Hola! Aquí el segundo capítulo. Muchas gracias a las personas que se tomaron el tiempo para leer y a quienes comentaron: AsukaMiyamoto, jathanjori98, Victoiousnaomi, caprigirl, LindsayWest, también hubo un comentario sin nombre, a quien agradezco igualmente.

Espero que este pequeño capítulo sea de su agrado.

*Victorious no me pertenece.

Capítulo 2

Tori había decidido ayudar a Jade, pero lo haría a su manera. No quería que la chica gótica torturara a su indefenso amigo, por culpa de una simple sospecha. Por otro lado, también empezaba a preocuparse seriamente por Cat, quien llevaba mucho tiempo desaparecida y eso ya no era algo normal.

Se detuvo frente a la casa de Robbie, y tocó el timbre, esperando pacientemente a que alguien atendiera. Entonces la puerta se abrió, revelando al joven ventrílocuo detrás de ella. –Hola Tori. –Dijo él, pareciendo preocupado. -¿Qué te trae por aquí? ¿Pasa algo malo?

-No. -dijo ella, rápidamente. –Sólo pasaba por aquí y quise saludar.

-Genial. –exclamó él, con una sonrisa, haciéndose a un lado para que Tori pudiese pasar. –No muchas chicas vienen a visitarme.

-No te acostumbres. –Bromeó la castaña.

Caminaron por un amplio vestíbulo, hasta llegar a un saloncito con forma de pentágono que tenía una chimenea, bastante lujosa. –Wow, tienes una gran casa. –dijo Tori, tratando inútilmente de aminorar su sorpresa.

-Un poco grande para mí solo. –dijo el chico, con tristeza.

-¿Y tus padres?

-No están. –Agregó él.

Robbie… -Empezó a decir Tori, recodando el motivo que la había llevado hasta ahí. -¿Por qué pensaste que ocurría algo malo cuando me viste en tu puerta?

-La verdad, es que estoy un poco nervioso por lo de Cat. –dijo él, pareciendo avergonzado. –Sí, ya sé que Jade puede estar siendo un poco paranoica, pero, he estado llamando a Cat y sigue sin contestar.

Tori asintió con la cabeza. Por lo que conocía a Robbie, él era muy débil de carácter y claro que las teorías de Jade podían asustarlo, más aún sabiendo el afecto que el joven tenía por la pelirroja.

-Perdona. –dijo el chico, sacándola de sus pensamientos. – ¿Quieres algo de beber?

-Sí, agua estaría bien. –dijo ella.

-A sus órdenes, señorita. – respondió él, con una venia exagerada y salió del salón, sonriendo.

Tori aprovechó que estaba sola y sacó su teléfono para hablar con Jade, tenía que decirle que abandonara sus ideas sobre Robbie y su muñeco, y se concentrara en saber lo que en realidad ocurría.

-¿Qué pasó, Vega? Te estuve esperando. –reprochó Jade, a modo de saludo.

-Lo siento, pero tenía que averiguar por mí misma lo de Rex…-dijo la castaña

-¡¿Qué? ¿Estuviste sola con Robbie y su títere? ¿Estás loca? –Interrumpió Jade, muy alterada.

-Está bien. –dijo Tori, buscando tranquilizarla. –Estoy en su casa ahora. No es como tú crees.

-¡Tori sal de esa casa! ¡No estoy jugando! –dijo Jade, con preocupación en la voz. –Volví a la casa de Cat y encontré su teléfono bajo su cama. Esta mañana Rex la llamó tres veces.

-Bueno…- dijo Tori, confusa, esta vez no encontraba excusa para Robbie, pues ni él, ni Rex, habían mencionado esas llamadas en todo el día.

-¡Estoy yendo para allá! ¡Espérame afuera de la casa!- ordenó Jade, con firmeza.

-Llama a la policía. –pidió la castaña, con torpeza. Aún no podía creer que las cosas fueran como Jade imaginaba.

-¿Y qué les digo Tori? ¿Que el muñeco diabólico secuestró a mi amiga por ocho horas? –Contestó la chica gótica con impotencia. –Sólo sal de ahí. –concluyó y colgó el teléfono.

Tori se sintió abrumada, debía hacerle caso a Jade, pero, todo era tan increíble. Iba a girar en dirección a la salida, cuando antes de darse cuenta, su cuerpo yacía en el suelo y el dolor en su espalda era tan intenso que apenas podía moverse. Levantó la cabeza con esfuerzo para ver a su atacante y vio a Robbie, con Rex en los brazos. Sobre la mano del muñeco, el ventrílocuo sostenía un atizador de chimenea.

-Robbie… -dijo ella y su voz sonó más como un quejido.

-Silencio, muñeca. –dijo Rex.

La castaña vio remordimiento en el rostro de Robbie y pensó en lo que podía ser su única salida. –Robbie, ayúdame. No dejes que me haga daño.

-He dicho silencio. –Ordenó el muñeco, una vez más.

-Rex, basta por favor. –Suplicó Robbie, con voz quebradiza. –Ella es nuestra amiga.

-No te engañes, Rob. Yo soy tu único amigo.

-Robbie, no le creas. – dijo Tori, tratando de levantarse, pero el dolor en su espalda, la volvió a tumbar contra el suelo. –Yo soy tu amiga. Ayúdame por favor.

Robbie pareció considerarlo por un segundo. Se secó las lágrimas con la mano que tenía libre y se puso en cuclillas, para estar más cerca de la castaña. Entonces, empezó a reír.

Tori estaba confundía y asustada. No tenía idea de lo que estaba pasando.

-Es genial mi acto ¿No crees?- dijo Robbie, acariciando el cabello de su víctima. –En serio, todos piensan que yo creo que "esto" es real. –dijo, señalando al muñeco en su mano, con insignificancia. –No, Tori. Siempre fui yo.

Tori no podía creer lo que oía. Estaba aterrada, y su cuerpo parecía perder más fuerza cada vez.

-Siempre, Tori, -continuó él. –El de las bromas pesadas, el de la inteligencia, el del talento para conseguir chicas. Siempre yo.

Robbie se acercó más a ella, tomando el teléfono que había caído justo a su lado. –Ahora veamos con quien hablabas. -dijo él, mientras revisaba el PeraPhone. –Uhmm, parece que aún no podemos empezar la fiesta.