Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.

N de la T: ¡Gracias a todas por los cálidos comentarios! Estoy de acuerdo con quienes sienten gran enojo por la forma en la que se comportó Severus en el prólogo. Sé que hay muchas dudas pero estoy segura que todas van a ser aclaradas a medida que avance la historia. Quizá éste sea un buen momento para contarles que la historia original está recién terminada, cuenta con 29 capítulos más un epílogo que ChristinaFay publicó el 20 de enero (un día antes que comenzara ésta), y voy traduciendo a buen paso esperando poder actualizar entre una y dos veces por semana. Ojalá disfruten tanto de leerla como lo hice yo.

Capítulo Dos – El héroe de Toby

—¿Cómo le va a tu adorable niño? —la vieja bruja preguntó amablemente mientras escarbaba en su cartera buscando un billete.

—¡A Toby le va muy bien! —respondió alegremente Hermione mientras ponía un pequeño frasco de cristal lleno de un bálsamo color violeta dentro de una pequeña bolsa de papel—. Empezó el tercer grado hace un par de semanas.

—¿Ya en tercer grado? —preguntó la bruja sorprendida—. Vaya, vaya, vaya... los niños crecen tan rápido, ¿no?

—Y que lo diga, señora Griffey. Aquí tiene su bálsamo favorito para manos. ¡Que lo disfrute!

—Seguro que lo haré, Hermione. Me encanta cómo se sienten mis manos después de usarlo. Vale la pena el viaje desde mi cabañita. Escuché que hay una panadería nueva al final de la calle. ¿La has probado? Pensé que, ya que estoy aquí, podría comprar una varilla de pan.

—Las medialunas y bollitos matinales son excelentes también —Hermione sonrió cálidamente a la vieja bruja, antes de inclinarse hacia ella y susurrar—: una pensaría que robaron la receta de la cocina de un elfo doméstico, ¡excepto que dicen que sus productos además son 100% orgánicos y no tienen colesterol! Ése es el tipo de magia que yo considero impactante.

Mirando a la mujer reírse todo el camino de salida del negocio, Hermione le echó un vistazo al reloj en la pared. —Mira la hora, Jenny —llamó hacia la trastienda—, ya es pasado el mediodía. ¿Te gustaría tomar tu hora para almorzar ahora?

Una mujer joven salió de la trastienda atendiendo a su llamado. Insertándose su delgada varita en el pelo, dijo: —Quería preguntarte, Hermione... ¿Te molestaría si me voy más tarde, tipo una y media o dos, y me tomo la tarde libre?

—¿Oh...? —Hermione arqueó una ceja—. ¿A dónde vas?

—Ben me envió un mensaje de texto esta mañana —contestó la joven bruja, intentando con empeño ocultar la gran sonrisa en su rostro—, le dieron su franco esta mañana y puede comenzar su receso hoy mismo. Llegará a la ciudad en la tarde. Y yo no lo he visto en tres semanas, desde que lo trasladaron a Texas.

—¡No me había dado cuenta que ha estado lejos tanto tiempo! Vete, por supuesto. Y no es problema, puedo atender el negocio por el resto del día. ¿Quieres tomarte libre mañana también?

—Puedo quedarme un poco más —la joven bruja sonrió—. Su vuelo no estará aquí hasta las tres, de todos modos. Y mañana visitará a sus padres, así que puedo venir a trabajar sin inconvenientes.

—¡Deberías haber traído a tu novio volando tú misma! —bromeó Hermione.

—¡Sí, claro! —rió Jenny—, ¡él puede volar un avión de combate, pero no creo que pueda sentarse quieto en una escoba!

Las dos mujeres compartieron una buena carcajada imaginando la divertida imagen de Ben colgando de la escoba de Jenny. Compartiendo pequeñas tareas, las dos comenzaron a reorganizar la mercadería en los escaparates, preparándolos para la siguiente semana.

—A todo esto —Jenny preguntó casualmente mientras reaprovisionaba pequeños paquetes de incienso en un estante—, ¿está realmente bien tu niño? ¿Le gusta su nueva escuela?

La mano de Hermione hizo una pausa en el aire mientras consideraba la pregunta, pero rápidamente regresó su atención a los frascos que flotaban dentro de la vitrina ubicada en un rincón del negocio. Con un movimiento de su varita lanzó un encantamiento sobre la misma, para que sólo brujas y magos pudieran detectar su existencia. —Le está yendo bien, supongo —suspiró—. Es difícil... cuando los otros niños se burlan de él.

—Bueno... ¿crees que sería mejor si le encontraras una figura paterna? —preguntó Jenny con curiosidad.

—Qué fantástica idea, Jenny —Hermione soltó una risita—. ¿Debería caminar por la calle con un cartel, preguntando a los hombres si estarían dispuestos a pararse junto a mi hijo en la escuela? Y te advierto —su rostro adquirió una expresión seria—, nunca más te atrevas a anotarme en ningún sistema de citas a ciegas que encuentres en la Internet.

—¡No me refiero a eso esta vez! —Jenny le sacó la lengua e hizo un mohín—. Sólo estoy sugiriendo que quizá podrías salir un poco, ya sabes, y conocer gente. ¡Es divertido!

—Ya veo —sonrió Hermione—. Estás decidida a presentarme a uno de los amigos de tu novio, ¿no? Lo siento, Jenny. No son mi tipo.

—¿Y cuál es tu tipo, entonces? —Jenny se detuvo en lo que estaba haciendo, claramente intrigada por el tema de conversación—. ¡Has dejado pasar a todos los solteros disponibles del pueblo! Ya sé que no es tan grande, ¡pero igual! ¿Acaso ninguno de ellos es lo suficiente bueno para ti?

Hermione no respondió, y Jenny comprendió que había dado en el clavo.

—En verdad no puedes recordar, ¿verdad? —frunció el ceño—. ¿Piensas que él está ahí afuera, en algún lugar, buscándote? ¿Tu novio? ¿O marido?

—No lo sé, Jenny... —Hermione suspiró—. Sé que han pasado muchos años, pero aún no quiero darme por vencida. Tiene que haber una manera de que recupere mi memoria. No quiero hacer algo de lo que pueda arrepentirme cuando eventualmente recuerde por qué estoy aquí en primer lugar. En cuanto a que él esté buscándome, bueno, me temo que quizá seas más optimista que yo respecto a mi pasado. ¿Cómo sabes que él no me dejó, o que no me echó de su vida?

—¡Caramba, Hermione! —Jenny se apoyó en el mostrador y se dirigió con seriedad a la mujer que era no sólo su jefa, sino su amiga—. ¿Te das cuenta de cómo te miran todos los hombres que vienen al negocio? ¡Todos te adoran! ¡Nadie nunca querría dejarte ni echarte!

—Bueno, amiga —Hermione levantó la vista del mostrador mientras aseguraba la pequeña vitrina que exhibía joyas de cristal hechas a mano—. Gracias por la dosis de autoestima. ¿Por qué no vas a casa a hora, te pones algo lindo y te preparas para darle la bienvenida a tu caballero de brillante armadura?

—Ay... —se quejó Jenny—, ¡me estás echando! ¡Y todo porque señalé un serio problema en tu vida!

Hermione desestimó la protesta de su joven amiga con un movimiento de su mano. —Déjame pensar acerca de mi tipo y luego te cuento, ¿de acuerdo?

Las tardes de las montañas Sierra aún eran cálidas en Septiembre. Hermione abrió las ventanas para dejar entrar algo de aire. En ese momento fue cuando escuchó un suave chasquido en la parte de atrás del negocio. Frunció el ceño ante el sonido, preguntándose si Jenny se había olvidado de algo. Sus clientes habitualmente aparecían en una esquina cercana y entraban al negocio por la puerta principal.

—¿Olvidaste algo? —preguntó mientras atravesaba la puerta del costado que daba al patio de grava. Antes de poder reaccionar, Toby saltó a sus brazos.

—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Adivina a quién me encontré!

—¿Qué estás haciendo aquí, cariño? ¡La escuela no termina hasta las dos y media! ¿Qué fue lo que dijiste? —Hermione súbitamente se dio cuenta de lo que había escuchado. Alzando la mirada, observó un viejo parado a un par de metros de distancia de ellos.

El anciano caballero era alto y delgado, sus espaldas apenas encorvadas hacia delante. Tenía el pelo completamente gris y sus oscuros ojos se veían cansados. Llevaba una valija de cuero negro, de la clase por la que podría pagarse un buen precio en un negocio de antigüedades. Vestido con una chaqueta gris oscura de tweed algo raída, parecía un académico universitario del siglo pasado. La bufanda blanca enrollada holgadamente alrededor de su cuello parecía un poco fuera de lugar en el cálido clima del otoño temprano en California del Norte. Parecía tener unos ochenta años pero, si Hermione tenía razón acerca del suave chasquido que había escuchado antes, tenía que ser un mago. Y eso significaba que podía ser aún mayor.

—¡Mamá, escúchame! —La voz de Toby tironeó la atención de Hermione de regreso—. ¡Mamá, él es Severus Snape! ¡El mago de los libros que yo leo! ¡Me quitó el sangrado de la nariz! ¡Y me trajo a casa!

—¡¿Qué?! —la voz de Hermione subió de volumen en señal de alarma, y mirando fijamente a su hijo lo regañó—: ¿Seguiste a un extraño fuera de la escuela? ¡¿En qué estabas pensando?! ¡Tienes nueve años! ¡Ya deberías ser más sensato!

—¡Pero mamá! —Toby protestó de inmediato—. ¡Él es Severus Snape! ¡Es un tipo bueno!

—Tu madre tiene razón —una voz fluida y calma se escuchó tras el niño—. Fue, en verdad, una seria falta de criterio de tu parte.

Los ojos de Hermione se dirigieron hacia el viejo, para encontrar que los de él estaban fijos en ella.

—A pesar de ello, hubo un incidente desagradable en el patio de la escuela —explicó despacio el viejo—. No me gustó lo que vi cuando pasé por allí.

—¿Qué sucedió? —Hermione respiró entrecortadamente, su atención de regreso con Toby.

—Bueno... —el entusiasmo parecía haberse evaporado de la voz del niño mientras bajaba la cabeza y confesaba—: Jack y Dylan empezaron, mamá. Yo los ignoré todo lo que pude. Pero luego me arrinconaron detrás del aula justo antes del recreo del almuerzo y comenzaron a decir cosas de ti. Y entonces, peleamos.

—¿Qué dijeron de mí? —preguntó Hermione.

—Dijeron que eres una bruja —contestó Toby.

—¿Y eso te molestó? —Hermione alzó sus cejas y dejó escapar una risilla.

—¡No! Pero… dijeron otras cosas también. Y no creo que te gustaría que yo las repitiera —estaba casi susurrando.

Hermione respiró hondo y entrecerró los ojos frente al pequeño. —¿Y qué pasó después?

—Le di un puñetazo a Dylan. Pero son más grandes que yo, y eran dos, mamá —dijo Toby en voz baja—. Se pusieron encima de mí muy rápido. En ese momento llegó el señor Snape.

La respuesta de Toby repentinamente recordó a Hermione de la existencia del viejo. —Oh... ¡lo siento tanto, señor! —Lo miró nuevamente, sorprendida de ver que él aún la miraba fijo, algo tenso—. He sido muy mal educada... ¿dónde están mis modales? —Dio un paso adelante y acortó la distancia entre ellos—. Usted debe ser un mago, ¿verdad? —Estiró el brazo para darle la mano, que él aceptó y estrechó gentilmente—. Lo escuché aparecerse hace un momento. Por favor, perdone a Toby. Debo pedirle disculpas por él. Mi hijo ha estado leyendo demasiadas historias de Harry Potter. Es posible que haya estado inmerso en su mundo de fantasía cuando se encontró con usted, un mago que habla con acento británico, y lo relacionó.

—¡MAMÁ! —Toby estaba obviamente ofendido por la declaración de su madre.

—Eso... está bien —el hombre frunció el ceño, pero parecía haberse relajado un poco—. Aún así, me temo que tendré que decepcionarla. Su hijo no estaba equivocado. Yo soy, en verdad, Severus Snape.

—Oh... —Hermione abrió más los ojos, mientras luchaba para encontrar palabras—. Guau... Eh... Oh... Señor Snape. Lo siento tanto.

—¿Siempre pasa media hora pidiendo disculpas cuando alguien trae a su hijo de la escuela? —el viejo mago preguntó descaradamente.

Hermione rió y negó con la cabeza. —No, es sólo... algo inesperado... señor. Este... ¿le gustaría entrar y tomar algo de té? Es que nunca imagine encontrar a alguien como usted… aquí.

—Un té estaría bien —el viejo mago asintió despacio—. Podría usar un descanso luego de forzar a esos dos trolls a dejar tranquilo a su hijo.

Toby voló al lado del mago, lo tomó del brazo y lo dirigió a la trastienda, con Hermione caminado tras ellos. Luego de poner la tetera en la hornalla, ella se dirigió a la pequeña cocina unida a la trastienda y preparó un pequeño despliegue de queso y frutas. Dándose cuenta de que era la hora del almuerzo, agregó un par de medialunas al plato.

—¿Logré agradecerle apropiadamente, señor? —le dijo educadamente mientras asentaba el té y el plato con la comida sobre la mesa, frente al viejo y al niño—. Muchas gracias por rescatar a Toby, y por traerlo a casa conmigo.

—Severus —murmuró el viejo mago.

—Disculpe, ¿qué dijo? —Hermione se inclinó más cerca de él, insegura de haberlo escuchado correctamente.

—Llámeme Severus —contestó él, con sus ojos fijos en la taza en sus manos. Luego de una pequeña pausa, agregó—: Gracias por el té, señora...

—De nada, Severus. Es simplemente señorita —sonrió Hermione—. Señorita Prince. Pero todos los que me conocen me dicen Hermione.

No entendió por qué sus oscuros ojos de repente se fijaron en ella con tanta intensidad. ¿Había dicho algo malo? Arqueando las cejas ante la reacción de su inesperado huésped, dijo—: Este... ¿si me disculpa? Necesito hacer una llamada al director de la escuela. No van a estar contentos cuando se den cuenta que les falta un alumno —dirigió la última parte de su discurso a Toby.

Cuando Hermione colgó el teléfono en su oficina luego de hablar con el director de Toby, se dirigió de regreso a la trastienda. Desaceleró sus pasos, tratando de escuchar la tranquila conversación en la habitación.

Si tenía que ser honesta consigo misma, no podía decir que eso fuera una conversación. Sería más preciso llamarlo un monólogo de Toby. No había escuchado al niño hablar con tanto entusiasmo en mucho tiempo. Estaba haciendo montones de preguntas, una tras otra, y todas parecían estar relacionadas a las historias que había leído sobre las Guerras Mágicas británicas.

Hermione pronto se dio cuenta de que a su huésped no le vendría mal un pequeño rescate de las interminables preguntas del niño. —Toby —entró en la habitación y se dirigió a su hijo con severidad—, el señor Hartman no está contento con el incidente que tuviste hoy en la escuela. Tendrás que disculparte con Dylan mañana por haberle pegado.

—Pero ellos empezaron...

—Eso no te da una excusa para pegarle. A Dylan y Jack también les dijeron que te pidan disculpas. Así que ya está. Por favor, terminemos con esto —meneó la cabeza.

El niño mordió su labio inferior y se enfurruñó en su asiento. Viendo cómo la alegría de su hijo desaparecía, Hermione se sintió culpable. —¿De qué estabas hablando con el señor Snape? —preguntó esperando que un cambio de tema ayudara a mejorar el clima en la habitación.

Cuando el niño no respondió, lo hizo el mago. —Su hijo me estaba interrogando acerca de los eventos que ocurrieron hace más de medio siglo. Aunque estoy impresionado con su familiaridad con esa inútil parte de la historia, debo decir que no tengo interés en bucear dentro de mi memoria para encontrar las respuestas.

—Lo siento tanto. Es sólo... usted debe haberse dado cuenta de cuánto lo admira Toby luego de leer esas historias. Dígame, ¿qué lo trajo a esta parte del mundo, Severus?

Tomando un sorbo de té, Severus dijo: —He pasado las últimas décadas recorriendo el mundo.

—¿Recorriendo el mundo? —su respuesta levantó el ánimo del niño y lo hizo recuperar su curiosidad—. ¿Es ésta una aventura? ¿Tiene una lista de lugares para visitar? ¿Está escribiendo un libro sobre sus viajes?

Negando despacio con la cabeza, Severus respondió: —No, nada de eso, desafortunadamente. Estaba cansado de la situación en Inglaterra. Las preguntas interminables del público casi me vuelven loco. Necesitaba irme. Además, estaba buscando... —su voz se fue apagando, como si de repente se hubiera perdido en sus pensamientos.

—¿Está usted buscando un lugar donde retirarse discretamente? —preguntó Hermione mientras tomaba una uva, sonriendo para sí al notar que Toby tuvo la decencia de mostrarse avergonzado al escuchar la opinión de Severus sobre las preguntas entrometidas.

—Quizás... podríamos decir que sí —Severus asintió pensativamente.

—¿Y le gusta nuestro pueblo, señor Snape? —el niño ahora le sonreía ampliamente al viejo mago.

—Éste es un lindo lugar —Hermione asintió, de acuerdo con él—. Clima perfecto, gente agradable, y un área comercial pequeña y linda con varios restaurantes muy agradables.

—Podría sobrevivir sin la gente —dijo él, arrastrando las palabras.

Hermione no pudo evitar reírse. Recordaba vagamente haber escuchado a Toby comentar sobre el gruñón profesor llamado Severus Snape. Ahora que estaba conversando con él, ella encontraba fascinante, de una manera extraña, a su seco sentido del humor.

Dándose cuenta que el viejo mago le había lanzado una mirada asesina, Hermione enderezó su espalda y carraspeó. —Bueno, si le gusta esta zona, usted debería mirar algunas de las cabañas de los alrededores. Algunas están en alquiler a corto plazo, perfectas para los turistas, y otras están a la venta. Podría funcionar para alguien que quiera alejarse de la vida en la ciudad y comenzar de nuevo en este pequeño refugio.

—¿Es por eso que eligió vivir aquí, para alejarse del pasado y comenzar de nuevo? —preguntó él sorpresivamente.

Ella arqueó una ceja frente a su extraña pregunta.

Aparentemente dándose cuenta de lo inapropiado de su pregunta, Severus agregó apresuradamente: —Usted tiene acento británico.

—Eso es parte del motivo —ella titubeó un momento antes de continuar—. También es un lugar hermoso con una pequeña comunidad muy linda, tradicionalmente amigable tanto para con muggles como para con magos. Parecía adecuado para nuestras necesidades. En cuanto a las cabañas... —no quería hablar mucho acerca de sí misma, y maniobró la conversación de regreso al mercado local de bienes raíces—. Hay una de un dormitorio a dos casas de aquí. Pero no está amueblada. También hay un par más grandes, siguiendo la calle hacia la colina. Tengo una amiga que es agente inmobiliaria. Si usted quiere, puedo llamarla y pedirle que le muestre la zona.

—¡Por favor, señor Snape! ¡Por favor, quédese en nuestro pueblo! —Toby imploró—. Cindy, la amiga de mamá, es la mejor agente inmobiliaria del mundo. ¡Deje que le encuentre un hogar perfecto!

—Voy a tomar la cabaña que está aquí cerca —dijo Severus en voz baja—. La voy a alquilar con opción de compra.

—¿Qué? —los ojos de Hermione se abrieron más grandes. No estaba intentando venderle nada, y desde ya que mucho menos un inmueble. Además, ¿quién en el mundo tomaría una decisión tan impulsiva cuando se trata de encontrar un hogar?—. Usted no me entendió —intentó explicarle—, no estoy tratando de venderle nada. Debería dar una vuelta y ver lo que hay, en verdad. Hay mucha variedad para elegir, especialmente si va más alto en las montañas. La que yo le mencioné ni siquiera tiene muebles.

—Aquí tengo todo lo que necesito —apuntó brevemente a su valija—. Al contrario de lo que usted cree, no soy un viejo que está perdiendo el tino. Estoy cansado de viajar, y creo que la cabaña en esta calle es exactamente lo que necesito. Llame a su amiga y pídale que se encuentre conmigo. Espero completar la transacción tan rápido como pueda.

—Oh. —Hermione no sabía qué pensar de la decisión del viejo mago. Pero basándose en la determinación en su rostro, decidió que no sería sensato tratar de persuadirlo de reconsiderar su decisión.

Un par de horas más tarde, la amiga de Hermione, Cindy, salió del negocio de Hermione, con el viejo mago tras ella. Cindy había llegado al negocio de Hermione luego de recibir su llamada acerca de un comprador potencial. Siguiendo los deseos de su cliente, la agente inmobiliaria agilizó los trámites necesarios para la transacción y completó el papeleo en tiempo récord, allí mismo, en la oficina de Hermione. Hermione había tratado de entrometerse un par de veces, recordándole a Severus que no necesitaba firmar todos los papeles tan rápido, considerando que podía conseguir una habitación de hotel fácilmente en el pueblo. Pero las dos veces sus sugerencias fueron desanimadas por los penetrantes ojos del mago. En lugar de prolongar el proceso como Hermione recomendaba, Severus hizo un par de propuestas para evitar algunas opciones que habitualmente protegen los intereses del comprador. Al final, el trato fue cerrado antes del atardecer, y Severus siguió a Cindy a su nueva residencia.

Durante esta tarde especial, Toby no podía contener su entusiasmo a medida que observaba el desarrollo de los acontecimientos en el pequeño negocio de su madre. Luego de que Severus fuera a su nuevo hogar, el niño no podía parar de hablar acerca de que el mejor y más grande mago vivía en su misma calle. Le sugirió a su madre que le llevaran algo de cenar al nuevo vecino. Dándose cuenta de que su hijo querría hacerse amigo del viejo, Hermione decidió que no sería una mala idea que ella lo conociera mejor. Es por eso que, apenas pasadas las siete de la tarde, Hermione se encontró esperando con su hijo frente a la puerta de la casa de su nuevo vecino, sosteniendo una cazuela de pollo recién asado.

El viejo mago parecía algo sorprendido cuando encontró a la joven bruja y al niño en su puerta. Sin embargo, recobró la compostura rápidamente y los invitó a pasar. Para la gran sorpresa de Hermione, la pequeña cabaña ya estaba completamente amueblada. Ella sabía que los magos pueden hacer cosas asombrosas, pero no esperaba que él hubiera terminado de mudarse a pocas horas de haberse convertido en el dueño del lugar.

Como si le leyera la mente, Severus declaró con simpleza: —Te dije que tengo todo lo que necesito en mi valija.

—¿Todo esto? —los ojos de Hermione se dilataban con incredulidad—. ¿Sus estantes para libros, mesas, sillas, la cama con dosel y el armario?

—Un pequeño truco del hechizo de extensión indetectable. Seguro que te es familiar, ¿no, Hermione? —la miró a los ojos y arqueó una ceja.

—He oído de él... —ella frunció el ceño—, pero nunca lo probé.

Los nuevos vecinos conversaron de temas triviales mientras el viejo le agradecía a la bruja por su ayuda en esa tarde, y también por la deliciosa cena. Poco después, Hermione estaba tratando de guiar a su hijo afuera.

—¿Puedo venir a visitarlo mañana después de la escuela, señor Snape? —Toby preguntó, casi implorando, mientras su madre lo empujaba para atravesar el umbral.

—Eso estaría... bien —Severus asintió—. En tanto sea aceptable para tu madre.

Ofreciéndole una gran sonrisa, el niño saltó todo el camino de regreso a su casa. Dando a su famoso nuevo vecino una pequeña sonrisa, Hermione le deseó buenas noches a Severus y fue tras Toby.

Severus observó a la bruja y al niño desaparecer tras la puerta de su pequeña casa de dos pisos antes de entrar de nuevo a su cabaña. Caminó pasando la mesa de la cocina sobre la que se encontraba la cazuela de pollo y se sentó junto a la chimenea en su sillón orejero. Un vaso de whisky de fuego lo esperaba sobre una pequeña mesa ubicada al lado del sillón. Él lo tomó y examinó el dorado líquido frente a sí.

—Merlín, ¿cómo pudo suceder esto? —Tomó un pequeño sorbo del vaso—. Después de todos estos años... ¿he perdido finalmente la razón? —A medida que sintió una ola de cansancio abatirse sobre él, dejó escapar un suspiro y cerró los ojos.

Tal y como le había explicado a Toby esa tarde, había pasado las décadas anteriores viajando por el mundo. Estaba diciendo parcialmente la verdad cuando les contó que estaba intentando escapar de la atención pública luego de la guerra. Tenía, además, una razón mucho más importante para viajar.

Luego de la batalla final, todos buscaron a Hermione. Resultó ser que Severus fue el último que la había visto esa tarde. Mientras que el pensar que ella estaba esperando su hijo le había dado motivos para aferrarse a la vida, la noticia de su desaparición prácticamente le quitó todo deseo de vivir. Intentó ocultar sus emociones como pudo cuando Minerva le informó de la desaparición de Hermione. Potter y Weasley no lograron encontrar ninguna pista de utilidad cuando fueron a visitarlo, más que anunciarle que no se había encontrado su cuerpo en las ruinas de las mazmorras. Sabiendo que la gente asesinada con magia podían simplemente ser desvanecidas, Severus supuso lo peor.

Apenas lo dieron de alta en San Mungo, se dirigió con rapidez a sus recintos en Hogwarts. Sin embargo, más que vidrios rotos por doquier, no había signos visibles de que nadie hubiera forzado el ingreso. «A menos que...» había pensado, «ella haya descubierto una manera de deshacer mis hechizos cuando perdieron fuerza.» Esto no era completamente imposible, ya que estaba seguro que sus hechizos seguramente se habían debilitado cuando su vida colgaba de un hilo luego de que lo mordiera la serpiente.

Pero eso aún no contestaba la pregunta de ¿por qué ella los había abandonado a todos? Y ¿dónde había ido? Si en verdad había sobrevivido la batalla final, Severus pensaba que el único motivo que ella tenía para ocultarse podría tener algo que ver con el niño que esperaba. Temiendo que ella pudiera sentir vergüenza de su relación, Severus mantuvo reserva sobre su aventura amorosa, sin mencionar a nadie más los secretos que habían compartido.

Se encontraba observando el cielo nocturno muy seguido, recordando cada palabra que se habían dicho durante los difíciles años de la guerra, y repitiendo en su cabeza la conversación de la tarde de la batalla final entera. Se preguntaba si ella estaría llevando a cabo sus planes de "criar al niño sola". ¿Estaría aún molesta por sus duras palabras? Severus se maldecía por no haber sido capaz de controlar su mal genio. ¿Por qué siempre tenía que escupir las palabras equivocadas cuando estaba enojado?

Eventualmente, se había decidido a llevar adelante un viaje para buscarla, así le llevara toda la vida: al principio buscaba a una bruja joven; luego, a una bruja joven con un bebé, y finalmente comenzó a preguntar por una bruja con un hijo crecido. Pensó que aún si ella no quisiera saber nada de él, quizá él pudiera pedirle perdón y encontrarse con su hijo, aunque sólo lo viera una sola vez. Pasó las primeras dos décadas peinando las comunidades mágicas de Gran Bretaña y la mayor parte de Europa. Cuando no pudo encontrarla, se dirigió a Australia, África, Asia y, finalmente, Norteamérica.

Había perdido casi toda esperanza hacía varios años, pero decidió que completaría esta travesía alrededor del mundo aunque más no fuera por su propia cordura: de este modo, no tendría de qué arrepentirse en su lecho de muerte por no haber buscado hasta en el último rincón del mundo.

Sin embargo, cuando esa tarde vio a la bruja parada frente a él, no pudo creer sus ojos: ¡se veía tal como ella! Pero no podía ser ella... simplemente no podía serlo.

La última vez que la vio, había sido hacía más de sesenta años. Pero la joven bruja allí, en aquel pequeño pueblo de California, no podía tener más de treinta. Y el niño... si era su hijo, Severus hubiera esperado encontrarse con un hombre de edad mediana.

Justo cuando acababa de convencerse de que su vista lo había engañado, ella le dijo su nombre: Hermione, Hermione Prince. Él casi olvidó cómo respirar por unos minutos. ¿Podía ésta realmente ser una coincidencia? ¿Podía el destino ser tan cruel como para enviarlo al otro lado del mundo tan sólo para encontrar a una bruja que se veía como ella, sonaba como ella, y que tenía un hijo que tanto se parecía a él mismo en su juventud?

Incapaz de encontrarle el sentido a este encuentro, Severus hizo lo que creyó mejor. Se quedaría allí por un tiempo, e investigaría. Quería conocer a la bruja y al niño. Necesitaba saber: ¿era ella realmente la bruja que alguna vez fue suya? ¿O podía ser posible algo como la reencarnación?

Severus estaba seguro de una cosa: no se iría a ningún lugar hasta encontrar respuestas a sus preguntas. No podía alejarse de ella, si ésta era realmente ella, otra vez.

Por primera vez en muchos años, Severus fue a dormir esa noche sintiéndose esperanzado. La mañana siguiente no llegaría lo suficientemente rápido.