"El halcón que no quería a la miel con su limón"

Capítulo 2: La miel de abeja no caduca

Bien era sabido que Takao era un reverendo asco con todo aquello que estuviera relacionado a lo académico, mientras que Midorima era todo lo contrario a él y que inclusive llegando al punto de resaltar como uno de los mejores.

Sin embargo, en esa clase que ahora estaba siendo invadida por una latina, ocurrió algo que no hizo más que corroborar uno de los rumores que ya rodeaban a esa chica. Muy a pesar de que su curioso, e inclusive, tierno acento provocó una que otra risita entre los alumnos, Norah respondió muy valerosamente las preguntas a las que todos los demás (a excepción de Shintaro) se negaban a contestar. Takao lo interpretó como una manera de ir obteniendo una buena reputación con los profesores, pero una vez que esa clase finalizó sucedió exactamente lo mismo en historia ¡Inclusive sabía más de los benditos samuráis que él mismo, quien había vivido en Japón durante toda su vida! Es decir ¿Qué significaba eso? O era una manera de comunicarle "Cuida a Shin-chan" o "Ponte a estudiar más, flojo".

Takao se la pasó durante esos tres periodos haciendo pucheros y muecas para sí miso. No estaba en lo absoluto contento con la idea de que una extranjera llegara para arrebatarle a su Shin-chan, le molestaba.

Tan absorto se encontraba en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta cuando la campana que indicaba el recreo sonó. El profesor de historia ya se había retirado, y finalmente oyó un bullicio detrás de su mesa. No existió tan posibilidad de que volteara a ver, el halcón ya estaba perfectamente al tanto de lo que sucedía con tan solo un par de palabras que de pura casualidad oyó. Ni siquiera estaba prestando atención a lo que sucedía, la verdad es que su mirada se mantuvo fija en los verdes cabellos de Midorima, quien como siempre, se mostraba inmutable ante la presente situación.

—¡Shiiiin-chaaaan! —lo llamó con una fuerte exclamación, mas no obtuvo respuesta alguna— ¡Shiin-chaaan! ¡No me ignores solo porque hoy tengo mala suerte!

Y era ahí donde la característica personalidad de Takao hacía acto de presencia, pero en ésta ocasión tuvo un propósito específico, muy aparte de querer molestar al de mirada verde. Aprovechando que no había nadie sentado en la mesa de al frente, Takao tomó dicho asiento, usando la silla de una forma incorrecta, sí, pero de una manera que facilitaba su contacto con el otro.

—Mantente a un metro de distancia, de lo contrario me pegarás tu mala suerte —siempre era igual con esa amargada zanahoria.

—Tengo mi amuleto de la suerte, no pasa nada, en serio ¡No te preocupes!

Sin embargo, a la par que empezaba a intercambiar palabras con el as del equipo de Shutoku, su celeste mirada buscaba con impaciencia apenas disimulada a la nueva estudiante, observando la forma en la que compañeros y compañeras se amontonaban a su alrededor con tal de intercambiar un poco de palabras con ella. Se le veía incómoda ¿Y cómo no estarlo? Esa era la equivalencia de una chica que estaba siendo acosada por ser linda, aunque bueno, tal vez no llegaba a esos niveles, pero se notaba que Norah era de ese tipo de personas reservadas que disfrutaba más de la compañía de la soledad que la de cualquier otra.

Ahora que lo pensaba, no era propio de él estar observando a lo lejos. Takao siempre tenía una inmensa sonrisa en el rostro, misma sonrisa que influenciaba en el humor de los demás y que sin dudas, no dudaba en utilizar. Cada vez que llegaba un estudiante de nuevo ingreso, sea cual sea el motivo por el cual se encontraba en ese colegio, el halcón siempre caminaba hacia la persona e, independientemente de si había personas o no rodeándola, él se abría paso y saludaba al nuevo o la nueva chica, dándole una cálida bienvenida. Sabía que para algunos era molesto, pero estaba la otra parte que realmente lo agradecía. Él, en lo personal, estaba en el lugar de los segundos ya descritos. Cuando se ponía en el lugar de otro, siempre llegaba a preferir el cordial saludo de algún compañero para sentirse más a gusto, y aunque había esos jóvenes que se ponían en plan de "odio al mundo", él nunca realizaba excepciones.

Lo extraño de todo eso es que ahora lo estaba haciendo. Después de tantos años de haber adoptado esa costumbre, se presentó un momento en el que ni siquiera sintió el impulso de saludar, y ese simple hecho lo desconcertó.

—¿Por qué no la has ido a saludar? —a pesar de que no era propio de él, Takao se mantuvo en silencio durante unos momentos, pensativo—, lo estás pensando mucho ésta vez.

Takao ya sabía que le gustaba Midorima. Desde el momento en que se dio cuenta, el halcón se prometió no decirle absolutamente nada, ni siquiera trataría de realizar algo para confundirlo y tener una relación amorosa. Sin embargo, ahora que se aparecía la posibilidad de que Midorima se interese en una chica, quería hacer todo lo posible por detener esa posibilidad y bueno… Después… Ni siquiera tenía idea de lo que iba a hacer. Solo pensó en eso durante unos momentos y se dio cuenta de lo egoísta que estaba siendo. No había otra manera para describirlo, porque si ni siquiera era tan valiente como para intentar conquistar a Midorima, pues verdaderamente era un cobarde egoísta. No solo quería alejar a la única chica que se amoldaba a su tipo ideal, sino que también lo quería privar de sentimientos amorosos durante lo que restaba de su preparatoria.

Era patético, aparte de que nada le aseguraba el éxito.

—Es que ¿Y si no me entiende y tengo que hablar en inglés? Conoces lo buena que es mi pronunciación y no me gustaría pasar vergüenza, no soy el inteligente Shin-chan —buscó una manera de esconder su verdadero sentir, y probablemente lo logró porque en realidad, Midorima ni siquiera le estaba prestando atención.

—Ya veo —el de verde mirada no le dio ni la más mínima importancia y continuó absorto en su lectura ligera.

Cuando menos no le estaba prestando atención a la chica. Si se ponía a pensar un poco en lo que sucedía, nada le aseguraba que Midorima se hubiera interesado en la chica porque solo vio de reojo el suave movimiento de los cabellos verdes de Shintaro, nada más, es más, pudo haber sido cualquier otra cosa la que volteó a ver, no necesariamente la chica, y que una chica creyera en los horóscopos no aseguraba el interés de Shin-chan.

El chico de cabellera corta y azabache se levantó de su asiento, era obvio a donde iba, así que tomó una silla y la arrastró cerca de la mesa, pidiéndole permiso a sus demás compañeros. Le dedicó una gran sonrisa a Norah y saludó efusivamente.

—Buenas, soy Takao —extendió su mano, tenía entendido que los occidentales solían presentarse de esa maera—, disculpa que interrumpa pero no iba a estar sin presentarme —y sonrió, ladeando un poco su rostro—. Es un placer, Norah-chan.

La miel de su mirada se topó con el cielo del halcón una vez más. Lo que había pensado con anterioridad se acentuó, Norah tenía una fría mirada, pero aun cuando podía dar miedo, se notaba que existía un algo que la había llevado a tener la personalidad que tenía. Tenía un motivo de ser, y era en ese par de orbes que el chico podía darse cuenta de la realidad. Norah escondía una historia que sin duda no quería que fuera revelada, y por eso se esmeraba tanto en esconderla mediante esa complicada personalidad. Era curioso, porque muy a pesar de todo lo que estaba sucediendo, Takao comenzó a sentir deseos de saber más de la chica, es decir ¿Qué la llevó a mudarse a Japón? ¿Por qué Japón y no cualquier otro lugar? Y si era de Estados Unidos ¿Cómo es que aprendió el japonés de una manera tan nítida? Sin darse cuenta, sus propios ojos se perdieron en los de la latina, embobado en el curioso color de la chica.

—Un placer, Takao-san, ya oíste mi nombre pero lo repito, soy Norah —no le sonrió, pero por cortesía aceptó el apretón de manos que el chico le ofrecía, notándose al instante una gran diferencia de tamaños ¿Qué se podía esperar de un basquetbolista? La gran mano del chico acababa por diferir de la delicada y mano de la fémina, que para sorpresa de Takao, no tenía una mano tan suave como habría esperado; era delicada, sí, pero sintió la presencia de unas pequeñas protuberancias, muy ligeras, como si de cicatrices se tratara.

El agarre duró apenas unos segundos porque la chica tuvo la iniciativa de romperlo. Takao miró sus uñas, eran largas y no estaban pintadas, pero parecían encontrarse cubiertas por una fina capa de brillo. Al parecer las cuidaba, o mejor dicho, cuidaba de su apariencia. De forma descarada empezó a examinarla, ya se había dado cuenta de que era linda, pero no se puso a verla con detenimiento por sus irracionales celos. Fuera de todas las llamativas curvas, la chica tenía un cabello hermoso al igual que su bronceado tono de piel, mínimo en Japón no era común de ver, así que era inevitable que llamara la atención de la mayor parte de los jóvenes presentes.

—Y —al parecer, los demás continuarían con la conversación, y fue una compañera la que se animó a romper ese contacto que el halcón y la miel estaban teniendo—, ¿dónde naciste?

Takao se olvidó por completo de la existencia de sus celos hacia la chica, estaba con una sincera curiosidad hacia la joven, y nada iba a detenerlo de saciar ese sentimiento. Se acomodó en la mesa y observó como otros imitaban su acción, agarrar las sillas y sentarse, rodeando poco a poco a la joven. El halcón notó una presión en su pecho, casi como un nerviosismo, detalle que ignoró y le restó importancia. Le había pasado incontable veces, especialmente cuando se encontraba cerca de Midorima. Nunca le había sucedido nada, así que no había motivos por los cuales preocuparse. Inclinó un poco más su silla hacia al frente, esperando con ansias la respuesta de esa latina que parecía esconder algo que le llamaba.

Sea lo que sea por lo que ella hubiera pasado, éste hecho no la había hecho renunciar. Podía notarlo, porque aún cuando se escondía detrás de una personalidad como la suya, al punto de llegar el momento en que ésta misma la dominaría para tomar control de ella. Muy a pesar de éstos hechos, por más que Takao intentara apartar sus ojos de la chica, no podía. No es que estuviera siendo un pervertido, Kazunari no estaba observando su figura, ni siquiera su cara, o bueno… No del todo. Era la mirada de la chica que tanto llamaba su atención, la cual escondía algo, no lo dudaba, pero que sin duda mantenía un sentimiento que estaba dispuesta a regresar.

¿Y cómo es que llegaban todos esos pensamientos a su mente? Ni idea, ni siquiera él lo comprendía. Frunció el ceño, después de tanto tiempo, Takao volvió a drogarse sin necesidad de ningún producto. Tal vez fue esa atractiva apariencia la que lo cautivó al punto de hacerlo pensar en esas cosas y… ¡No! ¿Cómo demonios se perdió en los ojos de la chica que tanto estaba odiando al inicio del día? ¡Imposible!...Esa chica era idéntica a Midorima. Comenzó a tener los mismos pensamientos que cuando la atracción inicial con el de pelos verdes inició. Se levantó del asiento y regresó la silla a su lugar. Metió su mano a sus bolsillos y pudo sentir la presencia de unas monedas.

—¡Shin-chan! Voy por pan ¿Quieres algo? —preguntó de manera rápida, tratando de disipar los pensamientos que le estaban avergonzando en sobremanera.

—No, nanodayo.

Los ojos de Midorima y Takao se toparon. El halcón tuvo la misma sensación que hace tiempo, un dolor en su pecho. Lo sintió lejos y cerca. Shin-chan estaba absorto en sus pensamientos, siempre tan lejano a él, tan reservado a sí mismo. Conociendo al joven, eso le llegaba a afectar. Norah no debía ser una expresión. Solo se estaba preocupando por ella al igual que lo hacía y hace con Midorima.

—¡Ok! ¡Ahorita regreso!