The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.
Historia original de Weavillain
Traducida y adaptada por mí.
P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.
CAPÍTULO II
Lincoln Loud no era un campista feliz. ¿Por qué? Si fuera un boy scout, se habría ganado la insignia de "Gustavo el Gruñón" con la actitud que tenía ahora.
Pero, una vez más, entrar en discusiones con Clyde hizo que terminara así, y la sensación fue incluso más intensa de lo habitual, ya que Lincoln creía que tenía razón. "Haciéndose el nerd con Clyde" (como Lynn a menudo lo llamaba) comenzó bastante bien; eran dos niños que disfrutaban de la compañía del otro mientras jugaban videojuegos.
Entonces, una cosa llevó a la otra cuando Clyde pausó el juego a favor de divulgar otro esquema para hacer de Lori su novia de una vez por todas. Para cuando llegó a la parte en donde involucraba una manguera de jardín y mantequilla de maní (a lo cual no sabía a dónde iba con eso desde el principio), Lincoln ya se estaba hartando de los balbuceos amorosos y estúpidos que hacía sobre Lori y amablemente le dijo que dejara eso por la paz. Sin embargo, eso no evitó que Clyde se ofendiera, reprendiéndolo por "no pensar como un hermano para él" (ya sea que eso significara), a lo que Lincoln replicó con sus propias y desagradables palabras. Su acalorado intercambio de comentarios intensos se prolongó durante varios minutos, haciendo que la severidad de sus insultos aumentara con cada servicio, hasta que Lincoln salió de su casa furioso.
Ahora, caminando enojado hacia su hogar, Lincoln no quería hacer nada más que pasar lo que le quedaba de su preciado sábado acurrucado en la cama con uno o dos historietas mientras hacía lo posible por olvidarse del estúpido Clyde y de su estúpida obsesión por Lori y de su estúpido... bueno, de todo.
Cuando finalmente llegó a la puerta principal, Lincoln estaba a punto de arrancarla de las bisagras en un ataque de ira, pero se detuvo cuando recuperó la previsión suficiente como para saber que se lastimaría si lo intentaba, y que la puerta no merecía ser maltratada debido a que su "mejor amigo" no paró con su estúpida charla acerca Lori por un día para pasar el rato con él adecuadamente.
Suspirando, extendió la mano y golpeó con los nudillos varias veces contra la puerta y esperó a que alguien la abriera. Suspiró de nuevo, esperando que alguien le respondiera más de lo que quería. Después de todo, dado que era sábado, sospechaba que la mayoría de sus hermanas habían salido para pasar el día, y como Vanzilla no estaba en su lugar, había muchas posibilidades de que Lori o al menos uno de sus padres no estuviera en casa.
Pero para su sorpresa, ambas expectativas se desvanecieron cuando la puerta no solo se abrió apenas cuatro segundos después de su último golpe, sino que la responsable era la hermana mayor de los Loud.
‒ ¡Bienvenido a casa, Lincoln! ‒ exclamó Lori, con una sonrisa que le daría competencia a cualquiera de los Yates, sus nuevos vecinos.
Lincoln retrocedió un poco, aturdido por la expresión de Lori. Por supuesto, ver a Lori así de feliz no era exactamente raro, pero por lo que él podía ver, su hermana estaba eufórica por... ¿él? ¿Por qué? Él no lo sabía, pero todo lo que sabía era que su sonrisa lo ponía nervioso.
Lincoln le dirigió una sonrisa tímida, sin saber cómo responder adecuadamente.
‒ Ah... hola, ¡Lor-iiiiiiii!
Él gimió cuando, sin previo aviso, Lori lo agarró de su brazo, lo jaló hacia adentro, cerró de golpe la puerta detrás de ellos, corrió hacia el sofá, y dejó caer a su hermano completamente confundido en el asiento del medio. Lincoln se volvió asustado ahora, creyendo que la sonrisa de Lori no era más que un pretexto para las intenciones sórdidas que tenía reservadas para él.
La sensación solo creció cuando Lori se paró frente a él, todavía radiante, mientras su sombra se cernía sobre él como la retribución que pensó que estaba a punto de enfrentar, haciendo que la piel de Lincoln se rompiera en un sudor nervioso, y comenzara a sentirse mal del estómago.
‒ ¡¿Q-qué está pasando?! ‒ balbuceó con puro miedo mientras se presionaba en el sofá y cerraba los ojos. ‒ ¿Hice algo mal? ¡Sea lo que sea, lo siento, Lori! ¡Realmente lo siento! Lo siento mucho...
Lori extendió la mano y presionó su dedo contra sus labios, lo que efectivamente calló a Lincoln, pero hizo poco para calmar sus nervios.
‒ Sssssssssh. Está bien, Lincoln. No estoy enojada contigo ‒ dijo Lori, puntuando su consuelo con una risita.
El corazón de Lincoln comenzó a desacelerarse mientras encontraba consuelo en sus palabras. ‒ ¿En-en serio?
Se atrevió a abrir un ojo y descubrió que Lori se había movido. Ahora, ella estaba aún más cerca de él, con su rostro a un aliento del suyo.
‒ Por supuesto que no, tonto ‒ arrulló. ‒ Si estuviera enojado, ¿haría esto?
Con lo que Lori se refería a "eso" terminó siendo que ella lo besaba en la frente, se acercaba a la mesa de café, recogía el control remoto y lo colocaba en el regazo de su hermano menor.
‒ Pensé que querías pasar un tiempo frente al televisor por el día de hoy ‒ dijo Lori ‒ así que me aseguré de que cuando volvieras a casa, tuvieras esa oportunidad.
Una vez más, las expectativas de Lincoln fueron arrojadas por la ventana, junto con cualquier razón para temer cualquier tipo de regaño de su hermana mayor. Aún así, se quedó con más preguntas que respuestas:
¿Por qué la hora de la televisión, una comodidad apreciada en la casa de Loud, se le regalaba tan libremente sin ningún tipo de motivo ulterior, o al menos hasta donde podía decirlo?
E incluso si pudiera aceptar eso como algo normal, ¿cómo es que, de todas las personas en su familia, esto venía de Lori? Ella no era exactamente la persona más... generosa del mundo.
Una vez más, ¿por qué Lori estaba tan feliz de verlo? No había hecho nada especial por ella últimamente, así que... tal vez solo estaba siendo caritativa debido a... ¿a qué?
Sin embargo, antes de que pudiera surgir otra pregunta problemática y que ésta atrapara su atención, Lori lo sacó de su meditación cuando ella se fue de su lado para dirigirse a la cocina. Hizo una pausa, justo cuando estaba a punto de entrar al comedor. Volteándose para ver a su hermano, le mostró otra sonrisa galardonada y le dijo:
‒ Ahora, simplemente siéntate ahí mismo mientras te traigo palomitas de maíz del microondas.
Con eso, Lori desapareció a la vuelta de la esquina, dejando a Lincoln para hacer frente a sus emociones en conflicto.
Por un lado, estaba agradecido por los actos de bondad de Lori. No era frecuente que ella lo mimara así, y era aún menos frecuente que lo hiciera sin adjuntar un pagaré con lo que ella esperaba que él se comprometiera. Claro, ver la televisión no era exactamente lo que él quería, pero no estaba dispuesto a pisotear la generosidad de Lori al rechazarla.
Por otro lado, incluso con lo cálido y confuso que lo había dejado tal acontecimiento, aún no podía evitar la sensación de que... algo estaba pasando. No estaba seguro de qué era ese "algo", pero no estaba dispuesto a arrojar sus sospechas al azar. Le daría a Lori el beneficio de la duda en su mayor parte, pero se negó a traicionar sus instintos ignorándolos por completo.
Pero incluso con esa corazonada en el fondo de su mente, Lincoln se sintió libre de una cosa imperante, volviendo evidente algo más importante: Lori acababa de hacer su pésimo día un poco menos malo.
Lincoln se encontraba en un estado de completa dicha, mientras comía felizmente de sus palomitas de maíz. Hace aproximadamente media hora, Lori se había unido a él en el sofá, mirando los programas que él estaba disfrutando, y sin quejarse. Luego, en un movimiento que lo tomó por sorpresa, Lori comenzó a darle "rascadillas en la cabeza" (como Lola lo llamaría) durante unos buenos diez minutos antes de que ella lo dejara disfrutar de su soledad.
Justo cuando otro espacio comercial seguía a un episodio de la serie animada de Ace Savvy, Luan salió del comedor, con algo detrás de la espalda.
‒ ¡Hola, Linc! ‒ la llamó Luan, persuadiendo a Lincoln para que volteara a mirarla.
‒ Hola, Luan ‒ dijo y volvió a mirar el televisor.
Unos segundos más tarde, la situación anterior se volvió aún más imposible de asimilar cuando Luan se paró frente a él, bloqueando su visión de la pantalla. Antes de que pudiera pedirle amablemente que se quitara del camino, Luan preguntó:
‒ Entonces, ¿cómo se encuentra actualmente el hermano menor más adorable del mundo entero? Apuesto que un poco sediento, ¿verdad?
Lincoln miró a Luan con incredulidad. Además de ser llamado "el hermano menor más adorable en todo el mundo", Lincoln encontró el comportamiento de Luan... un poco más que extraño. De hecho, él diría que era francamente sospechoso. Todo esto parecía y sonaba como una trampa para algún tipo de broma.
Aun así, tenía que tener cuidado con sus modales, puesto que no debía deshonrar a lo que podría considerarse como un acto aparentemente amable.
‒ Yo... supongo. ‒ dijo Lincoln con reserva. ‒ Sí, creo que estoy un poco reseco.
Acto seguido, el muchacho vio como Luan revelaba inmediatamente lo que estaba detrás de ella.
‒ Entonces, ¿por qué no sacias tu sed con esta última lata del Sr. Fibb que saqué de la nevera?
Lincoln miró la lata de refresco y se detuvo justo cuando estaba a punto de alcanzarla, recordando con quién estaba tratando. Por lo que ese asunto lo llevó a pensar en un escenario más que obvio:
"Ah, la vieja rutina del rocío de soda, ¿eh, Luan? Un clásico, pero no te voy a dar ese lujo."
Su renuencia a recibir su "regalo" incitó a una confusa Luan a preguntarle:
‒ ¿Ocurre algo?
‒ ¿Te importaría abrir la lata por mí? ‒ preguntó Lincoln, sofocando una sonrisa por su astucia. ‒ Mis dedos están un poco adoloridos.
Ahora, la tenía a ella. En este punto, ella solo tenía dos opciones. Ella podía dejar que se rindiera con su broma o podía desencadenar su plan sobre ella misma y esperar que no literalmente explotara en su rostro mientras trataba de salvar su pellejo.
‒ ¡Por supuesto! ‒ ella dijo y abrió la lata de refresco con un fuerte clic, a lo que la llevó tenderle la bebida de nuevo. ‒ ¡Aquí tienes!
La boca de Lincoln se abrió cuando ninguna de sus suposiciones se hizo realidad. El shock eventualmente se disipó, dejando atrás la vergüenza en su lugar. Lincoln solo pudo colgar la cabeza y apoyarla en sus manos cuando se dio cuenta de que había actuado como un imbécil en este momento.
Por primera vez desde que apareció, Luan frunció el ceño, claramente perturbada por la respuesta de Lincoln.
‒ ¿Qué pasa? ¿No te gusta el Sr. Fibb? ‒ ella preguntó con tristeza. ‒ Pensé que era tu bebida favorita.
‒ Perdón ‒ respondió Lincoln.
Luan se sentó a su lado en el sofá, dejando el refresco en la mesa de café antes de que ella le preguntara:
‒ ¿Perdón por qué?
Lincoln suspiró y levantó la vista para mirarla a los ojos.
‒ Mentí acerca de que mis dedos estaban adoloridos. Pensé que sacudiste la lata de refresco, e intentaste que la abriera y así lograr que la bebida se esparciera por toda mi cara.
No sabía qué haría Luan a continuación, pero estaba seguro de que incluso si ella no lo reprimiera duramente, aún estaría un poco decepcionada con él.
En cambio, sucedió exactamente lo contrario cuando Luan echó la cabeza hacia atrás y se empezó a reír. Una vez más, Luan dejó a Lincoln completamente estupefacto. Una vez que pasaron unos momentos, Luan finalmente encontró la resolución de controlar la risa para dirigirse a su hermano.
‒ Oye, no te preocupes por eso ‒ dijo Luan y le dio un leve golpe a Lincoln en las costillas, provocando una risita de él. ‒ No te sientas mal porque cometiste un error. Todos lo hacen.
Antes de levantarse, ella se inclinó y le plantó un beso en su mejilla, dejándolo satisfecho consigo mismo.
‒ Ahora, ¿por qué no te dejo a solas para que puedas volver a tu efervescente programación? ‒ bromeó Luan y retomó su risa de antes cuando dejó Lincoln para continuar saboreando su tiempo a solas.
Ni siquiera el regreso de la serie animada de Ace Savvy podría hacer que Lincoln se sienta mejor de lo que lo hizo en este momento. Claro, disfrutar de una refrescante lata del Sr. Fibb no era exactamente lo mejor del mundo, pero la amabilidad detrás del acto de Luan no se perdió en él; en lugar de apresurar sus esperanzas con una broma, ella buscó mejorar su buen momento con una pequeña muestra de afecto.
Y además de eso, ella lo había perdonado por esperar lo peor de ella. Fueron momentos como estos cuando Lincoln agradeció el hecho de que Luan fuera su hermana... y eso no era decirlo en broma.
Después de algunas horas televisión ininterrumpidas, Lincoln tuvo suficiente por un día y se fue a la cama a buscar un cómic para leer. En ese momento, él estaba felizmente acurrucado debajo de su manta (medio desnudo para una mayor comodidad) y hojeaba las páginas del tomo 16 de "Muscle Fish" (un clásico intemporal, en su opinión). Justo cuando estaba a punto de leer el dramático cuadro de subtítulos en la parte superior de la página 29, su madre lo llamó desde la planta baja.
‒ ¡¿Lincoln?!
Podía oír la inflexión de una petición en su voz, y Lincoln sólo pudo atinar en rezongar en sus interiores:
"Justo cuando las cosas se estaban poniendo realmente buenas".
Saltó de la cama y abrió la puerta para permitir que su voz siguiera por el pasillo vacío.
‒ ¿Sí, mamá? ‒ llamó Lincoln.
‒ ¡Charles necesita ir a pasear! ¡Date prisa antes de que se orine sobre la alfombra otra vez!
Suspirando, Lincoln supo que realmente no tenía otra opción en este asunto. A pesar de que Charles no era su mascota, per se, generalmente era el responsable de cuidarlo, y eso incluía llevarlo a pasear.
‒ ¡De acuerdo mamá! ‒ respondió Lincoln, pero antes de que pudiera hacer tanto como volver a su habitación y ponerse la ropa, podía oír el tintineo de un collar de perro en la distancia y los pasos rápidos que subían las escaleras. Efectivamente, Charles estaba corriendo hacia Lincoln con su correa en la boca. Se detuvo de manera brusca una vez que estuvo frente al niño y soltó la correa para jadear con entusiasmo.
Lincoln sonrió. Incluso si estaba cortando su tiempo libre, Charles era alguien con quien no podía enfadarse.
‒ Hola, muchacho, ¿estás listo para salir? ‒ preguntó Lincoln, como si lo necesitara.
Charles respondió moviendo la cola y soltando unos pocos ladridos impacientes, lo que provocó que Lincoln soltara unas pocas risitas.
‒ Está bien, está bien, cálmate. Te tengo cubierto ‒ dijo, y le dio la espalda para ir a su habitación a buscar su ropa.
‒ ¡Alto ahí!
Tras oír eso, Lincoln se congeló instantáneamente, bloqueando rígidamente sus extremidades en su lugar. Conocía esa voz, incluso desde detrás de una puerta como en este momento, y sabía muy bien que si Lola te decía que "te detuvieras allí", sería mejor que no te movieras ni el más mínimo centímetro, para que no incurrieras en su ira.
Podía oír que se abría una puerta, presumiblemente la de la habitación de las hermanas gemelas, pero no se atrevía a darse la vuelta para confirmarlo; él tenía sus órdenes y todos se trataban de detenerse en seco.
‒ ¿A dónde crees que vas, señor?
Lincoln tragó saliva, el único movimiento permitido por su cuerpo. Sintió que el miedo corría por su espalda como una brisa helada. No podía recordar lo que había hecho para enloquecer a Lola, pero en lugar de detenerse en eso, luchó desesperadamente por obtener una disculpa que la satisficiera.
Al hacerlo, no se dio cuenta de que Lola se había acercado a él desde atrás. Solo se dio cuenta de ello cuando la sintió tocarlo en su hombro, lo que le permitió descongelarse para enfrentarla adecuadamente. Cuando lo hizo, retrocedió hacia atrás, casi tropezándose con sus piernas mientras lo hacía.
Muy bien... la que le llamó fue efectivamente Lola, pero en lugar de una Lola vengativa, allí estaba... una Lola de aspecto dulce, agarrando un extremo de la correa de Charles, mientras que el otro extremo estaba enganchado en su cuello.
‒ Volverás a tu habitación para leer tus comics, ahí es donde irás ‒ dijo Lola, sonriendo de oreja a oreja. ‒ Yo me encargaré de llevar a Charles afuera.
Lincoln soltó jadeantes respiraciones en rápida sucesión, su mente explotada por lo que no podía creer que acababa de escuchar.
Finalmente, encontró su voz y exclamó:
‒ ¡¿Qué?! ¡¿Tú?!
De cualquier posible resultado de este encuentro, Lola ofreció llevar a Charles a pasear y fue, con mucho, el escenario menos probable que podría haber visto venir. Creería antes que un meteoro se estrellaría contra el techo de su casa antes de poder imaginar a Lola, "la señorita Estirada y Formal", manejando voluntariamente la tarea de manejar al perro de la familia mientras él hacía lo suyo.
Lola se encontró con su incredulidad sin malicia y repitió sus intenciones con calma.
‒ Me escuchaste. Permíteme pasear al perro por ti. Tú... solo relájate.
Lincoln casi hizo un movimiento para detenerla, para preguntarle por qué estaba haciendo algo como esto por él, pero cerró la boca cuando recordó lo que Lori había hecho por él antes. Al igual que Lori, Lola hacía todo lo posible por tratarlo amablemente. Claro, con dos eventos igualmente increíbles sucediendo en una tarde, Lincoln sintió que tenía todo el derecho a reservar un poco de sospecha... pero mientras tanto, ¿quién era él para mirarle los dientes a esa clase de caballo?
‒ ¿Lola?
Antes de que Lola pudiera ir a ninguna parte con Charles, se detuvo y lo miró por encima del hombro. Esa sonrisa nunca se fue.
‒ ¿Sí? ‒ respondió Lola.
Lincoln devolvió su sonrisa con una propia.
‒ Gracias. Esto es muy bueno de tu parte. ‒ dijo él.
Al decir esas palabras, Lincoln notó que los lindos y pequeños ojos de Lola se expandían y brillaban. Su sonrisa creció junto con ellos, y soltó la correa de Charles para correr hacia su hermano y abrazarlo alrededor de sus piernas.
‒ ¡De nada, Linky! ‒ trinó ella y, después de un momento, lo soltó para irse a toda prisa escoltando a Charles.
Lo único que Lincoln hizo después de eso fue volver a su habitación, todo mientras pensaba que Lola era una gran hermanita después de todo.
Estaba cerca de la hora de la cena, y para este punto, Lincoln se había fundido en los cómics y en la televisión por el resto del día.
Pero algo más, algo que sólo el cansancio podría hacer, pesaba sobre él como un yunque. No importaba cuánto intentara olvidar su discusión con Clyde, solo podía hacer un tanto antes de que el doloroso recuerdo volviera a atormentarlo.
Una y otra vez, la dura discusión jugaba en su cabeza, y Lincoln hacía una mueca de disgusto a cada momento, tanto por el dolor de las palabras de Clyde como por la culpabilidad por sí mismo. Después de la última repetición, Lincoln tuvo suficiente, sabiendo ahora que la pelea con Clyde era estúpida y que valía la pena disculparse lo antes posible. Su amistad no valdría nada si perdiera a su mejor amigo, y sabía que tenía algo por hacer por las cosas que dijo de todos modos.
Con su mente hecha, se levantó de la cama, y estaba a punto de alcanzar debajo de su cama su walkie-talkie... hasta que oyó que llamaban desde el otro lado de su puerta. Lincoln gruñó, pero pensó que podría volver a Clyde una vez que este negocio se concretara.
‒ Adelante ‒ dijo Lincoln y se deslizó de nuevo bajo sus sábanas por si no era su madre o su padre. No era exactamente tímido porque sus hermanas lo vieran en ropa interior, pero sabía que preferirían verlo completamente vestido cuando estuvieran cerca de él (aunque a Lola no parecía importarle su semidesnudez si se podía confiar en su última interacción con ella).
La puerta se abrió y Lisa, sosteniendo un portapapeles debajo de su brazo, se deslizó a través de la abertura.
‒ ¿Qué pasa, Lisa? ‒ preguntó Lincoln.
Lisa sostuvo su portapapeles frente a ella, sus ojos nunca dejaban las páginas que Lincoln no podía distinguir desde esta distancia.
‒ He estado interesada en la histología del tejido intestinal últimamente ‒ explicó Lisa ‒ y tengo razones para creer que tu tracto gastrointestinal sería un tema ejemplar de análisis.
Obviamente, este comentario hizo que Lincoln parpadeara en señal de confusión.
‒ ¿Disculpa qué?
Lo que siguió fue lo que Lisa generalmente haría cuando alguien no comprendiera su vocabulario: explicarse en términos más simples. Sin embargo, Lincoln notó que a diferencia de las otras veces que hacía esto, no lo hacía con condescendencia e impaciencia en su tono.
‒ Quiero examinar tus intestinos a un nivel microscópico y deseo hacerlo utilizando una variedad de equipos altamente invasivos ‒ aclaró Lisa.
Las pupilas de Lincoln se dilataron, su cuerpo tembló y tragó saliva. ‒ Es, eh, es... ¿eso es todo? ‒ preguntó, tirando del cuello de una camisa que no estaba allí.
‒ Sin embargo... ‒ Lincoln dejó de temblar cuando el tono compasivo de Lisa lo tranquilizó. ‒... No impondré mi voluntad sobre ti al insistir en que me ayudes ni que tampoco... bueno, me involucre sin tu consentimiento. En cambio, simplemente te preguntaré si estás dispuesto a complacer mi capricho.
Lincoln se maravilló de las consecuencias de lo que pensó que sería una situación tensa. Medio esperaba que Lisa se abalanzara sobre él con salvaje descuido, haciendo todo lo posible por someterlo.
¿Pero esto? Esto fue una ocurrencia rara, de hecho. El pobre chico de cabello blanco ya no estaba seguro de si esto era una novedad o no. No podía recordar la última vez que Lisa había mirado los sentimientos de sus hermanos cuando se trataba de involucrarlos en sus estudios, especialmente los de la clase realmente invasiva.
Pero si esto no era una especie de experimento elaborado, entonces Lincoln no encontró ninguna razón para temer en darle sus honestos pensamientos sobre su propuesta.
‒ Sin ofender, Lisa, pero eso no suena como algo que me gustaría hacer. Lo siento, pero voy a tener que negar ‒ dijo Lincoln con firmeza.
En lugar de irrumpir fuera de su habitación abatida o revelar que su consideración no era más que una simple tapadera, Lisa respondió con la madurez que correspondía a su genio.
‒ Muy bien ‒ respondió ella. ‒ Respetaré tus deseos y te dejaré en paz.
Sin decir una palabra, Lisa salió de su vista, cerrando la puerta detrás de ella. Pasaron unos segundos después de eso, y Lincoln se arrepintió de lo que no había podido hacer.
En lugar de recompensar su actitud con un "Gracias", la dejó escapar antes de que pudiera saber cuánto significaba para él su enfoque reflexivo. Prometió, allí mismo, que se ocuparía de eso muy pronto.
Sin embargo, por ahora, tenía un mejor amigo con quien reconciliarse.
Durante las siguientes horas, Lincoln había logrado todo lo que había querido hacer.
Al final resultó que Clyde aceptaba tanto sus disculpas como enterrar este suceso en el pasado. Con eso, ambos amigos se reconciliaron y prometieron que nunca más se repetiría algo así.
Después, se aseguró de decirle a Lisa, a quien había encontrado en la sala de estar, que apreciaba el hecho de que ella le había preguntado si estaba de acuerdo con sus estudios.
Y ahora, con la barriga llena de la cena, Lincoln estaba listo para decir que fue su día predilecto y se preparó para ir a dormir. Una vez que subió, se puso el pijama, se cepilló los dientes y estaba a punto de ir a su habitación.
En ese momento, sintió un tirón en la manga de su pijama. Miró detrás de él y encontró a Lynn de pie allí, mirando, para sorpresa de Lincoln, algo triste.
‒ ¿Podemos hablar por un segundo, Lincoln? ‒ ella preguntó.
Sintiendo que algo la estaba carcomiendo, Lincoln simplemente le dijo:
‒ Claro, Lynn.
Ella lo siguió a su habitación y Lincoln le hizo un gesto para que se sentara donde quisiera mientras cerraba la puerta detrás de ellos. Una vez que lo hizo, se giró y se sorprendió por la expresión de Lynn cuando ella lo miró desde su silla; ella había pasado de un poco indispuesta a casi... ¿asustada?
¿Lynn Loud? ¿Asustada? Por un lado, Lincoln podía contar la cantidad de cosas que a Lynn le temía, pero de alguna manera, su miedo lo involucraba. Aunque estaba preocupado por Lynn, de todos modos, solo tenía que saber qué pasaba con ella por curiosidad.
Se sentó en la cama, haciendo todo lo posible por parecer lo más accesible posible, para que Lynn no tuviera ninguna razón para contenerse.
‒ ¿Qué tienes? ‒ preguntó Lincoln.
La miró detenidamente mientras ella tomaba unos segundos para hablar.
‒ Durante la mañana, yo estaba... yo... estaba...‒ sintiendo que la impotencia del momento le ganaba, la deportista cerró los ojos con fuerza y se apresuró a explicarse ‒... yoestabaentuhabitación.
Aunque esa última parte fue un poco torpe en su ejecución, Lincoln pudo entenderla.
‒ ¿Estuviste aquí? ‒ preguntó. ‒ Pero, no recuerdo verte aquí antes de ir a la casa de Clyde.
Para entonces, Lynn estaba retorciéndose en su asiento y se apartó de la mirada de Lincoln para mirar al suelo.
‒ Eso es porque estaba aquí mientras no estabas ‒ explicó Lynn, con la humillación asaltando su tono de voz.
Instantáneamente, la cara de Lincoln se endureció en una mirada y un tono de voz que reflejaba tanto su sorpresa como su desdén hacia ella.
‒ Entonces, eso quiere decir que... ¿entraste a mi habitación sin preguntarme primero? ‒ exclamó Lincoln, pero con algo de cautela en el volumen de su voz.
Lynn asintió y mantuvo sus ojos lejos de ver a Lincoln, que ya no sentía nada parecido a la atención por los sentimientos de Lynn; ahora que sabía por qué Lynn le respondía con tanta timidez, no pudo evitar sentirse agitado con ella.
‒ Ajá ‒ continuó Lynn. ‒ Estaba buscando unos auriculares, y pensé que podrías tener algunos. Por eso vine aquí y... ‒
‒ ¿Y también estuviste revisando mis cosas? ¿Viniste hasta aquí para pedir prestado algo del que no te he dado permiso para usar, ni mucho menos buscar?
Lincoln vio como Lynn asentía de nuevo. Lo único que le impedía gritar era el hecho de que no quería que nadie más se precipitara e intercediera para que increpara a Lynn por su negligencia tanto en su privacidad como en su respeto.
‒ Lynn ‒ se quejó él, aún manteniéndose en voz baja ‒ ¿cuántas veces tengo que decirte que no hagas eso? Dime, ¿cuántas veces más tengo que hacerlo hasta que comprendas?
‒ Lo siento.
‒ Sí, pues deberías... ‒ el chico hizo una pausa después de decir esas palabras. El hecho de que escuchara a Lynn, la más terca y reacia de sus hermanas, disculparse con él, fue incentivo más que suficiente como para que creyera que hubiese sido su imaginación.
‒ Espera, ¿qué? ‒ exclamó Lincoln, esta vez con su tono de voz normal.
Ahora, Lynn ya no miraba hacia otro lado, culpable y avergonzada. Ahora, estaba enfrentando a su hermano con una ternura que Lynn solía mostrarse reacia a usar en ese instante.
‒ Lo siento ‒ repitió Lynn, con un tono de voz adolorido. ‒ Tienes toda la razón. Estaba equivocada, y no debería haber actuado como si lo que estaba haciendo estuviera bien. No volverá a suceder.
Lincoln luchó contra el impulso de golpearse la cara para despertarse de lo que consideraba una alucinación.
"Esto tiene que ser un sueño. Solo eso tiene que ser."
Ahora, todo estaba empezando a tener sentido... por así decirlo. Su actitud vacilante, su mirada incómoda, su disculpa... Lynn en realidad mostraba remordimiento por irrumpir en su habitación sin avisar, sin mencionar el hecho de que ella hizo todo esto sola, sin que Lincoln tuviera que haberla atrapado. Normalmente, ella simplemente le decía que lo que estaba haciendo "no era la gran cosa" y le pedía que lo dejara así, pero definitivamente ese no era el caso.
Entonces, de alguna manera, todo lo que Lynn estaba haciendo se sumaba a ese hecho, pero todavía había una gran posibilidad de que solo estuviera soñando.
Y fue entonces cuando corrió hacia él y lo abrazó, envolviendo a Lincoln con una calidez que nunca podría experimentar en un sueño.
‒ ¿Me perdonas? ‒ preguntó ella con su voz adolorida.
Lincoln no necesitaba pensar en su respuesta. ‒ Sí. Yo... te perdono. Y... lamento por haberme exaltado un poco.
Ante eso, Lynn negó con la cabeza.
‒ No, me lo merezco. Y oye, gracias por perdonarme. Significa mucho, hermanito. ‒ explicó ella, aparentemente recuperándose.
Después de permanecer abrazados por un rato, la deportista dejó libre de nuevo a su hermano, luego bostezó y extendió los brazos sobre su cabeza. Lincoln se sintió aliviado al ver que Lynn se veía mucho mejor que hace unos segundos.
‒ Bueno, no sé tú, pero estoy exhausta. ¿Y tú? ‒ preguntó ella.
‒ Sí. Estoy bastante vencido ‒ dijo Lincoln.
Ante esa afirmación, una sonrisa descarada apareció en la cara de Lynn.
‒ Es lo que pensaba.
Antes de que Lincoln pudiera protestar, Lynn lo levantó en sus brazos con facilidad. Con un brazo, retiró las sábanas de su cama y usó su otro brazo para deslizarlo suavemente debajo de sus mantas. Luego, agarró a Bun-Bun (el conejo de peluche del chico) de su escritorio y lo colocó justo al lado de la cabeza de su hermano menor.
‒ Aquí tienes ‒ dijo Lynn, pareciendo satisfecha de sí misma.
Aunque Lincoln no había pedido que lo metieran a su cama de esa manera, tuvo que admitir que se sentía muy bien que lo trataran así.
‒ Gracias, Lynn ‒ dijo Lincoln y se acercó a Bun-Bun, dejando escapar un delicado bostezo.
‒ Oye, eso está en todo trabajo de una hermana mayor ‒ respondió Lynn y se acercó al interruptor de la luz.
‒ Buenas noches ‒ dijo Lynn
Acto seguido, le dio un beso en su mejilla y apagó las luces antes de irse.
No pasó mucho tiempo para que Lincoln entrara pacíficamente en su ciclo de sueño, pero antes de hacerlo, sus pensamientos fueron con Lori, Luan, Lola, Lisa y Lynn, cinco hermanas que hicieron de este día un sábado un tanto memorable como para apreciarlo por toda su vida.
El sótano estaba en una fiebre de orgullo y gozo. Después de asegurarse de que nadie los siguiera, Lynn, Lisa, Lori, Luan y Lola, ambas chicas se escabulleron al sótano y se contaron lo que habían hecho por Lincoln después de que él había regresado a casa. Con cada historia e informe de Lincoln encontrando un punto a favor por sus respectivas acciones, las hermanas no podían hacer más que solo acrecentar sus orgullos por sí mismas cada minuto.
Después de que Lynn terminó su historia, Lori habló con sentimientos que las otras cuatro sintieron sinceramente.
‒ Saben, hacer todas esas cosas lindas para Lincoln... se sintió muy bien ‒ dijo Lori.
‒ Te entiendo. ‒ estuvo de acuerdo Luan. ‒ Y por lo que parece, Lincoln realmente lo apreció también.
‒ Entonces, saben lo que esto significa, ¿verdad? ‒ preguntó Lola.
Lynn sonrió, creyendo que había descubierto a Lola. ‒ Estoy captando lo que estás diciendo, hermana, si Lincoln realmente le gustó lo que hicimos por él hoy...
‒... ¡entonces eso significa que tenemos que asegurarnos de que actuemos aún mejor mañana! ‒ terminó Lola, chocando los cinco con Lynn.
‒ ¡Y seremos "buenas hermanas" en muy poco tiempo! ‒ chilló Luan.
‒ ¡Excelente! ‒ exclamó Lisa.
Así, el quinteto finalmente unió fuerzas para enfatizar la emoción que sentían con sus propios vítores.
Ya era oficial; si el primer día fue un éxito emocionante, no podían permitirse el lujo de detener su nuevo impulso de bondad aflojando su ritmo.
No, Lincoln iba a reconocerlas como sus "buenas hermanas" tarde o temprano, y pelearían por esa aceptación con verdadero optimismo y con grandes sonrisas en sus caras, así sería... aunque fuese lo último que hicieran.
FIN DEL CAPÍTULO II
