31 de diciembre de 1996- Comisaría de policía del distrito 89 de Nueva York, Manhattan

El cabecilla más importante de la banda de crimen organizado conocida como Nile ha sido apresado por culpa de dos muchachas de 15 años, que le tendieron una trampa. Ahora, lo han arrestado y llevado a Nueva York para juzgarlo y, en el más probable de los casos, encarcelarlo, aparentemente para una condena larga.

A Ben Collins, como se llamaba aquel líder, no le hizo gracia que dos insignificantes quinceañeras le hubieran tomado el pelo de tal manera. Y a su hija mayor y predilecta, quien llevaba el camino de su padre, tampoco, por lo que fue a "visitarle" a prisión. Estaba la mar de enfadada, no soportaba que su padre hubiera humillado de esa manera a la banda.

-¡Dos estúpidas crías!

-Esas dos me la jugaron pero bien. Voy a matarlas, no descansaré hasta derramar su sangre. Necesito un plan.

Y lo obtuvo.

-Tienen quince añitos de nada, sus cuerpos son frágiles, y además van al colegio, ¿No? Bien, ¿Y qué se hace en un colegio? ¿Excursiones de estudio, no? Pues hagamos una excursión al templo Nunakura erguido para la tradición Malak. Hagamos una experiencia. ¿A qué temperatura bajo cero los cuerpos de las quinceañeras dejan de funcionar? Investiga y tráeme los resultados.

La chica, su mano derecha, accedió al ver que quizás no era mala idea después de todo.

-Cuento contigo, Scarlet. No me decepciones.

Scarlet estaba aprendiendo muchas maldades de su padre, y se veía capaz de llevar a cabo tal hazaña con el mero objetivo de que Ben no perdiera el prestigio en Nile

Aunque estaba convencido de que la crueldad de la chica bastaría, Ben no dudó en darle instrucciones.

-Creo que ya va siendo hora que llamemos a tu hermanita. Que lo tenga todo preparadito… Para matar a esas dos crías. Y ya de paso, creo que hay otra desgraciada mujer que también debería ir por allí, y también otro par de mocosas que deberían dejar de ensuciar mi nombre.

A causa de aquello, la agente que había arrestado al cabecilla se preocuparía por aquellas dos quinceañeras e iría a socorrerlas. Entonces, Ben escaparía. Aquel hombre era capaz de matar con tal de salir de la cárcel, seguramente para continuar matando por orgullo.

1 de enero de 1997- Montaña Nunakura

El mal tiempo que imperaba siempre en esa montaña se dejaba ver un día más. Pero aquella visitante no estaba allí para admirar los copos de nieve. Con paso firme, cruzó la densa capa blanca hasta llegar a su destino y ver a quién quería ver.

-¡Venerable hermana! Cuán me honráis con vuestra presencia. ¿A qué debo el placer de vuestra visita?

-No entiendo qué haces malgastando aliento con palabras que no sabrías interpretar ni representar. Escucha, tengo un encargo para ti.

-Hablad y seréis escuchada.

-Dentro de unos meses recibirás noticias de los esbirros de mi padre.

-¡Padre! ¿Qué debo hacer para obedecerle?

-No puedo entretenerme demasiado, ya te contarán los detalles.

-Comprendo…

-No estoy segura de que comprendas nada. Pero espero que no falles a la hora de representar tu papel. Yo estaré allí para ver que lo hagas bien e intervenir en caso que falles. Pero no fallarás, ¿Verdad? Sabes que a "padre" no le gustaría…

-Os juro por el respeto que le tengo a padre que haré todo lo que esté en mis humildes manos para contentarle.

-Eso espero. Me voy.

-Ha sido un placer volver a verla por aquí, hermana mayor.

-Es lógico. Por cierto, ¿Cómo está "quien tú y yo sabemos que está aquí"?

-Sigue igual, hermana. Como todo.

-Bien. Con esto he terminado.

Y se marchó, venerada por la otra.

9 de febrero de 1980- Los Ángeles

Día de invierno bastante soleado. Una madre y su hijo de 13 años pasean por la calle. Deciden parar en un parque para descansar un poco y tomar un chocolate caliente. Aprovechando el descanso, la madre quiere comunicar algo importante.

-Este año hará 13 años desde que tu padre murió, pero estoy segura que estaría muy orgulloso de ti, hijo.

-Mamá… ¿A qué viene eso?

-Ten. Quiero darte esto.

A continuación, sacó una flauta dulce de su bolsillo con el nombre "Desirée" grabado en un lateral.

-Desirée era el nombre de tu abuela paterna. Le dio esta flauta a tu padre cuando él tenía tu misma edad, tesoro. Por eso, y ahora que has empezado el curso de flauta en el colegio, me gustaría dártela.

-Mamá…

El chaval recibió el regalo con entusiasmo. Sus ojos verde luminoso brillaron más que de costumbre.

-Cuídala bien, cielo.

Ambos se fundieron en un abrazo y estuvieron hablando durante un buen rato. El vaso de chocolate del muchacho se vació, y la papelera más cercana estaba cerca de un cruce, por lo que no tuvo más remedio que levantarse para tirar el vaso.

Pasó un buen rato, y el chico no regresó. La madre corrió en su busca, mirando en todas direcciones, pero el niño no estaba. Lo llamó esperando que fuera alguna bromita, pero no respondió. Corrió por todas las calles de la manzana, sin encontrarlo. Se echó a llorar, desesperada. Le había perdido. El niño se localizaba en paradero desconocido con su nueva flauta, único recuerdo de su padre.

20 de diciembre de 1980- Los Ángeles

Es ya de noche y se respira un ambiente tranquilo en esta casa adinerada. Una mujer reposa en el sillón abandonada al calor del fuego y a un libro realista. Sobre la moqueta de la estancia, dos hermanas de cinco años ambas están sentadas leyendo un libro que han cogido prestado de la estantería de libros de su madre. Para su desgracia, han elegido un libro poco adecuado para su edad: uno de historias de miedo.

-¿Y después qué dice?

-Pone que… "Se oyeron pasos y…"

La mujer estaba repiqueteando con su zapato sobre el suelo, cosa que hizo creer a las chicas que eran pasos de alguien que se aproximaba.

-¿Has…Has oído eso?

-Sí… Parecen… Pasos…

-También pone que… "Fuera sobrevolaban fantasmas…"

El viento ululaba con fuerza, oyéndose a través de las ventanas. Las hermanas dieron un bote.

-¡Un fantasmaaaaa!-gritó una de ellas.

-¡Madreeeeeeee!-chilló la otra, mientras ambas corrían a la protección de su progenitora, quien se sobresaltó al verlas tan asustadas.

- ¿Qué fantasma? ¿Qué ocurre?

-¡Fuera hay fantasmas, madre!

-¡Y un asesino loco vendrá a buscarnos por la noche!

Ambas temblaban de miedo, abrazadas a su madre, quien sonreía al contemplarlas.

-Vamos, chicas, sabéis como yo que los fantasmas no existen. Y además, no va a entrar nadie en casa, porque la puerta está cerrada.

-¡Pero eso nunca se sabe!

-¡Tampoco se sabe si los fantasmas no existen!

Las dos continuaron gritando posibilidades grotescas, todas nerviosas. La madre, para calmarlas, las invitó a sentarse en el sofá junto a ella y desenfundó una flauta, con la que empezó a tocar una alegre melodía que como por arte de magia las tranquilizó por completo. Al cabo de un rato de sintonía, las hermanas terminaron dormidas, todo miedo olvidado ya. Su madre no creía en magia ni en fantasmas, pero le alegró el hecho de que la fantasía hubiera calmado a sus pequeñas.

6 de diciembre de 1983- Los Ángeles

Es negra noche. En un dormitorio modesto, una progenitora descansa con sus dos nuevos hijos gemelos. Aquella individua debería plantearse mejorar la seguridad de su casa, porque una sombra nocturna se desliza hasta el lugar y arrebata a los dos gemelos de los brazos de su madre, que no se percata de nada al estar durmiendo, para su desgracia, profundamente.

Aquel secuestrador estaba convencido de que aquellos dos hermanos eran dos chicas, pero no era así: eran chico y chica. A la niña la dejó debajo de un frío puente como si fuera un mueble viejo. Al chico tenía pensado llevarlo a un orfanato, para separarlo de su hermana. Y así fue.

Pero aquella bebé tuvo suerte. Dos almas amables la salvaron del horrible frío de diciembre. Después de aquello, decidieron cuidar a esa criatura como si fuera suya, bajo el nombre que encontraron escrito en el collar que la niña llevaba como única identificación. Y aquella pequeña nunca supo de su pobre madre biológica ni de su hermano ingresado en un orfanato.