Esta es la versión corregida del primer y único capítulo. Posteriormente ese será eliminado. Pueden leer sólo esté o pueden leer ambos y compararlos. Espero que lo disfruten!
Raven
La tarde en la mansión era tranquila, como pocas y Raven acababa de terminar de preparar las palomitas para todos, el platillo indispensable de la tarde de películas que habían decidido tener, como hecho extraordinario. La idea había sido suya y de Sean, que la habían sacado a flote pese a lo difícil que era convencer a un grupo de mutantes, cada uno con sus propios gustos y cosas por hacer durante la semana. Por ello, ahora no podía menos que sonreír al ver que estaban todos reunidos, incluso Azazel, que era antisocial todo el tiempo, y Erick, que se quejaba de que esos filmes eran basura. Sin embargo; no fue eso lo que la hizo sonreír, sino algo que ocurría casi al centro del grupo, donde Hank estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el sillón, con Alex entre sus piernas, en lo que podría considerarse un abrazo, pese a que en realidad era el chico de lentes quien lo sostenía por la cintura mientras el rubio se limitaba a acariciar sus manos de manera distraía, mientras charlaban con Ángel, que se había acomodado a lo indio en el sillón contra el que estaban apoyado los muchachos.
Se sentó junto a la chica morena, siendo seguida de Emma, que se acomodó elegantemente al otro lado de ella, ya que el otro sofá estaba ocupado por Charles, Erik y Janos, mientras que la alfombra estaba ocupada por los tres de los cuatro nuevos miembros de la mansión: Jean, Ororo y Scott. Warren estaba acomodado en uno de los sillones individuales y Azazel se había instalado de pie, recostado en unas paredes. La cambiaformas le dedicó una sonrisa antes de volver a mirar a la pareja que tenía a sus pies, sonriendo nuevamente, de forma inevitable, cuando vio que las caricias de Alex habían se habían detenido en pos de entrelazar sus manos. Así mismo, fue inevitable que recordara como se había enterado de su relación, lo que la hizo sonreír aún más.
Había sido una noche con demasiada sed. No estaba segura de qué había estado soñando, pero recordaba que se había despertado con unas ganas increíbles de beber del zumo que habían preparado ese día, con una red casi completa de naranjas naturales, que habían comprado ese día. ¿Por qué ese zumo en especial? Ni idea. Pero lo quería. Dispuesta a saciar sus ganas, se había levantado y dirigido a la cocina, cuidando de no hacer ruido para no despertar a nadie. La mañana estaba cercana y al día siguiente varios de ellos tendrían que viajar a buscar a los primeros alumnos de la escuela para jóvenes prodigios. No debió preocuparse tanto. Los enviados en cuestión estaban en la cocina. Casi suelta un chillido cuando los vió.
Ahí, frente a ella, Hank y Alex se besaban, Hank sentado en la silla, con una taza de café humeante en la mano, mientras Alex se inclinaba sobre él, apoyando levemente en la mesa. Tenían los ojos cerrados, pero su presencia les hizo separarse de inmediato. Sobre la mesa, había una de las jarras de aquel jugo que había ido a buscar.
Hank había empezado a balbucear, sonrojándose hasta la punta del cabello, mientras que Alex, luego de esperar pacientemente a que al supuestamente inteligente chico se le ocurriera algo que de decir, había terminado por rodar los ojos, bufando, antes de sentarse en una de las piernas del chico más alto. Raven sospechaba que por el mero placer de ponerlo más nervioso aún. Cosa que consiguió. Sin embargo; Raven no había logrado disfrutar la hazaña, mirándolos de uno en uno hasta que logró, contra todo pronóstico, articular palabra. No salió lo que ella había pensado.
- Quiero jugo también – fue todo lo que había podido decir, provocando que el rubio se riera entre dientes y le tendiera el vaso que se acababa de servir él. El primer sorbo bastó para despejarle la mente – Más vale empezar la historia diciéndome que no soy la última en enterarme.
Y los chicos habían procedido a contarle todo desde el principio. Al fin y al cabo, la chica no iba a volver a la cama y ellos debían salir de viaje en sólo un par de horas.
Decir que no se había sorprendido sería mentir. Es decir, jamás se le había pasado por la mente que ellos dos, los chicos con más discusiones y malos tratos de la historia, terminarían siendo pareja. Y no sólo eso, sino que habían resultado ser una pareja bastante corporal, luego de decidir que no tenían que ocultar su relación (cosa que había que agradecer a un intuitivo y recién llegado Scott). Alex y Hank no tenían problema con abrazarse en público o darse besos fugaces frente a otras personas. Totalmente diferentes a, por ejemplo, Erik y Charles, que sólo llegaban a besos en la mejilla y manos discretamente entrelazadas.
- ¿Qué película dijeron que veríamos? – preguntó de pronto el rubio dueño de los pensamientos de la chica, sacándolo de sus recuerdos y trayéndola a la realidad.
- La guerra de los mundos.
Cuando Alex frunció levemente el ceño, totalmente perdido con la trama que hace unos segundos había explicado Sean y que ni él ni Raven habían escuchado, demasiado inmersos cada uno en sus asuntos, Hank le dio un beso en la mejilla y lo acomodó mejor en su regazo, haciendo que inmediatamente se relajara. Raven se acomodó el cabello y desvió la mirada, tratando de la sonrisa que tenía no fuera vista por los otros dos. Incluso ella se avergonzaba de lo ridículamente… adorables, que le parecían sus compañeros.
Y es que ahora que conoce la historia de cómo y por qué decidieron estar juntos, por qué decidieron dar el siguiente paso, no puede evitar sonreír cada vez que ve las abiertas expresiones de afecto que se dan, incluso las más pequeñas, que son muchas. Como que Alex deja de último sus tomates, para darle la mitad, porque el chico más grande realmente los adora. O que Hank sale todas las mañanas de la habitación de Alex, luego de despertarlo con un beso suave y un "Buenos días", que ella alcanza a ver algunas veces cuando va camino al baño y Hank deja la puerta abierta.
También sonríe porque sabe la ansiedad que sufrieron cuando Scott llegó a la mansión y Alex tuvo que recuperar el tiempo con su hermano, aprendiendo a conocerlo una vez más antes de poder contarle de su relación con el chico genio, sólo para descubrir que el más joven de los Summer ya tenía la sospecha y esperanza de que sí fueran parejas, porque su hermano sólo se veía así de feliz cuando estaba con él o con McCoy.
Sonríe también por saber que, cuando Alex sale de la habitación de Hank en la mañana, es porque ha tenido una pesadilla y va a esconderse en el chico, para calmarse y no hacer estallar la mansión. O que, aquellas veces en las que Hank ha aceptado quitarle los zapatos y meterse a la piscina con ellos es porque Alex le ha dado una buena dosis de promesas y convencimientos.
No deja de hacerlo cuando los ve discutir, porque sabe exactamente como se reconciliaran. Y es que ella misma ha ayudado a elegir los frondosos ramos de rosas que Hank compra a Alex cuando mete la pata. Y ha sido testigo secreto de cómo Alex a pedido disculpas de tal manera que Hank ha terminado tirándosele encima, comiéndoselo a besos de tal modo que se ha tenido que marchar, avergonzada por la cantidad de amor que aquellos gestos pueden profesar.
Alex estaba en su habitación. Jadeaba y sudaba, el dolor presente en su expresión de manera tal que era increíble que no estuviera gritando. La imagen de Darwin explotando en pedazos se repetía una y otra vez en su cabeza. Sabía que era un sueño, no debería sentirse así. No era un niño, por Dios. Pero su pecho escocía por la adrenalina del sueño y tuvo que llevar su mano en esa dirección, apretando los ojos y respirando profundo para tratar de tranquilizarse. Luego de unos minutos que resultaron eternos, se dio cuenta de que no funcionaba y decidió correr al búnker. Si explotaba, no quería herir a sus compañeros y ese era el lugar indicado para evitarlo.
Corrió por los pasillos, jadeante, sin siquiera darse cuenta de que Hank, que salía en esos momentos de su laboratorio, lo había oído, preocupándose al instante por el resplandor rojizo que comenzaba a emanar de él. No estaba del todo por qué, pero lo siguió, pese a que no sabía si realmente podía ser de ayuda.
- ¿Alex?
- Vete de aquí, Bozo – soltó Alex, aterrado de verlo. Sentía que estallaría en cualquier momento y, pese a que normalmente trataba al chico de manera dura y desagradable, no significaba que quisiera volarlo en pedazos.
- ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás así?
- ¡Sólo vete! – ahogó un gemido, llevándose nuevamente la mano al pecho y doblándose un poco, tratando de contener la explosión inminente.
- Por supuesto que no.
Lo siguiente que sintió Alex fue como unos brazos más fuertes de lo que suponía lo sujetaban, justo en el momento en que sus piernas flaqueaban por el esfuerzo de evitar la explosión de plasma, impidiendo que cayera al suelo de rodillas. Se revolvió, asustado por la cercanía, pero el mismo par de brazos evitó que tomara distancia, aferrándose a sus hombros.
- Alex, tienes que calmarte. Recuerda lo que dijo Charles – le llamó, mirándolo directamente a los ojos.
- ¡A la mierda Charles! – exclamó el chico, revolviéndose un poco más - ¡Hay ocasiones en las que no puedes simplemente calmarte, Bozo! ¡No sabes nada, sólo piérdete!
Pero Hank simplemente apretó los labios y le sostuvo con mayor fuerza. Entre luchas y empujones, terminó apretando la espalda de Alex contra su pecho, inmovilizándolo por completo. El rubio jadeó, revolviéndose y gritando improperios, exigiendo del liberado. Pero el científico simplemente se quedó en silencio, esperando a que se calmara. Se estaba arriesgando, lo sabía. Si Alex explotaba estando tan cerca de si, sabía que no podría evitar salir lastimado. Afortunadamente, al parecer la discusión había agotado lo suficiente al rubio, porque finalmente Alex se quedó tranquilo sus brazos. Hank suspiró, creyendo que todo había terminado al fin, pero se congeló cuando oyó un sollozo ahogado, que salía de los labios del más bajo. Con más pánico que antes, permitió que el peso de Havok los arrastrara al suelo y se apoyó en la pared, sin soltar al contrario.
- ¿Alex, qué…? – se interrumpió, sin saber del todo que decir - ¿qué te ha pasado?
- Fue sólo… fue sólo… una estúpido pesadilla…
- Hablar de eso ayuda, a veces – soltó, con cautela. Alex tardó tanto en responder que el de lentes creyó que no lo haría.
- Es sólo… Darwin se repite una y otra vez en mi mente… - un pequeño hipido cortó sus palabras y Hank lo abrazó más fuerte – no puedo olvidar que fui yo quién lo mató, que murió por mi culpa.
- Alex, eso no es…
- ¡Es verdad! No te atrevas a decir que es mentira porque fue mi poder el que lo asesinó – Hank jadeó cuando tuvo que apretarlo más fuerte contra su pecho, porque el rubio trató de alejarse de él.
- ¡No es verdad, Alex! ¡Darwin te pidió que lo hicieras, él sabía a lo que se arriesgaba! – vociferó - ¡No había modo de saber cuál era la habilidad de Shaw!
- Soy un peligro Hank, ahora mismo, apenas si puedo controlarme para no explotar y volarte en pedazos – gimió, girándose un poco y mirándolo. Azul contra azul. Los ojos anormalmente llorosos le revolvieron el estómago al más alto – debería marcharme. O morirme. O encerrarme en algún lugar donde no dañe a nadie…
- No digas estupideces. No le harás daño a nadie. No eres un peligro – al ver que el más bajo no le creía, le jaló, como si no pesara más que un niño y le sostuvo el rostro con las manos, para que no desviara la mirada – Yo no te tengo miedo Alex, sé que no me harás daño. No le harás daño a ninguno de nosotros.
- Ni siquiera entiendo por qué estás haciendo esto, soy horrible contigo la mayoría del tiempo – respondió el contrario, en un minúsculo susurro.
Hank no respondió y, en lugar de eso, utilizó sus pulgares para secar las únicas dos lágrimas que el rubio había dejado caer. El muchacho soltó un suspiro, dejando salir el aire que retenía por culpa de la tensión, y su aliento fresco golpeó a Hank en el rostro con suavidad, haciendo que irremediablemente posara su mirada en los labios ajenos. Ni siquiera supo en qué momento comenzó a acercarse al rostro contrario, haciendo que Alex respirara más profundo, con miedo a moverse por la incertidumbre de lo que estaba por ocurrir.
Cuando sus labios se tocaron, Hank sintió fuegos en el estómago, que se acentuaron cuando sintió a Alex suspirar dentro del contacto. Le supo a gloria y realización, a una tranquila explosión de la que había buscado apropiarse con cada mirada cruzada con el rubio, en las que el deseo se ocultaba entre puyas, peleas verbales y desprecios. Casi enseguida, de manera que parecía natural, el beso se profundizó, haciendo que el rubio se acomodara mejor en su regazo, abrazándolo por los hombros mientras él lo abrazaba por la cintura, más estrecha de lo que la roba dejaba entrever. Al separarse ambos jadeaban un poco y se miraban a los ojos de manera tal que el mundo parecía haber desaparecido a su alrededor. Lentamente, ambos sonrieron.
- ¿Eres una especie de masoquista o algo así? – inquirió el rubio, sonriendo levemente.
- Me gustas – fue todo lo que Hank dijo.
Alex rió. Arrollado por la sinceridad y transparencia del otro. Ocultó su rostro en el cuello ajeno, algo cortado, pero terminó asintiendo suavemente.
- También me gustas Hank… Lamento haberte estado tirando de las trenzas todo este tiempo.
Fue el turno de Hank de reír, abrazando un poco mejor al contrario. Alex acunó su rostro y lo volvió a besar, dándole acceso a su boca cuando lo pidió. Sentía en el pecho el suave ronroneo de su poder aplacado, la pesadilla y la discusión relegada a una parte lejana de sus mentes.
Raven no conoce todos los detalles, hay cosas que es mejor guardarse, mantenerlas especiales como sólo la intimidad puede conservarlas. Pero no necesita saber para que la sonrisa aflore en sus labios y ahí se mantenga cada vez que los ve demostrarse el cariño que se tienen. Ya sea en pequeños o grandes gestos.
…Lo único que le molesta es cuando confabulan en su contra para robarle la comida, como en ese momento, cuando ha perdido por completo la batalla por la conservación de las palomitas.
