Holaaaa! ¿Hay alguien por ahí? Espero que sí, aunque no los culparía si es que han decidido ir a pastar a otros campos TToTT Bueno, después diez meses de descarada ausencia he vuelto a actualizar este fic. Mucho ha pasado desde la última vez que lo escribí, principalmente que hace menos de un mes, al fin he terminado mis estudios universitarios, ¡Ya soy profesional! ¡Wiiii! Pero bueno, eso a nadie le importa, jajajja


Con mucho cariño y recién salido del horno les dejo el segundo capítulo de esta historia. Espero que les guste, recuerden la campaña "Con voz y voto" Si pueden dejen comentarios, dudas, sugerencias, insultos o alabanzas en el buzón.


Los personajes de Naruto no me pertenecen. Por desgracia

La historia es una adaptación del hermoso manga "Watashi-tachi no shiawase na jikan"

Advertencia: AU - OoC

Como verán, la historia comienza con el período "actual", que tiene la fecha del año pasado porque ahí comence a escribirlo, jajaja. Y después se va a un recuerdo del año anterior a ese y que está dividido en dos POV; el de Sakura y Sasuke. Espero que no resulte muy complicado, de todos modos lo señalé con el nombre de cada uno.


NUESTRO TIEMPO DE FELICIDAD

"Las diez de la mañana de cada jueves... éste es el único momento en el que podemos vivir"

SEGUNDO ENCUENTRO: EL PIANO

25 de Octubre, 2017.

No sé cuánto tiempo pasó, pero el sonido del teléfono me despertó de la especie de trance escritor en el que había caído. El café se había enfriado sobre la mesa y el sol ahora estaba oculto tras una gruesa capa de nubes grises. ¿En qué momento ocurrió eso? Había comenzado como un lindo día y ahora parecía a punto de llover.

Traté de levantarme, pero al haber pasado quién sabe cuánto tiempo en esa posición, dejó mis extremidades dormidas y mis piernas flaquearon como un cervatillo recién nacido. El diario resbaló de mis manos al tratar de sujetarme del sofá y cayó sobre la mesa, derribando la taza de café y dejando un verdadero desastre sobre la superficie de madera.

Por fortuna, el diario resultó ileso. Suspiré aliviada y lo recogí.

El teléfono seguía sonando.

—¡Ya voy! —grité, avanzando lentamente hasta la sala de mi departamento en donde el odioso aparato no dejaba de chillar.

Al cruzar la sala, el piano —un hermoso Steinway & Sons, regalo de mis hermanos —parecía observarme, claramente reprochándome por no haberlo utilizado en los últimos días. Sonreí. Era cierto, durante esta semana no había podido tocarlo y sabía que en algún momento tendría que atreverme a tocar mi nueva composición. Me sentí una ingrata y no pude evitar sonreír otra vez ante el pensamiento. No hace mucho tiempo ese lugar de mi casa permanecía vacío y la sola idea de volver a tener un piano y más aún, volver a tocarlo me provocaba náuseas y un rechazo enorme.

Pero ahora era diferente, ahora tocaba porque yo quería hacerlo, porque a mi me gustaba, porque ahora me hacía feliz. Representaba la reconciliación conmigo misma y cada acorde del piano representaba una historia, un recuerdo, un lazo que no se rompería nunca y una promesa. Porque también lo hacía feliz a él.

Apreté el diario contra mi pecho y me apuré a levantar el teléfono antes que la persona que llamaba decidiera colgar.

La voz furiosa de Temari me recibió apenas presioné el botón para contestar, gruñéndome y regañándome por no haber contestado las mil llamadas que me hizo al celular.

—Ah, sí, lo siento. Creo que dejé mi celular en mi habitación y yo estaba afuera en el balcón.

Mala idea excusarme, debí saberlo. Ella solo me gritó más, diciendo cosas sobre qué ocurriría si estaba incomunicada durante una posible emergencia o un cataclismo de proporciones. Negué con la cabeza y suspiré despacito para que ella no pudiera escucharme y así no ganarme otro sermón. De pronto comenzaba a entender por qué Shikamaru tenía siempre esa expresión de cansancio.

Después que logró calmarse llegamos al tema de su llamada, el evento de la escuela en donde enseñábamos y la celebración de su compromiso después de eso. Me recordó la hora a la que pasaría a recogerme y que después iríamos por Hinata a su casa. Hablamos un par de minutos más y luego nos despedimos.

Miré el reloj colgado en la pared, eran las 12:07 y la reunión en la escuela era a las seis de la tarde. No tenía nada que hacer hasta esa hora, así que caminé hasta el piano y me senté en el banquillo. Las partituras estaban ordenadas sobre el atril y la primera de ellas, cuyo título era una S escrita en rojo parecía desafiarme, pero la aparté, no me atrevía a tocarla completa todavía. Decidí escoger algo más alegre, menos personal y por ende mucho menos complicado y poco a poco la música de Giovanni Mirabassi fue llenando mi apartamento. Era agradable y no podía evitar sonreír ante mi interpretación, pero al terminarla y al terminar la siguiente que escogí, sin darme cuenta mis dedos comenzaron a tocar mi última composición.

Con los primeros acordes una ligera opresión se formó en mi pecho, pero traté de ignorarla. Decidí atreverme y seguí tocando, no tenía la partitura frente a mí, pero tampoco la necesitaba, la sabía de memoria. Las notas resonaban en mis oídos y mi respiración se hacía cada vez más pesada. Lo intenté, traté de continuar, pero no pude. Mis manos temblaban, el nudo en la garganta era cada vez más grande y sentía un desgarro en el pecho que finalmente me hizo parar.

El departamento quedó en silencio otra vez y un par de lágrimas calientes recorrieron mi cara hasta caer sobre mis rodillas. Esa música, esa composición que yo misma hice, había resultado tan parecida a él, que no podía controlar el nudo en la garganta ni el escozor que sentía en los ojos. Simplemente no podía continuar… cada acorde, cada nota, parecía materializarlo ahí junto a mi, sentado a mi lado mirando el movimiento de mis manos con esos ojos tan negros y esa pequeña sonrisa ladeada.

La melodía era nostálgica, oscura y hermosa. Dolorosamente hermosa y reconfortante.

Suspiré y bajé la tapa del teclado. Me quedé mirando la superficie negra por varios minutos.

Me sentía triste, me sentía feliz y también enfadada. Enfadada conmigo misma. Durante años me encerré en mi burbuja de odio y desprecio al mundo, sin pensar en nada más. Era cierto que había sufrido algo terrible en mi pasado, pero no siempre fue así. ¿Cómo podía compararme a aquellos que nunca tuvieron algo bueno en sus vidas?

Yo al menos tenía a mis hermanos, a mi tía y a un par de amigos. Aun los tengo, de hecho. Muchos otros estaban solos en el mundo. Y eso se me hacía terriblemente injusto y doloroso.

El diario que esperaba en el banquillo reclamó mi atención otra vez. Lo tomé con cuidado y lo abrí en la última página que había alcanzado a escribir antes de la llamada de Temari. Destapé el bolígrafo y lo hice girar entre mis dedos un par de veces para volver a escribir. Escribir cosas sobre la vida, sobre la muerte, sobre mi mundo y sobre el suyo.

Sobre ese mundo oscuro y terrible, al que di el primer vistazo durante nuestro segundo encuentro.

SEGUNDO ENCUENTRO: EL PIANO

I

Sakura

Kyoto, 30 de noviembre, 2016

"Otro día soleado" pensé, frunciendo el ceño cuando al salir del edificio el brillo del sol me dio directo en los ojos. Era de esas ocasiones raras de los días de otoño, pero no por eso era menos fastidioso. El sol seguía presente como si fueran días de primavera.

Me puse los lentes de sol y bajé a paso rápido las escaleras, pero por ir gruñendo contra el sol, no me percaté del último peldaño y resbalé. Por suerte pude evitar lo que hubiera sido una vergonzosa caída en medio de un patio repleto de alumnos, pero mis cosas cayeron desparramadas en el suelo. Me agache a recogerlas, reprendiéndome internamente por ser tan idiota cuando una mano apareció junto a mí y me ayudó a recoger uno de mis libros.

—Haruno-san. —reconocí su voz, era el maestro titular del salón junto al mío. —¿Tanta prisa tienes por irte? —bromeó.

Sonreí avergonzada y negué con la cabeza.

—¿Fue tu última clase?

—Sí. —respondí. —Como soy profesora sustituta no tengo tantas horas como el resto y los chicos de tercero fueron mi último bloque.

El asintió.

—Eso es bueno. —me sonrió. —Estaba pensando, ¿te gustaría acompañarnos a tomar algo esta tarde? Si no tienes nada mejor que hacer luego, claro.

—Ehh…

— Iremos en grupo. —continuó él. — Hay un local muy bueno a un par de calles de aquí. ¿Te interesa?

Lo pensé por unos segundos. No sonaba mal y ya era hora de socializar un poco mas con mis compañeros de trabajo pues hasta ahora la única con quien hablaba era Temari. Tal vez podría decirle a ella que fuera también.

—Suena bien. ¿En dónde sería?

—¿En serio? —él parecía realmente sorprendido. —¡Genial! El local se llama Hotarubi y en verdad es muy agradable. Tienen música en vivo y el pianista es verdaderamente genial, creo que hasta…

Dejé de escuchar en cuanto mencionó lo del pianista.

—¿Haruno-san? —me miró por varios segundos hasta que pareció recordar algo. —¡Oh, es cierto! Había olvidado que tú solías tocar el piano. —y me sonrió. —Entonces ese lugar te encantará. Tal vez podrías tocar un poco esta noche. Estoy seguro que el dueño lo permitiría si se lo pides, después de todo aún eres muy famosa. —me sonrió otra vez. —¿Qué dices?

De pronto me sentí enferma. Quería escapar de ahí cuanto antes.

—Lo siento, no puedo.

—¿Eh? Pero…creí que…

—¡Dije que no puedo! —repetí, alzando mi voz un poco. —¡Y no volveré a tocar el piano nunca más!

En eso reparé que varios alumnos me miraban. ¡Vaya espectáculo que estaba armando!

—Lo siento, mi tía me espera. Tengo que irme.

Y antes que él pudiera decir algo, me alejé de ahí, de su mirada confundida y del resto de estudiantes.

- o -

Iba camino a casa de mi tía Kushina cuando me encontré con lo que parecía ser los restos de una protesta o una manifestación a las afueras del Departamento de Justicia.

Había patrullas de policía, un carro lanza agua y un par de ambulancias estacionadas cerca de ahí y el piso estaba cubierto por papeles y pancartas.

Negué con la cabeza, odiaba ese tipo de cosas porque generalmente terminaban con resultados destructivos. No había paciencia para escuchar la opinión contraria, los humos se calentaban muy rápido y tendían a irse a los golpes. Sin mencionar que siempre, siempre, aparecían jovencitos vándalos que aprovechaban la ocasión para desquitarse contra todas las obras públicas y ensuciando por completo la idea original de la manifestación.

Metí las manos en los bolsillos de mi abrigo y apuré mis pasos cuando oí un grito.

—¡Sakura!

Volteé a ver y abrí mis ojos con sorpresa al ver una brillante cabellera roja.

—¡Tía Kushina! —ahí estaba ella, sentada sobre una camilla de ambulancia, despeinada, sucia y rodeada de personas que se veían igual o peor. —¿Pero qué rayos te ocurrió?

Ella me sonrió y se rascó la nuca, con la misma expresión que solía tener mi primo. Me contó a grandes rasgos lo ocurrido, una manifestación en contra de la pena de muerte y el enfrentamiento contra los que estaban a favor. Obviamente los últimos eran mayoría, exigían justicia y respuestas de parte del gobierno y la cosa se salió de control.

Mi tía estaba en parte del primer grupo y ahora estaba ahí, lastimada.

—Solo es un esguince. —dijo ella, restándole importancia al asunto.

—Uno bastante grave. —rebatió el paramédico. —Podría ser una fractura, pero debo llevarla al hospital para asegurarnos.

Me ofrecí para llevarla yo misma y el muchacho me agradeció. Tenía más pacientes que atender.

- o -

Efectivamente, había sido una fractura y lo bastante complicada como para dejarla internada por un par de días.

—Ya no estás en edad para protestas, tía. —me burlé. —¿No tuviste suficientes durante tus años universitarios?

Ella me gruñó y me arrojó una almohada a la cara.

Sonreí y suspiré. Me senté a los pies de su cama.

—Tía, ¿por qué estabas ahí?

Ella guardó silencio por unos minutos.

—¿Por qué ayudas tanto a esas personas, a los convictos? —le pregunté con un hilo de voz. —Sabes lo que las familias de las víctimas han sufrido, muchas han sido destruidas. Ellas nunca estarán tranquilas hasta obtener justicia, no puedes esperar que solo decidan perdonar a esos presidiarios.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué continuas? —insistí. —Mira como terminaste en tu afán de convencer a quienes no quieren ser convencidos. ¿Por qué a pesar de escuchar todas esas cosas que gritan contra ellos, de saber lo que han hecho, sigues empeñada en ayudarlos? ¿Cómo te mantienes tan calmada con eso?

—No estoy calmada, Sakura. —me respondió, soltando un profundo suspiro. —Hay ocasiones en las que siento que mi corazón se romperá. —levantó la vista y tomó mis manos. —Pero en esos momentos pienso en ti, en que aún te tengo a ti y a tus hermanos y me doy cuenta que no estoy sola. Y mi pecho se llena de recuerdos… recuerdos de todos juntos, y de ti tocando el piano, Sakura.

Bajé la cabeza, no me atrevía a sostenerle la mirada.

—Minato y Naruto amaban escucharte tocar el piano. —su voz era cálida y llena de nostalgia. —Lo disfrutaban tanto… ¿recuerdas cuando Naruto peleaba con tus hermanos porque al ser el más pequeño siempre lo dejaban atrás y no alcanzaba a verte bien?

No pude responderle.

—Tu forma de tocar… fue lo único que pudo animarme después que ellos dos se fueran.

Sacudí mi cabeza.

—Ya basta de viejas historias, tía. Solo era una chica que solía tocar el piano y era relativamente famosa. Ya ha pasado mucho de eso.

—Lo sé, pero no puedes culparme por querer volver a escucharte de nuevo algún día.

Sonreí tristemente. Sé que la haría muy feliz, pero no pensaba volver a tocar el piano nunca más.

—Creo que es hora que me vaya, tía. Tienes que descansar. No les causes problemas a las enfermeras, ¿bueno? —tomé mi abrigo y le di un beso en la frente.

—¡Ah, espera, Sakura! —me sujeto la muñeca para que no me escapara. —Lo siento, pero como estaré aquí por algunos días tendrás que ir a visitar a Sasuke tú sola mañana.

—¿Eh? ¿A quién?

—Sasuke, el chico de la prisión. —me dijo frunciendo el ceño. —Prometiste ayudarme, no creas que lo he olvidado, jovencita.

Fruncí el ceño yo también, por un momento pensé dejaría de lado todo ese asunto.

—Pero… ¿de qué quieres que le hable al tipo? ¿No recuerdas lo que pasó la primera vez? Él no quiere ayuda, tía y si no quiere hablar contigo, dudo que quiera escucharme a mi. Lo mejor es dejarlo solo.

—Ese chico no tiene a nadie más en el mundo, Sakura.

Fruncí el ceño. No entendía como mi tía podía ser así, perdonar tan fácilmente a personas como ese sujeto. Pero, ¿qué pasaba con las personas que sufrieron a causa de sus actos egoístas? Desconocía las causas de su condena, pero si estaba en esa posición debía ser por algo muy malo, no podía simplemente ignorar ese hecho. Quién sabe de qué cosas tan horribles fue capaz.

—Déjalo así, tía.

—Sakura… ¿acaso tú nunca has necesitado de alguien? Muchos de ellos solo necesitan hablar. Darle la espalda ahora solo porque no se adapta a tu forma de vida sería hacer lo mismo que tanto odias de las demás personas.

Me giré para mirarla a los ojos y sonreí derrotada. Claro que he necesitado de alguien. Y en el fondo sé que es por ella, por ella y por mis hermanos que nunca fui lo suficientemente valiente como para escoger un método más eficaz para acabar con mi vida. Por ellos nunca salté frente a las líneas de un tren, o desde la azotea de un edificio.

Porque sabía, muy en el fondo y a pesar de tratar de ignorarlo, que al menos tres personas me extrañarían y llorarían por mí. Y curiosamente, las tres tenían cabello rojo.

Suspiré resignada y ella sonrió victoriosa.

—Está bien, iré a verlo. No sé de qué servirá, pero al menos cumpliré mi trato contigo.

Ella tomó mis manos y me sonrió.

—Eres una buena chica, Sakura. —me sonrió. —Sé que sientes que tu corazón ha sido dañado, pero confía en mí. Tienes que aprender a perdonar y liberarte. No por el bien de alguien más, si no por tu propio bien. Cuando logres deshacerte de esa carga podrás ser realmente feliz.

Acarició mi mejilla y me acomodó el cabello detrás de la oreja.

—Inténtalo, ¿sí? — me dedicó esa sonrisa que le cerraba los ojos e iluminaba su cara. —Y por favor, por favor no llegues tarde con Sasuke mañana. Kakashi me dirá si lo haces y entonces te las verás conmigo. —levantó un puño amenazador y me sonrió otra vez.

Negué divertida con la cabeza y reconociendo mi derrota, me despedí de ella nuevamente.

Al día siguiente.

Jueves, 9:30 de la mañana.

Inusualmente puntual para algo en lo que no tenía ganas de participar. Tuve una gran batalla conmigo misma, pero la imagen de mi tía Kushina, rodeada por un aura maligna y con sus cabellos levantándose, lograron convencerme.

Caminaba a paso lento por los pasillos de la prisión, sentía que algunos guardias me miraban y me pregunté si tenía algo pintando en la cara. Tal vez una mancha de lápiz labial o un bigote de leche por el capuchino que acababa de beber.

En el trayecto me topé con un par de civiles que seguramente iban a visitar a alguno de los convictos.

—Haruno-san. —escuché que me llamaban. Era ese sujeto, Kakashi, que se acercaba a paso rápido y con sonrisa floja.

Lo saludé de vuelta y le dije que solo me llamara solo por mi nombre.

—Que gusto verte por aquí otra vez, Sakura-san. Supongo que Kushina-san no debe tardar.

Le conté la situación de mi tía y él sonrió, al parecer algo divertido de la idea de verla participando en una revuelta.

—Bueno, de todos modos gracias por venir.

Kakashi me condujo hacia el cuarto de visitas en el que habíamos estado antes. Me indicó que tomara asiento en lo que él iba a buscar al prisionero.

No sé cuanto tiempo pasó, tal vez unos minutos, hasta que escuché el sonido de las cadenas. Cuando la puerta se abrió y la oscura figura de ese sujeto apareció en la puerta, por alguna razón me tensé y apreté el bolso que reposaba sobre mis piernas.

—Mira quien vino a verte, Sasuke. —indicó Kakashi, dándole un suave empujón para que avanzara.

Sentí como sus ojos se clavaron en mi cara, analizándome. ¿Qué tanto me veía? ¿Acaso en verdad tenia un bigote de leche?

Él no dijo ni una palabra mientras Kakashi le quitaba las cadenas de los pies y de las manos, dejándole solo las esposas. No mostraba ningún tipo de expresión, sólo me miraba, aunque demasiado fijo para mi gusto.

Permanecimos en silencio por un buen rato. Él mirándome, yo tratando de no rehuir a su mirada y sintiendo como Kakashi nos miraba a los dos, tal vez desesperado porque alguien dijera algo de una vez.

—Pensé que no vendrías después de lo de la última vez. —me dijo al fin, su tono sonaba bastante engreído.

No respondí.

—¿Y en dónde está esa mujer de cabello rojo?

—Kushina-san tuvo un accidente, Sasuke. —intervino Kakashi. —Por eso su sobrina está aquí sola. Algo muy noble de su parte, ¿no crees?

—Mmm… —fue lo único que dijo antes de ladear la cabeza y centrar toda su atención en la pared.

El silencio reinó otra vez. Él no tenía intenciones de hablar conmigo y yo tampoco sabía qué decirle.

Kakashi se cruzó de brazos y suspiró. Y entonces golpeó su palma con un puño.

—¡Ah, es cierto! —exclamó. —Sakura-san, ¿tú solías ser pianista, verdad?

Noté como el tal Sasuke ahora me miraba de reojo, atento a la conversación. Mi cuerpo se tensó otra vez y apreté los puños por debajo de la mesa.

—Minato-sensei siempre me hablaba de su sobrina que tocaba el piano, pero no lo recordé hasta que otro de los guardias lo mencionó. —se rascó la nuca, avergonzado. —Éramos varios admiradores durante nuestro tiempo en la academia.

—Ah, gracias.

—Mmm… ¿conoces a Gai? ¿El guardia cejudo? Pues él era tu más ferviente admirador. Siempre decía cosas sobre la belleza de la juventud cuando escuchábamos tu música. De hecho si supiera que has venido otra vez, seguro que ya estaría aquí para pedir un autógrafo.

Dentro de mi mente comencé a escuchar las mismas palabras de siempre. "¿Eres Sakura Haruno, la famosa pianista? ¡Tu madre debe estar orgullosa! ¿Por qué dejaste el piano? Nunca lo supe. ¿Volverás a tocarlo algún día? ¿No lo extrañas? ¡Pero si tocabas tan bien! ¡Qué lástima! ¿Podrías tocar algo para mí?"

Estampé las dos manos contra la mesa y yo misma di un respingo. Ni siquiera me di cuenta que lo había hecho. Estaba molesta. ¿Por qué todos siempre me decían lo mismo? ¿Por qué no entendían?

Los dos hombres me miraron sorprendidos.

—No volveré a tocar el piano y eso es lo único que importa. Por favor dígale a ese colega suyo que ya no insista.

Kakashi asintió en silencio, al parecer notando el cambio en mi humor.

—Y dudo que vuelva a este lugar otra vez, si mi tía no me lo hubiese pedido jamás hubiera venido en primer lugar.

Pasaron unos segundos hasta que reparé en lo que acababa de decir. Los miré a los dos, ninguno dijo nada, pero por alguna razón me sentí mal.

—Ah, lo siento, yo…

Y de pronto escuché una pequeña carcajada proveniente de Sasuke. Lo miré con atención y vi como sus hombros se movían levemente. Y pronto la risa se convirtió en una serie de carcajadas burlonas.

—¿Sasuke? —Kakashi se acercó a él para verlo, tal vez pensando que al fin se había vuelto loco.

Entonces él dejó de reír y clavó su mirada en mí. Sus ojos negros parecían dos profundos pozos que amenazaban con devorar a cualquiera.

—Lo sabía, en realidad eres igual a todas esas personas.

—¿Eh?

—Realizar buenas acciones sin ganas de hacerlas. —me sonrió de lado, una sonrisa llena de desdén. —¿Por qué lo haces? ¿Para que todos te digan lo maravillosa persona que eres? ¿Para sentirte superior a mí, a todos estos pobres diablos que en el fondo desprecias? Apuesto a que ni siquiera puedes soportar verme.

—¡Sasuke! —la voz de Kakashi sonaba a regaño.

—Ya puedes irte a casa, princesita. —me soltó con una voz tan grave que me hizo temblar. —¿O acaso esperas a que te dé las gracias por venir a verme? No necesito falsas cortesías en este momento de mi vida, vete a casa y déjame en paz. No vuelvas y dile a esa mujer que tampoco se moleste en venir y fingir conmigo, que busque otro lugar para jugar a hacer el bien.

Entonces él se levantó y caminó hacia la salida.

—Kakashi, la señorita ha terminado conmigo.

—¡Oye, espera! —le grité y me levanté también. Estaba molesta, muy molesta. —Mi tía no es esa clase de persona, no la conoces, así que no te atrevas a juzgarla. —el volteó y arqueó una ceja. —Dices que el mundo te juzga, pero tú también haces lo mismo. ¿Sabes por qué no pudo venir hoy?

—No me interesa. —siguió caminando hacia la puerta y tomó la manilla.

—¡Ella se fracturo un tobillo! Y todo por participar en una de esas estúpidas protestas para cambiar la ley penal. Porque de cierta forma siente que aún hay esperanza para todos ustedes. Fue empujada y golpeada por toda esa gente que está a favor de la pena capital, esas personas que en verdad los desprecian y a quienes ni siquiera les importan.

—Sakura-san, no creo que…

—¡Seguramente entre ellas estaban los familiares de tus víctimas! —le grité furiosa. —¡Pero mi tía estaba ahí peleando por ti, para que tal vez algún día puedas tener un futuro tú también!

Terminé mi descargo y me giré para darle la espalda. No quería verlo, pero la voz alterada de Kakashi llamándolo me hizo voltear y ver justo el momento en que se desvanecía entre sus brazos.

—¡Sasuke! —Kakashi lo llamaba con desesperación.

De inmediato me acerqué a verlo. Se veía terrible, ojos muy abiertos y mirando al vacío, una capa de sudor bañando su frente, su tez más pálida que el papel. Temblaba ligeramente y su respiración era muy agitada. Parecía estar teniendo un ataque de ansiedad o algo así. Se veía tan frágil, como un niño asustado.

—¿Q-qué le pasa? —pregunté nerviosa. Quería ayudar, pero no sabía que hacer.

Kakashi me ordenó que presionara un botón de emergencia y pidiera ayuda a quien sea que contestara, mientras él seguía intentando calmarlo y hacerlo reaccionar.

No pasaron ni dos minutos cuando dos guardias ingresaron al salón y ayudaron a Kakashi a llevárselo a la enfermería.

Yo me quedé ahí, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda y a la vez preocupada por esa reacción tan rara. ¿Qué le habría pasado? ¿Acaso sufría de alguna enfermedad? ¿O tal vez… fue por lo que le dije? Por alguna razón esa idea me hizo sentir fatal.

- o -

Estaba recostada sobre la mesa cuando escuché que abrieron la puerta. Levanté la cabeza y vi a Kakashi entrar a la pequeña habitación. En una mano llevaba una bandeja con dos tazas de té.

—Imaginé que seguirías aquí. —me dijo, se sentó en la silla frente a mi y me entregó una taza. —Gracias por esperar.

Agradecí por el té y bebí un poco. Lo miré a los ojos y quise preguntarle como estaba ese hombre, pero decidí cambiar la pregunta.

—Eso… ¿ya le había pasado eso antes?

Kakashi movió un poco la taza antes de responder.

—Un par de veces, pero hace mucho.

Asentí, sin saber muy bien qué decir a continuación. Había algo que me causaba curiosidad, pero no me atrevía a darle voz. ¿Tenía derecho a saber? ¿Me respondería si lo preguntaba?

Kakashi me miró por unos segundos esperando a que formulara mi pregunta, pero si era valor lo que quería transmitirme, estaba logrando todo lo contrario. La intensidad de su mirada me ponía más nerviosa.

El silencio se hizo presente entre nosotros. Kakashi tenía los brazos cruzados sobre su pecho y miraba la mesa como si hubiera algo increíblemente interesante escrito sobre ella. No tenía intención de iniciar la conversación, parecía querer esperar a que yo me atreviera a dar vida a las preguntas que me quemaban la lengua.

—Kakashi-san.

—¿Mm…?

—¿Puedo preguntar algo?

El sólo movió la cabeza en señal de afirmación y bebió de la taza.

—Ehh… ¿cuál…? Digo, ¿qué…? Mmm… no, no es nada. Olvídalo.

Me hundí un poco en mi silla, como una niña pequeña sentada en la oficina del director en espera a recibir su castigo. Él cerró los ojos por unos segundos y suspiró.

—Quieres saber cuáles fueron los crímenes de Sasuke. —no fue una pregunta, fue una completa afirmación y la manera tan directa en que lo dijo me dejó un poco mareada.

Asentí levemente.

—Creo que sería mejor que él mismo te lo dijera. —me respondió y yo traté de no verme tan decepcionada. No podía preguntárselo a él directamente, era obvio que no me diría nada. —Pero en vista de cómo van las cosas entre ustedes, creo que no estaría mal si suelto un poco de información. —me sonrió de manera gentil, como si de alguna manera esperara que algo cambiara con lo que iba a decirme. —Además, seguro que estas cosas pueden averiguarse por internet, ¿verdad? —y me guiñó el ojo.

—Seguro.

La expresión de Kakashi entonces se volvió seria, de alguna forma, triste.

—Ya llevo cinco años trabajando como jefe de esta sección de la prisión. —comenzó él. —Y créeme que aun así, no dejo de sentir un escalofrío cada vez que leo un informe sobre los crímenes que han cometido los convictos.

Volví a beber de mi té, sin dejar de mirarlo en ningún momento.

—Cuando era más joven pensaba que era imposible llegar a sentir un mínimo de compasión por los prisioneros. —me dijo con cierto pesar. —En este trabajo es imperativo el mantenerte neutral y distante, pero…somos humanos. Es imposible mantenernos apartados de todo. —esbozó una leve sonrisa. —Hay criminales a los que llegas a odiar de tal manera que deseas su muerte por todo lo que han hecho, es cierto, pero, también hay otros que no pudieron evitar que sus vidas llegaran hasta un punto al que nunca hubieran querido llegar en situaciones normales.

—¿A qué te refieres?

—El historial de Sasuke. —suspiró. —Él venía de una familia disfuncional. Su padre era un alcohólico maltratador y su madre, cansada de los golpes y abusos de su marido, un día huyó de su casa, dejando a sus dos hijos con él.

—¿Dos hijos?

—Sasuke tenía un hermano mayor. —hizo una pausa y entrelazó los dedos de sus manos. —El padre siguió golpeándolos sin cansancio día tras día, hasta que los dos huyeron también. Eran apenas unos niños, Sasuke tenía seis años y su hermano trece, se llamaba Itachi.

Ni siquiera me atrevía a despegar los ojos de Kakashi.

—Desde luego que pidieron ayuda, pero ningún familiar quiso hacerse caso de ellos. Por un tiempo fueron recogidos en un albergue, pero ahí nuevamente fueron víctimas de abusos por parte de los niños mayores y tuvieron que huir otra vez. Los dos vagaban por las calles, Itachi se encargaba de conseguir algo de dinero y comida, pero él estaba muy enfermo, tenía una grave afección a los pulmones que nunca fue tratada y que fue empeorando con el tiempo. En muchas ocasiones era el propio Sasuke que tenía que cuidar de su hermano mayor.

La imagen de los dos niños vagando en las congeladas calles de la ciudad apareció en mi mente y sentí un extraño dolor en el pecho. Y estoy segura que Kakashi también lo sentía, a juzgar por la fuerza con la que apretaba sus manos.

—¿Puedes imaginarte algo así? ¿El infierno por el que debieron haber pasado? ¿Ser solo unos niños y estar solos en el mundo?

Negó con la cabeza y yo permanecí en silencio.

—El hermano de Sasuke… Itachi, muchas veces tuvo que prostituirse para reunir dinero y que no murieran de hambre, no importaba que también fuera un niño, lo más importante para él era su hermano menor. No le importaba exigirle aún más a su agotado y enfermizo cuerpo, llevarlo a los extremos para conseguir un trozo de pan, pero no pasó mucho tiempo antes que la enfermedad de su cuerpo avanzara y se robara todas sus fuerzas. Sasuke ahora tenía que cuidar de él, velar por la seguridad de su hermano. Finalmente Itachi murió mientras ambos dormían en la calle. Cuando Sasuke despertó, se dio cuenta que su hermano ya no respiraba. Tenía apenas nueve años y acababa de perder todo lo que le importaba en el mundo.

Sujeté la taza con ambas manos y fijé mi vista en ella por unos segundos, entonces volví a mirar al hombre de pelo plateado sentado frente a mí.

—¿Q-qué pasó con él después? —mi voz salió un poco temblorosa, pero logré articular la frase completa.

—Sasuke vagó por el mundo durante mucho tiempo, esa parte de su vida es borrosa, nunca quiso hablar de ella, ni a mí ni a nadie, pero supongo que no debe haber sido muy buena. Y al ir creciendo fue desarrollando emociones intensas y negativas. No tenía a nadie que lo guiara, que lo escuchara, era solo él contra un mundo que lo despreciaba y al que iba odiando cada vez más, resentido contra todas las personas que habían tenido la suerte de vivir una vida normal.

—Y fue entonces que explotó de la peor manera posible. —suspiró con pesar. —Él… asesinó a tres personas; una madre y su hija pequeña, totalmente normales, las empujó sobre las líneas de un tren. Y también a un hombre adinerado que estaba presente y comenzó a discutir con él. Lo golpeó repetidamente y sin contemplaciones con un paraguas hasta matarlo.

—Eso… es…

—Se qué es algo fuerte de oír y tal vez aún creas que no tiene perdón. No busco excusarlo ni nada de eso, él fue juzgado por sus crímenes y lo entiendo, pero… —suspiró. —Muchos aquí me han advertido sobre la cercanía que tengo con él, pero como ya he dicho, somos humanos, es imposible permanecer como estatuas al conocer una situación tan trágica. ¿En verdad lo único que podemos hacer es ponerle una soga al cuello a alguien que nunca tuvo un momento feliz en su vida? ¿Qué nunca tuvo una oportunidad para sonreír? ¿No es acaso injusto y triste que todo termine así?

—Yo…

—Lo siento, creo que he hablado demasiado. Tal vez solo he logrado que no desees volver nunca más, ¿verdad? —me dedicó una sonrisa triste que le cerraba los ojos. —Si no vuelves por aquí, lo entenderemos, pero en verdad me gustaría que siguieras visitando a Sasuke. Tal vez no lo creas, pero… —iba a decirme algo, pero luego negó con la cabeza. —De todos modos, te agradezco que vinieras hoy.

Revisó la hora en su reloj de muñeca y con un suspiro me dio a entender que el tiempo de visitas ya había acabado.

Me levanté de prisa y recogí mi bolso y mi abrigo. Estaba demasiado aturdida por lo que acababa de oír, necesitaba aire fresco, necesitaba ventilar mi cabeza y deshacerme de esta presión en el pecho que me hacía sentir tan enferma y miserable y que hacía que mis ojos ardieran por alguna razón.

—Te agradezco, muchas gracias por contarme todo esto. —hice una profunda reverencia, de esas completamente formales que no he hecho en mucho tiempo.

Vi la confusión en los ojos negros de Kakashi y con una sonrisa él se despidió también.

II

Sasuke

Cuando abrí los ojos, me sentí perdido por unos instantes, hasta que reconocí la grieta en forma de "L" en el blanco techo de mi celda. Sentía mi cuerpo pesado, como si hubiese dormido por dos días completos, pero a juzgar por la luz del sol que entraba a través del tragaluz, todavía era de día.

Parpadeé varias veces y me incorporé en el colchón. Apoyé mi espalda contra la fría pared y me froté los ojos.

¿Qué rayos me había pasado?

Recordaba estar a punto de salir de la sala de visitas cuando todo en mi mente comenzó a girar y varias imágenes aparecían en mi cabeza. Imágenes de ellas, de una sonrisa infantil y de un par de manos extendiéndose hacia mí con desesperación, de un paraguas y sangre caliente manchando mi cara y mis manos. Sentí como mis pulmones no podían retener el aire y toda la sangre de mi cuerpo bajaba hasta mis pies. Entonces Kakashi se me acercó y mi cuerpo colapsó patéticamente.

¿Cuándo fue la última vez que me pasó algo así?

Fruncí un poco el ceño y entonces recordé algo más. Ella estaba ahí, esa chica del raro cabello rosa. Su voz apareció en mi cabeza, recordé las palabras que me dijo y entonces entendí por qué había sufrido uno de esos ataques otra vez.

Patético.

—Al fin despiertas. —la cara de Kakashi asomó por la ventana y después de unos segundos entró en mi habitación. —¿Cómo te sientes? —preguntó mientras se recargaba contra la pared contraria.

Me encogí de hombros por toda respuesta y doblé mis piernas, apoyando un brazo sobre una rodilla.

—Sakura ya se fue. —me dijo y al parecer algo en mi cara le dijo que no recordaba de quién me hablaba. —Sakura, la chica que vino a verte, ¿quién más sino?

Cierto. Ese era su nombre, Sakura. Tenía que admitir que le quedaba.

—Mm…

—Tú… ya sabías que ella era pianista, ¿verdad?

Esta vez tuve que mirar a Kakashi y fruncí un poco el ceño al ver que sonreía. Esa sonrisa burlona que le cerraba los ojos.

—Ya te dije que a mi no puedes engañarme. Eres bastante transparente, Sasuke. ¿Te gustaba el piano?

—No. —le gruñí.

—Ah, bueno, mira esto, es uno de los grandes tesoros de Gai. Y no, no es ese horrible traje spandex verde. ¿Crees que me atrevería a tocar esa cosa? —me dijo con una expresión levemente perturbada y no pude evitar sonreír. El cejudo era tan raro. —Es esto, el último álbum que compuso ella antes de su retiro. —me enseñó un CD en cuya fotografía de carátula aparecía una chica joven con un singular cabello rosa. —Recuerdo que su música era muy hermosa y quise escucharla de nuevo.

Sentí como mi estúpido músculo cardíaco aumentaba sus latidos, pero solo pude permanecer ahí, quieto, como si fuera un idiota. No dije nada, solo bajé mi vista al suelo y me concentré en contar las baldosas del piso.

Pude escuchar como Kakashi suspiraba y se despegaba de la pared.

—Lo siento, pensé que podríamos escucharlo juntos, pero, supongo que no. —se rascó la cabeza, un poco avergonzado. —¿Tal vez ahora prefieras algo más moderno? Volveré más tarde entonces.

—No.

Me encorvé un poco y traté de ocultar mi cara entre mis rodillas. Debía tener una expresión lastimera y no deseaba que Kakashi me viera así, pero...

—Quiero escucharlo. Por favor.

Kakashi abrió sus ojos sorprendido y no perdió tiempo en ir a buscar un aparato para reproducir la música.

Esa música que me llevaba lejos, a un mundo de recuerdos, a un lugar donde dos niños mugrosos y hambrientos luchaban por sobrevivir, pero en donde no estaba solo y donde aún había esperanza para mí.

Esa melodía que lograba que todo lo malo de mi corazón de niño despareciera y me hacía sentir mejor, aun sabiendo que toda nuestra vida era una mierda.

Cuando Kakashi regresó con el reproductor y la nostálgica música inundó las cuatro paredes de mi celda, no pude evitar que el nudo en mi garganta volviera a formarse.

"Escúchala tu también, nii-san. Seguro que también te hará sentir mejor"

"Sí, es muy bonita, Sasuke"

"Deberíamos escucharla a diario. Y tal vez así… así ya no lloraríamos por las noches"

Y tampoco pude hacer nada contra las malditas y calientes lágrimas que recorrieron mis mejillas.


chan chan! Hasta aquí el capítulo de hoy. ¿Qué les pareció? La historia de Sasukito es muy triste, hace doler mi corazoncito de pollo.

Bueno, prometo no volver a perderme en el sendero de la vida.

Matta ;)

Pd: Acabo de darme cuenta que en las notas del inicio del capítulo escribí que esto sería un OS. Obviamente no lo es, nunca estuvo pensado serlo tampoco, pero no sé que me pasó que tuve un momento de idiotez y escribí eso, ajajja. Y como aun no sé como editarlo y además me da una pereza terrible, lo dejaré así :D

Solo quería aclarar eso. Y los que no se dieron cuenta, pues ahora saben que soy idiota XD jajaja