N/A: Segunda entrega, ésta con una frase exclusiva de los libros. Espero que la disfrutéis.

Disclaimer: Como recordatorio, sigo sin tener ningún derecho sobre los personajes y la historia original de Suzzane Collins, cuyas frases y marionetas uso a mi antojo para disfrute propio y ajeno.


Primrose Everdeen

Oigo su voz alzarse sobre todos los gritos de socorro; poderosa, fuerte, protectora. El tiempo se ralentiza mientras la veo correr hacia mí, desesperada por alcanzarme, igual que el día de la Cosecha cuando se presentó voluntaria en mi lugar. Entonces comprendo que algo malo está a punto de pasar. Me lo dice la desesperación de su voz, la angustia de sus ojos. Su mano se estira por delante mientras corre, intentando llegar a mí aun cuando no será capaz de protegerme. Son demasiados metros y pocos segundos. Muy pocos en realidad. Ella sigue corriendo, empujando a la gente, revelando su identidad ante dos bandos que la quieren muerta. Sé que Coin envió a Peeta al frente para que la matara y que fue ella misma la que autorizó que yo viniera también, con la esperanza de que mi muerte la destruyera, por si el Capitolio no lo hacía. Pero la gente ya no lucha entre sí, solo huyen y se auxilian, porque la barbaridad de haber matado a tantos niños los ha desarmado a todos.

Cuando no le pueden quedar más de diez metros para alcanzarme, me fijo en un bebé bañado en sangre de otros, que se agacha inocentemente a recoger un paracaídas que no ha explotado y entonces lo comprendo. Comprendo qué es a lo que Katniss le tiene tanto miedo. En sus pequeñas manos sostiene el arma que acabará con esta guerra. Su vida será el precio que pagará Panem por ser libre.

Todo a mi alrededor explota y es como si antes de explotar con él, la vida me diese la oportunidad de contemplarlo. El niño arde en llamas, consumido por el fuego de una especie en decadencia, el cielo se tiñe de rojo y negro, el humo lo envuelve todo y las lenguas de fuego arrastran cientos de vidas, Rebeldes y del Capitolio, a una muerte innecesaria y ruin que acabará con un régimen que ya estaba muerto. Con un rey que ya estaba derrocado.

Son milésimas de segundo en las que solo veo a Katniss de pie frente a mí, separadas por los diez metros que, con un poco de suerte, le salvarán la vida. Veo el fuego que nos rodea reflejarse en sus lágrimas y trato de calmarla, pronunciando sin sonido su nombre, recordándole sin hablar que la próxima vez que nos veamos nos habremos librado de él.