Capitulo 1
La mudanza estaba resultando ser un infierno horrible. No solo habían dejado atrás el fresco verano al lado del mar por el horno a punto de explotar que suponía la gran ciudad, también habían escogido un piso de estudiantes situado en una cuarta planta en un edificio sin ascensor. A resumidas cuentas, su cambio de vida no podía haberles dado mejor recibimiento.
-¡Maldito marimo de mierda! ¿¡Quieres empujar con más fuerza, lo estoy llevando todo yo!?
-¡A mi no me reproches cejarara, es tu novia la que decidió que era más estético tener dos sofás!
-¡Con mi Nami no te metas!
Esto eran dos de tres compañeros de piso que luchaban por subir el segundo sofá a su apartamento. El primero era un chico con aires de elegancia que llevaba su pelo peinado de manera que se le cubriera el ojo izquierdo y dejando así al descubierto su ceja derecha que tenía una extraño rizo en su parte exterior. El segundo estaba más fuerte por hacer deporte y gracias a su pelo corto, cual todo el mundo creía que era teñido por su color verdoso, y a los tres piercings en su oreja izquierda, unos pequeños aros plateado, tenía cierta pinta de maleante, aunque solo era algo arisco. Estos dos chicos se llamaban Sanji y Zoro respectivamente, y no solían llevarse bien.
El tercer compañero de piso era Luffy, de la misma edad que los otros dos, dieciocho años para ser exactos, pero sin duda mucho más infantil en cuanto a físico y metafísico. Era más bajo y con el pelo negro, a veces recordaba a un pequeño monito. Era muy entregado a los demás, por ello aunque no subiera el sofá se implicaba en la mudanza subiendo, montón a montón, las cajas que quedaban en la planta baja. Era un trabajo también duro, aún así rebosaba de energía; esto también era por la emoción de su nueva casa. Sanji y Zoro no sabía cuantas veces lo había visto subir y bajar mientras que ellos iban a paso de caracol.
-Con esa energía ya podía llevar el sofá.- le reprochó el rubio al peliverde.- Que luego me dices que yo le dio prioridad a Nami.
-No lo he puesto a cargar cajas porque sea mi novio y piense que este maldito sofá es demasiado para él. Lo hago porque no sé donde puede acabar el sofá si lo lleva él.- Esa fue una de las pocas veces que Sanji y Zoro se pusieron de acuerdo.
Hicieron una parada a la hora de comer y terminaron casi a la tarde noche de subirlo todo y aunque faltaban cosas por desempaquetar decidieron dejarlo por ese día.
-Después bien que os quejasteis de que escogiera dos sofás.- Dijo la novia de Sanji cuando llegó a ver como iban los chicos y se encontró al rubio tirado bocabajo en un sofá y al peliverde en otro.
La chica lucía una corta melena naranja y se llamaba Nami. Ella se había mudado dos semanas antes con una amiga a otro piso de estudiantes mucho más cerca del campus universitario, pero sin duda y gracias al apoyo incondicional de su novio tenía patria y potestad en los tres chicos. Y siempre lo había tenido, después de todo, los cuatro habían sido amigos íntimos desde antes del comienzo de la secundaria.
-No estaríamos así si no fuera por tus dichosos sofás.- se quejó Zoro.
-Que no te metas con Nami.- dijo Sanji casi sin fuerza.
-Jajajaja ¡Que poca vida teneis!- se rió Luffy sentado en el taburete al lado de la barra de bar.
El piso era casi como un estudio. Nada más entrabas te encontrabas en el salón, que era separado de la cocina por la antes dicha barra de bar. Al otro lado del salón estaba la puerta que daba a un pasillo, cual a su derecha tenía dos habitaciones individuales y un cuarto de baño al final.
La dimensiones no era muy grandes, nada más que por las habitaciones y su metros cuadrados te dabas cuenta de que el piso era para dos, pero era lo que se podían permitir y todos coincidieron en que estarían muy a gusto.
-¿Bueno, y cuando vamos a organizar mi idea decorativa?- preguntó Nami mirando los montones de cajas por doquier.
-Puede que mañana mi querida Nami.- le miró Sanji agotado.- aunque si es por ti me pongo ahora.
-Yo lo dejaría estar así para siempre.- comentó Zoro sin levantar la cara del asiento del sofá.
-¡Así mola!- sonrió Luffy.
-...- Nami se quedó sin palabras.
A todo esto, la pelirroja acababa de entrar en el piso y aún no había cerrado la puerta, por eso que otro chico más mayor que ellos, alto, de pelo moreno y con pecas en la cara, apareció su cabeza amistoso.
-Buenas ¿Que tal estamos?
-¡Ace!- saltó Luffy feliz del taburete a saludar a su hermano mayor.- Mira, ya hemos subido todo.
-Ya lo veo. Estáis hechos unos maquinas.- les dijo a Zoro y a Sanji, intuía que lo más pesado lo habían subido ellos.- Deberías haberme pedido ayuda, y también estoy fuerte sabéis.
-No te preocupes.- contestaron los dos al unisono.
-Jaja, se ve que estáis matados. Oye, salgamos para celebrar vuestra mudanza, yo invito a la primera ronda.
Al ser el hermano mayor de Luffy, Ace, conocía a sus tres amigos desde siempre y tenía buena relación con cada uno de ellos, sobre todo con Zoro, incluso antes de que empezara a salir con el "monito". También ganó muy buenas relaciones con Nami cuando empezó a salir con su hermana mayor, Noyiko, quien también fue invitada a esa noche.
Las tres parejas acabaron en un bar a tres calles del rio. Al ser viernes había bastante gente así que buscaron una esquina apartada en la que pudieran sentarse todos y charlar con tranquilidad.
-Así que ya tienes trabajo aquí.- hablaba Noyiko con Sanji.
-Si, así es. No me hubiese venido sin tener antes un trabajo fijo.
-Y trabajas en las cocinas.
-Bueno... -apartó la cara mosqueado.- en principio me han puesto de camarero. Según mi nuevo jefe dice que tengo potencial para estar en la cocina pero primero quiere ver como trabajo.
-Te habrá pillado tu mal carácter a la primera de cambio.- comentó Zoro llevándose el vaso de cerveza a la boca.
-Tú calla que nadie te ha preguntado.
-¿Y está cerca del piso?- le preguntó Ace.
-No, pero para eso tengo coche.- y eso había condicionado la elección del piso. Aparcar en la gran ciudad no era fácil, por eso habían buscado un sitio con garaje para el viejo renault marrón de Sanji.
-¿Y tú, Zoro? ¿Has encontrado algo?- intervino Nami.
-Aún no. Pero tampoco es que me haya puesto a buscar en serio, acabamos de llegar.
-Si quieres yo te busco algo.- le dijo el pecoso.- no voy a entrar mucho en detalles pero sé por amigos de amigos donde necesitan de alguien para un trabajo de estos típicos de subir y bajar cajas.
-Ah, pues la verdad es que te lo agradecería.
-Naada, lo que sea por mi cuñado.- rió y se fijó en su hermano menor que no paraba de jalar al lado del peliverde, entrecerró los ojos.- ¿Y tú, parásito social, qué?
Sanji había decidido no seguir con sus estudios e ir labrándose así mismo como cocinero, tal vez siguiera formándose con cursos que encontrara interesantes, pero de momento solo quería dedicarse a trabajar. Zoro por su parte, y como Nami, si iba a entrar en la universidad, pero además quería trabajar de lo que fuera para que su padre solo tuviese que pagarle la matrícula. Luffy... iba de nini total...
Sanji, Nami y Zoro tuvieron muy claro desde el principio que se iban ahí a luchar y a triunfar en lo que se propusieran, para eso iban a la gran ciudad. Luffy, al terminar el bachiller, aún no tenía idea de que quería hacer, y seguía sin tenerlo, simplemente siguió a sus amigos alegando que ya encontraría su camino. Para colmo, aunque fuese el primer día de llegada, Ace no veía a su hermano pequeño con ánimos de buscar trabajo, y también, aunque lo tuviera... un trabajo en el que el chico no la liase era tan difícil como leerse el Quijote en un día.
-Otra vez me ha metido bulla.- infló Luffy los morros malhumorado.
Estaba con los codos y barbilla apoyados en el muro que bordeaba el rio, Zoro estaba a su lado dibujando en una libreta.
-Es normal, vas con demasiada tranquilidad. No veo mal que te tomes tu tiempo para pensar que quieres hacer pero ir haciendo cosas no está demás.
-Ya...
Zoro quedó mirándolo, sonrió, dejó la libreta y el lápiz en el muro y se colocó a su espalda para abrazarlo. Le besó la cara mejilla y el cuello y Luffy le respondió besándole en los labios. Después, el de pelo oscuro echó una ojeada a la libreta de Zoro.
-Tus dibujos son casi como una foto.
-Bah, eso lo dices tu que no tienes ni idea.
-Tu tampoco es que seas un entendido.- entrecerró los ojos.
Zoro no era el típico genio pintor que sufre y se corta una oreja, él era un tipo de caso en el que con esfuerzo continuo pasabas de garabatos a trabajos más que decentes. Tampoco es que tuviese pasión por el arte, ni tampoco imaginación latente, simplemente se metió en el dibujo como espadachín en el arte de la espada. De alguna manera o de otra esto lo acabó condicionando hasta metersele entre ceja y ceja entrar en Bellas Artes.
-¿Crees que entraré en la carrera?- le preguntó al monito.
-¡Claro! ¿Porqué preguntas eso?
-Porque me tengo que presentar a selectividad en septiembre.
-¡Pues mejor! ¡Todo un verano para empoyartelo! ¡Tienes suerte!
-Ya, pero salí tan confiado en julio y no sé, me pongo a pensar...- suspiró.
-¡Jajaja, es que eres tonto! ¡no pienses!
El peliverde le echó una mirada de cabreo, pero seguidamente sonrió con segundas intenciones y volvió a besarle.
-Sabes, tengo ganas de irme a nuestro nuevo cuarto y tumbarnos sobre la ahora de los dos cama.
Luffy estiró la boca de oreja a oreja.
-¡Te echo una carrera!- grito deshaciéndose de su agarre y echándose a correr.
-¡Eh, espera, no te vayas a perder!
Luffy le dio esquinazo y el que acabó perdiéndose fue él, aún así ambos llegaron sanos y salvos a la habitación.
Los demás muebles estaban en el salón, pero bastaba con que en ese momento tuviesen solo la cama.
-Te quiero.- le dijo el peliverde abrazándolo entre un beso y otro.
-Y yo a ti.
Durante las siguientes semanas, Zoro y Sanji a penas estuvieron en casa. Se la pasaba trabajando como mulas, sobre todo el peliverde que además debía de dedicar su tiempo libre a estudiar; no es que precisamente tuviese a Luffy olvidado, más bien al contrario, los pocos ratos que le quedaban en la vida se los dedicaba a él. Sin embargo, el chico se pasaba la mayoría del tiempo solo.
En un principio esta situación no era un drama, Luffy tenía muchas cosas que descubrir por la gran ciudad. Pero el no poder compartirlas le aburría en sobremanera. Ni siquiera podía contar con Nami, porque, tal y como ella decía, se estaba haciendo una vida, que el chico no entendía bien a que se refería pero lo dejaba estar.
Se planteó incluso buscar trabajo, pero con eso solían ocurrir cuatro cosas: que no había un puesto para él en los que le interesaban, que no era apto para el puesto, que resultaba ser como un elefante en una chatarrearía, o que el trabajo era más aburrido que quedarse en casa tirado.
Y en ese preciso estado de desesperación se lo encontró su hermano mayor una tarde.
-Bueno... al menos lo has intentado.
-¿Y en el trabajo de Zoro no habrá otro puesto?
-No precisamente. En otros tiempos lo habría, pero como no hay dinero buscan gente como Zoro para mandarle el trabajo de dos o de tres.
-¡Buah!- resopló quedando aún más tirado en el sofá.- ¡Me aburro!
-También podrías dedicarte a recapacitar sobre tu futuro.
-¡Ya lo he hecho!- gritó desesperado.- ¡Y no se me ocurre nada! Yo no soy como Zoro, Sanji o Nami. No tengo nada que se me dé tan bien como a ellos. A parte de comer...
-Eso no es un aliciente para escoger una carrera. Sabes que yo me metí en arquitectura por curiosidad.
-¡Pero es que tu sientes curiosidad por cosas aburridas!
-...- tres años estudiando algo para que tu hermano te confiese algo así cuando vas a cursar el cuarto y último curso.
Por otra parte no había que ser muy listo para darse cuenta de que Luffy estaba agobiado de verdad.
-Luffy.
-¿Mm?
-Porqué no te vienes hoy con Noyiko y conmigo, iremos a una discoteca con muy buena pinta. Tal vez así te despejes un poco ¿no?
No tuvo porqué negarse, tenía ganas, sin mencionar que mientras el estuviese fuera Zoro podría concentrarse mejor en sus exámenes de septiembre.
-Lo siento.- le dijo el peliverde cuando ya se iba a ir.
-¿Que? ¿Por qué te disculpas?
-Por dejarte solo. A mi también me gustaría pasar más rato contigo.
En ese momento, Luffy apartó un poco la vista y encontró, en la pequeña mesa de despacho que había en la habitación, un retrato que le había hecho Zoro hace unos días. Él estaba dormido cuando lo dibujaba y se despertó pillando al peliverde en plena faena.
Le gustaba mucho ese dibujo, no por que saliera él, sino porque su novio lo había hecho con mucho cariño. Luffy no entendía mucho de dibujo y pintura, pero hasta él podía ver el cuidado con el que habían sido hecho los trazos.
Volvió a mirar a Zoro, le sonrió y le dio un beso en los labios.
-Cuando estés más libres saldremos ¡Y nos hincharemos a comer!
Zoro también le sonrió, lo abrazó y le besó, segundos antes de dejarle marchar.
-Sinceramente me sorprende.- dijo Noyiko en el asiento del copiloto.- ¿Cuánto lleváis de relación?
-Tres años.- contestó el monito.
-Y tan acaramelados como el primer día. Que envidia.
-¿Eso son indirectas?- preguntó Ace divertido.- Yo seguiría tan acaramelado como el primer día si me dejaras.
-Ah, claro, ahora la culpa es mía ¿no?
-¿Puedo ser, entonces, todo lo acaramelado que quiera?
-No, en tu término medio estás bien.
Llegaron a la discoteca, que para empezar tenía zona de aparcamiento. El interior era bastante amplio, con una pisa de baile, una barra en el centro y un segundo piso de balcones. Como era de entender, estaba un poco abarrotado.
Los tres fueron directamente a la barra.
-Bueno, Noyiko, tú lo de siempre ¿no? ¿Y tú, Luffy? ¿Un batidito? ¡Vale, vale! Era una broma, no me mates con la mirada!
Estuvieron los tres hablando un poco a gritos mientras bebían, la música estaba a tope.
-¡Anda! ¡Me encanta esta canción!- exclamó la chica.
-¿Quieres que bailemos?
-Bueno... un poquito no estaría mal.
-¿Te importa, Luffy?
-No, yo estoy bien aquí, ahora me pediré otra tapa.
-¿¡Otra!? ¡Te aprovechas de que te invito! ¡Pero bueno!- miró a su novia.- ¿Shall we dance?
-Claro.
Los dos enamorados se fueron para la pista mientras el menor los miraba, sin para de comer aperitivos. Se les veía muy felices.
-Oiga.- llamó al camarero que estaba tras la barra.- me puede poner otras de ¡ah!- se giró hacia atrás y miró a ambos lados, alguien le había tocado sin reparo alguno el trasero, con una caricia que le descompuso todo el cuerpo.
En un principio no encontró a nadie, por que más bien esperaba ver a alguien escondido, pero cuando vio al culpable, comprendió que había sido él.
Era un chico moreno, de pelo y de tez, ojos negros, alto. Le sonrió y le guiñó un ojo, antes de alejarse entre la gente.
Luffy, en una situación normal, se hubiese quejado, lo hubiese puesto en su lugar. Pero ese chico, esa sonrisa, ese guiño... lo dejó paralizado y con la cara ardiendo.
Quedó tan absorbido que no se dio cuenta cuando volvieron Ace y Noyiko.
-Eh, Luffy ¿Te pasa algo?
-¿Eh?- le costó centrarse en tiempo y en espacio.- Esto... no nada. -bajó la cabeza, avergonzado, hacia el cuenco de aperitivos.- ¿Donde está el cuarto de baño?
Los servicios estaba muy perdidos, y el mogollón de gente no ayudaba para nada en la búsqueda. Así que como, técnicamente, lo único que quería era alejarse y no ir, concretamente, al baño, acabó fuera de la discoteca. Le habían puesto un sello en la mano para demostrar que había pagado entrada, así que tampoco tendría problemas cuando tuviera ganas de volver.
Fue al aparcamiento, y se sentó sobre el capó del coche de su hermano. Respiró hondo. Aún notaba su cara enrojecida.
¿Qué acaba de pasar? Ese chico había sido, no un capullo que le había tocado el culo, sino el capullo que le había tocado el culo. La escena se repetía en su mente una y otra vez, viendo constantemente su sonrisa, su elegante guiño.
¿Qué estaba pasando? Se sentía rarísimo.
-¿Te encuentras bien?- esa voz que no reconoció le hizo levantar la cabeza de golpe, solo para encontrase con su acosador.
-¡Tú!- le señaló.- ¡Me has seguido!
-No, solo volvía a por mi coche. La noche se estaba tornando muy aburrida hoy.- se sentó, con todas las confianzas, al lado de Luffy, que se quedó tieso y nervioso, apartándole la vista en vez de levantarse o gritarle que se fuera ya a su maldito coche.
El chico moreno, sin brusquedad alguna, colocó su mano sobre la pierna de Luffy. Al monito le recorrió un escalofrió por toda la columna vertebral y durante unos segundos se le paró la respiración. El chico moreno le besó en la mejilla, en el cuello y le susurró al oído.
-Quiero acostarme contigo.
En ese momento, debió decirle que él no quería acostarse con él ni con nadie más que con Zoro, menos si se trataba de un pervertido que se dedicaba a tocarle el culo a gente en las discotecas, pero...
-No... no puedo.
-¿Tienes pareja?- Luffy asintió.- no te preocupes, no soy una persona celosa.
-E... ese no es...- fue callado con un beso en los labios.
-Puedo ser esta noche todo lo que quieras. Puedo ser tan dulce como a ti te guste,-volvió a besarle.- puedo decirte todas las guarradas que te provoquen- una vez más.- o, incluso, puedo ser como tu novio.- yo otra vez.- Solo tienes que decirme lo que quieres y pasarás el mejor rato de tu vida.
No eran sus palabras, eran sus labios contra los suyos, su caricias, se estaba perdiendo y con el último beso no pudo encontrar el camino de vuelta.
Cuando quiso darse cuenta estaba en el asiento trasero del coche del chico, sobre unas mantas y desnudo casi por completo.
Estaba oscuro, pero pudo ver como en la piel del otro lucían tatuajes por todos lados. No dejaba de besarle, ni de acariciarle, ni de jugar.
-Dime que quieres que te haga. Que no te hace tu novio que pueda hacerte yo.
Luffy estaba sudado, se sentía como con fiebre y ni siquiera entendía el mismo lo que pensaba o decía.
-Solo... solo quiero que seas tú.
Las luces artificiales no llegaron a rozar la cara del otro en ese momento, pero pudo entender una sorpresa al oír la sugerencia del más bajo. Aún así, su voz no cambió de tono.
-Esta bien.
Notó su aliento en el interior de su boca. Era cálido.
-¿¡Se puede saber que haces aquí tirado!?- le preguntó Ace cuando encontró a Luffy con la espalda descansado sobre el capó del coche.
-Es que necesitaba tomar aire.
-Aire es que vas a tomar de la guantá que te voy a dar. Han pasado tres horas desde que te fuiste.
-Ah... no me había dado cuenta.
El mayor de los hermanos suspiró llevándose una mano a los ojos, Noyiko le puso una mano en el hombro a modo de consuelo y tranquilizante.
-No vale la pena.
-Lo sé... venga, vámonos a casa.
Mientras miraba como se movían los edificios tras el cristal del coche, Luffy pensaba en si no había sido todo un sueño. Seguía raro, atontado... pero incluso si su mente, con premeditación o sin ella, intentaba engañarle, su cuerpo no podía.
No solo tenía el olor del chico pegado, no solo sentía pequeños dolores por algunas zonas. Si cerraba los ojos aún podía notar sus caricias sobre él, sus labios sobre los suyos.
Nada dejaba de ser extraño, pero se sentía pleno, o al menos así se sintió hasta que encontró a Zoro dormido la mesa de trabajo.
-En verdad pensaba acostarse, hoy llegó más agotado de lo que quiso mostrar.- le explicó Sanji, que al llegar Luffy a casa se había despertado.- pero el muy imbécil se empeñó en esperarte.
-Ah... siento haberte despertado.
-No te preocupes, hoy tenía el sueño ligero. Buen... buenas noches.
-Buenas noches.
El rubio volvió a su habitación, mientras que el joven miraba al peliverde con la culpabilidad atravesando su pecho.
Continuara...
Notas Finales: Bueno... ¿Qué tal? Un poco surrealista (Risa nerviosa). En mi cabeza, aunque no lo creáis, todo parecía mucho más inocente -.- Espero que al menos os leáis el segundo capitulo para así ver como la cosa se normaliza, o se degenera del todo (risa).
¡Nos vemos!
