Ep. 2: The closeness
Con los pocos minutos que estuvo en su compañía, Gaara ya se hizo una idea de cómo lograr que Ino se le entregara. La verdad es que la cosa no tenía mayor misterio, en opinión del pelirrojo. El secreto estaba en adaptarse al carácter de la chica en cuestión: las aventureras necesitaban un cazador, las dulces un poeta, las tímidas un alborotador, y las damas como Ino requerían de un caballero. Él era un experto en lo que a fingir roles se refería, y estaba seguro de que la heredera Yamanaka pronto caería rendida en sus brazos.
Aunque para eso antes debía conocerla mejor. La semana siguiente no se separó ni un minuto de ella durante los ratos libres que ambos tenían; siempre comía con ella y sus dos amigas, estudiaban juntos en la biblioteca, la acompañaba hasta la puerta de la residencia femenina cuando terminaba la jornada... Nunca decía una sola palabra, a menos que le preguntase directamente o que tuviera que ahuyentar a los imbéciles que se cruzaban en su camino, pero así Ino se fue acostumbrando a su presencia.
El primer sábado del curso, Gaara fue por la mañana a la oficina del Consejo Estudiantil del Gakure, pues solamente allí podría conseguir la información que necesitaba.
- Buenos días - dijo Gaara al llegar, con su habitual tono serio y frío.
Los tres chicos que había allí trabajando alzaron la vista. Se trataba de Genma Shiranui, el presidente; Izumo Kamizuki, el tesorero; y Kotetsu Hagane, el secretario.
- Buenos dí... ¡Ah, Sabaku! - Genma se levantó de inmediato e hizo una reverencia - Cuánto tiempo sin verte.
- Sí, mucho - él pasó de los formalismos y fue directo al grano - He venido porque quiero ver el expediente de una alumna nueva.
- ¿El expediente? - Izumo puso cara de susto - Lo siento, pero no podemos facilitarle esa información a otro alumno. Es privada y confidencial.
- No me hagas repetirlo - mirada asesina - ¿Acaso has olvidado que este consejo me debe un favor, y no pequeño precisamente? Deberías estar aliviado de que lo reclame con algo tan fácil, dado que podría pedir cualquier cosa.
- Por supuesto que no lo hemos olvidado - Kotetsu se levantó de la silla y fue hasta un enorme fichero, luego se sacó una llave del bolsillo y lo abrió - ¿Qué expediente quieres?
- Así me gusta - Gaara sonrió malévolamente - Ino Yamanaka, de 2º curso, una kohai. ¿Veis qué simple? - el otro le hizo una copia del expediente en la fotocopiadora y se la dio - Y todos contentos.
El pelirrojo se despidió y volvió a su habitación para leerlo tranquilamente:
- Ino Yamanaka, 17 años, nacida en Kyoto un 23 de Septiembre. Es hija única, la heredera de la familia Yamanaka, que se dedica al negocio de las flores y los perfumes.
Gaara estuvo leyendo atentamente unos minutos hasta que llegó a la parte académica.
- Sus notas son bastante altas. Hace prácticas de enfermería y se ha apuntado al club de ikebana, además sabe combatir con katana - el imaginarse a una chica como Ino con una espada le hizo sonreír - Vaya, su historial médico también está aquí. Tipo de sangre O, sin alergias ni dolencias crónicas, tiene una pequeña cicatriz en la parte baja de la espalda... - sonrió maliciosamente pensando qué tan abajo estaría - Ondas neuronales irregulares... ¿qué significará esto?
Se recostó en el sillón en el que estaba sentado, pensando, pero sin más datos acerca de ello no podía sacar ninguna conclusión. Cerró el expediente satisfecho, porque con lo que había averiguado ya tenía información más que suficiente sobre su próxima... amante, porque algo le decía que no le bastaría con poseer a la hermosura rubia una sola vez. No, con ella probablemente podría disfrutar unas cuantas veces seguidas antes de perder el interés.
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No lograba sacárselo de la mente. A todas horas la imagen del chico Sabaku flotaba ante sus ojos, y no ayudaba el hecho de que constantemente le tuviera pegado a ella. Aunque nunca decía nada, a menos que ella o sus amigas le hablasen directamente, sentía su presencia siempre cerca. Cuando giraba la cabeza el pelirrojo estaba allí, a su lado, desde aquella primera vez en el comedor. El tener que verle a cada momento no era nada bueno para su cordura, porque cuando le veía dejaba de pensar coherentemente, y se perdía imaginando que acariciaba sus pálidas mejillas, que enredaba los dedos en sus cabellos de sangre, que rozaba su boca con los labios... y más cosas a las que intentaba no hacer caso.
Sakura y Hinata le habían dicho que seguramente ella le gustaba a Gaara, y siendo sinceros, Ino también lo había pensado. No es que fuera presumida, era una realidad que ella atraía a los chicos, pero hasta el momento no había habido ninguno que le gustara a la Yamanaka. ¿Sería que Gaara le gustaba? No lo sabía con seguridad. Cierto que le encontraba atractivo, peligrosamente atractivo, pero cuando le veía sentía demasiadas emociones en su interior como para distinguirlas todas. Había algo en él que la incitaba a besarle, pero también le daban ganas de salir corriendo; por una parte sentía excitación, y por otra temor; si le miraba a los ojos veía pasión y soledad a partes iguales, pero no... no veía amor.
- Ah, ¿qué debería hacer contigo, Sabaku? - se preguntó Ino mirando al techo, tumbada sobre la cama - Creo que me gustas, pero también... me aterras.
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Y siguieron pasando los días. Gaara no se separaba ni un minuto de Ino, en cuanto acababan sus respectivas clases corría a encontrarse con ella. Se molestaba consigo mismo cuando advertía lo impaciente que estaba siempre por verla, pero se decía que era normal, ¿quién no querría ver a todas horas la hermosa visión que era la rubia? Conversaba bastante con ella, e incluso también con esas dos chicas raras que eran sus amigas, la de cabello rosa y la de ojos blancos. De hecho, era en parte gracias a él que la primera ahora saliera con Naruto Uzumaki, uno de sus compañeros de 3º, y seguramente pronto ocurriría lo mismo con la morena y ese chico del perro de 1º, Kiba Inuzuka.
El primer mes de clase pasó volando, y con la llegada de Mayo en la escuela Gakure comenzaron a preparar el bunkasai. Aunque lo habitual era hacerlo en Octubre o Noviembre, era una tradición que en Gakure se hiciera en primavera. Todos los clubs se prepararon para dar espectáculos y exhibiciones, y como capitán del club de equitación, Gaara invitó a sus nuevas "amigas" a verle actuar. Ino estaba deseando asistir, pero tenía que hacer su propia presentación en el club de ikebana, y le preocupaba no llegar a tiempo. Afortunadamente, había espacio de sobra entre ambos eventos, así que la chica pudo ir sin problemas.
- ¿Ya ha salido Sabaku? - preguntó ansiosa a sus amigas cuanto se sentó a su lado en las gradas.
- No, todavía no, por suerte. ¿Dónde te habías metido, Ino? - le reprochó Sakura, sentada al lado de su novio.
- Lo siento, pero no podía ir más deprisa vestida con este kimono, o se me aflojaría todo.
- Bueno, lo importante es que ya estás aquí - dijo Hinata, intentando calmar los nervios de la rubia - Sabaku es el capitán del club, así que saldrá el último. Ya no va a tardar, llegas justo a tiempo.
- Menos mal, tenía muchas ganas de verlo y habría lamentado perdérmelo - sonrió.
En efecto, apenas unos minutos después de que llegara la Yamanaka, le tocó el turno de salir a Gaara para terminar la exhibición. Salió montado en un hermoso caballo castaño, con la crin y la cola blancas. Ino se quedó boquiabierta cuando le vio, y es que se veía tan... apuesto, tan elegante. Como un príncipe de cuento de hadas. El uniforme de hípica se ceñía a cada músculo de su cuerpo, resaltando lo bien formado que estaba. La chica se sonrojó un poco al darse cuenta de que los pensamientos que estaba teniendo en ese momento no eran propios de una dama, pero le dio igual. Seguía siendo una adolescente, y estaba en la edad de quedarse embobada ante un muchacho guapo.
Gaara no tardó más que un segundo en localizarla en medio de la gente, y le hizo un pequeño saludo cuando pasó trotando cerca de ella. Luego puso toda su atención en dominar al caballo, que se había puesto un poco nervioso al notar la repentina excitación de su jinete. Los caballos son animales muy sensibles, y no cabía duda de que éste se percató del rápido aumento de feromonas en el cuerpo del pelirrojo. Por suerte no pasó nada grave, su actuación fue perfecta, pero Gaara no dejaba de pensar en cuánto le gustaría sentir esos mismos movimientos con cierta chica de ojos azules.
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Al acabar la exhibición de equitación, Ino fue lo más deprisa que pudo a la espaciosa aula reservada al club de ikebana. No fue hasta que estuvo allí que descubrió que no la necesitaban, porque muy pocos alumnos se interesaban por tan antiguo arte aparte de los del club, así que con un par de veces que alguno hiciera la muestra fue suficiente. Pero ya que había ido hasta allí y se había molestado en vestirse de acuerdo a las circunstancias, la Yamanaka decidió quedarse. Se sentía tranquila y relajada rodeada de flores, la mayoría convertidas en bonitos arreglos florales en los que ella misma había participado. Los visitantes se fueron yendo hasta que se quedó sola, y uno de sus compañeros le pidió que se encargara de cerrar el aula para poder irse a descansar.
- ¿Se puede pasar? - murmuró una profunda voz al tiempo que llamaba a la puerta.
- Lo siento, pero ya hemos termin... ¡Sabaku! - se sorprendió al darse la vuelta y encontrarse con él acodado en el marco de la puerta.
Era evidente que se había duchado después de su gran actuación, porque todavía tenía el cabello mojado. Ahora vestía unos vaqueros azul oscuro algo gastados y una camisa negra que no hacía mucho por ocultar sus firmes pectorales. Ino se vio incapaz de sostenerle la mirada, debido a la intensidad con que la miraba, así que le dio la espalda y fingió revisar algunos de los arreglos. Gaara lo aprovechó para estudiarla de arriba abajo, y llegó a la conclusión de que estaba encantadora. La chica llevaba un delicado kimono color lila, con obi celeste y cordoncito dorado, y su largo cabello estaba lleno de tirabuzones.
- ¿Dónde están los demás? - entró y cerró la puerta detrás suyo - ¿No se supone que aquí se reunía el club de ikebana?
- Así es, pero todos se han ido ya - Ino no se dio la vuelta ni por un segundo, por lo que no advirtió que el chico se le acercaba despacio - No son muchos los que se interesan por las flores, de modo que...
En ese momento se giró, y se lo encontró a pocos centímetros de ella.
- De modo que... ¿qué?
- De... de modo que... no ha habido apenas trabajo, Sabaku. Si querías ver la muestra, tendrías que haber... venido más temprano - le costaba hablar teniéndole tan cerca, por mucho que se apretara contra la mesa que había detrás suya.
- Qué lástima - dijo Gaara, aunque no parecía sentirlo mucho - Pero tú todavía estás aquí, y eres del club. Ya que he venido, ¿no podrías explicarme algunas cosas? - se inclinó sobre Ino, casi rozando sus cuerpos, y apoyando las manos contra la mesa de detrás de ella, aprisionándola entre sus fuertes brazos - Como por ejemplo... ¿qué es ese embriagador aroma que te rodea?
Ino ya no podía echarse más para atrás, a no ser que se sentara directamente sobre la mesa, y él lo sabía. La maliciosa sonrisa de su cara le habría delatado, pero la había ocultado en el cuello de la rubia. Su boca estaba tan cerca de ella que la chica podía sentir su cálida respiración justo debajo de la oreja.
- Es... es esencia de lavanda, siempre me pongo unas gotas en el agua del baño - ella no sabía cómo reaccionar al tenerle allí, por una parte quería escapar y por otra no.
- Huele muy bien - él se acercó todavía más, hasta que ya no hubo separación ninguna entre ellos, y rozó con sus labios la nuca de Ino - Desde este momento, me encanta la lavanda.
Gaara rodeó su cintura con un brazo, y con la otra mano apresó una de sus muñecas para que no pudiera huir de él. Ino no sabía qué hacer al sentirse tan íntimamente pegada al pelirrojo, frotando sus piernas, rozando su pecho, sujetando su mano. Pero no tuvo que pensar mucho, porque el chico besó primero su frente, luego su mejilla, y finalmente llegó hasta su boca. Fue un leve roce, dulce y nada profundo, pero que hizo arder la cara de la muchacha.
- Dime Ino, quién soy yo - murmuraba Gaara contra la piel de su cuello - Quién es el que te tiene así cautiva...
- Sabaku - susurró ella apenas.
- ¡No! - pareció molestarse por eso - Para ti no soy Sabaku, soy Gaara. Vamos dilo, quiero saber cómo suena en tus labios - apretó más su muñeca, casi haciéndole daño - Di mi nombre.
- Gaara...- suspiró, al tiempo que con su mano libre se aferraba a su espalda.
Como si fuera la señal que esperaba, Gaara apresó de nuevo su boca en un beso que esta vez no tuvo nada de dulce. Sus labios reclamaron los de la rubia, devorándolos con pasión, hasta que logró que ella los separara. Su lengua se hundió enseguida en la calidez de Ino, saboreando aquel manjar como si fuera lo más delicioso del mundo, y ciertamente así se lo parecía al pelirrojo. Su sangre corrió deprisa por sus venas cuando la chica comenzó a corresponderle el beso, tímidamente al principio, pero aprendiendo rápidamente de él. Gaara la soltó y llevó ambas manos detrás de su cabeza, guiando el entusiasmo de Ino, hasta que ambos jóvenes se enzarzaron en un duelo apasionado, deseando sentir más que aquella extraña sensación que los consumía.
- Ino, eres tan hermosa... - Gaara bajó por su mejilla rumbo a su hombro, dejando un sendero húmedo - Me muero por cabalgar entre tus piernas...
Esa reveladora frase pareció despertar a la Yamanaka de su ensoñación. Tomó conciencia de dónde estaba, con quién estaba y sobre todo qué estaba haciendo. Intentando controlar el agitado ritmo de su corazón, empujó sin demasiadas fuerzas al pelirrojo, apartándole de sí. Cuando él la miró descaradamente, como enfadado por la interrupción, Ino no pudo dominar sus impulsos. Levantando una mano, una sonora bofetada cayó sobre la mejilla de Gaara, haciéndole voltear la cara. Él no se movió un ápice, tampoco dijo nada, únicamente se quedó quieto apretando los puños, y la chica lo aprovechó para salir corriendo de allí.
