Regina estaba en el campo de su familia, dando uno de sus habituales paseos, pensando en la escena que había montado su madre, aprovechando que no estaba su padre, el día anterior:
"¡¿Cómo que mi caballo no está ensillado?!" -le había dicho al mozo de cuadra.
"Di-disculpe, e-es que no tuve ti-tiempo, tuve que bañarlo antes, y..."
"Basta de excusas!" dijo Cora
"Madre, por favor, solo tiene que hacerlo ahora" -dijo Regina intentando calmarla.
"Tú no te metas"- le dijo. Y luego añadió- "vete, vete de mi vista, antes de que haga algo desagradable..."
El muchacho había salido corriendo, completamente aterrorizado de la amenaza, conociendo los precedentes que tenia Cora.
El problema ahora era que necesitaban un nuevo mozo de cuadra, y Regina no quería uno cualquiera, quería alguien que supiera cuidarlos como merecían.
En eso estaban absorta en sus pensamientos cuando de pronto Rocinante visualizó lo que creyó era una serpiente, y comenzó a correr descontrolado.
Regina trataba y trataba de calmar al caballo: "Eh! Tranquilo Rocinante, tranquilo, oh-oh, ya pasó" pero el caballo seguía corriendo. De la nada salió un muchacho que se interpuso en el camino del caballo, lo frenó y lo tranquilizó.
"Oh, muchas gracias" -dijo Regina mientras se bajaba del caballo- "ya no sabia que hacer..."
"No es difícil" -dijo el desconocido-"solo tienes que transmitirles confianza y seguridad..."
"Lo sé, gracias" -dijo Regina molesta por decirle como cuidar de su caballo.
"¿Qué fue lo que lo puso así?" -quiso saber el desconocido
"Una serpiente, les tiene miedo"- le contestó
"Ah, sí. Es común eso" -dijo mientras que acariciaba el caballo- "tranquilo muchacho, tranquilo..."
"Rocinante" -exclamó Regina
"¿Disculpa?" -dijo el muchacho sin comprender.
"Su nombre es Rocinante. Y... le agradas" -"dijo con sorpresa.
Es solo cuestión de saber tratarlos... bueno, me tengo que ir, ya va a anochecer."
"Si, yo también debo irme" -dijo Regina recordado que su madre le había pedido que volviera temprano.
"Adiós Rocinante" -dijo el muchacho mientras acariciaba al caballo
"Disculpa, no recuerdo tu nombre" -dijo Regina
"Es que no te lo he dicho" -dijo el desconocido mientras se marchaba.
Regina había quedado impresionada con aquel desconocido. Parecía ser que no se había fijado en lo que todos lo hacían cada vez que la veían, y encima se había llevado bien con Rocinante, cosa que no sucedía con facilidad.
Cuando llegó a la casa se encontró con su madre
Dónde has estado? - le preguntó enfadada
Estaba dando una...
"¡Déjalo!" -la interrumpió- "Ve a tu cuarto y arréglate. Hoy tenemos invitados a cenar."
"¿Quienes vienen?" -quiso saber la joven
"El Señor Blois y su mujer, con su hijo, que tiene tu edad, podría ser que se lleven bien..." -insinuó.
"Madre te he dicho que no quiero que me busques ningún pretendiente, yo puedo hacerlo sola."
"No discutas" -vociferó su madre- "ve a cambiarte antes de que lo haga yo por ti."
Regina fue directo a cambiarse y luego bajó para cenar.
La cena fue como de costumbre: Cora tratando de hacer que Regina se interesara por el joven, los padres del muchacho observando todo, y éste completamente atraído por la belleza de Regina. Mientras tanto la muchacha no tenía demasiado interés en estar ahí, contestaba cortézmente pero al mismo tiempo, siendo tan honesta como le era posible, que en otras palabras sería demostrando su falta de interés en esa conversación, lo que sabía le costaría un castigo de parte de su madre.
Cuando los invitados se retiraron, Regina intentó escabullirse a su habitación lo antes posible, pero su madre la interceptó antes de que tuviera tiempo de nada, la sujetó con magia y la levantó por el aire.
"¿Que crees que estabas haciendo?" -dijo Cora
"¡Madre!" -gritó la joven mientras forcejeaba.
"No, nada de "madre" ahora. ¿Sabes quién era ese muchacho que acabas de despreciar? ¡Era el hijo de un conde! ¿Sabes cuanto me costó hacer que aceptaran mi invitación? Solo para que tu ahora lo trates como a un empleado, como a un peón..."
"Madre, suéltame" -dijo la muchacha
"No. Nada de eso. No tienes una idea de lo que me ha costado realizar la cena de esta noche..."
"Madre yo no te pedí que hicieras nada de eso..." -Replicó Regina.
"No me vengas con eso. Deberías agradecerme que trato de conseguirte algún prometido como la gente" -Dijo. Luego con un tono de desprecio añadió- "No como esos del mercado del pueblo. Pero quédate tranquila que ya no lo haré cosíguete tu misma alguien que valga la pena."
Cora soltó a Regina, y ésta salió corriendo a su habitación. Una vez allí, ya estando sola se llagó a llorar.
Al dia siguiente su madre le comunicó que ya tenían un nuevo mozo de cuadra, uno que luego conocería.
Se notaba que seguia enfadada por lo de la noche anterior. El desayuno transcurrió con un silencio sepulcral, hasta que Regina finalmente dijo-"Lo siento madre, no fue mi intención echar a perder la cena"
Como Cora no contestó, no insistió más.
Al finalizar el desayuno Regina se levantó, agradeció por la comida y se dirigió a su clase de piano. que se vieron interumpidas por la llegada de una persona:
"¡Que bien tocas mi amor!" dijo una voz conocida. "¡cada vez mejor!"
Regina se dio vuelta rápidamente para ver a su padre que estaba parado en la puerta.
"¡PADRE!"- Gritó con emoción mientras corría a abrazarlo. "¡Has vuelto!"
"Sí, por fin he regresado del reino del Rey George. De momento he terminado con esos negocios." Le respondió éste con una gran sonrisa en el rostro.
"¡Qué alegría que estés aquí!"
"¿Qué dices si vamos a dar una vuelta con los caballos?" propuso su padre.
"Me encantaría..." -comenzó a decir con entusiasmo, pero luego recordó que su clase aún no acababa.- "Pero si no te importa" -añadió dirigiéndose a su profesor.
No hay problema -dijo éste- "Mañana seguiremos. Ve con tu padre. Pero quiero que estudies esto para mañana, te tomaré lección." -añadió entregándole unas partituras.
Regina recogió sus cosas, se despidió de su profesor y fue con su padre directo al establo, donde le esperaba una sorpresa...
"¡Vamos!" -Dijo Regina- "¡Vamos que ya tenemos un nuevo mozo de cuadra, dijo madre!"
"Ya voy, ya voy" -contestó su padre yendo mas atrás que ella que corría sin parar.
Vamos insistió esta, que siguió corriendo hasta llegar al establo. Ahí fue cuando vio al nuevo empleado y comenzó a hablarle:
"Hola, mi nombre es Regina Mills, mi madre te ha contr... "- se detuvo en seco.
El empleado que estaba de espalda, al escuchar que le hablaban de había dado vuelta, para dejar ver que no era otro que el desconocido de la tarde anterior.
Henry que recién llegaba, interrumpió el silencio cuando se presentó:
"Hola, soy en Sr. Mills, mi esposa ha dicho que te había contratado mientras estuve fuera por negocios, pero no mencionó tu nombre"
"Mucho gusto señor" -dijo el joven mientras le estrechaba la mano- "tiene usted una estancia maravillosa. Se nota que los caballos han sido bien cuidados, y tiene una esposa y una hija una mas encantadora que la otra. Será un honor para mi trabajar para usted. Mi nombre es Daniel"
