Disclaimer: Harry Potter pertenece a J.K.
Notas: El nombre del padre de Theodore está directamente relacionado con el hecho de que, sencillamente, se le llama Señor Nott.
Nota después de resubirlo: Vale, la he cagado. Me equivoqué de archivo y luego olvidé revisarlo. Resulta que el anterior tenía omitido un detalle bastante importante. Y dado que el one shot ha pasado por varios cambios en toda su extensión, es un poco complicado recordar cuál archivo es cuál, ya que soy una desorganizada de mierda(?). Muchas gracias por su atención, y disculpen las molestias(?).
El Kelpie que comía calabazas
Theodore se había pasado la vida viendo como Draco hacía el papel de imbécil insoportable, cómo insultaba a tres personas que no le habían hecho nada malo, dentro de las que había una chica maravillosa. Era muggle, sí, qué horror; y era mucho más lista que el mismo Draco. Ahora, que fuera más lista que él, no lo sabía. Theodore apostaba que estaban en niveles similares, solo que él tenía una perspectiva y planes distintos en la vida. Le importaba ser el mejor de la clase y del colegio tanto como le importaba la ideología sangre pura: un puto knut valía más para él.
Así mismo, le había importado una mierda que Hermione Granger fuera una muggle y, en realidad, había elegido enamorarse de ella. Porque simplemente hay cosas que puedes hacer cuando encuentras a alguien que te parece increíble y tienes toda la intención de urdir un plan para que todo salga como te plazca. Y a Theodore el amor le coincidió con que, si se enamoraba de alguien, quería que fuera de ella.
Hermione Granger era arrogante. Se creía superior por saber más, y a la vez era capaz de ser relativamente dulce con la gente que lo merecía, sin sobreponerse jamás a ellos. Era una Gryffindor en toda la regla, tan moral, tan idealista, tan fiera para provocar una mejilla morada en Draco Malfoy; era tan jodidamente digna.
Pasaron muchas cosas durante esos años de colegio. Theodore estaba enamorado hace años, pero decidió acercarse a ella hasta quinto. Nunca fue por un tema de cobardía, ni tampoco le sorprendió en absoluto cuando apareció con ese precioso vestido rosa. La vio bailar con Viktor Krum, siempre con una sonrisa oculta para el resto. Ese chico la hacía lucir bien, le aplaudía que propiciara que los demás comenzaran a verla como era. Una mujer.
—¿Qué opinas, Granger? ¿Crees que a los Kelpies les gusten las calabazas?
La primera vez que decidió hablarle directamente fue el primer día del quinto año, en el tren. Hubo un momento en el que se separó de sus amigos para ir al baño, sin embargo estaba ocupado y tuvo la suerte de que él también lo esperaba. Su plan comenzó mucho antes de lo que creyó que podría empezar. Hermione parecía sorprendida y curiosa por la pregunta.
—No lo sé, no lo dice en ningún libro que haya visto.
—Sí, lo sé —respondió—. Podrías encontrar un Kelpie y nunca lo sabrías, aunque sí si le gustara la calabaza. Lo estuve pensando en el verano, me gustaría ver uno.
Hermione sonrió después de un momento, entonces Theodore supo que había empezado con buen pie.
Solo fueron conversaciones esporádicas durante un par de meses, hasta que Hermione entró un día en la biblioteca y para su propia sorpresa, tomó asiento a su lado. De ahí en más, pudo decir que existía una relación entre ellos. Mientras tanto, ser compañeros de biblioteca era perfecto. Sin embargo tampoco podían mostrarse tanto, así que siempre lo fueron en el rincón más alejado de la biblioteca, la sección de libros sobre cocina, historia desactualizada y cualquier libro que a alguien le importara tan poco como para dejarlo al final de todo.
Solo una vez hubo público, y estaba solo. Hannah Abbott había parecido tan sorprendida de lo que él lo estaba de ver alguien ahí después de tres meses usando esa sección como su lugar de encuentros con Hermione.
Ella sonrió cuando se lo comentó y mencionó que buscaba un libro de recetas, sin dejar de sentirse nerviosa porque alguien arruinara la relación tan tranquila que tenían.
—Creo que sería buena idea que yo también comience a leerlos, ya que frecuento la sección. La comida del mundo mágico es un poco más curiosa que la muggle —explicó después.
—No te preocupes, seguro que la comida muggle estaría bien.
Theodore le dedicó una mirada coqueta y disfrutó del color que reptó por sus mejillas. Pronto sonrió, complacido, ganándose que Hermione lo mirara furiosa y avergonzada.
Theodore descubrió con solo mirarla que Hermione era en realidad una mujer atareada. A esas alturas cualquiera sabía que Potter no se iba a quedar tranquilo en lo que tenía que ver con Voldemort, considerando que por su causa su amigo Diggory había muerto el año anterior. Y por supuesto, Hermione era demasiado solidaria como para dejar a los tontos a la deriva. Theodore no tenía ni la menor idea de lo que ocurría, hasta ese momento parecía más para Hermione una persona con la cual dejar el estrés antes que una persona en la cual depositar la confianza. De todas formas no se quejaba, era un Slytherin y tampoco podía apresurar los acontecimientos. Tenía que demostrarle de alguna forma que él no iba a traicionarla.
Dolores Umbridge era la respuesta.
Era la mujer más desagradable que había tenido la mala fortuna de conocer. Y Draco parecía muy contento con su nuevo trabajo de lame-botas. Theodore no estaba en absoluto interesado ni siquiera en los beneficios que estar del lado de esa mujer podrían traerle, porque si fuera por él cada cinco minutos la hechizaría y porque, pensando en su relación con Hermione, sería un absoluto suicidio. De ahí en más se la pasó en la biblioteca precisamente intentando pasar desapercibido para los de su casa y Dolores Umbridge.
Y no había mejor forma que ganarse la confianza de alguien que guardarle un secreto.
Un día en que volvió a encontrarla en la biblioteca y se juntaron en la sección sobre polvo, Theodore vio de casualidad la moneda en su bolso cuando Hermione lo puso sobre el escritorio y este cayó hacia un lado. Rápidamente se apresuró a esconderlo, pero fue un error todavía peor. Al menos le habría atribuido la capacidad de disimular que había tenido, pero nadie tenía una moneda en su bolso porque era sencillamente estúpido. Tener solo una significaba que la habías olvidado, o que era algo que no querías que vieran. Reaccionar así solo dejaba posibilidad para la segunda opción.
—¿Puedo preguntar qué es? —Tanteó el terreno. Dependiendo lo que dijera podría decir determinado tipo de cosas, o simplemente dejarla ser.
—Una moneda.
—Nadie reacciona así por una moneda, Hermione.
Ella lo miró durante un momento, donde él tampoco le quitó la mirada de encima. Sin embargo Hermione estaba dudosa, había cometido el error de no pensar bien las cosas y realmente no quería contarle sobre el tema. Pero si no se equivocaba y era realmente importante para ella, no volvería a tener otra oportunidad tan increíble como esa.
—Te aseguro que no tengo interés alguno en que me cuentes tus secretos para después traicionarte —dijo tomándola por sorpresa—. Seguro que estás pensando en eso porque soy de Slytherin.
Realmente no pretendía hacerse la víctima en esa situación, porque realmente no le dolía si lo juzgaban por ser una serpiente. Theodore podía comprender a la perfección la desconfianza y prejuicios que miles de actos de los integrantes de su casa habían provocado en las generaciones siguientes, y no le importaba. Él iba a conseguir que Hermione confiara en él, no le cabía duda alguna sobre eso. Y tampoco le cabía duda de que tardaría mucho tiempo en ello.
—Lo siento mucho, no quise...
—Hermione —Sin pensarlo la cogió de las manos, haciendo que se acercara a él suavemente—. No necesitas disculparte, tampoco contarme si no quieres. No tengas reparos en ser cuidadosa.
Pudo ver en su cara lo culpable que se sentía por haber sido puesta en evidencia de esa forma. Sobre todo porque aparentemente había pensado lo que él había dicho. Theodore le dedicó una sonrisa y soltó sus manos. Por un momento le pareció que miraba las manos de ambos reiteradamente por unos segundos, ahora separadas. A Theodore le hubiera encantado seguir así un poco más, pero tampoco podía atentar contra su comodidad más de lo que ya lo había hecho.
En realidad, dos semanas después Hermione se lo contó, pero su voz era tan baja que estaban a centímetros del otro y Theodore podía sentir el aliento de Hermione en su oído y a la perfección su aroma a libros, duraznos y rocío. El secreto de Hermione quedó completamente sellado con él. Habían creado un grupo de defensa llamado Ejército de Dumbledore y esa moneda era la principal clave del secretismo del grupo. Theodore tenía serios problemas con el nombre, pero no le mencionó ni demostró.
Y al día siguiente Hermione le dio una moneda.
Theodore tenía claro que Hermione no lo estaba invitando a unirse, porque cualquier cosa que ellos pudieran hacer él podía hacerlo también con simple estudio y práctica, y porque Hermione sabía que no aceptarían a nadie de Slytherin.
—Quitaré tu nombre de la lista, nadie lo verá.
Eso fue suficiente para saber que Hermione estaba tan segura de darle eso porque seguramente le habrían puesto una maldición. Theodore se despreocupó, de cualquier forma no iba a cometer una estupidez.
Casi al final del año, Theodore se llevó una sorpresa. Hermione desde entonces nunca había rehuido de su tacto, pero fue diferente esa tarde antes de partir de Hogwarts. Durante días Theodore no la había visto, y cuando finalmente la vio en una casi desértica biblioteca, ella apartó al segundo su mano de su muñeca.
Theodore, a pesar de afirmar que ser juzgado por ser un Slytherin no le importaba, no podía decir lo mismo esta vez. Él no había contado el secreto a nadie, no la había visto durante semanas y ella no parecía enfadada. Theodore estaba seguro de que Hermione tenía miedo de él.
Le mandó por lo menos tres cartas durante las vacaciones, pero Hermione no respondió ninguna y Theodore decidió que debía dejarle su espacio. Pensó en las mil y un cosas que pudieron provocar ese temor, pero jamás pudo llegar a algo realmente coherente.
Durante las vacaciones su pesadilla comenzó, y con ello su travesía por volverse lo que muchos esperaban de él. Theodore se pasaba la estancia en la Mansión Malfoy, lugar del que Voldemort se había apropiado y siguiendo ordenes del mismo, yendo de allá para acá con una máscara; siempre intentando no pensar en Hermione. Como a alguien se le ocurriera meterse dentro de su mente antes de que perfeccionara la oclumancia, todo se le iba a ir a la mierda. En el proceso hizo cosas horribles para ganarse la máscara y la confianza. Era lo que debía hacer en caso de que el niño que no quería morirse no pudiera acabar con Voldemort. De hecho lo dudaba mucho y por ello tenía más esperanzas en el respaldo de su plan inicial. Las profecías no podían ser de fiar, solamente se cumplían si todas las partes ponían de su esfuerzo.
Otro par de semanas después, todos regresaron a Hogwarts, todos con su propia misión. La suya, por haberse ganado un mínimo de confianza y respeto a comparación de los demás, era verificar junto a Snape que Draco cumpliera con lo que se le había ordenado. Él estaría cuando el profesor Snape no pudiera tener los ojos sobre Draco.
Al regreso, Theodore volvió a encontrarla en el tren. Sin embargo esta vez Ginny Weasley apareció cuando llamó a Hermione por su nombre de pila.
—¿Por qué Nott te llama por tu nombre? —Ella sacudió la cabeza— Bueno, por lo que sea, Nott; no creo que ella quiera hablar contigo.
Hermione se mantenía callada, casi podía decir que avergonzada por haber sido en cierta medida descubierta y por ser defendida por la joven pelirroja.
Theodore asintió levemente, sin dejar de mirar a Hermione. Antes de irse miró por un segundo a Ginny, que en vez de furiosa por ser testigo de la confianza que tenía él con Hermione, se veía más bien curiosa.
No volvió a verla hasta que tuvieron clases con el profesor Horace Slughorn, quién desde un comienzo empezó más o menos fuerte. La primera poción fue Amortentia y, por supuesto, fue Hermione quién la explicó cuando el profesor le indicó que diera un paso al frente para olerla.
—Se supone que debe oler diferente para cada uno, por ejemplo, yo siento olor a hierba fresca, libros nuevos y pino.
Pansy a su costado se inclinó levemente hacia él para hablarle, aunque pudo ser perfectamente escuchado por todos.
—Un ratón de biblioteca para una rata de biblioteca.
Theodore dirigió la mirada hacia Hermione y pudo percibir un leve movimiento. Y de pronto parecía un poco más pequeña que antes, algo poco común en ella.
—Señorita Parkinson —exclamó Slughorn para llamarle la atención—. Por favor, háganos el favor de pasar y oler el caldero. Señorita Granger, muy bien hecho, puede unirse a sus compañeros.
Soltando insultos por lo bajo, Parkinson se movió de su lado para seguir las órdenes del profesor y una vez en frente se inclinó sobre el caldero.
Hermione inmediatamente se había ubicado junto a Longbottom.
Así estuvieron hasta que fue su turno.
—Señor Nott, pase por favor. Luego podrán proceder a estudiar la poción y hacerla —Slughorn tenía una sonrisa cuando habló. Él caminó hasta la mesa y se inclinó sobre el caldero, igual que sus otros compañeros.
Theodore no necesitaba de una poción para saber qué quería para su futuro, sin embargo, una parte de él se encontró deseando sentir ese aroma.
—Díganos, ¿qué aroma tiene?
—Libros nuevos, duraznos y rocío.
—Una mezcla interesante, señor Nott. Aunque quizá pueda haber un cuarto aroma, como en el caso de alguno de sus compañeros.
Theodore enarcó una ceja con desconcierto. Volvió a acercarse y se concentró para ver si Slughorn tenía razón.
—Calabaza.
La sorpresa en su rostro debía ser evidente, porque Slughorn soltó una risa divertida.
—Vuelva a su lugar —le pidió. Theodore regresó junto a Parkinson, que simplemente se quedó mirándolo, sin soltar una sola palabra. Supuso que era por su comentario anterior y el hecho de que él y Hermione tenían un aroma en común. Sin embargo, no creía que Pansy llegara a la conclusión de que su Amortentia era por Hermione. Habían miles de personas en el mundo y era técnicamente imposible que lo a quien indicara la Amortentia se encontrara en el castillo—. Por supuesto, la Amortentia no provoca más que un enamoramiento falso. No existe un solo hechizo o poción que pueda provocar el amor verdadero en una persona. Esto hace que la Amortentia sea una de las pociones más peligrosas en el mundo mágico, y usarla solo los llevará a un castigo o expulsión y los meterá en más problemas de los que se imaginan en la vida.
Theodore se mantuvo pensando la mayor parte del tiempo en el aroma a calabaza. Era muy leve, tanto que a penas había podido percibirlo a causa del durazno, sin embargo estaba seguro de que jamás había sentido ese aroma en Hermione.
Al finalizar la clase, Slughorn les pidió junto a Zabini, que por una vez se había mantenido callado durante la clase, que se quedaran.
Para su desgracia, Blaise se quedó en medio, separándolo de Hermione. Theodore soltó un suspiro casi imperceptible, solo Slughorn que se percató del movimiento de sus hombros se quedó mirándolo por un par de segundos.
—Bueno muchachos, les pedí que se quedaran porque me gustaría proponerles algo. Siendo profesor, me gusta mucho reunir a estudiantes con talentos, habilidades que han trabajado y futuros que prometen ser brillantes en un solo lugar. Durante mi anterior período de profesor en Hogwarts también lo hice, y varios de ellos acabaron siendo personas influyentes en el mundo —De repente su sonrisa se esfumó, y parecía más nervioso que otra cosa. Theodore se dio cuenta que, en medio de su inquietud, observó a Hermione casi con vergüenza—. Algunos no de la mejor manera, he de admitir.
Slughorn se puso de pie.
—En fin, quería hacerles la invitación al Club Slug, muchachos. Es un club que me he encargado de llevar a cabo años anteriores en que he trabajado como profesor, también —aclaró—, en el que mi única intención es que se lleven bien y que en el futuro tengan más opciones de las que tendría cualquier otro estudiante promedio. No desestimo a nadie, pero el mundo tiene claro cuando alguien es más capaz que otro, y por supuesto, sabe apreciar el esfuerzo. Sépanlo, muchachos.
—Disculpe, profesor. ¿Pero por qué yo, exactamente? —preguntó Blaise, alzando las cejas con cierto escepticismo. Theodore debía confesar que le sorprendió la duda de parte de Zabini, considerando la confianza característica que tenía, al igual que los demás en Slytherin. Tenían tanta seguridad que a veces no veían lo inútiles que llegaban a ser—. Lo único que poseo es una familia conocida tras mi espalda, ¿por qué exactamente me consideró para su club? Al menos ellos dos tienen notas que los respaldan.
Horace volvió a reír, Theodore pensaba que era tan ruidoso que podría escucharse hasta el pasillo, incluso con lo gruesos que eran los muros del castillo.
—En el mundo también se requiere de una personalidad fuerte, carisma y de ser suspicaz. Usted tiene las tres, señor Zabini, me han informado de ello.
Horace alzó las manos, invitando a que se retiraran.
—Comenzaremos las actividades del club durante la primera semana de Octubre, posterior a eso, constantemente les estaré avisando cada vez que volvamos a reunirnos —Les sonrió—. Qué tengan una grandiosa jornada llena de aprendizajes.
Precisamente la primera vez que se reunieron, fue en el despacho del profesor y les avisó por lo menos con tres días de anticipación la fecha y hora del encuentro. Cuando Theodore llegó esa tarde, no le sorprendió encontrarse además de con Hermione y Blaise, con Potter, las chicas Carrow, Adrian Pucey o Cormac McLaggen Sin embargo sí le provocó encontrar a Ginny Weasley, Marcus Belby, Melinda Bobbin y sobre todo, a Neville Longbottom.
No supo hasta esa noche muchas cosas sobre ellos. Ginny Weasley era muy hábil con el hechizo mocomurciélagos y parecía tener mucho interés en el Quiddicht. Neville Longbottom era hijo de dos famosos aurores y en la familia de Melinda la mayoría eran boticarios.
Por otro lado, todo el mundo había escuchado alguna vez a McLaggen alardear y Adrian era increíblemente bueno con los hechizos de defensa. Alguna vez había charlado con él y le había dicho que pretendía volverse auror.
La velada con Slughorn se resumió en una charla donde todos escuchaban a todos y cosas para comer. Para su mala fortuna, esta vez no era Zabini quien estaba entre Hermione y él, sino que, todavía peor, era Weasley.
—¿Qué me dice usted, señor Nott? Por cierto, su padre, Elcid Nott, es un muy buen amigo mío.
Theodore sonrió levemente, muy forzado.
—Ya veo, no lo sabía —confesó—. A mí me gustaría especializarme en la creación de hechizos, profesor. Me interesaría mucho crear híbridos mágico-muggle, pienso que tienen una capacidad para sobreponerse a la falta de desarrollo muy impresionante. No tienen nada que envidiar.
—Vaya Nott, no sabía que fueras un amante de los muggles también —Escuchó desde su costado. Por supuesto era Ginny, quién había descubierto era muy astuta y seguramente hacía referencia a su relación con Hermione.
—También me interesan mucho las criaturas mágicas, profesor.
—Oh, ya veo. ¿Hay alguno al que le tenga especial interés?
—Los Kelpies.
—Curiosa elección, igual que todo usted, señor Nott —Agitó la cabeza suavemente con aceptación.
Pronto Slughorn dejó de prestarle atención para pasar a alguien más.
—Señorita Weasley, puede seguir usted.
Desde ahí, todo fue mal. Blaise se encontraba sobre él como una pequeña mosquita que le recordaba que era un estúpido.
—¿No estás un poco enfadado, Nott? —La voz de Zabini le sonó por primera vez como el peor ruido que pudiera existir. El tono que había usado era irónico, lo único que buscaba era saber lo que ocurría simplemente por querer, por mantenerlo en la vista, seguramente después de su patética distracción en el maldito Club Slug. Su relación con Zabini no era tan amistosa, realmente se le hacía una persona demasiado llamativa, coqueteando con chicas y con esa personalidad tan expresiva. Siendo así, si a Blaise le había parecido curiosa su mención a los muggles, entonces no se quedaría callado hasta ver que su interés no fuera muy lejos— ¿Quizá por lo del Club Slug?
Draco a su costado prestó atención de inmediato.
—¿Club Slug? —frunció el ceño y los labios— ¿No es ese el club del viejo Slughorn?
—Sí.
A pesar de que Blaise se llevaba relativamente bien con Draco y podía decirse que pertenecía a su pandilla, a Theodore le pareció que no estaba muy de acuerdo con que se metiera en la conversación. En ese sentido, a Zabini le gustaba saber cosas de las que Draco nunca se había enterado ni enteraría. Era el tipo de persona que guardaba ases bajo la manga, buscando saber secretos oscuros de los demás.
—¿Qué hay con él?
—Nada realmente, estuvo bien. Pero Slughorn advirtió a Theodore sobre lo que buscaba en ese club —sonrió de lado—. Que no es precisamente mortífagos.
Era cierto, al final de la velada Slughorn le había pedido que se quedara un rato más que los demás. Había dicho que estaba interesado en su manera de pensar y habilidades, pero que por lo mismo había hecho una excepción, dado que una semana después de proponérselo junto a Hermione y Blaise, se había enterado de que su padre había sido encarcelado por irrumpir en el Departamento de Misterios. Sin embargo, no era de eso de lo que hablaba Blaise en un comienzo.
A Draco no pareció gustarle la idea de que los dos fueran invitados y no él.
—Probablemente se deba a que somos buenos chicos, ¿verdad, Zabini?
Blaise rió, comprendiendo la referencia al terrible historial de Draco.
Durante mucho tiempo Blaise dejó el tema por la paz. No volvió a mencionarlo, no volvió a mirarlo como si escondiera algo. Ese hecho alarmó todavía más a Theodore, que sabía a la perfección que era imposible olvidar detalles para una persona tan astuta. Él mismo nunca olvidaría algo así, porque para ambos la estrategia lo era todo.
