Hola! Esta historia no será larga, planeo que sea bien cortita. La verdad es que a mi la pareja me encanta y para finales tristes ya está la serie, lo vuelvo a decir. No sé... tengo que incursionar otros caminos, ya sé... jajaja
Probaré seguir la de Vicious. Alguien que escriba otra historia de Faye y Spike! Ahora se está publicando una pero tiene otra temática, más de aventura. Gracias Herria por tus palabras!
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Era un milagro que Faye no hubiera muerto. No me gusta la palabra pero creo que no hay otra que pueda usarse. Caer más de 50 metros y solo dislocarse el hombro... tal vez no tenía suerte en las carreras o el casino pero esa vez había tenido la suerte del siglo.
Dios, qué día había sido. Apuré el whisky y me levanté del sofá, dispuesto a ir a la cama. Tenía un cansancio tremendo, como si cada músculo de mi cuerpo se hubiera quedado sin energía al mismo tiempo. Conocía la sensación pero hacía mucho que no la sentía. Así quedaba después de alguna operación en el Sindicato, algo violento, extenuante, peligroso. Quedaba vivo y agotado. Y entonces era capaz de dormir 14 horas seguidas. Dios, de eso hacía tanto tiempo...
Caminé por el corredor y me encontré con Jet que salía del dormitorio de Faye con la bandeja de la cena.
.- ¿Puedes creer que me hizo darle de comer en la boca? - se quejó - Le voy a conseguir calmantes más fuertes para el brazo, sino va a convertirme en su criada.
.- Mientras te deje ducharla... - le guiñé un ojo y seguí al baño pero la puerta del dormitorio estaba abierta. Miré de reojo. Allí estaba Faye, acostada con el hombro apretado en una venda y una férula. Nuestros ojos se encontraron y me detuve.
.- ¿Duele mucho? -le pregunté, apoyándome en el vano de la puerta.
.- Molesta nada más. - hizo el gesto de encogerse de hombros pero se detuvo - Hice lo que me dijiste, me encogí...
.- Las caídas son muy jodidas, te puedes quebrar las piernas, la columna... -sonreí un poco- Nunca más te quejes de tu suerte, Faye.
Me di vuelta para irme.
.- Spike... - me llamó. Di la vuelta y la miré, la luz del velador partía su cuerpo en luz y sombras. El aroma a flores que siempre la rodeaba era intenso incluso desde mi ubicación en la puerta. - Gracias.
.- Pero no pude agarrarte... -dije - Estabas tan lejos...
Ella hizo un gesto con la mano, restándole importancia. Se tapó con las sábanas. Y verte caer fue horrible... no sabes cuanto...
.- Duerme, te va a hacer bien- le dije, cerrando la puerta.
Mientras me lavaba los dientes tuve flashes del día. El más repetitivo era el de su mirada mientras caía a la oscuridad. Sus ojos abiertos que no se despegaron de los míos como si... como si esperara de mí algo, todo...
Suspiré. La sensación había sido casi la misma que cuando vi morir a Julia. Un segundo hay vida, otro segundo hay muerte. Así de puta es la vida conmigo. Creo que lo que me generó más miedo es que ya se la sensación que viene después... esa desazón, ese vacío... Sí, Faye no es Julia, obvio, pero... ¿pero?
Dejé el cepillo en el vaso y me lavé la cara. Mientras me lavaba las manos para sacarme el olor a cigarrillo pensaba en eso. No, no hay nadie como Julia. No habrá. Todavía duele su ausencia, es que esta vez es eterna. Suspiré. ¿Por qué había sentido ese miedo hoy? Me sequé las manos en la toalla. Era rosa, era de ella. Sin saber porqué me incliné a olerla y distinguí, allá atrás y muy leve, su aroma a flores.
Fui a mi habitación y me quede en calzoncillos para dormir. Mi camisa también olía a ella. Por alguna razón estuve pensando en Faye hasta que el sueño me atrapó. Como sabía, dormí 14 horas y no me desperté hasta bien entrado el día siguiente. Y también, cuando abrí un ojo, seguí pensando en ella. ¿Por qué de golpe pensaba tanto en Faye?
Ed había vuelto por una temporada a la nave. Eso de ir y venir se había vuelto una costumbre porque se había dado cuenta de que a su padre poco le importaba por donde andaba, así que se quedaba con lo mejor de sus dos mundos. Jet, aunque siempre se quejara de tener que ir a recogerla, estaba encantado.
Entonces, ambos solían reunirse alrededor del ordenador para planear misiones. Los días siguientes Faye anduvo con la férula en el hombro, quejándose de que le molestaba y le daba picazón. Era gracioso verla comer con la mano izquierda. Jet se había negado a ayudarla y Ed había demostrado que no era buena asistente. La única vez que lo había intentado Faye había terminado como un bebé de dos años a quien su madre loca intentaba darle de comer.
Los días en la Bebop transcurrieron tranquilamente. Yo me deslizaba del sofá a mi dormitorio, pasaba a veces por la sala de control, seguro por el baño. No había mucho más para hacer. Mientras tanto tenía tiempo para pensar, algo a lo que no estaba acostumbrado pero de un tiempo a esta parte mi cerebro hacía sin que yo se lo ordenara.
Notaba la presencia de Faye siempre. Intentaba limarse las uñas y puteaba cuando no podía, fumaba en silencio mirando por las ventanas de la sala de control, preparaba café muy malo aunque esos días Jet no se animaba a criticarla, leía revistas que ya había leído, dejaba que Ed le pintara las uñas... Nada fuera de lo cotidiano. A veces jugábamos a las cartas, por la noche. Nunca más hablamos de su caída.
Así, de golpe me encontré pensando en cómo se acomodaba constantemente el pelo detrás de la oreja y cómo se mordía el labio inferior cuando se concentraba en algo, en hacerme trampa en las cartas, por ejemplo. También que escuchaba música seguido aunque no le pregunté qué estilo le gustaba. En realidad, me descubrí queriendo saber pero sin querer preguntarle. ¿Por qué iba a preguntarle? No, mejor saber poco. Pero aún así... ¿Por qué me interesaban esas cosas si nunca me habían interesado? De repente sentí que alguien me tocaba la espalda y me recorrió un escalofrío.
.-¿Muy largas? - me di vuelta. Faye me miraba, seria.
Me sentía como si hubiera puesto los dedos en algún enchufe y recibido una fuerte descarga. Electricidad y ardor, inmediatamente. Había sido agudo y suave al mismo tiempo. Faye me seguía mirando, esperando una respuesta.
.- ¡Faye llamando a Spike! -exclamó, entre risas.
.- Muy largas todavía. -alcancé a responder, volviendo la mirada a la tele. Entonces ella volvió a su tarea de limarse las uñas con la mano izquierda, entre puteadas.
Los dos estábamos sentados en el sofá mirando la televisión y Jet ojeaba una revista de bonsáis en la silla individual. Yo había terminado de entrenar, sin sudadera, y ella planeaba darse una ducha pronto así que andaba en shorts y camiseta, descalza, y obsesionada con el largo de las uñas de sus manos. Nadie le estaba prestando atención, ese día hablaba sin parar, pero ahora que caía en la cuenta había estado diciendo algo de las uñas y la Glock y no sabía que más.
Después, sorpresivamente, me había pasado las uñas por la espalda. ¿Muy largas?, me había preguntado, con inocencia. Su tacto me había sorprendido, no éramos una tripulación muy amiga del contacto físico, pero en verdad la reacción de mi propio cuerpo me había sorprendido más. Uñas pero también parte de la punta de los dedos recorriendo mi espalda... como si estuvieran...
Fijé la vista en la pantalla. No iba a seguir pensando. Dos minutos después volví a sentir algo en la espalda y di un respingo.
.- ¡Ay, por Dios, Spike! ¡Sí que eres asustadizo! ¿Qué opinas ahora, están mejor? - Faye me miraba con total inocencia. Una mano me mostraba las uñas y la otra sostenía la lima. Esta vez había sentido más la punta de sus dedos, suaves, que las uñas.
.- Así están mejor.- contesté. Ella sonrió de oreja a oreja y se puso a guardar la lima en su estuche. Después se levantó y tarareando una canción de su época desapareció rumbo al baño dejándonos solos.
.- ¿Se puede saber qué fue eso? -me preguntó Jet, levantando por fin la vista de la revista. Una ceja arqueada y media sonrisa en los labios.
.- Nada.
Jet sonrió y dio vuelta la página.
.- Si tu lo dices... - lo escuché murmurar.
La verdad es que estuve lo que quedaba del día pensando en sus dedos, sus uñas, sus manos en mi espalda. De alguna puta manera se había colado en mi cerebro, usualmente cerrado, y allí estaba. A la mañana, a la tarde, por las noches. ¿Por qué pensaba en ella? ¿Por qué había sido testigo de su casi muerte? ¿Por qué había sido un momento horrible? ¿Por qué me gustaba?
Me incorporé del sofá. Estaba solo en la sala y era de noche. La nave estaba silenciosa. Faye me gusta. Una oración corta, sencilla, tan clara que da risa. Así que me gusta... Me apoyé en el sofá de nuevo. ¿Es calentura? Claro, es posible. Puede ser, hace mucho que no me acuesto con nadie. Si es así mejor que vaya a algún bar pronto, pensé. Sí, conviene hacer eso. Debe ser eso, debe ser que hace mucho que no tengo sexo. Necesito una mujer, no puede ser que esté pensando tanto en Faye. Mejor me busco una chica por ahí. Sí. Sí.
Ese se convirtió en mi plan A. Entonces, apenas orbitamos Ganímedes desaparecí de la nave con una excusa. Noté que Faye esperaba ir conmigo, sospechaba que terminaría en un bar, pero la esquivé... admito que un poco groseramente. Algo me decía que de tenerla al lado mi plan no se concretaría. La deje enojada.
Compre cigarrillos, condones y me fui de bares. Faye piensa que me gustan las rubias pero no tengo un gusto tan cerrado, me gustan las mujeres altas y con buenas tetas, pero el color del pelo me da igual. Unas buenas tetas no pueden faltar, eso sí... ¿Tetas como las de Faye? Sacudí la cabeza, como si el gesto físico ayudará a despejar mi cerebro embotado por el whisky barato que estaba tomando. La chica frente a mi era una pequeña belleza morena. Le sonreí, me sonrió. Y cerré el día. Bingo.
Dos horas después volaba de regreso a la nave, más relajado. Una sesión de sexo, uno rato animal. Una ducha y a fumar un cigarrillo. Me sentía más tranquilo, por un minuto mientras estaba en el medio de la situación había pensando en Faye y la verdad... me había preocupado el tener algún problemita de rendimiento. Pero no, Spike Spiegel seguía invicto.
.- ¡Qué cara de pícaro!
La protagonista de mi cerebro los últimos días me miraba desde el sofá amarillo. Estaba acostada, la cabeza apoyada en un almohadón, en musculosa y shorts. Las piernas blancas levantadas, las rodillas flexionadas revelando el límite del short y las nalgas.
Bajé la escalerita rascándome la cabeza. Necesitaba una ducha. El hotel había sido muy malo y no había querido meterme en el baño así que debía oler a sexo, alcohol y cigarrillos.
.- Spike tiene cara rara. - Ed se asomó detrás del sofá con una sonrisa - Y huele feo.
Faye olfateó el aire y frunció el ceño. Me miró y bajó las piernas. Largas, delgadas... Miré para otro lado y me interné en el pasillo rumbo a los dormitorios.
.- Trae desodorante de ambiente, Ed. El tipo nos ha apestado la sala. - la escuché decir antes de encerrarme en el baño y darme una ducha larguísima. Lamentablemente el agua se llevó el recuerdo de la pequeña morena pero de ninguna manera borró la imagen del short de Faye, de sus piernas y de la curva de sus nalgas.
Entonces así estaban las cosas... Tenía un problema. El techo de mi habitación estaba oscuro y el humo de mi cigarrillo se desvanecía dando vueltas raras. Si me gustaba Faye, ¿tenía un problema? ¿El problema era que me gustaba alguien que vivía conmigo? Era cierto y era raro pero yo vivía con una mujer. A veces con dos, si contaba a Ed. Yo nunca había vivido con ninguna mujer pero si lo pensaba bien, eso hacía con Faye. Con Julia jamás había vivido, ni siquiera habíamos pasado dos días seguidos juntos. Con Faye, no llevaba la cuenta. Comida, baño, cigarrillos. Compartíamos todo y por todo peleábamos. Así que... ¿por qué pienso que me gusta? No, me gusta. Punto.
Le di una pitada al cigarrillo y me rasqué el ombligo. Recordé sus uñas en mi espalda. ¿Cómo sería besarla? ¿Tocarla? ¿Desnudarla? ¿Acostarse con ella? Ejemmm... mejor no pensar en esas cosas. Faye en su conjunto amarillo. Faye en su salida de baño. Faye en traje de baño. Faye cuidándome. Faye en mis brazos. Faye abrazándome. Yo abrazando a Faye. ¿Acaso no terminamos así después de su caída casi mortal?
¿Qué tenía que hacer? ¿Qué iba a hacer? Aplasté el cigarrillo en el cenicero. Iba a ser muy difícil evitar lo inevitable. Tenía una sensación parecida a aquella vez en la que me había dado cuenta de que Julia, la novia de Vicios, me gustaba. El preámbulo de un desastre. Fuera de Julia ninguna otra mujer se había metido tanto en mi cabeza. Fuera de Julia nunca, nunca, alguien había merecido más de dos segundos en mis pensamientos. Pero allí estaba esa tipa, under my skin. La recordé apuntándome, antes de irme a cumplir mi venganza. Estaba tan frustrada y enojada conmigo. Me demostró que yo le importaba y aunque nunca se lo dije eso me hizo sentir bien, me hizo sentir que no estaba tan solo, que había personas, amigos, a quienes yo les importaba.
Cerré los ojos. Ya me dolía la cabeza y ni siquiera había hecho algo... Conociéndome, no iba a dejar el tema atrás. No sé, no sé... Me di vuelta, abrazando la almohada. ¿Yo le gustaba a Faye? ¿Podría gustarle? ¿Qué sentía Faye por mí?
Le importaba, sí, me había cuidado, me ayudaba en algunas cosas. Pero también había veces en las que parecía odiarme. No soportaba muchas cosas mías y solía hacerme listas enteras de eso. Pero... recordé su mirada en el granero, la forma en que me acarició la mejilla, cómo me había abrazado. ¿Tal vez...?
Un momento. ¿Estaba pensando en serio en salir con ella?, ¿en cortejarla? ¿Yo cortejando a alguien? No way...
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