LAS FASES DEL DUELO
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el reto "Hogwarts a través de los años" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
2
Barty Crouch Jr.
Furia
—¡MADRE! ¡MADRE! ¡No me dejes aquí! ¡MADRE!
Grita con todas sus fuerzas. Aferrado a los barrotes de su nueva celda, consciente de que la mujer no puede oírle, Barty no puede quedarse callado. Los guardias han aparecido por el pasillo un par de veces y han amenazado con maldecirle si no mantiene la boca cerrada, pero el chico no les hace ningún caso. No puede porque su alma es un torbellino de emociones y necesita hacer algo, lo que sea, para dejar de sentirse así.
—¡HIJO DE PUTA! ¿Me oyes, padre? ¡ERES UN CABRÓN! ¿Cómo puedes hacerme esto? ¡PADRE!
Escucha algunas risas. Los presos que todavía no se han vuelto locos parecen encontrar muy divertida su actitud y Barty desea matarlos a todo. ¿Es que no entienden que él no quiere estar allí? No es justo que le esté pasando eso. Es joven y su propio padre lo ha mandado a Azkaban para que se pudra allí, entre dementores y asesinos. Y no puede aceptarlo. Le parece increíble que su madre haya consentido esa barbaridad y desea con todas sus fuerzas que ella le escuche y le saque de allí porque Azkaban es horrible. El peor sitio en el que nadie querría estar jamás.
—¡MADRE! ¡Por favor! ¡AYÚDAME! Madre.
El sollozo le deja sin voz. Hunde la cabeza entre los hombros y se siente desesperado. No quiere estar allí, por Merlín. No quiere tener que vivir confinado entre esas cuatro paredes, no quiere escuchar a Bellatrix Lestrange mientras se ríe de él y no quiere gimotear con desesperación cuando los dementores vienen y le roban sus recuerdos. Una parte de sí mismo que lleva mucho tiempo medio muerta en su interior le dice que en el fondo se merece lo que le ha pasado, pero Barty lucha por acallarla porque no se lo merece. Él no. Nunca.
Está convencido de que su lucha era justa. Odia ver a todos esos asquerosos sangresucias pasearse por el mundo mágico como si les perteneciera y tuvieran derecho a estar en él. Los odia a todos y se siente feliz y pleno cada vez que uno de ellos se muere. Y tampoco le importa lo que les ha pasado a los Longbottom porque eran el enemigo y porque deberían haber hablado. Todos dicen que lo que hacía antes estaba mal, pero Barty confía en que algún día se den cuenta de su error y entonces vendrán a buscarle. Se imagina el rostro de su padre cuando eso ocurra, cuando tenga que tragarse sus palabras y llevarlo a casa y un nuevo arrebato de ira hace que su cuerpo se mueva espasmódicamente. Los dedos se cierran alrededor de los barrotes y vocifera con todas sus fuerzas.
—¡PADRE! ¡Eres un cabrón! ¡Sácame de aquí! ¡SÁCAME!
Grita y llora y araña el hierro de los barrotes. Todo al mismo tiempo, incapaz de controlar la furia. Incapaz de aceptar la situación porque a esas horas debería estar tomándose una copa o disfrutando de compañía femenina o torturando a algún puñetero muggle porque no merecen estar vivos. Debería poder disfrutar de su juventud.
Se aleja de los barrotes y le da una patada a la pared. No hace caso del estallido de dolor en el pie. Da puñetazos al aire y destroza su mugriento catre y se arroja contra las frías piedras una y otra vez, intentado apaciguar sus sentimientos, buscando una forma de escapar de esa injusticia. No la encuentra y sólo se queda quieto y callado cuando los dementores vienen otra vez. Entonces se refugia en un rincón, se cubre la cabeza con las manos y gimotea mientras el frío y la desesperación apaciguan su alma.
Cuando esos seres se van, Barty se tumba de medio lado y siente cada una de las magulladuras que él mismo se ha provocado durante su arrebato anterior. Solloza y se abraza las rodillas mientras llama nuevamente a su madre. Está demasiado cansado como para que su enfado perdure.
