(N/A): Ahora sí, empezamos con la historia xD pliz, si alguien está pendiente del fic, nada le cuesta dejar un comentario ;D Trataré de dejar pequeños fragmentos al inicio de cada capítulo que obtuve de un texto que me enviaron por mail, yo diría que son pequeñas citas. Desconozco al autor, así que dejo en claro que eso no es de mi autoría xD Oaps! casi lo olvidaba, en el segundo capi se explica cómo es que se llegó a éste momento del primer capítulo (un flashback) y de ahí para el tercer chapt se reotoma la primera parte para continuar la historia linealmente joo ya saben, como en los animes y sus flashbacks introductorios :D
Liebe (Amor)
¿Qué es el amor?
La ausencia total de miedo, le dijo el Maestro.
¿Y qué es a lo que tenemos miedo?
Al amor, respondió el Maestro.
Había estado lloviendo últimamente, el pavimento húmedo y los cristales empañados anunciaban la llegada del invierno. Abarrotadas de gente, las calles despedían un agradable olor a pino, lo que para muchos, con el pecho hinchándose de gozo era el acogedor aroma de la navidad.
Los mostradores que destacaban en cada pavimento pronto se acapararon de niños que fijados a los cristales admiraban inquietos los juguetes que se presumían en los anaqueles, esperanzados de que fuesen los mismos que encontraran un veinticinco de diciembre bajo sus humildes u ostentosos árboles navideños, según se juzgara por sus finas o raídas vestimentas.
Apenas el sol se desvanecía por completo de su visaje, los habitantes de Berlín se apresuraban por llegar a sus hogares y encender sus chimeneas antes de que el manto nocturno se esparciera sobre toda Alemania, trayendo consigo un gélido clima que despojaba el calor del cuerpo humano, muchas veces, una vez pasada la estación, sofocando también la llama de la vida.
No era sino la estación que marcaba el fin del año, digna de celebración por aquel nacimiento que dividió la historia, pero también, era la estación que constantemente y en su mayoría, marcaba el fin de inocentes y débiles criaturas, cuyos cuerpos, no les eran indiferentes a las enfermedades que amenazaban con aparcarlos de la vida terrenal.
Infantes palidecían ante fiebres, gripas, calenturas y demás malestares capaces de negarles presenciar el arribo del año siguiente. Jóvenes y adultos no eran la excepción.
Tendido en una cama, con el sudor empapándole y la respiración agitada, Edward gemía desesperado esperando no unirse a la lista de defunciones.
Ardía en fiebre y el calor de su cuerpo comenzaba a franquear, desgastándose en cada desesperado respirar, tal y como la llamarada de la vela que tenía en una repisa se desgastaba con la cera, volviéndose ésta pálida y fría como la piel de sus manos. Mientras la vela no se apagara, el incandescente brillo de sus ojos tampoco se iría de su cuerpo; ambos batallaban por permanecer, según su naturaleza les permitiese, en aquella humilde habitación.
Las sábanas que le cubrían se empapaban de su propio sudor, y su cabellera rubia esparcida sobre la almohada se deslizaba de aquí allá en cada violento movimiento que hacía como producto del malestar que le aquejaba, como si quisiera con esto arrancarse de él.
Trémulas eran las llamaradas que alumbrando la chimenea permitían notar una pequeña caldera que daba la impresión de haber sido colocada recientemente. Apenas se asomó una nube de vapor por encima del recipiente que se calentaba a fuego lento, Noah lo tomó en manos y como si se tratase de su propia vida procuró no derramar ni una sola gota de la infusión que había preparado. Según la tradición gitana lo señalaba, no debía desperdiciarse ni una gota, y de ser así, de un mal augurio se trataba.
Acercó el recipiente a las fauces del enfermo y cuando éste entre abrió sus resecos labios vertió con cuidado hasta la última gota contenida. Después de asegurarse de que Ed tragase el preparado, retiró de su frente un trapo blanco volviéndolo a humedecer en un balde de agua tibia para seguidamente colocárselo. La atractiva mujer se preocupó aún más cuando se percató de que el agua del balde estaba a punto de agotarse.
- Yo iré ésta vez.- la detuvo una joven voz cuando ella se incorporó del banco que estaba cercano al posible lecho de muerte del desafortunado rubio.
Ver al muchacho de ojos verdes arrebatándole el balde le hizo ver que allí en la habitación no había uno, sino, dos enfermos; uno de cuerpo y otro de corazón. A Alphonse ciertamente le enfermaba ver a su hermano tan desgastado y vencido en dolencia. Con tan sólo verlo era el ánimo lo que se le desgastaba, dando indicios de ser vencido por un mal todavía peor; la desesperanza.
A Noah le desairó demasiado no saber quién sufría más. Quizá y sufrían por igual, después de todo eran hermanos y el mismo lazo que los unía siempre había sido recíproco para ambos cuando se tiraba de éste; si Alphonse reía, Ed también lo hacía, sin embargo, si el primero lloraba, el segundo lo hacía sumergido en el silencio. Llegó a la conclusión de que sufrían diferentemente, pero con la misma intensidad. Un lazo que, tirando por igual, los proclamaba hermanos de alma y no sólo de sangre.
Cuando Alphonse regresó de llenar el cubilete con agua, Edward, sintiendo de nuevo su presencia, se atrevió pesadamente a dirigírsele.
- Al…- gimió como si el aliento le pesara.- Quiero que te marches, no quiero que me veas así.
- ¿Dejarte? ¡¿Estás loco?! ¡De ninguna manera!- reprochó su hermano dejando caer el cubilete en el piso. Su antes preocupado talante había cedido a la furia que le aconteció el haber escuchado esa ofensiva petición.
- ¡Sólo lárgate!- volvió a discutir Edward.- ¡Noah puede cuidar de mí!
- ¡No! ¡Ya te dije que no!
- ¡Maldita sea, lárgate!- enfureció.- ¡No quiero que me veas palidecer de la misma forma en la que mamá murió!
Clavando la mirada en el suelo y apretando impotente los puños, Alphonse se esforzó para contestarle.
- Ese día, el día en que mamá murió, ella también nos pidió que nos apartáramos de su lado para no verla morir.- afligió enormemente, y luego, alzando la voz exclamó.- ¡Y tú fuiste el primero en renegar! ¡Deberías comprenderme!
Noah permaneció callada, obligada a no aportar nada en lo que ella desconocía.
- Lo sé.- sereno Ed suspiró mirando hacia al techo que crujía humedecido por la lluvia. Giró la cabeza y enfrentó a su hermano.- Pero ahora también comprendo a mamá.
Como un golpe en seco que le obligó a caer de rodillas, y con los ojos apunto de rebosar en lágrimas, lentamente Alphonse acurrucó su cabeza sobre las sábanas revueltas de la cama.
- No te mueras, hermano.- suplicó en un hilo de voz.- Al menos no así.
Que ironía. El alquimista de acero, derrotado, por una fiebre. Y es que intacta seguía su voluntad por vivir, pero de nada servía si el mismo cuerpo le traicionaba. Sonrió. Era la misma satírica sonrisa que sus enemigos le hubiesen ofrecido de verlo así.
- Esto es lo que me gano por querer enfrentarme a fantasmas del pasado. De cosas que no fueron, no son, y nunca serán.- le lanzó a Noah una mirada tajante.
- Lo lamento…- susurró arrepentida.
- Es por eso Noah, que hay cosas que deben permanecer como están; ocultas.
- Yo…yo sólo quería ayudarte.
Edward ladeó la cabeza hacia la pared.
- Si tanto deseabas ayudarme, debiste ayudarme a olvidarla, y no a traerla de nuevo.
Inmediatamente, Al alzó la cabeza e interrogante frunció el ceño. ¿A qué se refería su hermano con traerla de nuevo? Y… Exactamente, ¿A quién se refería?
- Porque por más que intento no logro apartarla de mis sueños, de mis recuerdos, de mi cabeza…de mi pecho.- rabió y continuó Ed, dejando al descubierto una parte que nunca antes se había atrevido a exteriorizar, al menos no con palabras. De lo que Noah y Al creyeron un delirio, fue sólo una confesión.- Podrá estar ausente de cuerpo, pero la he traído de nuevo en pensamiento. ¡Maldición!...Ojala todo se hubiera quedado atrás con ella.- suspiró hondamente.- Ahora sé que jamás podré encararle con la verdad. Jamás.
Frustrado, Edward parecía reprocharse a sí mismo todo lo que decía, como si nadie más estuviese en la habitación sorprendido de su monólogo. Quizá y en verdad estaba delirando al creer que nadie más que se conciencia le escuchaba atentamente.
- Mis metas y mi orgullo me apartaron de su lado, ahora ausentes estos, me he dado cuenta de que el muro que tracé se ha concretado en dos mundos paralelos que nos separan. Es demasiado tarde... varias veces e me negué despedirme, como si nunca me hubiese importado. La verdad… la maldita verdad de todo esto es que jamás podré decirle, de ninguna manera…"Adiós...Winry"
Completamente boquiabierto, Alphonse por un momento creyó que la fiebre había dejado idiota a su hermano, sino fuera porque Ed dejó en claro que a pesar de su condición estaba en pleno uso de sus facultades mentales.
- Soy un asco, ¿Verdad, Al?- preguntó soltando una risita y mirándole totalmente cuerdo por su fijamiento.- De todas la mujeres me tuve que enamorar precisamente de ella. Perdóname por no decírtelo. Y perdóname, porque aunque me siento mejor, ahora sé que si muero será de vergüenza.- sonriendo cerró los ojos agradeciendo de ser derrotado por un sueño que afortunadamente no pasó de ser eterno. Finalmente descansó en cuerpo y alma; dejó escapar lo que tanto lo había enfermado por largos años.
- Sobrevivió.- afirmó Noah acariciándole la frente, verificando que la fiebre había disminuido.
Una tranquila sonrisa figuró en sus labios. Aunque dudó, siempre supo que Ed se sobrepondría de ésa etapa crítica que bien le advirtió que franquearía al beber lo que ella le había preparado para que de una buena vez sanara de esa maldita fiebre, muy a pesar de que también le insinuó que era muy poco probable que pasara de esa etapa crucial.
Edward debió percibir el miramiento de la muerte como para confesar todo lo que tanto resguardaba. Si se confesó con alguien, arrepentido, no fue con nadie más que con el mismo, por negarlo por tantos años; por ocultarlo enfermamente. De cuerpo y alma por fin estaba sano, y su llagado corazón se lo agradecía volviendo a latir para él y… por alguien más.
Sólo habría qué ver las demás enmiendas que le tenía preparada la vida.
Con mucho gusto comparto mi fic contigo. Lector, ¿Me compartes tu comentario? De antemano, gracias ;D
