Hace mucho, mucho tiempo, en un reino muy lejano (pero no tan lejano como el reino de Kofuku y Daikoku) nació una princesa, a la que llamaron Yukine por su piel blanca como la nieve. Pero la princesa tenía tan poderosos poderes mágicos que tanto los reyes como el pueblo temían a la princesa. Así que los reyes decidieron encerrar a la princesa en una torre, en lo alto de una montaña donde siempre nevaba, protegida por un peligroso ser mitológico, hasta el día en el que fuera mayor de edad y hubiera aprendido a controlar su magia.
El problema era que un par de meses después de enviar a la princesa a su torre, el reino al que pertenecía había sido asolado por una ola gigante, como efecto de una lucha de proporciones épicas del bien contra el mal que se estaba llevando a cabo a no demasiada distancia. El mundo fue salvado, pero por desgracia el reino quedó sumergido y los detalles sobre la identidad y los poderes de la princesa Yukine, pues también.
Desde entonces, las historias sobre la auténtica identidad de la princesa, la bestia que guardaba la torre o los poderes mágicos que poseía comenzaron a surgir. Al cabo de sólo unos meses, ya no se sabía qué era cierto y qué no lo era. Algunas historias decían que los poderes de la princesa Yukine incluían maldiciones tan poderosas que podrían destruir el universo, y otras decían que poseía poderes sagrados capaces de revivir a los muertos. Muchos eran los que habían salido en busca de la princesa, pero ninguno había regresado con ella.
-...¡Y esa es la historia! -Kofuku concluyó con una sonrisa en la cara.
Los cuatro estaban sentados en la gran mesa del gran comedor real, donde habían ofrecido una cena a Yato (quien había acabado con las existencias reales de carne y cerveza cuando le habían puesto delante más comida de la que nunca había visto junta). Cuando había terminado la comida, la Reina procedió a contar la historia de la misión que quería encomendar al huérfano con deseos de convertirse en un héroe.
-Hmm... ¿Entonces tengo que ir a una montaña de nieve eterna, matar a un monstruo, rescatar a una princesa y volver? -Cuando lo decía en voz alta, sonaba más complicado de lo que se había imaginado al principio. Especialmente teniendo en cuenta que nunca había matado a nada más grande que un jefe goblin.
-¡Eso es! Hace tiempo que quiero saber cuales son los poderes de la princesa Yukine... ¡Además, podría ayudar a deshacer el hechizo de Hiyorin! ¡Y el mío también!
Hiyori, sentada a un lado de su madre, asintió con una sonrisa.
-¡Estoy segura de que puede hacerlo, mendigo Yato! ¡Usted me rescató cuando era una gata!
A estas alturas, Yato dudaba que insistir en que no era un mendigo sirviera para algo (especialmente porque, en cierta manera, SÍ era un mendigo).
-Pero hay algo que no me cuadra. ¿Por qué me contáis esto a mí? Podríais haber puesto una misión en la taberna y alguien como Tenjin o Bishamon se habría encargado de eso.
Los soberanos se miraron entre ellos, en un gesto que parecía ser ya bastante natural.
-¡Es algo demasiado importante! ¡No se puede enviar a cualquiera! -Respondió la Reina.
-¿Y si alguien intentase hacerle daño a la princesa Yukine? -Suspiró la princesa.
-No podemos confiar en cualquier héroe de pacotilla sólo por matar un par de monstruos -El Rey negó con la cabeza.
-¡Pero sí podemos confiar en usted! ¡Me salvó la vida!
Yato no estaba seguro de qué diferencia había entre confiar en cualquier héroe que hubiera matado "un par de monstruos" y él, que solamente había recogido un gato perdido que había resultado ser la princesa. Pero no era algo que fuera a decir en voz alta.
De cualquier manera, no era como si tuviera algo en contra de aquella misión. Ya había dicho que la llevaría a cabo, y un héroe nunca rompe su promesa. Además, tenía la impresión de que aunque hubiera un botón en su cabeza que le permitiese cancelar misiones, no le dejaría cancelar esta en particular.
Por otra parte, los reyes habían aceptado a darle cinco veces el dinero prometido en la recompensa por el rescate de Hiyori si cumplía la misión de rescatar a al princesa. No había manera de que pudiera rechazar tal oferta.
-¡Bien! ¡Entonces, está decidido! -La Reina Kofuku sonrió- ¡Kokkii! ¿Puedes dejarle a Yatty algo de armamento y armadura? No podemos llevarle a una misión tan peligrosa con tan poca protección...
-¿"Kokki"...?
Antes de que pudiera preguntar en voz alta, la princesa Hiyori se puso en pie, con las manos juntas y una expresión determinada que resultaba hasta graciosa.
-¡Yo le guiaré! ¡Tenemos bastante armamento en el arsenal real! Seguro que algo de lo que tenemos le irá bien.
Yato alzó la cabeza para mirar a la chica. Esta respondió la mirada, sin cambiar esa divertida expresión. Su extraña cola de gato estaba moviéndose de un lado a otro. ¿Tanto disfrutan las princesas de hablar de héroes rescatándolas?
El camino a la armería suponía un camino de unos cinco minutos bajando escaleras, cruzando pasillos, y un par de puertas de "por aquí no es". El castillo no solamente era enorme por fuera, con sus torres y sus altas escaleras y varios pisos, sino que además tenía bajo tierra un sótano que parecía querer llegar al otro lado del planeta. O a lo que fuera que hubiera bajo kilómetros y kilómetros de tierra a sus pies.
Finalmente, la princesa abrió (ayudándose de toda la fuerza de sus manos) la puerta oxidada y chirriante de la armería. En todo lo que Yato había vivido, no recordaba haber vivido nunca ninguna guerra... ¿Pero de verdad las fuerzas armadas de un país que vivía, literalmente, rodeado de monstruos podía permitirse tener tan descuidada la armería?
La habitación en la que se encontraron una vez abierta la puerta estaba tan oscura y húmeda como el pasillo en el que acababan de estar. Había armaduras, espadas y toda clase de armas apiladas una sobre otras, colgando en la pared, puestas sobre maniquíes medio caídos... Sin embargo, en el mismo centro de la habitación, un cofre rojo y brillante totalmente fuera de lugar fue lo primero que captó la atención de Yato.
Cuando vives tanto tiempo con menos de lo necesario para sobrevivir, aprendes varias cosas. La primera, es que los cofres son tus amigos. Por extraño que parezca, a veces hay personas que guardan cosas bastante valiosas en cofres rojos y llamativos sin cerradura y las dejan en sus casas. Casas a las que no les suele molestar que entres. A esa clase de persona, por cierto, tampoco les importa lo más mínimo que les quites lo que hay dentro de sus cofres aunque estén delante tuyo, y te vean irte con ello por la puerta tranquilamente. Además, cuando intentas hablarles, casi siempre te dicen la misma frase.
-Ahh... Esto es muy diferente de lo que esperaba encontrar... -Cuando Yato escuchó a la princesa hablar, se giró para ver como esta entraba en la habitación detrás de él. A pesar del gesto de preocupación de su cuerpo, y de sus palabras... La verdad es que la chica parecía enormemente emocionada. Su cola se movía, asemejándose a un perrito cuando le acaricias la cabeza, y prácticamente le brillaban los ojos- ¡Hay tantas cosas! ¿Cree que alguna de estas armaduras le vendrá bien, señor mendigo?
Aún con el mismo gesto, Hiyori miró a ambos lados de la habitación como si acabase de entrar en el lugar más hermoso del planeta. Más o menos, como si Yato hubiese abierto una puerta que llevase a una habitación llena de monedas de oro y retratos sobre su heroica persona. Con sirvientas deseando abanicarle. Y darle comida. Una cosa así.
-Puede que luego me arrepienta de esto, pero... ¿por qué tanta emoción por un montón de armaduras viejas?
-¿¡Armaduras viejas!?
La velocidad a la que la expresión de la chica cambió y se posó sobre los ojos de Yato casi le hicieron saltar del susto.
-¡No son armaduras viejas! ¡Son armaduras que han pertenecido a la herencia familiar durante años! Esa de ahí... -Señaló con el dedo a un casco viejo y oxidado en una esquina- fue el casco que llevaba el guerrero Light en su batalla contra el Kraken... ¡Y esa de ahí! -Señaló con fuerza a una gran espada colgada en la pared detrás de Yato- ¡Fue la espada que empleó el héroe Cloud cuando salvó al planeta! ¡Ningún otro guerrero ha sido nunca capaz de empuñarla desde entonces!
Al parecer, la princesa a la que había rescatado había acabado siendo una amante de las leyendas de los héroes, o algo así.
-De cualquier manera... -Yato suspiró, imitando el gesto de la castaña, aunque con bastante menos entusiasmo- todas esas cosas están oxidadas, y no me gustaría llevarlas por ahí. ¿Alguna idea de lo que hay en este cofre?
La chica parpadeó un momento, mirando hacia donde él señalaba.
-Ni idea -Respondió tras unos segundos.
Bueno, tampoco es que esperase algo diferente de cualquier manera...
-Bien... ¡vamos a ver qué tienes para mi!
Por ahora, las cosas que se había encontrado en los cofres había sido dinero, o algo de ropa, o unas pociones que al final apenas le curaban. Mientras ponía las manos en la parte superior de este cofre, esperaba que los Reyes fueran un poco más generosos con lo que guardaban visiblemente en sus casas.
-¡Waaaaah!
Tanto Yato como Hiyori fueron incapaces de contener un gritito de admiración cuando el cofre, al abrirse, emitió un brillo dorado.
-¡Esto es...!
-¡Ooooohhh!
Prácticamente al mismo tiempo, ambos se lanzaron a agarrar con sus manos los distintos contenidos del cofre.
-¡Esta es la mística Murasaki! ¡Empuñada por el guerrero Seto durante la lucha sobre el mar de zanahorias!
-¡Todo este dinero! ¿¡Por qué hay tanto dinero en un cofre en una sala olvidada de un castillo!? ¡Podría comprar la taberna con esto!
Un momento de silencio. Yato dejó de agarrar las monedas de oro entre sus dedos como si fuese agua de un oasis en medio de un desierto, y Hiyori dejó de revisar la espada que tenía entre sus manos desde todos los ángulos posibles.
-Señor Yato... ¿Seguro que es usted un héroe?
-Lo mismo digo, ¿por qué está una princesa tan emocionada por una espada tan fina? Y encima sin protección...
-¡No es una espada! ¡Es una katana! -Hiyori frunció el ceño y extendió la espada (bueno, la "katana") hacia Yato, tanto que este tuvo que apartarse hasta caer al suelo para evitar que la punta le dejase una marca en la nariz- Realmente, ¿cómo puede ser usted el héroe elegido para salvar a la Princesa Yukine?
Realmente, la única razón por la que había sido elegido era por una serie de casualidades realmente poco verídicas. Pero, como la mayor parte de sus comentarios desde que había entrado en el castillo, se guardó ese pensamiento para si mismo.
-¡Para empezar, los héroes no deberían estar tan entusiasmados por el dinero!
-¿¡Estás de broma!? ¡Con esta cantidad de dinero podría hacer que Bishamon me llevase a caballito hasta la torre de nieve!
Hiyori se quedó en silencio durante un momento. Pero durante ese silencio, Yato pudo leer como sus ojos le decían "debíamos haberle pedido ayuda directamente a Bishamon, y no a ti".
-Ahh, da igual, da igual... -Yato suspiró, restregándose la mano sobre el cabello- ¿Hay algo más aquí dentro?
En efecto, el interior del cofre no contenía sólo una katana y bastante dinero. También había en su interior una armadura de hierro y un amuleto que, según Hiyori había señalado, servía para proteger del frío.
Para aún mayor conveniencia, la armadura le iba como anillo al dedo, y no tuvo ninguna clase de problema en empuñar la katana, por mucho que la princesa le gritase que no jugase con algo como eso en una sala llena de tesoros históricos.
-¡Bien, entonces creo que estás listo! -Kofuku recibió a los dos jóvenes cuando estos volvieron de la armería, con el equipamiento listo- Puedes usar el dinero que encontraste para comprarte más armadura si quieres.
Yato ya había decidía que ahorraría el dinero que había obtenido y el que recibiría cuando rescatase a la Princesa Yukine para comprarse el castillo, o construir un templo para adorar a su persona, pero simplemente asintió a lo que dijo la Reina.
-Tienes que estar cansado, con eso de haber rescatado a Hiyorin... ¿Por qué no descansas y sales mañana por la mañana?
Honestamente, Yato no veía ninguna clase de problema con eso. Había sido un día bastante largo, y no le vendría mal dormir un poco. Se despidió de la familia real, mientras el Rey Daikoku le deseaba suerte con su expresión estoica, y Kofuku daba saltitos para que volviera sano y salvo.
Tuvo la impresión de que durante todo el tiempo que pasó hasta que estuvo fuera de la vista de los reyes, tuvo un par de ojos clavados en su espalda...
Pero posiblemente sería su imaginación.
Aquella noche, Yato soñó con la Princesa Yukine.
En su mente, se abría paso a través de una torre llena de espinas heladas, gracias a la espada... katana que había encontrado en el cofre, derrotaba a un dragón de seis cabezas que con su fuego derretía la torre, y finalmente llegaba a la parte superior, donde le esperaba la Princesa. Una princesa de cabello corto y negro, con la piel blanca y una mirada dulce que le recibía lanzándose a sus brazos y agradeciéndole haber arriesgado su vida por rescatarla.
Al volver al reino, la princesa resultaba poseer unos poderes milagrosos capaces de restaurar la condición de la Reina Kofuku y la Princesa Hiyori, hacer que el Rey Daikoku dejase de tener cara de estreñimiento, y hacer florecer todos los campos aunque fuera invierno.
Finalmente, la gente estaba tan agradecida por los milagrosos poderes de la Princesa Yukine, y por Yato por haberle rescatado, que comenzaban a alabarle. E incluso a imitar su estilo para demostrar su devoción por el héroe que había salvado al reino. Eventualmente, el rescate de Yukine acabaría convirtiéndose en una leyenda, y al mismo tiempo, él sería adorado como a un dios... Y en algún momento de la historia, se había casado con la misteriosa princesa y vivían en algún castillo-templo, con un gato rosadito.
-¡Yato! ¡Yato!
Ugh. La realidad le llamaba.
-¡Yato! ¡Despierta!
La realidad no sólo le llamaba. La realidad le agarraba por los hombros y le sacudía para despertarle de su maravilloso sueño.
-¿Uh...?
Cuando abrió los ojos, se encontró de golpe con la mirada rosada de la princesa Hiyori.
-¡Ah! ¡Buenos días!
La chica apartó las manos de los hombros de Yato. Estaba sentada de rodillas al lado de la cama que este se había improvisado hacía ya unos años a base de algunas telas rotas, mirándole con una sonrisa mientras su cola se movía de un lado para otro.
-...¿Hiyori? -En realidad quería preguntar algo que sonase más a "¿por qué estás en MI puente, Hiyori?" pero eso fue todo lo que le salió.
-¡Te he traído algo de desayunar! Puedes ir comiéndotelo mientras te pones la armadura. ¡Tenemos que salir lo antes posible para avanzar lo más que podamos antes de que anochezca!
Apenas tuvo tiempo para incorporarse, cuando un pan caliente le cayó sobre las piernas. Seguido de todo el equipamiento de ayer, que había dejado a un lado de su cama protegido con una sábana para que nadie se lo quitase.
-Espera un momento. ¿"Tenemos"?
-¡Sí! El camino hasta la torre debería tomarnos sólo un par de días, ¡si salimos ahora podremos aprovecharlo al máximo!
Un momento.
-¿Pretendes venir conmigo?
-¡Por supuesto! -Los ojos de la princesa volvieron a iluminarse. Cerró los puños con decisión, y miró a Yato con tanta ilusión que casi dolía- ¡Jamás he salido de esta ciudad! ¡Quiero vivir aventuras! Además... ¡Puede que nos encontremos a algún héroe por el camino! ¿¡No sería eso maravilloso!?
Eh, ¿acaso él no contaba como un héroe? Era lo que los padres de la princesa habían estado diciéndole ayer todo el día.
-Además... ¡Se trata de una misión muy peligrosa! Estoy segura de que necesitarás mi ayuda.
Yato frunció el ceño, cruzó los brazos y miró a la chica, intentando encontrar una pizca de algo que le dijera que estaba de broma. Pero no, la princesa parecía tan en serio como había estado el día anterior en la armería real.
-Va a ser muy peligroso, ¿sabes? No creo que sea buena idea que una princesa vaya por ahí... Además, tengo suficiente dinero para comprarme todas las pociones de la tienda, no necesito a ninguna maga blanca...
-¡Que grosero! -Hiyori frunció el ceño y se cruzó de brazos, mirando a Yato tan fijamente que casi daba miedo- ¿Sólo porque soy una princesa debo ser una maga blanca?
-Bueno, realmente no se me ocurre nada más que...
-¡Soy una luchadora! ¡Una artista marcial!
Para probar su punto, Hiyori se puso en pie con la misma fuerza con la que había cruzado los brazos. Hasta entonces, Yato no se había fijado en la vestimenta de la chica, pero ahora no tenía otra opción.
Había abandonado el vestido rosado y pomposo con el que la había conocido ayer, y en su lugar ahora llevaba unos pantalones largos y blanco, una camisa sin mangas, y unas extrañas pulseras en las manos. Incluso había dejado la carísima corona con la que la había visto el día anterior.
Bien, oficialmente, estaba confundido.
-¿Cómo puede una princesa ser una luchadora...?
-¡Hay de todo en este mundo! -Hiyori colocó ambas manos sobre su cadera y se inclinó ligeramente para mirar a Yato con la misma expresión. El ceño fruncido, los labios cerrados, pero los ojos rosados que brillaban como si le estuviera ofreciendo comida gratis- Puede que no tenga mucha experiencia fuera del entrenamiento... ¡pero estoy segura de que estoy en un nivel equivalente al tuyo!
Eh, un momento. ¿Dónde se había ido la princesa que había conocido ayer? ¿Por qué de repente había dejado de ser "señor mendigo" o "señor Yato" y había pasado a ser simplemente "Yato"? ¡Que le había salvado de ser una gata para siempre! ¿¡Es que no había ni un poco de consideración!?
-Uh... ¿Qué piensas tus padres sobre esto?
-No se lo he dicho. Me he escapado -Hiyori respondió sin siquiera parpadear.
-¡Vuelve al castillo ahora mismo! ¡No quiero que tu padre piense que te he secuestrado o algo así! -Sólo pensar en el estoico Rey hacía que un enorme escalofrío bajase por la espalda de Yato. No quería ni imaginarse lo que sería enfadarle.
-Ah... ¡No pasa nada, no pasa nada! -Hiyori movió la mano insistentemente un par de veces, para quitarle importancia- He dejado una notita diciendo que me he ido a ayudar a rescatar a la princesa Yukine. Y también que tomo responsabilidad de mis actos, y me puedo hacer cargo de mi misma.
No importase como lo mirase. Que Hiyori le acompañara le parecía la peor idea del siglo.
-Ah... Bien, para empezar. ¿Tienes alguna clase de equipamiento? ¿Armas o cosas así?
-Hmm... -Hiyori se llevó una mano a la barbilla- Bueno, tengo esta ropa. Ataco dando patadas y puñetazos así que no necesito ningún arma.
-¿Y tu ropa? ¿De qué esta hecha? ¿Puede protegerte del frío? -Porque, realmente, la ropa que llevaba la chica parecía demasiado ligera como para alguien que quiere adentrarse en una montaña de nieve eterna.
-¡Estaré bien! Tengo un amuleto que neutraliza los ataques de hielo, y un amuleto para conservar el calor.
No, sin duda aquello era una mala idea. Pero, la verdad, el brillo en los ojos de Hiyori no parecía querer ceder en lo más mínimo.
Bueno. No quería tener que llegar a esto, pero tal vez momentos desesperados supusieran medidas desesperadas. Yato se llevó al fin el pan a la boca, se puso en pie y se vistió mientras mordisqueaba su desayuno, al que ya se le había ido el calor.
-Está bien -Dijo, con la comida en la boca. Una vez terminó de colocarse la armadura de hierro. Aunque quiso, no se paró a preguntarse cómo era posible que la armadura que había estaba quién sabía cuánto tiempo en un cofre en el sótano del castillo real le fuera perfectamente. Cuando terminó, se giró y miró a Hiyori- Puedes venir. Pero te advierto una cosa -Su tono era serio, y lanzó a la princesa la mirada más amenazante que pudo- El mundo fuera de las murallas está lleno de monstruos. No puedo asegurar tu seguridad.
La princesa parpadeó un momento y tragó saliva.
-Pero...
Uh, abrió la boca para hablar. ¿Tenía que lanzar una mirada aún más amenazante? ¿Demostrarle que un goblin puede morderte y dejarte una marca que te escuece durante días en el trasero?
-¡Quiero ir! ¡Debo conocer a mi ídolo! ¡No me importa qué me pase!
-...¿Eh?
-¡Mi ídolo! ¡El mayor héroe de nuestros tiempos! ¡El legendario Vais! Un héroe que ha salvado el mundo en incontables ocasiones, con cientos de seguidores y capaz de dominar todas las armas... -Hiyori apretó ambas manos y miró hacia arriba, al techo que era la parte baja del puente. Su mirada estaba aún más emocionada que antes- ¡Sé que él está en algún lugar! ¡Debo encontrarle y conocerle aunque sólo sea una vez! ¡Y la única manera de lograrlo es huyendo del castillo para ir en alguna aventura!
La cabeza de la princesa giró rápidamente, los ojos clavados en los de Yato. Un gesto que dio hasta un poco de miedo.
-¡Por eso no tengo más opción que ir contigo, Yato!
Dame un respiro... ¿Su táctica no había funcionado? ¿Esta chica era inmune a las miradas agresivas o algo así? Tomó aire y suspiró.
-Haz lo que quieras. Pero si acabas volviendo a casa con la cola entre las piernas, al menos vuelve con historias sobre cómo intenté avisarte porque soy un gran caballero.
En algún lugar de su cabeza, Yato pudo escuchar una musiquita sonar, junto a un cartel en el que ponía "Hiyori, la princesa fanática de los héroes, se ha unido a tu equipo".
Este iba a ser un viaje muy largo.
Después de que Yato se colocase la espada a la espalda, y de que Hiyori le gritase y le indicase que una katana debía llevarla a la altura de la cintura para poder utilizarla con propiedad, el recién formado grupo salió de la casa debajo del puente de Yato. La idea que él tenía era salir de la ciudad y ponerse en caminar en dirección a la torre lo antes posible. Aunque no supiera dónde estaba la torre.
Pero Hiyori no estaba de acuerdo.
Obligó a Yato a caminar con ella por todas las tiendas de la ciudad. En la tienda de pociones, llenaron el inventario de ambos de todos los tipos de brebajes. Incluso pociones de Magia, ¿por qué iba a necesitar un equipo con un espadachín y una luchadora pociones de Magia? En la tienda de armas y armaduras, la mitad del dinero que Yato había estado ahorrando (sumado a la cantidad que había encontrado en el cofre) se desvaneció por comprar unos zapatos de pelea para Hiyori, y unas manoplas para Yato. La tienda de comida ofrecía comida deliciosa para comer por el camino, pero los precios eran increíblemente altos (¿de qué esaba hecha esa tortilla, de huevos de dragón?). Y finalmente, compraron a un tipo muy sospechoso vestido con una tela medio rota un mapa del mundo.
Convenientemente, en el mapa del mundo venía marcada la torre de hielo en la montaña de nieve. Y además estaba bastante cerca de la ciudad, sólo un poco más hacia el norte.
-¡Oh! ¡Pero si es Yato!
Se encontraba sentado fuera de una tienda, esperando a que Hiyori terminase de comprar nosequé amuletos para protegerse del veneno y de la congelación (y de paso, acabar con todos sus ahorros), cuando escuchó una voz llamar su nombre.
Una voz que conocía muy bien.
Giró la cabeza y, en efecto, vio a quien suponía que vería.
Vestido con su ropa de monje, llevando en una mano un shakujou y entre los dedos de la otra mano, una pipa. Rodeado por doncellas que le miraban como si fuera un perrito abandonado y maloriente.
-Ah, Tenjin -Yato respondió con el mínimo entusiasmo posible- Hacía tiempo que no te veía.
-Oh, es verdad. Pero he estado ocupado, ¿sabes? Salvando el continente del Este y acabando con un imperio.
-Oohhh, que impresionante, Maestro Tenjin -Habría sonado sarcástico si hubiera puesto la más mínima expresión en su tono de voz- ¿Qué te trae de vuelta en la ciudad?
Tenjin era un antiguo conocido de Yato, desde hacía tanto tiempo que ya ni se acordaba de cómo se habían conocido. Hacía varios años, Tenjin había sido un monje en el templo de la ciudad, que había ido ganando poder y popularidad. Por algún motivo que superaba la comprensión de Yato, había sido también bastante popular con las mujeres, y presumía tanto de una inteligencia y un poder mágico superior al de los otros monjes, como de la capacidad de crear poesía que hacía que las chicas se desmayasen a sus pies.
En algún punto, poco después de que Yato le conociera, Tenjin había reunido a algunas de las mujeres que le seguían a todas partes, les había dado entrenamiento como sacerdotisas, y se había ido a convertirse en un héroe. Un camino que, aunque empezó más o menos al mismo tiempo que Yato, recorrió increíblemente rápido.
Desde entonces, simplemente había continuado ganando más fama, más popularidad, y logrando mayores misiones, haciéndose rico, y que su nombre fuera casi tan importante como el de Bishamonten. Incluso tenía un club de fans, de gente que le llamaba Maestro.
Ugh. Sólo con pensarlo le daban escalofríos.
-Oh, solamente quería saludar al Rey y a la Reina. Hacer algunas compras, saludar a algunos admiradores... Ya sabes -Y luego estaba eso. En algún lugar muy profundo dentro de ese viejo canoso había una buena persona, pero siempre que Tenjin y Yato se encontraban, el mayor terminaba mirándole por encima del hombro y presumiendo de sus triunfos. Mientras Yato tenía que aguantar con sus misiones para salvar huertos y gatos perdidos- ¿Y tú? ¿Pidiendo limosna?
-¡No! -Se puso en pie y miró a Tenjin con el ceño fruncido. Le frustraban sus palabras, pero le frustraba todavía más el hecho de que, encima, fuera más alto que él- ¡Estoy comprando cosas para una misión!
-Vaya... ¿Qué clase de misión? ¿Limpiar los baños públicos?
-¡No! ¡Es una misión importante en las montañas del norte! ¡Voy a rescatar a una princesa!
Hubo un minuto de silencio. Tanto Tenjin como las chicas Yu (así era como Yato llamaba al grupito de sacerdotisas que iba con Tenjin, ya que todas ellas tenían nombres terminados en -yu) le miraron con sorpresa durante un momento. Entonces, se miraron entre ellos, y la sorpresa se convirtió en preocupación.
-Creo que finalmente se ha vuelto loco.
-Pobrecito... el hambre debe haberle hecho delirar.
-¿Cuánto tiempo hará que no se baña?
-Si no le miras directamente incluso te da un poquito de pena...
-¡Puedo escucharos perfectamente!
Justo en ese momento, escuchó algo detrás de él. La puerta de la tienda abriéndose y cerrándose.
-¡Yato! ¡Ya ha termin...!
Yato se giró para ver a Hiyori, y exigirle que le explicase a Tenjin y a las chicas que realmente tenía la misión de salvar a una princesa (¡y que encima ya había rescatado a una antes!). Pero entonces Hiyori corrió, ignorando completamente su presencio, hacia Tenjin.
-¡MAESTRO TENJIN!
-¿¡Tú también!?
Tenjin sonrió, divertido por la escena. Pero sin duda, aún más divertido de ver lo mucho que estaba molestando a Yato.
-Vaya, Princesa Hiyori... ¿Qué haces fuera del castillo?
Hiyori alzó la mirada para mirar al héroe, como si estuviese en presencia de alguna clase de divinidad.
-Ah... Estaba de compras, preparándome para irme de viaje.
-¡Oh! ¿La Princesa también desea ser una heroína? Espero que te vaya bien y no acabes viviendo debajo de un puente -Esas palabras causaron un efecto parecido a ser electrocutado por un monstruo nivel cincuenta sobre Yato- ¿Vas a ir sola? Tienes que tener cuidado.
-Ah... No, a decir verdad, voy a ir con esa persona -Hiyori señaló a Yato con la cabeza.
De nuevo, un momento de silencio tenso. Las chicas volvieron a mirarse. Luego, Yato pudo sentir todas y casa una de sus miradas clavarse fijamente sobre él. Como si fuera alguna clase de secuestrador. ¡Él precisamente era el que no estaba de acuerdo con que la princesa le acompañara!
Una chica salió del grupo de Tenjin y puso una mano sobre el hombro de Hiyori. Su rostro expresaba pena, como si esta acabase de decir que le quedaban cinco días de vida.
-Te deseo suerte. No tengas miedo de salir corriendo. Y no te acerques demasiado a él, suda más de lo que parece.
La chica era Tomone. O al menos lo había sido alguna vez, hasta hacía poco menos de un año. La chica le había pedido unirse a su grupo para entrenar como sacerdotisa, pero a los tres meses se había marchado con un gesto de indignación. La siguiente vez que se habían visto, la chica respondía al nombre de Mayu, y era parte del grupo de Tenjin. Si se había presentado a él con un nombre falso o no era algo que prefería no saber.
Hiyori respondió parpadeando un par de veces y ladeó la cabeza, formando con su cola algo parecido a un signo de interrogación.
-Ah.. creo que nosotros deberíamos irnos. Aún tenemos cosas que hacer antes de nuestra siguiente misión. ¿Verdad, chicas?
-¡Ah, es verdad!
-¡Vamos, Maestro Tenjin!
-Buena suerte, Princesa Hiyori -Tras un breve silencio, el monje miró a Yato- No te muras de hambre, y tened cuidado.
Dicho esto, el grupo se despidió inclinando el tronco, y desaparecieron entre las calles de la ciudad.
-¡Yato! ¿Conoces al Maestro Tenjin? -Cuando volvió a mirar en dirección a Hiyori, esta aún estaba mirando hacia donde el mayor había desaparecido. En serio, era un viejo canoso y son arrugas. ¿Qué veían las mujeres en él?
-Es una larga historia, prefiero no contarlo.
Hiyori parpadeó un momento y se encogió de hombros, y entonces anunció que aún les quedaba una tienda por visitar.
-Bien, creo que con esto estamos listos. ¡Vayamos a la aventura!
Hiyori exclamó, extendiendo el brazo y dando un par de pasos.
Por detrás de ella, Yato lloriqueaba.
-Mi dinero... mi castillo... mi templo...
-¡Deja de llorar! ¡Es inevitable tener que gastar algo de dinero! Si no vamos bien equipados, podríamos acabar muy mal.
-¡Eres una princesa! ¡Podrías haber traído algo de tu fortuna!
-Pero Padre se habría enfadado...
Yato suspiró para no llorar. Avanzó hasta llegar a la altura de la princesa. No importa, se dijo. Iban a rescatar a una princesa, y además los que habían pedido la misión eran Rey y Reina. Si lo hacía bien, podía recibir no sólo la recompensa real, sino alguna compensación por parte de la princesa de la torre.
Ese pensamiento hizo que aligerase el paso, yendo por delante de Hiyori. ¡Que vinieran los monstruos que quisieran! ¡Les derrotaría a todos, les quitaría el dinero, y ahorraría de nuevo hasta salvar a la princesa y convertirse en un dios!
-¡Vamos a rescatar a la Princesa Yukine! -Exclamó, extendiendo el puño.
-¡Sí!
Pero, a decir verdad, tenía la sensación de que este sería un viaje muy, muy largo.
