¿Qué paaaaaasa?

Una semana no es mucho tiempo para actualizar ¿verdad? Me siento orgulloso de mi velocidad.

De la calidad no tanto, no tengo muy claro que la trama avanzara algo, pero disfrute escribiendo esto... y eso es bueno ¿No?

Como siempre os pido que me dejéis un comentario con vuestras criticas constructivas y sugerencias para mejorar.

Y ahora algo que he querido hacer siempre ... RESPONDER COMENTARIOS

TheAlienHeart: en mi opinión las buenas intenciones son lo que diferencia a un amigo cotilla y pesado (que todos tenemos alguno) de alguien que se preocupa por ti. En cuanto al plan de Víbora ... bueno ¿Quién sabe que pasara? xD

Guest : Prometo que esta vez no he sido vago. He escrito pocos días ... pero los días que lo he hecho he escrito un montón. Me alegro de que hasta ahora te guste, trabajare para que siga así.

1k (guest ): por supuesto que a Tigresa no le hará gracia. ¡A nadie lo haría!, ¿A quién le gustaría que un amigo fuera divulgando secretos? ¡A mi no, desde luego!

Pues les dejo con el siguiente capítulo, espero que les guste y que la ortografía este bien (¿No les molesta encontrarse con faltas mientras leen?, a mí si)

Disclaimer: Kung Fu Panda no me pertenece, y no escribo esto con animo de lucro.


Dolor

- ¡Oh vamos papá! – Po gritó un poco exasperado por llevar discutiendo con su padre durante casi una hora sin dar ningún avance aparente – Hasta tú te tienes que estar dando cuenta de que estas sacando las cosas de quicio.

Po dirigió su mirada al ganso que le daba la espalda mientras cortaba las cebollas para una sopa de fideos estándar de "Fideos y Tofu del Guerrero Dragón". El Señor Ping manejaba el cuchillo sin siquiera mirar a la tabla de cortar, mostrando una habilidad adquirida durante años de experiencia en el mundo culinario.

Además, los ojos del ganso estaban demasiado ocupados clavándose en la pared, mientras su dueño mantenía una pose altiva y orgullosa, propia de los mayores y más poderosos aristócratas del mundo.

- De lo único de lo que me doy cuenta es de que cada vez pasa más tiempo entre tus visitas Po. – Respondió el ganso volteando ligeramente la cabeza hacia el panda que tenía a su espalda, pero sin perder ni un ápice de orgullo en su postura. - ¡Y de un tiempo a esta parte solo vienes aquí a comer con tus amigos! – El cocinero se volvió mientras soltaba el cuchillo al aire, que dio un par de vueltas antes de quedarse clavado en la tabla para las verduras. El señor Ping mostró unas pequeñas lágrimas de cocodrilo en sus ojos antes de mirar firmemente al panda que ocupaba el centro de la cocina. - ¡Si no trabajara en un restaurante de seguro ni siquiera te habría vista en los últimos meses!

El panda soltó un sonoro gruñido desde lo más profundo de su garganta, mientras se golpeaba la frente con su pata derecha y se restregaba la cara cansado. Su padre era un verdadero experto en jugar con el chantaje emocional, tanto o más como lo era en la cocina.

- Venga papá eso no es cierto y tú lo sabes. – Reprochó el panda acercándose a la estantería donde su padre guardaba las verduras y sacaba una remolacha para empezar a cortarla. – La razón por la que vengo aquí con mis amigos es porque así puedo comer con ellos … - la cara del Señor Ping mostraba que estaba a punto de sufrir un gran ataque de indignación. Po alzó la mano antes de que su padre le interrumpiera para dar a entender que todavía no había terminado de hablar. – … y además puedo pasar un poco de tiempo cocinando contigo. - Terminó ofreciendo una sonrisa a su padre, mientras le ponía una pata en su hombro (para lo cual tuvo que agacharse un poco) "Venga, esto debería calmarle un poco para que terminemos de preparar el almuerzo … ¡YA TENGO MUCHA HAMBRE!"

El ganso miró la negra pata de su hijo, luego le miró a los ojos y esbozó una tímida sonrisa mientras entrecerraba cariñosamente los ojos. "¡SI! ¡VICTORIA!" Exclamó Po mentalmente mientras empezaba a pensar en la posibilidad de comer un plato (o quizás dos) de la sopa de fideos de su padre. Pero la expresión de paz desapareció del rostro del señor Ping tan rápidamente como vino, y apartó la mano de su hijo con un brusco movimiento del hombro, para después darse la vuelta y comenzar a calentar una gran olla con agua. "Ohhh ¡¿ES ENSERIO?! ¿Y ahora qué?" Po curvo sus labios hacia abajo en un gesto de derrota y desesperación.

- Eso dejaste de hacerlo hace algunos meses ¡Ya corta la remolacha antes de que el agua hierva! - Exclamó mientras señalaba a la remolacha olvidada por Po con su cucharon. – Desde hace un par de meses solo vienes aquí, cocinas la comida para tus amigos los maestros, comes con ellos rápidamente y ¡Te vas! ... sin ni siquiera hablar un rato conmigo.

Po, que cortaba la remolacha con un poco de ira por lo tediosa que le parecía la escena, simplemente miró a la pared con los ojos semi-cerrados. Antes de soltar un inaudible suspiro y contestar.

- Vale. - Admitió, sintiéndose derrotado. - Admito que durante las visitas más recientes no he pasado contigo mucho tiempo. - ¡Pero ahora estoy aquí! – Exclamó esto último con una sonrisa un poquitín forzada (aunque no por ello menos sincera). - ¿Por qué no cocinamos una buena cantidad de fideos y nos reímos un rato? ¿Qué me dices? – Se volteó con la esperanza de recibir una respuesta afirmativa por parte de su padre.

- ¡Eso ya no me vale! – Respondió el ganso mientras empezaba a echar las verduras al agua que ya hervía.

- ¡¿Entonces qué es lo que quieres?! – Preguntó Po mientras deslizaba la remolacha por la tabla hacia la olla.

- Quiero que pases más tiempo conmigo. – Rápidamente, y con una fuerza propia de un animal del doble de su tamaño, el Señor Ping clavó el cuchillo en la tabla que sostenía Po, impidiendo que este pusiera la remolacha a hervir. – Y que dejes de intentar poner remolacha a mi sopa… - Dijo esto último con los ojos entrecerrados y amenazantes.

Po tenía la mandíbula desencajada. "Vale …. Definitivamente a papá se le ha ido la olla por completo"

- ¡No puedo papá! – Dijo Po un poco asustado de la mirada de su padre. – Ahora soy el Maestro del Palacio de Jade. ¡Tengo muchas responsabilidades! – Po apartó la remolacha para empezar a enumerar. – Tengo que guiar a los Cinco Furiosos en el entrenamiento, entrenar yo para no perder la forma, volver a repasarme los 1000 rollos secretos, meditar para alcanzar una sabiduría profunda, dar consejo a los guerreros que lo requieran, proteger a los inocentes de le villanía, aguantar la exigencias de Mono de que le dé el secreto de la paz interior para no tener que alcanzarla por si mismo, mediar en las disputas del palacio, cocinar para los Cinco Furiosos, asegurarme de que los empleados ejecutan su labor correctamente ¡Ni siquiera se cuál es su labor!, por no hablar de…

- ¡Ya comprendo! - Dijo el Señor Ping enfadado. – ¡Y todo eso es más importante que hacer compañía a tu anciano padre!

Po tuvo el primitivo impulso de asentir frenéticamente con la cabeza, pero fue lo bastante sensato como para contenerse y limitarse a mirar a su padre con los ojos rojos y una mueca en la boca antes de bajar la cabeza y volver a suspirar … más derrotado todavía.

- No papá, por supuesto que no. – Dijo aun mirando al suelo.

-Además. – Dijo el Señor Ping mientras echaba los fideos en la sopa que se estaba cocinando. - Seguro que has encontrado tiempo para ir detrás de esa maestra tigre tan seria que te tiene loquito. – Dijo con cierto tono de reproche.

Po miró a su padre de manera incrédula "¡¿Pero y ahora eso a que viene?!" Se preguntó el panda. "¡¿Por qué mete a Tigresa en todo esto?! ¡¿Qué tiene que ver?!" Po estaba totalmente confuso y no sabía que responder al ganso que lo miraba con reproche. "Además yo no voy detrás de Tigresa ¡Y él lo sabe! … sé que está fuera de mi alcance" Era cierto, Po no intentaba conseguir que Tigresa se fijara en él. Desde luego que le gustaba la felina de una manera romántica, pero no había posibilidades de que alguien como ella se fijara en alguien como él: un panda torpe y bobo que va por la vida haciendo payasadas. "¡Ella es fuerte! ¡Enérgica! ¡Sabia! ¡Bondadosa! ¡Cañera! ¡Radical! ¡Inteligente! ¡Poderosa! ¡Con personalidad propia y definida! ¡Hermosa, dioses cuan hermosa! … Es perfecta… y yo… yo soy solo … yo" Po había cambiado la incredulidad por el decaimiento en su mirada. Poco después de haber vencido a Lord Shen, había creído que quizás, solo quizás, Tigresa hubiera podido llegar a sentir algo más por él. Quiso intentar llamar su atención por un tiempo, pasando buenos ratos con ella, intentando hacer que se sintiera a gusto con él… incluso había intentado que se sintiera orgullosa de su dedicación al Kung Fu, pero nada había conseguido que la maestra del estilo del tigre mostrara el menor indicio de estar interesada en el panda. Claro, tampoco es que el comportamiento de Po durante aquellas semanas distara mucho del habitual, Po siempre se había comportado así con Tigresa,por tanto no era de esperarse que ella se comportara distinto de repente. Po se sintió todavía más devastado por aquella idea. Desde el primer momento, desde que la conoció, él había intentado todo por acercarse … y nunca fue suficiente … él no era suficiente. "Soy solo yo … solo… "

Un potente y ardiente dolor en la parte alta de su cabeza sacó a Po de sus cavilaciones.

- ¿Qué rábanos? - Po miró al frente para encontrarse a un enfadado ganso sujetando un enorme cucharón de madera, mientras miraba indignado a su hijo. - ¡¿Por qué hiciste eso?!

- ¡Porque me has dejado hablando solo por diez minutos mientras tu andabas en las nubes! – Respondió el Señor Ping claramente muy enfadado. - ¡Ahora no solo tengo que soportar que vengas a verme de higos a brevas, sino que además cuando estás hablando conmigo me ignoras completamente! – El ganso sirvió sopa en varios cuencos y los dejó en la mesa. - ¡Lleva la comida a tus amigos, ya llevan una hora esperando!

- Sobra un plato … - Dijo Po sobándose la cabeza, mientras contaba los cuencos.

- ¡No me digas como hacer mi trabajo Po! – El ganso agitaba el cucharon amenazante. – ¡Y haz lo que te digo!

- Si papá, ya hablaremos más tarde. – A Po no le apetecía seguir discutiendo, cogió los platos en sus brazos y salió por la puerta de la cocina.

Se sentía abatido, solo le apetecía regresar rápido al palacio para meditar un rato en su habitación. Seguro meditar no era la tarea más divertida del mundo, pero ayudaría a que su paz interior le calmase el ánimo.

Cuando llegó a la mesa de sus amigos el griterío le saco de su trance. Po miró extrañado la escena, los maestros gritaban y gesticulaban exageradamente, hasta el punto de que habían ahuyentado a todos los demás clientes.

- ¡POR ÚLTIMA VEZ MONO, LA MAESTRA VÍBORA NO TIENE NINGÚN INTERES EN SABER DONDE ESCONDES TUS GALLETAS! - Exclamó Shifu "¿Shifu? ¿Qué hace aquí?"

- Bueno, ¡¿Y eso como la sabemos? ¿Eh?! – Preguntó Mono alternando la vista entre los presentes mientras les echaba una mirada retadora.

- ¡POR QUE A NADIE LE IMPORTAN TUS RIDICULAS GALLETAS PRIMATE DESCEREBRADO! – Exclamó Grulla mientras se ponía en pie y señalaba amenazantemente a Mono con una de sus alas.

- ¡Oye! – Po llamó la atención de los presentes. – A mi si me gustan las galletas de Mono.

- ¡AJÁ! – Mono exclamó triunfante mientras señalaba a Po. - ¿Ves cómo tenía razón, gallina acomplejada? – Dijo esta vez mirando a Grulla.

- Que a Po le gusten tus galletas no significa que Víbora esté planeando comérselas Mono. – Dijo el insecto del grupo en un tono monótono, claramente aburrido de la conversación.

- Suficiente. – Dijo Shifu autoritariamente. – Esta conversación ha acabado, estamos provocando un espectáculo en el restaurante del Señor Ping.

Todos los presentes se calmaron y se sentaron, y Po repartió los platos, incluyendo uno para el Maestro Shifu. "Con que para él era el plato de sobra… ¿Cómo sabría mi papá que Shifu estaba aquí?" Pero Po rápido perdió el interés por ello, estaba demasiado alicaído para preocuparse por esas cosas.

Po se sentó y empezó a comer desganado, sin percatarse del pesado silencio que se había implantado entre sus compañeros, ni tampoco de las miradas asesinas cargadas de odio que se lanzaban el simio y el ave del grupo. Apenas si fue capaz de darse cuenta de que Mantis se había colocado discretamente en su hombro para poder susurrarle al oído disimuladamente.

- Oye Po. – Mantis intentaba hablar todo lo bajo posible, para no llamar la atención de sus compañeros. - ¿Tú tienes la menor idea de que les pasa a esos dos? – Preguntó señalando a sus dos amigos enfrentados.

Po levantó pesadamente su mirada del plato, para contemplar a Mono y a Grulla y su duelo de aterradoras miradas. "Es raro que se comportaran así, no son los mejores amigos del mundo, pero … de ahí a esto … algo les tiene que haber pasado" Po concluyó, pero no tenía energías ni interés para intentar resolverlo en este momento. "Quizás Víbora lo sepa, esa mujer se entera de todo. Más tarde le preguntaré". Y con eso volvió a dirigir la mirada a su plato mientras comía lentamente, muy lentamente.

- ¿Po? – Mantis se impacientaba por la tardanza del oso en contestar.

- ¿Eh? No Mantis no tengo idea. – Respondió Po, al darse cuenta de que se había olvidado de que su amigo seguía en su hombro. Y después siguió moviendo los palillos en su plato.

- ¿Todo bien grandullón? – Mantis sospechaba que algo estaba mal. Po normalmente ya se habría tragado dos platos de fideos para entonces, sin embargo, apenas había probado bocado.

- Si Mantis, es solo que no tengo mucha hambre. -Acto seguido todos los ojos de la mesa se clavaron enérgicamente en el panda. Ninguno pestañeaba, y casi ni se atrevían a respirar.

- Disculpa Guerrero Dragón. – Shifu hablaba con cuidado, como temiendo que el ambiente se rompiese si era demasiado brusco. – Pero creo haber entendido que le decías al Maestro Mantis que no tenías hambre.

Po miró uno por uno a todos los demás, para acabar suspirando derrotado de nuevo antes sus miradas de incredulidad. "Desde luego, ¿Cómo se me ocurre poner una excusa tan pobre?"

- Es solo que he discutido con mi padre, nada más. – Explicó Po, haciendo que los demás se calmaran y suspiraran de alivio. Que el panda no tuviera hambre era un espectáculo que se daba en muy escasas ocasiones, y nunca por motivos superfluos, pero una discusión con un padre bien podría justificar el poco ánimo del oso. Por supuesto, ese no era el verdadero motivo, Po tenía encuentros parecidos con su padre con frecuencia (teniendo en cuenta la frecuencia con la que se veían claro). El problema era claramente otro. "Tigresa…" Po murmuró en su mente de forma débil y lastimera. "Maldita sea papá ¿Por qué tenías que recordarme que jamás podré estar junto a la mujer que amo? Ya lo había superado casi del todo y ahora vuelvo a estar hecho polvo … Calma Po, en cuanto medites y puedas reinstaurar tu paz interior volverás a estar bien. No es tu destino estar con ella, pero es algo que no puedes controlar. La paz, el valle, tus amigos, tu familia, … ellos son suficiente para tu felicidad, podrás superar a Tigresa, solo necesitas paz interior"

- Y dígame Maestro Shifu, ¿Emprenderá sus vacaciones después de almorzar? – Preguntó Mantis cansado de tanto silencio.

- ¡Es un retiro no unas vacaciones! – Shifu miró fulminante al insecto que se disculpaba enérgicamente, provocando las risas de sus compañeros. Salvo de Po.

A Po no le apetecía reír, ni hacer bromas, ni escuchar las payasadas de sus compañeros, ni burlarse internamente de las caras que pone Shifu al regañar a Mantis, ni comer la sopa de su padre, ni hablar con él, no le apetecía hablar con nadie, … no le apetecía nada. Así de simple. La idea de su imposible acercamiento a Tigresa le consumía por dentro, le convertía en una sombra de sí mismo, un recipiente vacío carente de espíritu.

Suspiró con pesadez, de poco valía engañarse, podría utilizar la paz interior para calmarse, pero no era una solución. No había solución. Daría igual todo lo que hiciera. Daría igual cuan duro lo intentará. Daría igual que se repitiese a sí mismo un millón de veces que olvidarla era lo mejor para ambos. Simplemente no podía hacer nada. No podía olvidarla, ni dejarla ir, ni permitir que continuase su camino alejado de él. Ninguno de los tópicos que suelen decirse en las sosas historias románticas que Víbora le cuenta sirve aquí. Nada sirve, todo está vacío y carente de ningún sentido. No podía hacer nada, siempre sería igual. Siempre tendría que cargar con ese inmenso peso en su alma, con esa fuerza que le asfixiaba y no le dejaba respirar, siempre soportaría esa presión en su pecho que parecía estar a punto de acabar con su cordura. Siempre sería igual …

"Siempre estaré enamorado de ella"


Víbora reptaba por el césped de los jardines del palacio, deteniéndose a contemplar la vegetación que los adornada de tanto en tanto. Avanzaba sin rumbo fijo, simplemente se dejaba que su cuerpo se moviese por el terreno mientras su mente escudriñaba la situación en la que se encontraba de forma pesada y repetitiva. Hacía ya un rato que había terminado su conversación con Tigresa, y desde entonces el devenir de su mente había sido constante y agotador, la era imposible tratar de distraerse con cualquier otra cosa, sus pensamientos y emociones siempre retornaban al lugar de partida, su amiga y su extraña situación con el panda. Aunque para la reptil, no tenía nada de extraña…

"¿Por qué simplemente no se lo dice? Sé que confesar tus sentimientos no es nunca fácil, pero por favor, ¡No puede estar simplemente evitándolo toda la vida! Vale Tigresa no es la persona más sentimental de China, eso lo sabemos todos… ¡Pero es Po! ¡No es cualquier idiota que pueda jugar con ella, o reírse de sus sentimientos! ¡ES PO! ¿Qué es lo peor que puede pasar?"

Víbora se paró debajo de la sombra de un enorme cerezo, cansada de soportar el calor del sol mientras se movía por el palacio sin rumbo. "Que hambre tengo" Pensó mientras se miraba el abdomen de su largo cuerpo. "Maldita sea ¿Cuándo llegará Po? ¡Estoy famélica! ¿Cómo pueden los chicos haber pasado fuera toda la mañana y no haber terminado de hacer la compra?" Posó su mirada en las nubes que pasaban, mientras intentaba evitar pensar en lo deliciosa que sabría una sopa de ingrediente secreto ahora mismo, pero claro eso no era fácil si no has comido en todo el día. "En fin, supongo que será mejor que deje de esperarles y me prepare algo yo misma." Concluyó decepcionada y un poco decaída. "Mamá tenía razón. A los machos no se les puede dejar solos para hacer las tareas importantes" Y con esto comenzó su camino hacia la cocina del palacio. Si bien estaba un poco cansada, su apetito la impulsaba para avanzar deprisa hacía su objetivo.

Entró en la cocina, y con un poco de desgana, se acercó a los fogones. "¿Y que preparó yo ahora? ¡No cocino desde que Po vino al palacio!". Víbora pasó unos segundos quieta con la mirada perdida, antes de soltar una risita al recordar aquellos días antes de la derrota de Tai Lung, cuando Po era ese panda alegre pero inexperto que se había hecho con el título de "Guerrero Dragón" sin que nadie entendiese bien como. "Fíjate, ¿Quién nos iba a decir en aquel entonces que Po un día sería el Maestro del Palacio de Jade?" Víbora soltó otra risita olvidándose de su intención de cocinar y almorzar. "Y sobre todo ¿Quién iba a pensar que Tigresa, la misma que casi le desfigura la cara de un zarpazo aquella noche, iba a acabar enamorándose de él? Seguro que si me lo hubieran dicho entonces me hubiera reído hasta que se me cayeran todas las escamas" Víbora suspiró con mirada soñadora. "El amor está allí donde menos esperas encontrarlo"

Víbora sintió vibraciones muy fuertes en el suelo, propias sin duda de un gran animal que caminaba lenta y pesadamente. "Y hablando del amor, parece que tengo una charla pendiente con alguien" Víbora formó una sonrisa decidida en su rostro mientras se volteaba hacia la puerta para ver a Po entrando cargado con un montón de bolsas repletas de comida.

- Buenos días Víbora. – Dijo el panda, que había sentido la presencia de la reptil al entrar.

- Buenas TARDES Po… - Dijo la maestra apartándose del camino de su nuevo maestro.

- Cierto. Disculpa por la tardanza. – Dijo el panda sobándose la nuca. – Es que se nos hizo tarde y paramos a comer en el restaurante de mi papá y …

- ¿Fuisteis a comer sin nosotras? – Preguntó la serpiente con un casi imperceptible toque de indignación en su voz.

- Sé que no es muy educado, pero no estaba planeado, simplemente se no hizo tarde. – Se disculpó el panda. - ¿Vosotras que habéis almorzado?

La maestra del estilo de la serpiente abrió la boca ligeramente para después cerrarla sin haber dicho absolutamente nada ya que un rugido proveniente de su estómago habló por ella.

- ¿No habéis comido aún? – Po puso los ojos como platos, totalmente sorprendido de que sus amigas no hubiesen podido comer nada en su ausencia.

- Tigresa aún no ha vuelto de la Laguna de Lágrimas Sagradas. – Víbora no percibió que la luz de los ojos del panda se apagó un poco al oír el nombre de Tigresa. – Y yo os he estado esperando para comer juntos, justo ahora me iba a preparar algo. – Víbora termino de explicar la situación a su amigo.

- Tan dulce como siempre Víbora. – El comentario de Po sacó una sonrisa a la serpiente. – Espera que te preparo algo rápidamente. – Inmediatamente, Po cogió algunos ingredientes de las bolsas, y comenzó a cocinar ante los atónitos ojos de Víbora, que estaba maravillada con las habilidades culinarias de su amigo. Tenía intención de observar al panda mientras cocinaba, para así poder aprender algo que le fuera útil si volvía a encontrarse en una situación parecida. Pero Po parecía tener otros planes.

- Oye, ¿Por qué no vas a buscar Tigresa mientras yo termino de preparar esto? – Víbora se quedó callada ante la petición de su amigo, la presencia de Tigresa impediría el correcto cumplimiento de sus planes. - ¿Víbora?

- ¿Eh? – Víbora intentó vanamente hacerse la loca. – Sí, yo … este. ¿Es necesario que vaya yo? – Preguntó inocentemente. Po paró de cocinar solo durante unos segundos antes de responder a su amiga.

- Hombre, a mí no me importaría ir, pero si no me doy prisa tu comida acabará convirtiéndose en tu cena. – Víbora no pudo evitar soltar un suspiro, el panda tenía un muy buen punto ahí. Lo que no podía imaginar la serpiente, es que el verdadero motivo por el que Po no quería ir, era porque no se encontraba de ánimos para un encuentro con Tigresa en ese momento, sería demasiado doloroso. – Víbora, ¿Te sucede algo?

- No … es solo que … - Víbora no pudo inventarse una buena excusa a tiempo. – Verás es que he discutido con Tigresa esta mañana y no me apetece mucho tener una conversación con ella sobre el almuerzo. – Víbora estaba satisfecha con su respuesta, además, no podía decirse que fuera mentira.

- ¿Discutido? ¿Vosotras dos nunca habéis discutido, que es lo que ha pasado? – Preguntó Po, que verdaderamente estaba preocupado de que dos buenas amigas como ellas hubieran dejado de hablarse, aunque fuera solo puntualmente. - ¿Por qué de pronto todo son discusiones por aquí? – Preguntó para sí mismo en un susurro.

- No es nada importante Po. – Víbora no había advertido la segunda parte de lo que su amigo había dicho. – Son solo, ya sabes … cosas de chicas. – La serpiente concluyó con una de sus sonrisas llenas de dulzura.

- Pues si no es nada, mayor motivo para que vayas a llamarla, y aprovechéis el camino de vuelta para hacer las paces. – Po habló con un tono tranquilo y monótono, el Maestro Shifu hubiera estado orgulloso de él en este momento. A Víbora no le quedó más remedio que aceptar y salir reptando de la cocina lentamente, dejando a un panda que derramó un par de lágrimas en silencio, aprovechando que se había quedado solo en la habitación.

Víbora se movía con exagerada lentitud por los pasillos del palacio "La escena que me espera no va a ser nada halagüeña, seguro Tigresa se enfada porque piensa que he ido a interrumpirla de nuevo. Felina testaruda" Víbora muy, pero que muy pocas veces pensaba mal de sus amigos, pero la situación con Tigresa de verdad la había molestado. Sin embargo, Víbora era una de esas personas que no soporta que hablen mal de sus amigos, ni, aunque fuera ella misma quien lo hiciera. Por ello estuvo reprendiéndose mentalmente a sí misma durante unos minutos hasta que al doblar la esquina casi se choca con Tigresa, que había aparecido repentinamente.

- ¡Tigresa! – Víbora recuperó la compostura lo más rápidamente que le fue posible. – Me has asustado. – Reclamó a su amiga, que simplemente se quedó ahí mirándola, Víbora no le dio importancia, simplemente continuó. – Vamos, Po ha regresado y está en la cocina preparándonos el almuerzo. – Y acto seguido se dio la vuelta para continuar su camino. Esto impidió que viera como a Tigresa se le agrandaban los ojos hasta límites insospechados, y empezaba a temblar ligeramente al oír como nombraba al panda. "¿Po? ¿Habré llegado tarde?" Pensó la felina antes de saltar ágilmente para colocarse delante de su amiga interrumpiéndola el paso.

- Víbora espera. – Tigresa miró como su amiga estiraba su largo cuerpo hacia atrás, demostrando claramente que le había sorprendido la reacción de la felina. – Espera un segundo tenemos que hablar primero. – Tigresa observó extrañada como su amiga espero dos escasos segundos antes de fruncir el ceño, sisear con furia contenida y esquivarla para continuar su camino.

- Oh … con que ahora si quieres hablar. – Víbora dijo en un tono monótono y claramente molesto.

- ¿Qué? - Tigresa abrió la boca de la sorpresa por la actitud de su amiga. – Si quiero hablar. ¿Puedes por favor parar para que podamos hacerlo? - Preguntó mientras seguía por detrás a su amiga muy de cerca.

- Lo siento, pero tengo hambre y Po nos está esperando. – Dijo Víbora manteniendo el mismo tono duro y enojado. – Si es muy urgente puedes contármelo mientras comemos. – Concluyó sin mostrar ningún matiz en el tono de su voz, algo que resultaba escalofriante en la ella.

- ¿Cómo? ¡NO! – Tigresa gritó con más fuerza de la que quería, pero no la importaba, saltó de nuevo y se colocó delante de Víbora de nuevo, esta vez con el pulso mucho más acelerado y sudando un poco de los nervios. – Escucha Víbora, por favor dime que lo que has dicho antes de marcharte esta mañana no iba en serio. ¿No verdad? Era solo algo que dijiste en caliente porque habíamos discutido. – Tigresa usaba un tono demandante, como si creyese que afirmándolo ella misma, la realidad sería tal como ella la enunciaba. – No piensas decirle nada a Po. No. Tú no me harías eso ¿Verdad? - Tigresa seguía mirando a Víbora quien permanecía inmóvil y sin decir una sola palabra, lo que le inquietó bastante e hizo que mirara más fijamente a la serpiente antes de volver a hablar con un tono más duro. – No le dirás, ¿Verdad?

Víbora mantuvo el semblante serio e inmutable en todo momento, pero dentro de su mente la cosa era bien distinta. "¿Me oyó? ¡Maldita sea mi manía de pensar en voz alta! ¡Y malditos sean esos oídos ultra-agudizados por el entrenamiento!" Víbora, por fuera seria, estaba realmente aterrorizada en su interior. "¿Y ahora qué demonios hago? Si le digo algo a Po, ella sabrá que he sido yo, pero si no le digo nada Tigresa no dará el paso por ella misma y esta situación acabará por agravarse y explotarla en la cara. ¡Acabará con el corazón roto si no hago nada! ¿Qué hago? ¿QUÉ HAGO? ¡ME ESTÁ MIRANDO, ESPERA QUE LA RESPONDA! Si le digo a Po, Tigresa me matará, o peor me odiara … pero si no lo hago …" Víbora suspiró pesadamente en su mente. "La decisión está clara Víbora". Manteniendo su expresión neutra miró a los ojos a su amiga antes de responder.

- No tengo ni la menor idea de lo que me estás hablando. – Y con las mismas continuó su camino, temiendo lo que estaría por llegar.

Tigresa aterrizó de nuevo delante suya, esta vez un poco más fuerte y la miró a los ojos gruñendo levemente. "Aquí viene"

- ¡Sabes perfectamente de lo que te hablo, Víbora! – Tigresa la apuntó con un dedo mientras apretaba los dientes con furia. - ¡No le vas a decir nada! ¡No tienes ningún derecho!

- ¿Decirle qué? ¿Y a quién? – Víbora se hizo la loca, consciente de que se la estaba jugando mucho, debía medir sus respuestas con cuidado.

- ¡No te hagas la lista conmigo o te prometo que hare que te arrepientas! – Tigresa escupió sus palabras mostrando sus colmillos, y dejando que su pelaje se erizara. Víbora de verdad había conseguido que Tigresa se enojara de verdad, hasta que estaba a punto de perder el control. - ¡Si tengo que romperte todos los huesos del cuerpo para asegurarme de que no hablaras, lo haré Víbora! ¡Puedes estar segura!

Víbora quería salir corriendo del lugar y no volver jamás. Llegar tan lejos como su cuerpo le permitiera para impedir que la furiosa felina hiciera trizas su alargado cuerpo. Pero ante todo era una amiga, y no podía dejar que Tigresa hiciera algo que podría lamentar durante muchísimo tiempo.

- Podrías lastimarme para evitar que diga nada lo reconozco. – Tigresa mostró una pequeña sonrisa de triunfo. – Pero entonces tendrías que explicarle a Po la razón por lo has hecho. – La sonrisa de Tigresa desapareció tan rápido como vino, dejando mucho más tranquila a Víbora, sabiendo que de momento su vida no corría peligro … de momento.

Como si el hecho de que pronunciaran su nombre fuera una invocación, Po apareció por el final del pasillo, justo a tiempo para no oír la última frase de Víbora. El panda miró a ambos lados del pasillo, hasta que dio con ambas hembras y se acercó a ellas esbozando una sonrisa …. muy forzada. "Uy, ¿Le ha pasado algo a Po?" Tigresa olvidó su rabia durante un segundo, al desconfiar de que el panda estuviese bien. Pero cuando Po se acercó a ellas, habló con la alegría que siempre mostraba, era tan natural, que incluso pudo calmar a la felina. Po podía ser buen actor cuando se lo proponía.

- ¡Chicas! ¡Vamos rápido que se os enfría la comida! – Dijo mientras las llamaba con el brazo y se daba media vuelta.

Tigresa volteó rápidamente la cabeza para mirar a su amiga Víbora, quien alzó la cabeza levemente para devolverla la mirada. Tigresa primero mostraba una expresión neutral, la que por norma general tenía posada en el rostro. Segundos más tarde un ligero temblor recorrió su oreja izquierda y sus bigotes vibraron casi imperceptiblemente. A Tigresa le costaba mantener el semblante ante su amiga, el esfuerzo de no gritar era extraordinariamente duro, casi insoportable. Sin mover la cabeza, bajo los ojos al suelo al no poder continuar mirando a la reptil sin perder la compostura, mientras el ritmo de su respiración aumentaba. Por primera vez en mucho tiempo, Tigresa se sentía totalmente impotente, simplemente no podía hacer nada para evitar que todo su mundo se desmoronase en cuanto Víbora lo deseara. Se sentía como un cachorro indefenso y acorralado por el miedo, como se sentía en el orfanato de Bao Gu cuando se sentaba en la esquina de su cuarto. Devastada, hacía tiempo que sus emociones la traicionaban, hacía tiempo que su vida se volvió insostenible y cada vez más sentía que algo terrible acabaría por destruir su mundo, por alejar a aquello que la hacía ser feliz. Desesperada, miró de nuevo a Víbora a los ojos, pero cuando intentó decir algo, no le salieron las palabras. Simplemente abrió los parpados al sentir que se humedecían sus ojos, y notó como sus orejas se agachaban hasta pegarse a su cabeza, y su cola descendía hasta quedar apoyada en el suelo.

Allí estaba, la más fuerte de Los Cinco Furiosos, mirando suplicante a su amiga, temerosa de lo que iba a pasar.

Víbora con el corazón en un puño, rompió la mirada con su amiga y avanzó hasta la cocina. Antes de haber avanzado dos metros, pudo oír como Tigresa dejó escapar un gemido angustiado. Esto se le clavó en el alma como un cuchillo ardiendo, pero no volteó ni se paró, siguió adelante. Apresurándose para llegar a la cocina lo antes posible … aunque ya no tenía mucha hambre.

Al entrar en la cocina, vio una mesa con dos platos llenos de arroz humeante que desprendían un olor delicioso, y un cuenco con panes fritos que se veían crujientes y sabrosos. Víbora miró a su amigo panda que estaba apoyado en la mesa.

- Espero que os guste, no he tenido tiempo de preparar algo más elaborado. – Explicó Po con los ojos cerrados.

Víbora se sentó en su sitio, antes de haber dado un bocado, vio como Tigresa entro en la cocina con la cabeza ligeramente gacha, pero con su habitual mirada neutral. Sin decir nada, se sentó en su sitio también y ambas empezaron a comer.

Po volteó para empezar a guardar y ordenar los utensilios de la cocina, no quería ver a Tigresa, no podría en ese momento sin desmoronarse como un montón de arena mojada. No podía estar cerca suyo sin que el alma se le desgarrara. Necesitaba distraerse con algo, cualquier cosa menos pensar en ella un segundo más.

- Oye Víbora. – La mencionada volteó hacia el panda. - ¿Tú sabes si les ha pasado algo a Grulla y Mono? Parecía que se hubieran enfadado.

Los palillos que Víbora sostenía con la punta de su cola temblaron ligeramente, pero nadie se percató de ello.

- ¿En serio? - Víbora tenía un falso tono inocente en su voz. – Pues no tengo idea … cosas suyas supongo, nada importante seguramente. – Tigresa miró por el rabillo del ojo a Víbora.

"Miente. Ella no se enteraría de algo como que esos dos han discutido y actuaría como si nada, sin intentar enterarse de lo que ha pasado" Tigresa siguió comiendo desganada intentando no pensar en su situación hasta que oyó como Po se golpeaba la cabeza con la puerta de una estantería abierta. El panda, sin embargo, no se quejó y continuó guardando las cosas de forma muy lenta y sin poner mucho interés. "Po no parece encontrarse bien…" Solo los problemas del panda podrían hacer que Tigresa simplemente olvidase el lío en el que estaba. "¿Qué le habrá pasado? ¿Habrá tenido algún problema?" La preocupación de Tigresa aumentaba cada vez más. "Parece triste… pero él no se pone triste con cualquier cosa, solamente con las cosas verdaderamente importantes… ¿Qué podría …? ¡Ay no!" Los ojos de Tigresa se abrieron mientras una idea le cruzaba la mente haciendo que su corazón encogiera por el dolor. "Víbora ya se lo contó" Tigresa dejó de ser consciente de todo lo que la rodeaba mientras sentía que todo su mundo se venía abajo sobre ella. "Víbora le contó y él está triste por mí … porque no me ama … ¡¿CÓMO HE PODIDO SER TAN TONTA?!" Los ojos de Tigresa se entrecerraron mientras ella hacía un titánico esfuerzo por contener el llanto. "¿Y por qué motivo iba él a amarme? Él que siempre es feliz e intenta conseguir que los demás lo sean, ¿Por qué iba a amar a una estúpida gata que solo sabe estar seria y que no ha sido capaz de demostrarle aprecio o cariño en años? No me merezco que me ame, él tiene que estar con alguien que pueda hacerle feliz. Él merece más… maldita sea." Tigresa consiguió ahogar un pequeño quejido en su garganta, mientras sentía como su corazón cada vez quemaba más en su pecho. "Maldita sea … si el amor es la más dulce de las pasiones ¡¿Por qué tiene que doler tanto?! … ¡¿POR QUÉ?! … ¿Por qué, Po? ¿Por qué has tenido que ser siempre tan tú?, ¿Por qué has tenido que hacer que te quisiera… ¿Por qué he tenido que sentir amor por primera vez por alguien que me hace daño sin darse cuenta?" Tigresa esbozó una sonrisa triste mientras su interior se desgarraba. "Fácil, porque él es único que nunca me haría daño conscientemente".

Tigresa intentó fijar su vista en el panda, pero no pudo, porque él no estaba ahí. Ella estaba en su cuarto, sentada en su cama mirando a la pared. Ni siquiera se había dado cuenta de cuando se había levantado de la silla y se había ido.

"¿Cuánto llevó aquí? ¿Qué he hecho? ¿Qué les he dicho? ¿Cómo …? Bueno, ¿Y ya que más da?"

Tigresa se tumbó en su cama, y enterró ligeramente su rostro, queriendo llorar, pero no podía… no sabía… llevaba tanto tiempo sin hacerlo que simplemente no sabía cómo se hacía… es curioso que fuese Po quien la enseñase a llorar de nuevo, cuando fue él tan bien quien la enseño a reír.

Alguien toca la puerta, pero ella no hace caso.

- ¿Tigresa? – Víbora habla desde el otro lado. – Escucha, hablamos esta noche ¿Te parece?

Pero Tigresa no contesta. No tiene fuerzas para contestar.

No tiene fuerzas para nada.


Y aquí acabo.

¿Qué les pareció?

Me desvié muy ligeramente de lo que tenía planeado para este capítulo, pero en fin, nada de mucha relevancia.

En fin, espero que les haya gustado.

¡Agur amigos!