casa...?" Annie preguntó cautelosamente.
- "¡Sí Annie, acerca de Lakewood!"
- "Pero él no tiene derecho... Lakewood es propiedad de Candy... ¿Cómo se enteró…?"
- "¡Por la misma Candy!"
- "¡¿Qué estás diciendo Archie?!"
- "Sí Annie, por la misma Candy, ¡Neal lo ha sabido porque ella lo invitó al evento! Realmente no sé en qué estaba pensando tu amiga…", de esa forma Archie llamaba a Candy delante de su esposa, siempre que estaba molesto con ella, "¡Y escucha esto Annie, Neal vendrá, y hará un alboroto!
Vayamos a ver una película
Él sintió que debía aparcar su auto tan arriba de la colina como pudiera. Sabía muy bien dentro de sí, que, si no lo hacía, esto haría enojar y probablemente muy infeliz a su abuela. Si algo de todo esto tenía sentido para ella, era definitivamente subir la colina por sí misma.
Sin perder un minuto, saltó fuera de su auto deportivo blanco y abrió la puerta del copiloto.
- "No puedo creer que tú también me consideres una vieja e indefensa abuelita, y que me ofrezcas tu mano para salir del auto..." dijo Candy tercamente.
- "¿Tu nuevo chofer… lo arruinó, supongo?" rió su nieto, mientras se divertía imaginando la expresión en la cara de ese pobre hombre.
Candy le guiñó un ojo.
- "¡Te veré en la cima abuela!" dijo y con pasos largos Terrence comenzó a subir la colina, dejando que Candy subiera a su propio ritmo.
Con cada paso que Candy daba hacia la cima de la colina sentía que iba agregando años a su vida. Uno... ¿Qué edad tenía ahora? ...; Dos... ser abuela por primera vez...; Tres... su matrimonio...; Cuatro... una noche en Escocia...; Cinco... soledad...; Seis... rosas blancas...; cada paso, un momento... cada momento, un recuerdo... cada recuerdo, una persona... lágrimas... meses... años... sonrisas...
- "¡Abuela!" Terrence la llamó, cuando ella finalmente llegó a la cima de la colina, bastante cansada, pero increíblemente feliz.
- "¡La próxima vez te cronometraré! ¡Cada vez te haces más rápida!"
"La próxima vez…" Una sombra cruzó el sonrojado rostro de Candy.
- "¿Te estás burlando de mí Terrence, o es mi impresión?"
Él no respondió, había percibido esa sombra en su rostro. No le preguntaría. Sería paciente. Él esperaría.
- "¡Oh! ¡Qué bien!" Candy dijo emocionada sentándose en el frío y verde pasto de la colina. Su nieto hizo lo mismo.
Tranquilidad… sólo los murmullos del viento.
Ella lo miró con calma y esperó.
- "Todos estarán aquí mañana… abuela" No era una pregunta, sino una afirmación.
- "Lo sé..."
- "¡¿Deseas que estén todos aquí?!"
No, ella no lo deseaba y Terrence lo sabía.
- "No hay otra manera."
- "¡Pero es tu cumpleaños abuela!" dijo con intensidad.
- "Hmm..."
- "¡Cancela el evento de mañana y vayamos a ver una película!" Agregó Terrence, lleno de entusiasmo. Candy no pudo contenerse y comenzó a reír.
- "¡¿A ver una película?! ¡¿Con tu abuela?! ¡¿Qué sucedió con esa linda chica que conociste el otro día?!"
- "¡No sucedió!" dijo sacando su lengua burlonamente.
- "¡Oh! ¡¿Lo siento querido... te ha dejado amargado?!''
- "¡Abuela! ¡Creo que ahora eres tú quien se está burlando de mí!" Y nuevamente Candy rió con toda su alma.
Por qué
Mirando hacia el cielo, que estaba a punto de tomar el color fuego del atardecer y acompañados por la fría brisa, abuela y nieto permanecieron sentados en la Colina de Pony; por momentos, sin sentir la necesidad de hablar, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Pero como la juventud es casi siempre impetuosa, Terrence, quien llegó a pensar que era paciente por naturaleza - un elemento que él había heredado de su abuelo -, eventualmente rompió el silencio.
- "Te irás de nuevo... ¿Cierto?"
- "Sí ..."
- "¿Cuándo?"
- "Pronto..."
- "¿Por qué?"
- "..."
- "¡¿Por qué?!"
"Por qué, ella había tenido esta plática antes..." Candy se veía dentro de una ensoñación siendo cuestionada con la misma pregunta una y otra vez. "¿Por qué?" ... "Ah, ¿por qué ella tenía que repetir todo eso una vez más? ¿Por qué?"
Su mirada se nubló... a través de la humedad de sus ojos vio la mirada de su pequeño Terrence, casi líquida... "No quiero una lágrima más en esta colina..."
- "Mi buen niño..." susurró, "Tú sabes la respuesta... especialmente tú"
- "No volverás de nuevo..."
"Pero tú siempre puedes venir a mí…"
Despertando.
- "Sí Terrence, yo no volveré... Lo siento."
"Volví muchas veces en mi vida... muchas en las cuales ni siquiera lo deseaba, otras en las que yo no sabía a donde más ir... y otras en las que era el único lugar que estaba buscando, y al que necesitaba acudir…"
- "Tú extrañarás la colina abuela..."
- "Hmm..."
Pausa… vacío... pausa...
Vacío... pausa... vacío…
- "Abuela, ¿Por qué jamás me has llamado Terry?"
¡Explosión!
Así, tan, tan secamente... su corazón iba a detenerse... "Terry... Terry…"
- "Abuela... ¿por qué? ..."
Ella esperaba este momento... sin embargo deseaba que jamás llegara…
"Porque, Terry pertenece a alguien más…"
Dolor... secretos... vergüenza... dolor...
...
"No temas mi amor..."
"Después de todo… soy una cobarde..."
"¡Eres una Tarzan valiente!"
...
Ella le debía una respuesta...
- "Te pregunté algo abuela, por favor respóndeme..."
- "...", ¡Una cobarde!
- "¡¿Sabías que, en todos estos años, eres la única persona de la familia que me llama por mi nombre oficial?! ¿Por qué no Terry, como mamá y Bert suelen llamarme?"
- "Terrence mi niño..." ¡Una cobarde!
- "...Mi abuela", él tomó cariñosamente sus manos, "...durante todos estos años hemos discutido muy pocas veces, y especialmente hoy, desearía que nada en el mundo te hiciera sentir triste o infeliz, pero merezco una respuesta…"
Candy suspiró profundamente.
- "Tú ya conoces esa respuesta, cariño..." ¡Una cobarde!
- "¡Quiero oírla de tus propios labios abuela!" él la miró obstinadamente a los ojos.
- "Si ... ¡¿Si te digo a dónde me dirijo... lo considerarías una respuesta...?!"
Su rostro brilló con alegría, y Candy notó con alivio que solamente eso fue suficiente...
- "A Escocia..."
"Valiente".
Hipócrita
"¡Primero ese idiota de Albert vendió la casa en Escocia! ¡Y ahora Candy se deshace de Lakewood!" Neal pensó enfurecido y se levantó de la cama, sin siquiera echar una mirada al cuerpo semi desnudo de su joven amante que dormía despreocupadamente. Por la vida de Neal habían pasado muchas mujeres. Dos matrimonios, muchas novias, un compromiso y uno falso...
"Candy..."
La única mujer que había deseado más que a nadie, y la única, que nunca tendría en su cama...
- "Sí... claro" silbó entre dientes "Al inicio fue ese lindo y tierno Anthony, después ese alcohólico actor y finalmente el gran tío abuelo Albert" él resopló, "¡Estúpida Candy! Yo nunca fui... ¡Yo nunca fui suficiente para la moralista Sra. Candy!" rió ruidosamente.
"Hipócrita".
Por supuesto, eso era una ironía, especialmente para Neal, el pensar en Candy como una hipócrita. Él quien había engañado y degradado a todo ser vivo que se cruzara en su camino. Subordinado a su hermana durante años, pero también un buen alumno a su lado, como una pequeña hiena al acecho para robar el cadáver, Neal destacó en el arte de la astucia.
Durante los duros años de la Recesión, y mientras la mayoría de los hombres de negocios ponían una pistola en su cabeza, Neal hizo grandes negocios con la mafia y luego vino la Segunda Guerra Mundial y el tráfico ilegal de armas. Neal se enriqueció. Él tenía todo y a todos en sus manos. "Excepto..." con un movimiento súbito, levantó el auricular del teléfono.
- "¿Allô?"
- "¡Comuníqueme con la Señora!" exigió.
Esperando...
- "Oui, s'il vous plait?" dijo una sumamente molesta voz femenina.
- "¡Sube al jet esta noche y ven!" él dijo.
- "¿Neal?..."
- "¡Candy vendió Lakewood! ¡Asegúrate de estar en América para mañana!"
La línea se cortó y Eliza quedó de pie como una estatua de sal.
Hermanos
En su camino de vuelta a casa, abuela y nieto reflejaban en su rostro el momento de calma que reflejaba el mar después de la tormenta. No tenía ningún sentido para ellos decir más palabras; y así llegaron a la mansión charlando sobre esto y aquello.
Apurada, Dorothy salió a darles la bienvenida.
- "¡Sra. Candy! ..."
- "¡Oh, Dorothy! ¿Hay alguna habitación preparada para que Terrence se quede esta noche?"
- "Sí, sí por supuesto ... Candy"
- "Qué bien!" Candy dijo emocionada.
- "...Bueno ... pero ... Creo que tendrás más compañía esta noche Candy".
- "Oops... ¿Papá también ha llegado este día? ..." dijo Terrence mientras silbaba una tonada.
- "¡Shh... Terrence!" dijo Candy guiñándole un ojo.
- "¡Muy bien, muy bien! Me marcharé; tengo un pequeño trabajo que hacer... ¡Te veré en la cena abuela!" dijo Terrence y dejando un beso en la mejilla de Candy saltó dentro de su auto convertible y se fue.
- "Bueno Dorothy, ¿Cuál de mis hijos, me honra con su presencia el día de hoy?"
- "¡Ninguno! Desafortunadamente, Candy ¡Tendrás que soportar mi presencia y la de Annie!" La voz de Archie se escuchó sonriente desde lo alto de la escalera.
- "¡Archie!"
¡No eran sus hijos quienes habían llegado, sino su hermano y hermana! Porque para Candy eso eran Annie y Archie. Los hermanos que podrían haber nacido de la misma madre. En sus venas no corría la misma sangre, pero su lazo era, quizás, aún más fuerte que eso. Por muchas décadas, lado a lado uno con el otro, entre sufrimientos y alegrías, ellos lo habían compartido todo. "¿Todo Candy? - ¡Sí, todo! - ¿Qué hay acerca de tu secreto? - ¡No será un secreto por mucho más tiempo!" – Y con esto, Candy calló aquella pequeña voz en su cabeza.
Ellos estaban intercambiando noticias con alegría en el pequeño salón del comedor, mientras esperaban que la cena fuera servida, cuando Archie decidió que no podía posponerlo por más tiempo.
- "Candy, ¿puedo preguntarte algo?"
"Día de preguntas ... ah…"
- "Sí, por supuesto Archie" dijo Candy concediéndole una amable sonrisa.
- "Creo que debo decirlo correctamente, tengo más de una pregunta..." continuó con algo de tensión en su voz.
Annie los observaba con ansiedad, no le gustaban las peleas. A ella nunca le gustaron. Especialmente los desacuerdos de su marido con su amiga ¡Siempre que la terquedad de Candy chocaba con la formalidad de Archie, se producía una explosión!
- "¿Quieres que adivine Archie; o me dirás de qué se trata?"
- "Acerca de Lakewood, ¿Cómo se enteró Neal?"
- "Por mí…"
- "¿Cómo sucedió esto Candy?"
- "¡Yo lo llamé y le informé acerca del evento Archie!"
Archie sintió que estallaba.
- ¿Qué fue exactamente lo que le dijiste? ¿Y por qué diablos lo invitaste? ¿Podrías explicármelo?"
- "Querido, por favor no presiones tanto a Candy… ella probablemente tendría sus razones para hacerlo..."
- "Él no me está presionando, Annie…" Candy tranquilizó a su amiga, a pesar de que había comenzado a hervir por dentro.
- "Te lo diré Archie. ¡Sentí, que debía informarle que Lakewood cambiará de dueño, porque eso es lo correcto!"
- "¡¿Lo correcto?! ¡¿Te has vuelto loca Candy?!"
- "¡De ninguna manera!"
- "¡¿Sabías que él estuvo en mi oficina hoy, como un loco, y me ha preguntado la razón?!"
- "¡Imaginé que él podría hacer eso, lo siento Archie!"
- "¡Él estaba gritando y te ha llamado por nombres, que no te gustaría conocer!"
Annie colocó su mano sobre su boca para ocultar un pequeño sonido. Candy, sin embargo, rió.
- "Típico de Neal…"
- "¡Entre toda la locura que me dijo, me echó en cara la venta de la casa de Escocia! ¡Qué tú y Albert, sin una pizca de vergüenza, están deshaciéndose de todas las propiedades Ardley!"
...
"Mi dulce Albert… ellos irán tras nosotros, incluso ahora…"
"Candy, mi Candy... Cometí un error... ¿Me perdonarías? …"
"Hiciste lo que tu corazón te dictó…"
"¿Y qué hay acerca de tu corazón? ¿Qué dice...?"
"Que fue lo correcto..."
"¿No te sientes triste...?"
"Me alegro…"
"Te amo..."
"Y yo también te amo, mi grande Bert"
...
- "Finalmente, Candy ¡¿Podrías decirme, por qué lo invitaste al evento de nuestra familia?! ¡¿Especialmente en el día de tu cumpleaños?!" preguntó Archie irritado e impaciente.
- "¡Porque, mi querido Archie, como jefe de la familia Ardley, creo que tengo todo el derecho de convocar a sus miembros, para anunciarles algunas de mis decisiones!"
Candy dijo esas palabras sin obstinación, pero con la determinación y la seriedad que tan bien le había enseñado su marido.
Continuará
