Hate this Feeling

Resumen: Fue cuando notaron que, para dos seres orgullosos como ellos, aquél momento mezclado con alcohol y acompañado de besos sin sentido les demostraba que eran débiles y, amargamente, aceptaron que odiaban ese sentimiento. Laxus/Mirajane. Two-shot.

Pareja: Laxus Dreyar-Mirajane Strauss.

Género: Familia, Drama, Angustia, Romance (?).

Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.

Capítulo Dos: La debilidad de Mirajane.

Escrito por: Amaya-chan.


Lisanna está muerta.

Para Mirajane Strauss no había realidad más grande que aquella. Lisanna, su hermana pequeña, su retoño, había muerto y todo era su culpa. Era una sensación extraña la que le calaba internamente y la hacía llorar y gritar mientras golpeaba lo primero que se le atravesara en el camino.

―Mierda, mierda, ¡MIERDA!

Dio un golpe en seco a un árbol bastante robusto y lo partió por la mitad, su mano comenzó a botar sangre y casi pudo jurar haber oído el crujir de sus huesos, pero no le importó. El dolor que le recorría aquella zona de su cuerpo no era nada comparado con lo que sentía en su alma.

Puta vida.

―Lisanna no debió haber muerto ―cayó de rodillas y alzó la mirada hacia el cielo, los nubarrones que se estaban formando anunciaban una próxima tormenta.

Tampoco le importó mucho.

Apretó los puños con fuerza, mordió su labio inferior, y comenzó a golpear el piso con todo lo que podía, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas y la sensación de inutilidad, fracaso, culpa y odio la consumían internamente. Por allá, en alguna parte de su recóndita y confundida mente se acordó de su otro hermano, Elfman.

Pobre, él debía estar pasándola peor que ella, después de todo, su hermano…

¡No! No podía pensar que Elfman tenía la culpa por perder el control sobre sí mismo. ¡Ella era la responsable! Por algo había nacido con el rol de la hermana mayor… ¡para proteger a los pequeños que le seguían!

―L-lo siento, Lisanna, Elfman ―sollozó―¡Es mi culpa, mi culpa! ―gritó con toda su fuerza, llenando el solitario bosque donde se encontraba de un triste y lastimoso eco.

Ella debió haber muerto, no Lisanna… no su tierna y cariñosa hermana menor.

Se levantó como pudo y comenzó a trastabillar hacia Magnolia nuevamente, debía buscar una manera de apaciguar aquél estúpido sentimiento que la embargaba. Tenía que reponerse, botarlo todo y ser fuerte por Elfman, pero en ese momento no tenía ni el valor para verlo de frente.

―Es mi culpa… si fuera más fuerte…

No iría de vuelta a Fairy Tail. No, de eso nada. No quería la compasión ni la lástima de nadie, ella misma se repondría de su pérdida. Además, en el gremio estaban igual que ella, no serviría de nada unirse a una cuerda de inútiles que cargaban con su propio dolor.

Las gotas de lluvia comenzaron a caer en el momento en que puso un pie en la ciudad, fue un torrencial aguacero que la empapó en menos de un minuto, tampoco hizo nada por cubrirse. Sus lágrimas se mezclaron con la dulce llovizna y, en medio de aquél triste torrencial de agua, comprendió que era débil.

Bajó la mirada y comenzó a andar en medio de un tumulto de gente que corría a todos lados buscando resguardarse de la lluvia, pero ellos la ignoraban y ella tampoco les prestaba atención.

Fue en ese momento que pensó en Natsu.

Recordó su expresión choqueada, su cuerpo perdiendo fuerzas y cayendo de rodillas al suelo, las lágrimas amontonándose en sus ojos, la ira recorriendo su ser y la manera en que dijo: Todos menos ella…

Posiblemente no lo hubiese querido decir en serio, preferir que los demás muriesen en lugar su hermana, pero comprendía que entre Natsu y Lisanna siempre hubo algo más que aprecio mutuo, al menos sabía que por parte de su hermana sí.

En medio de su delirio, recobró algo de sí misma y fue en ese momento en que cayó en cuenta del lugar donde había llegado a parar, ¿cómo terminó allí?, quizás sus pies la guiaron sola buscando consuelo o alguna manera de poder sobrellevar ese dolor tan grande que sentía –ni siquiera la vez que Erza le rompió unas cuantas costillas se podía comparar con aquella opresión tan grande que sentía en su pecho-, pero de alguna manera u otra se encontró a sí misma ahogándose en alcohol en un bar de mala muerte.

Ahora, trastabillaba entre la consciencia y la inconsciencia buscando la manera de llegar a casa o el camino más rápido hacia la muerte –en realidad no sabía cuál de las dos era la opción correcta-, quiso abofetearse a sí misma al pensar en matarse. No podía mantenerse en pie, y apenas podía recordar quién era. Su mente divagaba en un remolino de emociones confusas, dolorosas y persistentes que apenas sintió el impacto de su cuerpo contra otra.

De lo débil que estaba, terminó cayendo al piso.

―Mirajane ―alzó su rostro un poco para encarar a la persona que la llamaba. Le tomó un minuto reconocer al hombre de cabello rubio y facciones fuertes.

―Laxus ―murmuró ella, casi a modo de pregunta, no muy segura si estaba o no acertando con el nombre de la persona. Eso la frustró, no poder reconocer a nadie, ¿tan patética se encontraba?

El hombre se quedó en silencio mientras ella se ponía en pie con mucha dificultad, pero no la ayudó. Tambaleó un poco y casi estuvo cien por ciento segura que terminaría en el piso nuevamente. Miró al supuesto Laxus con cierta duda y se acercó con lentitud. ¿Realmente era Laxus? Tocó su rostro, pero sus manos no parecían reconocerlo, entonces optó por la opción que, de haber estado cuerda, habría considerado como la más estúpida de todo el mundo.

Lo besó.

No era la primera vez que sucedía algo así entre ellos, quizás algunas dos o tres veces antes por algún simple coqueteo, era como mero orgullo entre ambos por ver quien controlaba a quien.

Pero en ese momento aquél torpe y absurdo contacto no tenía esa intención, Mirajane solo deseaba saber que no estaba loca y que aún podía diferenciar más allá de la realidad y de la fantasía.

Sonrió un poco, casi imperceptiblemente, antes de que perdiera totalmente el control de su cuerpo y cayera de picada al piso. Solo en ese momento sí comprendió que Laxus realmente estaba allí y que no le importaba haberlo besado.


Cuando despertó, en realidad no estaba ni peor ni mejor que su estado anterior previo a la inconsciencia, puede que ya no dijera tantas incoherencias, pero seguía teniendo dificultad para recordar o poner nombre a ciertas cosas, aun así su mente trabajaba con un poquito más de claridad.

Por ello, no cayó en cuenta de que su cuerpo estaba relativamente desnudo, salvo por una camisa que le cubría hasta un poco mas por debajo de sus muslos. Tampoco es que en ese momento le importase.

No reconoció dónde estaba, a pesar de haber entrado en la habitación de Laxus anteriormente, aunque cabía resaltar que no era con fines de perversión carnal. Se levantó de la cama y casi terminó en el suelo nuevamente y se asomó por la ventana.

Notó que aun seguía lloviendo a cantaros, como si no hubiese un mañana, quizás el cielo entendió que para Mirajane el mañana seguía siendo incierto, aterrador y oscuro.

―Mirajane ―Volteó al oír que la llamaban y se encontró con la mirada fastidiada de Laxus, quien se encontraba recostado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados―, si ya estás bien apresúrate y lárgate con tus penas para otro lado. No necesito lloronas en mi casa.

Mordaz, cruel y sincero, Mirajane se sintió tan sumisa que casi no se reconoció a sí misma. Asintió levemente y comenzó a caminar unos cuantos pasos antes de tropezar con sus mismos pies y caer de cara contra el piso.

El bufido molesto de Laxus le dio a entender que su paciencia se estaba agotando y, sorprendentemente, la de ella también.

―Si tanto te molesta tenerme aquí ―comenzó mientras se levantaba, usando aquél tono tétrico que la hacía tan famosa―, no me hubieses traído. Im-bé-cil.

Laxus sintió la vena de su cabeza palpitar ante la rabia. ¿Cómo osaba esa mujer a llamarlo imbécil?

―Créeme, me arrepiento de eso, puta ―siseó―. Debí dejar que murieras allí en la lluvia, luego tu hermano se habría suicidado como un pendejo y así el mundo se queda sin dos débiles más.

―¡No te metas con Elfman! ―exclamó exaltada ante la posibilidad de que su hermano terminara con su vida.

Ambos se miraron por un largo rato. Un duelo de miradas entre dos seres orgullosos

―¿Qué pasa, Mirajane? ―Laxus habló con media sonrisa―¿Te duele la verdad? Lisanna está muerta, tú casi terminas igual por estúpida y débil, no me sorprendería que a este paso, tu hermano siguiera el mismo camino. ¡Qué hermoso! Amor fraternal, o vivimos todos o no vive ninguno.

Mira apretó los puños con fuerza, mientras que la rabia y la impotencia la consumían. Alzó su mano y trató de estrellarla contra la mejilla de Laxus, pero él detuvo el golpe antes.

―No eras ni la sombra de quién fue Mirajane ―murmuró el hombre con desprecio―. Débiles como tú solo deberían morir.

―Lo sé… ―admitió, luego de un silencio corto―. Debí haber muerto yo, no Lisanna.

Su labio inferior comenzó a temblar y, sin previo aviso, volvió a caer de rodillas. Laxus, quien ya había soltado su mano, miró no sin sorprenderse como Mirajane comenzaba a llorar en silencio, apretando los puños, soltando maldiciones hacia todos y rogando que se la llevaran a ella y no a Lisanna.

Fue en ese momento que Laxus se sintió culpable.

Pasó una mano sobre su rostro, en señal de frustración, y se agachó a su altura. Inseguro de qué hacer, solo se limitó a sentarse a su lado mientras Mira lloraba como una niña y mostraba su lado más vulnerable.

―No es tu culpa, Mira ―le dijo.

―Sí lo es ―respondió ella, escondiendo el rostro entre sus rodillas, sintiéndose impotente al verse reducida a una mierda llorona.

―No, no lo es.

―¡Que sí lo es! ―insistió, frustrada.

Laxus se quedó en silencio un momento, miró hacia otro lado y suspiro.

―Bueno, sí es tu culpa ―soltó al final. Mirajane sintió una opresión tan grande al oír a otra persona ajena a ella admitir la verdad, aun así sonrió―. Y como es tu culpa, debes aprender a vivir con ello, ahora tienes otro hermano que cuidar, ¿no?

Mirajane lo miró directamente, sorprendida de que Laxus Dreyar, el maldito y arrogante Laxus Dreyar, la estuviese aconsejando. Solo en ese momento realmente pensó que sí era nieto del maestro.

―Sigue viviendo ―continuó él, mirándola fijamente a sus ojos azules―¸como si no hubiese un mañana. ¿Eres débil, no? Generalmente los débiles tienden a tener más ganas de vivir que los fuertes, supongo que es su instinto de supervivencia, así que usa esa ventaja para seguir por ti, por Lisanna y por Elfman.

Laxus se sintió patético, ¿desde cuándo él era el consejero del gremio? Aun así, los ojos azules de Mira se iluminaron al oír sus palabras, mientras él seguía balbuceando cursilerías estúpidas y consejos patéticos, quizás el alcohol que había tomado en su sala, mientras que esperaba el despertar de Mirajane, ahora le estaba haciendo efecto. No notó como sus caras se iban acercando nuevamente, ni siquiera le prestó mucha atención cuando la mujer tocaba su rostro con suavidad y tampoco se molestó en el momento en que Mira cortaba su monólogo rosa sobre la vida y estampaba sus labios contra los suyos.

¡Qué situación tan absurda!

Él, que siempre se quejaba de la debilidad de su gremio, reducido a nada solo por un par de besos con sabor a vodka.

Él, que siempre era el que mandaba en todo, cayendo en las redes de esa mujer.

Él, el gran Laxus Dreyar, siendo débil.

La perspectiva de Mirajane Strauss tampoco era muy diferente. Sabía que, si aquello continuaba, no encontraría a Laxus a su lado cuando el día de mañana llegara, pero no le importó.

¿Vivir la vida al máximo? Parecía ser una opción viable. Mañana se levantaría, cambiaría, sacaría su mejor sonrisa para el mundo y agradecería a Dios de estar viva otro día más. Porque Lisanna no había muerto, siempre estaría en sus corazones, y ella se encargaría de hacerlo recordar siempre con una brillante sonrisa y con las ganas de vivir más grandes de todo el gremio.

Sí, lo haría, por ella, por sus hermanos, por el mundo, inclusive por Laxus.

Fue cuando notaron que, para dos seres orgullosos como ellos, aquél momento mezclado con alcohol y acompañado de besos sin sentido les demostraba que eran débiles y, amargamente, aceptaron que odiaban ese sentimiento.

Pero, ¿qué hacer? Tenían que seguir viviendo con eso en sus corazones y el recuerdo de una noche desenfrenada de pasión que, a la final, no llevaría a nada en concreto aquella disparatada relación.


Fin


A/N: No tengo muchas cosas que decir. Esta idea iba a ser de otra forma, pero terminó convirtiéndose en esto ._., bueno, ¿qué se hace? Gracias por tomarse un tiempito para leer mis disparates y ojalá que les haya gustado.

Si pueden dejarme un review, se les agradecería en el alma.

Gracias: Dream Weaver Dili, LuFFy Eucliffe, Juli-nyaan, CocoDriloDeLaCaleta

Ama-chan off!