Aquí la segunda parte de tres. El próximo capitulo tendrá +18 y será el último. Quise hacerlo trilogía pero no pensé que tuviera éxito. Ya luego podré preparar algo más extenso. Que lo disfruten, el próximo capitulo sale miércoles o jueves. Siento desconfianza con la rapidez de esta historia pero !Imaginen! Iba a ser oneshot jaja. Buen día.
La presentación de los equipos, todos en posición y el inicio de la carrera. Las cosas salieron bien, nadie sospechó que Haru en realidad era chica pero los resultados de la competencia no fueron tan buenos, Iwatobi perdió ante grandes equipos como era de esperarse puesto que eran muy nuevos, inexpertos. La chica fue a vestirse por su lado, sería peligroso si los jóvenes en los baños descubrieran su secreto y poniéndose un short encima de su prenda soltó su larga cabellera de la prisión de su gorro justo afuera donde el sol iluminaba con intensidad haciéndole cerrar un ojo.
—Haru…—dicho su nombre giro encontrándose con los orbes rojos e intensos de Rin. —no pensé en encontrarte aquí y compitiendo.
—Rin…—la chica le mantuvo como pudo la mirada pero esta era imponente, penetrante, le intimidaba solo un poco. El chico empezó a caminar hacia ella, ella pensaba retroceder pero tan solo un paso atrás la reja le detuvo. La mano de Rin sujetando el metal por encima de ella, Haruka solo pudo observar esos filosos dientes. Ya no era el mismo Rin risueño del pasado, aquel que pensaba que era romántico declararse bajo un árbol, tontamente pensó que sería ese Rin el que volvería pero no fue así, el Rin frente a ella era uno con intensidad, sin tacto, tempestuoso como un huracán, peligroso como un tiburón.
Ella no gritaría, él lo sospechaba así, Esos años solo pudo pensar en ese reencuentro, en ver a Haruka, en cumplir su cometido demostrándole a Makoto que no debía estar con ella. Rin no perdía, eso era impensable. Todo ese tiempo en Australia solo pensó en ello, en aquellas emociones de su niñez, en sus palabras.
—Escúchame bien …—susurró inconsciente, la mirada de Rin era imponente, voraz y letal como si quisiera devorarla de un solo bocado. Aquellas facciones duras, esa intempestiva actitud que era totalmente opuesta a la de Makoto; un acercamiento, uno muy íntimo. Cuando sus labios estaban muy cerca, cuando sentía que iba a dar su primer beso con aquel chico una voz le detuvo.
"!Ese no es papá!"
Haruka empujó a Rin hacia atrás asustada y miró a todos lados. No vio nada. Rin se extrañó, retrocedió y vio el rostro confuso de Haruka. Ella no quería eso, no quería besar a Rin, ese Rin definitivamente no era como lo recordaba y ese reencuentro no era lo que esperaba.
—Nos volveremos a ver, Haruka… —dijo dando la vuelta con fiereza, disgustado en un tono nada amable a la chica que solo le confundió más, con cierto dramatismo que tal vez dentro de unos años le haría reír internamente a Haruka pero ahora, justo ahora se sentía nerviosa. Rin se fue, ella se quedó ahí recargada en la malla y descendió hasta quedar sentada y no supo cuánto tiempo pasó solo supo que quería llorar.
Ser mujer era difícil, ser adolescente aún más y seguía envidiando a los chicos que la tenían fácil.
—¿Y Makoto? —dijo al reunirse con sus amigos. Los chicos se vieron entre ellos y Nagisa habló muy seguro, o al menos fingiendo muy bien seguridad
—Dijo que debía ir a casa y se adelantó. Vamos, vamos…nosotros también debemos de partir. —y arrastró a su equipo sin más.
Esa noche no pudo dormir pensando en aquella voz, en Rin, en lo cerca que estuvo de besarlo, en Makoto y su desaparición. Suspiró con desgane y salió de la tina para secar su cuerpo, buscar un pantalón de pants azul y una camisa blanca que le ajustaba. Sentía algo de calor a pesar del frio de afuera y decidió ir a correr. Veía el mar nocturno, las estrellas reflejadas en el agua y sin saber cómo sus pasos lo llevaron a esa casa. Dudosa alza la mano y toca la puerta dos veces, esta abre y le mira. Es tan alto, Makoto creció tanto en esos años pero hasta entonces lo notó. Cuando iba a emitir una palabra sintió sus piernas fallar, sus brazos sujetándose del pecho del chico y como caía pero era detenida. Después todo fue oscuridad.
"¿Lo quieres mucho mucho mucho?"
Abrió sus parpados al escuchar esa voz y vio al castaño dormitar en una silla cercana a donde ella descansaba. La cabeza le dolía un poco y no sabe cómo aquello había sucedido ¿Se desmayó? ¿Por qué? La puerta se abrió lentamente y la madre de Makoto entró a la habitación.
—Está muy preocupado por ti pero seguro no te sorprende —susurró con una sonrisa peinando los cabellos de Makoto quien dormía hacia atrás. —me ha contado lo que pasó, vendarte por tanto tiempo es malo, seguro al nadar no podías respirar muy bien y todo ese esfuerzo provocó tu desmayo.
—Gracias por cuidar de mi —ella negó sonriendo.
—No es nada… ojalá aceptaras vivir con nosotros, no es bueno que estés tanto tiempo sola…
Ya anteriormente se lo habían propuesto pero ella se negaba, no quería ser una carga para nadie. Sabía que era peligroso pero hasta cierto punto le gustaba la soledad de su casa. Pronto quedó nuevamente sola con Makoto quien más cómodo y con una cobija encima dormía. Haruka recostada le veía perdida en su piel, en sus pestañas, en su cabello y apretó los labios susurrando.
—Lo quiero mucho… —el moreno apretó los ojos y los empezó a abrir lentamente asustando a la chica. Se quejó de la incómoda posición y se talló los parpados.
—¿Haru? ¿Estás mejor? —la chica asintió mientras Makoto se estiraba y suspiraba más tranquilo. Se acercó y tocó su frente para revisar la temperatura, definitivamente estaba estable.
—Me siento más tranquilo…
—¿Por qué te fuiste? —susurró. Makoto guardó silencio por un momento pensando en que decir. Afuera un grillo se escuchaba, las estrellas seguían moteando el azul profundo, posiblemente pronto amanecería.
—Me sentía cansado —se excusó con una sonrisa.
—Mentiroso.
Haruka se giró dándole la espalda al chico y echándose la cobija encima para ignorarlo. Si, estaba molesta de que Makoto le mintiera, de que le evitara la mirada a veces o que ya no hiciera con él las cosas que hacían de pequeños. Estaba cansada de que le tratase diferente, de que entre ellos hubiera una brecha que crecía y crecía hasta parecer un cráter. Ella era mala conversando, es cierto, pero temía mucho que Makoto se hartara de que las cosas terminaran, de que terminaran antes de empezar.
Ni siquiera pudo concluir el torrente de pensamientos cuando sintió la mano del chico sobre su hombro girarle, ella no se negó y volvió a estar sobre la cama mirándole. Makoto estaba viéndole desde arriba, cercano a ella mientras que Haruka apretaba los labios.
Una mano, un rose en la mejilla del moreno y después le tomó por la nuca. Ella había elegido darle su primer beso a aquel chico que estuvo con ella todo ese tiempo. Los labios eran suaves, sentía los brazos fornidos del joven sujetarse por los costados de ella para no caer encima y como sus castaños cabellos le pegaban en la frente. Rodeo con sus brazos el cuello del joven mientras que nerviosos entregaban ese beso encima de la cama. Tan dulce, tan único y perfecto.
Se separaron, Haruka relamió un poco su labio inferior y se perdió en los ojos verdes de Makoto que le exploraban el rostro sorprendido, avergonzado, feliz. La azabache jugaba con los pequeños cabellos cortos de la nuca de Makoto, dudosa, expectante a cualquier cosa que pudiera decir.
—Es hora de que descanses….—pero la azabache no le soltó. Makoto conocía esa mirada, esa insistencia, hasta parecía que haría un puchero pero Haruka jamás haría eso.
—Duerme conmigo…—susurró. Makoto asintió siempre aceptando lo que ella deseara. Para Makoto era prioridad hacer feliz a Haruka desde que se sintió responsable de ella, desde que sus padres se tuvieron que ir dejándola. Pensar que Rin volvería, que la arrancaría de su lado le hizo temer, temblar, no pudo soportar ir a buscarla y verla con él. Verlos tan cercanos y sentir como la alejaban de su lado. Por eso escapó, porque fue incapaz de detenerle.
—Está bien…—dijo con una sonrisa y se hizo de un espacio en la cama, se recostó a su lado mirando hacia el techo, pensativo.
—Si estás preocupado por Rin…—la azabache giró su cuerpo dándole la espalda nuevamente —él no es quien me interesa….—guardó silencio y tomó aire prosiguiendo —me da gusto que siempre estés conmigo.
Makoto abrió los ojos de par en par y se sentó en la cama. ¿Eso había sido una declaración o algo así? No lo sabía pero su corazón no dejaba de latir, estaba demasiado feliz pero la chica no hizo más. Cuando calmó su emoción le acaricio los cabellos y ella solo cerró los ojos.
—Buenas noches, Haru-kun.
Y a las horas apenas hubo tiempo de decirse buenos días, sus ojos mostraban unas prominentes ojeras y un cansancio descomunal cuando iban hacia la escuela. El día era hermoso y soleado a pesar del pronóstico de lluvia. Ahora ambos en silencio caminaban sin saber por dónde empezar. En el receso los chicos estaban reunidos en la azotea, Nagisa quien era muy perceptivo debió preguntar.
—¿Le dijiste?
—Algo así —dijo Makoto mirando a otro punto —m…más bien fue como no decirlo pero expresarlo…—Y sus dos amigos se miraron, se sonrojaron por un instante y abrieron los ojos de par en par curiosos a saber de qué hablaba el castaño.—nos besamos…
—¡¿EH?! —Nagisa arrojó su pan y a Rei se le cayó el bento. — ¿C…Cómo fue? ¿Se sintió bien?
—Nagisa-kun, no pregunte esas cosas por favor —dijo sonrojado Rei mientras Makoto solo reía ladeando la cabeza con ternura.
—Fue la cosa más hermosa….—Rei alzó la vista sorprendido —…y dulce —ahora Nagisa estaba atento —…que he vivido.
Y esas dos palabras fueron pocas para describir lo que sintió en el momento de besarla. Escucharon unos pasos veloces, la puerta se abrió de golpe y Gou estaba ahí respirando agitada con el cabello desorganizado.
—Chicos….es mi hermano …él y Haruka….—ni siquiera terminó la frase cuando los cuatro corrían a toda prisa hasta que los pasillos terminaron en la luz. La piscina frente a ellos, la mirada retadora de ambos. La tensión en el ambiente tan densa que no se cortaba ni con la espalda más filosa. Haruka se desprendió de su camisa del uniforme, debajo estaba el traje de baño como siempre. La falda y el short volaron mientras que Rei y Makoto se tapaban el rostro avergonzados y Nagisa la miraba sorprendido.
—¡Haruka, eres fabulosa! —Rin le siguió quitándose las prendas, colocándose los googles y sonriendo ladino yendo hacia la posición de salida.
—Makoto, tu hazte cargo —demandó Rin. Sabía a lo que se referia y nerviosamente asntió avanzando hacia la salida.
—¡Fuera! —gritó y ambos empezaron a nadar. Iban a la par rompiendo el agua, una velocidad increíble, giraron al llegar al otro punto y Haruka obtuvo mayor impulso braceando con una sutileza increíble. Rin empezaba a darle alcance, últimos metros y terminaban. Todo pasó como por un segundo de diferencia. Ambos sacaron la cabeza del agua agitados, Haruka se quitó el gorro y sus cabellos cayeron por los costados moviéndolos de lado a lado.
Rin golpeó el agua y empezó a salir de la piscina irritado. Por su parte Makoto le ofreció la mano a Haru y ella aceptó saliendo del agua lentamente, ella había vencido.
—¡Eso fue sorprendente Haru-kun!—Nagisa corrió felicitándola, ella solo desvió la mirada y sorpresivamente se encontró con Rin.
—Acepto que he perdido ante ti. —la chica apretó los labios, todos estaban serios observándolos y el más angustiado era Makoto.
—Estas cosas no se ganan con una competencia, por eso no me gusta competir —no lo miró. Rin recogió sus cosas lanzando maldiciones por lo bajo y cuando iba a salir la voz de la chica lo detuvo — aun así no permitiré que lo tengas para ti…
Rin giró el rostro con un sonrojo y continuamente volvió en su posición anterior partiendo. Los otros tres estaban confundidos por la discusión y la chica se veía tan tranquila que volvió a echarse al agua.
—Haru-kun, Haru-kun ¿Qué fue eso? —preguntó Nagisa a la orilla de la piscina mientras ella flotaba en calma.
—Venía por Makoto, yo solo dejé en claro las cosas …
Dicho esto los tres chicos se quedaron en shock, helados. ¿Ese era el objetivo de Rin? ¿Makoto? Ah, que giro tan inesperado, pero al menos todo estaba tranquilo excepto, claro, por Makoto que seguía en shock.
Los delfines suelen ahuyentar a los tiburones.
Hasta ese momento entendió que Rin, el Rin que conocía era incapaz de decir sus sentimientos abiertamente, se escondía, gruñía e inventaba cualquier cosa para obtener lo que quería. En aquel caso y aun hasta hoy en día mantuvo a todos bajo la idea de amar a Haruka pero no era asi, solo estaba molesto, celoso, iracundo y buscaba mantenerla a raya de la vida de Makoto. No le gustaba que el castaño siempre revoloteara sobre ella así que decidió astutamente alejarla, por eso en aquel entonces no dijo que ella seria de él pues las palabras exactas de Rin fueron "Haruka no será tuya". Terminó por decir que la quería cuando no era así solo para que Makoto en su nobleza fuera incapaz de confesarse por el miedo a lastimar a su amigo.
Ahora sabían que los sentimientos de Rin no eran como el los decía.
Ese día partieron a casa juntos aun con ese silencio invadiéndoles, tan pesado y exhaustivo. Haruka miraba hacia el mar pensando en su inmensidad, en querer nadar en él, en hundir sus pies en el agua. Después miró a Makoto y el la observó con una sonrisa adorable.
—No tienes que elegir por alguno de los dos. —dijo refiriéndose al mar, ella no respondió solo se sintió algo apenada porque aquel chico siempre sabía lo que pensaba.
—Makoto, hoy también dormiremos juntos —dijo neutral, sin expresión, casi natural. El chico notó que últimamente era así, que la chica parecía con más ganas de dormir a su lado.
—Claro, seguro papá y mamá estarán felices de tenerte en casa —dijo muy sonriente Makoto pero la chica negó.
—Iremos a la mía.
El chico tembló ligeramente más no dijo nada. Tendría que avisar en casa que no iría a dormir y lo peor es que no llevaba pijama o cepillo de dientes. Básicamente sus primeras ideas inocentes fueron preocupaciones como la de un chico al ir a una pijamada pero después se tornaron un tanto diferentes. Haruka y él se habían besado y ahora estando solos en su casa podrían besarse nuevamente. Su cara enrojeció levemente y no dijo más nada hasta llegar al hogar de la chica.
Estuvo demasiado nervioso sentado frente a la mesa mientras la chica cocinaba algo de caballa con su característico mandil. Se negaba a verla para no pensar mal pero luego sus ojos se fijaron en la joven, en su porte, en su estatura y esos cabellos oscuros como el mar nocturno. Haruka era una obra de arte, muy hermosa, siempre lo ha sido pero ahora más que nunca. Ella escuchó nuevamente esa risa y unos pasos pero pasó de ellos con una muy leve sonrisa.
Se dispusieron a comer sin charlar mucho aunque Makoto intentó ligerar el ambiente con charlas como el próximo torneo y la necesidad de encontrar gente nueva pues no podrían seguir usándola a ella y arriesgar su salud. Haruka terminaba su té y pasaba sus cabellos azabaches que rebeldes caían tras su oreja. Se puso de pie y empezó a juntar las cosas.
—¿Tomarás un baño antes? —cuestionó Makoto con naturalidad.
—No, solo…vamos a la cama… —susurró sin verlo y ese temblor que había intentado disipar volvió a sugir. La habitación oscura, la cama en una orilla y todo en orden. La chica entró usando solo una camisa de tirantes blancos y un short azul. El otro tenía aun su uniforme, no había tenido oportunidad de ir por su pijama.
—Creo que empezaré a dejarte algo de ropa mía aquí… —susurró sonriendo a modo de broma.
—Está bien por mi… —ella alzó los hombros y caminó hacia la cama sentándose en ella. Makoto estaba confundido con todo ese ambiente extraño, la vio ahí mirando hacia la ventana y se sentía extraño porque ella era su amiga de la infancia pero también cada día que pasaba se volvía una mujer imposible de ignorar, una hermosa mujer por dentro y por fuera, no importa cuanto lo intentase no podía solo pasar por alto ese hecho, tonto el que no posara su vista en la belleza de Haruka y pasara de largo. Ella lo era, era perfecta para él.
—Haru…—el castaño caminó hasta la cama y se sentó a un lado de ella. Haruka le observó indiferente a pesar de que sus manos apretaban las cobijas de la cama.—algo te preocupa…—dijo más como una afirmación que como una duda porque claro Makoto sabía cuándo le pasaba algo.
—No es importante…—dijo como siempre sin dar largas explicaciones. Y bien él pudo haber exigido saber más para ayudarla pero era incapaz de presionar a la joven. Él no haría nada como eso. —Makoto, ¿Seguimos siendo amigos? —esa pregunta sorprendió al castaño pero no podía mentirle, no podía decirle algo que no fuese verdadero.
—Los mejores, Haru-kun…
—Me da gusto… —susurró ella y se acercó estirando el cuello levemente hasta tocar los labios de Makoto con los propios. El ojiverde solo cerró los ojos, se perdió en ese aroma de la chica, en la suavidad de su beso, en la ternura de sus manos aun aferradas a la cobija. Se separó un segundo, la miró por encima con dulzura, como siempre, pero esta vez había algo más en ese mirar, algo que hizo que Haruka se perdiera en esos ojos. Ahora Makoto le besaba moviendo un poco los labios, tocándole un poco el hombro, invitando a la joven a rodearlo con los brazos por el cuello.
