POV Severus

- ¿Qué diablos ha sido eso? ¿Cómo atreves a invadir mi espacio de esa forma? Ni siquiera tuviste la decencia de preguntarme si podías hacerlo, para tu información soy un experto en aparición, bastaba con que me dijeras a donde teníamos que ir.-

Estaba completamente fuera de mis casillas, este tipo parece creer que puede hacer lo que se le antoje, para colmo tenía una sensación extraña en el estómago, lo que fuera que acabáramos de hacer me provocó náuseas.

- Lo lamento profesor pero era más fácil si no pensaba mucho en lo que iba a suceder, no fue aparición fue orbitación, no dudo de sus habilidades, simplemente nuestro método es más rápido y le entiendo la primera vez también sentí unas náuseas de muerte.-

Quería estrangularlo con mis propias manos pero una voz nos interrumpió.

- Vaya, por fin han llegado, tuve que poner a calentar el agua para el té 2 veces, sin mencionar que mantener a Phoebe lejos de los bocadillos ha sido toda una hazaña.-

- No es verdad Piper, yo sólo quería asegurarme de que la comida fuera adecuada para recibir a nuestros invitados.-

- Sí claro, como si tuvieras alguna duda de la capacidad culinaria de Piper, lo que pasa es que como tú no sabes cocinar y en tu casa los pobres de Coop y de los niños deben conformarse con comida a domicilio, ahora que tienes oportunidad de comer de nuevo las delicias de Piper no puedes contenerte.-

- De acuerdo, me atrapaste Paige, extraño la comida casera, entonces, ¿podríamos pasar ya al comedor a comer... digo hablar de eso tan importante por lo que han venido?.-

Apenas en el instante que comenzaron a hablar miré a mi alrededor, habíamos "orbitado" al interior de una casa, parecía antigua y acogedora, se respiraba el ambiente de un verdadero hogar y había algo más, una extraña energía que emanaba de la casa misma, se sentía como si hasta las paredes tuvieran magia. Las chicas frente a nosotros, que por lo que pude escuchar, se llamaban Piper, Phoebe y Paige, eran jóvenes, treinta y pocos años les calculaba, y también eran muy hermosas, cada una a su modo.

Phoebe poseía un encanto algo salvaje, se veía que era impulsiva y rebelde, con cabello castaño y corto hasta la barbilla, ojos café oscuro, piel morena clara y ropa bastante ajustada y atrevida. Paige tenía una simpatía natural, ojos melados, cabello negro a la altura de los hombros y piel blanca como la nieve, alegre y divertida. Por su parte, Piper gozaba de una belleza mucho más dulce y discreta, se le veía fuerte y madura, ojos cafés, tez blanca, cabello castaño y largo, su sonrisa me recordaba a mi madre, tan encantadora y solícita.

Leo hizo las presentaciones formales, tras las cuales nos dirigimos al comedor, apenas sentarnos a la mesa y Piper nos sirvió té y bocadillos a todos, inmediatamente Phoebe hizo lo que dijo y atacó con todo a su comida. Dumbledore fue quien comenzó con la conversación.

- Bueno pues, como le dije hace un momento, es un placer por fin conocerlas, todas las historias que Gideon me ha contado sobre ustedes han sido sorprendentes aunque debo admitir que no les hizo la justicia que merecen, en verdad son hermosas.-

El viejo le guiñó el ojo y a las chicas pareció encantarles su comentario porque se deshicieron en sonrisas. Piper fue quien le respondió.

- El placer es nuestro director, la verdad es que estamos impresionadas, cuando Leo nos contó sobre ustedes y su mundo no lo podíamos creer, toda nuestra vida, o bueno, desde que descubrimos que somos brujas, jamás nos encontramos con alguien con varita ni nada por el estilo. Y luego está Hogwarts, la única escuela de magia que conocemos es la que dirige Gideon y, según nos dijo, no tiene nada que ver con la suya profesor Dumbledore.-

El sonido de la puerta interrumpió la charla, se escuchó un grito que decía "Marco", Phoebe que seguía entretenida con los bocadillos, contestó al mismo volumen "Polo". Unos segundos después entró al comedor una hermosa joven de piel blanca y tersa, cabello negro y largo, con los ojos verdes más preciosos que hubiese visto. Las 3 hermanas y los 2 chicos que había conocido antes reaccionaron al mismo tiempo, se pusieron pie y sonrieron a la recién llegada, Piper, Phoebe y Paige corrieron a su encuentro, la abrazaron y besaron sus mejillas. Leo y Gideon hicieron lo mismo. Todos con cara de auténtica dicha. Cuando acabaron de darle la bienvenida, se hicieron a un lado para que pudiera observarnos. Gideon dio un paso al frente y nos presentó.

- Prue, quiero presentarte al profesor Albus Dumbledore, director de Hogwarts y viejo amigo.-

Dumbledore le dio una de sus tan conocidas sonrisas embaucadoras, Prue sólo hizo un asentimiento a modo de reconocimiento.

- Y él es el profesor Severus Snape, profesor de Pociones en Hogwarts.-

Los ojos verdes vieron directamente a los míos, la mirada de esa chica, debo admitir, que pone los pelos de punta, sentía como estaba analizándome, tratando de conocer hasta mis más profundos secretos, ninguno de los 2 dijo nada al otro, sólo nos otorgamos un pequeño gesto de saludo. Imaginé que tendría unos 16 o 17 años así que esperé que saliera de la habitación y nos dejara continuar con nuestros asuntos pero mi sorpresa fue inmensa cuando la vi acercarse hasta la mesa y sentarse en el lugar que antes ocupara Piper, nadie salvo Dumbledore se inmuto por su acción, por primera vez el viejo fastidioso estaba tan confuso como yo. Como si fuera algo totalmente normal, Prue tomó el mando de la situación, su postura era de seriedad absoluta y las chicas a su lado se colocaron a forma de apoyo, protección y, por sobre todo, de respeto. Al parecer la ojiverde era quien mandaba en ese lugar porque incluso Gideon y Leo pusieron sus ojos fijos en ella a la espera de lo que pudiera decir.

- ¿Qué es lo que quieren?-

La pregunta nos tomó desprevenidos, todo iba saliendo a pedir de boca, bromas, halagos, hasta ese momento, era hora de hablar de lo importante pero, no entendía cómo alguien tan joven sería capaz de manejar aquello. Dumbledore dudó sobre si debía responderle pero se dio cuenta que no tenía alternativa, algo me decía que si se negaba a entablar conversación con ella nos echarían a patadas antes de siquiera dar las gracias por los bocadillo que, dicho sea de paso, sí que estaban deliciosos.

- Su ayuda, sólo eso señorita Halliwell.-

- ¿Sólo eso? Y dígame profesor Dumbledore ¿cómo exactamente es que podríamos ayudarlos?-

- Verá, nuestro mundo está a punto de entrar a una guerra, hay un mago tenebroso llamado Voldemort aunque también se le conoce como El-que-no-debe-ser-nombrado o El Señor Tenebroso. Lo que él quiere es gobernar al mundo mágico, a nuestro mundo, odia a los muggles, gente sin magia, y a los nacidos de muggles que pueden usar magia, a estos últimos, de manera despectiva, se les llama "sangre sucia". –

- Sí, sí, sí. Es un tipo nefasto con un ejército de dementes llamados "mortífagos" que lo siguen. Hace 15 años ya se libró una guerra en su contra, desapareció porque un niño llamado Harry Potter que no era más que un bebé logró sobrevivir a su ataque y, en apariencia, lo asesinó. Todos creyeron que había muerto hasta que durante el curso pasado de Hogwarts, en la final del Torneo de Los Tres Magos, por fin volvió.-

Vaya, sí que estaba enterada de las cosas. Todos nos notamos asombrados ante su astucia. Paige hizo en voz alta la pregunta que todos moríamos por hacer.

- ¿Cómo es que sabes todo eso?-

Prue se encogió de hombros como restándole importancia.

- La biblioteca de la Escuela de Magia tiene toda una sección sobre el mundo mágico.-

Pude advertir una sonrisa extraña y un brillo peculiar en los ojos de Gideon.

- Como sea ¿qué espera de nosotras Dumbledore? Espero que no pretenda que nos inmiscuyamos en su guerra, que arriesguemos nuestras vidas enfrentando a un loco al que ustedes deben derrotar.-

- De hecho sí, eso es lo que pretendo...-

Dumbledore iba a continuar con su discurso pero Prue lo interrumpió.

- ¿Por qué?-

- ¿Disculpe?-

- ¿Por qué lo haríamos? Evidentemente usted sabía de nuestra existencia y de todo por lo que hemos tenido que pasar para defender al mundo de los demonios y otras fuerzas malignas, sin embargo, jamás lo vi presentándose a nuestra puerta para ofrecernos su ayuda entonces ¿por qué merecerían ustedes la nuestra? ¿Por qué nos arriesgaríamos por salvar un mundo del que jamás hemos formado parte, un mundo que, hasta hace unas horas, era totalmente ajeno a nosotros? Y, más importante aún, ¿por qué deberíamos confiar en ustedes?-

No apartó la mirada ni un segundo del director, el aura de poder que procedía de la joven era de temer, incluso yo, el temible profesor de pociones, doble espía y experto en oclumancia no me sentía capaz de hacerle frente en una batalla y ni siquiera la había visto en acción. Además tenía que admitir que sus puntos eran válidos, habíamos venido aquí a pedirles que se sumaran a una batalla que no era suya, que apoyaran a personas que jamás habían siquiera visto y que se introdujeran a un mundo que desconocían. Y nuestra mejor excusa para hacerlo era "porque necesitamos todo el poder que podamos conseguir para derrotar al imbécil de Riddle".

- Porque ustedes son las Hechiceras, protegen a los inocentes y muchos morirán si no detenemos a Voldemort.-

Si eso era lo mejor que podía decir Albus, ya podíamos despedirnos de su ayuda.

- No podemos salvarlos a todos.-

La voz de Prue se notó afectada pero firme, era obvio que no estaba dispuesta a ceder sin una razón verdaderamente convincente y también era obvio que Dumbledore no la tenía, él había contado con que las buenas intenciones y las ganas de ayudar de las hermanas bastaran para convencerlas, craso error. El silencio se prolongó unos momentos, cuando creí que no había más por hacer y que nos iríamos sin obtener lo que vinimos a buscar, Gideon intervinó.

- Sé que es mucho pedir y que no están obligadas a hacerlo pero lo que Albus dice es cierto, muchos inocentes pagarán caro si Voldemort gana la guerra y, estoy convencido, de que su ayuda marcaría la diferencia, sólo les suplico que lo consideren.-

Las miradas que intercambiaron Gideon y Prue me descolocaron, fue como si entablaran una conversación en silencio, él le rogaba que cediera y ella se negaba pero, al final, terminó por ablandarse.

- De acuerdo, si tú crees que merecen una oportunidad estoy dispuesta a dárselas.-

Eso no me lo esperaba ¿iba a ayudarnos?

- ¿Entonces eso significa que podemos contar con ustedes?-

Dumbledore se percibía esperanzado.

- No, eso significa que deben convencerme que vale la pena apoyarlos y, sobre todo, que son dignos de nuestra confianza.-

- ¿Y cómo haremos eso?-

- Muy fácil, ustedes no tienen que hacer nada, yo iré a Hogwarts como una alumna más, nadie salvo ustedes 2 sabrán mi verdadera identidad, me adentraré en la vida del mundo mágico y conoceré a aquéllos a quienes pretenden que protejamos.-

- ¿Ir a Hogwarts? ¿Prue, estás segura? No conocemos ese mundo.-

- Tranquila Piper, tampoco conocíamos el nuestro antes de saber que éramos brujas, además, sólo así podremos saber la verdad. Al menos que ustedes tengan algún inconveniente.-

Oteó hacia Albus y yo, fue el director quien respondió.

- No, ningún inconveniente, me parece extraordinaria su idea Señorita Halliwell, será un privilegio tenerla en el colegio. ¿Cuántos años tiene? Si no es indiscreción claro.-

Hizo un leve gesto de frustración que no entendí, antes de contestar.

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- Perfecto, entonces ingresará en 5° año, le enviaré la carta de aceptación junto con todos los materiales que deberá llevar y las instrucciones a seguir, Severus vendrá después para mostrarles dónde pueden adquirirlos.-

No me molesté en llevarle la contraria, ya después hallaría el modo de vengarme de él por disponer de mi tiempo como suyo, además, me intrigaba ser yo quien introdujera a mi mundo a Prue Halliwell, sin duda sería muy interesante.

- De acuerdo.-

- Entonces así quedamos, ha sido un gusto haberlas conocido y haber llegado a un acuerdo, les aseguro que no se arrepentirán.-

- Eso espero.-

Sin decir más, el director se puso de pie, seguido por mí. Nos despedimos de todos y caminamos rumbo al porche de la casa, Leo y Gideon se ofrecieron a orbitarnos de vuelta pero yo me negué, no quería volver a tener esa sensación en mi estómago lo que me quedara de vida. Decidimos que nos apareceríamos en los límites del colegio, lo último que vi antes de desaparecer fueron unos ojos verdes.