Lo que perdí
Capitulo II. – Lo arrebatado por el destino
Para Sesshomaru, un mundo donde él no fuera respetado, reconocido y temido, era inconcebible. Siempre había vivido en una posición de poder, todo lo que quería lo obtenía, todo lo que ordenara era acatado con sumiso respeto, y no sabía – ni quería – vivir de otra manera. Sin embargo, el poder puede ser fácilmente arrebatado; incluso el ser más fuerte debe bajar la guardia de vez en cuando y sus enemigos aprovecharán esa oportunidad para tratar de despojarlo de su reinado. Él lo sabía, así que comenzó a pensar en ganar más poder, hacerse más fuerte para invadir naciones y conquistarlas, y crear un imperio donde nadie nunca se atrevería a desafiarlo, porque solo de esa manera se podía mantener en una posición como la suya, solo así, algún día podría superar a su padre.
Esa fue la razón por la que Tessaiga, la espada demoniaca de su padre que era capaz de matar a un centenar de enemigos con un solo ataque, se volvió una obsesión para él. Era poderosa, temible e imponía respeto, todo lo que él quería. Para Sesshomaru, esa espada era digna de su padre, pero su padre no había demostrado ser capaz de usarla correctamente; pues con ella protegía humanos. ¡Una espada no era hecha para cuidar de seres tan inferiores! Una espada era un instrumento para la batalla, la conquista y la guerra, y quizás la Tessaiga ya no era un buen instrumento en las manos de su padre. Pero, en las suyas, definitivamente sería el arma más letal de todo Japón.
Sin embargo su padre no había querido dársela, alegando que Sesshomaru no sabría manejar tanto poder, que no tenía un corazón generoso ni alguien a quien proteger. Su padre le había negado lo que tanto anhelaba poseer, y, cuando murió, le fue dejada como herencia una espada totalmente inútil, una que no podía herir y por lo cual, no servía en la batalla: La Tenseiga.
Y claro, como era de esperarse, esto no le agradó nada, pero guardó la calma, respiró hondo mientras contaba hasta diez, volvió a respirar hondo y recibió la espada inútil, prometiéndose a sí mismo que encontraría la otra espada. No habían querido dársela, pero él se la había ganado, no solo por ser el primogénito del Comandante Perro, sino porque era digno de heredar una espada tan sublime. Sesshomaru era lo suficientemente fuerte, lo suficientemente hábil, lo suficientemente experimentado para recibirla, así que la buscó a lo largo y ancho de todo Japón, por años y años viajó de día y de noche y, por fin, después de casi un siglo de búsqueda, la encontró en el lugar menos esperado; el ojo derecho de su hermano menor.
Esto lo había desconcertado lo suficiente como para detenerse un momento – solo uno – a preguntarse ¿Por qué la perla que conducía a la Tessaiga estaba sellada en el ojo de Inuyasha? Se le ocurrieron muchas respuestas a su propia pregunta; quizás era porque sería difícil darse cuenta de que en la pupila del hibrido había una entrada a los límites del otro mundo, o tal vez su padre sabía que ese era el último lugar donde se le ocurriría buscar, o quizás solo era para molestarlo. En fin, se le ocurrieron muchas cosas, excepto la que parecía más obvia: que la espada le pertenecía a Inuyasha.
Sesshomaru simplemente no podía entender que algo así fuera verdad, y se negó a ver lo que estaba frente a sus ojos, aun cuando la propia espada lo había rechazado y había dejado a Inuyasha atravesar el campo de protección que la rodeaba, aun cuando la humana gritona que acompañaba a su hermano había logrado sacar la espada de su inamovible posición. Para él, era ilógica la idea de que fuera Inuyasha el legítimo dueño de la Tessaiga. ¡Porque era Sesshomaru quien la merecía!, era él quien entrenara años y años en combate con katanas, era él a quien su padre enseñara como atacar y defenderse correctamente, era él el primogénito.
Era él el demonio completo, y era su derecho portar esa espada.
Pero al parecer, el destino no compartía su opinión y había decidido arrebatarle lo que - él creía - le correspondía, pues fue Inuyasha y no él, quien finalmente pudo blandir la Tessaiga.
En realidad, el destino no te arrebata nada. Algunas cosas no son para ti, no te pertenecen, y no pueden quitarte lo que no te estaba destinado. Pero a Sesshomaru le tomaría mucho tiempo entender eso.
Espero les gustara este capi.
De nuevo hablo sobre el padre de Sesshomaru, porque casi todo lo que él hace esta en estrecha relación con el recuerdo de su padre, y claro, la Tessaiga no es la excepción.
Aún tengo en mente unos capítulos más. Se agradecen los reviews!
