Harry Potter NO me pertenece ni sus personajes, es de la propiedad de J.K Rowling.
¡Buenas noches!
Bueno, primero que nada, ¡mil gracias! El fic tuvo un cálido recibimiento :) no saben lo contenta que me puso ver tantas notificaciones de seguidores y favoritos, y no nos olvidemos de los reviews:
topodelfuturo26; Malfoy (¡bienvenido! Gracias por el review c: ); Guest (¡bienvenida! Me alegró mucho leer eso :) ); Duhkha.
Muchísimas gracias a todos.
Este capítulo va a ubicar a varios los personajes en la historia, aunque no a todos.
No quiero quitarles más tiempo, ¡disfruten de la lectura!
Capítulo II: Frío caminar
Herms:
No sabes lo mucho que nos haces falta. Aquí en el cuartel, nos echarías una buena mano con esto de resolver casos y misterios. A Ron y a mi se nos da bien, pero sabemos que a ti te iría de maravilla... no por nada has sido siempre la más brillante de nuestra generación.
El cuartel de aurores es tan... inquieto. Todo está en constante movimiento; creo que lo odiarías, no se parece en nada a la biblioteca. Hay muchos papeles, sí, pero nada de silencio.
Por ahora, nos están impartiendo disciplina y fortaleza mental: legeremancia, oclumancia. No me está yendo muy bien... pero si practico sé que lo conseguiré.
Cuéntame cómo están las cosas en Hogwarts, qué tan cambiado está... y de paso también cómo te está yendo en la convivencia con Malfoy.
Debo irme, en quince minutos entro y encima debo llevar esto a la lechucería... creo que va siendo hora de conseguirme una nueva lechuza personal, a veces pienso en lo que ocurrió con Hedwig y me veo incapaz, pero de verdad que lo necesito.
Ah, lo olvidaba... mañana entraremos a una expedición lejos del cuartel para la investigación de un nuevo misterio. Estaremos fuera alrededor de tres días, así que si nos escribes manda las lechuzas a mi casa o a la de Ron, allí estaremos cuando regresemos.
Cuídate, y espero tu respuesta.
Harry.
Hermione dejó la carta sobre la mesa, mordiéndose los labios en un intento por amortiguar sus ansias. La segunda carta que recibía de sus amigos.
Habían pactado, antes de tomar por caminos distintos ese año, que se escribirían cada una semana. Ron, como siempre, terminaba escribiendo a última hora... pero eso a ella no le importaba, porque estaba feliz de obtener una vez cada siete días un pedacito de lo que ella podía decir que era su familia. Harry y Ron eran su familia...
En realidad, ella podría ahora estar junto a ellos si lo hubiera querido. La oferta de ingresar al Ministerio de Magia directamente después de la guerra, les llegó a los tres por igual; al mismo tiempo en que también les llegó la carta de Hogwarts. El resultado era el actual: Harry y Ron quisieron ingresar al cuerpo de aurores, y Hermione decidió terminar sus estudios mágicos.
Hermione se preguntó qué hubiera sido de ella si a lo mejor decidía ingresar al Ministerio cuando se lo propusieron. Tal vez le sería más fácil escapar de sus recuerdos, entre sus dos amigos; tal vez le sería menos doloroso pensar en ciertas cosas...
Pero no estaba ahí, y tenía que fijarse en su presente: se hallaba en Hogwarts, y era el último año que estaría allí.
Con la mirada perdida, contempló las afueras de la biblioteca por la ventana.
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1960-1998
En memoria a Severus Snape, director del colegio
Por su valentía, coraje y lealtad a Hogwarts y sus estudiantes a pesar de las circunstancias
Su alma estará entre nosotros,
Siempre
Draco dejó asomar sus labios a través de la fina bufanda de Slytherin que tenía enroscada cual serpiente alrededor de su cuello; si bien no había pasado ni un mes desde que había llegado al colegio, ya se empezaba a sentir el aire fresco y ventoso que, de a poco, traería el invierno.
Un remolino de hojas se generó con debilidad justo al lado del monumento que hicieron ese año en honor a su padrino. Las hojas se enredaron entre los pastos amarillentos, mientras más atrás la copa de los árboles se agitaba con pereza, haciendo rechinar la madera vieja de los troncos.
Habían colocado el homenaje cerca de la entrada al Bosque Prohibido, de espaldas al castillo, como si Snape estuviera a la espera de que algo saliera de entre los árboles. Aquella estatua, te invitaba a mirarla por el misterio que generaba. Era perfecto... representaba a Snape en toda su extensión.
No sabía cuánto tiempo llevaba en ese sitio de pie, contemplando cada detalle del monumento. El tallado era tan exacto, que se podría creer que petrificaron a Snape para luego pintarlo de gris y dejarlo ahí, con una capa ondeante y su rostro tan impasible como lo recordaba. Draco miraba fascinado la varita de piedra en su mano, apuntando hacia la espesura del bosque. Daba la impresión de que Severus estaba a punto de atacar a cualquiera que se atreviera a meterse en Hogwarts con malas intenciones.
Cuando vio por primera vez aquel tributo a su padrino, de casualidad cuando caminaba aburridamente a clases de Criaturas Mágicas, no pudo evitar saltarse la asignatura y quedarse toda la hora ahí, mirando con asombro la estatua. No sabía muy bien por qué, pero leyendo el grabado en el pedestal que estaba debajo de los pies de piedra, sintió ganas huir... pero de forma contrariada, también una extraña paz aflorar en su interior. Aquel hombre había sido uno de sus mejores ejemplos a seguir para él, adoraba las clases que impartía y todo lo que le consentía.
Nunca se había imaginado que Snape estaba en contra del Señor Tenebroso, y cuando se enteró, no se lo pudo creer hasta que empezó a unir un montón de piezas en su cabeza con los días. Con el tiempo también fue descubriendo nuevas cosas... cosas que no quería ni pensar.
―Señor Malfoy. ―el aludido despegó sus ojos del pedazo inmenso de piedra, y los posó sobre su nueva directora, que había aparecido de la nada a su lado. Draco esperó a que siguiera hablando, sin responder ―.Seguramente ya sabrá que debería estar en clase en este momento.
―Sí. ―confirmó él aburridamente, regresando su mirada hacia su padrino. Hubo un silencio aplastante en el aire, mientras que el viento empezaba a soplar más fuerte que antes. Oyó a McGonagall suspirar a su lado.
―Es la novena vez que se salta Pociones desde que el curso inició hace quince días. ―comentó, también ahora contemplando el monumento.
―Lo sé. ―admitió, sin arrepentimiento alguno en su tono de voz. Sabía que si pudiera retroceder en el tiempo e iniciar las clases otra vez, volvería a hacer lo mismo... no quería entrar a Pociones y ver a cualquier inadaptado arruinando su asignatura favorita de toda la vida. Le era impensable.
―Malfoy. ―la voz severa de la mujer cambió drásticamente, y Draco se sintió incómodo cuando vio que la directora se quitaba su sombrero puntiagudo y le miraba sin su acostumbrado ceño fruncido ―.Entiendo perfectamente por lo que debe estar pasando, pero por favor, usted es muy capaz y brillante en Pociones. Además, debe mantener una buena imagen, pues es uno de los Premios Anuales.
El rubio sintió un peso creciendo en su pecho, como si algo se estuviera acumulando, y quiso soltarlo todo. Quiso decirle que ella no entendía una mierda, y que en realidad nadie le entendería nunca. Que quería que lo dejasen en paz.
Aguardó unos instantes más, le dio la espalda y comenzó a caminar hacia el colegio, dejando a McGonagall en soledad junto con el monumento de Snape.
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Chupó con frenesí la punta de la pluma, arrugando el entrecejo mientras que buscaba a una considerable velocidad alguna palabra clave en aquel libro de Pociones que le diera la oportunidad de alargar más de lo necesario su informe para la clase. Era para entregarlo en dos semanas, pero ella lo quería tener listo para el lunes, como siempre: entregar las cosas antes de tiempo era crucial para quitarse los trabajos de encima y, además, ganarse los elogios de los profesores.
―¿Amortentia? Granger, ¿te mandaron a hacer un trabajo de cuarto curso o qué?
Dio un salto sobre la silla, moviéndola y generando un ruidoso chillido que hizo temblar la ventana delante de ella. La voz de Malfoy había sonado tan cerca de su oreja, que sintió incluso su aliento chocando contra su nuca, haciéndole cosquillas. Rápidamente se giró para mirarlo a la cara.
―Lo sabrías si asistieras a clases. ―contestó.
Draco rodó los ojos, recordando la escena que había tenido horas atrás en el patio con la directora McGonagall.
«Granger del futuro» pensó con malicia, y por un momento se sintió un poco mejor... esa sensación de molestar a alguien para obtener satisfacción ―.Prefiero seguir pidiéndole la tarea a personas que con gusto me la hacen y entregan, a cambio de ciertos favores que se relacionan con el placer.
Esperó la reacción de Hermione, y la obtuvo: sus orejas enrojecieron, y sus párpados se abrieron más de lo habitual. En ese mismísimo momento, aprendió que Granger no era nada buena en el área de la insinuación, y que probablemente le había caído como un cubeto de agua helada el hecho de que por primera vez él la hubiera llevado a ese punto en una discusión... o bueno, el inicio de una.
―Eres un... aprovechado. ―soltó ella, dándole la espalda con obvias ganas de dispar cualquier sonrojo de su cara.
―Es más. ―hizo como si Granger no hubiera dicho nada, con voz intencionalmente alta y caminando hasta quedar del otro lado de la mesa, enfrentándola ―.Es como un dos por uno: recibo tarea sin hacerla y, al mismo tiempo, también recibo placer sexual.
―Eso explica la creciente alegría de Nott. ―Contra todo pronóstico, en vez de buscar una respuesta que la hiciera retroceder, un gorgoteo brotó de su garganta.
Hermione contempló descolocada a Malfoy cuando le escuchó reír. Era como si su mecanismo de defensa -que se activaba cada vez que iniciaba una pelea con el aludido- se hubiera frenado de golpe, y su sangre se heló. Estaba segura de que esa era la primera vez que el rubio se reía así ante ella, sin malicia, sin disfrazar su risa con un rostro malicioso.
Si bien la situación iba de lo más extraña, le aliviaba que su nuevo y casi silencioso trato entre ambos, no se viera alterado por la última discusión que habían tenido, en la cual se habían insultado de una forma profunda.
Aunque la carcajada duró un par de segundos, fue lo suficientemente larga como para advertirle a Draco de que esa no era la reacción que debería haber acatado. Cortó la risa y desdibujó la sonrisa de su cara, sin quitarle los ojos de arriba a la Gryffindor que lo miraba de hito en hito.
Él sabía que le había mentido: no le mandaba a nadie a hacer su tarea, porque simplemente ni siquiera entraba a clase y tampoco hablaba con nadie... bueno, casi nadie: Nott era el único con el que se relacionaba sin necesidad de sentir incomodidad. Pero nada de eso le tenía que incumbir a Granger.
―¿No te recuerda acaso a Potty y a la comadreja? ―comentó, dibujando la sonrisa más malvada que pudo ―.Ah, no, cierto que eras tú quien les hacía la tarea... ―se frotó la barbilla, y de pronto abrió los ojos exageradamente ―.Vaya Granger, ¿acabo de descubrir algo que no tendría que haber descubierto?
―Ya déjame trabajar, Malfoy...
―Eso explicaría todo: tu les hacías la tarea, a cambio de favores sexuales... ―inhaló aire de golpe, como lo haría alguien al asustarse, y se llevó la mano a la frente ―.Joder, y todos estos años tomándote por mojigata santurrona. ―lo último lo dijo en un murmullo, el cual Hermione obviamente escuchó igual. La muchacha entrecerró los párpados.
―Ya ves, las apariencias engañan. ―vio que el rubio sonreía divertidísimo con todo eso, casi a punto de estallar en risotadas ―.Ahora vete. ―y subió el libro hasta taparse la cara y apartar a Malfoy de su área visual.
Pasó un minuto de silencio, en el que Hermione pensó en que a lo mejor Malfoy se había dado por vencido. Pero...
―Tengo una excelente idea, Granger. ―la segunda vez que se sobresaltaba, y el libro cayó sobre la mesa de madera en un golpe seco. Los brazos del Slytherin estaban a cada lado de su cuerpo, apoyando su peso sobre el borde del escritorio, y su anatomía detrás del respaldo de la silla en la que ella se hallaba sentada. El murmullo de Draco hablándole le había vuelto a erizar los vellos de la nuca, y Hermione se apretó contra la mesa, alejándose lo más que pudo de él. Le enfrentó, girándose para verlo.
―¿La idea se relaciona con dejarme en paz? ―preguntó perspicaz.
―Tu me haces la tarea de Pociones, y yo... ―para completar la muda parte que le faltaba a su oración, arqueó una ceja como si estuviera seduciéndola. La castaña demoró un par de segundos, pero terminó por echarse a reír. Se tapó la boca con la mano para ahogar su risa. Draco se detuvo un ínfimo instante para admirar la forma en la que sonaban las carcajadas de su compañera de torre.
―Muy buena Malfoy. Sobre todo porque piensas que te haré los trabajos.
―Con eso me das a entender que quieres cumplir con la otra parte del trato sin tarea siquiera de por medio. ―Hermione levantó la cabeza, apuntándole con la barbilla. Estaba a punto de responderle cuando, de la nada, un proyectil con plumas impactó contra la mesa ante ambos, barriendo pergamino, libros y útiles.
Lo que provocó que de la boca de Draco se escapara una sarta de tacos irrepetibles y se alejara casi un metro de ella, fue que el tintero saliera volando y lo salpicara de tinta por todos lados. Aunque no fue el único afectado, pues Hermione estaba tiesa y no se atrevía a abrir los ojos al sentir un líquido espeso bajar por su frente y viajar por toda su cara.
―¿Es que acaso esa maldita ave no muere jamás? ―farfulló, sacando un pañuelo de un bolsillo y pasándoselo por las salpicaduras de su rostro ―.Apuesto que el pobretón ya tendrá dinero a esta altura de la vida, ¿qué rayos le cuesta comprarse una jodida lechuza?
La Gryffindor hizo caso omiso al insulto que le dedicó Malfoy a su mejor amigo, y sin despegar sus párpados, tanteó de forma estúpida por encima de la mesa de madera en busca de su varita, consiguiendo mancharse más las manos.
―Maldita sea...
―Más a la izquierda... no Granger, izquier... vas bien, bien... falta poco... ―el rubio observó que Hermione posaba sus manos manchadas sobre el pulcro pergamino en donde había estado trabajando minutos atrás ―.¡Qué torpe! Granger, ¿es que no ves que está tu tarea ahí mismo? ¡La has estropeado!
―¡MALFOY! ¡Te voy a... AGGG! ―profirió en un grito. Confiar en lo más mínimo con Malfoy, significaba una pérdida de tiempo; acababa de comprobarlo.
―¿No querías encontrar la tare...
―¡Ya te vas a enterar! ¡No voy a quedar así para siempre!
Escuchó que a sus espaldas, el chico ahogaba un par de risas y se alejaba casi corriendo de ella. Un instante más, y el sonido del retrato de la entrada cerrándose se presentó en el aire.
Hermione tanteó un poco en el borde, y se halló con un trozo de tela. No demoró en pasárselo por todo el rostro, quitándose la tinta espesa de la cara y las manos. Cuando reparó en el desastre que había provocado Errol -el cual continuaba aún tirado sobre la mesa, como si estuviese muerto-, tomó su varita y de una sacudida regresó todo a la normalidad. También se quitó la tinta seca de encima de la ropa. Vio las huellas de sus manos marcadas débilmente sobre su papiro, y rechinó los dientes mientras quitaba todo rastro de la maldad de Malfoy.
Cuando su genio se transformaba, Draco podía convertirse de un momento a otro en un jodido niño insufrible y caprichoso que sólo obtenía satisfacción molestándola a ella.
Tomó la correspondencia de la pata de la lechuza, y abrió la carta.
Hermione:
Espero que Errol haya llegado a Hogwarts, ¿no es sorprendente? Puede que tenga problemas al aterrizar, al comer, al dormir, y al levantar vuelo... ¡pero qué lechuza tan duradera!
Hoy me toca tarde libre, porque mañana nos embarcaremos todos a investigar sobre un nuevo caso al otro lado de Inglaterra y no podremos contactarnos con nadie durante tres días. Estoy que no doy más de ansiedad, ¡nuestra primera exploración lejos del cuartel!
Dejemos de hablar de eso, seguramente Harry ya te ha dado lujo de detalles sobre cómo es el cuartel y qué hemos hecho. Quisiera que me contaras cómo van las cosas en Hogwarts. Me ha dicho Ginny que hay muchas cosas nuevas, pasillos nuevos o algo así, y que hicieron monumentos en honor a varios y muchas leyendas por las paredes que tienen que ver con la guerra. Debe ser horrible para ti... y para muchos más. Para mí lo sería... supongo que es para que nuevas generaciones que vayan llegando, sepan lo que sucedió y Hogwarts cuente la historia por sí sola.
No estoy de acuerdo, repito.
Si Malfoy te ha molestado o algo, juro que le enviaré un maleficio vía lechuza, así que puedes ir informándome.
Y bueno, sabes que por estos lados se nota tu ausencia. Esperaré tu respuesta.
Ron
Sin darse cuenta, estuvo mirando la carta solitaria sobre la mesa durante los próximos quince minutos, manteniendo su mente casi en blanco. Lo que la llevó a sacarla de sus ensoñaciones, fue la figura moribunda de Errol, que se removió casi a rastras sobre el escritorio en busca de qué alimentarse. La castaña se levantó a buscar algo para darle, y cuando se lo dejó a su lado, contempló con la mirada perdida a la lechuza que tragaba trabajosamente su comida.
Sus dos amigos parecían tan... emocionados. Habían dicho que la extrañaban -Ron, como siempre, indirectamente-, pero después de eso sólo habían escrito para contarle lo felices que eran y lo emocionante que iban sus vidas sin ella. Le supo egoísta pensar así.
«No...» se dijo, cerrando los ojos para no permitir que el escozor de sus ojos aumentara «Ellos se preocupan por mí, hasta me preguntan si va todo bien con Malfoy y conmigo... sólo es mi mente. Sí, todo es producto de mi imaginación»
Para cuando volvió a abrir sus párpados, se encontró con el trozo de tela arrugado y empapado en tinta en una esquina apartada del mueble. Frunció el ceño, pensando cuándo había ella utilizado algo así en su vida... y lo tomó, aplanándolo para presenciar varios trazos de tinta por aquí y allá. Era como la seda, de color verde botella en su totalidad, y tenía un bordado plateado alrededor. No necesitó nada de tiempo para darse cuenta de quién era aquello.
Hermione lo limpió con un hechizo, y casi como si estuviera cometiendo un delito, lo guardó con recelo dentro de uno de los bolsillos de su jersey.
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Espero que les haya gustado :)
Dejen reviews, que me anima mucho a seguir publicando, y gracias de nuevo por el recibimiento de la historia en FanFiction c: ¡nos vemos en la próxima!
Mayqui, ¡cambio y fuera!
