2. Despertando.
De repente deje de sentir dolor. Hacia días sentía un dolor horrible y por más que gritaba nada salía de su garganta, se retorcía de dolor pero sentía como no podía moverse más de unos centímetros, el dolor había sido insoportable, era como si me estuviera quemando por dentro, como si me estuvieran clavando cuchillos por toda la piel, pero gracias al cielo ya había terminado.
Abrí los ojos lentamente, con gran esfuerzo. Siento todo el cuerpo pesado, horrorosamente pesado y me duele todo como si me hubiera pasado un tractor por en sima.
Cuando abrí los ojos solo vi dos siluetas borrosas, no distinguía nada. Parpadee un par de veces hasta que conseguí ver claramente en donde estaba y quienes eran las dos personas que me estaban mirando desde un par de metros de distancia, apoyados contra una pared que se le caía la pintura.
- Ya era hora de que despertaras. – escucho que James dijo mirándome desde donde estaba para después hacerle una seña a Victoria, la cual asintió imperceptiblemente y se fue, saliendo por la puerta que estaba a su lado, pero eso no me interesaba en esos momentos.
- Donde estoy? – pregunte sentándome con mucha dificultad, todo me dolía, los brazos, las piernas, la cabeza me daba vueltas y tenia un nudo en el estomago.
- No sabría decírtelo con exactitud, lo que si te puedo asegurar es que estamos en alguna parte de Nueva York.
- Y Edward? Donde esta Edward? – pregunte o eso creo, mas bien debo haberlo gritado, eso era todo lo que me importaba.
- Muy lejos de acá, ya que los perdimos al salir de Phoenix, ellos se quedaron buscándote por ahí.
Ahora me sentía peor, mi cabeza parecía a punto de estallar, mis ojos ardían y sentía la boca reseca. De un momento para otro algo capto mi atención y me obligo a abrir los ojos que sin darme cuenta había cerrado. Era un olor dulce y fuerte, no me costo mucho seguirlo y averiguar de donde provenía, pero me impresiono saber de quien salía.
En el piso, justo al lado de la puerta y a los pies de Victoria, quien acababa de volver, había un hombre de unos veintitantos con un gran tajo en su muñeca de donde salía abundante sangre.
Sin saber por que me abalancé sobre su muñeca, olvidándome rápidamente de cualquier dolor anterior. No sabia por que lo estaba haciendo, pero algo me decía que lo hiciera, algo que no podía controlar y que me obligó a tomar la muñeca del hombre, llevármela a la boca y comenzar a beber con gula la sangre que de allí salía.
Al sentir ese sabor tan delicioso en mi boca cerré los ojos y me deje llevar por esa sensación tan placentera de sentir ese líquido caliente deslizándose por mi garganta, llenándome de vida y entonces comprendí. Era una vampiresa… James me había convertido en una vampiresa…
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Holas, note que estaba mal escrito así que lo escribí de nuevo, no es necesario que dejen reviews, ni que lo relean, si es que lo hicieron, solo lo cambie para que no quedara mal.
