"El Abrazo del Ángel"

Jigen No Hanashi

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-¿Luin? ¿Dónde estás? –Dijo el ángel en voz alta al notar la habitación vacía salvo por él, se asomó al cuarto de aseo y al pasillo, un aroma familiar le llegó de golpe haciéndole gruñir el estómago de hambre, tomó lo primero que encontró para cubrirse y bajó las escaleras, fue así, que guiado por su olfato llegó hasta la arcada de la cocina, un par de escalones más abajo y súbitamente se encontró con una pelirroja cuya única prenda mientras cocinaba, era una especie de delantal con un par de listones cruzados a la espalda.

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Cap 2.- Aqua

-Buenos días Van – Contestó la pelirroja sin voltear- Siéntate por ahí en la mesa, ya casi termino.

-¿Qué traes puesto?

La pelirroja volteó por primera vez en la mañana con cara confundida, luego se vio a si misma y sonrió pícara con un leve sonrojo.- Es un delantal para cocinar… ¿te gusta?

-Si, pero, ¿solo piensas usar eso? –Se sentía extraño, esa simple prenda era demasiado reveladora, estaba seguro que nunca podría ver al desayuno igual en lo que le quedaba de vida.

-Bueno – pensó la joven de ojos verdes poniéndose la pala cerca del mentón –no se, pensaba ponerme otra cosa después de cocinar pero… estamos solos, no le veo razón a ponerme otra cosa.

Él la observó entre confundido y satisfecho, algunos movimientos de ella lo tomaban desprevenido al mostrar aquello que la pequeña prenda intentaba cubrir, súbitamente comenzó a sentirse excitado, decidió cerrar los ojos y concentrarse en el aroma… su desayuno preferido, pan de fasfán con bayas agridulces y huevos en salsa de tenka… la boca se le hizo agua y entonces cayó en la cuenta de algo… ¿su esposa sabía cocinar?

-Espero que te guste, no se si lo preparé correctamente.

-Huele bien – Abrió los ojos, lo primero que vio fue el escote de su esposa y con algo de esfuerzo logró desviar la mirada al plato que ella le ofrecía – pues se ve bastante bien.

-Gracias –Lo observó ansiosa mientras él daba el primer bocado, se sentía nerviosa e incapaz de moverse, como si su maestra le estuviera haciendo un examen de pociones y a punto de golpearla en la cabeza ante cualquier error - ¿Sabe bien? ¿te gusta?

-Si, sabe bien –Masticó un poco más mientras pensaba, se sonrió un momento al notar el nerviosismo de su mujer y le indicó que se acercara – Gracias

-De nada, estaba nerviosa porque es la primera vez que lo preparo sin Kanti.

-¿Kanti?

-Si, ella, mamá Milk y mamá Anaís me estuvieron dando clases de cocina ocasionales… solo la comida de aquí no la había practicado sola… la muchos de los ingredientes de aquí no existen ni en Céfiro ni en Mundo Místico, ni en el Dragon World.

-Ya veo… pero siéntate también a comer, sabes que no me gusta desayunar solo.

Ambos sonrieron mientras la joven se servía una porción y se sentaba también a desayunar.

Ya habían pasado algunas horas desde el desayuno, ambos habían explorado la casa poco después, habían hecho el amor en la sala, sobre aquella tentadora alfombra y habían hojeado algunos de los libros del lugar, solo había novelas románticas, poesías de amor, un par de recetarios rudimentarios y varios libros que se dedicaban a explicar en detalle las diversas técnicas y posiciones de las artes amatorias de diversos países de Gaea, era cerca del medio día cuando la pelirroja comenzó a buscar algo para transportar agua a la tina de la terraza.

-No puede ser que no haya ni siquiera un balde – Comentó molesta.

-Te dije que podíamos tener gente ayudándonos con esas cosas, pero no quisiste.

La joven volteó completamente enojada al enorme sillón techado donde su marido leía con sumo interés uno de los libros de la habitación, ella solo se acercó al notar que él estaba completamente metido en la lectura, cuando se asomó se sintió completamente sonrojada.

-¿Sabes que de haber más gente… no podrías leer esas… esas cosas?

Finalmente había volteado a verla con cara de inocente antes de contestarle- En realidad yo podría leer lo que quisiera, ninguno se estaría asomando a ver que hago… tú eres la que no podría andar con esa ropa.

Era verdad, mientras el ryuujin tenía puestos unos pantalones grises y una camisa verde esmeralda de manga larga con algunos diseños geométricos en plateado, ella traía un top azul cielo y una falda ombliguera larga en degradados de azul con una abertura a un lado que le llegaba casi al muslo; simplemente se sonrojó antes de dirigirse adentro para buscar el balde.

-¿Quieres bañarte o solo quieres estar en el agua?

-Pues… ambas cosas en realidad.

Una sonrisa y el libro se cerró, aquel hombre de cabellos negros se paró y observó con cuidado hacia el extremo opuesto al que había tomado su esposa para entrar, observó el patio de abajo, con su forma redonda formando terrazas concéntricas y el enorme pino que habían sembrado sus antecesores justo en el centro, cerró los ojos para concentrarse en el sonido de agua, la cascada debía estar cerca junto con aquel edificio del que Phineas le había hablado, finalmente se apresuró a alcanzar a su esposa cuando estaba por bajar las escaleras, la tomó por la cintura y le plantó un beso en la nuca, haciéndola estremecer, ella volteó a verlo, esperando algo.

-Tengo una idea mejor, en lugar de usar la tina, vamos a otro lugar.

-¿Otro lugar? – Preguntó ella curiosa.

-Si, uno especial, de todas formas tenía que llevarte el día de hoy, parece que es una tradición o algo así.

-Bien, de acuerdo, ¿tenemos que llevar algo en especial? ¿está muy lejos?

-Está cerca, tal vez solo tengamos que llevar algunas toallas… y un par de obanas también.

-¿Quieres que llevemos algo de comida? No se a donde me quieres llevar pero, si vamos a llevar toallas es porque hay agua, podríamos hacer un día de campo.

-Lo que mi reina desee – Depositó un beso en la coronilla pelirroja a su alcance, se sintió divertido al notarla ligeramente sonrojada, definitivamente era extraña, quizás esa era su mejor cualidad.

-Voy… voy por las cosas.

-No te preocupes, yo prepararé la comida.

Poco más tarde ambos caminaban fuera de la casa, atravesaron el patio escalonado llevando las cosas que necesitaban, él con la canasta llena de frutas, quesos, algo de carne seca, pan y una botella con vino, ella por su parte llevaba las toallas, un mantel y un par de largas varas de incienso, los dos obanas que su marido había solicitado, pasaron cerca de un par de huertos y algunos árboles frutales, las principales fuentes de sustento de aquella propiedad; siguieron caminando un rato más, finalmente llegaron a un río, el cual comenzaron a seguir río arriba, sabían que no estaban dentro de la propiedad porque había pinos y otros árboles creciendo sin ton ni son, eran parte del bosque, un poco más y lograron divisar una estructura circular, blanca completamente, había un muro cercando desde la estructura hasta el medio del río, pusieron atención y divisaron la cascada a unos quince minutos más de caminata, era enorme, aun así se detuvieron en la estructura, al lado contrario del río había un par de pequeños dragones de viento sobre pedestales resguardando la entrada, aquello era una capilla dedicada a Escaflowne.

-Espero que no te moleste – Dijo el hombre de cabellos negros con seriedad mientras observaba la entrada y luego a la pelirroja a su lado. –Se me explicó que durante nuestro primer día de casados debíamos venir aquí solos para mostrar nuestros respetos a Escaflowne y pedirle bienestar, paz, abundancia y fertilidad para nosotros y para Fanelia.

-Está bien, no te preocupes – Se sentía ligeramente decepcionada, observó las cosas que llevaban y se animó a preguntar -¿Iremos después a la cascada?

-No, nos quedaremos aquí a comer… el patio de esta capilla es parte del río, debemos tomar un baño aquí, esta es la única capilla donde no hay sacerdotes, no hay nadie, la familia encargada de la casa también mantiene limpia y en orden la capilla, lo que hagamos aquí es cosa nuestra, mientras sea en el patio de la capilla, tenemos permitido hacer cualquier cosa.

-Esta capilla es extraña… bueno, entremos… ¿podemos meter la comida o hay que dejarla en el patio?

Van lo pensó un poco, tratando de recordar, estaba seguro que había preguntado que hacer si llevaba más cosas que los obanas. –Hay un pasillo que lleva al patio trasero, podemos pasar a dejar las cosas por ahí primero y luego entrar por aquí, no podemos entrar por la otra puerta.

-Bien, pero tengo la impresión de que será mucha vuelta… tengo una idea.

La joven sonrió mientras dibujaba un círculo en el suelo, colocó las toallas, el mantel y la canasta encima, se concentró un poco y de pronto todo desapareció del lugar.

-Listo, ya podemos entrar –Comentó ella con una sonrisa.

-Pensé que ya no podías hacer magia –Comentó molesto el dragón blanco, observando seriamente a la antigua sacerdotisa con sus ojos de grana.

-Todavía puedo usarla un poco, solo no puedo hacer tanta como antes, tampoco puedo aprender más, se que tengo un límite de tiempo, pero no se cuanto será.

-En ese caso, sería mejor que solo la uses cuando de verdad sea necesario.

-Lo intentaré… ¿para que son los obanas?

-Son una ofrenda, vamos –Slanzar tomó la mano de su esposa y le entregó una de aquellas varas, para cuando ambos entraron, ya se sentía más tranquilo. –Tenemos que buscar el altar de Escaflowne, ahí hay un receptáculo para las dos varas.

-Bien, déjame ver.

Sin soltarse, ambos observaron atentos desde el centro del edificio, la entrada y la salida al traspatio así como un tragaluz en lo alto del techo de cúpula eran las únicas fuentes de luz en el lugar, las paredes estaban saturadas de imágenes en una enorme y larga cenefa creada por encima de las puertas, ambos se acercaron entonces a la puerta por la que habían entrado, la imagen ahí parecía ser la formación de Gaea, eso supusieron ambos, había una mujer con alas sosteniendo un planeta entre las manos, en la frente de la mujer se podían ver la Luna Fantasma y su compañera, la siguiente pintura era algo así como el inicio de la vida, había hombres bestia, humanos y diversas criaturas caminando, nadando o volando hacia los cuatro puntos cardinales, en el centro de ellos había cuatro dragones, estaba Jichia, el dragón del mar, Eru, el dragón de tierra, Kaiser, el dragón de fuego, y finalmente, ligeramente más grande en proporción, Escaflowne, el dragón del viento, para la siguiente imagen estaba la gran montaña que rodeaba la ciudad de Fanelia, Escaflowne volaba por encima mientras el primer rey y la primera reina sembraban el gran árbol en el montículo sobre el cual reposaba el castillo del samurai, las imágenes continuaban contando la historia, se podía ver la fundación de las diversas aldeas de humanos y hombres bestias de Fanelia, había ahí imágenes que simbolizaban alianzas y guerras; sobre la puerta que daba al patio trasero había una imagen que llamó la atención de los recién casados como ninguna otra, una mujer con alas desposándose a un rey, un poco más lejos había dos niños con alas, uno en brazos de la atlante, el otro de pie junto a ella despidiendo al rey que se encontraba inmerso en una guerra, Van observó con un nudo en la garganta, esa era su familia, ahí estaban pintadas las muertes de sus padres y de su hermano, luego la Gran Guerra sobre la cual había un dibujo del Escaflowne con él y Hitomi trayendo paz, ¿Cuándo habían pintado aquella escena? Estaba también el resurgimiento de Fanelia y la invocación de Luin… el resto se encontraba aun en blanco, era ahí, en ese sitio vacío donde descansaba una representación de un dragón de viento con un sahumerio en frente y un par de cojines mullidos en color azul, uno con filos dorados, el otro con filos plateados, ambos se colocaron sobre los cojines, colocaron los obanas, encendiéndolos con un par de piedras de fuego ocultas detrás, estaban en silencio.

-Supongo que debemos pedir que la siguiente imagen que aparezca sea de una ciudad próspera.-Comentó pensativa la pelirroja.

-Así es, una imagen donde los ciudadanos estén tranquilos y en paz… donde los hombres bestia y los humanos sean iguales entre si.

-Ese sería un gran logro, aunque no los maltratan en la ciudad, he notado que la mayoría de los humanos los ven como criaturas inferiores.

-Si, así es, por eso adopté a Merle, no solo es lo más cercano que tengo a una familia desde que mi madre murió… también es una persona, quería asegurarme de que recibiera el respeto que merece, bajo mi reinado quiero terminar con la discriminación, con algo de suerte, el resto de los reinos y países en Gaea nos tomarán como ejemplo, el mundo podrá cambiar para bien entonces.

Ambos sonrieron ante la idea, juntaron las manos y comenzaron a rezar, cada quien hacia la divinidad en la cual creía, estuvieron ahí un rato largo para luego levantarse y salir.

El exceso de luz los había cegado en un principio, cuando pudieron ver de nuevo con normalidad observaron con cuidado el lugar, el traspatio estaba lleno de pasto, había un único árbol, grande y frondoso creciendo en un lugar estratégico, proporcionando suficiente sombra para resguardar cómodamente a varias personas del sol, la zona tocada por el río era fantástica, no solo porque una parte era cubierta por la magnífica sombra de aquel árbol, sino también porque en realidad, en esa zona habían modificado el cause del río, creando tres escalones en semicírculos concéntricos, un piso base completamente liso podía observarse a través de las aguas cristalinas así como una baya baja que era la continuación del muro de roca que delimitaba el río con la finalidad de poder nadar ahí sin que la corriente arrastrara a las personas, lo más tentador era el vapor subiendo desde el agua, la pelirroja se apresuró a meter la mano y su asombro se hizo notorio a su compañero, quien ya había localizado las cosas y estaba comenzando a acomodarlas.

-¿Qué sucede?

-El agua está tibia… ¿Cómo es posible?

-Hay una fuente de aguas termales más arriba, de ahí viene el agua de la cascada.

-¡Fantástico!

Ni bien comenzó a levantarse cuando se sacó la blusa azul que se había colocado encima del top, se deshizo de la falda a buena velocidad, estuvo a punto de meter un pie en el agua cuando volteó a ver al hombre bajo el árbol colocando el mantel, la comida y las toallas.

-¿Crees que haya alguien por aquí?

-Lo dudo mucho –Contestó el rey sin dejar de acomodar las cosas.-Saben que debemos estar aquí hoy, así que nadie se acercará, de hecho, dudo que vayan a acercarse aquí o a la casa mientras duren los cinco días de fiesta.

-Si, es verdad…entonces puedo nadar desnuda, ¿no?

-Supongo, pero…

No alcanzó a terminar cuando sintió un poco de agua salpicándole justo en el cuello, al voltear el rostro observó a la pelirroja emergiendo del agua para respirar, sonrió al notar toda la ropa regada cerca del río, tomó las cosas para colocarlas junto a las toallas y comenzó a desnudarse con calma, no tenía prisa, además le gustaba poder ver aquella silueta juvenil sin sentirse culpable, la observó dando brazadas para llegar a un lado y luego algunas partes de su cuerpo sobresaliendo mientras ella daba una vuelta para seguir nadando, observó sus senos asomándose a la luz mientras flotaba y las puntas de sus pies así como aquellas rodillas algo raspadas asomándose de vez en vez, para cuando terminó de desnudarse ella se había zambullido hasta el fondo, no tardó en darle alcance bajo el agua, la abrazó y rozó sus labios con la espalda de ella provocándole un escalofrío, ambos volvieron a emerger, uno frente al otro, mirándose tranquilos.

-Esto es agradable, podría vivir aquí dentro sin problemas.

-Luin, no digas tonterías, no podrías vivir en el agua.

-¿Y porque no?

-Porque amas volar tanto como yo.

Otra sonrisa, últimamente lo veía sonreír más a menudo y eso le agradaba, se acercó nadando sin quitarle los ojos de encima y comenzó a delinear aquellas facciones varoniles con los dedos de su mano, él no tardó en imitarla, se sentía en el cielo con aquellas caricias en su rostro y en su cuello, de pronto las caricias se detuvieron un momento a la par que notaba aquel ceño moreno fruncirse entre confundido y molesto, no sabía que pasaba, entonces sintió como él acomodaba sus cabellos rojos detrás de una de sus orejas, el dragón blanco se acercó observando algo en su cuello, debajo de su lóbulo, tocando con las yemas de los dedos, sus ojos se encontraron y pudo ver una poderosa interrogante en aquella mirada color de grana, lo sintió dándole la vuelta para mirar su espalda, lo sintió inspeccionándola con los dedos y deteniéndose en un par de puntos más, fue entonces que supo el porque de aquellas acciones.

-Eran más pequeñas cuando me las hicieron.-Comentó tranquila mientras recordaba algo muy viejo en su memoria.

-¿Quién fue?

-El hombre Drácula, yo tendría ocho o nueve años cuando me hizo la primer marca… a duras penas logré quitármelo de encima.

-¿Y tu maestra no hizo nada?

-Me entregó un manojo de ajos y me dijo que aprovechara los entrenamientos con mi padre, se veía bastante molesta conmigo…

-No comprendo.

-Ella me explicó que por mi edad y el tiempo que llevaba entrenando con papá Goku, ya debía estar lista para sentir la presencia de otros y evitar a aquellos que pudieran dañarme, así que, para ella era mi culpa.

-Esa vieja bruja –Estaba furioso, jamás había notado esas marcas en pares redondos porque ella acostumbraba a cubrirlas bien con prendas o adornos.

-Esta bien, fue hace muchos años, la última vez que lo intentó directamente logré romperle un colmillo, desde entonces se anda con cuidado.

-La espada que te di… dormías con ella ¿verdad?

-Si, así es… nunca te agradecí lo suficiente,-dijo Luin mientras lo abrazaba con cariño- eso me ayudó a evitar que volviera a entrar a mi habitación sin razón alguna.

Ella lo besó a él con ternura, desviando su mente a temas menos escabrosos, empujándolo lentamente hasta los escalones de la orilla, lo obligó a subir uno de aquellos escalones, lo obligó a sentarse en el que seguía y luego se sentó a horcajadas sobre su regazo, le besó los ojos y la frente para terminar de calmarlo, le mordió suavemente la barbilla haciéndolo reír un poco, lo besó en la manzana de Adán percibiendo en su esposo un escalofrío, le dio un pequeño lametón en el mismo sitio y lo sintió temblar y reír, continuó besándole el cuello por un rato mientras le acariciaba el torso y la espalda con las yemas de los dedos, escuchándolo respirar cada vez más rápido y notando el calor y la tensión crecientes bajo ella, se sentía divertida, pensó en proseguir un poco más abajo cuando súbitamente un par de fuertes manos la tomaron por la cintura para sentarla en el escalón de arriba, donde el agua apenas le cubría hasta la cintura.

-¿Qué haces?-Protestó confundida- Me estaba divirtiendo.

-También yo, pero es más divertido si soy yo quien juega contigo.

-Esto es injusto Van, yo estaba… estaba…

El aire se le iba, la mente se le bloqueaba, todo por aquellos besos que le estaba dando en los senos, finalmente dejó de pensar mientras se abandonaba a aquellos labios.

-¿Ves que así es más divertido? –Soltó el pelinegro observando la expresión de aquella mujer que sostenía entre sus brazos.

-Eres malvado, yo también quiero hacerte cosas.

-Eres una mujer, resígnate.

Aquel fuego encendido de súbito en aquellos ojos verdes lo divirtió aun más, estaba pensando que intentar de lo que había alcanzado a leer en el libro cuando sintió un par de manos empujarlo con fuerza, no se lo esperaba, apenas tuvo tiempo de tomar aire antes de caer en el agua tibia, cuando salió del agua ella estaba caminando molesta hacia donde descansaban las toallas, decidió darle alcance, la tomó de la cintura y la obligó a voltear para poder besarla, necesitaba calmarla antes de proseguir, profundizó el beso acariciando los labios de ella con la lengua, ella cedió finalmente, estaba a punto de introducir su lengua para profundizar aun más cuando ella lo abrazó con fuerza y lo derribó sobre su espalda usando el talón para golpearle detrás de la rodilla.

-¿Pero que te…

-El que sea una mujer no significa que me deba resignar, soy perfectamente capaz de hacer todo lo que haces tú, te guste o no.

-Bien, tú ganas, ¿Qué piensas hacerme ahora?

Esa mirada aguda lo hizo dar un ligero respingo, en realidad no estaba a gusto tirado sobre su espalda, con las muñecas siendo detenidas con fuerza y a merced de su esposa quien, por cierto, estaba un poco loca, decidió relajarse un momento, no sabía que le esperaba, lo que si sabía es que era más fuerte que ella físicamente, le costaría trabajo pero podría soltarse de ser necesario, de repente eso ya no importaba, ella lo había besado con cuidado, llamando su atención, el verla erguida sobre si mismo, desnuda y mojada lo hizo sentirse excitado, no sabía si era la perspectiva, no sabía si era por verla tan expuesta y decidida, o si era algo más, solo sabía que su cuerpo le estaba respondiendo a algo que ni en sus más locos sueños se había imaginado, ella comenzó a besarle el pecho, sus cabellos húmedos le rozaban la piel cada vez más sensible, robándole el aire a su paso, se rindió por completo, muerto de curiosidad ante las sensaciones que lo asaltaban con cada beso y con cada caricia, la sintió recorrerle el abdomen y besar su ombligo, la sintió ir más abajo y una imagen desagradable en su cabeza lo asaltó, se enderezó a tiempo para detenerla, no podía dejarla continuar con eso.

-¿Qué sucede? –Preguntó ella confundida- Pensé que lo estaba haciendo bien.

-Lo estabas haciendo increíble, pero, yo no… - Notó preocupación en el rostro de la pelirroja, le soltó los hombros sin dejar de verla a los ojos, sintiendo el corazón latirle con fuerza.- no quiero que lo hagas, es todo.

-Pensé que a los hombres les gustaba eso.

-¿De donde sacaste la idea?

-De Caldina.

Su mente se concentró en aquel nombre, luego de un rato logró recordar a la mujer de piel oscura y cabellos rosas que atendía el Bar de Nuevo Céfiro con ropas tan escasas que le parecía indecente, fue entonces que recordó que ella no había visto las escenas de la esfera la única vez que le pidió ayuda para cambiar una sentencia.

-Perdóname, pero no puedo dejarte hacerlo, no pude evitar recordar al estúpido de Rockford forzando a aquella chica para que dejara de pedir ayuda.

-Entonces era eso lo que él… -Recordó lo que había escuchado esa vez durante su acceso al registro astral de la historia, sacudió la cabeza ante el escalofrío que le recorrió el cuerpo y tomó aire para limpiar su mente de aquella sensación.-esto no es igual, tú no me estás forzando a nada, yo quiero hacerlo, quiero darte placer, quiero hacerte sentir de todas las formas posibles todo lo que siento por ti.

Se dejó abrazar antes de devolverle el abrazo, abrumado por lo que acababa de escuchar, no estaba convencido todavía porque no quería hacerla pasar un mal rato. –Yo también quiero complacerte a ti, y lo que quieres hacerme no creo que vaya a gustarte a ti, estaría abusando de tus sentimientos si te lo permito.

-No puedes saber si va a gustarme o no.

-¿Cómo podría gustarte?

-Déjame intentar, por favor, si no me gusta me detendré, lo prometo.

-Pero es que no es…

-Por favor- Lo silenció con un beso igual al que él le había dado en los escalones, sintió la lengua de él invadir su boca tímidamente, lo dejó hacer cuanto quisiera sin dejar de abrazarlo, mientras sentía electricidad recorriéndola de la cabeza a los pies y de regreso al centro de su cuerpo.- entonces, ¿me dejarás intentar?... ¿por favor?

-De acuerdo, solo deja de hacerlo si no te gusta, no importa lo que yo sienta.

-Eso tenlo por seguro.

Le sonrió antes de volverlo a besar, lo dejó sentado mientras bajaba su cabeza cada vez más, tomó aquel miembro erecto y caliente entre las manos mientras lo observaba un momento, decidió probar primero su sabor con la punta de la lengua, no sabía mal, además se sentía suave, esta vez acercó sus labios para envolverlo, tuvo cuidado de no lastimarlo con sus dientes mientras investigaba que tanto podía introducirlo, le faltaba un poco para abarcarlo entero si pensaba seguir respirando a pesar de todo, lo sacó con cuidado y lo volvió a intentar, está vez contuvo la respiración mientras lo introducía hasta el fondo para luego cubrirlo con sus labios, escuchó un gemido ronco demasiado sonoro justo antes de volvérselo a sacar, eso era lo que esperaba a decir verdad, continuó explorando, acariciando con los labios, la lengua y las manos, escuchando como su compañero antes silencioso ahora no podía contener por completo gemidos y exclamaciones de placer, le gustó tener tanto control sobre él, no pudo evitar succionar ligeramente aquí y allá para darse cuenta de lo que provocaba, sabía que no tenían prisa, quería ver hasta donde lo podía llevar, había comenzado a probar diferentes cosas ahora con la punta de la lengua cuando de súbito fue levantada en vilo para ir a dar de nuevo al río colgada del hombro del dragón.

-¡BÁJAME VAN! ¿QUÉ HACES? NO PUEDES SOLO… -No pudo continuar, él la estaba besando con vehemencia mientras la acomodaba con rapidez para poder penetrarla, lo sintió embestir con fuerza mientras la sujetaba por detrás para ayudarla a mantenerse en cierto modo sentada, con cada vaivén comenzó a ponerse más y más sensible, se escuchaba a si misma jadeando mientras él la besaba por todas partes intercalando con algunas mordidas a causa de la intensidad, si eso era lo que conseguía, procuraría repetir la experiencia continuamente.

Estaba fuera de si, podía darse cuenta de la excitación, la pasión y el placer destilando por cada poro de su piel, adueñándose de su razón, nublando su juicio y llevándolo al borde de la locura, cayó en la cuenta de que si seguía así terminaría antes que ella una vez más, la idea lo hizo abrazarla con fuerza y detenerse, la sintió intentando retomar el ritmo y la obligó a detenerse también, tomó aire un par de veces y la obligó a dejarlo salir de su interior para llevarla a la orilla, la sentó en uno de los escalones con el cerebro a medio funcionar, necesitaba tomarla de nuevo pero se negaba a hacerlo, había algo que debía hacer primero.

-¿Estás bien? ¿Qué pasa? ¿Por qué… porque te detuviste?

-Porque te amo, si seguíamos iba a volver a pasar.

-¿Qué cosa? ¿de que hablas?

-Quiero que sientas lo mismo que yo siento cuando… yo… solo…-se encontraba incapacitado para explicar nada más, se lanzó hacia aquellos labios cada vez más rojos y tentadores para besarla e introdujo dos de sus dedos en aquel cuerpo femenino, moviéndolos de diferentes formas, sintiendo cada vez más y más calor en aquellas profundidades, ella gemía demasiado cerca de su oído, excitándolo más, volvió a besarla para silenciarla, necesitaba concentrarse o terminaría fuera de ella sin cumplir con su objetivo, la acarició con su mano libre usando las yemas de los dedos como hacía ella, notó al instante la cantidad de escalofríos que le estaba provocando, también las manos de ella en sus caderas intentando apenas volver a como estaban segundos atrás, sonrió mientras la besaba, eso significaba que lo deseaba dentro, pero no aun, aceleró el ritmo de sus dedos lo más que pudo, capturó un pezón entre sus labios mientras masajeaba el otro, consciente del efecto que aquello iba a provocar, unos segundos más y sintió que ella comenzaba a temblar de manera compulsiva desde dentro, el instinto le ordenó dejar de jugar, sacó sus dedos para entrar con fuerza sin atreverse a cambiarla de posición a pesar de estar incómodo ahí arrodillado, la escuchó gritar un momento mientras lo abrazaba clavándole las uñas, afortunadamente cortas, para cuando la sintió deshacerse entre sus brazos ya la había alcanzado, el aire se le escapó completo del pecho y todo se volvió luz y oscuridad, no sabía donde estaba, no sabía quien era, solo sabía que se sentía en paz, feliz, embriagado a lado de la mujer que amaba, la abrazó un poco fuerte y dejó escapar una frase de entre sus labios, no estaba seguro de que, pero la respuesta le hizo saltar el corazón, ella también lo amaba.

Comieron debajo del árbol luego de secarse uno al otro, durmieron un rato abrazados sin ponerse nada más encima, se dieron un último baño en aquellas aguas acogedoras, hicieron el amor una vez más sin poder evitarlo, para cuando lograron apaciguarse ya estaba cayendo la noche, se vistieron y recogieron las cosas, contrario a su costumbre, la ojiverde iba colgada del brazo de su amante mirándolo como boba sin dejar de sonreír, él también sonreía, viéndola de vez en vez sin perder el rumbo que llevaban, no quería perderse, deseaba llegar a la habitación para abrazarla y descansar, se sentía exhausto y algo le decía que no lo dejarían dormir sin dar un último esfuerzo, sonrió por completo ante la idea, fue eso lo que lo motivó a abrazarla para darle un beso cuando llegaron junto al árbol del traspatio, se sentía feliz, además sabía que nunca más tendría la oportunidad de estar así con ella, solos, sin obligaciones, sin presiones, preocupados únicamente en amarse el uno al otro, la alzó en brazos como la noche anterior haciéndola reír, esta vez no hubo quejas, solo caricias y besos que darían paso a algo más en la habitación de arriba una vez que lograran llegar a ella.

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Notas de la autora:

¿Y bien? ¿Qué les pareció? Me tomó mucho tiempo pensar en como iniciar este capítulo y que escenas describir, pero una vez que lo logré, el capítulo simplemente fluyó como agua, espero que les haya gustado y que lo hayan disfrutado, no se, dirán que estoy loca pero se me hizo tierno ya para el final, jajajajajajajajajajaja, ok, lo admito, tengo una ligera distorsión de la realidad, pero no me importa, es divertido así.

Shizuka22, gracias por seguir con tu apoyo, lamentablemente voy a tardar en las publicaciones de este fanfic porque se me está dificultando un poco escribir los caps, pero los tendré todos, espero poder terminar de escribir todo antes de que termine el año... bueno, es mi propósito de Año-Ya-Por-Terminar xD, jejejejejejeje, en fin, gracias.

SARABA