N/A: Siento muchisimo la tardanza! en verdad lo pensaba subir justo una semana después, tenía puesta la meta de subir un capitulo semanalmente. Pero mi cuenta dejó de funcionar, no se por qué ni si ha sido un fallo exclusivo de mi cuenta o del la web, pero no me dejaba salir de la pagina principal cuando entras. Bueno, pongo las notas de autor originales:
Hola! La verdad es que se me olvidó poner notas en el prologo… pero bueno, supongo que da igual primero que nada:
Ni Inuyasha y Shugo Chara me pertenecen, son de sus respectivos autores.
La historia está situada más o menos en la segunda temporada de Shugo Chara y en Inuyasha no estoy muy segura… pero Kagome tiene entre 16-17 años, así que ya ha pasado un tiempo con Inuyasha y el resto del grupo.
Mi idea en un principio era emparejar a Kagome con Ikuto, pero no es nada definitivo y sobre todo la historia no será únicamente sobre eso, también quiero ver las relaciones de Kagome con el resto de los personajes de la serie. Luego… he estado pensando en agregar a algún otro personaje de Inuyasha, pero no estoy segura, denme sus opiniones.
Este capitulo es más o menos para aclarar la situación, así que no pasa mucho, ¡pero ya vendrán cosas interesantes! ¡lo prometo!
Muchas gracias a Mere Mitsuky Taiyoukay y a pau5001
Y creo que ya está… aquí va el cap
—Hola papá.
—¿Qué haces aquí?— fue un murmulló apenas audible, cargado de una ira y un resentimiento para nada propios de aquel hombre.
—Tengo que pedirte un favor— Kagome respiró hondo aguardando una respuesta. Había esperado tener una conversación civilizada antes de explicarle el verdadero motivo de su visita.
—¡¿Qué?— inquirió él subiendo el tono de voz, parecía bastante indignado.
—No te pongas así— le espeto entonces Kagome, olvidando momentáneamente el enorme favor que necesitaba de él— soy tu hija, ¿no podrías por lo menos disimular que te desagrado tanto?
El hombre respiró hondo, intentando calmarse. En cierto sentido tenía razón. Después de todo, por mucho que no quisiera saber nada de ella, era su hija. No podía describir la sensación de verla, a ella, a una parte de aquel pasado tan desagradable que intentaba dejar atrás, allí sentada en su sala de estar. Internamente agradeció que Amu y Ami estuvieran en el colegio.
—Está bien— suspiró— cuéntame que pasa. Pero no puedo prometerte nada.
Kagome asintió aliviada, al parecer su padre había cambiado. Parecía una persona más tranquila, más feliz y relajada. Se preguntó internamente si por fin había superado sus problemas con el alcohol.
—Bueno…—empezó vacilante. Ya tenía lo primero, su padre había accedido a escucharla, pero ¿y ahora? No había pensado en que le diría exactamente.— ¿qué fue lo último que supiste de nosotros? ¿Mama y tú volvisteis a hablar después de que te fueras?
—No. Bueno, en realidad si, tu madre me llamó una vez hace unos años, me invitó al funeral de tu abuelo.
—ah— fue lo único que pudo decir Kagome. Aunque no era un dolor reciente, la muerte de su abuelo todavía le producía un pequeño retortijón en el estómago.
—Kagome ¿a qué viene todo esto?
—Hace cosa de un mes, quizás un poco menos…— y entonces paró. Siempre era difícil decir las siguientes palabras, no solía poder decirlas con tranquilidad, no era capaz de no soltar alguna lágrima cuando las decía. Pero ahora no podía montar un numerito, no delante de él— Mamá… murió.
Su voz tembló, parecía que se rompería en cualquier momento, pero aunque las lágrimas acudieron raudas a sus ojos el hombre frente a ella no se dio cuenta. La miraba fijamente, pero en realidad no la veía a ella.
—¿Qué?— preguntó, con la vana esperanza de haber oído mal.
—Por favor, no me hagas repetirlo, por favor— suplicó Kagome, apartando la mirada y concentrándose en sus manos, solo entonces se dio cuenta de con cuanta fuerza había estado retorciendo su chaqueta, tenía los nudillos blancos y sus manos temblaban levemente. Se concentró en dominarlas y esperó pacientemente a que su padre asimilara sus palabras.
—¿Es una broma? Es una broma ¿verdad?— preguntó desesperadamente el hombre todavía mirando a Kagome y suplicando que esta empezara a reír y dijera que era tonto por haber caído en algo así.
Pero sus suplicas no dieron resultado. Todo siguió donde estaba, nadie apareció de repente, la chica frente a él no movió un musculo, dándole la respuesta que necesitaba. Enterró la cabeza en sus brazos y dejó que sus ojos derramaran lágrimas. ¿Cómo debía enfrentarse a esto? ¿Su exmujer estaba muerta? Pero no era posible… Naomi no podía haber muerto, no ella.
—¿cómo?— preguntó, con la voz ronca por el llanto contenido.
—Accidente de tráfico— respondió Kagome, con la voz rota, y Tsumugu vio como apretaba todavía más la chaqueta, en un esfuerzo por controlarse.
Sacudió la cabeza con incredulidad, tenía que ser un sueño, si, era eso, en nada se despertaría de aquella horrible pesadilla y todo volvería a ser como era antes. Solo que no lo era, todo era demasiado real, Kagome era demasiado real, el dolor era demasiado real.
—¡oh!— se escuchó exclamación sorprendida que venía desde la puerta de la sala. Él reconoció rápidamente la voz, y le dirigió una mirada cargada de dolor. Ella, más sorprendida que asustada se acercó lentamente a donde estaban padre e hija y dejó el té que había estado preparando. Se sentó al lado de su marido y durante unos segundos esperó una explicación.
—Kagome, ella es Midori, mi mujer— empezó Tsumugu con vacilación—Cariño, ella es…mi hija, Kagome.
Midori pegó un brincó y abrió la boca con asombro, al tiempo que estudiaba más detenidamente a la chica sentada enfrente suyo. Tenía pelo largo, casi hasta la cintura, rizado en suaves hondas en las puntas, de un negro azabache con reflejos azules. También vestía de riguroso negro. Y eso, junto con su piel cenicienta y su peso excesivamente bajo le daban un aspecto fantasmal. No parecía para nada la hija de la que su marido le había hablado, aquella hija que estaba llena de energía y no paraba quieta ni un segundo.
—Encantada— se las arregló para decir.
—Igualmente— su voz encajaba con su aspecto, triste, pero cuando levantó la mirada y por fin pudo ver sus ojos no pudo estar más sorprendía, allí, en esas orbes marrones que la miraban con tranquilidad descubrió una fuerza y tenacidad excesivas para su edad.
—Mi exmujer— continuó Tsumugu, como si nunca le hubieran interrumpido— es decir, su madre, hace un mes… ¿murió?
La última palabra sonó más como una pregunta cargada de súplica, y los ojos verdes del padre se encontraron con los castaños de la hija, ella asintió levemente, deseando que el momento se acabara.
—Lo siento mucho— murmuró Midori, sin estar muy segura de si debería irse.
Todos guardaron un momento de silencio, cada uno ensimismado en sus propios pensamientos, hasta que Kagome, con vacilación empezó.
—Papá…— hizo una pequeña pausa, reuniendo valor — recuerdas a Souta ¿no?
Tsumugu asintió sorprendido, sin saber que rumbo estaba tomando la conversación. ¿Cómo no iba a recordarle? El hijo al que nunca había conocido. Ese hijo que se había enterado de su existencia cuando ya tenía otra esposa que esperaba otro hijo.
—Pues él… va a quedarse con una familia cerca de aquí. Tuvo suerte, ya que decidieron adoptarle casi inmediatamente, dicen que perdieron a su hijo o algo así… Pero eso no es lo que quiero decirte. La casa de esa familia esta muy cerca de aquí. Pero yo estoy preocupada. Souta todavía es un niño, ha crecido sin un padre y ahora ha visto morir a su madre. No quiero que ahora tenga también que alejarse de su hermana, no quiero dejarle solo.— hizo una pausa, miro fijamente a su padre, que asentía comprensivo.—Yo… se que es mucho pedir pero… Si pudiera quedarme aquí una temporada… ¡Solo serían unos meses! Es que quiero estar cerca de Souta, que tenga alguien de confianza con quien hablar mientras se acostumbra a su nueva vida… Además, me ocuparía de todas las tareas de la casa que me pidierais, ¡soy muy buena en eso! Y no tendrías que verme mucho, puedo pasar la mayor parte del tiempo en la calle… Se que es mucho pedir pero… pero… por favor.
Su voz se había ido apagando al tiempo que observaba la expresión de su padre. Iba a decir que no, iba a darle otra vez la espalda. Maldita sea, Souta no parecía el mismo desde el incidente, estaba taciturno incluso con ella ¿E iba a tener que dejarle solo? Ahogó un sollozó, lo que no iba a permitir era que aquel desgraciado la viera llorando. Sostuvo la mirada de su padre y esperó pacientemente a que salieran las palabras y la última llama de esperanza muriera.
—Dios— pero fue otra voz la que se escuchó— pobrecitos, eso es horrible. Tenemos que hablarlo más, pero supongo que no podemos quedarnos de brazos cruzados. Así que si no es mucha molestia… Tsumugu ¿Podemos hablar en la cocina?
Él asintió y se levantó, dejando a una asombrada Kagome petrificada en el sofá. Aquella mujer tenía un corazón de oro. Y eso era tan raro de encontrar. Durante los minutos que el matrimonio estuvo hablando Kagome se bebió su te en un intento por relajarse. Observó al sala con más detenimiento. Era bonita, no muy lujosa, pero tampoco pobre, de colores claros y luminosos y grandes ventanas. Unos pasos la devolvieron a la realidad, observó como su padre y su mujer llegaban a la sala. Estaba apunto de preguntar, cuando se dio cuenta de la enorme sonrisa que mostraba la mujer… En una pregunta muda la miró fijamente a los ojos, y sin necesidad de palabras ella asintió felizmente.
—¡Gracias!
