Capitulo [Especial] –


Y así tres días pasaron desde que Luzbel tuvo a sus luces

Cuando Luzbel abrió los ojos, estaba vestido de blanco. Se encontraba en cuclillas con cadenas de luz atadas a sus manos ante un enorme tribunal.

Estaba débil y mareado, rodeado de estandarte de ángeles, serafines y arcángeles que lo miraban de forma despreciable y sin mucho amor.

En ese tambaleo sintió que alguien lo sostuvo de las manos para no caer al piso.

Era Metatrón, apenas distinguió asi que se sintió feliz.

—Mi Tarón...

Sus ojos no pudieron evitar llorar al verlo bien, pero, ¿cómo era posible que un señor se dejará hacer eso? Metatrón estaba golpeado con la boca cocida y hecho una mierda por su culpa.

Luzbel se preguntó, ¿qué le habían hecho estos infelices?, sin duda se las iban a pagar caro, todos sus hermanos menores... porque él también los miraba con rabia.

En ese momento Luzbel se llevó la mano al corazón con terror. ¿Y sus hijos?... sus bebes, ¿dónde estaban?, tragó profundo cuando pudo sentir una suave voz mental invadirlo... era Metatrón hablándole de forma telepática.

«No te preocupes los escondí bien y los anillos los protegen, se los envié a alguien a través de un portal, el tiempo que pasen aprenderán los suficiente y serán poderosos porque tendrán nuestras esencias y se fusionaran cuando sea el momento, serán imparables estando juntos, Luzbel ellos te amaran, pero ten paciencia».

Luzbel se calmó y luego volvió su mirada hacia Miguel quien sonreía triunfante.

—Parece que has caído muy bajo, Luzbel —dijo el arcángel de brazos cruzados con un rostro indescifrable.

—¿Y quién te crees que eres para hablarme de ese modo? —Luzbel estaba cabreado, de no ser por estar atado con esa cosa los mataba a todos en un instante.

Los demás seres se miraron entre sí murmurando cosas. Sabían que la primera luz era más vieja que todos ellos juntos y había elegido su forma y por supuesto que no había manera de detenerle, a no ser que este se sacrificara con un ritual especial, pero sabían que no lo haría.

Luzbel era esa extraña singularidad de la creación de la cual no podían deshacerse porque sí por eso, tomaron una decisión.

—Hemos tomado la decisión de expulsarte para siempre de esta dimensión, vivirás con la nueva humanidad —dijo Gabriel quien a pesar de todo sentía pena por él, no le gustaba actuar en nombre de Miguel...

—Por dios, dime algo de lo que no sepa. —Bufó Luzbel en tono burlón y molesto.

Miguel quería terminar con su manera de desafiar las leyes y no iba hablar dos veces, le dolía porque lo amaba, amaba a Luzbel. Luzbel no lo miró y eso le dolía mucho más en el alma a Miguel, quien no entendía porque Luzbel eligió a alguien como un soberano, soberano que podía acabar con todos ellos en un instante, pero decidió que era mejor morir.

Por primera vez, Miguel se alzó ante todos y bajó una lanza que destellaba un brillo intenso, Luzbel pudo notar eso mas no lo asustó. No obstante, cuando Miguel se posó ante él y se arrodilló para mirarlo a los ojos sus últimas palabras fueron lo bastante hirientes de muchas heridas que este causaría en Luzbel.

Ese sería su sufrimiento eterno; por ser bello, seductor, por cargarse consigo a un soberano como Metatrón y por rechazarlo a él, eran tantas las acusaciones absurdas que había en el corazón y mente de Miguel que no se dio cuenta que eran ellos lo que albergaban la verdadera oscuridad en sus almas, y eso era porque Miguel ya había hecho un pacto con el señor la muerte.

—Este será tu primer regalo de mi parte y de tus hermanos. —Acarició la barbilla de Luzbel—. También tu castigo.

Luzbel se quedó en silencio hasta cuando vio como aquella filosa lanza hecha de algo especial, perforó el corazón de su querido Metatrón.

Aquella maldita arma sacó de ese recipiente lo que era su alma, lo hizo de un plumazo doloroso que no le dio tiempo a gritar a Metatrón.

Fue entonces que el adorado Luzbel sintió como una oscuridad extraña lo invadió, luego de que presenció muy horrorizado y angustiado el cuerpo de su amante desligarse de su alma y romperse en mil pedazos.

Fue tanto el dolor que sintió Luzbel que sus ojos se llenaron de lágrimas porque ese dolor reprimía, le escocía muy dentro, le hacía gritar mil palabras de angustia por dentro, pero miles de esas palabras versadas de llanto y dolor, agonía, aflicción mental, de impotencia, de tristeza, de odio...de muchos sentimientos negativos.

—Me las vas a pagar, tarde o temprano maldito. ¡Si no te mato yo, te mataran mis hijos y te enviaran al vacío donde nunca regresaras!

Luzbel sintió como si le arrancaran un pedazo de sí mismo, de su corazón, de su alma. En su rostro de veía el daño esporádico no tenía precio, que era un terrible dilema, todo pasó muy rápido cuando Tarón había desaparecido de su vista.

Luzbel quedó en estado Shock varios minutos mientras Miguel se retiraba satisfecho por el acto cometido pensó que era un pecador menos, aunque el principal artífice de la muerte de Metatrón quedaría vivo porque Miguel no encontró la manera de matar a Luzbel, pero sí, Miguel obró mal.

Cuando Luzbel reaccionó juró que las criaturas humanas se retorcerían de dolor, de hambre, de sed, de tristeza de todo lo que le sentía en ese momento y se matarían entre ellos mismos porque eran hijos del pecado de ellos, de un universo egoísta en ese sentido por eso los maldijo en una lengua antigua.

Los ojos de Luzbel lloraban sangre y fue aquello lo que asustó a los ángeles cuando vieron que todo comenzó a temblar, que todo el cielo parecía caerse a pedazos con un zumbido diabólico y no del temblor sino del lamento y de la furia que salía del corazón de Luzbel.

¡Mankha ahr odn! (Humanos yo los maldigo) —cantó Luzbel mientras todo a su alrededor se rompía en millones de cristales—, ¡alla vahahr sargh moharg! (sufrirán en la eternidad con la muerte) ¡Morha la labavah sargh! (y sus almas serán mi alimento durante la eternidad) —terminó de recitar con un leve silencio.

Hasta el propio Miguel sintió un miedo terrible, que, al ser protegido por el universo, pensó que no le pasaría nada, por eso enfrentaría la ira de ese ser tan hermoso, aunque eso por ahora, el futuro no estaba asegurado ni siquiera para él. Hizo que los grilletes de luz se soltaran, de allí su grave error.

—Nuestra lucha será eterna, algún día querrás volver con nosotros arrepentido y no podrá ser posible. —Suspiró el ángel caído cansado de solo pensar en lo que vendría.

Y así fue inicio una lucha eterna, algunos ángeles en ese momento no pudieron contra Lucifer por eso algunos se unieron a él, otros murieron, pero los arcángeles fueron los que más resistieron.

Ese templo del cielo que habían creado todo se derrumbó por la disonancia en esa dimensión que dolía mucho en todo sentido, escuchar un grito agudo como canto a cualquiera se le rompería los oídos o moriría destrozado al instante.

Era una vibración poderosa la que desprendía aquel ser de Luz realmente frenético.

De solo de imaginar cuanto sufrió Luzbel al ver como asesinaron a su Tarón, trajo grandes problemas en todas las magnitudes porque algo despertó en el universo, algo muy fuerte.

La humanidad no sería la misma y Luzbel los guiaría por un camino de dolor y sufrimiento hasta que aprendieran a soltar sus propios grilletes.


"Iremos más allá del cielo una vez más"

Pasaron mil años desde que la Tierra se creó y Luzbel bailó sobre hielo durante mucho tiempo e hizo un montón de cosas cuando los primeros humanos vinieron, recordó la promesa de Metatrón cuando este dormía en esas noches solitarias...

"Prométeme que no les harás tanto daño a mis humanos, déjalos ser, tampoco los hieras tanto, ellos elegirán su camino".

Así paso todo, vio cómo iba evolucionando todo en ese planeta y dándole uno que otro empujón algo perverso, pero con buenas intenciones. Sin embargo, notó como ellos tenían su propia personalidad y eran cada vez más especiales, ya que los humanos también venían peleando por todo y más que todo por sobrevivir.

Algo llamó más la atención de Luzbel y era su forma de procrear vida porque siempre quiso saber cómo otras formas de vida procreaban. En el caso de la humanidad había mucha desigualdad a causa de eso puesto que así nacieron del universo.

Si era hombre y mujer podían tener hijos, pero si no lo eran, entonces era todo lo contrario a los primeros seres y algo demasiado primitivo para Luzbel.

Sus mujeres eran hermosas, pero entre los ángeles también existen muchas bellezas de ese tipo y a diferencia de ellos, cada quien elegía lo que amaba y con quien procrear, pero Luzbel no se iba meter con esa forma de vida que le falta evolucionar.

Un día, Luzbel estaba en la cima de una enorme montaña y vio como una luz bajó del cielo, trayendo consigo a un ser en particular, uno de los tantos seres que debería odiar y no lo hizo porque sencillamente él no estuvo allí en el juicio cuando lo destronaron y tuvo nada que ver.

Rafael...

Luzbel...

—Ahora me llamó Lucifer —dijo casi sin quitarle la mirada de encima a Rafael.

—Como sea, tú para mi sigues siendo el mismo —Rafael sintió algo de vergüenza—. Ese día en que ocurrió todo no estuve porque no consideré justo lo que te hacían. Además, alegué que me sentía mal y me aproveché de mi frágil estado corporal.

Lucifer lo miró asombrado y le dedicó una sonrisa extraña; así como podía leer el corazón de las personas no vio ni sintió nada en Rafael, pero sí sintió su amor hacia él y éste no mentía, aquello le hizo prestarle más atención de lo normal.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó Luzbel extrañado acercándose un poco.

Rafael lo miró emocionado con una sonrisa de lado a lado, provocando un sonrojo en el arcángel, acto que sacó de sus cabales a Lucifer.

No podía ser una trampa no, él siempre se llevó bien con Rafael a escondidas de todos y temía que un día lo descubriesen e hiciesen pagar a Rafael por eso también, pero Rafael era astuto y muy inteligente puesto que portaba un anillo de Luz que lo protegía de ser descubierto de cualquier cosa.

Sin embargo, se lo daría a su hijo si llegaba a tener uno tan siquiera.

—Conseguí esto para ti —sacó dos cofres de cristal, uno era largo y el última era más pequeñito.

Lucifer no quiso arriesgarse si el cielo tenia ojos, así que tomó a Rafael y se transportaron a lo más profundo del abismo, que estaba protegido por su magia antigua.

A ese lugar que llamaban "infierno"y que realmente no lo era; no era más que el centro de la Tierra misma, donde existía un sol interno en ebullición por sus grandes conexiones volcánicas internas, lo demás solo eran cuevas conectadas entre si salvo por los gritos leves que llegaban hasta esa zona, que eran de las almas de los humanos muertos.

Ambos entraron en ese lugar en secreto donde Luzbel estaba protegido por sus magos que manejaban las energías del vacío. Estos se miraron entre sí y los dejaron solos.

Rafael no le gustaba ese lugar, pero antes de decir algo Lucifer tomó su mano y le dio un beso en los nudillos.

—No te preocupes, sé que no estas adaptado a esto y debe ser difícil para tu cuerpo.

Lucifer abrió la caja más pequeña y eran dos anillos. Al principio en su leve letargo se rio, pensando que Rafael le iba pedir matrimonio ahora que Metatrón no estaba.

Cuando Tarón vino a su mente toda su esperanza de amor se desvaneció. Luzbel al ver los anillos con más cuidado se dio cuenta que eran los anillos de sus hijos, los que Metatrón les legó.

—¡Mis hijos! —se acercó al arcángel contento y sin contenerse lo abrazó—. Dime dónde están los quiero conmigo.

Luzbel se veía desesperado y Rafael un poco angustiado.

No obstante, Rafael reaccionó y sonrió un poco menguado por el asunto, tenía miedo de la reacción de él.

—Tuve que ocultarlos en mi vientre durante estos años, eso allá arriba se ha vuelto muy peligroso.

Luzbel entendió perfectamente, estaban dentro de Rafael, así que ese fue el trato de Tarón con Rafael, ahora que lo recordaba, Rafael fue el único de los primeros seres que tuvo una madre que era una como una bella ninfa celeste, por lo que él nació siendo un tipo de contenedor de luces, que podía albergar almas, pero esa condición lo hacia estar débil.

—Rafael, ¿te puedo pedir un favor? —dijo Luzbel.

Rafael asintió mientras este no paraba de abrazarle, el arcángel de la sanación se sentía algo extraño y esas sensaciones eran nuevas para él.

—Claro, dime Luzbel.

Lucifer sabía que Rafael era un arcángel muy fuerte, pero que no había experimentado esas emociones de contacto, así que se apartó un poco para no incomodarlo tanto.

—Lo siento.

Rafael se quedó estupefacto cuando este se separó de él, en realidad quería a Luzbel cerca.

—Entonces dime. ¿Qué necesitas de mí? Luzbel.

Luzbel dio un largo respiro mirando fijamente a Rafael, haciendo que este se tensara.

—Tu virginidad.

Rafael tembló y apartó un poco ante esa petición.

—Y-yo... tu sabes que...

Sus palabras fueron apagadas por un tibio e inocente beso en sus vírgenes labios.

—¿No quieres dármela? Te prometo que no dolerá mucho, aunque bueno, el dolor es algo natural en el universo.

—N-No es eso —tembloroso se apartó rápido y rojo como tomate—. Dime qué es lo que realmente quieres.

Lucifer se rio a carcajadas y se secó las lágrimas por esa dulzura, le recordaba tanto a él mismo en esa fase.

—No. Mejor olvídalo, si te pones así por algo tan simple, imagínate la cara que pondrías si te pido lo que realmente quiero.

Rafael sabía que arcángeles como él, tendían que dar a luz en nueve meses porque le daban forma a sus luces.

—Luzbel...

Luzbel lo miró y percibió un atisbo de incredulidad en la verde mirada de Rafael.

—¿Sí?

El ser de cabellos rubios movió su mechón hacia un lado y habló apenado.

—Yo también quisiera tener una luz como las que tuviste con Metatrón, pero no sé cómo.

Lucifer se sorprendió. ¿Quería un hijo?, ¿acaso sabía lo que eso significaba al menos? Y lo peor lo horrible que dolía al darlos a luz.

—Se más específico. ¿Ya tienes a alguien para eso?

Rafael vio el tono seco y cortante de este hacia él, como si no quisiera hablar de nada de eso. En un ataque de nerviosismo pronunció unas palabras que sacaron a sus dos hijos del vientre donde la tenía escondidos.

—Siento la demora, estarán mejor contigo —dijo Rafael quien lo hizo para evitar contestar a esa última pregunta.

Luzbel los tomó y se los llevó a una cuna de cristal donde se quedó largo rato tendido de brazos, era cierto que no tenían forma porque no había recipiente para ellos, pero esperaba pronto verlos como él, igual eran bonitos.

—Los amo, son todo lo que me quedan de él —pensó en Metatrón.

Rafael bajo la mirada algo triste y se atrevió a preguntar más por ellos.

—¿Qué nombre les pusiste a tus hijos?

—Este es Viktor —señalo a la bola juguetona dorada—, y este es Yuuri—la última bola plateada se la pasaba durmiendo y era el más quieto de ambos.

Rafael se enterneció, era realmente hermoso.

—Son hermosos, ¿no verás la otra caja que te traje? Son las almas de seis especies de seres, son guardianes, los tomé de una vieja cripta y lo traje, pensé que serían de ayuda para tus hijos, todos tienen anillos que los protegen.

Luzbel agradeció el gesto mientras que las abría y las colocaba en otro lugar ellos también necesitarían un recipiente.

—Gracias por esto Rafael, en verdad te agradezco tanto que los cuidaras —sonrió Luzbel.

—Bueno, como no hay nada más que decir, es hora de irme —ya no quería seguir allí, si no sentía que iba llorar en cualquier momento.

Rafael se preparó para irse dándose media vuelta, pero un tibio abrazo lo regocijó del todo y tembló de nuevo

—¿Luzbel? —soltó Rafael.

Este se acercó a su oído y le susurró en forma dulce:

Si aceptas darles cuerpo y forma a mis hijos, te daré un hermoso hijo que será tuyo y mío, no te puedo amar por ahora porque estoy muy confundido y me duele mucho todo lo que pasó y la decisión egoísta de Tarón, pero podemos intentarlo y si Tarón vuelve... ya veremos que pasa con nosotros dos.

Rafael se giró bruscamente algo agitado por su propuesta, era tentadora y hermosa, ¿acaso tenia una oportunidad o Luzbel quería hacerlo llorar? Si era así, no era divertido.

—Como era de esperarse de ti, esto no es gracioso, Luzbel. Odio que juegues con mis sentimientos—se quejó Rafael.

El mayor tapó sus labios sin decir más, esos eran sus términos y no quería explayarse más.

—Solo acepta y déjate llevar, sino tendré que tomarte a la fuerza —tan propio y de mal gusto para una broma.

No, no era nada gracioso decir esas cosas. Parece que de verdad la había infligido algo de terror en el pobre arcángel porque estaba que se caía del susto.

Rafael tenía cierto miedo de perder su posición allá arriba y ser asesinado. Sin embargo, asumió que estaba protegido por el anillo a pesar de que Miguel los tuviera a todos vigilados desde entonces.

Rafael ya había visto su propio futuro, porque el oráculo se lo mostró, él no podría tener a Yuuri y Viktor casi simultáneos, tenía que pasar un milenio tras cada hijo y Yuuri sería el último.

¿Razones?, no era sencillo de explicar, simplemente su cuerpo no era igual al resto y era mucho más vulnerable a conocer la muerte. Podía morirse si daba a luz de forma seguida por eso era peligroso tener hijos en el cielo.

También sabía que de él nacería Yuri Plisetsky y sería un demonio de sangre en su totalidad, porque así lo acordó con Rafael con Luzbel, también acordó que no tendrían nada que ver con Viktor y Yuuri quienes eran almas gemelas, ni serían como hermanos aunque nacieran en diferentes épocas porque Yuuri será dos mil años menor que Viktor en el futuro.

—Sabes Luzbel, te amo, pero tengo miedo, solo aceptaré esto porque deseo tener un hijo con la persona que amo —dijo Rafael inseguro.

—Lo sé y lo lamento por eso, dejemos que el tiempo decida que vamos a hacer, pero jamás quise hacerte daño ni quiero hacerlo, de verdad que no tengo más opción que pedirte esto —se disculpó Luzbel.

Rafael no dijo más solo tomó la forma humana de una mujer para poder procrear en ese mundo y esconderse de los mortales.

Su primer hijo fue Viktor Nikiforov; quien no tendría ningún rasgo de ADN suyo, solo era un recipiente para Luzbel y su luz. Rafael se hizo pasar por Ianenka Nikiforov, cuyo final trágico ante las cámaras tuvo que fingir su muerte y tomar la otra forma como Danenka Pavlova para terminar de criar a Viktor.

Luzbel lo ayudó a esconderse al darse cuenta que Miguel rondaba por las cercanías y quería encerarlo para siempre.

Luego de mil años Rafael se hizo llamar Vilova Plisetsky y tuvo a Yuratshka, su hijo legítimo con Luzbel. Fue allí donde Rafael se entregó a Luzbel por completo en cuerpo y alma, hasta que finalmente volvió a su forma original, porque estaba un poco cansado de cambiar de cuerpos.

En esta vuelta en una ciudad de Japón nació Yuuri. A pesar de que él y Viktor no eran sus hijos de sangre, Rafael los amaba y los cuidaba a su modo.

El problema con Yuuri fue más difícil puesto que hubo una gran pelea donde tuvo que tomar dos japoneses para que lo adoptaran porque Miguel estaba por descubrir la farsa.

El punto es que ambos padres adoptivos murieron días después, asesinados por alguien que los perseguía ya que los de arriba descubrieron a Yuuri y que los hijos de Luzbel finalmente estaban sobre la Tierra.

Miguel inició una persecución y entre todos los arcángeles que quedaban menos Rafael. Cuando dieron con Luzbel lo encerraron para siempre en el vacío con ayuda de la muerte, quien se iba apoderando más y más del cuerpo de Miguel.

Ni el mismo Luzbel podía salir de esa prisión, en ese lugar los primeros seres encontrarían su descanso lentamente, porque iban muriendo a poco y perdiendo su luz.

Por fin encontraron ese lugar donde Luzbel volvería a ser nada.

Luego de esos dos milenios anterior al nacimiento de Yuuri, se sabe que Rafael volvió donde Miguel con informes.

Miguel no sospechó nada de lo que había hecho, ni que su cuerpo ya estaba profanado de mil maneras por Luzbel.

Fueron años de dolor y tristeza, Luzbel sentía morirse lentamente encerrado allí. Su batalla se vio finalmente mermada, ¿volvería con Metatrón?, quería volver a verlo y que estuvieran juntos con sus hijos, pero también algo había nacido de su estadía con Rafael porque Luzbel también sentía cosas por Rafael, pero no estaba seguro.

¿Y los centinelas?, sí las almas que estaban destinadas a cuidar de Yuuri y Viktor, cuatro de ellas cayeron en malas manos y solo tres pudieron salvarse, allí tienen a JJ, Yakov, Celestino y Emil quienes tendrían un final trágico.

Sólo quedó Otabek, Phichit y Seung Gil miembro de los oscuros hechiceros; a los que se les dio la inmortalidad y servían a Luzbel todavía. Aunque sin ese ser dirigiendo el mundo, ya parecía un precipicio que iba quebrarse en cualquier momento expandiendo oscuridad total.

¿Qué diría Viktor si supiera cómo pasó todo desde el inicio? Seguiría amando a Yuuri desde el inicio seguro o peor, sería como un sirope que no puede vivir sin estar encima de su caramelo intentando proteger ese amor.

Si supiera que la maldición que tiene puede ser rota y que Viktor era inocente de todo su pasado y que Luzbel no tenía la culpa, todo sería diferente en el presente.