La Promesa de una Sacerdotisa

ACLARACIONES:

-Dialogo

-"Pensamientos…"

-FLASH BACK-

_*-*_*-*_ Cambio de escena

Está demás decir que Naruto no me pertenece, al igual que ninguno de sus personajes; esta historia no está escrita con fines de lucro, solo por mero entretenimiento y espíritu creativo.

Sin más que decir…espero y disfruten la lectura ;)

Capítulo I: La leyenda de una hermosa curandera

Sus ojos no perdían detalle de los alrededores. Cualquier ruido o movimiento anormal lo hacían levantar sus defensas y prepararse para el ataque. En esos momentos no estaba en condiciones para una batalla, pero no había muchas más opciones para alguien como él.

En el mundo ninja, era luchar o morir.

Pero todo se veía tal como aquella mañana. No había nadie por los alrededores, no había nadie asechándolo a la espera de su guardia baja. Solo estaba él en aquel amplio pedazo de bosque. Eso lo tranquilizó algunos minutos.

Cuando determinó que el perímetro era seguro y recolectó un suministro de provisiones prudente, decidió regresar al lugar que en los últimos días se había transformado en su guarida. Con la misma cautela de siempre se internó en el bosque, enfocándose en las sutiles señales que marcaban el camino hasta llegar a su destino.

Observó la gran pared de hiedra que cubría la entrada de la cueva e ingresó a la oscuridad, la cual apenas era mitigada por una pequeña luz de una lámpara de aceite.

Sus ojos se enfocaron en un bulto que yacía apoyado en la pared y que parecía estar dormido. Gruñó ante eso.

-Suigetsu – Llamó con clara advertencia. El ninja no tardó en despertar al notar la peligrosidad de aquella voz.

-Oh… ya regresaste, Sasuke. – Se estiró perezosamente, bostezando en el proceso - ¿Cómo está el mundo exterior?

-Igual que siempre – Respondió con clara irritación.

Dejó las provisiones en un rincón y luego se enfocó en otro bulto que yacía un poco más escondido en la oscuridad. Frunció el ceño al notar que su chakra parecía consumirse un poco más cada día.

Sasuke miró al espadachín, quien observaba a la chica con detenimiento –Cada vez está peor – Chasqueó la lengua mientras sus ojos se enfocaban en la pequeña lámpara cuya luz amenazaba en apagarse en cualquier momento – Aun no comprendo, si tiene esas extrañas cualidades curativas, ¿Por qué no usarla en sí misma?

El Uchiha desvió su mirada a la joven que yacía inconsciente. Había sido envenenada en un enfrentamiento contra unos shinobis renegados de la arena, miembros de una patética organización que buscaba revelarse contra el gobierno del Kazekage.

Patético, pensó el Uchiha al verles.

Pero admitía que la batalla había sido difícil, especialmente por su conocimiento en técnicas de largo alcance y su vasta gama de venenos, los cuales les habían afectado considerablemente, pero gracias al sello maldito y a las propiedades liquidas de Suigetsu, las consecuencias habían sido menores para los tres hombres de Hebi. No así con Karin. La chica había recibido un golpe certero en su estómago, causando un profundo corte que había dañado seriamente sus órganos vitales. Apenas la batalla terminó, descubrieron que la joven había conseguido arrastrarse hasta la orilla del río y al borde de la muerte. El arma aún estaba enterrada en su cuerpo. El filo de la espada había sido completamente bañada en veneno y era inmune a todas las hierbas medicinales que ellos conocían para contrarrestarla.

Ya habían pasado dos días desde aquel ataque y ahora se encontraban allí, gracias a su torpeza, detenidos en medio de la nada, a la merced de cualquiera que quisiera darles caza y a la espera de alguna milagrosa recuperación o en su defecto su muerte.

-La herida se está infectando cada vez más – continuó el espadachín – Es cosa de tiempo para que ella muera, Sasuke.

El Uchiha cerró los ojos unos instantes, sopesando una vez más aquella posibilidad. Karin era una pérdida importante, su capacidad de rastreo lo había llevado a pistas cruciales para encontrar a su hermano. Si ella moría, la posibilidad de encontrarlo se reducía aún más. Gruñó algunas maldiciones. La búsqueda se estaba haciendo cada vez más extenuante y sentía que el tiempo se le hacía más escaso.

Nuevamente un breve rayo de luz se coló en la cueva. Ambos hombres observaron a Juugo, el cual ingresaba con un aire sereno.

-Sasuke-san – llamó con su habitual solemnidad – creo saber cómo podemos salvar a Karin.

El líder de Hebi entrecerró los ojos – ¿Qué has averiguado?

El gran hombre se aproximó hasta ellos y se sentó a su lado, sin dejar de mirar a Karin cuyas respiraciones dificultosas eran lo único que se escuchaba en la cueva.

-Las aves me contaron sobre una muchacha, dicen que es una sacerdotisa, una curandera.

-¿Sacerdotisa?

-Sí. Dicen que sus poderes curativos son excepcionales. Quizás ella pueda ayudarnos.

Sasuke se mantuvo en silencio algunos segundos, sopesando esa posibilidad. Miró a Karin quien balbuceaba algunas incoherencias y suplicas para que el dolor se detuviera. Apretó los puños, sintiendo impotencia hasta que finalmente se enfocó en Juugo que esperaba su respuesta con paciencia.

-¿Dónde está?

El hombre suspiró – Ese es el problema. Dicen que es una viajera errante, muy difícil de encontrar. Extrañamente se queda en un lugar fijo.

-Genial – Siseó el espadachín, cruzándose de brazos – Entonces no creo que sea una opción muy viable.

-¿Dónde fue la última vez que la vieron? – Insistió el Uchiha

- En la Aldea del Arroz.

Hubo un breve silencio. La aldea estaba a dos días de su ubicación, tiempo que era crucial si querían que su compañera sobreviviera.

– En ese caso, tendré que apresurarme para encontrarla.

-No quiero ser aguafiestas ni nada por el estilo, pero ¿escuchaste lo que dijo Juugo? – Se enderezó, desperezándose en el proceso – Es una "viajera errante" – Recitó enfatizando las comillas - No hay muchas posibilidades de encontrarla o que siga en esa aldea.

-Sea como sea hay que intentarlo, Suigetsu – reprendió el pelinaranjo, haciéndolo gruñir entre dientes. Volvió a enfocarse en su líder – He mandado a un par de aves a investigar. Llegaran pronto con información un poco más certera de donde poder comenzar la búsqueda.

Sasuke asintió, mientras se levantaba - De acuerdo – Emprendió camino hacia la salida – Búscame apenas tengas noticias.

-Sí.

Salió del lugar, ignorando los alegatos de Suigetsu al no poder tener la misma libertad que él o Juugo para abandonar la cueva. Suspiró, tratando de deshacerse de la pesadez y el cansancio. Se sentía sofocado por el encierro y los quejidos de Karin.

Caminó hasta un claro donde comenzó a entrenar y botar su frustración. Estaban perdiendo un tiempo valioso.

Sabía que podría irse y reclutar a cualquier otro shinobi con las mismas capacidades que Karin, sin embargo, una parte de él se lo impedía. Gruñó algunas maldiciones, sin poder borrar de su cabeza la imagen que había evitado semejante acto de cobardía.

El equipo siete.

Esa estúpida lealtad e instinto protector que había aprendido a alimentar en su tiempo como gennin, aún se mantenía latente en su corazón. Cada miembro de su equipo actual tenía algo que le recordaba al equipo siete. Juugo tenía la calma de Kakashi, Suigetsu la malicia de Naruto y Karin era el vivo recuerdo de Sakura. Por eso, cuando la opción de abandonarla surcaba por su mente, la culpa le carcomía los sesos.

La frustración de aquel recuerdo lo hizo fruncir el ceño. Sostuvo su espada y volteó velozmente deteniéndose a escasos milímetros del rostro de Suigetsu. Sasuke no pudo evitar una sonrisa burlona al ver la pisca de terror que surco el rostro del espadachín ante el filo de su arma.

-Si no te conociera, pensaría que querías cortarme en pedacitos – Musitó, intercalando sus ojos entre él y el arma que no dejaba de apuntarle

Sasuke cerró los ojos - Es una posibilidad – respondió, mientras enfundaba su espada, ignorando la mirada fulminante de Hozuki

-Eres un bastardo, ¿sabías?

-¿Han encontrado algo? – Respondió el Uchiha, haciéndolo fruncir el ceño

-Sí – Masculló, cruzándose de brazos – Las avecitas mensajeras de Blancanieves han traído información – Dijo con un tono burlón. Chasqueó la lengua ante la indiferente mirada de su líder - Al parecer nuestra princesa errante no está muy lejos, así que debes apresurarte.

Sasuke emprendió camino hacia la cueva, seguido por Suigetsu. En la entrada estaba Juugo, quien lo esperaba con impaciencia.

-¿La han encontrado?

-Sí. Al parecer está en una aldea cercana.

-¿Cómo sabes que es ella grandulón?

Jugo acaricio al ave – Las aves no olvidan a quienes les ayudan, Suigetsu – Murmuró. Nuevamente sus ojos buscaron a su líder – Si se apresura podrá alcanzarla, Sasuke-san

-¿Dónde está?

-En un pueblo a 20 kilómetros de aquí, hacia el Sur – Miró al ave y ella comenzó a sobrevolar por sus cabezas – Ella le guiará y le informara de cualquier cambio de dirección.

-Bien

Con rápidos movimientos invocó a una de sus serpientes, la cual se deslizó hasta la pierna de Suigetsu, enredándose peligrosamente hasta llegar a su cuello.

-¡Eh! ¡¿Por qué quieres matarme con este bicho?!

Sauske lo ignoró, enfocándose en la serpiente – Mantenme informado.

El animal siseó, ajustándose más a Suigetsu, quien dejo escapar un resoplido ante la presión – En serio, Sasuke, ¿tanto me odias?

Uchiha comenzó a caminar, siguiendo al ave que de vez en cuando desaparecía y luego regresaba a su encuentro. Sasuke vio como en algunas ocasiones comenzaba a interactuar con otras aves, sin duda intercambiando información.

-Vaya, esos bichos resultaban ser útiles al fin y al cabo.

Continúo sin descanso, corriendo y caminando a ratos. Finalmente llegó a la aldea. Era un pequeño pueblo, típico punto de viajeros que estaban de paso. Observó los alrededores en busca de alguien con quien poder conseguir información, pues el ave luego de llegar allí, desapareció dejándolo a su suerte.

Continuó caminando algunos minutos más, hasta llegar a una pequeña posada. Una anciana estaba sirviéndole el té a unos viajeros, quizás era un buen comienzo.

Se detuvo a escasos metros para que ella detectara su presencia. La anciana lo observó y le sonrió con afabilidad.

-Buenas tardes, joven – Hizo una pequeña reverencia - ¿Qué puedo ofrecerle?

-Estoy buscando a alguien.

-Oh…- musitó la mujer. Le indicó un asiento que Sasuke rechazó amablemente - Pues dígame el nombre de quien busca. Este pueblo es pequeño y yo soy la más anciana del lugar, de seguro podré ayudarle.

-Por lo que tengo entendido no es alguien de este pueblo, es una viajera. Dicen que es una sacerdotisa curandera.

La anciana abrió ligeramente sus añejados ojos – Oh, habla de esa joven – murmuro con voz cálida – Andalus-san.

-¿Andalus? – Repitió con un dejo de extrañeza. Jamás había escuchado nombre semejante.

Los hombres que la anciana había estado atendiendo con anteriormente, comenzaron a reír entre dientes a su lado. Sasuke los miró de reojo.

-Ey, muchacho, ¿Tú eres una de sus tantas conquistas? Entonces súmate al club – Sasuke frunció el ceño, pero guardo silencio esperando alguna pista que le fuese de utilidad

-¡No diga tontería, Hideki-san! – Reprendió la anciana. Miró al Uchiha y sonrió – No le haga caso, joven. Sucede que Andalus-san es muy popular entre los hombres. Cuentan leyendas míticas sobre ella y su belleza.

-¿Leyendas Míticas?

Hideki dio un sorbo a su té y luego e volteó a mirar a Sasuke – Al parecer no eres uno de sus admiradores, ¿eh? – Sonrió – Pero ten paciencia, si logras encontrarla entenderás a lo que me refiero – Hizo una dramática pausa – Se dicen mucha cosas sobre ella. Hay quienes que aseguran que su belleza es la de una sirena.

-¿Dicen? – Preguntó un hombre a su lado - ¿Acaso tú no la has visto?

-¡Claro que no, idiota! – Masculló irritado – Ella cubre su rostro para evitar que los hombres caigan bajo sus encantos, al menos eso es lo que dicen los rumores. Sin embargo, vi sus ojos – Respondió, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban ante aquel recuerdo. Volvió a enfocarse en Sasuke mientras sonreía – Te lo aseguro muchacho, esos ojos son de una gitana. Su mirada es capaz de hacerte perder la noción del espacio y del tiempo. Una vez que te atrapan no te dejará escapar.

Un tercer hombre lo secundó – Yo también tuve la oportunidad de ver sus ojos, y créeme chico, después de ella dudo poder encontrar a alguna mujer que me haga sentir embrujado, y eso que solo me miró unos segundos.

Hideki volvió a sorber su té – Así que si te encuentras con ella, ten cuidado. No vayas a ser una víctima más de sus encantos.

El uchiha arqueó una ceja - Qué estupidez – Pensó, esbozando una sonrisa burlona.

La anciana resopló, colocando sus manos como jarras – Los hombres son tan básicos – Masculló, indignada. Volvió a enfocarse en el Uchiha quien dejaba a entrever su fastidio ante tanta palabrería que para él resultaba inútil – Aunque no niego que los ojos de Andalus-san son hermosos. Son como bolas de cristal. Es como si tuviera capacidad de ver el alma de cualquiera, incluso cuando la conocí me sentí algo expuesta ante ella.

Hideki asintió con exageración - ¡Es cierto, Kana! ¡Es como si pudiese ver tu verdadero ser!

Kana asintió - Ella es un ángel.

-Por lo visto, la admiran mucho – Musitó, mirando a la anciana, en un intento por obtener la información que necesitaba.

-¡Por supuesto! Andalus-san curó a todos los heridos y enfermos del pueblo. Fue como un milagro. Incluso a aquellos que estaban al borde de la muerte o en un sueño de varios años, ella los curó. Antes de partir, bendijo a nuestra gente y sus cosechas y no aceptó absolutamente nada a cambio. Fue una verdadera luz en nuestras vidas. Desde su aparición las cosas nos han ido mejor.

Sasuke frunció el ceño. Por lo que pudo entender, esa joven se había ido hacía un tiempo -¿Sabe dónde está ahora? – interrumpió el Uchiha, invadido por la impaciencia. Ya había perdido un tiempo valioso escuchando las banalidades relacionados con la belleza de esa extraña joven, cosa que no le interesaba en lo más mínimo.

La anciana suspiró – Lo siento, muchacho. Ella se marchó. No dijo a donde se dirigía. Al parecer nunca lo hace, para evitar que personas como Hideki-san la persigan – Dijo, mirando reprobatoriamente al hombre en cuestión

-¿Al menos sabe qué dirección tomó? – Insistió, intentando obtener alguna pista de utilidad

-¡Yo también quisiera saberlo, Kana!

-¡Y yo!

Los tres hombres comenzaron a reír ruidosamente, ganándose una mirada reprobatoria de la anciana. Sasuke los ignoró, intentando reunir toda la paciencia posible.

La mujer meditó algunos segundos, recordando las últimas palabras de la joven hasta que finalmente apunto hacia el este – Tomó ese camino. Intuyo que se dirige hacia Tori no kuni. Es la aldea más cercana a la nuestra. Es todo lo que puedo decirte.

Sasuke asintió ligeramente hacia la mujer – Hn. Gracias.

Emprendió camino hacia aquella dirección. No se detuvo aun cuando Hideki habló tras su espalda.

-¡Eh, muchacho. No te olvides de mis palabras! ¡Esa mujer será tu perdición y si sobrevives a ella, serás leyenda!

Ignoró las burlas de los hombres, apretando los puños con fuerza. Había tenido que utilizar todo su autocontrol para no hacerle tragar su Chidori ahí mismo. Exhaló y luego se enfocó en el camino. Al menos tenía una noción de dónde poder encontrarla.

Mantuvo su rumbo hasta que el ave de Juugo apareció cerca de los límites de la aldea. Comenzó a volar por encima de su cabeza y luego se desvió un poco. Miró al ave detenidamente y la siguió. Caminó entre medio de los follajes hasta llegar a lo profundo del bosque. El sonido de una cascada cató su atención. Por mero instinto se aproximó hasta el lugar. Sus ojos volvieron a vislumbrar al ave que daba vueltas por alrededor, sobrevolando una zona determinada. Sasuke fijó su atención en aquel punto, logrando visualizar algo en la orilla.

La cortina de agua que caía por la cascada dificultaba un poco su visual. Activó su Sharingan en un intento por captar mejor la imagen. Ahí, en la orilla había alguien. Era una sombra cubierta por una larga capa negra, roída por el tiempo. Sus movimientos eran lentos y pausados, como si el tiempo no importase, aun cuando la noche estaba próxima. Sus delicadas manos viajaban hasta el agua para llevarla hasta su rostro, el cual estaba protegido por la capucha de su capa.

A pesar de no conocer la imagen de aquella mujer, Sasuke no dudo por un segundo que se trataba de quien buscaba. Con agilidad se dejó caer en una roca cercana- sus ojos se enfocaron en la mujer quien se había levantado, colocándose a la defensiva. Emanó chakra en sus pies para poder caminar sobre el agua, intentando ser cauteloso para no espantarla. No podía ver su rostro pero podría asegurar que estaba asustada. Ella dio un paso hacia atrás, mientras acomodaba algo bajo la capucha. Retrocedió otro paso, dispuesta a huir.

-¿Tú eres la sacerdotisa, Andalus? – pregunto antes de que ella pudiese emprender su huida

La mujer pareció estremecerse. Sasuke no perdió detalle de cómo llevaba una mano hasta su pecho, apretando algo por encima de la tela. Parecía estar paralizada por el miedo. Frunció el ceño ante su actitud. Era extraño, pues nada en él daba señales de querer lastimarla.

Finalmente luego de varios segundos de silencio, la mujer pareció relajarse y asintió.

-Te he estado buscando. Necesito tu ayuda.

La joven mujer lentamente había bajado sus defensas, pero mantenía un aura de nerviosismo que le genero extrañamente una sensación de nostalgia.

-¿Qué quieres de mí? – Preguntó por fin. Su voz parecía estar contenida por algo. Una máscara intuyo.

-Un miembro de mi equipo está gravemente herido. Fue envenenado y si no recibe tratamiento médico, morirá. Necesito tu ayuda para curarla - Andalus se mantuvo en silencio, irritándolo de repente. Esbozó una ligera sonrisa, llevando una mano hacia su espada mientras alzaba la barbilla con altanería – Te advierto que aun cuando tu respuesta sea un no, te llevaré conmigo.

La joven sujetó su pecho ante su amenaza – Esa… persona…-Hizo una pausa, como si temiese formular la pregunta- ¿Es alguien importante para ti?

Sasuke cerró los ojos, bufando con brusquedad – No – sentenció con una convicción que la estremeció –, pero la necesito. Sin ella no podré encontrar a quien busco y no puedo permitirme perder más el tiempo del que ya he perdido.

Andalus lo examino por largos segundos, haciéndolo sentir incómodo. No podía ver su rostro, tampoco aquellos míticos y mágicos ojos suyos, pero sabía que lo observaba y se sentía expuesto, tal como aquella anciana le había dicho.

-¿Y bien? – Siseó impaciente – ¿Será por las buenas o por las malas?

La mujer suspiró – Yo no le niego la ayuda a nadie – Murmuró con voz queda - Llévame hasta donde está.

.

-Hn.

Sasuke comenzó a caminar hacia ella, notando su tensión. Cuando estuvo a escasos centímetro intentó ver su rostro, pero ella agachó la cabeza, intentando ocultarlo aún más bajo la oscuridad de su capucha. El Uchiha frunció el ceño y siguió de largo, sintiendo como ella volteaba para mirarlo.

–Debemos darnos prisa – Masculló autoritario

Andalus lo miró alejarse mientras el ave de Juugo comenzaba a bailar sobre su cabeza. La joven le sonrió al reconocerle. Aquella ave la seguía a todos lados desde que había curado su ala rota, pero había desaparecido misteriosamente hace un par de días.

-Me extrañaba no haberte visto, ¿dónde estabas? – El ave miró a Sasuke, quien volteó impaciente

-¿Te quedaras ahí?

La joven exhaló irritada, mordiéndose la lengua en un intento por retener el insulto que quiso escapar de sus labios antes de comenzar a seguirlo.

Luego de un par de horas de viaje sin descanso, llegaron al lugar a la mitad de la noche. La joven observó la gran hilera de enredaderas que protegía el refugio de Hebi y frunció el ceño reprobatoriamente al imaginarse donde se encontraba la joven herida. Al ingresar, dos hombres le devolvieron la mirada al Uchiha para posteriormente fijarse en ella.

-¡La encontraste! – Exclamó el espadachín con exagerada sorpresa – Vaya, es cierto que para ti no hay imposibles, ¿eh?

Juugo se acercó a ellos, haciendo una respetuosa reverencia en dirección a la joven –Muchas gracias por ayudarnos.

-Es un placer.

Sus ojos comenzaron a vagar por la oscuridad de la cueva, enfocándose en el bulto que yacía al fondo de la cueva. Caminó hasta ella, sin pedir permiso y se arrodilló a su lado. Delicadamente sus manos corrieron sus flequillos, humedecidos por el agua de las compresas frías y el sudor. Karin respiraba agitadamente y balbuceaba incoherencias. No había que ser inteligente para darse cuenta de su crítico estado. Sus ojos la examinaron detenidamente mientras la destapaba para concentrarse en la herida en su abdomen. Comenzó a sacarle las vendas, teniendo dificultad en las últimas corridas que se pegaban en la piel por la materia. Un ligero olor nauseabundo golpeó su nariz, indicándole el nivel de infección de aquella grave herida.

-Es peor de lo que me imaginé – Musitó, entrecerrando los ojos. Alzó la vista y un brillo intenso logró percibirse en la oscuridad

Sauske sintió que su corazón se detenía por un instante, a pesar de la oscuridad, podría jurar haber visto un destello color jade.

-¿Qué tipo de sangre posee? – Uchiha apenas pudo darse cuenta que se dirigía específicamente a él

-No lo sé.

Suigetsu suspiró – O positivo - Juugo y Sasuke lo miraron con un dejo de extrañeza, a lo que él se encogió de hombros – ¿Qué? Tengo buena memoria.

La joven asintió. Buscó por debajo de su capa y sacó un viejo pergamino. Mordió su pulgar dejando que un par de gotas de sangra cayesen sobre el papel, logrando invocar algunas cosas, específicamente equipo médico.

Sasuke frunció el ceño. Aquello dejaba en claro que aquella mujer era una medic-nin.

La joven extrajo un poco de la sangre de Karin, la cual se coaguló casi al instante. Colocó un poco de la muestra sobre algunas láminas, hasta que una de ellas reaccionó emanando un ligero brillo lila. Con dificultad, por la escasa luz, leyó el número de la lámina para comenzar a rebuscar entre unos frascos. Cuando lo encontró, comenzó a llenar una jeringa con un líquido verdoso y empalagoso. Le inyecto el líquido a la joven justo en la zona de la herida. A los pocos segundos Karin comenzó a gritar y aullar de dolor, estremeciendo la cueva.

-¡¿Qué le estás haciendo?! – Chilló el espadachín, incómodo por los gritos de la joven

-Estoy intentando que todo el veneno que está depositado en sus órganos vitales viaje hasta la herida – Respondió sin mirarle, encolcándose en aquella zona infectada.

No pudo evitar observar a la joven con verdadera compasión. Sabía que sufría y lo haría por mucho más, solo esperaba que su intuición no le fallara, y que la joven resistiera las próximas horas.

Sus ojos buscaron a Juugo – Por favor, necesitaré tu ayuda.

El hombre asintió y camino hasta ella, colocándose a su lado – ¿En qué puedo ser útil?

-Sujétala – Ordenó – Esto será doloroso, intentará resistirse y la necesito lo más quieta posible

–Entendido.

Luego miró al espadachín, quien pegó un brinco – Por favor, necesito agua – rebuscó un frasco y se lo lanzó – Cuando la tengas, viértele esto.

-¿Qué es? ¿Algún tipo de hechizo?

La mujer mascullo algunas cosas que ningún supo entender, pero los tres intuyeron que no había sido algo amigable – Es un purificador – Respondió por fin, sin ocultar su irritación - El agua del rio no es pura en su totalidad. Con eso lograré purificarla lo suficiente para comenzar la extracción sin causar que otros patógenos ingresen a su organismo, que de por sí, está muy debilitado.

Karin volvió a gritar, enloquecida por el dolor, resistiéndose al agarre de su compañero. Juugo, a pesar de su gran fuerza, apenas pudo contenerla sin hacerle daño.

-Apresúrate – Ordenó Sasuke, sin despegar su mirada de la joven

Suigetsu salió de su trance. Negó y camino hasta la salida de la cueva, mascullando algunas maldiciones mientras sujetaba un balde.

Andalus se arremangó ágilmente las mangas de su capa y lavó sus manos con un gel, cuyo aroma a desinfectante legó hasta la nariz del Uchiha.

– Necesito luz. Tú sabes hacer jutsus de fuego, quiero que enciendas una fogata.

Sasuke arqueó una ceja. Eso había sido una afirmación y una orden, sin lugar a dudas. Sin embargo, no dijo nada. No era el momento ni el lugar para hacerlo. Se aproximó hasta un amago de fogata y la encendió, aumentando la luz del lugar.

-Gracias.

A los pocos minutos Suigetsu regreso con el agua – Le vertí ese líquido extraño – murmuró mirando con desconfianza el balde – Espero que sea suficiente.

-Por el momento lo es – murmuró la joven – Pero necesitaré que de vez en cuando me ayudes a cambiarla.

-Bien.

Andalus fijó su atención en Karin. La joven segupia revolcándose del dolor, suplicando por su muerte.

-Aquí vamos.

Comenzó a emanar chakra sobre el balde, sujetando el agua y llevándola hasta la herida de la joven. Karin comenzó a gritar con más fuerza, luchando por escapar de aquello que le generaba aquel dolor tan intenso. Juugo luchaba por contenerla con la ayuda de Suigetsu, quien de vez en cuando debía ir a purificar más agua. Pasaron largos minutos en donde solo se escuchaba los gritos de Karin, los jadeos de Juugo en un intento por mantenerla quieta y la respiración agitada de la joven bajo su máscara. Finalmente la pelirroja comenzó a relajarse, su respiración se hizo un poco más acompasada hasta que finalmente se regularizó. La joven sacerdotisa logó extraer todo el veneno de su sistema para luego comenzar a cerrar la herida.

Andalus sonrió con dulzura al ver los cristalinos ojos de la chica asomándose entre sus parpados.

-Hola – Le saludó, esbozando una ligera sonrisa bajo su mascara

Karin parpadeó, desorientada – ¿Dónde...? ¿Quién…?

-Estás en un lugar seguro – respondió la mujer, mirando al Uchiha – Tu líder me pidió que te ayudara.

-Sas-sasuke-kun – Murmuró, esbozando una ligera sonrisa.

La mujer estrechó sus ojos y luego colocó un paño frio sobre la frente de Karin Descansa… has sido muy fuerte.

Karin obedeció, exhalando un cansado "gracias", quedándose dormida al instante.

Andalus la observó y luego se enfocó en Sasuke – Tienes a una luchadora en tu equipo. No cualquiera es capaz de resistir un veneno como este. Al paso que va, se recuperará en un día o dos – Se levantó, recogiendo sus cosas – Prepararé un ungüento para su herida, he logrado cerrarla y regenerar el tejido pero el daño es considerable. El ungüento logrará borrar la cicatriz – Se limpió la frente, aún sin deshacerse de su capucha a pesar de sentirse sofocada – También les dejaré una medicina. Deberá tomarla dos veces al día por una semana. Sugiero que descanse y que no haga sobre esfuerzos. Logré restaurar el funcionamiento de todos sus órganos, sin embargo, aún está muy débil y se demorara un poco en recuperar su energía – Su mirada se enfocó en Suigetsu – Por favor, procura que siga mis indicaciones.

-¿Eh? – El espadachín bufó – Genial, ahora me tocará ser la niñera de esa zanahoria – Andalus rió ligeramente logrando que Hozuki sonriera en respuesta – Pero si tú me lo pides, está bien, lo haré.

- Bien, regresaré pronto. Iré a preparar la medicina.

Salió de la cueva, justo en el instante que el sol se asomaba entre las montañas. Cuando se acostumbró a la luz se dirigió hasta el claro, dejando atrás una estela que a Sasuke se le hizo familiar. Estrechó los ojos se dispuso a seguirla. La encontró no muy lejos, preparando lo que les había ofrecido.

Sasuke la observaba en la distancia, analizando cada uno de sus movimientos en un intento por despejar sus dudas. Su piel nívea se asomaba por entre medio de la capa y era todo lo que podía contemplar, sin embargo, había algo en ella que se le hacía extrañamente conocido.

La mujer volteó a verle, aun bajo el resguardo de su capucha. Ella no bajaba la guardia, era claro que se estaba escondiendo de algo o de alguien.

-Listo – Se acercó a él con pasos lentos y cautelosos - Les sugiero que salgan de este lugar. El moho y la humedad no es bueno para la recuperación de un herido – Sasuke asintió, sin perder detalle de la nívea piel de sus manos al entregarle las dosis de la medicina y el ungüento – Ahora si no me necesitas, me retiro.

-Hn. Gracias.

La joven se tensó unos segundos y luego asintió - Fue un placer, Sasuke-kun – susurró, justo en el momento en que el viento sopló con intensidad, ondeando la capa la cual por breves instante reveló ante él los ojos de la chica. Su jade intenso lo estremeció y comprobó lo que aquellos hombres habían dicho. Eran como dos cristales que poseían cun embrujo que hacia desaparecer el tiempo y el espacio.

Sasuke regresó a la realidad cuando la joven ya llevaba un trecho de distancia. La observó desaparecer por el bosque, y por instante estuvo tentado en seguirla y evitar que se alejase de él. Incluso quiso obligarla a revelar su rostro.

-Rayos – masculló, negando con los dientes apretados

Miró la medicina y el ungüento para finalmente caminar hacia la cueva. Ahora que Karin estaba en vías de recuperarse, podría regresar a su misión, sin embargo había algo que ocupó su mente durante todo ese tiempo, y eran los hermosos ojos de Andalus, los cuales estaba seguro le pertenecían a una sola persona.

Sakura.

*o**o*o*o*

Hola-Hola!

Este fic esta en proceso de re-edición. La trama va a cambiar un poco, pero la idea es la misma que de un principio. Agregare y sacare algunas escenas a medida que vaya avanzando. Espero que ahora si, esta historia pueda ser temrinada como corresponda!

Cariños a mis lectores!

_NinfaOscura_