Capítulo 2: Lisistrata.

Buenas! Aquí El Segundo y último capítulo de este NaruSaku. Corrijo una errata del anterior: la hija pequeña es Hanami, no natsumi (ni siquiera se en que estaba pensando al escribirlo). En el anterior tuvimos un duelo igualado marido y mujer, hoy sin embargo... ya veréis xD

Barbsalfonsini: ya sabía yo que os gustaría, me parece cómico que ambos se crean más listos que el otro XD y es un cargo muy sacrificado, sólo hay que ver la montaña de papeles que siempre hay en esa mesa. Espero que te guste el final!

adrit126: a mi tb me hizo gracia cuando se me ocurrió XD si lo piensas, nunca has visto a absolutamente nadie sonreír sentado en ese despacho, es lógico que no quieran XD


-Aaaaaaaaaa- Personaje hablando

-Aaaaaaaaaa- personaje pensando

-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura hablando

-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura pensando

Renuncia de derechos: esta obra se hace sin animo de lucro, y obviamente Naruto y sus personajes pertecen a kishimoto. Yo solo escribo esta historia. NO AUTORIZO EL PLAGIO DE LA MISMA.


Los días fueron pasando, acercándose cada vez más la fecha de la elección por el consejo, y no parecía querer ceder ninguno de los uzumaki. El resto de candidatos, obviamente, se habían excusado por diversos motivos, quedando solo ellos dos como opciones. Naruto sinceramente esperaba que su esposa intentase algo, o volviese a sacar el tema, pero al parecer no era esa su intención. Estaba igual que siempre, cariñosa, atenta, profesional en su trabajo… las rutinas de ambos seguían igual, y sólo había una cosa que intranquilizaba al uzumaki rubio: la falta de sexo.

Desde que se fueron a vivir juntos, la pareja no había desperdiciado ni una ocasión para demostrarse el uno al otro lo mucho que se querían, lo hacían mínimo una vez al día cuando no tenían hijos. Incluso después de tenerlos no faltaban los encuentros furtivos entre semana tras dejar a los vástagos uzumaki con los padres de ella, o con la tia Karin o la tia Ino. Por parte del ojiazul era previsible: Naruto siempre había sido una persona muy activa, vivaz, y sus casi infinitas reservas de chakra y su amor por ese pelo rosa no hacían sino aumentar aún más sus ansias de poseer a la mujer de sus sueños cada segundo. Pero por parte de Sakura sorprendió a propios y extraños que le siguiese el ritmo: siempre había sido una mujer un tanto aséptica y recatada en esos aspectos, sólo había que ver cómo se sonrojaba o enfadaba cuando su mejor amiga del clan yamanaka sacaba el tema del sexo a relucir. Pero, desde que Naruto la introdujo en ese mundo, la ojijade no había perdido comba nunca: Naruto despertaba en ella un lado oscuro, casi animal, que, combinado con esas ganas de imponer su autoridad debido a su fuerte carácter, dio como resultado que el matrimonio uzumaki tuviese que mudarse al complejo propiedad de los difuntos padres de Naruto para evitar las continuas quejas por ruido de los vecinos de los apartamentos de ambos.

Y por eso el ojiazul estaba extrañado: ya iban casi tres semanas sin nada de sexo, ni tan siquiera un acercamiento por parte de ella. Naruto sólo vio un cambio más en su rutina a parte de ese: Sakura se pasaba los ratos libres leyendo un antiguo libro de cubierta verde suave que había sacado de la biblioteca, "Lisistrata". ¿Que estaba pasando? ¿Y que demonios era lisistrata? Ese día, después de llegar Naruto de trabajar con sus labores de jounin sensei, se encontró a su hija mayor, Shio, leyendo un tomo sobre chakra en el sofá, mientras que su madre leía su dichoso librito verde al lado de ella con la misma mueca de concentración. Algo impaciente por averiguar qué pasaba, el ojiazul se dirigió a su hija y a su esposa y, tras besar el cabello rojo de su primogénita, que estaba absorta en su lectura, se dirigió a su esposa.

-Hola cariño, ya estoy en casa.- declaró mientras besaba su frente, buscando atención. Su mujer, sin embargo, no se levantó del sillón, sólo le dirigió una suave sonrisa.

-Ya veo, ¿Qué tal el trabajo?- preguntó con sincero interés. Naruto no sabía si sentirse extrañado, temeroso, contento… esas reacciones eran raras.

-Bi… bien, ¿tú que tal? ¿Algo interesante?- inquirió el rubio, dirigiendo inconscientemente una mirada al maldito librito que le robaba la atención de su mujer, acto que no pasó desapercibido para la pelirrosada.

-No mucho, últimamente tengo mucho papeleo.- contestó con una sonrisa maliciosa que hizo tragar grueso a Naruto, para luego volver a su libro como si nada.

Vale, estaba claro que estaba enfadada. O no, y sólo era estrés… joder, que difícil era comprender a las mujeres. Fuese como fuese, si ya de por sí esto intranquilizaba al uzumaki, su abstinencia sexual surgida misteriosamente no le ayudaba a calmarse. Maldita sea, como odiaba los periodos de paz, en guerra tendría más cosas en las que pensar, pero ahora solo pensaba en una cosa. Su mujer. Sonriéndole. Y, si era posible, en la cama y en horizontal. Por suerte, años y años de noviazgo y matrimonio le habían enseñado que el corazón de Sakura tenía caminos empinados, pero una vez que los conocías eran muy fáciles de transitar. Sólo tuvo que pedirle un favor a su prima y pudo tener a los niños fuera para esa noche, y otro a ino para que cubriese cualquier eventualidad del hospital que pudiese tener su mujer y así poder prepararla una sorpresa especial. Flores, champán, una buena cena, y los dos juntos a la luz de las velas. Naruto, si había que destacar alguna de sus cualidades como pareja, era detallista.

Sakura, tras recibir una invitación muy sugerente por parte de su esposo para esa noche, sonrió con ternura en su despacho del hospital, como una colegiala enamorada. Ese baka volvía a esforzarse por tenerla feliz, y eso le daban ganas de ir inmediatamente donde estuviese y recompensarle como se merecía. No iba a negar que la abstinencia sexual, si bien estaba causando estragos en la calma y sosiego de su esposo, en ella estaba provocando sentimientos similares. Añoraba el contacto con su marido, sentirlo con ella de forma íntima, que acariciase su piel y la besase con pasión. Se había hecho adicta a esas caricias de su Naruto desde que las probó por primera vez, y se podía decir que el estar sin sexo era un castigo para ambos, no sólo para él. Pero era esencial para su plan que así fuese y que apretase los dientes hasta el final. Su esposo era un rival astuto y muy sagaz, no podía vencerlo sin jugar sucio… pero a inteligencia no le iba a ganar nadie a la kunoichi. Tenía un objetivo, que su esposo aceptase el puesto de hokage, y para ello necesitaba un Naruto sin el pleno uso de sus facultades.

Cualquiera pensaría que lo hacía por motivos egoístas, y en parte tenía razón, pero también había otro motivo oculto: De verdad creía que su marido debía de ser hokage. Al principio, cuando gritaba como un energúmeno a los cuatro vientos que sería hokage en la academia, la ojijade tenía claro que no estaba hecho para el cargo: no tenía disciplina, carecía de concentración, de conocimientos básicos, de madurez… pero, con el tiempo, todos esos fallos desaparecieron, dejando una gran virtud presente, una voluntad de hierro unida a un corazón de oro y un poder casi eterno. Un potencial casi infinito para hacer el bien. Y ese potencial necesitaba de una posición de poder para lograr cambiar el mundo a mejor. Naruto uzumaki, el amor de su vida, tenía la gran cualidad de cambiar las vidas de quienes le rodeaban a mejor (sólo había que ver a Sakura con esa sonrisa de oreja a oreja pensando en él ahora mismo), imagínate lo que podría hacer si le rodeaban todas las naciones shinobi. Ella podría cumplir con ese trabajo, y estaba convencida de que lo haría bien, pero no tan bien como su esposo, el héroe de la cuarta guerra shinobi. El problema era que su marido le había visto las orejas al lobo durante el gobierno de Kakashi, y ahora huía del cargo como de la peste, así que había que… "ablandarle" antes de hacerle entrar en razón.

Llegó al hogar uzumaki esa noche ya con un ligero maquillaje en su rostro (básicamente una línea de ojos para resaltar su color verde, un poco de color en las mejillas y un pinta labios suave) y su mejor vestido (uno de color vino con detalles negros y algo de escote que sabía que volvía loco al uzumaki), y abrió la puerta para encontrarse el hall iluminado con la tenue luz de las velas y un camino hecho con pétalos de cerezo hacia el salón, donde se encontraba el uzumaki vestido impecablemente con una camisa blanca y unos elegantes pantalones azul marino junto a una mesa adornada con varios platos visiblemente apetecibles. Seguramente el baka se había pasado la tarde cocinando, era el que mejor cocinaba de los dos, fruto de haber vivido toda su vida sólo. La ojijade tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad para que la sonrisa con un ligero rubor que le regaló al uzumaki no se convirtiese en un salto sobre su fuerte torso para que la llevase al dormitorio y la hiciese suya toda la noche. Se sentaron ambos con un ligero sonrojo en sus rostros, como si fuesen dos adolescentes en su primera cita, y comenzaron a degustar los platos en medio de una amena charla. Entre ellos no existían los silencios incómodos ni el miedo a meter la pata, antes de ser novios fueron mejores amigos, y se conocían a la perfección. Tras terminar con una langosta que estaba perfecta, a juicio de la pelirrosada, el rubio decidió pasar al ataque.

-Sakura chan… ¿te pasa algo últimamente conmigo? ¿He hecho algo mal?- preguntó el rubio con un tono de preocupación.

-¿algo contigo?- preguntó con desconcierto la ojijade. Una cosa era ejercer un poco de presión con su plan y otra muy distinta era angustiar a su esposo, al padre de sus hijos. De eso nada. Le tomó la mano con ternura desde su asiento.- Cariño, no pasa nada malo, no te preocupes.

-Es que… últimamente te noto distante… y hace mucho que no… ya sabes…

-Ah… si… lo siento cariño, no es culpa tuya… es que estoy bastante estresada últimamente en el trabajo…

-¿Y eso? Quizás pueda ayudarte…- ofreció el ojiazul, sinceramente interesado porque su esposa estuviese bien.

-verás…- comenzó a exponer Sakura, iniciando el último paso de su plan maestro.- es que últimamente he tenido que ampliar trabajo en el hospital, dejarlo todo preparado por si me eligen hokage… no quiero que mi sucesor se encuentre un puesto caótico si es que tengo que dejarlo… y claro, es bastante duro, llegó bastante cansada y solo puedo dormir y leer… lo siento si te he hecho sentir mal.- se disculpó la kunoichi mientras su esposo le tomaba la mano con más fuerza.

-Cariño, no tienes que esforzarte tanto. Ya se verá que hacemos si sales elegida…- contestó con algo de culpa el uzumaki a su esposa. Él podría evitar eso…

-Lo sé, pero quiero de veras adelantarlo… y eso sin contar que si me dan el cargo sería muchísimo peor…- aquí Naruto tragó con terror, ¿peor que estar tres semanas sin disfrutar de su diosa de cabello rosado?- ten en cuenta que es un trabajo muy exigente y me absorberá en muchas ocasiones todo el día… no tengo la vitalidad o la habilidad de hacer clones que tienen otros…- dejó caer la kunoichi, cerrando ya definitivamente la trampa. Naruto, aunque tarde, se dio cuenta de hacia dónde iba la conversación y frunció el ceño.

-Un momento… tú estás haciendo esto para obligarme a aceptar el cargo. ¡Me chantajeas con sexo!.- se quejó un enfurruñado uzumaki, arrancándole una mueca divertida a la ojijade. Parecía un niño de treinta años al que le habían quitado su juguete favorito en ese momento.

-Amor mío…- dijo Sakura con un tono suave, mientras se levantaba de la silla y se dirigía a su marido, que miraba para otro lado con ese ceño fruncido.- No te estoy chantajeando con sexo.- declaró, mientras rodeaba el cuello del uzumaki con sus brazos y se sentaba en sus rodillas, notando la obvia erección del susodicho todo sea de paso. La ojijade tuvo que hacer un esfuerzo para no excitarse ella también al sentirlo.- sólo te digo la verdad: yo podré cumplir y atender a mi familia como buenamente pueda, sobre todo teniéndote a mi lado; pero no lo haré tan bien como tú. Tienes la energía de cien hombres, lo sé bien.- proclamó en un suave susurro esto último al oído del rubio, erizándole el vello.- si tú lo aceptases nuestra vida en familia no se vería tan afectada como si yo lo hiciese.- concluyó, mirándole a los ojos fijamente. Jade contra zafiro, otra vez en liza.

-¡Cachorro!- bramó un aterrado kurama desde el interior del rubio. El Kitsune quería evitar como fuese que el uzumaki aceptase, eso significaría que sus cacerías y batallas se reducirían drásticamente.- ¡no te dejes manipular, que nos encierras detrás de una silla para siempre! ¡te lo digo por experiencia, que estuve sellado en la esposa de un hokage!

-Lo…- repuso el ojiazul, notando su voluntad ceder por segundos.- lo dices para que acepte, tú también eres una kunoichi excepcional…

-Bragazas…- respondió el nueve colas mientras rumiaba la derrota. Ese demonio de pelo rosa era demasiado astuta…

-Lo sé.- se enorgulleció la médico.- y estoy casada con un shinobi aún mejor.- declaró, mientras jugaba con las marcas zorrunas de su esposo, arrancándole una sonrisa.- un shinobi que ayudará a muchísima gente desde ese despacho. Además… - comentó con un tono muy sugerente mientras se aproximaba a la oreja del rubio, que incluso contuvo la respiración.- ¿no te he hablado nunca de la erótica del poder? No te imaginas las ganas que tengo de hacértelo con esa capa puesta…- concluyó, mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja del uzumaki y poniendo el último clavo en el ataúd de la determinación del jinchuriki.

Naruto descendió con su mano derecha hacia los muslos de la pelirrosada y acarició levemente su ropa interior a través del hueco de la falta de su vestido aprovechando la posición de ambos. Estaba sumamente húmeda. Ya de por sí, el uzumaki la encendía a diez mil por hora. Pero sólo el imaginársele con uniforme… digamos que esa noche ninguno de los dos durmió, y al día siguiente tampoco fueron a trabajar. Tenían muchísimo tiempo que recuperar. Ambos. Y a la mañana siguiente a la siguiente, la uzumaki presentó acompañada de su esposo su renuncia, dejando a Naruto como el candidato elegido en la reunión del consejo. No todo fue color de rosa, por supuesto, la médico le dejó claro a su esposo que su familia estaba como mínimo al mismo nivel que su puesto de hokage y que no iba a permitirle descuidarse. Es más, sólo podía cenar fuera en ocasiones excepcionales, como una guerra mundial o la resurrección del juubi, el resto de veces la cena se servía a las nueve y sus hijos y ella le estarían esperando. No es que Naruto tuviese pensado hacer otra cosa, adoraba estar con su familia, y tampoco era buena idea enfadar a las féminas uzumaki, que mostraban todas un carácter capaz de derruir la torre hokage hasta los cimientos.

En fin, que Naruto fue nombrado hokage, tomando posesión con su pequeña Hanami en brazos y sus otros tres hijos, acompañando a una enorgullecida Sakura, escoltándole, dando inicio a una nueva era dorada en la historia de la aldea de la hoja. Aunque no todo fueron celebraciones: tras su primer día de papeleo, con su cerebro a punto de estallar, el rubio se prometió a si mismo que mandaría requisar y quemar cada copia de ese diabólico libro de cubierta verde que leía su esposa, estando convencido de que había sido determinante a la hora de convencerle. Pero no era nada que no se evaporase como agua al sol cuando llegó a casa de noche y se encontró a su diosa de piel nívea tumbada de forma sugerente en la cama e iluminada por la luz de las velas, con un elegante picardías de encaje negro que resaltaba esos pechos que le volvían loco y ese trasero escultural y ese pelo rosado largo regando las sábanas blancas de su dormitorio.

-He dejado a los niños con Ino…- comentó con tranquilidad, sin quitar esos orbes verdes brillantes por el deseo de un obviamente excitado uzumaki. Mordiéndose sensualmente su carnoso labio inferior, continuó hablando.- dígame, ¿en qué puedo servirle… hokage sama?


Y final. Me ha gustado escribir mi primera historia corta sobre mi pareja favorita, y dar mi versión de la familia uzumaki. Como veis, el quererse no está reñido con ser un poco egoísta, y al final el rubio acabó cediendo ante los encantos de su gran debilidad. El libro de lisistrata existe, y Si buscáis en google veréis su argumento y entenderéis totalmente el plan de Sakura. Que le vamos a hacer, es una desgracia ser hombre y estar enamorado, nos manejáis como queréis. Aunque la recompensa... creo que Naruto sale contento.

espero que os guste, seguiré con el final de "A La Luz", que es un NaruSãra y con Kitsune no Kibo, mi obra principal. Y seguramente, en un futuro no muy lejano, haya más de estos dos por aquí. Un saludo!